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Foto: narcodata

Casi un billón de dólares gastados en la guerra contra las drogas por el presidente norteamericano Nixon en 1971 crearon los cárteles de la droga mexicanos que ahora esta matando la legalización de la marihuana.

Los cárteles mexicanos se están deteniendo lentamente lidiando con el contrabando de marihuana, después de la oleada de la legalización de la marihuana en ciertos estados estadounidenses. Resulta que debido a que algunos estados han legalizado la marihuana en algunas formas, la cantidad de marihuana que es contrabandeada a través de los EEUU por los cárteles de la droga mexicanos está disminuyendo drásticamente.

El último informe publicado por la Patrulla Fronteriza de EE. UU. Muestra una disminución en la cantidad de marihuana aprendida en la frontera entre los Estados Unidos y México. La reducción del contrabando coincide con el momento en que más y más estados han decidido legalizar la marihuana para fines médicos y recreativos .

The Washington Post informó que la confiscación de marihuana en la frontera del sur de los EEUU ha alcanzado el mínimo récord en más de 10 años: solo 750.000 kilogramos. Esta es una disminución de 2,000.000 kilos anuales en comparación con el año 2009.

“La economía de esta industria nos muestra que la sana competencia en el mercado, la caída de los precios y el aumento de la calidad aumentan el número de transacciones legales. Una nueva investigación muestra que los más y más beneficios del cannabis en la medicina y el uso recreativo, aumenta la demanda de productos de alta calidad “, dijo Amir Zendehnam de Z420.tv .

“Por ejemplo, Colorado está experimentando un boom económico que nunca se ha visto en este estado. El mayor problema de Colorado ahora es la administración de las enormes cantidades recaudadas por el impuesto a las ventas de marihuana. El modelo de Colorado demuestra que la legalización reduce la delincuencia, reduce los precios, ataja la competencia ilegal del mercado y brinda acceso a productos limpios de alta calidad “.

“Hace dos o tres años, un kilo de marihuana valía entre 60 y 90 dólares”, dijo un agricultor en México. “Ahora nos pagan 30-40 dólares por kilogramo, y esa es una gran diferencia. Si EEUU continúa legalizando la marihuana, nos eliminará completamente del mercado “.

Los consumidores también están empezando a ver la diferencia. La marihuana barata y de baja calidad de México se ha vuelto casi inalcanzable en los estados que legalizaron la marihuana, mientras que los precios de la marihuana de alta calidad están disminuyendo.

Estas son buenas noticias para México. La disminución del flujo de marihuana en todo el país probablemente lleve a una reducción de la actividad y la violencia de los cárteles de la droga. La guerra contra las drogas en México es responsable de unas 27.000 muertes solo en 2011, superando el número de civiles muertos en la guerra de Afganistán.

“Desde que el presidente Nixon anunció la guerra contra las drogas en junio de 1971, el costo de esta guerra superó rápidamente el billón de dólares en el 2010. Más de $ 51 mil millones se gastan anualmente en la lucha contra las drogas solo en los Estados Unidos”, según la Drug Policy Alliance, que tiene como objetivo promover una política antidrogas más humanitaria.

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La Guerra contra las drogas lanzada por el Presidente Nixon en 1971, y que cuesta miles de millones de dólares, creó los carteles de la droga mexicanos, ahora la legalización de la marihuana los está matando.

Los carteles de la droga mexicanos están jugando finalmente su partido como resultado de los esfuerzos de legalización de cannabis que está remodelando drásticamente el paisaje de tráfico de drogas en los Estados Unidos. Resulta que como los estados legalizan el consumo de cannabis y su cultivo, el volumen de las marihuana que llega a través de la frontera por los carteles mexicanos disminuye drásticamente – y está atacando el flujo de caja.

Un informe estadístico recién publicado de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos muestra una fuerte caída en la captura de cannabis en la frontera entre Estados Unidos y México. La reducción en el tráfico de cannabis coincide con las docenas de estados que abarcan el consumo de cannabis, tanto para fines médicos y recreativos.

De hecho, tal como informa el Washington Post, las confiscaciones de marihuana en la frontera sur están en el punto más bajo en más de una década – sólo 1,5 millones de libras de peso. Ello representa una baja desde un máximo de cuatro millones de libras en el 2009.

En declaraciones a los medios de comunicación Amir Zendehnam, anfitrión del programa popular “, en la red orientada al cannabis Z420.tv, dijo lo que piensa de estas nuevas estadísticas:

“La economía de la industria del cannabis nos muestra que con una sana competencia en el mercado, los precios bajan, la calidad es mayor, la violencia disminuye y aumentan las transacciones pacíficas. Como se desprende de la constancia de las nuevas investigaciones que detallan los beneficios de la planta produciendo un aumento de la demanda de productos de mayor calidad, además de que el estigma negativo del uso de cannabis, tanto con fines medicinales como de forma recreativa son cada vez menores”

“Colorado, por ejemplo, está experimentando un auge económico que nunca se ha visto en el estado. El mayor problema en Colorado hoy es qué hacer con las enormes cantidades de ingresos y con el éxito económico del estado que está viviendo como resultado de la legalización. El modelo de Colorado ha demostrado que la legalización reduce las tasas de criminalidad, baja los precios, empuja la competencia desfavorable fuera del mercado, proporciona productos más limpios con la transparencia aumentada, y aumenta el nivel de vida de la sociedad en su conjunto”

   “Las únicas personas heridas por la continua aceptación social y la legalización del cannabis son los carteles y sus amigos, que han florecido durante décadas como resultado de la prohibición de las drogas”

“A medida que la legalización se propaga a través de los EE.UU. y el resto del mundo como la pólvora, predigo que la industria pronto se convertirá en una de las industrias más dominantes y beneficiosas que la humanidad haya visto.”

Y la nueva competencia de los estados legales le ha dado un gran bocado a toda la cadena de la marihuana mexicana ilícita. “Hace dos o tres años, un kilo [2,2 libras] de marihuana tenía un valor de $ 60 a $ 90,” un agricultor de cannabis en México”, dijo en una entrevista con NPR. “Pero ahora nos están pagando de $ 30 a $ 40 el kilo. Es una gran diferencia. Si los EE.UU. sigue legalizan el cannabis, nos van a tirar los precios por el suelo “.

Los consumidores también están empezando a ver la diferencia. La baja calidad barata de cannabis mexicana se ha vuelto casi imposible encontrar en los estados que la han legalizado, mientras que las cosechas propias de alta calidad están disminuyendo constantemente.

Esta es una buena noticia para México. Un flujo decreciente de tráfico de cannabis en todo el país probablemente conducirá a una menor violencia de los carteles así como los ingresos utilizados para comprar armas se irán secando. La violencia relacionada con la guerra contra las drogas en México era responsable de unos estimadas 27.000 muertes solo en el 2011 – superando todo el número de víctimas civiles de la guerra de 15 años de Estados Unidos en Afganistán.

Estos desarrollos refuerzan la crítica hacia la guerra contra las drogas como una política fracasada y haciendo que las sustancias como el cannabis ilegal simplemente fuesen al mercado negro del comercio, ayudando a hacer de Estados Unidos el encarcelador más grande en el mundo.

La legalización de cannabis también salva a los Estados Unidos de una gran cantidad de dinero. Como Mint Press News informó:

nixon-war-on-drugs-war-on-blacks-500x3411“Desde que Richard Nixon declaró la guerra contra las drogas en junio de 1971, el costo de esa guerra se había elevado a más de $ 1 billón para el año 2010. Más de $ 51.000 millones de dólares se gastan anualmente en la guerra contra las drogas en los Estados Unidos, de acuerdo con la Drug Policy Alliance , una organización no lucrativa dedicada a la promoción de las políticas de drogas más humanas “.

Los primeros informes del régimen fiscal de Colorado sobre el cannabis muestran los ingresos que supuestamente ayudarán a las escuelas y a los esfuerzos de rehabilitación al inundar el estado con dinero en efectivo. De hecho, Colorado se ha convertido en el primer estado en generar más ingresos fiscales de cannabis que del alcohol en un año – $ 70 millones.

Pero ¿por qué detenerse con la legalización del cannabis? A medida que más y más propaganda sobre la marihuana se desacreditagracias a la circulación legal del cannabis, es el momento también para abogar por la legalización de drogas en todos los ámbitos. la penalización en la guerra contra las drogas no ha hecho nada por detener su uso, y simplemente ha convertido en adictos a los criminales, a pesar de que muchos expertos coinciden en que la adicción es un problema de salud, no criminal.

Tal vez es la hora de que los EE.UU., México, y otros países adopten el modelo portugués e irlandés de tratamiento de las adicciones a las drogas como la adicción al alcohol o al tabaco, usando la rehabilitación en lugar de encarcelamiento para enfrentar el problema.

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El presidente de México, Enrique Peña Nieto, dijo este lunes que abrirá el debate nacional para revisar las leyes de marihuana del país antes de una reunión clave de las Naciones Unidas para el próximo año, a raíz de un fallo judicial histórico.

Un par de días después de que la Corte Suprema de Justicia de México dictaminase permitir a cuatro demandantes cultivar y fumar marihuana recreativa en una decisión que eventualmente podría abrir la puerta a la legalización de la marihuana, Peña Nieto dijo que no estaba personalmente a favor de la legalización, ya que podría inducir a la gente a tomar drogas más duras.

Sin embargo, ha pedido al Ministerio del Interior que reúna a diversos especialistas, entre ellos académicos, médicos y sociólogos, para debatir el futuro de la regulación de la marihuana en México, que ha sufrido una década de violencia del narcotráfico horripilante.

“Vamos a tener que establecer un debate … y el gobierno federal está abierto a eso, así que junto con el poder legislativo, trabajamos juntos, creando foros especializados, que nos permitan tener una posición mucho más clara y más abierta al horizonte que viene “, dijo en un evento.

Peña Nieto agregó que era necesario que México se identificase con una posición coherente en el asunto antes de una importante reunión política de drogas en las Naciones Unidas para abril del próximo año.

Lo que le sucede a México es una continuación, que es como será visto por los defensores y detractores de la reforma de las drogas en América y otros lugares, ya que los gobiernos de Uruguay a Canadá ya se han cansado de ser liderados por Estados Unidos durante cuatro décadas en la larga “guerra contra las drogas.”

Más de 100.000 personas han muerto en la violencia relacionada con las drogas en México desde el 2007, y algunos piensan que la legalización de la marihuana en México y Estados Unidos podría llevar a los carteles a dejar de vender la sustancia.

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Por fin el mundo parece estar dando un giro —aunque tímido— hacia una política más sensata para lidiar con el tema de las drogas. La decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en México de permitirle a los cuatro demandantes cultivar su propia marihuana para uso recreativo es el avance más reciente en un proceso que se ha dado en varias partes del continente para replantear la ineficaz guerra contra las drogas. Son pasos pequeños, sí, pero contundentes y necesarios para solucionar un problema que sigue alimentando la violencia y la corrupción en los países productores, incluyendo Colombia.

