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El Periódico Mediterráneo publicaba este fin de semana una noticia con el titular “La legalización de la ‘maría’ gana terreno en el mundo”, la nota decía así:

La marihuana legal va ganando terreno en España. Barcelona aprobará su legalización para uso recreativo el próximo mes de octubre, y se espera que en unos meses se convierta en la primera ciudad española que permite su consumo. Con la recientemente aprobada Ley para la Libertad Individual del Ciudadano, se eliminan las sanciones a poseedores y consumidores de maría en la vía pública. La posesión de hasta 10 gramos será legal en Barcelona para el consumo personal. Sin embargo, portar más de esa cantidad sin tener una autorización estará castigado con penas de uno a tres años de cárcel.

Cataluña no está sola. El Gobierno Vasco ya ha planteado que la futura ley de adicciones contemple la existencia de los clubes sociales y consumidores de cannabis, aunque pospone su regulación a una legislación posterior. Seguir leyendo

 

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La primera…………

El pasado 14 de marzo fue aprobada por el Ayuntamiento de Donostia/San Sebastián la primera ordenanza reguladora de la ubicación de clubes sociales de cannabis y de las condiciones de ejercicio de su actividad, ese nombre tan largo, es el nombre que recibe la primera ordenanza reguladora de estos clubes en el estado español atendiendo por vez primera a una tan demandada regulación. La misma, pese a ser mínima, sobre todo porque atiende únicamente a las competencias que la Ley de Bases de Régimen Local atribuye a los ayuntamientos, no deja de ser un gran avance en la regulación de los clubes de las asociaciones conocidas como cannábicas, pero con el mismo régimen legal que el resto de asociaciones.

El origen de esta regulación aprobada por el Ayuntamiento de Donostia nace, además de por las muchas reivindicaciones de decenas de colectivos y de la realidad latente que supone el hecho de que existan numerosos clubes en la ciudad, tiene su origen directo en un informe realizado por el Letrado Municipal de San Sebastián a mediados de febrero, en el que se asientan y definen con concreción ciertos conceptos que finalmente fueron la base sobre la que se redactó y finalmente se probó esta regulación. Conceptos como que se debe entender por Club Social de Cánnabis, que es y cómo funciona el cultivo de estas asociaciones, que tipo de consumidores son los que forman parte de estos clubes… son los pormenores que dan origen a la ordenanza finalmente aprobada.

El contenido de la misma consta de nueve artículos y dos disposiciones que se puede resumir en lo que señala su Art. 1:

Objeto.

Es objeto de esta ordenanza:

  1. Regular la apertura de Clubes Sociales de Cannabis estableciendo un régimen de distancias entre ellos.

  2. Establecer un régimen de distancias respecto de centros educativos y de salud.

  3. Garantizar que los locales destinados a local social y punto de encuentro de los Clubes Sociales de Cánnabis reúnen las condiciones mínimas necesarias para evitar todo tipo de molestias al vecindario.

  4. Garantizar que los locales destinados a local social y punto de encuentro de los Clubes Sociales de Cannabis reúnen las condiciones mínimas necearías de seguridad, salubridad e higiene para las personas usuarias.

  5. Garantizar que la actividad sea desarrollada por Asociaciones de Usuarios debidamente inscritas en los registros públicos.

Todo ello se resume en unas cuatro páginas donde se concreta en cifras, medidas y normas específicas lo expuesto en ese primer Art. 1.

Uno los primeros requisitos a tener en cuenta es que deben ser asociaciones debidamente inscritas en el Registro de Asociaciones del País Vasco y que soliciten y estén sujetas a la obtención de una licencia de actividad municipal. Igualmente establece que esa licencia de actividad y/u obra se ajustará al contenido de un modelo elaborado al efecto y denominado “Licencia de actividad y/u obra de Club Social de Cannabis”, donde además señala cual es la documentación necesaria que deben aportar.

