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Mientras que la legalización de la marihuana ha esculpido el paisaje en los Estados Unidos, ese mismo cannabis tiene un modelo muy diferente en la vieja Europa. La forma más común para que los consumidores de marihuana puedan acceder y consumir con seguridad es en los clubes sociales de cannabis (CSC) o asociaciones.

Estos clubes primero aparecieron en los Países Bajos, pero se han vuelto más y más populares en toda Europa, especialmente en España y Bélgica. Al igual que un jardín colectivo, los clubes sociales de cannabis tienden a ser organizaciones sin ánimo de lucro que se cultivan su propio cannabis y luego lo distribuyen entre los miembros del club, que pagan una cuota de socio para comprar y consumir el producto en un ambiente seguro y controlado.

logo (9)Mambo Social Club es el segundo club social de cannabis de Bélgica, y a apelado un caso en su contra en el tribunal de Amberes esta semana. El club fue condenado por el Tribunal de Primera Instancia el año pasado por cultivo y posesión de cannabis, Michel Degens se mantiene optimista de que habrá un resultado positivo:

Los Cannabis Social Clubs ofrecen una alternativa segura a los consumidores adultos que no quieren comprar cannabis en el mercado negro. Es un modelo sin fines de lucro de producción y distribución de cannabis que promueve la salud, la seguridad y la responsabilidad. Los CSC son la solución, no el problema “.

El principal objetivo del club es reducir el riesgo y los daños asociados al cannabis en el mercado negro mediante el control y limitación de consumo y tomando medidas que garanticen la elegibilidad de sus miembros. Este es precisamente el tipo de consumo responsable de cannabis que debe ser recompensado y no castigado. Tal vez un día la corte en Amberes traiga un poco de luz y claridad a este tema, le deseamos la mejor de las suertes en Bélgica!

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El fiscal jefe de la Fiscalía Especial Antidroga, José Ramón Noreña Salto, informó de que en España actualmente hay 381 clubes de marihuana, y alertó de la “falta de regulación” en ellos.

El 47 por ciento de los clubes están en Cataluña, otro 40 por ciento en el País Vasco y el 16 por ciento en Madrid. La Comunidad Valenciana y Canarias tienen 9, Andalucía 5, 3 en Baleares y Navarra, 2 en Castilla y León; y otros 2 en Galicia.

En comparecencia en el Senado, Noreña Salto dijo que han habido 149 clubes de cannabis suspendidos, ocho están en proceso de inscripción y 12 han sido desistidos. También dijo que hay poca regulación sobre los clubes. Además dijo que si bien el derecho de asociación es “legal y está reconocido”, no lo es cuando se cultiva y distribuye droga.

   “Hemos detectado que en los estatutos de registros de muchas asociaciones hay referencias al cultivo y distribución, lo que podría encajar en el artículo 368, y siguientes, del Código Penal y, por tanto, ser objeto de apertura de diligencias de investigación para comprobar el funcionamiento legal de dichas asociaciones”, dijo el fiscal

También habló de la “dificultad” que supone comprobar que en una asociación planta marihuana, señalando la detección de casos de clubes que plantaron sin ningún permiso de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS).

El Fiscal Especial Antidroga explicó que para ilegalizar alguna asociación de cannabis, se tiene que comprobar si hay cultivo y evaluar las cantidades intervenidas para comprobar si se está ante un supuesto caso excesivo de autoconsumo compartido.

Por otra parte, el fiscal especial Noreña Salto insistió en la necesidad de aumentar la regulación de estas asociaciones puesto que se han dado casos de personas que acuden a varios de estos clubs y luego venden la marihuana en la calle. Noreña ha abogado por ampliar este debate “serio” para conocer hasta dónde se pueden regular y los compromisos internacionales que hay entorno a ellos.

Hay necesidad de abrir un debate y regular estas asociaciones en términos “muy concretos” también es una de las propuestas formuladas en el Senado por los representantes de los clubs de cannabis, quienes lamentan que se penalice el consumo de marihuana y, que “nunca” se haya regulado en qué términos serían legales.

El representante de la Federación de Asociaciones de Personas Usuarias de Cannabis (FAC), Martín Barriuso Alonso, aseguró que los menores de edad tiene prohibida la entrada, reconociendo que en algunos se permite la entrada a partir de los 18 años y otros a partir de los 25 años.

   “Los clubes cannábicos no producen beneficios, pero sería importante regular cuántos kilos pueden tener”, señalando que existen bodegas de vino que almacenan “cientos de dosis de alcohol y nadie lo considera ilegal”.

El representante de la Federación de Asociaciones Cannábicas Autorreguladas de Cataluña (FECAC), Óscar Parés, destacó la necesidad de regular los ‘test’ de drogas en las carreteras porque, tal y como ha aseverado, el cannabis dura en el organismo varios meses y estas pruebas no detectan el momento en el que se ha consumido.

Finalmente, la representante de la Plataforma de Asociaciones de Usuarios de Cannabis (PAUC), María Fernanda de la Figuera, también aseguró que el actual tratamiento del cáncer “no sería el mismo” si no fuera por la “aportación que ha hecho el cannabis” a la medicina. “Si se ampliara su uso se ahorrarían muchos millones a la sanidad”, ha zanjado. Más información en TeInteresa

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Después de que UPyD e Izquierda Plural hayan pedido en la Cámara alta que se despenalice la producción, el comercio y el consumo del cánnabis, varias asociaciones de consumidores presentan una propuesta de regulación del sector.

El pasado mes de julio, Unión Pogreso y Democracia (UPyD) pedía en el Congreso que se despenalizara la producción, el comercio y el consumo de cánnabis en España. En su Proposición No de Ley (PNL), el partido de Rosa Díez insistía en que la legalización permitiría acabar con el narcotráfico asociado a esta droga y remarcaba que “el marco legislativo vigente ignora la realidad social”. Un marco legislativo que castiga el tráfico, pero no el autoconsumo de la sustancia ilegal más consumida del mundo, y una realidad social que coloca a España en el tercer puesto de países europeos con mayor consumo de cannabis, según la Federación Mundial contra las Drogas.

En las antípodas de UPyD, al otro lado del arco parlamentario, coinciden con el diagnóstico: hace menos de una semana, el grupo parlamentario de la Izquierda Plural registró una PNL para que el Congreso debata sobre las “reformas legislativas necesarias, tanto del Código Penal como de la Ley de Seguridad Ciudadana, para despenalizar totalmente el consumo y la tenencia de los derivados del cánnabis”.

Ideas, todas ellas, que se escucharán este martes en la Comisión Mixta del Congreso para el Estudio del Problema de las Drogas, donde tres plataformas cannábicas (Fac, Pauc y FedCat) reclamarán que la Cámara baja “tome consciencia de una realidad social inapelable”, “deje atrás los parches legales” y “avance en una verdadera regulación que implique un cambio legislativo como por ejemplo una Ley de Cánnabis Integral”, cuenta a Público Martín Barriuso, portavoz de la Federación de Asociaciones Cannábicas de España (Fac). El objetivo de la comparecencia es pedir que se cree una comisión de expertos que elabore una propuesta de regulación.

La producción industrial de marihuana en España se ha quintuplicado entre 2009 y 2013 y el decomiso de plantas de cannabis ha crecido un 532%, según el Ministerio del Interior. Cerca del 30% de los jóvenes españoles asegura haber probado el cánnabis alguna vez, según la última encuesta del Plan Nacional sobre Drogas, y el 47% está a favor de legalizarlo, según el último Eurobarómetro sobre la relación entre la juventud y las drogas.

El movimiento cannábico lleva 13 años reclamando que “las leyes se adecúen a la realidad social”, insiste Barriuso, pero dada la “inacción de los políticos”, aprovecharon el vacío legal resultante de que el tráfico de cánnabis esté prohibido pero no el autoconsumo para poner en marcha los llamados clubes cannábicos.