La sentencia en México no cambia de inmediato las fuertes leyes antidrogas de ese país, pero sí crea una incoherencia en el sistema jurídico que tendrá que ser atendido por la misma Corte y por las fuerzas políticas de ese país. El mensaje de los togados es claro: algo tiene que cambiar.

El problema no es menor. Según un estudio de la RAND Corporation, la quinta parte de los ingresos de los cárteles de droga en México es producto de la venta de marihuana ilegal, especialmente en Estados Unidos. Y no es necesario recordar el daño continúo que estas mafias le han causado a ese país, similar al que Colombia vivió en los 80 y 90 y que aún hoy vemos.

Pero que México la desregule es sólo el principio. De nada sirve que producirla sea legal si en el lugar donde la compran, Estados Unidos, sigue siendo ilegal. Allí, no obstante, las señales también son esperanzadoras. Oregon, Washington, Colorado, Alaska y el Distrito de Columbia ya legalizaron la droga. California, el primer Estado en legalizar el uso medicinal en 1996, tiene planeado un referendo sobre el tema para el año entrante. Ese dato es crucial: si esa frontera clave con México legaliza la marihuana, es muy probable que la demanda por la droga en el país hispanohablante disminuya, atacando así directamente los ingresos de los carteles.

Además, el nuevo primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, se comprometió a legalizar el uso recreacional de la droga, otro éxito importante.

En Colombia también hay señales de avance. Además de un proyecto de ley que está en curso —y que, reiteramos, se debe llevar a buen puerto—, el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, anunció en entrevista con El Espectador que a finales de noviembre puede esperarse que su Ministerio emita una reglamentación para el uso en el país de la marihuana medicinal. Enhorabuena.

No hay motivos para prohibir la marihuana. Los estudios han demostrado que el cigarillo y el alcohol, dos productos que se comercializan legalmente en el país, son mucho más dañinos para la salud que la marihuana, la cual sí tiene beneficios médicos.

¿Cuánto falta para que nos sacudamos esa tara moralista de tenerle miedo a las drogas? Los argumentos de distintos tipos abundan: es una buena política pública, en el caso de la marihuana no debe haber miedo a daños en la salud y, además, estaríamos protegiendo el derecho fundamental al libre desarrollo de la personalidad de las personas.

El debate, no obstante, no debe terminar ahí. La guerra contra las drogas ha fracasado. La marihuana es el primer paso, pero también debemos pensar qué hacer con todas las otras. La persecución ha resultado ineficaz. No podemos quedarnos de brazos cruzados.

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La decisión de los votantes en Colorado y del estado de Washington de legalizar el uso recreativo de la marihuana ha “cambiado las reglas del juego” para la administración del presidente electo de México, Enrique Peña Nieto, y en la guerra contra las drogas apoyada por los Estados Unidos, de acuerdo con un informe del Washington Post por William Booth.

“Obviamente, no podemos manejar un producto que es ilegal en México, tratando de detener su transferencia a los Estados Unidos, cuando en los Estados Unidos, al menos en parte, ahora tienen un estatus diferente,” dijo Luis Videgaray principal asesor de Peña Nieto dijo a una emisora ​​de radio el miércoles pasado.

Sin embargo, los expertos y los estudios señalan que la legalización en dos estados de Estados Unidos – incluso si el gobierno federal lo permitiese– probablemente no llevaría a la quiebra a los carteles de la droga de México.

En el período previo a los referendos en México y Colorado, el Instituto Mexicano de la Competitividad  dio a conocer un estudio que estimaba  que los cárteles mexicanos perderían $ 1.425 millones, si la iniciativa era aprobada en Colorado y $ 1372 millones si lo era en Washington. La organización  también predijo que los ingresos por tráfico de drogas  caerían de un 20 a 30 por ciento, y el cártel de Sinaloa sería el más afectado, perdiendo hasta 50 por ciento de sus beneficios .

Pero ese es un impacto mucho más grave que el previsto por la Rand Corp., que previamente encontró que los carteles sentirían a penas la presión de las iniciativas de la legalización en los EE.UU. Como Rand informó:

Un estudio de la Rand Corp. del 2010 estima que el consumo de marihuana legal en California, un estado que consume alrededor de una séptima parte de toda la marihuana que se fuma en los Estados Unidos, costaría a los cárteles del 2 a 4 por ciento de sus ingresos. Así que la pérdida de los consumidores en estados como Washington y Colorado que tienen una población más pequeña ni afectaría mucho la línea de fondo del cártel.

Es difícil determinar exactamente cómo la legalización en los Estados Unidos de la marihuana sería perjudicial para los cárteles, en parte debido a que no tenemos los números exactos de los beneficios del consumo de marihuana de los narcotraficantes en cada uno de los 50 estados.

Los autores del estudio de Rand analizaron el caso hipotético de la legalización de la marihuana en California, que era una proposición en el estado  y que en su momento no pasó. Cuando trataron de determinar el impacto que el acceso a la marihuana legalizada en California tendría en la cuota de mercado de los carteles, encontraron que la marihuana exportada por “DTO” mexicanos (u organizaciones de tráfico de drogas) dominaban los mercados de Nuevo México y Texas y California, pero no saturaban los mercados más septentrionales (Oregon y Washington).

Así que ya, la legalización en Washington y Colorado no golpearía a los cárteles mexicanos en la forma en que la misma medida que digamos, Texas haría.

También encontraron que en el peor de los casos para los traficantes de drogas, la legalización en California significaría que la marihuana mexicana retendría menos del 9 al 15 por ciento de su cuota de mercado original, en los EE.UU. Sin embargo, si se toma en cuenta los costos de contrabando, los impuestos sobre consumos específicos y la potencia percibida del producto, la cuota de mercado podría seguir siendo tan alto como de un 33 a un 38 por ciento.

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Luego está el hecho de que los cárteles también hacen su dinero aparte de la marihuana – con drogas como la cocaína y las metanfetaminas, así como con actividades como el tráfico de personas y secuestros, que constituyen una gran parte de sus modelos de negocio. Y han demostrado una capacidad extraordinaria para adaptarse a medida que las fuerzas del mercado y las políticas de drogas cambian.

Con actividades no farmacológicas en mente, el profesor de psiquiatría de la Universidad de Stanford Keith Humphreys, ex Asesor Principal de Políticas de la Oficina de la Casa Blanca de Política Nacional de Control de Drogas, desarrolló un gráfico circular teórico para romper los flujos de ingresos probables de los cárteles:

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Aquí, las ventas de marihuana representan sólo el 17 por ciento de las ventas, mientras que el de la cocaína representa más de un tercio.
“Está claro que para los cárteles mexicanos las áreas de la cocaína y la heroína son las que en términos de exportación ganan más”, Martin Jelsma, experto en política de drogas en América Latina en el Instituto Transnacional en los Países Bajos,  dijo al Christian Science Monitor .
Y si miramos del lado de los expertos que piensan que las actividades fuera de drogas representan la mayoría de los ingresos de los carteles, las ventas de marihuana aún disminuyen más, alrededor de 9 por ciento:

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A principios de este año,  el presidente de Uruguay, José Mujica propuso no sólo la legalización de la marihuana, para convertir al Estado en el único proveedor, sustituyendo así los traficantes.
La participación del Estado “echaría a perder el mercado” para los traficantes de marihuana, “porque vamos a vender mucho más barato que lo que están vendiendo ellos en el mercado negro”, Mujica dijo a CNN. Publicado Washington Post

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El uso de la marihuana solo es legal en dos de los 51 estados de Estados Unidos: Colorado y Washington. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, está de acuerdo con su legalización al mostrar su desacuerdo con las penas que sancionan solo a los pobres, mientras que el Congreso y la Agencia de Control de Drogas (DEA) considera que es una droga de alta peligrosidad y no dudan en combatirla.

   “Fumé marihuana de joven y yo lo veo como un mal hábito y un vicio no muy diferente a los cigarrillos que he fumado durante mi juventud y en gran parte de mi vida adulta. No creo que sea más peligroso que el alcohol”, ha dicho Obama en una entrevista al diario estadounidense ‘New Yorker’. No obstante, fumar marihuana no es algo a lo que anime, “he dicho a mis hijas que es una mala idea, una pérdida de tiempo y no muy saludable”.

   A criterio del presidente estadounidense, el gran problema con el consumo está relacionado con las desproporcionadas penas con las que se sanciona a los que la consumen y afectan con mayor dureza a negros, hispanos y gente pobre. “No deberíamos encerrar en la cárcel a jóvenes o individuos por largos períodos de tiempo por consumir marihuana, cuando los que están escribiendo esas leyes han hecho probablemente lo mismo“, ha opinado.

   En 1971, en Estados Unidos se declaró la ‘guerra mundial contra la droga’. Hoy es legal su consumo en dos estados y en 21 se permite su uso medicinal con ciertas restricciones. En Colorado y Washington  se pueden cultivar hasta seis plantas en casa yvender legalmente hasta 28 gramos de marihuana para su uso recreativo.

   Según encuestas de Gallup sobre la legalización de la marihuana, en 1961 solo un 12 por ciento apoyaba la legalización. Ese porcentaje ha cambiado considerablemente, hoy el 58 por ciento de los estadounidenses lo apoya.

   La legislación estadounidense clasifica como una droga a la marihuana, Obama considera que se puede discutir eso si los congresistas la eliminan de la lista de estupefacientes de alta peligrosidad. Algunos legisladores responden asegurando de que el Gobierno tiene la potestad de cambiar el estatus de la marihuana sin consultarlos, discusión que se desencadena en una encrucijada y un largo recorrido hasta encontrar un equilibrio en las posiciones.

   En palabras de la jefe de la DEA, Michele Leonhart, la creciente aceptación de la marihuana sólo hace que los agentes antinarcoticos “luchen con más fuerza”, según declaró a medios locales a principios de año.

    Para los activistas a favor de la legalización de la marihuana, es una gran victoria lo que ha sucedido en Colorado, “durante los últimos 8 años en Colorado hemos argumentado que es irracional castigar a los adultos por elegir el uso de un producto que es menos dañino que el alcohol”, ha dicho el director de Safer Alternative For Enjoyable Recreation, Mason Tvert.

   La legalización de las drogas es una de las opciones que se estudian muchos gobiernos como medio de reducir la violencia en el mundo. Uno de los hechos que tuvo mucha relevancia fue la marcha desde Cuernava hasta la capital mexicana organizado por el poeta, Javier Sicilia, a raíz de la muerte de su hijo y por la paz con justicia y dignidad en favor de las víctimas del crimen organizado. Sicilia hizo este planteamiento al Gobierno mexicano para detener la matanza que se registra en México por los cárteles de la droga.

