El culto a la semilla

El culto a la semilla

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Uruguay.- Lo que hacen los autocultivadores de cannabis es ilegal pero en 2005 había cien y ahora hay cinco mil. Lejos del estereotipo, hay padres de familia, empleados, estudiantes y adolescentes que quieren fumar mejor y, de paso, no tener nada que ver con el narcotráfico.

Cuántos años tenés? ¿Fumaste de la lata? ¡Mi padre sí! Vení que te cuenta”, dice Juan Guano bajándose de su deteriorado Volkswagen Golf en la puerta de su casa. Si cada tribu tiene su mito fundacional, el de los autocultivadores uruguayos de cannabis es la aparición en el mercado de una marihuana de potencia inédita para su época por allá por setiembre de 1987.

Guillermo Garat hace el primer estudio documentado sobre ese momento -en Marihuana y otras yerbas, el libro que acaba de editar- que tiene ribetes legendarios, por lo visto. La historia consiste en un barco rumbo a Rio que descartó un alijo de marihuana tailandesa fraccionado en latas en el Atlántico; unos muchachones avispados que descubrieron el botín y su mercado potencial y se dedicaron, prestamente, a distribuirlo. “Era tremenda”, dice efectivamente el padre de Juan Guano. “Le pegabas dos pitadas y no sabías dónde estabas”. Es verdad.

Lo que Juan Guano -quien escucha con admiración probablemente por enésima vez el cuento- parece no darse cuenta es que él también, a su manera, hizo historia en el ambiente local de la marihuana: su “Guanabana” ganó la primer Copa Canábica del Uruguay, básicamente un torneo de degustación de porros que se hizo en una casa del Prado, al que concurrieron unas 300 personas y en el que unos 70 cultivadores presentaron su planta para ser considerada por un jurado internacional. “Fue una fiesta, buena comida, frutas, jugos, nada de alcohol”, dice Juan Vaz, uno de los voceros del evento. El torneo era acompañado por una feria de productos vinculados al cultivo, no necesariamente, de cannabis y sí, indudablemente, parafernalia dedicada a su consumo. Hubo stands de toda la región pero no, no se vendió marihuana, aunque sí ropa y productos hechos de cáñamo, el producto no psicoactivo de la plantas.

Después de vencer en ese nivel de exigencia, Juan Guano, un muchacho de 23 años que muestra con orgullo una copa de las económicas con una calcomanía que refiere al evento, podría vanagloriarse de que la suya es la mejor marihuana en plaza. Es modesto incluso sobre sus conocimientos del tema, así que relativiza sus méritos. No la vende y básicamente la disfruta en simpática compañía en su casa de las afueras de Montevideo. Ahora, en su living somos seis, y la conversación se empieza a volver animada. Ellos son cuatro, tienen entre 20 y 25 años, ninguna profesión específica y un hobby casi excluyente: plantar marihuana y fumarla con una dedicación extrema y un conocimiento en asuntos de plantas, tierras y floraciones que supera el de un ingeniero agrónomo del montón. Y eso no es una exageración. Hablan casi exclusivamente de “faso”, como otros adolescentes hablarían de mujeres, autos o fútbol. Comparan sensaciones, cuentan anécdotas, relatan proyectos, hablan de combinaciones y experimentación genética, de pH de la tierra y cosas así. En su vocabulario figuran, repetidamente, palabras como resinas o floración y otros términos botánicos de menor recordación. Hablan de cosas tan increíbles como “guano de murciélago”, un fertilizante al parecer implacable, del que tiene bolsas.

Precisamente, Juan Guano dirige una empresa online, Uru Grow, que importa ese tipo de cosas que no son exclusivas para plantar marihuana aunque la onda es esa. Le tiene mucha fe a una tierra que él mismo preparó y que incluye los famosos abonos naturales, perlita, mica, arena extendida o cosas así que mezcla en una combinación superpoderosa en la que crece cualquier cosa. Las proporciones no fueron reveladas aunque asegura que las medidas las tiene todas en la cabeza, “no necesito escribirlas en ningún lado”. Y eso es tenerse fe.

La comparación ha sido ya repetida pero los autocultivadores encuentran el mismo placer en el cannabis que los consumidores expertos de vino, incluyendo un catálogo detallado de sabores, olores y “pegues”. Son conscientes que lo que hacen es ilegal y a pesar de algún comentario paranoico (“estoy seguro que saben quién soy”, dice refiriéndose se supone que ala Policía) es gente generosa y buena anfitriona.