La federación calcula que en España hay más de 700 locales de este tipo, que engloban a unas 200.000 personas. A la espera de una regulación que establezca normas a nivel estatal, los centros tienen libertad para decidir su funcionamiento, basado generalmente en limitar el acceso a menores de edad, aceptar sólo a personas que vengan avaladas por otro socio y ser colectivos sin ánimo de lucro.

Estos espacios de consumo, donde se puede comprar marihunana, empezaron a crearse en Catalunya, donde la Federació d’Associacions Cannàbiques de Catalunya (CatFac) calcula que hay más de 400 clubes que acogen a más de 100.000 socios. Su portavoz, Jaume Xaus, explica que la existencia de estos clubes regulados “evitan el mercado negro” y promueven “la prevención y la detección precoz de riesgos” porque cuentan con profesionales médicos y jurídicos. Además, hay limitación de consumo: un socio no puede comprar más de 60 gramos al mes o más de 15 gramos a la semana.

A pesar de la presión de la Administración sobre estos centros -el Ayuntamiento de Barcelona cerró casi 50 el pasado mes de agosto y ya no da licencias para tal uso- en Catalunya se es consciente de la necesidad del debate. Por ello, la Comisión de Salud (liderada por la Agencia de Salud Pública de Catalunya y con representación de la Policía, la Administración Local, entidades jurídicas y la Fiscalía de Catalunya) llevará el mes que viene al Parlament un borrador de Propuesta de Buenas Prácticas para regular el autoconsumo de cánnabis en la comunidad.

El motor del debate han sido las asociaciones cannábicas, pero también los colectivos que trabajan en la prevención de la drogoadicción. “El cannabis no puede seguir en un marco de desregulación que beneficia principalmente a organizaciones criminales con enormes rendimientos económicos”, afirma a Público Josep Rovira, jefe del área de drogas de la asociación Benestar i Desenvolupament (ABD). La Federació Catalana de Drogodependències -que agrupa a ésta y otras entidades- critica en un manifiesto las políticas prohibicionistas porque “criminalizan al consumidor” y porque “no han logrado reducir el mercado ni el consumo”.

De hecho, la Ley de Seguridad Ciudadana, conocida también como Ley Mordaza, ha elevado las sanciones por tenencia y consumo de cánnabis (la multa mínima pasa de 300 a 601 euros) y no permite sustituir las multas por programas de rehabilitación en el caso de los menores de edad.

Tener el sector regulado haría posible un modelo restrictivo de club para limitar el número de socios y las cantidades de cultivo y “permitiría la reducción de daños y riesgos porque podrían evitarse malas prácticas, como las que se han dado en algunos clubes de Barcelona, que se lucraban y hasta vendían a menores”, explica a PúblicoTeresa Brugal, responsable de Adiciones de la Agència de Salut Pública de Barcelona (ASPB), dependiente del Ayuntamiento.

En Euskadi, otra de las regiones pioneras en esta lucha, PNV, Bildu y PSE han consensuado un informe para solicitar al Parlamento que legisle y normalice el funcionamiento de los clubes.

En Madrid, la Federación Madrileña de Asociaciones Cannábicas (MadFac) y otros 25 colectivos vinculados a otros ámbitos sociales, como la prevención y reducción de riesgos, trabaja en la regulación responsable de los clubes, una iniciativa que parte de una agrupación de ciudadanos y organizaciones sociales respaldada por “líderes de opinión, referentes de la cultura, de la política, de la salud, del derecho y personas de los más diversos ámbitos han mostrado su apoyo”, reza su página web. Igual que en Catalunya, proponen el registro de clubes, un protocolo de actuación policial, vetar la entrada a menores de 21 años, planificar la producción y no hacer apología del consumo, entre otras propuestas.

La iniciativa, presentada el pasado mes de septiembre y todavía en fase embrionaria, está orientada hacia una regulación integral y cuenta con una comisión formada por expertos técnicos, médicos y juristas.

“El 80% de los consumidores accede al cánnabis mediante redes ilícitas, sólo el 20% lo hace en clubes o a través del autoconsumo”, explican en un vídeo, “por eso la regulación del sector permitiría -además del control de acceso a menores y la reducción de daños y riesgos asociados al consumo- un ahorro en recursos policiales, judiciales y penitenciarios y un ingreso de impuestos que podrían destinarse a Sanidad o Educación”.

El asesor jurídico de MadFac, Bernardo Soriano (S&F Abogados), explica a Público todas estas iniciativas son la prueba de que, en los últimos años, el escenario está cambiando. “Se está demostrando que las políticas prohibicionistas han fracasado, que con ellas no se reduce la oferta ni las adulteraciones. Sabemos que con el PP es imposible avanzar, pero sí esperamos que en 2016, si hay cambio de Gobierno, se llegue a un consenso para cambiar la ley”, confía.

El espejo en el que se miran estos colectivos son las recientes experiencias en Colorado y Washington, donde se legalizó el cannabis para uso recreativo a finales de 2012, y Uruguay, que a principios de año aprobó la venta de esta sustancia en farmacias.

“Lo principal es que se trata de un fenómeno que ya es una realidad. Hay pequeños camellos por todas partes que no garantizan el coste ni el servicio y que pueden poner a disposición de los consumidores otro tipo de sustancias. Los clubes son plataformas seguras para comprar y consumir, y además, inciden en la salud”, insiste Xaus.  Fuente

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«No somos ‘narcos’». Así de contundente se muestra Dominique Geerlings, presidenta de una de las asociaciones cannábicas que hay en Málaga. La que representa se llama OrganiCannabisClub y el tesorero es su hijo Bob Castillo. Se encuentra situada en el Soho.

Con más de 300 socios en el club, Geerlings explica el funcionamiento de su asociación: «Aquí para entrar tienes que ser socio y para ello debes cumplir con una serie de normas». Entre otras se encuentra la de firmar un papel en el que la persona reconozca que consume habitualmente esta sustancia o que la necesita para uso terapéutico.

Y es que los socios pueden consumir cannábis en el local de la asociación, después de pagar 10 euros de inscripción y una cuota mensual de cinco euros. La sustancia que fuman procede del cultivo colectivo que realiza el organismo con el solo propósito del consumo personal de sus miembros, que pueden retirar un máximo de 60 gramos al mes, expone Geerlings.

«A nadie le gusta tener que ir a un barrio marginal para comprar ‘maría’», insiste. Por eso, entre sus socios hay muchas mujeres, así como algunas personas mayores y hasta licenciados.

Geerlings asevera que hay muchos consumidores de cannábis, por lo que en la asociación se persigue la normalización del cannábis, pero no solo de su consumo, sino también de otros aspectos como su uso industrial. De hecho, en el club se organizan actividades para impulsar este aspecto. «Lo último ha sido crear un equipo de fútbol 7», añade.

Por eso, esta holandesa afincada en Málaga desde hace más de 10 años, asegura no entender por qué la Policía entra en la asociación. «Cumplimos con las normas y nunca han llegado a cerrar el local», señala.

Geerlings afirma que en la asociación son contundentes si algún socio no cumple con las normas. Pone un ejemplo reciente, en el que uno de ellos se dedicaba a vender en la calle la dosis a la que tenía derecho: «Cuando nos enteramos, lo echamos inmediatamente y a la persona que lo trajo al club también». Fuente

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El 13 de agosto el Ayuntamiento de Barcelona  ordenó el cierre de 49 asociaciones cannábicas por deficiencias en su funcionamiento. Los clubes clausurados en el marco de la operación sativa representan más de un tercio del total de los 145 clubes que hay en la capital catalana. La comisión de gobierno del consistorio ya había aprobado suspender la apertura y ampliación de clubes cannábicos durante un año, y escenificó así mano dura contra este tipo de locales. A principios de agosto el rotativo británico The Guardian se refirió en Barcelona como el Amsterdam del sur y denunció que, mientras en esta ciudad holandesa se ​​está restringiendo la venta de cannabis, en Cataluña ha habido una gran proliferación de este tipo de clubes.