Fuente Notimerica

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cannabisr640x400EEUU/México.-Una estación de televisión de Houston, Texas, informó en mayo que la legalización de la marihuana en algunos estados ha creado más productores de esta hierba en Estados Unidos, y nueva competencia para los carteles de la droga mexicanos.

“Carteles del narcotráfico mexicanos que luchan entre sí por las rutas de contrabando enfrentan una creciente competencia en EE.UU., donde la legalización en algunos estados ha aumentado la cantidad de marihuana disponible”, indicó el informe del 15 de mayo del canal de televisión KHOU.

“La guerra contra las drogas en México puede haber ayudado a los productores estadounidenses lograr establecerse en algunas regiones”, señala el informe.

La periodista Angela Kocherga entrevistó a un oficial de narcóticos encubierto del Departamento de Policía de El Paso, Texas. “La mayoría de esta hierba viene de California. Algo de ella proviene de Colorado”, afirmó el oficial anónimo.

El informe indicó que dos personas fueron detenidas recientemente en un vecindario de El Paso luego que la policía encontró grandes cantidades de “Kush”, un tipo de marihuana más potente y más cara producida en Estados Unidos.

Howard Campbell, un profesor de la Universidad de El Paso y autor del libro “Drug War Zone” (Zona de Guerra contra las Drogas) le dijo a la estación de televisión que los carteles mexicanos encontrarán una forma “económica” para competir con los productores estadounidenses produciendo más de la droga y vendiéndola por menos dinero.

En Octubre 2012, el Instituto de Competitividad Mexicana emitió el informe “Si Nuestros Vecinos Legalizan”, el cual fue presentado por Fox News y otros medios de comunicación.

El informe señaló que la legalización de la hierba en estados de EE. UU. podría “reducir las ganancias de los carteles mexicanos del tráfico a EE. UU. hasta en un 30%.”

Curiosamente, Estados Unidos se atribuye el papel de policía mundial, emitiendo anualmente listas de países a los que acusa de no hacer nada en la lucha contra el narcotráfico.

Fuente Aporrea

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descarga (28)México/Uruguay.- El ministro uruguayo del Interior, Eduardo Bonomi, destacó esta semana en México la necesidad de implementar una nueva política antidrogas que ayude a reducir la violencia, con medidas como la legalización de la marihuana que actualmente se debate en el Parlamento de su país.

“La guerra contra la droga ha fracasado y hay que buscar otro camino”, dijo a Efe Bonomi, quien participa en el foro regional “Seguridad Ciudadana, Política de Drogas y Control de Armas” que se celebra hoy y mañana a puerta cerrada en la capital mexicana.

Estos seminarios, a los que asisten personas que tienen una preocupación común y distintas orientaciones políticas, pueden ayudar diseñar nuevas estrategias para combatir la inseguridad y al mismo tiempo generar “la promoción social”, aseguró.

El foro es organizado por la Comisión Global de Política sobre Drogas, integrado por los expresidentes Fernando Henrique Cardoso, de Brasil, César Gaviria, de Colombia, y Ernesto Zedillo, de México, y destacadas figuras de otras partes del mundo.

El Gobierno de José Mujica presentó un proyecto de ley que actualmente se estudia en el Parlamento y que busca la legalización de la marihuana.

La iniciativa autoriza al Estado a asumir el control y la regulación de actividades de importación, exportación, plantación, cultivo, cosecha, producción, adquisición, almacenamiento, comercialización y distribución de cannabis y sus derivados.

El Gobierno uruguayo prevé que la legalización, que según el ministro “puede funcionar en otros lados”, ayudará a disminuir la violencia derivada de los carteles del narcotráfico que lacera a Latinoamérica.

Esto es, entre otras cosas, porque su estrategia plantea dos vías, por un lado facilitar el consumo de marihuana y por el otro dificultar y penalizar más el de otras drogas duras como la pasta base de coca, que entró en Uruguay en 2002 y provocó un aumento de los robos y la violencia, explicó Bonomi.

“Hay una continua relación entre jóvenes que consumen con delincuentes que no solo venden marihuana, sino drogas mucho más duras (…) y entrando en ese consumo, que es extremadamente problemático, uno se introduce en el mundo del delito”, abundó.

El proyecto sobre la despenalización de la marihuana se encuentra actualmente detenido, a la espera de que se inicie un debate en la sociedad, aunque el titular del Interior es más partidario de que primero se apruebe en el Parlamento.

11318174-retrato-de-una-mujer-con-la-bandera-del-uruguay“Para que haya debate ciudadano tiene que aprobarse la ley e inmediatamente” después someterla a un plebiscito para que sea derogada o confirmada, dijo.

“Con el plebiscito delante, se va a debatir”, apuntó Bonomi, quien aseguró que su país no tiene el problema de violencia existente en otros países como Brasil, México y Colombia, pero con esta estrategia pretende evitar que algún día llegue a ese nivel.

Fuente LaCronicadeHoy

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Experto. Mike Trace alertó que la legalización de las drogas no lleva, necesariamente, a una explosión en el consumo.

Encabeza el IDPC, una de las redes no gubernamentales más reconocidas a escala global en materia de debate sobre las drogas. Respalda la legalización de la marihuana, pero con fuerte control estatal. El debate está abierto.

Mike Trace es el presidente de la Comisión Globalde Política sobre Drogas (IDPC, por sus siglas en inglés), la mayor red mundial de organizaciones no gubernamentales y redes profesionales especializadas en cuestiones de drogas fiscalizadas. El IDPC cuestiona las actuales políticas antidrogas y apunta a desarrollar nuevas y más efectivas políticas – apoyadas en evidencias científicas – para reducir el daño relacionado con las drogas.

Reconocidos estadistas e intelectuales como Mario Vargas Llosa (Perú), Fernando Henrique Cardoso (Brasil), César Gaviria (Colombia), Ernesto Zedillo (México) y Javier Solana (España) forman parte del IDPC (International Drug Policy Consortium), desde donde reclaman, entre otras medidas, el fin de la política represiva que ha causado cientos de miles de muertos en todo el mundo, particularmente en América Latina, con pobres resultados frente al negocio ilícito del narcotráfico.

Desde sus oficinas en Londres, Trace habló con EL DEBER a propósito del proyecto de ley para legalizar la marihuana que presentó el Gobierno de José Mujica la semana pasada ante el Parlamento de Uruguay.

– ¿Cómo enfrentar al narcotráfico cuando la ‘guerra contra las drogas’ ha demostrado que fue un rotundo fracaso? ¿Es la legalización el camino tal como lo ha planteado Uruguay con la marihuana?
– Nuestra organización ha hecho campaña durante muchos años para que revisemos las políticas respecto del control de las drogas. No creo que haya una única y simple solución al problema, pero creo que los gobiernos deben abrirse a considerar nuevas opciones. Por eso respaldamos a cualquier gobierno que haya decidido buscar nuevas estrategias y nuevas formas de lidiar con este problema.

Uruguay es apenas un caso en este sentido y, mucho más, porque no hay tantos países en el mundo que se pongan a revisar las políticas represivas de las drogas a través de la criminalización y la penalización del fenómeno. En este contexto, nosotros también hemos apoyado al Gobierno boliviano en su decisión de cuestionar a escala internacional el estatus legal sobre la hoja de coca, arbusto que considera parte de la cultura de los pueblos indígenas. Las preguntas que ha planteado el Gobierno boliviano, que no son sencillas de responder, han sido escuchadas por otros países y están comenzando a replantear el tema.

– ¿El principal argumento para la liberalización es que la prohibición lleva a un incremento sideral de los precios de la droga y abona el negocio del narcotráfico? ¿Hasta qué punto esto es razonable?
– Es un argumento razonable. Obviamente, es un problema tremendamente complejo, con diferentes tipos de drogas, diversos mercados y numerosos efectos para los estados en todo el mundo. Pero en general, mientras más duras son las legislaciones que impulsan los gobiernos contra las drogas no es posible satisfacer la demanda a través de fuentes legales, por lo que se crea un mercado negro de las drogas. Por eso, mientras más fuertes sean las normas, más aislado y más fuerte será el mercado de las drogas, con mayores beneficios a los criminales de las drogas. Este es uno de los desafíos que tenemos que enfrentar.

Aquellos que cuestionan este argumento señalan que aún levantando la prohibición, el negocio será inmensamente redituable de todas maneras. ¿Realmente bajarían los precios si liberalizamos las drogas y cuán efectiva puede ser esta política para romper con este negocio?
Estoy de acuerdo con este análisis. Debemos tener en cuenta que simples actos, como crear un mercado legal, no hará que el crimen organizado se vaya de la noche a la mañana. Lo difícil es predecir qué podría pasar. No tenemos un laboratorio para probar qué puede pasar. Pero es importante que los estados piensen lo que puede pasar si cuentan con mercados regulados para las drogas. Creo que los críticos tienen razón cuando los críticos señalan que no hay soluciones simples para un problema tan complejo.

Lo cierto es que hay dos puntos a tener en cuenta. Ahora sabemos que es posible detener la criminalización de los consumidores de drogas sin tener mayores efectos sobre el abuso en el consumo de drogas. Hay muchos países en el mundo que se han alejado de la criminalización de los drogadictos y no han tenido un aumento en el número de consumidores. Por lo que podemos predecir que no habrá una explosión de consumidores de drogas.

Lo segundo que el crimen organizado se mantendrá activo en el negocio de las drogas aun si creamos un mercado regulado, lo que no sabemos es si se mantendrán envueltos en un proceso igualmente violento, destructivo y poderoso como el que estamos viviendo ahora. Si vemos el mercado de la cocaína, que viaja desde América Latina hacia Estados Unidos, vemos que es un mercado con enormes ventajas comparativas que crea grandes ganancias, lo que lleva al crimen organizado.

La pregunta no pasa por saber si se terminará o no el crimen organizado, lo cual no es muy realista, pero sí el hecho de que su poder pueda ser desarticulado. Por lo tanto, será menos violento y menos influyente para corromper las instituciones de los estados. No hay una respuesta fácil para este dilema, porque no tenemos un laboratorio para ver qué podría pasar. Pero estas son las preguntas que los gobiernos deben hacerse.

– ¿Cuán efectivo es que un país por su cuenta legalice las drogas si el negocio es transnacional?
– Ningún estado puede lidiar con este problema por sí solo. Creo que debemos buscar una solución coherente de forma conjunta, entre todos los actores de este proceso. De todas formas, la decisión de un país por encontrar otras soluciones al fenómeno debería ser respaldada por los otros países vecinos y por la comunidad internacional en su conjunto.

