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En España se amplía cada vez más la oferta de clubes de cannabis, pero se endurecen las restricciones: El Tribunal Supremo hace unos días dio pistas de bajo qué normas o reglas que se deberían cumplir para permitir a los ciudadanos crear un club social de consumo compartido de cannabis. Entre otras cosas, se prohíbe invitar a nuevos miembros de otros clubes existentes y no se admitirá el turismo de cannabis, aunque,  a los residentes si se les permitirá ser socios o crear clubes.

El Tribunal Supremo de España publicó la nueva normativa por la que a los clubes de cannabis se les permite operar en todo el país, según el cual, a  los nuevos miembros no se les permitirá unirse a otros clubes existentes y no se les permitirá la posesión o venta de cannabis fuera de los clubes o aún tercero. La nueva ley establece, después de varios intentos de gobiernos locales, eliminar el turismo de cannabis y que los clubes estén bajo el entorno medicinal.

De acuerdo con la legislación vigente en España, está estrictamente prohibido el comercio de cannabis, pero la posesión para uso personal no es un delito penal, según las leyes del Estado que buscan mitigar el uso de cannabis. España es uno de los países importantes del mundo en el tema cannabis y muy posiblemente en los próximos años será también uno de los primeros países en aprobar la legalización.

Los clubes de cannabis en Barcelona capital comenzaron a operar en España en los últimos años, y se hicieron posible con la ayuda de la ley que prohibía los cultivos y la venta, aunque también prohibía a la policía entrar en lugares privados permitiendo a las personas unirse en cooperativas e intercambiar productos sin ánimo de lucro y sin registro.

Muchos de estos clubes actuaban de forma muy parecida a un bar-club estándar donde se dispensaba cannabis a sus asociados, cualquier turista que estaba interesado en comprar cannabis podría unirse al club haciéndose socio y pagando un precio por gramo como tal, rayando la linea roja de la ley nacional que prohíbe el tráfico de cannabis.

Pronto se prohibió la apertura de nuevos clubes  hasta la creación de nuevas modificaciones en las normas especificadas por el gobierno y que prohibían  la venta de cannabis a turistas.

Las nuevas reglas según lo declarado por el Tribunal Supremo en España, van destinadas a devolver a los clubes de cannabis su status quo de Clubes de cultivo cooperativo de cannabis medicinal (su primer origen) y no en lo que los habían convertido, la versión española de los Coffee Shops de Amsterdam.

Si los ciudadanos  todavía estarán interesados ​​en crear un club, pueden hacerlo, pero sólo en el cumplimiento de las nuevas leyes, que serían:

             Las nuevas reglas: prevención de fugas de ventas y del turismo de cannabis

1. Cannabis Club debe ser creado por un grupo de amigos que todos, sin excepción,  sean consumidores de cannabis regulares capaces de demostrar la necesidad medicinal de la planta. Además, el club no está abierto a nuevos miembros, una medida diseñada para impedir la venta de cannabis a los turistas.

2. Cada reunión de los miembros debe mantenerse de forma cerrada y discreta ” sin interés para el público.” Bajo esta disposición se prohíbe la publicación de cualquier tipo del club o incluso la apertura de un nuevo club en un lugar público y concurrido.

3. El consumo de los productos cosechados en el cultivo del club será de inmediato y para uso exclusivo de sus socios dentro del mismo club. Bajo esta disposición se prohíbe cualquier transferencia de un cultivo del club de cannabis, sin distinción relacionada con la cantidad o situación.

4. La cantidad máxima permitida de cannabis en el club será el equivalente de la suma mínima suficiente para todos los miembros del club en una sola reunión, es decir, quedará prohibida la posesión de más de una docena de gramos a la vez evitando el almacenamiento masivo. A través de este apartado se dará lugar a que todos los miembros estén acusados ​​de trafico de drogas ilícitas.

5. Todos los miembros serán responsables de todas las acciones y serán considerados responsables en el caso de la violación de una o más de estas leyes.

El objetivo de las nuevas leyes es principalmente simplificar la regulación para permitir a los clubes de cannabis operar en el país, mientras que se hace el máximo esfuerzo para evitar cualquier caso de venta de cannabis a los turistas o para fines de lucro

A pesar del endurecimiento de las normas las autoridades van a tratar cada caso por sus propios méritos y, posiblemente, el club no completará una o más de estas condiciones no podrá abrir las puertas a miembros del público, según el informe de prensa.