Hasta ahora el foco político y mediático se ha centrado en los negocios que cometían ilegalidades y que buscaban principalmente un afán de lucro. Sin embargo ¿cómo  funciona un club que cumple todas las normas? La asociación Actúa, situada en el barrio del Born, abrió en agosto del 2012 y asegura que nunca ha tenido ninguna queja de los vecinos y que nunca ha recibido ningún aviso de la administración. “No hemos tenido ningún problema con el Ayuntamiento porque no les hemos dado motivos. Si causaramos molestias, hubiesemos tenído “, explica el presidente del club, Miguel Estrada. Además, recuerda que el Ayuntamiento no había puesto palos en las ruedas a los clubes cannábicos hasta ahora.” Durante los últimos dos años no se habían mostrado preocupados para estos locales “.

“La proliferación de las asociaciones que vulneran la ordenanza nos perjudica a todos”, y añade que “dañará” todo el trabajo que ha hecho el movimiento cannábico a nivel asociativo. “Era necesario poner orden”, defiende, aunque cree que se han visto perjudicados algunos locales que “sí cumplían la normativa”. La asociación Actúa decidió abrir las puertas hace dos años para normalizar el consumo de marihuana y así poder tener un control sobre lo que se fuma. “Si una persona que quiere consumir cannabis debe ir a la calle a buscar, no sabe qué es lo que realmente va a fumar. Además, a través del camello podría tener acceso a otro tipo de sustancias estupefacientes. En cambio, esto en los clubes cannábicos no pasa “, defiende el presidente. No obstante, la psiquiatra especialista en drogas Carmen Vecino alerta del peligro de este tipo de cannabis: es mucho más fuerte y puede tener efectos más nocivos. “Este tipo de droga tiene una pureza que no tenía antes, y esto, a la larga, puede causar más problemas psicológicos explica. Lo que sí es positivo es que esta droga deje de estar en manos de las mafias “, reconoce.

Consumo “banal”

Dos años después de su apertura, Actúa tiene 1.600 socios registrados, pero sólo 400 van de manera habitual. Cada día pasan una media de 40 personas. Para poder hacerse socio hay que tener algún conocido dentro de la asociación. Una vez el usuario se ha registrado , tiene que pagar una cuota anual de 10 euros y cada mes una cuota variable dependiendo del grado de consumo. Para poder adquirir cannabis debe llenar una solicitud y hacer un cálculo aproximado de lo que querrá ese mes. “De esta manera nosotros podemos hacer una previsión de lo que tenemos que cultivar”, detalla el presidente de la asociación. El consumo máximo permitido en este club es de 60 gramos al mes, que equivaldría a entre 300 o 400 euros, según el tipo de marihuana que se escoja. Estrada explica que este consumo es muy elevado y que cuando un usuario lo supera desde la asociación se le hace “un toque de atención”. “El perfil medio del socio es totalmente transversal, de edades comprendidas entre los 21 años hasta los 70, que se dedican a un abanico amplísimo de profesiones diferentes”, Estrada explicó, que añade que el consumo medio es de entre 50 o 60 euros al mes. La psiquiatra comenta que este consumo medio detallado por Estrada “no es banal” y advierte que aún no están establecidos los límites de riesgo de un consumo mínimo y que, por tanto, los efectos que se pueden sufrir son “una lotería”.

Las consecuencias del consumo podrían ser afectaciones en el pulmón, el sistema nervioso central y el cerebro, entre otras muchas. “Se trata de una droga depresora y que de manera rápida genera el síndrome amotivacional, que hace que el fumador tenga pocas ganas de moverse y de hacer actividades”, detalla. Actúa está abierto de 11 a 14 horas y de 17 a 22 horas y vende mayoritariamente hierba, pero también derivados (hachís), con un precio similar al que se puede encontrar en la calle. La marihuana la cultivan en espacios alejados del local, “Para que nadie se moleste”, para evitarse problemas. Ser socio de este local permite poder consumir dentro del local, poder comprar la dosis de cannabis que se quiera y también poder acceder a un servicio de asesoramiento jurídico para hacer frente a posibles multas. “Antes de ser socio de este local tenía que ir con la piedra en el bolsillo por la calle, y me arriesgaba a ser multado “, explica Carlos, un socio de Actúa de 37 años que hace 20 que fuma cannabis . En este sentido, el presidente de la asociación denuncia que los consumidores de esta sustancia tienen “menos derechos” que los demás ciudadanos. “Si te paran por la calle y portas el material encima, aunque no te lo estés fumando ya te multan”, describió. Estrada cree que los que más lo sufren son “los jóvenes” y que la existencia de estos clubes permite que los consumidores no estén “tan castigados”.

En este local la principal actividad que se practica es fumar marihuana, pero Estrada asegura que también se organizan barbacoas, partidos de fútbol y cenas. “Venir aquí es como ir a comprar el pan”, explica Carlos, que expresa que fue porque lo tiene al lado de casa y porque aquí puede fumar mientras charla con gente con la que tiene un nexo común: la afición por el cannabis. Fuente

 Hace unas semanas se anunciaba la regulación de las asociaciones cannábicas en Cataluña. Por fin, después de décadas de lucha, las políticas sobre cannabis parecían admitir algunos de sus errores del pasado y encaminarse hacia una ley más cercana a la realidad.

En Cannabis Magazine celebrábamos por todo lo alto la simple “presunción de existencia” y dedicábamos unas alentadoras líneas a este hecho.

Sin embargo, las detenciones, las incautaciones y las órdenes de clausura se acumulan en las comisarías de Barcelona y, cada día, nos levantamos con una mala nueva.

El arresto de los máximos representantes de la FEDCAC (federació d’associacions cannàbiques autoregulades de Catalunya) y la clausura de emblemáticas asociaciones barcelonesas solo ha sido el preludio de una situación, cuanto menos, contradictoria.

Citando las palabras de Albert Tió, portavoz de la FEDCAC, “Mientras Salud está por la labor, Interior ha dejado de estarlo y ha emprendido una persecución jurídica y policial”. Luego entonces, perdonen que me pierda, ¿por qué este acoso en los albores de la regulación?

La realidad es que la desatención de las asociaciones cannábicas por parte de la administración se ha convertido en caldo de cultivo para malas praxis y promotores asociativos que desconocen, por completo, los fines de cualquier tipo de asociación. Ahora, que ya se ha causado el daño, ¿no sería mejor esperar a que se produzca la regulación para controlar exhaustivamente a las asociaciones existentes?

Por si fuera poco, las amigables visitas de la Guardia Urbana a diferentes clubes (no es irónico, os sorprenderíais con la cercanía de algunos agentes) se han convertido en cartas de cese de actividad y clausura debido al incumplimiento de ciertas… ¿premisas?

Las demandas de las federaciones cannábicas, que llevan años tras la búsqueda de un diálogo con la administración, siempre se han fundamentado en conseguir seguridad jurídica para los clubes que cumplen sus estatutos y llevan a cabo una autoregulación caracterizada por la transparencia y el autoconsumo de marihuana. Por lo pronto, este no parece el camino que tomará la regulación catalana.

Queremos expresar nuestro apoyo a las federaciones cannábicas catalanas y recordar a nuestros lectores que algunas personas están siendo acosadas y poniendo en peligro su libertad por algo que nos beneficiará a todos en un futuro no muy lejano. Fuente

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La Iniciativa Legislativa Popular promovida y apoyada por entidades como el Partido RCN/NOK, Clubes Sociales de Cannabis de Navarra y otras asociaciones de diferentes ámbitos, busca la seguridad jurídica para los clubes de marihuana en Navarra. Para ello cuenta ya con las firmas necesarias para poder sacarla adelante cuando tan solo han transcurrido dos de los seis meses de plazo con los que contaban.