En esto peleamos mucho con las Naciones Unidas. Siempre que Portugal, República Checa, Australia o, ahora, Uruguay plantean algo diferente, normalmente, son condenados por las Naciones Unidas. Pasa lo mismo cuando Bolivia levanta cuestionamientos al régimen sobre la hoja de coca. Lo que esperamos de la comunidad internacional es que reconozca los esfuerzos y dilemas que enfrentan los países sobre este asunto. Ellos necesitan ayuda para encontrar una solución, en el marco de una estrategia regional o global. Los países más poderosos, como el Reino Unido, normalmente son los más rápidos en condenar estas políticas y dejan el problema sin resolver en sí mismo.

– ¿En qué medida hay que hacer una diferencia entre drogas blandas (marihuana) y drogas duras (cocaína)? ¿Se puede pensar en legalizar la cocaína, por ejemplo?
– En particular para el caso de América Latina, creo que es inteligente comenzar como lo están haciendo los uruguayos. El mercado de cannabis tiene una mayor cantidad de consumidores y cuenta con un mercado de proveedores mucho más diverso. Esta droga no está en manos de unos pocos cárteles.

Con la marihuana es posible crear un mercado relativamente regulado y se pueden obtener beneficios al lograr separar el mercado de la marihuana de las drogas duras, tales como la cocaína. Así funciona en algunos países europeos. Si quisieran legalizar todas las drogas, el escenario sería mucho más difícil. Obviamente no se pueden aplicar los mismos argumentos para las drogas duras, por supuesto.

– Las sociedades, en general, se resisten a la legalización porque consideran que puede afectar la salud de los jóvenes. ¿Es razonable esta preocupación?

– Sí, es razonable y se deben tomar muy en serio las consecuencias de cada medida. Sería irresponsable para cualquier gobierno ignorar ese potencial de riesgo para la salud. Si la política que se adopta incrementa el número de consumidores y la inseguridad, entonces esa medida no ha logrado sus objetivos.

La evidencia que tenemos hasta ahora, con la marihuana en particular, dice que liberalizar el régimen y crear un mercado regulado no lleva a una explosión en el consumo. No buscamos crear un mercado del consumo de drogas más grande del que tenemos ahora.

– ¿Cómo ve el caso boliviano? El presidente Evo Morales ha flexibilizado la política de erradicación de hojas de coca y ahora se tiene una expansión de la oferta de cocaína… 
– Creo que el Gobierno de Morales ha tenido un rol importante a nivel internacional sobre la defensa de la hoja de coca como un elemento de la cultura de los pueblos indígenas. En este punto, nosotros hemos apoyado la despenalización de la hoja de coca. Esta es una iniciativa razonable. La respuesta internacional no ha ayudado a lograr dicho objetivo. Creo que Morales logrará el objetivo de reingresar en la convención internacional de control de drogas con una reserva sobre la hoja de coca. Este es un proceso legal que no tendrá problemas.

Fuente Eldeber

 

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México.- Por Miiirza HoffmaN.- Creo que es importante impulsar entre los ciudadanos la opinión de que es mejor legalizar —lo que implica poner reglas, normar, normalizar, y no simplemente liberalizar, aunque mucho de liberal tendría la medida— que mantener una prohibición sólo útil para aumentar los recursos de los delincuentes y las organizaciones mafiosas dedicadas al narcotráfico.

Es en este momento, cuando la política gubernamental de combate al crimen organizado está a punto de comprometerse con una serie de metas con los Estados Unidos a cambio de los 500 millones de dólares que le van a enviar en equipo militar, policial y en asesores, cuando el Estado mexicano está a punto de invertir siete mil millones de dólares en una guerra perdida, cuando es importante decir que nada se podrá contra los criminales mientras tengan dineros provenientes del mercado negro. La cantidad de recursos que se maneja en el mercado ilegal de las drogas es lo suficientemente alta como para sostener la guerra contra el Estado. En un país con la desigualdad de éste, el ejército de reserva de los narcotraficantes es suficientemente grande como para mantener la operación frente a unos agentes del Estado corruptibles, incluso con mejor nivel técnico, más armamento y asesores gringos. Además, existe una forma muchísimo más racional de manejar el problema de las adicciones y los costos sociales y familiares de las adicciones: que el Estado regule el mercado, de manera que desaparezcan los incentivos para enganchar a los niños y jóvenes. Un mercado de drogas normado por el Estado, con monopolios específicos de algunas drogas —las duras, por ejemplo— y con liberalización regulada de la marihuana le quitaría completamente los incentivos a las organizaciones criminales dedicadas al mercado negro. En el caso de las drogas es evidente que en lugar de gastar siete mil millones de dólares en una guerra perdida, se les podría ganar a los carteles (así, sin acento) legalizando y tomando el Estado en sus manos el mercado. Además de todo, podría obtener recursos importantes de las cargas impositivas que le pusiera a las drogas. El dinero ahorrado y el recaudado se podrían invertir en educación, información y prevención de las adicciones y también se podrían invertir en la mejora del clima de convivencia en las ciudades, en más actividades recreativas y culturales para los jóvenes. Es perfectamente posible comenzar con la marihuana.

Es evidente que se trata de una droga injustamente satanizada, cuando en cambio es legal el alcohol violento y asesino, culpable de la inmensa mayoría de los accidentes mortales de tráfico, y el tabaco, adictivo hasta la desesperación e indudablemente mortal, droga inútil, nada divertida y efímeramente placentera. El tabaco atrapa a casi todos los que lo consumen y a una buena parte los mata. El alcohol también atrapa y destruye. No a todos, pero a muchos de los que lo usan. Y mata alrededor de donde se consume, ni siquiera sólo a los que se lo beben. Y la prohibición ha demostrado su absoluto fracaso ahí donde se ha impuesto. En el caso del alcohol en Estados Unidos, doce años fueron suficientes para permitir la acumulación originaria de muchas de las mafias que todavía operan en otros rubros de los mercados clandestinos. Cuando Roosvelt acabó con el despropósito puritano, el paso se dio de la prohibición a la liberación absoluta, con la creación de un mercado multimillonario que ha abusado de la publicidad, aún más que las tabacaleras, ahora culpabilizadas. La política que se está siguiendo con el tabaco es una opción más racional.

Se está restringiendo el espacio público para fumar y se está eliminando la publicidad, sin prohibir ni la venta ni el consumo. Ese es un caso de regulación extrema del mercado de un producto adictivo, dañino para la salud y con consecuencias sociales, pero a nadie se le ocurriría el desatino de prohibir completamente el tabaco. El mercado negro surgiría de inmediato y las ganancias del crimen organizado se multiplicarían.

La marihuana es mucho menos dañina. Nadie se ha muerto por sobredosis de THC, hay formas de consumirla que evitan la combustión y los efectos de ésta en los pulmones, y es mucho menos adictiva. Los marihuanas no suelen agredir al prójimo, como sí lo hacen los borrachos, y si bien es cierto que son un peligro al volante, no lo son más que los beodos convertidos en campeones de fórmula uno. Frente a unos y otros la actitud del Estado debe ser la misma: cero tolerancia a la conducción ebrio o marihuana. Pero si no conducen y si no se meten con el prójimo, entonces tanto los borrachos como los marihuanas deberían ser objeto del absoluto respeto por parte de los demás. Hay una ruta posible para impulsar la legalización de la marihuana en México ahora. Si se suman voces ciudadanas a favor de una ruta inteligente en tres etapas. La primera buscaría eliminar la criminalización de los consumidores de marihuana. Se trataría de fijar cantidades de posesión para el consumo personal como legales —tres gramos parece lo sensato— y de fijar sólo penas informativas para los consumidores.

En un segundo momento hay que impulsar la legalización del uso médico de la cannabis, suficientemente documentado, y la tercera etapa sería impulsar la legalización del cáñamo para uso industrial, con lo que muchos agricultores podrían transformar sus plantíos destinados a la marihuana en plantíos rentables de cáñamo especializado en la fibra o en la celulosa, sin contenidos significativos de THC. En éste, como en otros asuntos, es indispensable la acción de los ciudadanos que creemos que es posible encontrar mejores soluciones a los problemas de convivencia con base en la acción eficaz de un Estado laico que fundamenta sus posiciones en criterios científicos y no visiones morales particulares. La de la marihuana es una causa ilustrada.

Conozco muchos intelectuales, artistas e incluso políticos que fuman marihuana habitualmente y no son ni criminales ni monstruos a los que hay que someter. Incluso la inmensa mayoría de ellos tampoco son adictos necesitados de un programa de rehabilitación y los que lo requerirían lo necesitan más por el alcohol que por su consumo inmoderado de mota. Es hora de que salgamos a defender una causa que nos involucra, sin hipocresía y sin moralismos idiotas.

 

Fuente Miiirza HoffmaN

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Por Inés Santaeulalia. Hace 40 años el presidente de Estados Unidos Richard Nixon se dirigió a la nación: “El enemigo público número uno de Estados Unidos es el abuso de las drogas (…) Declaro la guerra contra las drogas”

Un español maneja con destreza una tarjeta de crédito para preparar una dosis de cocaína;la Policíamexicana halla 14 cadáveres en una furgoneta; tres toneladas de opio afgano atraviesan Rusia; una madre colombiana entra en una prisión estadounidense para pasar la próxima década entre rejas por tráfico de estupefacientes; un joven neoyorquino muere de sobredosis en una fiesta y un marroquí lo hace en una patera al estallar la carga de su estómago. La secuencia no es real, que se sepa, pero algo parecido sucede cada día en todo el mundo. Son las consecuencias desiguales de un mismo tema, el vil aleteo de la mariposa o la teoría del caos. Las respuestas del tráfico de drogas, el mayor mercado del mundo.

Hace 40 años el presidente de Estados Unidos Richard Nixon se dirigió a la nación: “El enemigo público número uno de Estados Unidos es el abuso de las drogas (…) Declaro la guerra contra las drogas”. Estaba el entonces mandatario inmerso en el conflicto de Vietnam, una de las guerras más largas que se atribuyen a la superpotencia, pero aunque comúnmente olvidado, el frente que abrió Nixon en1971 hasobrevivido a todos sus sucesores. Hasta ahora, porque las cosas están empezando a cambiar.

Los primeros en hablar de fracaso en esta guerra fueron los expresidentes de Brasil, Colombia y México, Fernando Henrique Cardoso, César Gaviria y Ernesto Zedillo, respectivamente. En los últimos meses, políticos en activo como el actual mandatario de Guatemala, Otto Pérez, o el de Colombia, Juan Manuel Santos, han seguido sus pasos para demandar la apertura de un debate sobre el tema, haciendo uso de la legitimidad que les otorga liderar los países que sufren la cara más trágica de las consecuencias de una guerra que suma víctimas a diario (aunque al sur del Río Grande). Honduras, con 82,1 homicidios por cada 100.000 habitantes, seguido de El Salvador, encabezan la lista mundial por tasa de homicidios. México, inmerso desde hace seis años en la guerra contra el narcotráfico, suma ya casi 50.000 muertos y ha incrementado su tasa de homicidios desde 2005 en un 65%, según datos dela ONU.

