El frío, ¿como afecta a nuestras plantas?

El frío, ¿como afecta a nuestras plantas?

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¿Es el frío nuestro enemigo o nuestro amigo aliado al cultivar? Como siempre, cuando se habla de cultivo, todo es relativo. Un poco es muy bueno y demasiado, nefasto. Conociendo hasta dónde podemos llegar con nuestras plantas solucionaremos problemas y mejoraremos la calidad de nuestra hierba.

Veamos algunos ejemplos sacados de cultivadores normales que se han visto en estos lances por culpa de un otoño tempranero o, simplemente por la inclemencias propias de su zona. En Yerba ya he contado en alguna ocasión el caso de un cultivador profesional de Suiza que tiene dos plantaciones importantes. Una a800 metrosde altura y la segunda a unos1300 metros. Comenta que saca más producción en la primera, pero que la calidad de la segunda es muy superior. Teniendo ambas plantaciones la misma genética la razón de la diferencias cualitativas es obvia: el frío. Veamos el porqué.

FRÍO EN CULTIVO EXTERIOR

Antes de nada quisiera aclarar que este reportaje se refiere solo y exclusivamente a cultivos de exterior. También podría hacerse la prueba en interior pero ignoro los protocolos que debieran seguirse para mejorar la cosecha. Como soy de los convencidos de que la marihuana de exterior es mejor que la de interior, me centro en esta forma de cultivo para el estudio que a continuación planteamos.

Ya hemos dicho en Yerba en numerosas ocasiones que la marihuana es quizás la planta con mayor especialización genética del mundo verde. Cuando la planta de cannabis se pone a crecer invierte toda su energía en tal menester.

Se pone a crear celulosa como una loca, que es su masa muscular, olvidándose de otros conceptos. Por esta razón en tan importante, cuando hacemos interior, ponérselo todo “a huevo”; muy fácil. Si la planta tiene que dedicarse a desarrollar buenas raíces porque el sustrato es pobre, no dispondrá casi de reservas para crecer y ponerse grande y preciosa. La pobre, con el mero ejercicio de desarrollar un buen sistema radicular, acabará agotada y poco más será capaz de hacer. Si tenemos en cuenta que un cultivo “estándar” de marihuana no debería sobrepasar los 3 meses, cada minuto es importante y, por ello, es tan esencial disponer de muy buena tierra, condiciones adecuadas de cultivo, abonado “como Dios manda”, etc.

En exterior es diferente y disponemos de más tiempo para que las cosas se hagan “a fuego lento”. Una planta germinada a finales de abril dispone de más de cien días de vegetativo en los que irá desarrollando un cuerpo fantástico; con unas raíces grandes y profundas, además de miles de ciliares (las raicillas finas y blancas que son con las que come). Habrá desarrollado importantes ramas repletas de celulosa y una altura considerable.

Cuando llegue el 15 de agosto comenzará a florecer de forma lenta y segura. Y para cuando llegue el momento de la cosecha, la planta estará tan consolidada que cualquier tipo de estrés, el térmico incluido, tan solo repercutirá en una mayor producción de tricomas y resina.

¿Por qué? Sencillamente porque el frío indicará a la planta que su final se aproxima y ella hará lo posible e imposible para atraer polen macho y así cumplir su función vital.

Cuantas más resina produzca más posibilidades tendrá de atrapar el preciado polen macho, así que se dedicará con verdadera pasión a este menester ya que, en realidad, no le queda ya nada más que hacer en su vida. Notaremos que los cogollos se endurecen por momentos y que las hojas que todavía le quedan en buen estado empezará a arrugarse, tal y como les pasa a los árboles caducifolios. La planta se reviste de resina hasta el punto de pringar cualquier cosa que toque.

Pero ojo: esto sucede si, como ya hemos dicho, la planta está ya completamente madura. Si no fuera sí sucedería todo lo contrario. Los cogollos que están formándose jamás alcanzarán la dureza necesaria y veremos cómo toda la planta declina sin llegar a ser jamás una promesa. Como vemos, es muy diferente en uno y otro caso.

CONOCE BIEN TU CLIMA

El frío es bueno para nuestras niñas en las condiciones mencionadas. Pero que quede claro que hablamos de frío: no de heladas de varios grados bajo cero. Frío es 9 grados Celsius, 8, 7 e incluso algo menos. Cuando llegamos a la cifra de cero grados la cosa cambia, ya que toda la sabia de la planta se congela y esto no es nada bueno. Se paralizan sus funciones vitales y hasta que estas vuelven a estar activas pasa un tiempo que es fatal para la planta. No significa, ni mucho menos, que la planta muera, al menos cuando se trata de plantas ya muy formadas, pero sí es perjudicial. He visto con mis propios ojos una sativa de casi cinco metros de altura en la ciudad de Aranjuez (Comunidad de Madrid) que a día 1 de diciembre estaba completamente cubierta de nieve y aún así no fue cosechada hasta casi dos semanas más tarde.