Aunque no todos con el grado de entrega de Juan Guano y sus amigos, hay en Uruguay unos 5.000 autocultivadores de marihuana, según datos dela Asociaciónde Estudios Canábicos del Uruguay; en 2005 no eran más que 100. “En caso de que se legalice el autocultivo, se volverían unos 25.000”, estima Vaz, dispuestos a plantar su propia marihuana. Todos hablan de un efecto de contagio cuando se prueba la marihuana casera. Y eso es tenerle fe al producto.

Vaz y su esposa, Laura Blanco, son considerados los referentes del movimiento por el autocultivo de cannabis. Vaz fue asesor parlamentario en ese tema (del diputado emepepista Sebastián Sabini) y es su activista más notorio. En setiembre él y su esposa fueron detenidos debido a que llegó a nombre de ella una encomienda desde España con52 gramosde semillas de cannabis y merchandising alusivo. Actualmente está emplazado y argumenta que no solicitó el envío y que el paquete es una estrategia de marketing de una empresa que explora el mercado ante la posibilidad de que se legalice la producción en Uruguay.

Vaz es una suerte de leyenda local, cuyo nombre que se cuela en todas las charlas referidas al tema y al que se adjudican historias algunas que parecen exageradas cuando no contradictorias Ha estado detrás de colectivos como Plantatuplanta y ahora de la asociación de Estudios Canábicos del Uruguay (la AECU), una organización sin fines de lucro cuya meta es, de acuerdo a su sitio web, “hacer posible que todos los ciudadanos, desde la infancia y hasta la vida adulta, cuenten con información clara, sencilla, científica, equilibrada y desprovista de prejuicios morales, acerca de las sustancias psicoactivas, sus efectos y las posibles consecuencias de su consumo”. Ofrecen asesoramiento legal y médico. Tienen unos 200 asociados, unos 80 activos.

FULL TIME. La cifra de 25.000 potenciales autocultivadores puede resultar un poco excesiva si uno piensa que a todos nos gusta el tomate pero no necesariamente contamos con la paciencia, la disciplina, el tiempo y el espacio indicado para cultivarlo.

El proceso incluye una dedicación que Juan Guano describe con entusiasmo y sapiencia. Textualmente: “Hay varias cosas a tener en cuenta. Germinar, por ejemplo, hay que hacerlo de determinada manera para que no se junte mucha humedad, para que no se pudra la primera raíz que sale. Desde el momento que transplantás fijarte que el sustrato no sea muy alto en contenido de nutrientes para que la planta no se queme. En la etapa vegetativa, fijarte diariamente el sexo a ver si ya sexó y fijarte todos los tipos de plaga que podría tener antes que empiece la floración, mirar hasta para qué lado están apuntando las ramas de la planta y girarla, cuidarse de los vecinos. En la floración, la humedad es importantísima ya que hay un hongo que se llama Botrytis que se forma con la humedad y el frío y como acá se cosecha en exterior en fines de abril, hay que tener cuidado porque de un día al otro se te pudrieron todos los cogollos, y es un hongo que se genera del tallo hacia afuera y todos los días tenés que ir abriendo florcita por florcita, ver que no tengas un foco infeccioso de Botrytis. Los tres peores enemigos son el Botrytis, la plaga del ácaro y los que te roban los cogollos”. Los cogollos son las flores, lo que se fuma del cannabis, a los que, además, se “manicurea” para separarlo de las hojas. Y hay quienes, en tiempos de cosecha se dedican a robarlos.

ENTRECASA. Si Juan Guano es la versión hi-tech (su discurso está lleno de fórmulas, genética, genealogía de las plantas y conspiraciones mundiales) de los autocultivadores, Rodrigo es su modelo más místico. En su casa, donde vive con su esposa y sus dos hijos, hay un atmósfera tranquilizadora, a la que ayuda un incienso bien aromático y los compases minimalistas de una música que bien podría llamarse “new age”. Está a punto de volverse un cuarentón, fuma desde los 16 años y cultiva su propia marihuana desde hace más o menos una década. Ya va como en su séptima cosecha y lejos de la búsqueda de la semilla perfecta, le preocupa la conexión con esa planta a la que todos los años le ha rendido, por sobre todo, un culto. No quiere saber de transgénicos, ni de semillas importadas, sólo la deja crecer y la cosecha en una comunión que, contada por él, es contagiosa. Está plácidamente en su propia historia.