Su legitimidad, unida a las cifras y los muertos, ha obligado al presidente de EE UU, Barack Obama, a mover ficha. El runrún que alentaba a un debate en el continente americano estalló el pasado 14 de abril. Como no podía ser de otra manera, de la voz de un sucesor de Nixon. “Somos conscientes de nuestra responsabilidad en este tema y creo que es completamente legítimo entablar una discusión sobre si las leyes que están ahora en vigor son leyes que quizá están causando más daños que beneficios en algunos campos”. Habló Obama y todos entendieron: ha llegado la hora de hablar de drogas. El tema ya está en la agenda.

Sobre el incipiente debate que se abre, hay quienes defienden que la regulación de las drogas reduciría el tráfico y acabaría con un negocio que mueve 216.000 millones de euros anuales en todo el mundo, según la ONU; o 19.000 millones de euros solo en México durante 2009, según EE UU. Otros no ven cómo regular podría mejorar la seguridad. Entre ellos el presidente de El Salvador, Mauricio Funes, que considera que cualquier paso hacia la legalización “podría convertir a Centroamérica en un paraíso del tráfico y consumo de droga”. Funes aboga por implementar la ayuda para mejorar el nivel de vida de su país y luchar contra la pobreza y la exclusión. El debate en el continente americano no ha hecho más que empezar.

Si hay una palabra que se relaciona con la discusión sobre las drogas es legalización. Nada genera más rechazo o apoyo que abogar por ello. El presidente de Guatemala, Otto Pérez, fue el primero en pronunciarse ante un micrófono, mostrándose a favor, y el mismo Obama empezó su alocución enla Cumbre de las Américas del mes pasado marcando su posición en contra: “Legalizar no es la respuesta”.

Amira Armenta, miembro del Transnational Institute, un think tank internacional fundado en Amsterdam, explica que “la gente le tiene miedo a la legalización porque, presentada así, asusta”. Sin embargo, achaca a Pérez más un deseo de llamar la atención que de apoyar la legalización real. “Fue una presentación sobre todo mediática. Otto no dice ‘hagamos eso’, lo que dice es ‘discutamos eso’. Entre la actual política y la legalización hay muchas opciones. Habría que considerar las más realistas y con menos riesgos, que son concretamente las que tienen que ver con la despenalización y la discriminalización del consumo, del comercio y la producción”, argumenta.

La deriva que tome el debate es una incógnita para todos, pero las personas consultadas para este reportaje creen que la clave está en Estados Unidos. Después de una espera de años, nadie imagina que el cambio se produzca enseguida. Es más, con el actual presidente estadounidense inmerso en la precampaña electoral todos dudan de que haya una respuesta inmediata. “Obama no puede hablar de este asunto ahora, pero en un segundo mandato el campo es distinto. Tengo serias dudas de que sea un entusiasta promotor [de la regulación], pero sí creo que, en el fondo, no está en contra”, dice el presidente delColectivo por una Política Integral hacia las Drogas en México, Jorge Hernández.

El experto estadounidense Peter Reuter considera que las drogas no son un tema de interés público para la sociedad estadounidense. “En las campañas presidenciales no se hablará nada de drogas”, augura este profesor dela Universidad de Maryland (EE UU), que sí pone el acento, sin embargo, en el cambio de actitud hacia la legalización de la marihuana, aunque “no hacia otras drogas”. A finales de 2010, California, uno de los 14 estados en los que la marihuana es legal para usos médicos, hizo un referéndum para decidir si se legalizaba el consumo y el cultivo. En una ajustada votación, un 56% de los electores votaron en contra y se rechazó la medida. Solo un año después, la encuesta Gallup aseguró que el 50% de los estadounidenses estarían a favor de la legalización de la marihuana. Hernández sostiene que si Obama llegara a apoyarla sería un buen punto de partida para el cambio de paradigma global respecto a todas las drogas.

El cannabis es, con mucho, la droga más consumida a nivel global. Entre 125 y 203 millones de personas de todo el mundo la consumieron en 2009, según datos dela ONU. Lascifras del consumo de todas las drogas se disparan hasta los 149 y 272 millones, lo que supone del 3,3% al 6,1% de la población de15 a64 años. “Es absurdo pensar que la demanda va a acabar aquí o allá, hay que aceptarla y trabajar en aras de la seguridad”, dice el presidente del Colectivo por una Política Integral hacia las Drogas en México.

Los especialistas hacen una clara diferenciación entre países productores y consumidores, para algunos lo que sirve para unos no sería bueno para los otros. Con el punto de partida marcado en la marihuana, valoran de forma desigual los beneficios reales que supondría la regulación para los países centroamericanos, que si bien no tienen un problema grave de consumo, sufren con la violencia la peor cara del tráfico de sustancias. “Al hablar de cambio de política se habla en realidad de legalización, regulación o despenalización de las drogas y, a pesar de que uno esté de acuerdo, la verdad es que no es un objetivo realista y a los países de producción y tráfico no nos serviría de mucho”, alerta el exguerrillero salvadoreño y experto en resolución de conflictos Joaquín Villalobos

Sin embargo, para el escritor mexicano Jorge Castañeda, que en “un mundo ideal defendería la liberalización total de todas las drogas”, que Obama regularizase la marihuana sí supondría un cambio importante, principalmente para México, gran exportador de cannabis al norte. “Los cárteles derivan parte de sus ganancias con la marihuana para extenderse y producir cocaína”, explica Castañeda. Eso no es suficiente para el politólogo mexicano especialista en temas de seguridad Alejandro Hope, que considera que en los países de América Latina los problemas de violencia y corrupción vinculados a las drogas “son un problema de cocaína”.

A la espera de ver qué votan los estadounidenses el próximo mes de noviembre, tímidos pasos del presidente Obama ya empiezan a materializar un incipiente cambio. Un nuevo enfoque y discurso. Nada más llegar de Cartagena de Indias (Colombia), donde pronunció sus palabras favorables al debate, el presidente de EE UU presentó un Plan Nacional de Drogas que por primera vez en 40 años ponía el objetivo en la prevención y el tratamiento de la drogadicción como una enfermedad más que en la acción policial. Solo unos meses antes, se conoció la rebaja de un 17% en 2013 respecto al año anterior en la inversión para la guerra global contra el tráfico de drogas, al pasar de422 a360 millones de euros.

El dinero estadounidense siempre ha financiado las guerras que libran los países centroamericanos contra las drogas. La más reciente, en México, comenzó con la Administración Bushy ha continuado con la de Obama. Tras seis años de guerra, desde la llegada al poder en México de Felipe Calderón, el consumo de drogas no ha caído y sobre el terreno, con el ejército desplegado en toda la Repúblicamexicana, el saldo humano se acerca ya a las 50.000 vidas. El presidente Calderón, de una manera más tímida que su homólogo colombiano, también es partidario de abrir el debate, aunque siempre se ha mostrado un acérrimo defensor del modelo prohibicionista. “Calderón es un cruzado antidrogas. Ahora es difícil que diga ‘mis muertos no sirvieron de nada, vamos a legalizar”, razona Castañeda.

Aunque para algunos expertos la política de Calderón ha sido un “rotundo fracaso” y una “carnicería”, que diría el escritor, Villalobos cree que “en algún sentido [la guerra en México] ha generado un sentido de urgencia para transformar la situación, hoy el estado tiene más capacidad que hace seis años, aunque eso no justifica que se haya hecho”. Así, defiende que el actual debate no se ha abierto por los últimos informes dela ONUo dela Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, como sí sostiene el experto colombiano Daniel Mejía, ni por las palabras de Otto Pérez o la mano tendida al diálogo del presidente Santos, sino por los “esfuerzos y sacrificios que México y Colombia han realizado para enfrentar al crimen organizado. Sin eso a EE UU y a muchos otros les seguiría sin importar el tema”. “Es falso que sea una alternativa al combate al crimen organizado. Lo progresista y avanzado en nuestro caso es que nos ocupemos de la construcción de Estado. Hay riesgo de que la demanda de legalización se convierta en un argumento para no hacer las reformas que se necesitan en seguridad y justicia en casi todos los países”, argumenta Villalobos.

La intervención militar es, por contra, para Hernández, una forma de “abdicación” del Gobierno y aboga por que “el Estado tome control de lo que está en manos del crimen”. Para el experto mexicano hablar de regulación “significa que, con o sin un marco prohibitivo, cada sociedad sea capaz de tener control del uso de las drogas legales o ilegales”. Habla de cambiar el uso de la fuerza por un enfoque social y preventivo. “El actual marco normativo supone que no existe ninguna otra forma de modelar la conducta de nuestra sociedad con respecto a sus prácticas, salvo la fuerza. Ha llegado la hora de ensayar nuevas cosas”, dice.

En esta línea, el profesor dela Universidad de Los Andes (Colombia) Daniel Mejía defiende la despenalización y la estrategia de poner el “énfasis en regular para quitarle los mercados al crimen organizado”. “El bloque centroamericano paga las consecuencias de la política de drogas que se impone. Esto no ha funcionado. ¿Por qué no pensar en un modelo para reducir los niveles de violencia?”, apoya Armenta desde Amsterdam.

Sin acuerdo sobre lo que está por llegar, sí hay consenso de que es ahora o nunca el momento de abrir un nuevo horizonte. El punto quizás más importante desde que Nixon declaró su guerra a las drogas. El inicio de algo que, como casi todo, empieza por una frase tan simple y a la vez tan difícil: “Hemos fracasado. Hablemos”.

Fuente Analitica

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America.- Por Andrés Oppenheimer. El Nuevo Herald

Por primera vez desde que Estados Unidos lanzó su “guerra contra las drogas” hace cuatro décadas, hay signos de que las fuerzas que apoyan la legalización de drogas ilegales están ganando terreno en todo el continente.

Es cierto que se trata de un debate que recién empieza a nivel gubernamental, y pasarán años antes de que se produzcan resultados concretos. Pero hay varios factores nuevos —incluyendo un recorte de la ayuda antinarcóticos de Estados Unidos a Latinoamérica que salió a relucir en el presupuesto para el 2013 enviado al Congreso por el presidente Barack Obama la semana pasada— que reflejan desafíos cada vez más serios a la tradicional estrategia antinarcóticos de Estados Unidos basada en la interdicción y prohibición de drogas ilegales.

Veamos:

En primer lugar, los presidentes latinoamericanos en ejercicio por primera vez están pidiendo abiertamente discutir la posibilidad de legalizar o descriminalizar las drogas ilícitas. Hasta ahora, se trataba de una propuesta de ex-presidentes, como los ex mandatarios Vicente Fox y Ernesto Zedillo de México, Fernando Henrique Cardoso de Brasil y César Gaviria de Colombia.