La iniciativa esta abierta a todas las personas y entidades que quieran apoyarla. La (ILP) busca seguridad juridica para todas aquellos usuarios de cannabis ludicos o con fines terapeuticos que a través de un club de cannabis puedan consumir sin temor a ser perseguidos y con las garantías de calidad que estos clubes pueden proporcionar.

La ILP entiende que el consumo de cannabis está normalizado en la sociedad hoy en día y que las politicas realizadas solo castigan al usuario incluyendo a enfermos, beneficiando el mercado negro y a la mala información. Al no ser una sustancia inocua (aunque no ha matado a nadie) es necesario regularla para poder informar mejor a sus consumidores, además estos clubes de consumo dificultan el acceso a los menores. Otra de las ventajas de este tipo de asociaciones privadas de cannabis posibilitará políticas educativas para reducir riesgos entre los usuarios, facilitanto el acceso a enfermos y facultativos.

Os dejamos la propuesta reguladora de los colectivos de usuarios de cannabis en Navarra

1.- EXPOSICIÓN DE MOTIVOS.

La presente Propuesta de Ley Foral pretende insertar en la legislación actual a los Colectivos de Usuarios de Cannabis en Navarra o Clubs de Consumidores y Consumidoras de Cannabis,  aportando seguridad jurídica tanto a las personas que componen dichos colectivos como a la sociedad en general, beneficiándose, de esta manera, la protección de la salud pública.

Una de las sustancias más consumidas actualmente en Navarra es el Cannabis Sativa, tanto en su carácter lúdico como por sus efectos paliativos para determinadas dolencias.

El Cannabis Sativa se encuentra incluida en la lista I de la Convención Unica sobre Estupefacientes de las Naciones Unidas, sometida a fiscalización internacional, y es considerada como una sustancia que no causa grave daño a la salud.

La posesión de esta sustancia adquiere relevancia penal y administrativa en la legislación actual, siendo el bien jurídico protegido el de la salud colectiva.

Así, en el artículo 368 del Código Penal se considera que comenten un delito de tráfico de drogas, como peligro de delito abstracto, “Los que ejecuten actos de cultivo, elaboración o tráfico, o  de otro modo promuevan, favorezcan o faciliten el consumo ilegal de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas, o las posean con aquellos fines”.

En su ámbito administrativo, la Ley Orgánica 1/92, de protección de la seguridad ciudadana, artículo 25, considera como sanción grave “el consumo en lugares, vías, establecimientos o transportes públicos, así como la tenencia ilícita, aunque no estuviera destinada al tráfico, de drogas tóxicas, estupefacientes, o sustancias psicotrópicas, siempre que no constituya infracción penal, así como el abandono en los sitios mencionados de útiles o instrumentos utilizados para su consumo”.

La Jurisprudencia considera, atendiendo a las citadas normas, así como a la realidad social, que el consumo de dichas sustancias escapa del tipo penal del artículo 368 cuando se lleva a cabo de forma personal y sin riesgo para la salud colectiva. Igualmente, no constituirá infracción administrativa si dicho consumo o tenencia no se lleva a cabo en lugares públicos.

El consumo de Cannabis, por tanto, no constituye ilícito penal o administrativo cuando se somete a los límites impuestos por la norma e interpretados por la Jurisprudencia, admitiéndose dentro de dichos límites tanto el consumo compartido como el abastecimiento para el consumo propio.

En este régimen legal, las personas consumidoras de Cannabis vienen buscando un espacio que les otorgue seguridad jurídica tanto en lo que respecta al consumo como a lo referido a su autoabastecimiento. Fruto de las reflexiones que llevan a cabo las distintas asociaciones de dicho ámbito, y con la perspectiva abierta a nivel internacional respecto a la regulación del consumo y cultivo de esta planta, han surgido los llamados Clubes de Consumidores  y Consumidoras de Cannabis.

Estos Clubes, constituidos como asociaciones sin ánimo de lucro, y por tanto, al amparo del derecho de asociación, proliferan también en nuestra Comunidad, y necesitan de una regulación que les otorgue seguridad jurídica como entidades, y que a su vez permita su actividad con plena seguridad tanto para sus integrantes como para la sociedad en general.

Esta Ley Foral regulará, por tanto, la constitución de los Clubes, como colectivos privados de usuarios de Cannabis sativa, respetando siempre los límites impuestos por la ley y la jurisprudencia.

En cuanto asociaciones sin ánimo de lucro, les será de aplicación lo dispuesto en la Ley Orgánica 1/2002, de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación, así como la normativa foral al respecto.

Tanto los fines y objetivos, como la organización interna de los Clubes deberán respetar siempre los límites establecidos por la Jurisprudencia, garantizando que las personas que integren el Club sean ciertas y determinadas, que todas ellas sean consumidores con anterioridad a la entrada en el Club, que el consumo de la sustancia se lleve a cabo en lugar cerrado y de manera conjunta, que las cantidades de sustancia sean pequeñas y no excedan del consumo personal, y evitando en cualquier caso que las sustancias puedan llegar a terceros ajenos al Club.

Las sedes en las que se desarrolle la actividad de los Clubes deberán respetar las ordenanzas municipales y habrán de obtener licencia de actividad, atendiendo a la normativa en vigor y, en su caso, a lo dispuesto en Ley 28/2005, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro y la publicidad de los productos del tabaco –modificada por la Ley 42/2010, de 30 de diciembre-, especialmente a lo dispuesto para los clubes privados de fumadores.

Por último, resulta de general interés que las Administraciones Públicas, tanto autonómica como locales, promuevan espacios de intercambio de información y coordinación con los Clubes o asociaciones que los representen, al objeto de mantener un efectivo control sobre la calidad de las sustancias que se consuman, la actividad de los Clubes y, en general, todos aquellos temas que redunden en beneficio de la salud pública y reduzcan el acceso a mercados ilícitos por parte de los consumidores y consumidoras de Cannabis.

CAPÍTULO I: DISPOSICIONES GENERALES.

Artículo 1.- La presente Ley Foral tiene como objeto establecer las normas generales para la constitución, organización y  funcionamiento de los Clubes de Personas Consumidoras de Cannabis.

Artículo 2.- Esta Ley Foral tendrá como ámbito la Comunidad Foral, y respetará la competencia de las entidades locales en lo que sea de aplicación al establecimiento y actividad de los Clubes de Personas Consumidoras de Cannabis.

Artículo 3.- La presente Ley Foral se ampara en lo dispuesto en el la Ley Orgánica 1/2002, de 22 de marzo, reguladora del derecho de Asociación, en cuanto a la consideración de los Clubes de Personas Consumidoras de Cannabis como Asociaciones sin ánimo de lucro.

Artículo 4.- Los Clubes de Personas Consumidoras de Cannabis regirán su actividad según lo dispuesto en la Ley Orgánica 1/2002, de 22 de marzo, reguladora del derecho de Asociación y en esta Ley Foral.

Artículo 5. Relaciones con la administración.

Los Clubes de Personas Consumidoras de Cannabis mantendrán una relación fluida con las Administraciones Públicas, colaborando en el establecimiento de medidas de control sanitario y potenciando el consumo responsable de sus integrantes. Para ello se crearán aquellos órganos o entidades que se requiera con participación de técnicos, representantes de las Administraciones y miembros de los Clubes o quienes les representen.

CAPÍTULO II: CONSTITUCIÓN DE LOS CLUBES DE PERSONAS CONSUMIDORAS DE CANNABIS.

Artículo 6.- Los Clubes de Personas Consumidoras de Cannabis tendrán la forma jurídica de una asociación sin ánimo de lucro y su constitución se regirá por lo dispuesto en la Ley Orgánica 1/2002, de 22 de marzo, reguladora del derecho de Asociación. Deberán inscribirse en el Registro de Asociaciones del Gobierno de Navarra, facilitando la documentación exigida.

Artículo 7.- Los socios fundadores deberán ser consumidores habituales de Cannabis con anterioridad al inicio de la actividad del Club.

