“Creemos que el cannabis puede actuar contra un tipo de tumor cerebral”

“Creemos que el cannabis puede actuar contra un tipo de tumor cerebral”

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-Juan Manuel Sepúlveda, oncólogo del Hospital 12 de Octubre, y Guillermo Velasco, profesor de la Universidad Complutense, desarrollarán un estudio pionero sobre el efecto antitumoral del cannabis

-“Al ser un fármaco libre, sin patente, pocas industrias farmacéuticas quieren hacer esta inversión”

-“Hace unos años sólo se ponía el acento en lo malos que son los cannabinoides. Ahora hay un cambio en la mentalidad que viene de Estados Unidos”

En otoño de 2015 Juan Manuel Sepúlveda, oncólogo en el Hospital 12 de Octubre, y Guillermo Velasco, profesor del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Complutense de Madrid, comenzarán una investigación pionera con la que pretenden demostrar que el cannabis no sólo actúa como paliativo contra el cáncer sino que también puede tener actividad como antitumoral (en concreto para los glioblastomas, un tipo de tumor cerebral).

Ellos han tenido suerte: la organización  Medical Cannabis Bike Tour (dedicada a la promoción de la investigación con cannabis y su uso terapéutico) les ha donado 100.000 euros para su proyecto, pero destacan lo complicado que resulta encontrar fondos para este tipo de estudios.

Esta es sólo la tercera prueba que se va a hacer en el mundo para investigar el efecto antitumoral de los cannabinoides pese a todos los indicios que apuntan a sus virtudes. ¿Por qué apenas hay investigación en este campo?

Sepúlveda: Por un lado porque la información tampoco es tan antigua, quizá desde 2004, y no ha habido mucho tiempo para desarrollarla. Y segundo porque al ser fármacos libres la síntesis es muy sencilla, no tiene patente, y hay pocas industrias farmacéuticas que quieran hacer esa inversión. Y los sistemas públicos de inversión no han generado líneas de investigación en este campo todavía.

Velasco: Llevar un nuevo fármaco a la clínica lleva tiempo, no es fácil. Normalmente tiene que haber una gran industria farmacéutica detrás que vaya a tener algún beneficio. Si la industria no lo empuja es complicado. Nosotros contamos con la ventaja de que el cannabis es una sustancia popular, para bien o para mal es conocida, pero aún así es complicado. Ahora está arrancando porque hay un cambio de conciencia: si la planta tiene unas propiedades hay que probarlas. El cambio viene de Estados Unidos, se traslada al resto del mundo y hay una cierta explosión de este tipo de estudios. Y quizá no funcione en humanos. Pero si funciona ayudará a que otros estudios empiecen a expandirse y se vea en qué medida puede ser útil.

Yo tampoco creo que vaya a ser la droga mágica contra el cáncer. Creemos que el cannabis puede actuar contra, al menos, un tipo de tumor cerebral, en combinación con otro tipo de fármacos y para determinados pacientes, puede ser un elemento más a unir al cóctel de compuestos antitumorales. Quizá en 25 años…

Da la sensación de que hasta ahora todos los esfuerzos investigadores se han realizado para demostrar lo malo que es el cannabis y no para buscar aspectos positivos.

Velasco: Sobre todo por parte del NIDA, la agencia antidroga de EEUU. Hubo bastante esfuerzo en los 80 y 90 para intentar probar lo malo que podía ser en distintos aspectos, incluyendo la acción antitumoral. Hicieron un estudio muy grande tratando ratones con dosis muy altas de cannabinoides para ver si se daba un aumento de los tumores. Y más bien encontraron lo contrario. Todavía hay gente que va por ahí, pero va cayendo por su propio peso.

Hay tantos investigadores haciendo estudios que hay una base científica sólida para apoyar distintas aplicaciones terapéuticas. La situación ha cambiado. Hace unos años las administraciones sólo ponían el acento en lo malo que era, y ahora se empieza a decir que, aunque hay aspectos negativos, por supuesto —en la utilización lúdica de los cannabinoides—, también hay una evidencia científica de que puede tener una utilización terapéutica. Creo que cada vez hay una mayor conciencia social que se va trasladando a los gobernantes.

Estos tratamientos con cannabinoides, ¿pueden tener algún tipo de limitación en pacientes por ejemplo en función de la edad?