Los actuales presidentes de México y Colombia han dicho que están abiertos al debate del tema, pero que no van a tomar la iniciativa.

La semana pasada, el presidente guatemalteco Otto Pérez Molina dijo que propondrá a sus contrapartes centroamericanas legalizar las drogas y descriminalizar el transporte de drogas en toda la zona. Un asistente de Pérez Molina me dijo que el Presidente llevará el tema a un encuentro de países centroamericanos programado para marzo.

“Quiero poner este tema sobre la mesa”, dijo Pérez Molina, según reportó The Associated Press. “No sería un delito transportar ni trasladar la droga. Todo eso tendría que ser regulado”.

Simultáneamente, Estados Unidos planea disminuir su ayuda anti-droga a Latinoamèrcia en un 16 por ciento el año próximo, según el presupuesto 2013 que Obama envió al Congreso.

Según esa propuesta de presupuesto, los fondos para control y cumplimiento de la ley entregados a México serán recortados en casi 50 millones de dólares, o 20 por ciento respecto de los niveles del año pasado, mientras los fondos antidroga destinados a Colombia caerían en un 11 por ciento, y los destinados a Guatemala en un 60 por ciento.

Los partidarios de los recortes de ayuda antinarcóticos dicen que las nuevas cifras reflejan en parte la creciente capacidad de los países latinoamericanos para combatir a los carteles del narcotráfico. Los críticos cuestionan, eso diciendo que es difícil argumentar que México y Guatemala, entre otros, necesitan menos ayuda externa para la lucha contra los carteles.

En tercer lugar, aunque la legalización o despenalización de la droga sigue siendo un tema tabú en el Congreso de Estados Unidos, las fuerzas pro-despenalización están haciendo significativos progresos a nivel estatal. Ya hay 13 estados que han aprobado el uso de la marihuana con propósitos médicos, y otros tres que lo propondrán a nivel estatal en las elecciones presidenciales de noviembre.

Además, algunos expertos predicen que la iniciativa de legalización de la marihuana en California,la Propuesta19, que perdió por un margen de apenas 8 por ciento de los votos en el 2010, probablemente sea aprobada en noviembre. Según razonan estos expertos, en California habrá más gente joven —que tiende a apoyar la legalización— que votará las elecciones presidenciales de este año, de las que votaron en las elecciones legislativas del 2010.

Antes de terminar esta columna, le pregunté al profesor dela Universidadde Miami Bruce Bagley, un experto en la lucha contra las drogas, cómo ve los diversos desafíos a la tradicional política de Estados Unidos centrada en la interdicción y prohibición de narcóticos.

“Esto se está convirtiendo en una suerte de avalancha”, me dijo Bagley, que respalda la despenalización de la marihuana. “Hay un creciente cuestionamiento de las políticas antidrogas de línea dura, tanto en Latinoamérica como aquí en Estados Unidos”.

Bagley agregó: “La prevención, la educación, el tratamiento y los programas de rehabilitación son más eficaces que la represión contra la oferta de drogas”.

Mi opinión: Estoy de acuerdo. Es cierto que la despenalización de la marihuana produciría al principio un aumento del consumo. Casi todos los estudios revelan que cuando Estados Unidos levantó la prohibición del alcohol, el precio del alcohol bajó, y el consumo aumentó. Lo mismo puede ocurrir con las drogas.

Pero la mayoría de los estudios también demuestran que —de manera semejante a lo que ocurrió con el cigarrillo—, las campañas eficaces pueden reducir drásticamente el consumo de drogas, sin la secuela de delincuencia, criminalidad y “guerras” como las que están dejando decenas de miles de muertes por año en México y Centroamérica.

Hasta ahora, este debate estuvo limitado a los ex presidentes, académicos y periodistas. Ahora, estamos viendo los primeros signos de que se esta empezando a llegar a los palacios presidenciales.

 

Fuente ElInstitutoIndependiente

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Un camino a la victoria en la guerra contra el narcotráfico.

Fernando Henrique Cardoso cree que la legalización de la marihuana reducirá la amenaza de los carteles a las democracias latinoamericanas

El argumento clásico a favor de la legalización de la marihuana se fundamenta en la libertad personal. ¿Por qué, preguntan sus defensores, debería el gobierno federal decirles a los ciudadanos qué pueden consumir? También es un motivo por el que muchos conservadores le temen. Les preocupa que la legalización genere más consumidores de marihuana, un aumento del consumo de drogas duras, y una disminución en la calidad de vida de los sobrios y la sociedad en general.

El ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso cree que sucedería lo opuesto. En una entrevista aquí la semana pasada me dijo que su apoyo a la despenalización global de marihuana apunta a reducir el uso de todas las drogas, disminuir la violencia y minimizar lo que considera una amenaza seria y creciente a la democracia en América Latina.

Cardoso se ha marginado de la política contingente desde 2003, cuando terminó su segundo período de cuatro años como uno de los presidentes más exitosos de Brasil. Ahora es un defensor internacional de alto perfil para terminar la guerra contra el narcotráfico. Pero antes tenía la opinión opuesta.

Explica que, como presidente, usó métodos tradicionales de “represión y prevención” para combatir el problema de las drogas. Pero no demora en agregar que ninguno de los dos funcionó. “La erradicación fue un fracaso”, sostiene. Aunque se destruyeron plantas de marihuana —con orgullo el gobierno tomó fotos de su trabajo— “luego, otra vez, los cultivos estaban allí”. En tanto, el Estado realizó un esfuerzo insuficiente en materia de prevención, en parte debido a que el problema de drogas de Brasil “no era tan grave en ese momento”.

Cardoso afirma que luego de dejar la presidencia y comenzar a pasar tiempo en países en la región, en especial Colombia y México, reconoció la profundidad y dimensión del problema. “Me di cuenta, Dios mío, de que lo que está en juego ahora es mucho más que sólo la criminalidad. (Son) las instituciones, la democracia, que están en peligro por los carteles e incluso por la represión (en) la forma en que se están violando los derechos humanos”.

Por supuesto, la violación de libertades civiles por parte del Estado en la “guerra contra el narcotráfico” era predecible, ya que el negocio de los narcóticos involucra transacciones privadas entre partes voluntarias. Controlar ese tipo de transacciones requiere de informantes, y necesariamente implica una ampliación de los poderes estatales más allá de lo que la mayoría de las democracias liberales consideran legítimo.

Pero los carteles, que se han enriquecido y vuelto más poderosos bajo prohibiciones y una sólida demanda, también amenazan a la democracia. Cardoso afirma que “corrompen las instituciones con dinero”, pero también usurpan la autoridad del gobierno elegido sobre lo que consideran su territorio.

Esto es lo que sucedió en Colombia, sostiene, donde el gobierno debió “combatir carteles y guerrillas a la vez, más los paramilitares y las milicias”. Ahora lo mismo ocurre en Rio de Janeiro, donde grupos armados “tienen relaciones corruptas con la policía y los políticos” y necesitan “ocupar zonas (para) producir… y distribuir drogas”. En estas áreas, la población pierde sus derechos democráticos. “Mientras los (traficantes) estén ocupando un área, el Estado no está presente en esa zona. Tienen sus propias reglas, su propia ley, y muy a menudo es muy dura”. Cuando el gobierno cumple con su deber de reafirmar su autoridad sobre estas áreas, aumenta la violencia.

Cardoso doce que la evidencia abrumadora proveniente de los estudios sobre el abuso de drogas muestra que una “guerra” como la que imagina EE.UU., “que apunta a cero consumo y ninguna producción de drogas”, es la estrategia equivocada. Sin embargo es el status quo global “puesto en práctica por todos los países porquela ONUhoy asume que es la forma de lidiar con las drogas”.

Cardoso indica que es hora de cambiar. Señala la experiencia exitosa de algunos países europeos donde la marihuana ha sido despenalizada para que su uso recreativo esté permitido y los adictos reciban tratamiento.

Portugal es un ejemplo, señala. Allí, las crecientes tasas de consumo de marihuana previas a la despenalización se han revertido. Sus propias entrevistas —y los datos en general— muestran que una combinación de educación, tratamiento y despenalización, por la cual la marihuana ya no es una tentación prohibida entre los jóvenes, explica por qué el uso dejó de aumentar.

Hay otros beneficios ligados a la despenalización. Al eliminar la necesidad de perseguir a los consumidores de marihuana, dice Cardoso, el Estado se puede concentrar en combatir el crimen organizado. Y es probable que esos mafiosos tengan menos clientes.

Tal y como están las cosas en la actualidad, “los jóvenes deben entrar en contacto con traficantes de droga para comprar marihuana y los traficantes inducirán a los jóvenes a pasar de la marihuana a las drogas duras porque son más rentables. Así que hay que romper el contacto”, sostiene. También está el problema de que las prisiones brasileñas están llenas de presos que cumplen condenas por narcotráfico porque fueron atrapados con cantidades de marihuana por encima del límite legal. La despenalización reduciría las tasas de encarcelamiento y la gran cantidad de vidas arruinadas por los sistemas penitenciarios que le enseñan a la gente a convertirse en criminales.

Cardoso acepta que se trata de un “tema político”. Pero no prevé que políticos en Washington o Brasilia den la respuesta. “En mi opinión lo que importa es que la sociedad civil esté involucrada en la discusión. No creo que el Estado sea capaz de cambiar sin una fuerte presión de la sociedad civil”.

 

Fuente TheWallStreetJournal

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‘Creo que la producción de marihuana mexicana podría ser altamente competitiva si fuera legal’, dijo el ex canciller mexicano.

Dado su papel como principal mercado mundial de las drogas y como socio de México y Colombia en su combate, una eventual legalización de la marihuana debería ser consensuada con Estados Unidos, planteó hoy el ex canciller mexicano Jorge castañeda.

Por ello, Castañeda destacó al participar en el panel ‘Terminando la Guerra Globalcontra las Drogas’ la importancia de que los presidentes de México y Colombia, Felipe Calderón y Juan Manuel Santos, realizaran consultas al respecto con su colega Barack Obama,.

‘No me pregunten la reacción de la opinión pública estadunidense. Puedo contratar una firma de encuestas para saberlo, no lo necesito para eso, necesito saber lo que haría el presidente (Obama) si legalizamos’, indicó castañeda en el conservador Instituto Cato.

Reconoció que resulta difícil anticipar si la eventual legalización del consumo pondría fin a la violencia que genera.

Estimó sin embargo que las ganancias económicas de los cárteles de las drogas, fuente principal de su poder de acción, se vería disminuido de manera considerable.

‘Si legalizamos al menos la marihuana en México y algo parecido pasa en Estados Unidos, la cantidad de dinero que tendrían a su disposición para comprar armas, contratar sicarios, corromper funcionarios seria menor, se reduciría’, mencionó.