Otro de los temas reglados en profundidad es el del emplazamiento del local social, local de punto de encuentro de los socios. A efectos urbanísticos se considerará que estos locales, en la ciudad de Donostia/San Sebastián son de uso recreativo terciario, por lo que se podrán instalar los mismos en todos aquellos lugares en los que puedan ubicarse locales con esa misma categoría urbanística. Y en concreto, de un modo claro y directo se prohíbe la apertura de estos locales a menos de 300 metros de centros educativos y centros de salud, debido ello, según el informe que fundamenta la ordenanza, a que personas especialmente vulnerables, como adolescentes o personas con trastornos mentales vean facilitado el acceso a este tipo de locales. Igualmente, atendiendo al hecho de que hay lugares donde no se pueden abrir establecimientos donde se pueda fumar, como por ejemplo centros comerciales, establece expresamente la ordenanza que se prohíbe la apertura de una actividad de este tipo en cualquier de los lugares en los que se prohíbe fumar. Y como característico, y en último lugar en relación con el tema de la ubicación, de fija una distancia mínima entre locales destinados a esta actividad a 500 metros, justificando este extremo en causar los menos perjuicios posibles a los vecinos y evitar cualquier problema que pueda producirse por la aglomeración en una zona concreta de la ciudad de estos locales.

Junto con todas estas prescripciones, se establece en los últimos artículos de la ordenanza (Art. 7 y 8) que serán los responsables del local los encargados de mantener el mismo y sus inmediaciones en las debidas condiciones de higiene, que en ningún caso se permitirán la entrada a menores de edad, que el horario de apertura será de 8.00 a 22.00 horas y que no podrán realizar ninguna publicidad de la actividad, promoción o patrocinio en el exterior del local.

El último artículo de la ordenanza, más que regular, insta a la elaboración, en colaboración con las asociaciones de usuarios inscritas en el registro municipal, de un manual de buenas prácticas y un protocolo para la convivencia con el objetivo de encauzar los problemas que puedan surgir con ocasión del funcionamiento de estas asociaciones. Al final de todo, y como disposición transitoria se establece un plazo de seis meses para la adaptación de estas asaciones a lo dispuesto en la ordenanza aprobada.

Este es, brevemente, un resumen de la esta ordenanza pionera en España, posiblemente no sea la más perfecta de las regulaciones posibles, pero es un paso importante que pone sobre la mesa, sobre todo, que es algo posible, y que es una manera de regular una realidad presente en ciudades sobre todo del País Vasco y Cataluña, donde solo en la ciudad de Barcelona se encuentran en funcionamiento más de 200 asociaciones de este tipo. Ayuntamientos como el de Barcelona ya han anunciado que antes del verano tendrán preparada una regulación para estas asociaciones, en este mismo sentido, en la ciudad de Alicante de ha presentado una moción al pleno por parte del grupo municipal Izquierda Unida en colaboración con las asociaciones más representativas de la ciudad, entre las que destaca Alacannabis, con la colaboración del Estudio Jurídico BROTONS ALBERT, con el objetivo de instar la puesta en marcha de una mesa de trabajo que permita aprobar una regulación similar a la donostiarra. Por lo tanto y en conclusión quedamos a la espera de mayores y mejores avances en la materia, este, pese a sus defectos y carencias, no deja de ser un pequeño gran paso que pone la base sobre lo que avanzar, sobre lo que mejorar y sobre el que seguir la lucha por el reconocimiento de los consumidores y usuarios de cannabis.

Garzón Marley.-

Estudio Jurídico BROTONS ALBERT.-

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Desde la Federación Madrileña de Asociaciones Cannábicas (MadFAC), queremos expresar nuestro total apoyo a las Asociaciones Federadas 4:20 y MACAS ante las intervenciones judiciales sufridas los días 20 y 21 de marzo respectivamente.

Desde MadFAC asumimos que ante la falta de una regulación las asociaciones tengamos que pasar esta “Reválida”, para demostrar que realmente actuamos conforme a las pautas de funcionamiento de los Clubes Sociales de Cannabis y que reiterada jurisprudencia avala nuestro funcionamiento, demostrado por la multitud de Sentencias Absolutorias y Autos de Archivo que el Movimiento Cannábico ha conseguido en este tipo de procesos.