Artículo 8.- Entre los fines de los Clubes de Personas Consumidoras de Cannabis deberán constar, al menos, los siguientes:

ofrecer a las personas integrantes formación en prevención de riesgos en el consumo del cannabis, así como la reducción de daños por su consumo;

el control tanto del consumo por sus integrantes como de la sustancia;

informar y facilitar a los usuarios acerca del consumo propio;

trabajar por la disminución del mercado ilícito de venta de cannabis.

Artículo 9.- Los locales en los que se establezcan los Clubes de Personas Consumidoras de Cannabis deberán cumplir con lo dispuesto en las ordenanzas municipales respecto a su localización, estructura y normas de salubridad e higiene, incluyendo las previsiones de la Ley 28/2005, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro y la publicidad de los productos del tabaco, en su caso.

Los espacios destinados a la atención al público o al que pueda acceder otras personas que no sean socias, deberá estar totalmente separado físicamente de los espacios destinados al consumo.

Las Entidades Locales podrán regular, en ejercicio de sus competencias, los requisitos que consideren oportunos para la apertura de locales destinados a la actividad de Clubes de Personas Consumidoras de Cannabis.

CAPÍTULO III: ORGANIZACIÓN Y FUNCIONAMIENTO.

Artículo 10.- Los Clubes de Personas Consumidoras de Cannabis se organizarán internamente por lo dispuesto en LO 1/2002, por sus Estatutos y por su Régimen Interno.

Artículo 11.- En su actividad, los Clubes de Personas Consumidoras de Cannabis deberán cumplir con los requisitos sanitarios y de seguridad que se establezcan para el consumo del Cannabis por sus integrantes

Artículo 12.- Los Clubes de Personas Consumidoras de Cannabis deberán llevar a cabo actividades dirigidas a sus miembros tendentes a evitar el consumo abusivo y a facilitar un uso responsable del Cannabis.

Artículo 13. – Los Clubes de Personas Consumidoras de Cannabis están obligados a limitar la entrada a los locales en que se desarrolle cualquier actividad de consumo únicamente a sus integrantes.  

Artículo 14.- En el Club se deberá elaborar un registro de sus integrantes, con los datos personales correspondientes, que permita en cualquier momento determinar quienes son  las personas que conforman la Asociación, siempre con todo respeto a la normativa de protección de datos. 

Artículo 15.- Podrán ser socios y socias de los Clubes de Personas Consumidoras de Cannabis las personas mayores de edad que acrediten su condición de consumidores de cannabis con anterioridad a la presentación de su solicitud de ingreso. 

Artículo 16 .- Los Clubes de Personas Consumidoras de Cannabis podrán nombrar socios o socias honoríficas a aquellas personas que reciban de la Asociación tal calificación por su aportación al estudio, investigación o desarrollo del Cannabis. Dicha consideración deberá ser aprobada por la Asamblea General, a propuesta de la Junta Directiva.

Artículo 17. – Además de los socios de pleno derecho y de los socios honoríficos, podrán integrar los Clubes de Personas Consumidoras de Cannabis los denominados socios y socias activistas, que serán aquellas que por su condición, colaboren en labores de normalización del Cannabis en los ámbitos de su competencia.

Artículo 18 .- Todas las personas integrantes del Club deberán cumplir con lo dispuesto en las leyes y en las normas internas de funcionamiento.

Artículo 19. – Todas las personas integrantes del Club, tanto socios o socias de pleno derecho, como honoríficos o activistas, deberán recibir formación en prevención de posibles riesgos y daños asociados al consumo de Cannabis.

Artículo 20. – Los Clubes de Personas Consumidoras de Cannabis procurarán que sus integrantes de pleno derecho accedan a consumir una sustancia lo más orgánica posible y libre de adulteraciones, debiendo someterse la sustancia a los controles sanitarios que se establezcan.

Artículo 21. – Las personas integrantes de los Clubes tienen derecho a estar correctamente informados sobre el Cannabis, sus propiedades, sus efectos y los posibles riesgos o daños que pudieran derivar de su consumo, así como de los modos de administración alternativos a los cigarrillos.

Artículo 22. – Son deberes de las personas asociadas hacer un consumo responsable del Cannabis, así como evitar la propaganda, publicidad o promoción del consumo del Cannabis a personas ajenas al Club.

Se establecerá, mediante declaración jurada firmada por cada asociado y asociada, el compromiso de no realizar un uso ilícito o irresponsable de las sustancias adquiridas en el Club.

Los estatutos u otras regulaciones de régimen interno contemplarán como causa de expulsión la inobservancia de cualquiera de estas obligaciones, procediendo por la Junta Directiva a la correspondiente denuncia a las entidades pertinentes, sin que para ello genere perjuicio alguno a dicha asociación.

Artículo 23. – Las personas asociadas no podrán retirar más de la cantidad de Cannabis Sativa, o alguno de sus derivados o extractos por persona y día que la establecida por la Asociación, calculada según las medidas de prevención de riesgos y en función de los estándares internacionales.

DISPOSICIÓN ADICIONAL PRIMERA . Las Administraciones Públicas promoverán la creación de órganos de colaboración entre éstas y los Clubes de Personas Consumidoras de Cannabis, o entidades que los representen, para intercambiar información a efectos estadísticos, establecer medidas de control sanitario, participar en la elaboración de planes de prevención, ofrecer formación acerca del consumo responsable y los riesgos que conlleva o cualquier otra cuestión relativa al consumo del Cannabis en la Comunidad Foral de Navarra. 

DISPOSICION ADICIONAL SEGUNDA . Los Clubes de Personas Consumidoras de Cannabis podrán crear entidades que los agrupe para la consecución de los intereses que les son comunes, así como para su representación ante las Administraciones Públicas y la sociedad en general. 

Tu papel importa y mucho. IPL

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Las Asociaciones Cannabicas de Cataluña valoran positivamente las actuaciones de la Guardia Urbana en Barcelona, pero dicen que las cosas no se están haciendo del todo bien.
Jose Afuera, Presidente de la Federación de Asociaciones Cannabicas de Cataluña, asegura que se está actuando demasiado rápido y eso ha creado inseguridad. Todo y creyendo que la regulación siempre será positiva, temen que pueda afectar a los negocios mas pequeños. Ahora bien, denuncia que haya gente que se ha confundido y ha querido convertir los clubs en un negocio.
-”El Ayuntamuiento está haciendo un favor a algunas asociaciones, porque se controlan y organizan un poco. Las nuestras asociaciones federales no hemos tenido ninguna incidencia con la guardia urbana i en la operación Sativa y estamos tranquilos”.

-”La regulación sera siempre positiva. Queremos ser transparentes, no tener ningún problema y trabajar con tranquilidad y seguridad jurídica”

-Alguno lo ha confundido y ha pensado que esto era Holanda, o que podía montar una tienda. Y a estos le tocará cerrar, pero ya era hora porque esto no da una mala imagen”

– “Creo que la actuación de la Guardia Urbana ha ido en la buena dirección, que cierren locales de los que venden a menores, pero todo esto ha pasado muy rápido y ha creado un poco de inseguridad”

-”Demandamos mas regulación de la producción, el transporte y la distribución de forma escalada. Que las asociaciones de menos de 50 socios tengan una regulación mas laxa”

-”Es importante que hagamos bien el modelo nuevo con el cannabis desde un principio. Hemos de pensar un modelo propio y bueno para la sociedad, ponerlo en marcha y que no nos de problemas como los que arrastra el alcohol y el tabaco”

Jose-Afuera-Tenemos muy cerca Septiembre y Octubre que teóricamente el Ayuntamiento y la Generalitat Catalana sacaran una regulación. Puede ser que este mes el ayuntamiento de Barcelona ha actuado un poco de corre prisa”

-”Me sabe muy grave que esto se vea como un negocio, las asociaciones cannabicas que no están hechas como un negocio… La asociación no quiere ganar dinero, sirve para defender los derechos de los usuarios”.