“Fumo dos pitadas por día, después de trabajar”, dice. “Pero hay días que ni eso”. Como muchos de los autocultivadores, obviamente planta para fumar, pero disfruta incluso más del proceso de cultivo. Rodrigo las deja crecer sin demasiada intervención aunque las expone a música (flautas quechuas, por ejemplo) y les practica reiki. “Si yo respeto a la planta, ella me respeta a mi”, dice y es por eso que no acepta químicos durante el proceso. Sus pocas plantas se acomodan entre tomates y puerros y hasta una planta de tabaco sagrado, que fuma el día de la cosecha, en un ritual que, por lo visto, da buen resultado. Rodrigo, además, hace su propio abono, en un lumbricario donde tira la basura orgánica de la casa.

Aunque sus plantas, dejadas a su propia naturaleza, pueden llegar a tres metros de altura, los vecinos, si lo han notado, no lo han denunciado, un miedo latente en muchos autocultivadores. “Soy un vecino más, ayudo a quien me precisa, participo en las actividades del barrio, ¿por qué iban a pensar algo malo de mi?” En los cumpleaños de sus hijos, dice, nadie pregunta sobre ese enorme matorral al lado de los tomates.

La marihuana plantada por el consumidor da un producto de mejor calidad (y si un tomate es siempre un tomate, con el cannabis eso no es así) y el usuario corta un vínculo más que directo con la versión minorista del narcotráfico, las bocas. Si usted le compra marihuana de la “prensada paraguaya” (el genérico que tiene ganado casi todo mercado local) a un vendedor de barrio, “está a tres grados de separación de un narcotraficante brasileño”, dice un alto jerarca de la dirección antidrogas que prefirió el anonimato. El precio por ahora hace una diferencia: los25 gramosde marihuana “importada” de Paraguay salen unos 500 pesos; si un autocultivador vendiera su producto, unos 2.700 pesos los25 gramossería considerado un precio razonable.

La mala calidad del producto paraguayo (el nivel es aleatorio y depende de factores climáticos, botánicos y de mercado pero en general hay unanimidad en que es de calidad inferior, tiene químicos y “hasta pedazos de insectos”, un ejemplo que repiten los consultados), zafras de escasez y la necesidad de librarse del mundo del delito, ha hecho aparecer una mejor marihuana, plantada localmente por improvisados productores agrícolas dedicados al monocultivo. “Con la aparición de las flores, la gente se empezó a informar”, dice un comunicador que ha participado en varios debates sobre el tema y ahora prefiere el perfil bajo. “Ahora son superpotentes y más ricas”.

Es que hay opciones y mayor información. En internet se puede aprender mucho y estar al día en tendencias y plantas y se distribuye THC, una “revista de cultura canábica” argentina que hace dos números le dedicó la tapa a Uruguay.

“Antes era solo paraguayo”, dice Vaz. Ya no más: hay un mercado de semillas que sólo ha tendido a crecer en la última década. “Todo lo que hay en el mundo, se puede fumar en Uruguay”, avisa Juan Guano. Sus nombres son tan exóticos como Mataró Blue, Wild Skunk, Psicodelia por Haze por Lowrider y AK 47. Cada una tiene su efecto y el coinnosseur sabe qué plantar. A su vez, las semillas ya vienen femenizadas (las plantas macho no tienen principio activo) y los transgénicos permiten, si se quiere, una planta discreta y de potencia pre-establecida. Muchas de las semillas que se “importan” (en general desde España, aunque el centro mundial del negocio está en Holanda) vienen con un prospecto ilustrativo que no deja lugar a la sorpresa. También se pueden plantar en lugares discretos en pequeños muebles, y en plaza se consiguen lámparas y otros materiales apropiados. Hay tiendas que venden toda la parafernalia indispensable. No venden marihuana.

Aunque el gobierno ha insistido sobre estatizar la distribución o privatizar la producción, dejando de lado los proyectos de ley de autocultivo que estaban circulando en el Parlamento, jerarcas de la represión y la prevención, consumidores, autocultivadores o expertos consultados parecen coincidir en que sería una opción a tener en cuenta, aprovechando la coincidencia multipartidaria de que como se la ha intentado hasta ahora no ha sido muy eficaz al disuadir su uso. Según cifras oficiales, unos 150 mil uruguayos han probado marihuana al punto que pueden ser considerados consumidores.

No todos creen que sea una buena noticia hacerla más disponible y que legalizar la distribución sólo empeoraría el problema. La marihuana tiene sus complicaciones médicas y psicológicas, aunque podría ser menos invasiva que el tabaco y menos dañina que el alcohol. “No hace nada”, dice Johnny, un autocultivador pero su sonrisa entre simpática y adormilada no le ayudaría mucho en un debate con alguien contrario a la legalización.