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https://www.dinafem.org/es/blog/requisitos-Tribunal-Supremo-club-cannabis-Espana/

http://cannabisclub.es/tribunal-supremo-club-cannabis-ilegal/

http://www.xn--4dbcyzi5a.com/2015/10/%D7%A1%D7%A4%D7%A8%D7%93-%D7%A4%D7%95%D7%A8%D7%A1%D7%9E%D7%95-%D7%94%D7%AA%D7%A7%D7%A0%D7%95%D7%AA-%D7%9C%D7%A4%D7%AA%D7%99%D7%97%D7%AA-%D7%9E%D7%95%D7%A2%D7%93%D7%95%D7%A0%D7%99-%D7%A7%D7%A0%D7%90/

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El Tribunal Supremo español condenó hace unos días a los responsables de un club o asociación de cannabis con 290 miembros. También señaló que el cultivo destinado para un reducido grupo de miembros carecía de relevancia penal.

En tribunal Supremo hace unos años amparó a asociaciones de cannabis bajo la doctrina de consumo compartido, pero, con esta última sentencia al club vasco Ebers, deja muy claro que en este concepto de consumo compartido no todo vale y fija unos limites de como deben ser estas asociaciones o clubs.
El alto tribunal con su resolución deja abierta lo que podría interpretarse como una llamada a los dirigentes a una regulación más aclaratoria para todas las partes.

En estos últimos tiempos han proliferado en España clubs de consumidores de cannabis que en un principio eran pequeñas asociaciones de consumidores que tenían cultivos compartidos para su uso exclusivo. En la actualidad, esa idea inicial también ha llevado a la creación de grandes clubes con grandes cantidades de asociados que en algunos casos han llegado a miles y en algunos casos no suministrando bajo demanda sino a discreción.

El mismo Tribunal Supremo en sentencias anteriores los amparaba bajo la figura del autoconsumo, con esta última sentencia al club Ebers, ha considerado que se excede de aquella filosofía del grupo de conocidos que conjuntamente consumen cannabis. El tribunal considera que la asociación (290 miembros) y su estructura (distribución organizada, permanencia en el tiempo, abierto a nuevas incorporaciones y que permitía a sus miembros hacer acopio de casi 400 gramos de cannabis) “excede los supuestos de cultivo y consumo compartido no punible penalmente“.

La sentencia por su parte, tampoco admite que todos los clubes de fumadores sean ilegales. El texto de la sentencia sostiene que “el cultivo compartido de cannabis destinado al consumo exclusivo y excluyente de quienes promueven esa producción a escala reducida, aún siendo actividad no legal, puede carecer de relevancia penal en determinadas condiciones“. La sentencia ,según la interpretación de estas asociaciones de marihuana, como no fija qué tamaño del club sería delictivo y cuál no, establece que habría que observar cada asociación “caso a caso”.

La  Federación de Asociaciones Cannábicas de España y la plataforma por una Regulación Responsable  consideran esta sentencia del alto Tribunal como un ataque al asociacionismo de los consumidores de cannabis, aunque aseguran que ellos impulsan otro tipo de clubs con otras características en España. “Frente a este modelo existe un consenso hacia otros tipos de asociación con unos límites más razonables de los que tenía esta asociación”, expone Ramón Morcillo, portavoz de Regulación Responsable. Morcillo explica que según su modelo “es impensable que en pro de un consumo responsable un socio pueda retirar el consumo de medio año de una vez”, algo que sí sucedía en Ebers.

David Rabé, secretario de la Federación de Asociaciones Cannábicas de España (FAC), admite que “no todos los clubes son iguales ni cumplen la función del consumo compartido“, y explica que “el modelo más extendido es el de una pequeña asociación o club cerrado más o menos estable, donde no hay retribución económica y todas sus decisiones se toman en asambleas”. Frente al, digamos, modelo Ebers, Rabé afirma que “no queremos seguir ese modelo“, y reivindica “el modelo de activismo, plural, en el que los socios llevan la gestión del club” y aboga por “el cultivo colectivo frente a la compra mancomunada”. De alguna manera, el que señala el Supremo que “puede carecer de relevancia penal”.

El tribunal señala en la sentencia que a pequeña escala y que la actividad del club se realice en un lugar cerrado sin publicidad u ostentación pueden ser indicadores de asociaciones que no incurran en el delito penal.  La noticia ampliada aquí

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En el principio fue el parque. Y posteriormente, el poblado, algunos bares de ciudades como Móstoles o Alcorcón, el servicio a domicilio y de nuevo la quedada en el parque o la plaza. Pillar costo o marihuana ha sido casi siempre un trámite engorroso y casi nunca un paseo por el lado salvaje o la marginalidad. Hoy día hay un nuevo modo de cumplir con el requisito mínimo para sostener el hábito. Los clubes de consumidores de cannabis han proliferado y han avanzado un paso más en la normalización del uso de esta sustancia, la cuarta en consumo a nivel español, tras el alcohol, el tabaco y los hipnosedantes.