Para Castañeda la situación de seguridad que experimenta México no es resultado directo de un aumento en la demanda de drogas en su país o en Estados Unidos, y de ahí el significativo impacto que derivaría de una eventual legalización.

‘(Estos grupos) harían menos cosas de las que están haciendo y creo que eso sería algo muy bueno a un costo bastante reducido para México’, manifestó.

El también académico consideró que debido a su calidad, la marihuana mexicana resultaría un negocio muy rentable si su comercio fuera legalizado.

‘Creo que la producción de marihuana mexicana podría ser altamente competitiva si fuera legal’, dijo al insistir que la legalización tendría un considerable efecto en la situación que vive México.

Según su propia definición, el Instituto Cato es un centro de investigación de políticas públicas apartidista. Sin embargo, cuenta entre sus financiadores a uno de los promotores del Partido del Té, Charles Koch, quien -según analistas- representa el ala más conservadora de la derecha estadunidense.

 

Fuente ElObservador

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El presidente mexicano, Felipe Calderón, aumentó el lunes la presión sobre Estados Unidos para que controle la demanda por drogas ilícitas, insinuando que la legalización de los narcóticos podría ser necesaria para debilitar a los cárteles del narcotráfico.

México, que ha sido azotado por un sangriento conflicto entre el Gobierno y los cárteles del narcotráfico, está pagando el precio por su cercanía a Estados Unidos, dijo Calderón en un discurso ante las organizaciones Americas Society y Council of the Americas en Nueva York

“Estamos viviendo en el mismo edificio. Y nuestro vecino es el mayor consumidor de drogas en el mundo. Y todos quieren venderle drogas a través de nuestras puertas y ventanas”, declaró.

“Debemos hacer todo para reducir la demanda por drogas”, agregó Calderón. “Pero si el consumo de drogas no se puede limitar, entonces quienes toman las decisiones deben buscar más soluciones -incluidos las alternativas de mercado- para reducir las ganancias astronómicas de las organizaciones criminales”, afirmó.

El no entró en más detalles, pero los comentarios parecen indicar una flexibilización en la actitud de Calderón frente a las regulaciones estatales al mercado de las drogas, lo que podría limitar el poder de los cárteles al eliminar sus ganancias.

Dieciséis estados de Estados Unidos y el Distrito de Columbia han permitido el uso medicinal de la marihuana, pero el gobierno federal no reconoce su autoridad para hacerlo y considera como ilegales sus puntos de venta.

La marihuana se está convirtiendo en la droga preferida entre los adultos jóvenes en Estados Unidos y el uso de metanfetaminas y cocaína está disminuyendo, según un reciente sondeo nacional.

En México, Calderón envió al Ejército a enfrentar a los cárteles del narcotráfico poco después de que asumió el poder a fines del 2006. El Gobierno ha capturado a muchos líderes de los cárteles, pero el aumento de la violencia que ha provocado el conflicto ha cobrado más de 42.000 vidas.

Las muertes han afectado el respaldo al conservador Partido Acción Nacional (PAN) de Calderón, que enfrenta una difícil carrera por conservar el poder en las elecciones presidenciales de julio del 2012.

Calderón, quien no puede buscar un segundo mandato debido a limitaciones legales, había dicho anteriormente que estaba abierto a discutir la legalización de las drogas, pero declaró repetidas veces que no creía que esa fuera la solución.

México sufrió el mes pasado uno de los peores ataques en la guerra contra el narcotráfico, cuando 52 personas murieron en un ataque e incendio realizado por supuestos miembros de un cartel en un casino en la norteña ciudad de Monterrey.

Estados Unidos ha apoyado los esfuerzos de México por derrotar a los cárteles, pero la violencia en algunos momentos ha tensado las relaciones entre ambos socios comerciales.

Calderón se concentró en Washington después del ataque en Monterrey, acusando al gobierno de Estados Unidos de no hacer lo suficiente para poner fin al consumo de drogas con el que se enriquecen las bandas de narcotraficantes.

Fuente ReutersMexico

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Jorge Hernández Tinajero, del Colectivo por una Política Integral hacia las Drogas, advierte que tras la actual ofensiva antinarco lanzada por el presidente Calderón no hubo menos drogas ni tráfico, pero sí más violencia y muertes.

El Colectivo por una Política Integral hacia las Drogas (Cupihd) tiene corta vida y larga experiencia. Desde hace una década, Jorge Hernández Tinajero, su presidente, organiza la marcha de Legalización de Cannabis junto con otros activistas. Luego vino el salto a la política, como asesor de la diputada Elsa Conde, y elaboraron proyectos sobre los derechos del usuario, el uso de marihuana para fines medicinales y el cultivo de cáñamo industrial. “Los tres quedaron congelados”, dice el activista, coorganizador de la tercera Conferencia Latinoamericana sobre Política de Drogas, que también sirvió para lanzar la primera Conferencia Mexicana sobre el tema. Que esta última continúe el próximo año es responsabilidad y desafío de CuPIhD, fundada en 2009, en una situación adversa. “Aquí decimos que los niños nacen con, sin y a pesar del médico”, señala Hernández Tinajero al respecto.

–En 2006, cuando Felipe Calderón asumió por un muy escaso margen de votos, lanzó de inmediato la guerra contra las drogas. ¿Fue un gesto demagógico? ¿Cuán previsible era esta cantidad de asesinatos?

–En ese momento no podíamos suponer que iba a ser demasiado distinto a lo que pasaba antes, que se aumentaba la política represiva contra los narcos y tenían menos atención o poder pero las cosas estaban siempre en un cierto equilibrio, no en control. Parte de la estrategia fue fragmentar los carteles, ir sobre ciertas cabezas y eso generó una desestabilización terrible, creo que fueron muy ingenuos al subestimar el tamaño del problema y la importancia de los equilibrios que existían. Fue una forma de legitimarse. Pero hoy no hay menos drogas en las calles ni menos armas ni menos exportación a Estados Unidos. Todo sigue igual, pero hay más violencia. Se les fue de las manos, Calderón mismo lo reconoció pero dice que no hay alternativas. Nuestra posición es que sí hay alternativas, siempre hay.

Cuando se lanza la guerra 2006, ¿cuál era el panorama del activismo?

–Habíamos avanzado mucho en el tema de la regulación de la marihuana. Pero ahora me di cuenta de que algo no funcionaba en México. Lo confirmo en esta cumbre cuando hablo con activistas españoles y argentinos. En España impulsaron los clubes de cultivo cooperativo porque estaban atrapados en las redes de hachís marroquí de mala cantidad. En Argentina igual pero con el prensado paraguayo. En México no cultivamos porque acá el mercado te ofrece todo, nadie siembra vid si puede ir al súper a comprar vino. En el caso de la cannabis, en México hay opciones para cualquier bolsillo. Aquí el reto es crear una cultura de cannabis y del autocultivo para hacer clubes.

 –¿No reclaman la regularización del mercado informal?

–No llegamos a ese nivel. Hay consignas, un lema revolucionario es el de Zapata, “tierra y libertad”. El movimiento cannábico lo adopta y lanza “tierra para sembrarla, libertad para fumarla”. Pero el movimiento como tal es más bien festivo, de rechazo a lo que hay, en buena parte falta claridad de objetivos. Hay que entender las prioridades. De los chicos que salen a marchar, muchos son muy marginales, invisibilizados por la sociedad con problemas graves como la violencia y las difíciles condiciones socioculturales. Están pensando en ejercer su libertad. En el contexto de la guerra, es complejo para ellos todavía pensar en cómo regular. Nosotros estamos introduciendo la noción de autocultivo, si uno cosecha lo suyo probablemente no le tenga que comprar al crimen organizado, pero aquí tenemos que ser muy cuidadosos. Yo no hablo en contra de enfrentar el crimen organizado, nadie puede estar en contra de que se le enfrente, pero en México el debate se polariza mucho. Si yo digo que hay que cultivar para acabar con el tráfico, me vuelvo un blanco. Mi mensaje para ellos es: somos clientes, dennos garantías de mercado.

–Parece un mensaje al gobierno.

–Pero no. No nos metemos. Nosotros defendemos nuestros derechos, ésa es nuestra perspectiva, de otra manera estamos muertos.

–¿Ustedes reclamaban la ley de menudeo?

–Esa fue una movida distinta y fue leída mundialmente como que en México se había descriminalizado el uso, pero en el fondo el diseño de la ley es muy perverso y tiene efectos contraproducentes. Se sancionó en 2009 y la idea original, retóricamente, era que “no sirve de nada perseguir a los grandes capos si no hacemos nada por atrapar a los que les venden a nuestros niños. Hay que ir contra los pequeños vendedores”. Al decir eso, y no creo que se dieran cuenta, tuvieron que decidir quién era usuario y quién delincuente. Y trabajaron por cantidades reguladas. Hay muchas maneras, aquí pasó que las cantidades son demasiado bajas. Para cocaína el permiso es de medio gramo, cuando todo el mundo sabe que se vende de a gramo. Para marihuana son cinco gramos, pero nadie compra de a 5 porque tiene que ir varias veces y es más riesgoso. Estás exponiendo al usuario.

–¿Y la policía cómo reaccionó?

–Saben los movimientos. Saben que tú tienes porque compraste y el vendedor también. ¿Por cuál van a ir? Por el usuario, porque no se meten con los intereses del crimen organizado. Y al mismo tiempo, ese usuario, que tiene pocos mecanismo de defensa, que muchas veces ignora sus derechos, acaba en la cárcel. Muchas veces sin que le puedan probar el tráfico. Como la ley es federal, el gobierno hizo modificaciones para que los distintos estados intervengan pero hay una rebelión porque las policías estatales no están preparadas, los expone a una guerra distinta. Además, muchos gobernadores no tienen recursos porque a los detenidos hay que derivarlos ala Justicia local. Entonces sólo algunos implementan la ley, que entra en vigencia este año en DF.

–¿Cómo es la relación de ustedes con el gobierno de Calderón?

–Siempre han intentado ignorarnos. Están en una posición complicada, en un pantano en el que se metieron ellos solos y cada vez que se mueven se hunden más. Tratan de no entrar a terrenos donde pierden, por eso no discuten. Mientras, alimentan el miedo de la gente contra la criminalidad organizada. Ahora Calderón abrió un espacio para que la Universidad Nacional de México discuta el tema. Es decir, lo llevan fuera de su ámbito, espero que no sea una estrategia de dilación. Nosotros vamos a ir y a insistir en que hay otras opciones a la guerra.

 

Fuente Pagina12

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Por Roberto Gómez Junco González.

México.- Hemos visto cómo lo ilegal es negocio y lo que causa el prohibir algún producto o servicio; también sabemos de formas en las cuales los grupos que se manejan fuera de la ley se benefician de las propias leyes que prohiben su comportamiento.

Siendo un tema extenso y complicado, queda la duda de cómo sería un país ideal, un mundo ideal, en el que se pudiera vivir sin los problemas que trae lo ilegal y la organización del crimen que esto produce.