“Vamos a entender que cualquier tipo de sustancia ajena al cuerpo y más un alterador del sistema nervioso central como la marihuana, algo te tiene que hacer”, dice Juan Guano.

“Los adolescentes que fuman marihuana con regularidad corren el riesgo de que su coeficiente intelectual disminuya a largo plazo”, concluyó un estudio del King`s College de Londres, la estadounidense Universidad de Duke y la neocelandesa Universidad de Otago. El dato ha sido corroborado por otras fuentes.La Sociedadde Siquiatría del Uruguay también desalentó su uso.

“Hay que cuidar a los gurises”, dice Roberto, quien en su casa del Prado tiene un fondito donde se destaca, entre otros vegetales, una planta de marihuana para estricto consumo personal. Vive con su esposa y un hijo de dos años. Desde 2009 saca su propia cosecha en una especie de invernadero en la que su planta (sería de la variante Wild Skunk, dice no muy convencido) se confunde entre unos ajíes. Roberto no es un militante del autocultivo y básicamente se dedica con pasión de hobby a plantar lo que fuma. No tiene contactos con otros cultivadores y disfruta solo o con amigos. “Fumo poco”, dice. “Quizás de noche, tranquilo”.

Como todos los autocultivadores consultados, ve el debate que se ha armado alrededor de la marihuana como necesario aunque con escepticismo. Le gustaría, eso sí, que lo que hace deje de ser ilegal.

“Al plantar, más allá de querer lograr una calidad y saber que eso es tuyo, se genera cierta conexión. Sentís una satisfacción distinta a fumar algo comprado”, dice Juan Guano, el campeón uruguayo. “Es como una madre que tiene un hijo. Es un sentimiento muy parecido”.

5 mil autocultivadores hay en Uruguay, según estimaciones manejadas por activistas.

100 autocultivadores había en 2005, según la Asociación de Estudios Canábicos del Uruguay.

EL TRÁMITE LEGISLATIVO

Proyectos avanzan

Aunque no lo incluyó en su proyecto de ley de artículo único que envió el Parlamento, el gobierno estaría dispuesto a incluir el autocultivo en su plan para legalizar la producción y distribución de marihuana. “La forma de autocultivo tiene que ser controlada”, dijo el secretario dela Junta Nacionalde Drogas, Julio Calzada. “Para que no se produzcan desvíos al mercado negro”. El diputado Luis Alberto Lacalle Pou es uno de los primeros promotores de la legalización del autocultivo. Su idea es que el consumidor esté “bien lejos de los que lucran con la enfermedad ajena, los narcotraficantes”, dijo al portal 180 en noviembre de 2010. Este año ya había dos proyectos de autocultivo, el de Lacalle Pou y otro consensuado por todos los sectores frenteamplistas y acompañado por algunos colorados. Y apareció el del gobierno.

LAMARIHUANA.COM

Cursos online

Aunque la gran mayoría de los autocultivadores uruguayos son tirando a perfil bajo y a alardear en su círculo de amigos, muchos comparten sus experiencias en internet. El sitio más concurrido es el de lamarihuana.com. En el foro Uruguay se discuten de temas como la creación del primer “Banco de Semillas Cooperativo de Onda”, “Plagas y soluciones”, un “Manual para el mejor cultivo” o cómo conseguir disimular el perfume tan característico como delator. Aunque algunos temas tienen más de 13 mil visitas y otras seis mil, el promedio de visitantes de esos temas es inferior a mil. Hay 50 páginas del subforo Uruguay, lo que es un montón. Es el país con más visitantes después de Argentina.

Opiniones presidenciales. El actual y tres expresidentes dela Repúblicase han pronunciado con respecto al autocultivo. El único que se mostró a favor es Luis Alberto Lacalle.

JOSÉ MUJICA

No es lo que gente cree que voy y planto lo que quiera. Eso es irresponsabilidad. Esto no es para iniciar la expansión de un consumo”

TABARÉ VÁZQUEZ

No es una droga liviana (que es tanto o más dañina que el tabaco. (…) No hay que consumir drogas, el organismo no las necesita”

LUIS ALBERTO LACALLE

El autocultivo es bastante razonable. Uno piensa en una maceta. De eso a tener 200 o400 hectáreascomo propone el gobierno…”

JULIO MARÍA SANGUINETTI

¿Autocultivo y autoconsumo? Podría ser, pero se está siempre en la frontera. Después que tengamos el producto, ¿nunca saldrá de nuestra casa?

Fuente ElPais.com.uy

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