Según las estimaciones, basadas en el registro de estas asociaciones en el Ministerio de Interior, en el territorio hay 500 de estos clubes. La mayoría, unos 200, en Catalunya, también en el País Vasco, y, en menor medida, en Valencia, Madrid o Sevilla, pero ¿cómo son estos clubes?

Entramos al primero de ellos, en un barrio céntrico de Madrid. No. Retrocedamos. Esperamos en una esquina de ese barrio céntrico hasta que llegue Daniel, nuestro guía, a quien antes de nada le colocamos un nombre ficticio para este texto. Esperamos, porque para entrar hay que seguir unas normas de seguridad que, aunque cambian de unos clubes a otros, funcionan para minimizar riesgos. Daniel nos acompaña hasta la puerta. Primer control: huella digital. Pone la suya y pasamos a un descansillo. Es donde explica las reglas básicas de este club. La primera: no se compra a un proveedor sino que se organiza una compra mancomunada del material. La actividad que se lleva a cabo aquí es el consumo compartido. Una parte del sistema judicial reconoce que no hay delito asociado a esta práctica. En noviembre de 2013, el presidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco declaró en el Parlamento vasco que “hay una jurisprudencia ya consolidada de que el consumo colectivo con cantidades propias de autoconsumo no está penalizado, pero eso no quiere decir que exista derecho a hacerlo, sino que eso no es delito”. ¿Lo entienden? Pues la diferencia en la interpretación de ese margen entre el límite del derecho y el delito puede suponer cárcel.

Daniel explica que el club funciona estrictamente mediante la compra de una cantidad adecuada a lo que cada socio consuma. Hay un registro en el que se apuntarán los gramos que se retiran cada vez. Daniel nos explica que el límite legal mensual establecido está en cien gramos, pero que su club, como otros en el País Vasco, marca un límite más bajo, de 60 gramos mensuales, para fomentar un consumo responsable. Junto a los papeles, en el club de Daniel se exige ser mayor de 21 años, venir avalado por otro socio y haber pedido cita previa. Además, incluyen un cuarto papel en el que los socios se comprometen a un proyecto de cultivo autocompartido. Es el modo de autoabastecerse sin recurrir al mercado negro ni a terceros. Daniel nos explica que se hace para reivindicar el derecho a cultivar plantas, una pelea que se está librando en muchas localidades de Catalunya y la Comunidad Autónoma Vasca.

Aunque las instrucciones sean generales, el criterio de cada fiscalía provincial es la última barrera antes de hacer posible un club sin el mal karma del hostigamiento policial a sus asociados. Entre las fiscalías más agresivas contra estas asociaciones y clubes está la de la Comunitat Valenciana, cuyo fiscal antidroga, José Ramón Noreña, anunció en octubre una ofensiva contra los cerca de 20 clubes que funcionan en la región. La realidad jurídica cambia en cada comunidad, confirma Daniel, quien comenta que las asociaciones que han pedido estatutos a nivel estatal –porque tienen entre sus planes funcionar en varias comunidades– están teniendo más seguimiento por parte de las autoridades que aquellas que se ciñen al registro de su comunidad autónoma. Si eres estricto, comenta, es muy difícil que la actividad de los clubes tenga repercusión judicial. No obstante, nos dice, hay clubes que se acercan al límite y grandes empresas que ven una oportunidad de negocio tras este relajamiento de las costumbres.

Más allá de lo represivo
Hemos firmado los papeles, nos han hecho una fotocopia del DNI y ya estamos dentro. Hay un grupo de seis o siete chicos y chicas en torno a los 25 años y cuatro o cinco varones de los que ya no cumplen los treinta acodados en la barra. Una nevera –esto no es un bar–, seis o siete mesas, cada una distinta a la anterior, y unos grafitis en lienzos. Pregunta­mos a nuestro guía por las condiciones laborales de la asociación: qué pasa con quien pone las cervezas. Nos dice que es difícil hacerlo todo legal, ya que es fundamental demostrar que no hay ánimo de lucro en ninguno de sus movimientos.

Los táper de marihuana –hay menos variedad de hachís– llaman la atención detrás de la barra. Jack Herer, AK47, son los nombres de algunas de las variedades más populares. Hablamos con Daniel, no ya de los aspectos legales, sino de la sociología del consumo. Nos dice que los hábitos han cambiado, en parte gracias al autocultivo. El Diario de León decía en enero de este año que hay mil grow shops –tiendas que facilitan materiales para el cultivo– en España. Hace cuatro años se estimaba que las pymes asociadas a este sector generan cerca de 50 millones de euros anuales. Entre calada y calada, comentamos el hecho de que este año comience a contabilizarse el peso de las drogas en el PIB.