Es muy importante saber y conocer nuestro clima antes de decirnos por determinadas genéticas. Pero una muy buena máxima es cultivar índicas tempraneras y de montaña cuando nuestro clima es muy frío a principios del otoño. Las fotos que os mostramos en este reportaje han sido tomadas un día 13 de octubre y, como se aprecia en las imágenes, las temperaturas eran ya de hasta 1 grado bajo cero en la madrugada.

Las plantas que os mostramos son híbridos de índica-sativa. Para este clima concreto es mucho mejor optar por variedades mucho más tempraneras, como por ejemplo las célebres y maravillosamente White Widow e incluso algunas otras todavía más tempraneras; o sea: índicas puras y a ser posible cuyo origen provenga de cultivos de montaña. Genéticas que ya están preparadas para aguantar las frías noches del final del verano y principio del otoño. Las fotos que os mostramos corresponden a uno de los climas más difíciles de soportar para cualquier especie: el desértico. En efecto, mientras que las temperaturas diurnas son muy elevadas, por las noches bajan tanto que el estrés térmico que sufre la planta es muy difícil de soportar para l mayoría de las variedades existentes. El día en el que estas fotografías fueron tomadas la temperatura fue de 30 grados al mediodía y de 1 bajo cero a las cinco de la madrugada. ¡Treinta grados de diferencia entre picos! Es mucho, definitivamente. Pero como las plantas ya estaban bien formadas, la realidad es que han producido una marihuana de calidad extraordinaria.

CONSEJOS MUY ÚTILES

Un consejo, si optamos por cultivar con frío a finales de temporada cuando calculemos que nos queda una semana para la cosecha es conveniente podar a la planta de sus hojas principales y casi todas las pequeñas. Es decir: una manicura como la que se hace para la cosecha.

La planta, desprovista de hojas con las que hacer la fotosíntesis y continuar así con su proceso biológico normal, se centrará desesperadamente en la producción de resina y tricomas. Con el simple hecho de manicurarla, la planta sabe que es final es tan inminente que hará lo imposible por reproducirse. Y lo único que podrá hacer es reproducir resina y más resina.

 

Otro consejo “esencial” es dejar de regar desde el momento en que los fríos arrecian. Regar es asesinar a la planta, ya que la misma helada que cae sobre sus hojas congelará el agua que está bajo tierra, lo cual significará la muerte irremisible de sus raíces. Una buena y algo prolongada sequía, junto a una helada no muy severa, nos proporcionará marihuana de primera calidad.

Como esencial es el proteger al cepellón de las heladas con una abundante capa de mantillo o similar. El mejor “abrigo” para las raíces es el césped cortado o las hojas caídas de los árboles. El césped porque al irse compostando alcanza temperaturas muy elevadas. Aunque la realidad es que no tendrá tiempo suficiente para compostarse sí que, al menos, constituirá un excelente abrigo por las noches. Pero lo dicho: a falta de césped u hojas caídas bueno es el mantillo o el compost que compramos muy barato en cualquier vivero.

ACIERTA CON LAS GENÉTICAS

Una última reflexión: el curado y secado. Secar las plantas con frío seco es lo mejor que podemos hacer. El calor no es nada bueno para curar las plantas; entre otras cosas porque acelera el proceso lo cual resta psicoactividad al THC. El frío, siempre que sea seco, es la mejor forma de secar ¡y de curar! Si ponemos a curar la marihuana durante un par de meses (¡mínimo!) en una caja de cartón en un lugar frío conseguiremos una maría de colocón extraordinario.

Por lo tanto, cuando vemos que el hombre del tiempo nos anuncia una bajada drástica de las temperaturas a primeros de otoño lo que debemos pensar es: ¿mis plantas son sativas o índicas? ¿Están ya a punto de ser cosechadas o todavía les queda un largo periplo? Sus orígenes, sus ancestros, ¿son de climas fríos o no? Y una vez que conozcamos las respuestas a nuestro tipo de clima, optaremos por unas u otras genéticas el año que viene. Pero lo que hemos querido resalta con este artículo que es el frío puede ser un excelente aliado del cannabicultor en vez de un enemigo.

Por supuesto todo lo hasta aquí escrito es para plantas de exterior y, si me apuráis, cultivadas en tierra madre (en el suelo). En macetas la cosa cambia ya que el frío afectará de forma mucho más severa a las raíces que, como hemos dicho hasta la saciedad, son “el talón de Aquiles” del cannabis; su punto más débil

Texto y fotos Marques de Esquilache

Fuente Revista Yerba

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