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Activista en EE.UU. del uso de marihuana dice que los Padres Fundadores la legalizarían

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Adam Eidinger pasó de vender pipas de cristal en un sótano a liderar la campaña para legalizar el consumo de la marihuana en la capital de EEUU, un fenómeno que describe como la “búsqueda de la felicidad” sobre la que los Padres Fundadores construyeron el país.

“Somos una nación edificada sobre la búsqueda de la felicidad, el derecho a la protesta, la libertad individual. Los Padres Fundadores estarían de acuerdo con esto”, afirmó Eidinger en entrevista con Efe mientras encendía un cigarro de marihuana, horas después de que la capital federal legalizara su consumo.

Desde este jueves, cualquier habitante del Distrito de Columbia -donde se encuentra la ciudad de Washington- que tenga al menos 21 años puede fumar cannabis en su casa o espacios privados, poseer dos onzas (60 gramos) de esta droga y cultivar en su casa hasta seis plantas, aunque sólo tres con flores.

Eidinger, presidente del grupo “DC Cannabis Campaign”, presume de ser la razón de este cambio legislativo porque “una persona, si trabaja duro, cree en lo que hace y se rodea de buenos amigos, puede cambiar el curso de los acontecimientos”.

“¿No es eso el sueño americano?”, reivindica.

Sin embargo, el activista no está del todo satisfecho con el cambio porque el Congreso, con autoridad sobre las leyes y el presupuesto de la capital federal, prohibió el año pasado al Ayuntamiento regular la venta e imponer impuestos sobre el cannabis.

“Todavía queda mucho por hacer. Como una persona que disfruta mucho más de la marihuana que del alcohol, creo que deberíamos tratar esto como una industria regularizada. Deberíamos ser capaces de comprar cannabis en una tienda en la esquina”, argumentó.

Conseguir cannabis como quien obtiene naranjas está todavía muy lejos, aunque adquirir pipas, trituradores de marihuana, vaporizadores y todo tipo de parafernalia ya es legal desde el jueves, pues “DC Cannabis Campaign” incluyó esta actividad en la iniciativa ciudadana aprobada en las elecciones de noviembre.

“Durante cinco años vendí ropa, libros. Tenía dos tiendas y la policía me las cerró. Me parecía tan ridículo que la gente fuera a la cárcel en el siglo XXI por esto. Me harté de que mis amigos fueran a la cárcel. Decidimos cambiar las reglas del juego”, explicó.

Sus dos tiendas, llamadas el “Capitolio de Cáñamo”, abrieron en 2008 en Chinatown y Adams Morgan, dos barrios de Washington, y allí permanecieron hasta 2012, cuando la Policía municipal acusó al activista y a su socio de violar las leyes de la ciudad sobre venta de parafernalia relacionada con las drogas.

Los agentes confiscaron pipas, cachimbas y otros artículos de vidrio por valor de 350.000 dólares (312.613 euros) y, para conseguir que se los devolvieran y evitar el proceso legal, Eidinger y su socio decidieron echar el cierre.

“Mi tienda era el epicentro del activismo de la marihuana en Washington”, presume Eidinger, que recuerda con nostalgia los libros de cultivo que llenaban sus estanterías, los manuales sobre cómo actuar en caso de registros policiales o las camas de perro con símbolos de la marihuana.

En abril, solo un mes después de la legalización del uso recreativo del cannabis, el activista tiene previsto reabrir su tienda de Adams Morgan porque legalizar la marihuana es una cuestión de principios, pero “no se puede obviar que también es una gran oportunidad de negocio”.

Los empresarios y grupos de presión que abogan por la legalización se mueven rápido para conseguir los beneficios económicos de esta nueva industria en Colorado, Washington, Alaska y Oregón, los cuatro estados de EEUU que junto al Distrito de Columbia han legalizado el uso recreativo del cannabis.

En su informe “Las Implicaciones Presupuestarias de la Prohibición de la Marihuana”, el profesor de la Universidad de Harvard Jeffrey A. Miron estima que legalizar esta droga a nivel federal, donde permanece prohibida, produciría unos beneficios anuales de 2,4 millones de dólares en forma de impuestos.

“Es una cuestión de libertad, libertad de fumar un cigarro de marihuana, pero también de poder obtener beneficios con ello, igual que se hace con el alcohol o el tabaco. No es egoísmo, es simplemente la libertad que nos define como país”, defendió Eidinger entre el humo de su cigarro.   Beatriz Pascual Macías

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