El tabú de la legalización

El tabú de la legalización

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Por: Klaus Ziegler

Las políticas prohibicionistas sustentadas en la criminalización del consumo de drogas han sido un rotundo fracaso. Como la mosca que se golpea una y otra vez contra el cristal de la ventana sin lograr atravesarlo, los sectores más conservadores insisten en continuar con una estrategia que ha resultado desastrosa en lo político y en lo social, donde el único favorecido ha sido el crimen organizado.

Aquellos que se oponen a la legalización de las drogas usualmente lo hacen acudiendo a principios morales. Con frecuencia se escucha decir que legitimarlas significa doblegarse ante el crimen, estar del lado del terrorismo, o fomentar la corrupción en la juventud. Para estos reaccionarios el problema solo puede resolverse aumentando la represión y castigando al adicto. Poco importa el dictamen de instituciones científicas de prestigio, comola Organización Mundialdela Salud, ola Asociación Americanade Psiquiatría, pues hay un convencimiento de que el drogadicto es solo un sinvergüenza fuera de control. Sin embargo, los conocimientos que hoy se tienen sobre las bases biológicas de la adicción permiten concluir que la drogadicción no es un problema de individuos irresponsables o degenerados. Se ha demostrado que la exposición a las drogas psicoactivas provoca cambios en los receptores de dopamina, serotonina, endorfinas y noradrenalina, lo cual se traduce en una necesidad compulsiva por consumir más droga, un comportamiento que algunos, por ignorancia, confunden con falta de voluntad para dejar el “vicio”.

Entre los legados nefastos del pasado gobierno se cuenta una iniciativa que pretende reformarla Constituciónpara prohibir la dosis mínima, una ley de corte moralista que, como era de esperarse, cuenta con la aprobación de retrógrados como el procurador Ordóñez, y que además de ingenua es inhumana, al confundir la víctima con el victimario. Semejante norma sería por lo demás contraria ala Carta Política, pues, en rigor, los drogadictos son enfermos psicofisiológicos, y “el estado no puede sancionar con pena o medida de seguridad el derecho inalienable de las personas a estar psicofisiológicamente enfermas por cualquier causa, inclusive drogadicción o toxicomanía”.

Es indiscutible que la prohibición no ha disminuido el número de consumidores, ni tampoco ha mermado la producción. Latinoamérica sigue siendo el mayor exportador mundial de cocaína, y van en camino de convertirse en el mayor proveedor de opio y heroína. El endurecimiento de las penas no ha logrado disminuir en lo más mínimo, ni la distribución de la droga ni su consumo. Un informe dela Comisión Latinoamericanasobre Drogas y Democracia muestra que en Estados Unidos, el país con las leyes más drásticas, hay cuatro veces más drogadictos que en toda Europa, y alrededor de medio millón de presos por delitos asociados con estupefacientes, más que en todo el resto del mundo.

En el caso colombiano, el problema adquiere dimensiones de verdadera catástrofe, ante una fuerza que ha destrozado el tejido social y provee el combustible que anima el conflicto interno. Es hora de reconocer que las políticas prohibicionistas no detienen el mercado de narcóticos, simplemente lo sumergen dentro de la ilegalidad. Un negocio que representa el 8% del comercio mundial tiene la capacidad de subvertir cualquier institución, y resulta imposible de controlar.

Con frecuencia se escucha el argumento de que la legalización dispararía el número de adictos de la noche a la mañana. ¿Qué evidencia existe al respecto? En 2001, Portugal despenalizó la tenencia y consumo de todo tipo de droga. Sin embargo, el consumo de drogas descendió 4% en la población entre trece y quince años, y 6% entre jóvenes de dieciséis a dieciocho años. El porcentaje de consumidores de heroína cayó verticalmente, del 2.5% al 1.8%, así como los contagios de VIH por vía intravenosa. Otro hecho relevante: el número de condenas por narcotráfico descendió 30%.

Holanda es otro ejemplo donde la tolerancia hacia las “drogas blandas” ha disminuido el número de adictos a porcentajes drásticamente menores que los registrados en España, Francia o Inglaterra. Hay quienes pretenden demeritar el experimento holandés alegando que una actitud laxa ante la marihuana y el hachís solo ha logrado incrementar el número de consumidores. No se menciona que este hecho corresponde al llamado “turismo de drogas”, un fenómeno debido a la prohibición en el resto de Europa. El experimento en los Países Bajos contradice además la creencia infundada de que la legalización aumenta las tasas de delincuencia, violencia y detrimento social.

Un proceso de legalización racional no supone el expendio de drogas narcotizantes o psicotrópicas en supermercados y tiendas, sin restricción alguna, como sí ocurre con el alcohol y el tabaco, de lejos las drogas más nocivas. Por el contrario, estas se suministrarían bajo un estricto protocolo. La regulación se complementaría con ayudas médicas y psiquiátricas para recuperación del adicto, así como campañas educativas disuasorias del consumo, las cuales han probado ser sumamente efectivas en la lucha contra las grandes tabacaleras y su negocio infame.

Aunque existe poca evidencia empírica, todo sugiere que la despenalización de la droga podría funcionar. El experimento debería iniciarse en los países industrializados, donde reside el grueso de los consumidores. Como quien ensaya un nuevo tratamiento, habría que empezar con “pequeñas dosis de tolerancia” e ir observando lo que suceda. Cualquier iniciativa racional debe comenzar por romper el tabú de la legalización, una postura que no consiente estrategias diferentes de las tradicionales prácticas represivas, moralistas e hipócritas, que han demostrado ser funestas para la sociedad.

 

Fuente Elespectador

2 COMENTARIOS

  1. Para quien “cuela el mosquito y traga el camello,” digo; hay dos drogas en este mundo … que no las pueden ilegalizar, y son las más malas para el ser humano…La ignorancia y la hipocresía… la primera digamos que es una “droga blanda” que es fácil salir de ella ,) ya que como dijo Albert Einstein; Todos somos muy ignorantes, lo que pasa no todos ignoramos las mismas cosas.) pero la hipocresía es una “droga muy dura” de la que es casi imposible salir de ella… Gracias Ámsterdam por librarme (aunque solo fueran siete días) de la hipocresía, y de los “sordos y ciegos por devoción o sumisión,” que persiguen al inocente consumidor …hay pocos periodistas y gentes de letras que defienden a María, pero quienes lo hacen, lo hacen de maravilla, y con poderosos argumentos , como en este articulo ¡Gracias!…

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