-”Un socio tiene quince dias para poder consumir. Para ser socio has de ser residente en Cataluña, para evitar narco turismo cannabico”

-”El tema de los turistas debemos de gestionarlo muy bien, ahora mismo están fuera de la ecuación. Puede ser de aquí a 5 o diez años si demostramos que es un modelo valido y no tenemos ningún problema, podríamos llegar más allá” Fuente

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-Las asociaciones cannábicas proliferan en España colándose por las grietas de una legislación difusa

-“La sociedad está preparada para la regulación pero no por la puerta grande”, apunta la Federación Nacional de estas entidades

-El Gobierno ha aumentado las penas previstas por tenencia y consumo en el espacio público

Hasta hace dos semanas, comprar hachís o marihuana era una actividad cotidiana más para Roberto. Sólo tenía que acercarse a su club de fumadores en un barrio del sur de Madrid, bajar al dispensario, pedir la cantidad y variedad que quisiera y pagar el precio estipulado por ello. “Sabía cuándo podía ir, qué tenían, a qué precios… me ofrecía seguridad”, cuenta.

Hace dos sábados apareció en su Facebook un anuncio de su club. “Nos vemos obligados a cerrar cautelarmente por orden del juzgado”. Vuelta a las andadas. Vuelta a buscar un camello que ofrezca alguna confianza, vuelta a las citas precavidas, a las visitas a casas extrañas –“quédate un rato que no se mosqueen los vecinos con tanto ir y venir”–, a las esperas en un parque, vuelta a ese sentimiento olvidado ya de las compras clandestinas de cannabis.

Roberto pertenece a ese 17% de jóvenes de entre 15 y 34 años que ha fumado esta sustancia en el último año en España, según el Observatorio Europeo de Drogas . La cifra sube hasta el 26% –uno de cada cuatro– si la edad se rebaja a 18 años. Es, de lejos, la droga ilegal más consumida en Europa y España. No son tantos los que como Roberto pertenecen a alguna asociaciones de fumadores, clubes privados en los que se puede adquirir cannabis y fumarlo si uno lo desea.

No son todos, pero sí son cada vez más. Amparadas por la difusa legislación española y con una gran demanda que satisfacer, en los últimos años proliferan este tipo de asociaciones. Dado el carácter semiclandestino de algunas de ellas, las cuentas bailan, pero los recuentos de la Federación de Asociaciones Cannábicas (FAC) hablan de hasta 800 repartidas por toda la geografía. Sólo en Cataluña hay unas 400 con 100.000 usuarios, según calcula la Federación de Asociaciones Cannabicas de Cataluña (CatFac).

“Somos muchos, no somos bichos raros, somos perfectamente aptos para llevar a cabo cualquier actividad de la sociedad”, explica Jaume Xaus, portavoz de CatFac. “Y estamos en una situación jurídica muy peligrosa”. Tras años de prácticas prohibicionistas “fracasadas”, con las experiencias legalizadoras de Uruguay y Colorado (EEUU) y los números como argumentos de fuerza, creen que ha llegado su momento: “Despenalización del consumo con fines lúdicos y desestigmatización del usuario”, reivindican.

La ley española sobre la materia castiga la tenencia, el cultivo y el transporte… si está destinado a terceras personas. El cultivo de marihuana para uso propio no está contemplado en el Código Penal. “Hasta el momento la jurisprudencia establece que el autocultivo para uso personal no está castigado”, explica Xaus. Aunque sea para el autoconsumo de grupos.

La ley es inconcreta y no marca la línea que separa el autoconsumo del tráfico (por ejemplo estableciendo una cantidad de referencia). Esa interpretación está quedando en manos de los jueces, que valoran situación y contexto de cada caso. A título particular, “más de cinco o diez gramos al día sería muy difícil que un juez creyera que es para uno mismo”, valora Xaus a modo aproximativo. Un gramo de marihuana o hachís cuesta a partir de unos cinco o seis euros. En casa resultaría difícil justificar el cultivo de mucho más que un par de plantas.

Por la rendija del autoconsumo se colaron hace más de 20 años las primeras asociaciones de fumadores de cannabis. Son grupos que se juntan para abastecerse de cannabis y a la vez tener un espacio en el que evitar la presión legal, centralizar la producción y distribución entre sus miembros y fumarse un porro tranquilamente sin tener que mirar de reojo por si aparece la policía.

Justo todo lo que buscaba Roberto en su club. Pero, como la actividad que realizan tampoco acaba de ser legal, lo han cerrado. Es una situación que se repite de cuando en cuando, en ocasiones con gran revuelo mediático. Un juzgado recibe una denuncia –las federaciones no tienen constancia de que actúen de oficio– y se clausura cautelarmente el local. Incautaciones, detenidos e imputados son el saldo habitual de estas operaciones.

No una legalización sin más

Para ellos ya no es una cuestión de si se va a regular el consumo lúdico de cannabis o no, sino de cuándo. El asunto se está moviendo ya en parlamentos como el catalán o el vasco, pero las asociaciones lamentan que las regiones, que tienen la voluntad, no tienen las competencias, y con el Gobierno central ocurre todo lo contrario. “Este periplo entre 2014 y 2015 será decisivo porque se van a tomar una serie de decisiones en el Parlamento catalán, vasco y quizá Baleares. Los partidos de centroizquierda están barajando y estudiando una regulación”, explica Barbé. UPyD presentó recientemente una moción en el Congreso al respecto.

Más allá, opinan que hay una necesidad social. Por parte de los clubes, por descontado: “Aunque no es ilegal, toda la actividad que se viene haciendo tras 20 años de movimiento asociativo, el modelo no está escrito en ningún sitio en el nivel legal. Cuando quieres averiguar si lo estás haciendo bien dentro de la ley o no, el único que lo puede decidir es un juez, y entonces nos vemos envueltos en detenciones, incautaciones, cierres… un sinvivir”, explica Xaus.

También para los no fumadores. “Están demandando ese espacio, en el que se pueda conjugar el uso del cannabis con garantías con no molestar a otras personas por ello. Qué mejor que un club privado donde además se ofrece información o ayuda si es necesaria”, añade Rabé. “La sociedad está preparada para una regulación, pero no por la puerta grande. Hay que estudiar el tema, que el Congreso empiece a tener una apertura clara y se acerque a la realidad, que es la que es. Hay mucha gente joven que tiene acceso a esta sustancia, con una regulación el mercado negro no tendría sentido”, argumenta. Y se aleja del estilo holandés de regulación sin más: “Ese modelo no sería viable aquí. Nuestro modelo 100% social creemos es el que va a tener mucho más recorrido”, valora Rabé.

Por no hablar del impacto económico que podría tener para el Gobierno la regulación del sector a través del cobro de impuestos, etcétera. Sólo los cerca de 400 clubes en Cataluña facturan unos cinco millones de euros al mes. Para las personas que viven de esto –los clubes tienen empleados–, también supondría un alivio. “Están malviviendo más bien, en una situación muy precaria”, explican desde la FAC.

Pese al optimismo de las federaciones, de momento la situación es la que es. Si bien es cierto que internacionalmente las políticas tienden hacia la regulación, el Gobierno español ha aumentado las penas previstas por tenencia y consumo en el espacio público, y se plantea prohibir expresamente el cultivo de cannabis, aunque sea para autoconsumo. Mientras llega el año 2016, en el que las asociaciones tienen fija la vista como año clave para sus aspiraciones, muchos fumadores de cannabis seguirán buscándose la vida por la calle para fumarse un porro de dudosa calidad.

Dos modelos para crear un club

Actualmente se puede hablar de dos modelos de clubes. Por un lado los limitados, basados en el autocultivo, transparentes y con los socios como eje sobre el que giran. Es el modelo más antiguo, “100% social”, que defiende e impulsa la FAC. Tienen todo un marco teórico detrás que establece cómo es el modelo, “reconocido por la ONU”, destacan. Son asociaciones cerradas, con estatutos y todas las formalidades legales. “Tienen unos 700 socios como mucho, las decisiones se toman de forma asamblearia, todo es muy transparente. Tenemos un programa de auditoría activo, libros de control, pagos y transferencias a través de cuenta bancaria y pagamos impuestos. Cada socio tiene la posibilidad de presentarse a las juntas directivas cada cuatro años, etc.”, explica David Rabé, secretario de la federación.

