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Llegado el momento de la cosecha y todavía aún con las tardías variedades sativas en el suelo, en las regiones más cálidas de nuestro territorio nacional los cannabicultores más inquietos no dejan de seguir haciendo lo que más les gusta: cultivar su propia yerba de calidad durante el invierno. Todos sabemos que llenar las arcas para aguantar todo el largo y duro año sin tener que recurrir al mercado negro es todo un reto y una azaña para los cannabicultores más experimentados.

La marihuana para crecer, aunque sea a un ritmo mucho más lento que en temporada, necesita unas temperaturas mínimas superiores a 10 ºC. Son pocas las zonas privilegiadas del territorio español que gozan de inviernos suaves sin casi heladas, claros ejemplos son el litoral mediterráneo, el valle del Guadalquivir, Huelva, Canarias,…., y que permiten otra forma de cultivar cannabis como son los cultivos de invierno.

Antes de iniciar nuestro cultivo invernal hay que saber como se comporta la marihuana durante el invierno. Durante el invierno el fotoperiodo es apto para la floración, y no comienzan a florecer hasta que han pasado al menos de mes y medio a dos meses (dependiendo de la genética de cada planta). Teniendo en cuenta la corta fase de crecimiento y junto con la disminución del fotoperíodo y de las temperaturas, provoca que las plantas raramente crezcan más de 100 cm, pudiendo llegar a producir de 20 a 60 gramos/planta, dependiendo de variedad. Una ventaja de tener un ciclo tan corto es la disminución de cantidad y número de abonados

Como las plantas comienzan a florecer al mes y medio, más o menos, y siempre que dispongamos del espacio suficiente, podemos hacer siembras escalonadas que nos permitirán ir cosechando escalonadamente nuestras plantas de invierno. Aunque algún cannabicultor pueda pensar que es más conveniente sembrar toda la superficie disponible, los motivos de hacer siembras escalonadas son la propia obtención de una cosecha escalonada que es igual a realizar menos trabajo de golpe, y sobre todo la mayor ventaja es la de evitar la pérdida total de la cosecha por heladas aisladas que se puedan producir.

La primera siembra es conveniente hacerla en el mes de Septiembre, cuando estén las plantas de temporada a punto de ser cosechadas. Se pueden hacer siembras de 1 m2, evitando el mismo lugar donde estaban las plantas de temporada, acordaros de la rotación de especies para evitar que terminemos padeciendo con los años problemas con los nemátodos.

Más o menos se trata del mismo concepto del espacio y número de plantas que en un cultivo de interior con luz artificial o un cultivo de autoflorecientes. Por cada metro cuadrado se pueden colocar entre 9 y 25 plantas, dependiendo de la variedad y de cómo se comporten estas en invierno, separadas entre sí de unos 20 a 25 centímetros como mínimo. Aunque lo pueda parecer no es un número excesivo de plantas para tan reducido espacio, ya que hay que restar el número de machos, que es bastante más elevado que en temporada, ya que las condiciones de cultivo son más adversas que favorables, así como el número de posibles plantas hembras que puedan sucumbir ante el frío sin poder formar completamente sus racimos de cogollos.

Realizando sucesivas siembras mensuales en Septiembre, Octubre, Noviembre, Diciembre y la última en Enero, nos darán un total de 5 cosechas escalonadas, con lo que tan sólo nos hace falta disponer de 5 m2 de superficie de cultivo. Las siembras que se realizan pasado el mes de Enero corren el riesgo de frenar la floración y comenzar a revegetar, como consecuencia de aumentar sucesivamente el fotoperíodo. Las cosechas las iremos realizando, evidentemente, de forma escalonada, más o menos desde Diciembre la primera hasta finales de Abril que será la última.

Para aumentar el tamaño de las plantas y reducir el riesgo de heladas, muchos cannabicultores avispados se construyen invernaderos donde hospedan a sus plantas durante el invierno. Un invernadero ha de tener orientación sur y debe estar a ser posible resguardado de los vientos del norte, ya que de esta forma se consiguen ganar varios grados de temperatura, y aún se aumentarán más si la cara interior del plástico del lado Norte del Invernadero se halla forrada de material negro. El gran inconveniente de los invernaderos es el conocido efecto invernadero, ya que en una fría noche si se llegan a temperaturas inferiores a –4 ºC, el interior del invernadero permanecerá a esta temperatura hasta miguelprácticamente media mañana con el consiguiente peligro de congelación de las plantas. Los efectos causados por el reiterado frío comienza cogiendo las plantas un color morado, a lo que sigue el cese de la producción de flor, y su posterior secado y muerte.

No utilicéis semillas de autoflorecientes o compradas para realizar cultivos de invierno. Las primeras porque necesitan calor y mucho sol para que crezcan un mínimo, y compradas no porque el riesgo de sufrir congelaciones está a la orden del día.

Por Miguel Gimeno