Todas las Asociaciones que integran MadFAC cumplen con dicha jurisprudencia y con el Código de Buenas Prácticas, que ante esta falta de regulación, nos hemos autoimpuesto con el objetivo de ser transparentes ante nuestros Asociados, Instituciones, Administración y a la Sociedad en General.

Por tanto pedimos a la Administración que aborde de una vez una regulación integral para esta entidades, tanto de todo el ciclo de producción, la tenencia en la vía publica y el consumo en el ámbito privado, que las haga salir de la inseguridad jurídica en la que se ven sumidas, y que comporte derechos y obligaciones para todas.

En estas dos intervenciones han actuado un total de 29 agentes, 2 secretarios judiciales, 2 jueces que en total han supuesto más de mil de horas de trabajo para una incautación global en las dos asociaciones de 1,4 Kg de Cannabis y 936 €, para 800 socios, osea 1,75 gr y 1,17 € por persona. Tampoco podemos estar ajenos ante este despilfarro de recursos públicos tan necesarios para otros menesteres más importantes. Necesitamos y solicitamos una solución sin más dilaciones.

Son cada vez más las Asociaciones Cannábicas activas, hablamos ya de unas 500 en todo el Estado.

Consideramos que el Cannabis no genera ningún tipo de alarma social y su consumo se encuentra normalizado dentro de todos los estratos sociales, además de que la evidencia científica ha demostrado que esta sustancia es menos dañina que otras muchas de comercio legal.

La preguntas que lanzamos al aire son:
• ¿Por qué no regular esta situación al igual que se está comenzando a hacer en cada vez más lugares?
• ¿Por qué no dejar dentro de la moral de cada uno si queremos o no consumir Cannabis?, y no ser guiados por la moral de los demás.

Por otra parte queremos destacar la buena actuación de la Autoridad Judicial y de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que actuaron en todo momento conforme a Derecho y respetando las Garantías Procesales.
Sin embargo no queremos dejar sin comentar el incidente ocurrido el día 18 de marzo con un socio de nuestra federada La Santa Le Club en la puerta de la misma cuando fue atacado brutalmente por varios agentes para incautarle 1, 5 gr de Cannabis cuando paseaba por la calle con su mujer embarazada de 7 meses.

Creemos que este tipo de actitudes son injustificables y están fuera de toda razón o buena práctica y lastran el trabajo policial bien ejecutado que antes indicábamos.

Emitimos, por tanto, nuestra Condena Unánime ante este tipo de actitudes y Exigimos Responsabilidades a quién proceda por tan desafortunada actuación. Podéis ver esta lamentable actuación policial en
http://www.lasantaleclub.es/

En Madrid Abril de 2014.

El Equipo de MadFAC.

Fuente Federación de Asociaciones Cannabicas (FAC)

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marihuana

“Siempre le he dicho a mi hija que no fume, y a mí no me vio hacerlo hasta que cumplió los 18. ¿Que el día de mañana, con la vida más resuelta y ella más centrada, quiere fumar cannabis o tomarse dos copas? Bien. Pero creo que los jóvenes no deberían consumir ninguna droga”. Quien así habla es Javier Quesada, presidente de OneDream, uno de los cerca de 600 clubes sociales de cannabis que se calcula que existen en España. Son espacios que, entre resquicios y ambigüedades legales (o alegales) “cogidos con alfileres”, según describe el abogado penalista Bernardo Soriano, posibilitan el abastecimiento y el consumo de cannabis a sus socios. Sí, la misma sustancia que esta misma semana reconocía haber fumado el presidente de Estados Unidos (donde el consumo lúdico ya es legal en Colorado, y en Washington lo será en abril), Barack Obama“No creo que sea más peligroso que el alcohol”, decía. Y sí, la misma sustancia que esta semana levantaba polvareda en España por un tuit de la cuenta de la Policía Nacional sobre la mejor forma de llevar los porros en un viaje.