Salimos de allí con la sensación de haber estado en algo parecido a un coffee shop. No llevamos ninguna china o cogollo; bajo ningún concepto los invitados pueden retirar material, nos explica Daniel. Al día siguiente, con la mente aún un poco nublada, nos dirigimos a otro club. Hay pequeños cambios. En lugar de tres papeles, firmamos uno que explica que lo nuestro es consumo terapéutico. Nos dicen que la legalización vendrá por esa vía. En esta ocasión nos hacemos socios. La conversación es menos distendida. Son las 17h y sólo algunas personas pasan a esta hora a retirar seis o siete gramos de marihuana. Al salir, comentamos la jugada con otro consumidor habitual. Nos dice que, aunque estar en un club sale un poco más caro, la calidad del material y la tranquilidad del acceso a su dosis le compensa el sobrecoste. Salimos de allí y nos vamos a trabajar. Hay que escribir un artículo sobre los tiempos en los que el uso del cannabis está tan normalizado que su uso comienza a dejar de estar criminalizado.

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El Club de Cannabis Cultivando la Libertad Uruguay Crece (CLUC) inició este martes 1º de julio los trámites ante el Registro de Asociaciones Civiles del Ministerio de Educación y Cultura para su formalización jurídica, en el marco de la Ley de regulación de la producción y comercialización de la marihuana.

Se trata del primer Club cannábico impulsado por la organización Proderechos, mediante el cual se promueve un modelo “participativo, accesible e innovador”.

Los integrantes del CLUC aseguran que se trata de en un modelo de gestión participativo. “Ello implica que nuestros miembros tienen una participación activa en la toma de decisiones ya sea del proceso de producción (preparación del suelo, cultivo, cosecha, “manicura” y secado), así como de la comunicación, formación, actividades recreativas, administrativas o contables”.

Además, resaltan que el club se financia mediante el pago de una “cuota mensual de 650 pesos, y la realización de actividades culturales que permiten difundir el modelo de Club”.

El involucramiento en la toma de decisiones por parte del club de socios permite acercarse a un formato cooperativo, y de esa manera alejarse del modelo mercantil de empresa-consumidor”, indican en un comunicado de prensa.

El club de membresía reivindica la “innovación como forma alternativa a la venta en farmacias”. Al tiempo que apuesta a la “innovación en cuanto a la forma de gestión, así como a la determinación de variedades, procesos de producción y actividades hacia los socios”.

Dentro del club existen espacios para desarrollar investigación, formación y capacitación. “De igual modo, creemos que innovar en la relación de los usuarios con la marihuana en particular y con todas las drogas en general, es un objetivo a seguir, apostando a brindar herramientas los usuarios como sujetos autónomos, informados y críticos con respecto a la visión prohibicionista que todavía predomina”.

La promoción de esta forma de llevar adelante los clubes de cannabis necesita de la “menor cantidad de trabas y exigencias posibles, resguardando la calidad y seguridad tanto de las plantas como del acopio del cannabis”, indican los integrantes del club.

Registro

Según lo establece Ley, quienes pretendan crear un club de membresía, en primera instancia deben presentarse ante el Ministerio de Educación y Cultura para poder crear una asociación civil, luego de ello deben concurrir ante el Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA).

La Ley creo el IRCA como instituto supervisor. Además, determinó tres mecanismos para el consumo del cannabis psicoactivo: “el autocultivo (cada persona podrá tener hasta seis plantas o una producción de hasta 480 gramos), los  clubes de membresía (que podrán tener de 15 a 45 socios y un máximo de 99 plantas), o adquirir la marihuana en las farmacias a un costo de 1 dólar el gramo.

Por otro lado, la Asociación de Estudios del Cannabis del Uruguay (AECU) inició el pasado 24 de junio los trámites correspondientes ante el Ministerio de Educación y Cultura para registrarse como club cannábico, en el marco de la Ley que regula la producción y comercialización de marihuana.

Fuente Lared21

 

 

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El anteproyecto de ley de adicciones del Gobierno vasco reconoce su existencia

El Gobierno vasco plantea que la futura ley de adicciones contemple al menos la existencia de los clubes sociales de cannabis, aunque pospone su regulación a una legislación posterior.

Según el consejero de Salud, Jon Darpon, la ley pretende reconocer en un primer paso hacía su cobertura legal a las asociaciones cannábicas conocidas como clubes sociales de cannabis, mediante el “reconocimiento de entidades legalmente registradas, sin ánimo de lucro, constituidas por personas mayores de edad y consumidoras de cannabis”.

En todo caso, Darpón ha adelantado que “su reglamentación se desarrollará en una legislación posterior”, sin aportar más detalles.

 

Fuente Cadena Ser