Alicia Castilla: La cultura cannabis genera lazos sociales, políticos y comerciales

Alicia Castilla: La cultura cannabis genera lazos sociales, políticos y comerciales

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Su libro Cultura Cannabis lleva vendidas seis ediciones y ya se convirtió en un objeto de culto desde su lanzamiento en 2001. La autora y psiconalista Alicia Castilla se declara una militante por los derechos individuales, al tiempo que advierte: “la crisis de 2001 le hizo un enorme favor a la sociedad”.

Ninguno de los dos libros -best y long sellers- de Alicia Castilla hubiera podido venderse hace una semana en Rosario de Lerma, Salta, donde cualquier imagen o alegoría a la marihuana en un graffiti, una mochila o una remera era penada con la cárcel. Su casa, sus calcomanías alusivas -sobre todo esa que dice grande LSD- sería confiscada. Por supuesto que está al tanto y por supuesto que critica la polémica medida mientras compara la situación local con las de Francia y España, abre la puerta de su departamento para llamar el ascensor y -paranoica o discretamente- baja el volumen de la conversación hasta hacerlo inaudible.

Actitud extraña si se tiene en cuenta que con sus dos libros Cultura y Cultivo Cannabis llevan vendidos más de 14 mil de ejemplares en todo el país, además de los encargos a España y al resto de América latina. “Es que acá está todo mal”, se justifica esta psicoanalista tan influenciada por Jüng como por las cultura chamánicas que conoció en el Amazonas brasileño y, también en las selvas ecuatoriana y peruana. “Acá”, es su departamento en pleno Palermo, triste metáfora de la evolución y el aburguesamiento hippie. Pero la Señora Cannabis -como la llamaban muchos de los canillitas a los que les dejaba sus libros en consignación- no abandona su militancia pacífica, su aporte -dice- por “las libertades civiles” y prepara, en cambio, una nueva edición actualizada de sus dos libros mientras piensa en una tercera y diferente entrega. El primero y más exitoso, Cultura, es un compendio de información sobre la historia de esta hoja natural y milenaria pensado para consumidores y sus parientes, pero también para educadores, trabajadores sociales y comunicadores, dice. El segundo, Cultivo, debe ser leído como un intento por decodificar un fenómeno antropológico, cultural y socio económico. Más o menos leídos ahí están desde hace años, en cientos de kioscos de diarios desde Constitución a San Isidro, emergentes y reflejos de algo más grande.

-¿Qué recuerda ahora del lanzamiento de Cultura, a esta altura un libro de culto para muchos, que se encuentra en todos los barrios de la ciudad pero afuera de las librerías?

-Recuerdo que me sobraba trabajo en Brasil (donde viví 30 años) mientras lo escribía sin apuro y disfrutándolo mucho, porque era una cosa muy novedosa. Pero luego volví al país y me encontré con que tenía que quedarme aquí contra mi voluntad, en medio de un proceso de exclusión muy grande. Y ahí vi la posibilidad. De pronto me encontré con las cajas de Cultura Cannabis, acá, en mi departamento. Vendí la primera edición y ya me había olvidado hasta que publicaron una reseña un domingo en Página 12 y me llamo el país. Ahora voy por la sexta edición de Cultura y está casi agotada la segunda de Cultivo.

-Pero desde esa fecha -2001- en adelante la marihuana está más tolerada en el discurso público. ¿Qué cree que pasó?

-La crisis de 2001 le hizo un enorme favor a la sociedad. Pasó algo muy fuerte, fue un intento muy válido el de las asambleas populares. La gente convocaba médicos y profesionales de la salud para producir remedios gratuitos, los vecinos volvieron a conocerse entre sí. Luego hubo una retracción, pero esos procesos nunca se cierran del todo, aunque se recule, el espacio conquistado psíquicamente persiste. El 2001 hizo que la gente se abra y sea más tolerante a lo diferente, al otro. Pero el hecho de que la marihuana sea más aceptada no es local, sino mundial. Está pasando y es el propio consumo que se torna cada vez más presente, en la calle, las campañas, en la tele. La propia situación va ganando espacios.

-Para usted la cultura, el consumo y el cultivo de cannabis es más bien un hecho político

-El autocultivo de marihuana es un fenómeno de desobediencia civil casi universal que les cabe estudiarlo más y mejor a los antropólogos y sociólogos. Pero a mí me llamó la atención desde ahí. Mucha gente que quisiera que se despenalizara está muy decepcionada con la política, con la militancia tradicional. Entonces dicen: “hago la mía y planto”. Creo que esa gente manifiesta -por encima de cualquier sospecha- una actitud de hiperadaptabilidad al sistema. Esa actitud de plantarse ante la ley pero sin barricadas me pareció súper interesante. Pero el consumo y el cultivo es también, en segundo término, la búsqueda de una medicina prohibida que los médicos no recetan.

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