Un local, algún sofá, una mesa con ceniceros. Una red wifi en algunos casos. Mesas de billar, salas de masaje y pantallas de televisión en otros más sofisticados. En muchos, charlas sobre prevención y control de riesgos en el consumo, e incluso el asesoramiento de expertos legales y médicos. En algunos, plantaciones de cannabis -incluso registradas- con las que se autoabastecen los miembros. Estos clubes, que se constituyen al amparo de la ley de Asociaciones, surgieron en 1993, en Cataluña, con la catalana ARSEC, que cultivaba en Tarragona. Tras el archivo de varios procesos, fueron condenados, pero para entonces la semilla de su iniciativa ya había germinado en el País Vasco, donde comenzaron a surgir en 2002. Hoy, según relataMartín Barriruso, representante de la Federación de Asociaciones Cannábicas (FAC), en las comunidades donde más presencia tienen, Cataluña y País Vasco, pueden sumar unos 400 (más de 300 en la primera; 60 en la segunda), a los que se añaden unos 200 en el resto de autonomías.

 

“Siempre le he dicho a mi hija que no fume, y a mí no me vio hacerlo hasta que cumplió los 18. ¿Que el día de mañana, con la vida más resuelta y ella más centrada, quiere fumar cannabis o tomarse dos copas? Bien. Pero creo que los jóvenes no deberían consumir ninguna droga”. Quien así habla es Javier Quesada, presidente de OneDream, uno de los cerca de 600 clubes sociales de cannabis que se calcula que existen en España. Son espacios que, entre resquicios y ambigüedades legales (o alegales) “cogidos con alfileres”, según describe el abogado penalista Bernardo Soriano, posibilitan el abastecimiento y el consumo de cannabis a sus socios. Sí, la misma sustancia que esta misma semana reconocía haber fumado el presidente de Estados Unidos (donde el consumo lúdico ya es legal en Colorado, y en Washington lo será en abril), Barack Obama“No creo que sea más peligroso que el alcohol”, decía. Y sí, la misma sustancia que esta semana levantaba polvareda en España por un tuit de la cuenta de la Policía Nacional sobre la mejor forma de llevar los porros en un viaje.

Un local, algún sofá, una mesa con ceniceros. Una red wifi en algunos casos. Mesas de billar, salas de masaje y pantallas de televisión en otros más sofisticados. En muchos, charlas sobre prevención y control de riesgos en el consumo, e incluso el asesoramiento de expertos legales y médicos. En algunos, plantaciones de cannabis -incluso registradas- con las que se autoabastecen los miembros. Estos clubes, que se constituyen al amparo de la ley de Asociaciones, surgieron en 1993, en Cataluña, con la catalana ARSEC, que cultivaba en Tarragona. Tras el archivo de varios procesos, fueron condenados, pero para entonces la semilla de su iniciativa ya había germinado en el País Vasco, donde comenzaron a surgir en 2002. Hoy, según relataMartín Barriruso, representante de la Federación de Asociaciones Cannábicas (FAC), en las comunidades donde más presencia tienen, Cataluña y País Vasco, pueden sumar unos 400 (más de 300 en la primera; 60 en la segunda), a los que se añaden unos 200 en el resto de autonomías.

Sobreviven en un limbo legal, o más que eso, “en el purgatorio de la inseguridad jurídica. Hay ambigüedad en la ley y los tribunales nos han dado la razón en decenas de resoluciones, pero luego el fiscal y la policía no se dan por enterados, y cada cierto tiempo entran en los locales, se imputa a los responsables, se incauta el cannabis…”, señala Barriuso, que acumula imputaciones y archivos (hasta tres, en algún caso con devolución de la droga) y está pendiente de otra por su papel en la asociación Pannagh, hoy cerrada.