En estos clubes se realiza una previsión de consumo según el número de socios (y un máximo de dos gramos al día por miembro para evitar ventas posteriores), se cultiva esa cantidad de marihuana y luego se distribuye. Se controla el proceso para evitar que alguien convierta el autoconsumo en tráfico.

La labor de estos clubes no se limita a dispensar cannabis. “Ofrecemos también una serie de servicios enfocados al usuario de cannabis: actividades de todo tipo relacionadas con la planta, campañas serias de gestión de riesgos, informativas, trabajamos lo que creemos que pueden ser consumos problemáticos…”, enumera Xaus, portavoz de la CatFac.

Por otro lado, más recientemente han aparecido otros clubes con una concepción ligeramente distinta. Muchos de ellos tienen dueños, el acceso a la dirección no es libre. Se basan en la compra mancomunada. También suelen ser cerrados en cuanto a su acceso pero tienden más a no limitar el número de socios ni la cantidad de cannabis que se puede retirar, aunque también llevan un recuento.

El problema que desde asociaciones como la FAC observan con este modelo es que acudir al mercado negro a abastecerse es sinónimo de problemas. “Se está metiendo dinero en asociaciones clandestinas, nadie sabe dónde va, si se está declarando…”, observa Xaus. No es que todas las asociaciones de este estilo sean así, pero suelen ser éstas las que están teniendo más problemas con la administración. Fuente ElDiario

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La asociación cannábica 420 presentó la semana pasada una querella contra tres altos cargos del Ayuntamiento de Barcelona porque consideran que cometieron delitos de prevaricación, coacciones y atentado contra el derecho de asociación en la orden de cierre del local, previsto para mañana. El consistorio barcelonés alega que el club emite aire contaminado al exterior. La clausura del club, ubicado en la calle Notariat de Barcelona, se dictaminó en varias resoluciones con fecha de julio y agosto. La entidad tacha la orden de “injusta, arbitraria e ilegal” porque no se han acreditado ninguno de los hechos denunciados.

Los denunciantes se muestran especialmente críticos por las acusaciones que se les han hecho de expulsar contaminantes. “No se ha llevado a cabo ningún tipo de medición del aire expulsado”, asegura el club, que a la vez se queja de que el Ayuntamiento base su acusación en un estudio sobre la salida de humos de otro local. La entidad defiende además que cuenta con un sistema homologado “de extracción y filtros que impiden la salida de aire contaminado”

La querella se focaliza concretamente en el gerente del distrito de Ciutat Vella, el director de los servicios jurídicos del consistorio y la jefa del Departamento de Licencias e Inspección del ayuntamiento, que son los responsables de sendas resoluciones. En una resolución del 17 de julio firmada por esta última se da un plazo de diez días a la entidad para presentar alegaciones como paso previo al precinto del local. “En esta resolución se pone de manifiesto la total arbitrariedad con la que ha actuado la querellada, pues ya se anuncia que se va a acordar el cese y el precinto del local social de la asociación, previamente a haber estudiado las alegaciones presentadas”, justifican en el escrito de la denuncia. Los responsables de la Asociación 420, con 10.000 socios, consideran que la decisión de cerrar el local “estaba tomada de antemano” porque no se tuvieron en cuenta la documentación presentada. También se muestran sorprendidos por la celeridad del proceso. “Se ha ventilado un procedimiento sancionador en 21 días”.

Los clubes de cannabis acostumbran a constituirse como asociación para realizar su actividad bajo amparo legal. Pero la regulación sobre esta sustancia no está clara y el sector reclama —igual que los jueces— desde hace un tiempo una normativa clara que despeje dudas e incertidumbres sobre estas entidades y se les deje de acusar de tráfico de drogas.

Cataluña ha dado un paso ya en este sentido y ultima la regulación de las asociaciones de venta de marihuana. El borrador de esta normativa abarca todo el proceso, desde el cultivo, el transporte de la marihuana hasta el local y los requisitos de acceso para los socios. Uno de los aspectos destacados de la propuesta, que no es definitiva, es que el acceso a estos clubes se reserve para mayores de 21 años. El sector, con 165.000 socios en Cataluña, mueve cerca de cinco millones. Fuente Elpais

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Desde la Federación de Asociaciones Cannabicas dan la bienvenida a un nuevo Club Social Cannabis en Pontevedra: CASA MARÍA CLUB. Nacida en Junio del año 2012, es una muestra de lo avanzado que está el modelo asociativo en Galicia, son unos 200 socios activos y desarrollan labores de divulgación de información relacionada con el uso del cánnabis, asesoramiento terapéutico, tallleres de tinturas, conferencias, etc…
Uno más en la familia de la FAC, que cada vez asiste a un mayor número de personas que  desean iniciar los trámites para fundar un club. BIENVENIDOS CASA MARÍA CLUB !!! FAC

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El camino para regular los clubes de cannabis será largo y complicado, pero las instituciones están dando los primeros pasos. La Agencia de Salud Pública de Cataluña ya dispone de un borrador que propone una lista de condiciones que deberán cumplir las asociaciones para su regularización. El documento, al que ha tenido acceso El PAÍS, no es definitivo, pero es la base de la propuesta que presentará el Gobierno en septiembre al resto de formaciones. El objetivo es ordenar un sector cada vez más importante, no solo porque represente la puerta de acceso a la droga, sino también porque solo en Cataluña cuenta con 165.000 socios y mueve cerca de cinco millones de euros al mes.

La propuesta es muy ambiciosa y pretende regular todo el proceso: el cultivo, el transporte de la marihuana hasta el local y los requisitos de acceso para los socios. Una de las principales novedades es que solo podrán ser socios los residentes, para poner fin al denominado turismo cannábico que cada vez está más de moda en ciudades como Barcelona. También será necesario tener más de 21 años y no se servirá a ningún socio hasta que pasen 15 días desde su registro. Además, tendrá que venir acompañado de otro socio.

Para regular el cultivo, el documento fija que “la producción de cannabis tiene que ser siempre bajo demanda previa de los socios”, es decir, que solo se podrá plantar la marihuana que se haya encargado previamente. La espera puede llegar a ser de un mes y medio ya que las semillas más rápidas tardan unos 45 días en dar fruto. La producción tendrá que quedar registrada y, una vez al año, se deberá peritar el cultivo por profesionales colegiados. En ningún caso las asociaciones podrán adquirir el cannabis en el mercado negro. De esta manera, la Administración tendrá la información de toda la producción de cannabis que hay en el mercado, algo que ahora es imposible.

El transporte de la sustancia también queda regulado. Los conductores deberán estar en plantilla y llevar la documentación que acredite que el cannabis que reparten pertenece a la asociación. Los locales de los clubes tendrán prohibido vender alcohol de alta graduación o tabaco. Y solo instalarán máquinas dispensadoras de refrescos. El horario será de 10 a 14 y de 17 a 20, menos los sábados que podrán abrir hasta las 21. Deberán tener control de acceso y aforo para que nadie entre sin ir acompañado de otro socio.

Falta por cerrar la cantidad de gramos que puede adquirir cada socio al mes (entre 60 y 100) y si se fijará un número máximo de socios por cada club. Algunas asociaciones tienen más de 5.000 socios, aunque la cifra que baraja la Administración está al en torno de los 500. Todos los movimientos económicos tendrán que quedar plasmados por escrito en un registro.

Muchas de estas condiciones ya las cumplen algunos de los 400 clubes de cannabis que hay en Cataluña, especialmente las que forman parte de las dos federaciones que se han constituido. El portavoz de la Federación de Asociaciones Cannábicas de Cataluña (CATFAC), Jaume Xaus, advierte de que hay que modificar algunos flecos de esta primera propuesta, como ampliar los horarios o permitir que se puedan vender refrescos sin máquinas dispensadoras, pero añade que “en general es positiva”.