Velasco: En general si haces un tratamiento crónico a un niño que se está formando es verdad que potencialmente los cannabinoides podrían tener una parte negativa. Puedes interferir en la sinapsis, podrías tener más posibilidades de tener esquizofrenia. Pero supongamos que se demuestra que tiene una eficacia en tumores cerebrales. A lo mejor compensa, si el efecto terapéutico es bueno, aunque tenga efectos secundarios. Habría que valorarlo como con cualquier otro medicamento. No creo que ninguna quimioterapia sea buena para nadie, pero decides por el mal menor. Y en este caso creo que el efecto sería muy leve.

¿Hay algún tipo de evidencia de que los cannabinoides podrían funcionar contra otros tipos de cáncer?

Sepúlveda: En glioblastomas quizá sea lo que más se ha investigado y avanzado en la parte preclínica, pero también hay información para cáncer de mama y otros.

Velasco: En modelos animales hay 10 ó 12 tipos de cáncer diferentes donde se ha probado que puede ser útil. El cáncer de colon, de mama, de pulmón, el melanoma, el calcinoma de piel… Pero no todo lo que funciona en un modelo animal tiene que funcionar en humanos. Hay una idea entre cierta comunidad de que el cannabis puede ser antitumoral. Pero no se basa en ningún hecho científico probado en humanos. Necesitamos ir a estudios en humanos para demostrarlo.

Actualmente el cannabis sólo está permitido para tratar la esclerosis múltiple. También se conocen sus virtudes como paliativo en cánceres. ¿Hay algún otro uso conocido?

Sepúlveda: Bueno, para el cáncer no está permitido. Para la esclerosis sí, existe un fármaco llamado Sativex. En Europa, Canadá y EEUU los cannabinoides se han ido aprobando para diferentes usos. Hay ensayos en epilepsia, enfermedad de Huntington…

Velasco: En EEUU está autorizado un medicamento para actuar contra la sensación de vómito y como estimulador el apetito.

Velasco, usted lleva varios años ya trabajando con el cannabis. ¿Qué ha averiguado que le haya sorprendido?

Velasco: Hemos estudiado mucho el mecanismo de acción, cómo funciona. Hay cosas muy interesantes a nivel molecular. En general es sorprendente que los cannabinoides pueden tener muchas aplicaciones. Lo más extendido desde el punto de vista terapéutico es sobre el vómito y como estimulador del apetito. Pero también como anti inflamatorio. Cada vez hay más aplicaciones, es sorprendente cómo estas moléculas se utilizaban originalmente. Hasta los años 40 se podían encontrar en las farmacias tinturas de cannabis y cosas de ese estilo.

En un momento determinado cambió la legislación en USA, principalmente por una guerra entre productores de cannabis. Y por un lobby se prohibió el cultivo de marihuana con capacidad psicoactiva. Y a partir de de ahí se estigmatizó, pero ha sido una planta que se utilizaba para tratar muchas enfermedades, con más o menos base científica, pero siempre se utilizó. Esto es simplemente una normalización.

A nivel personal, ¿son partidarios de la regulación del cannabis con fines lúdicos?

Velasco: Yo no creo en las prohibiciones en general. Yo no fumo, pero creo que no tiene sentido que a alguien se le pueda castigar con un delito contra la salud pública por tener una planta en casa. La tendencia es que si otras drogas legales se pueden comprar en un bar o estanco debería estar regulado. Se puede acceder a una cierta cantidad, con una cierta calidad… que la gente sepa cuáles son los principales problemas. Igual que con el tabaco, que pusiera “la marihuana puede afectar a la memoria a corto plazo”. Hay que tratar a la gente como adultos.

La lucha contra las drogas ha hecho mucho daño. Si lo regulas y controlas te quitarías muchos problemas. Hay mucho prejuicio, y en el caso concreto de la marihuana mucho más, sobre todo en comparación con otras drogas legales. Y en cambio no tiene los efectos dañiños —hepáticos, por ejemplo— como puede tener el alcohol. No puede ser que la marihuana esté clasificada al mismo nivel que la morfina o la metanfetamina, que tienen un potencial adictivo enorme que no tiene el cannabis.

Sepúlveda: Mi opinión es muy parecida. Pienso como ciudadano que las regulaciones de lo que los ciudadanos tomen no le corresponden al Estado.

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