“La idea principal es que el delito contra la salud pública del artículo 368 del Código Penal implica la distribución de la sustancia a terceras personas indeterminadas. Los clubes, al hacer un consumo compartido entre los socios sin ánimo de lucro, no entran dentro de ese sentido de distribución indiscriminada. En ellos los socios están previamente inscritos, y cuentan con el aval de alguien que ya es miembro, es decir, ya eran consumidores”, narra Bernardo Soriano, socio de S&F Abogados y encargado de la parte legal de laFederación de Asociaciones Cannábicas Madrileñas (MadFAC). Y continúa: “Según un estudio de varios penalistas, la diferencia estriba en la oferta de drogas. En los clubes se funciona con previsiones del consumo de los socios, es decir, no con oferta, sino con demanda. La asociación cultiva o compra en su nombre y según sus previsiones”. De hecho, “los clubes cuentan con informes de ingenieros agrónomos, inscritos en el Colegio de Ingenieros, que certifican que el cultivo se corresponde con esas previsiones”.

Autoconsumo compartido

Este aspecto es importante, porque, según la jurisprudencia recogida en una instrucción de la Fiscalía sobre estos clubes, el autoconsumo compartido de drogas no tiene relevancia penal si la cantidad corresponde a un consumo “normal y esporádico”, entre un pequeño grupo perfectamente identificable (estos clubes suelen contar con límite de socios) y se realiza en un lugar cerrado. “Desde siempre se ha visto el cannabis desde la perspectiva de la seguridad, y es un error. Debería tratarse desde el punto de vista sanitario y de derechos del ciudadano. El consumo en los clubes siempre es claustral, nunca se hace apología de él, sino que se informa, el filtro para acceder a ellos es muy importante, buscan un consumo responsable, transparente, con libros de cuentas, de dispensaciones…”, enumera Soriano, quien menciona el proyecto de ley de Seguridad Ciudadana, que aumenta en un 330% las sanciones por cultivo.

Colas para comprar marihuana en Colorado, el 1 de enero. (Reuters)En cualquier caso, por ahora la situación da lugar a realidades contradictorias -como el registro de los clubes como asociaciones y su posterior cierre por actividad ilícita- y poco claras: esta misma semana, se hacía pública ladetención por parte de los Mossos d’Esquadra de cuatro miembros de un club de Martorell por tráfico de drogas. Ignacio Calderón, presidente de la FAD, subraya la complejidad del tema y habla de una realidad que se ha consolidado “por debajo de la mesa, de forma silenciosa. Ya hay centenares de clubes, mucha gente en ellos, y todo el mundo silba y mira al techo.La cuestión no es tanto la legalización de estos clubes, sino su regulación”. Esto es, que se les exijan determinadas condiciones, que sea todo transparente…

Lo mismo reclaman desde la FAC. “Que se regule, que el poder político legisle con claridad. Hasta ahora los clubes son la única alternativa al mercado negro”, señala Barriuso, quien comenta que están colaborando con el Parlamento vasco, que lleva tiempo con una ponencia sobre el tema. La Generalitat catalana tiene una iniciativa en el mismo sentido. Mientras, algunos han optado por la vía de la autorregulación. Es el caso de la FAC, con un código de buenas prácticas que indica, por ejemplo, que los usuarios han de ser siempre mayores de edad (algunos lo restringen a mayores de 21 años) que consumían previamente o tienen necesidad de usar el cannabis de forma terapéutica, que no se entregará éste nunca a personas ajenas, que el límite superior de consumo por persona está en torno a los 60 gr al mes, etc. Algunos clubes no funcionan con lo que la FAC entiende como correcto: “A río revuelto, hay pescadores echando la caña, gente a la que no le importa la salud sino sus intereses económicos…“, señala Barriuso.