También queda por cerrar la forma de pago para adquirir la marihuana. La Agencia de Salud Pública quiere que se pague vía telemática y solo una vez al mes, para facilitar el control. Las asociaciones están conformes en el pago telemático —algunas ya lo aplican— pero no quieren limitar a los socios a una sola compra al mes. “No todos pueden prever lo que van a fumar en un mes”, dijo Xaus. El portavoz de CATFAC también reclama que se fijen las condiciones que se deben cumplir para obtener una licencia municipal para evitar que dependa de cada alcalde.

Fuente ElPais

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El Club de Cannabis Cultivando la Libertad Uruguay Crece (CLUC) inició este martes 1º de julio los trámites ante el Registro de Asociaciones Civiles del Ministerio de Educación y Cultura para su formalización jurídica, en el marco de la Ley de regulación de la producción y comercialización de la marihuana.

Se trata del primer Club cannábico impulsado por la organización Proderechos, mediante el cual se promueve un modelo “participativo, accesible e innovador”.

Los integrantes del CLUC aseguran que se trata de en un modelo de gestión participativo. “Ello implica que nuestros miembros tienen una participación activa en la toma de decisiones ya sea del proceso de producción (preparación del suelo, cultivo, cosecha, “manicura” y secado), así como de la comunicación, formación, actividades recreativas, administrativas o contables”.

Además, resaltan que el club se financia mediante el pago de una “cuota mensual de 650 pesos, y la realización de actividades culturales que permiten difundir el modelo de Club”.

El involucramiento en la toma de decisiones por parte del club de socios permite acercarse a un formato cooperativo, y de esa manera alejarse del modelo mercantil de empresa-consumidor”, indican en un comunicado de prensa.

El club de membresía reivindica la “innovación como forma alternativa a la venta en farmacias”. Al tiempo que apuesta a la “innovación en cuanto a la forma de gestión, así como a la determinación de variedades, procesos de producción y actividades hacia los socios”.

Dentro del club existen espacios para desarrollar investigación, formación y capacitación. “De igual modo, creemos que innovar en la relación de los usuarios con la marihuana en particular y con todas las drogas en general, es un objetivo a seguir, apostando a brindar herramientas los usuarios como sujetos autónomos, informados y críticos con respecto a la visión prohibicionista que todavía predomina”.

La promoción de esta forma de llevar adelante los clubes de cannabis necesita de la “menor cantidad de trabas y exigencias posibles, resguardando la calidad y seguridad tanto de las plantas como del acopio del cannabis”, indican los integrantes del club.

Registro

Según lo establece Ley, quienes pretendan crear un club de membresía, en primera instancia deben presentarse ante el Ministerio de Educación y Cultura para poder crear una asociación civil, luego de ello deben concurrir ante el Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA).

La Ley creo el IRCA como instituto supervisor. Además, determinó tres mecanismos para el consumo del cannabis psicoactivo: “el autocultivo (cada persona podrá tener hasta seis plantas o una producción de hasta 480 gramos), los  clubes de membresía (que podrán tener de 15 a 45 socios y un máximo de 99 plantas), o adquirir la marihuana en las farmacias a un costo de 1 dólar el gramo.

Por otro lado, la Asociación de Estudios del Cannabis del Uruguay (AECU) inició el pasado 24 de junio los trámites correspondientes ante el Ministerio de Educación y Cultura para registrarse como club cannábico, en el marco de la Ley que regula la producción y comercialización de marihuana.

Fuente Lared21

 

 

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“El Parlamento vasco no se va a mojar mucho en la regularización de los clubes sociales”, auguran las asociaciones cannábicas.

En septiembre la Generalitat de Cataluña llevará al Parlament el borrador de Propuesta de Buenas Prácticas para una regulación del autoconsumo de cannabis en Cataluña.

“Si hace 10 años nos hubieran dicho que íbamos a estar en esta situación no nos lo creeríamos”. La frase corresponde al portavoz de la Federación Vasca de Cannabis, Iker Val, quien resume así las esperanzas de que al final el Parlamento vasco regularice en alguna medida la existencia de clubes sociales para el consumo del cannabis. Val ha participado en el ‘V Simposio Internacional sobre reducción de daños: políticas de drogas, retos desde el prisma de los derechos humanos’. Hace unos meses también se congratulaba por la presentación de la nueva ordenanza que regularizaba los clubes sociales en San Sebastián.

En 2010 fue la primera vez que desde las asociaciones vascas de usuarios de cannabis se planteó una iniciativa política en el Parlamento. A partir de ahí, en 2012 comparecieron en la Comisión de Interior y se creó una ponencia específica en la que participaron expertos en la materia. Ahora esta ponencia se encuentra en fase de conclusiones y recomendaciones. Val cree que es “positivo” el consenso que ha habido entre partidos, pero a su juicio “el Parlamento no se va a mojar mucho, será una conclusión light”. Sin embargo, los usuarios vascos consideran que a partir de aquí “se abre un proceso de regularización que se puede alargar como mínimo cinco años”.

Por su parte, Oscar Parés del Internacional Center for Ethnobotanical Education, Reesearch & Service (ICEERS), ha expuesto la experiencia de normalización de cannabis en Cataluña. La primera experiencia de un club social fue en 1992, pero no salió bien y hasta 2006 “pasó poco”. A partir de ese año fue cuando crecieron los clubes y hoy en día Cataluña cuenta con entre 400 y 450, de los que más de 200 se encuentran en Barcelona.

Caso Rasquera

En el año 2012 estalló en esta comunidad el caso Rasquera. En este pueblo catalán con una población de 850 habitantes, en donde la mayoría de los jóvenes se habían marchado por falta de oportunidades, su alcalde propuso un plan anticrisis que incluía un contrato con una empresa para cultivar cannabis en el pueblo para un club de 5.000 miembros. Esta decisión la sometió a referéndum, prometiendo que si no sacaba tres cuartas partes de los votos dimitía en un año. 600 personas votaron y de las mismas el 56% estaba a favor de la plantación. Finalmente, la justicia paralizó el contrato y “nunca más se supo”, apunta Parés.

El portavoz del ICEERS señala que “todo esto puso en la agenda política los clubes sociales”. Así, la Generalitat empezó a desengrasar el músculo y entre 2012 y 2014 el Departamento de Sanidad se acercó a las asociaciones y a los clubes para entender la labor que realizaban. Sin embargo, Parés asegura que “aunque estos procesos son muy lentos, el trabajo silencioso ha ido evolucionando”. De hecho, se esperaba que la Generalitat en junio presentara una propuesta de regulación, que finalmente se presentará en septiembre.

Los Clubes Sociales en Bélgica

En su intervención, el profesor de Criminología de la Universidad de Ghent (Bélgica), Tom Decorte, ha explicado que en este país europeo la situación de los clubes es la que tenían los de España hace 15 años. De hecho, entre los dos países existen “enormes similitudes” en la legislación en este ámbito y en la manera de constituir los clubes. Así, en Bélgica es legal poseer para consumo propio tres gramos de cannabis y una planta hembra por persona. Teniendo en cuenta esto, Decorte cuenta que a alguien se le ocurrió “pues si somos 50, plantamos 50 plantas”  y así se formó el primer club en el año 2006.

El profesor de la Universidad de Ghent analizó en un estudioo cinco clubs belgas para ver las diferencias y similitudes existentes entre ellos. Los miembros varían desde los 13 hasta los 200 miembros; la edad mínima para pertenecer a un club va de los 18 a los 21 en algunos y la edad media se encuentra entre los 35 y 40 años. Decorte señala que “se espera que el número de clubes sociales aumente en los próximos años”. Pero, sobre todo, cree que se debe promocionar más el debate político sobre estos clubs sociales.

Publicado ElDiarioNorte