Obviamente lo ideal sería que no existiera la gente que consume los productos del narcotráfico y que éste, sin demanda y sin ingreso, terminara con la oferta. Desgraciadamente esto es algo que queda sólo como “idea” tanto en México como en el resto del planeta, porque la realidad es otra.

La historia, guerras y campañas, miles de intentos fallidos de gobiernos e instituciones de salud para suprimir y detener el flujo de narcóticos, demuestran que mientras exista el ser humano existirá el consumo, y por lo tanto la distribución de drogas ilegales. Le debemos tirar a que sea la menor cantidad de personas posibles las que ofrezcan y demanden estos estupefacientes.

Lo único que no se ha intentado para disminuir el consumo o distribución de las drogas ilícitas, donde son ilegales, es la legalización.

En México tenemos un problema, entre muchos, con el narcotráfico. No hay ninguna otra parte del mundo en donde ese problema sea tan grave como el que hay ahora en el país. Ni siquiera lo fue en Colombia durante las épocas de Pablo Escobar.

Esto suena más o menos comprensible, porque la población actual es la mayor que ha existido en la historia, más que cuando vivía Escobar, y México es la única frontera al sur del país que más narcóticos consume en el mundo, y además es la frontera con el sur de América, donde se producen muchos de estos narcóticos, por lo que nuestro país sirve de “conexión” con el vecino del norte; y la declaración de “guerra” hacia estos grupos hace no mucho tiempo causó que se defendieran, organizándose y creciendo más que antes.

Una guerra que no ha servido más que para demostrarnos cómo no sirve atacar militarmente al crimen organizado, ya que éste siempre encuentra la manera de escabullirse, especialmente en un país hundido en la corrupción como lo es México. Lo que se hace es disminuir el poder de estos grupos lo más posible, tanto económico como moral, al quitarles la fuente de su ingreso.

Podría empezarse por despenalizar, como ya se hizo de cierta forma en el país, la posesión de cualquier droga sin intento de distribuirla. Esto significa que el adicto, a menos que haya cometido un crimen, es tratado como un enfermo y no un criminal. No obstante, aunque la injusticia de encarcelar y maltratar a alguien por ser víctima de una adicción desaparece, queda el problema de la distribución.

Al despenalizar solamente la posesión, la producción de los narcóticos sigue estando a cargo del crimen organizado. De igual manera, una legalización “a medias”, como las leyes que permiten que la marihuana se distribuya como medicina en ciertos estados de Estados Unidos, dejaría la distribución de la parte ilegal al crimen, y en Mexico vendría siendo lo mismo.

Lo siguiente sería hacer una separación entre las drogas que circulan. La cafeína en el café, el alcohol en las bebidas y la nicotina en el cigarro son drogas, en todo el sentido de la palabra, que se distribuyen y producen de manera regulada. De la misma forma, entre las drogas ilegales hay una variación entre la potencia y efectos de las mismas.

En Holanda, el único país en donde la comercialización de algún narcótico es legal, distinguen entre drogas “suaves” como la marihuana, que son legales, y las “duras” como la cocaína o heroína, que son ilegales como en cualquier otra parte.

En ese caso se encargaría al Estado o a la industria privada, de manera regulada, la producción y distribución de ciertos narcóticos.

El mayor ingreso de los cárteles en México proviene del tráfico de marihuana tanto hacia Estados Unidos, como (cada vez más) en México. No es raro, ya que es la droga que más fácil se da en el país y la que más se consume en el mundo. Es la droga que Estados Unidos “importa” en mayor cantidad y la que genera más dinero.

Los granjeros que ya siembran marihuana en el país, y los que no, podrían sembrar esta planta como si fuera cualquier otra cosecha, y distribuirla a la organización correspondiente, regulada por el Estado y la Ley. El poder militar se utilizaría para proteger esas cosechas.

Al quitarle la ilegalidad a esta planta en el país, se restaría un alto porcentaje del ingreso económico de estos cárteles, desde México hasta Centroamérica. El salario de todo miembro de algún grupo criminal dedicado al narcotráfico se vería reducido de manera inmediata. Esto causaría, sin más que hacer, que se desmoronaran por sí mismos los cárteles menos fuertes.

Los ingresos generados al aplicarle un impuesto a la marihuana rondarían los miles de millones al año y servirían para combatir a los cárteles más fuertes mientras van perdiendo su poder.

Se distribuiría de forma regulada como el alcohol y los cigarros, sobre todo al principio. No habría marihuana en el supermercado a un lado de la lechuga. Tampoco habría venta (como en el caso de las compañías tabacaleras) o anuncios en la tele que instiguen a los jóvenes a consumir. Habría centros de distribución regulados y protegidos por el gobierno y un chequeo completo de todo “cliente” para tener el debido control. Obviamente seguirían las campañas y la labor de los padres al educar a sus hijos, para aspirar a que el porcentaje de la población que consuma sea mínimo.

Sería excatamente lo mismo para las personas que nunca han visto una droga, sin el inevitable problema indirecto que trae la ilegalidad de éstas.

En México se han visto muchas incautaciones de marihuana últimamente, cada vez con más frecuencia. Esto puede aparentar que la “guerra” que se está librando ha dado algún tipo de resultado, pero no es así. Estados Unidos lleva varios años “desilegalizando” la marihuana en ciertos estados, declarándola como medicina, a la vez que a nivel federal y ante el mundo mantiene que su política contra las drogas y la legalización de la marihuana es la misma.

La marihuana mexicana, que vemos acomodada en montoncitos enfrente de un helicóptero de la policía federal en las noticias cada vez que la “incautan”, se queda en el país ya que no la quieren en el norte porque están produciendo una mejor allá, y de manera legal.

Es cuestión de tiempo para que los 16 estados que han aprobado estas leyes se conviertan en los 50 que conforman el país y a nivel federal se declare la marihuana como “medicina”, un eufemismo que en Estados Unidos pueden utilizar porque sus “problemas” de narcotráfico son otros.

El gobierno y la población en México se comportan como Estados Unidos dice que hay que comportarse, pero no como lo hace.

Actualmente al Tío Sam le conviene que la marihuana sea ilegal en México y el resto del planeta, por eso tanto apoyo y dinero. Mientras tanto, las instituciones en Estados Unidos que están desarrollándose en la industria legal del cannabis están en pláticas y proyectos constantes con los laboratorios en Holanda para producir más y mejor producto, rebasando ya a los propios holandeses. Se han dado cuenta que la marihuana legal y con impuesto genera más dinero que la ilegal y resuelve uno que otro problema de pasada.

Para cuando den a conocer esto al resto del mundo, los estadounidenses serán de los primeros lugares en producción de cannabis del planeta, dejando como siempre a los mexicanos atrasados y en la pobreza, jugando con las reglas que dictan los gringos mientras intentamos no quedarnos tan atrás.

Porque en México, a diferencia de Estados Unidos, no existe la imaginación necesaria para distinguir entre hacer cosas malas que parecen buenas y cosas buenas que parecen malas.

 

Fuente EpicentrdeMexico

 

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El Salvador.- Por Juan Valiente, columnista de El Diario de Hoy

Un poco más de una década tardaron en Estados Unidos para darse cuenta que era peor el remedio que la enfermedad en el caso de la famosa enmienda constitucional XVIII, que prohibía la venta, importación y fabricación de bebidas alcohólicas a inicios del siglo pasado. Recordamos la famosa Ley Seca o Ley de la Prohibición más por las historias o películas que hemos visto del agente Eliot Ness y los famosos Intocables, que por su impacto real en la disminución del consumo de bebidas alcohólicas.

Lo que no fácilmente recordamos es que efectivamente el auge del crimen organizado fue tal, que pocos años después se aprobaba en Estados Unidos una nueva enmienda constitucional para desenmarañar el grave problema creado por la primera. Muy a pesar del mítico recuerdo que tenemos de Eliot Ness y de su afamado triunfo legal sobre Al Capone, el remedio resultó peor que la enfermedad. La producción clandestina de alcohol hizo que este adquiriera precios elevadísimos en el mercado negro y nacieran poderosas mafias.

Obviamente existen diferencias entre la situación generada dentro de los Estados Unidos en esa época y la que ahora sufrimos los que vivimos en países que son ruta de las drogas hacia el coloso del norte. En los años 20 del siglo pasado, el remedio lo sufrían los norteamericanos y los muertos los ponían los norteamericanos. En la actualidad dado que la mayor parte de la producción ocurre fuera de las fronteras de ese país, el remedio lo estamos sufriendo todos nosotros poniendo muertos, ingobernabilidad, rampante corrupción y en algunos casos estados fallidos. Es hora de decir: ¡Ya no!

Es verdad que el problema del consumo se ha complejizado, así como el de la producción. Ya no es tan cierto que el consumo sea fundamentalmente un problema de los países más desarrollados y que la producción y tránsito de los otros. El consumo se ha extendido y, a pesar que la producción de las drogas de origen vegetal sigue siendo la más difundida, el incremento más relevante ha ocurrido en la producción de las drogas sintéticas. Sin embargo, un estudio de la Secretaría de Salud de México todavía muestra que en consumo alto de marihuana figuran Australia, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos y Gran Bretaña, y en el caso de cocaína, Australia, Canadá, España y Estados Unidos. Estados Unidos está obligado moralmente a legalizar el consumo de las drogas.

Con tal medida hay riegos reales de aumentar dicho consumo, pero el impacto social sería más fácil de controlar que el resultado actual. La alta rentabilidad del comercio ilegal de la droga ha creado mafias poderosas, que tienen capacidad para corromper las estructuras del poder en los países que transitan. El reciente informe final de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia concluye que la lucha contra el narcotráfico es “una guerra perdida” y promueve un cambio de políticas públicas hacia la despenalización de su consumo.

Si Estados Unidos aceptara el reto de legalizar el consumo, los países latinoamericanos tendríamos al menos la posibilidad de inicialmente sólo despenalizar su producción y exportación. Tendríamos más recursos para enfocar la solución a nuestro problema interno de consumo. Aquí permanecerá lo que haya de menudeo de drogas e involucramiento de maras, pero el verdadero poder corruptor de los carteles se irá desvaneciendo. Ya en nuestro país no serán normales eventos como los narco barriles o la captura de personas conocidas con miles de dólares o de parientes de ex funcionarios con armas de grueso calibre, drogas y documentos falsificados.

El dinero fácil ha podido corromper ya a muchas personas y tenemos que evitar que continúe esta debacle. Estados Unidos tiene, junto a los principales países consumidores del mundo, la responsabilidad de internalizar los costos de su consumo. Nosotros en El Salvador ni con doscientos, ni con mil millones podremos enfrentar exitosamente las mafias que este problema ha creado.

 

Fuente ElDiariodeHoy