En este río revuelto, el presidente de OneDream, Javier Quesada, resalta la “transparencia” de su asociación. En este club existe un límite al número de socios de consumo lúdico (500) y, por ahora, ninguno a los de uso terapéutico. Lo forman ahora unas 130 personas, desde “diseñadores gráficos [lo es el propio Quesada] a gestores, abogados, mecánicos, albañiles… Hay más gente mayor, de entre 40 y 50 años, que joven”. Nacido en mayo pasado, en Móstoles, OneDream se mantiene abierto de 10 de la mañana a 10 de la noche. Cuenta con el aval de un ingeniero agrónomo y en él se imparten charlas sobre las consecuencias del consumo, los modos de consumir el cannabis (que no se reducen a fumarlo: hay mantequillas, aceites, se puede vaporizar…). “Yo siempre insisto en que se conozcan bien las consecuencias que tienen las drogas”, remata Quesada, cuya hija, si ha seguido sus consejos, no habrá probado el cannabis hasta la fecha.

Fuente El Confidencial

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club privado cannabis

No se puede «abrir la puerta» a la regularización del consumo de marihuana en el País Vasco sin que se pongan en marcha de modo paralelo políticas activas de prevención del consumo de esta droga y de alerta de sus riesgos. Ésa es la opinión que ayer expuso quien fuera secretario general de Drogodependencias del Gobierno vasco en la década de 1990, Jesús Antonio Pérez Arrospide, ante la ponencia que en el Parlamento Vasco analiza la posibilidad de legalizar los clubes de consumo de cannabis.

«Hasta ahora, lo que está habiendo es una excesiva despreocupación a la hora de valorar y reflejar exactamente qué significa desde el punto de vista de la salud, especialmente de la salud mental, el consumo de cannabis […]. Si lo que hacemos es únicamente regularizar los clubes de consumo de cannabis, difícilmente vamos a poder hacer prevención del consumo juvenil. Hay que tomar a la par otra serie de medidas educativas, pedagógicas, que hagan que el joven entienda los riesgos», opina Pérez Arrospide.

Este experto, uno de los 60 que están convocados por la ponencia parlamentaria antes de emitir su dictamen sobre las vías legales para regularizar los clubes de cannabis, entiende como positivo que se arbitren medidas para que la «alegalidad no acerque a situaciones de alguna forma delictivas» a adultos que consumen libremente marihuana o que puedan acercarse a esta sustancia por motivos «terapéuticos». Pero, insiste, la otra cara de la moneda tiene que ser «que el cannabis quede fuera de la práctica recreativa del ocio juvenil».

Pérez Arrospide, en todo caso, matizó que el de la marihuana no es un debate nuevo en el País Vasco. «Ya en el año 1994, hace 20 años, el Gobierno vasco editó una documentación preocupado por la legalización de la marihunana que ya en algunos países se empezaba a plantear. Se interpretó que podía ser una política de reducción de riesgos en aquellas personas consumidoras a partir de una edad», indicó el exresponsable autonómico de Drogodependencias

Fuente El Mundo

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Madrid.- Los clubes de Cannabis, asociaciones sin ánimo de lucro integradas por personas adultas consumidoras de cannabis, son un invento español exportado a otros países, cuya actividad está a merced del policía o juez de turno al carecer de una regulación legal.

Los clubes de Cannabis, asociaciones sin ánimo de lucro integradas por personas adultas consumidoras de cannabis, son un invento español exportado a otros países, cuya actividad está a merced del policía o juez de turno al carecer de una regulación legal.

A pesar de que el consumo y el cultivo privado de cannabis está despenalizado en España, las asociaciones cannábicas se encuentran en el limbo por falta de un marco legal.

El debate sobre la legalización de esta droga se ha reabierto recientemente tras anunciar el País Vasco su intención de regular su consumo, cultivo y venta, una propuesta que fue inmediatamente matizada.

La portavoz del Gobierno vasco, Idoia Mendia, reconoció que el Ejecutivo autonómico no es competente en esta materia y explicó que la regulación planteada solo afectaba a los clubes de consumo.

El pasado jueves, el Parlamento vasco dio el primer paso en esta dirección al firmar todos los grupos parlamentarios una proposición no de ley para la creación de una ponencia que estudiará la regulación de los Clubes Sociales de Cannabis.

Ninguna otra comunidad se ha planteado llevar a cabo alguna iniciativa similar, ni tiene entre sus prioridades una regulación en esos términos.

No obstante, la repercusión mediática de la propuesta vasca ha vuelto a sacar a la luz a las asociaciones de cannabis, que fueron pioneras en el País Vasco y que en estos momentos proliferan por toda España, donde se contabilizan más de doscientas.

Son clubes exclusivos a los que se accede mediante la invitación de un socio y están totalmente cerrados a los menores de edad. Algunos, incluso, exigen tener más de 21 años para pertenecer a ellos.

Entre sus objetivos está el de cultivar cannabis para sus socios en circuito cerrado. Aunque pueden tener también otros fines como la investigación, la divulgación o promover cambios legislativos en torno al cannabis.

“Son una especie de cooperativas donde todos los usuarios son socios”, ha explicado a Efe Martín Barriuso, presidente dela Federación de Asociaciones Cannábicas (FAC), una entidad que agrupa a casi una cuarentena de estas asociaciones

“El consumo privado es legal en España, el problema es que no está regulado”, se lamenta Barriuso, quien explica que los clubes pueden funcionar “en base a que el consumo está despenalizado y a sentencias judiciales que han ido desarrollando una doctrina en torno al consumo compartido”.

La falta de regulación, según el presidente de FAC, “provoca situaciones bastante absurdas, como que la policía intervenga una y otra vez a una asociación para que luego el juez archive el caso”.

Acabar con esta situación y evitar actuaciones policiales y judiciales “innecesarias” es lo que pretende el País Vasco, ha asegurado Barriuso, quien cree que el debate ha sido confuso.

Cuando se le pregunta sobre si entre los objetivos dela Federación está la legalización de la venta de cannabis, Barriuso responde con otra pregunta: ¿”Qué es la legalización?”.

“Nosotros estamos en contra del modelo holandés de Cofee Shop, en contra de que se creen circuitos comerciales de carácter lucrativo para el cannabis, y defendemos un modelo en el que cualquier consumidor pueda producir por sí mismo o pueda delegar esa actividad en una sociedad sin ánimo de lucro, en la que no haya reparto de beneficios y la gestión sea democrática”.

Insiste en que el objetivo de los clubes es que nadie haga negocio con el cannabis como ocurre con el tabaco.

En ese caso, se correría el riesgo de se deteriorase la calidad del producto o se ocultase información sobre sus riesgos.

Además, el ciudadano no tendría derecho a controlar el proceso de producción y se convertiría en un consumidor “enganchado a un producto con el que están comerciando a su costa”.

Mediante las asociaciones cannábicas se crea un circuito cerrado fuera del alcance de los adolescentes.

Desde la FAC se defiende que el consumo se limite a los adultos y ven “con preocupación” el consumo adolescente que se da en España, que les parece “inaceptable”.

“En las asociaciones informamos de los riesgos, pero como personas adultas que somos asumimos esos riesgos al igual que cuando cogemos un coche o utilizamos una motosierra”, afirma tajante Barriuso.

(Agencia EFE)

Fuente LaInformacion

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Periódicos como The Guardian  hablan ya de cuarenta clubs privados de cannabis en España, y esto solo parece el comienzo, si el cannbais esta prohibido consumirlo en espacios públicos es normal  que este tipo de agrupaciones privadas estén proliferando en la península ibérica.

El número de clubes de cannabis exclusivos para socios está aumentando en España gracias a que los consumidores aprovechan que la ley permite su consumo en privado. El amplio club situado en un antiguo restaurante en Paracuellos del Jarama, pequeño pueblo cercano a Madrid, está equipado con bar, cocina, mesas de billar y televisores. El presidente de la asociación, Pedro Álvaro Zamora, afirma: “Esto no es Amsterdam, no se trata de un coffee shop. Es la sede de nuestra asociación y es un lugar privado”. Es el más sofisticado de los hasta 40 clubes de cannabis que han surgido en garajes y trasteros de toda España desde que los consumidores de cannabis entienden que las leyes que ilegalizan el consumo en público no son aplicables a clubes privados exclusivos para socios.

Fuente Cannabismed