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“Limpia de ramas, escarificación de suelo, abonado, compost y entutorado de marihuana”. Muchas labores a realizar para dejar listas las plantas de exterior de cannabis de cara al cercano inicio de la floración. Miguel Gimeno nos enseñará como hacer una poda de ramas bajas y la escarificación del suelo. Con los restos de casa podemos hacer abono para la marihuana con la que alimentarla y poder obtener potentes cogollos. Pero para poder sujetar el peso de los grandes cogollos hay que reforzar la estructura de las plantas mediante entutorado y andamiaje.

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En la necesidad de formar plantas equilibradas hallamos la solución de practicar podas formativas y fijar las ramas mediante diversas medidas para mejorar la solidez de su estructura vascular.

¿Quién no ha visto en alguna ocasión como sus plantas presentaban un aspecto nada equilibrado con ramas desiguales, larga distancia intermodal tanto en el tallo central como en las ramas laterales y una pobre biomasa que dió lugar a improductas plantas de mediocre calidad?.

Seguramente el origen del mal sea alguna tipo de limitación física que impida que la planta crezca con total normalidad creando una pobre masa vegetal, como puede ser una insuficiente luminosidad, o el acercamiento a muros, paredes y otros árboles, e incluso también las propias exigencias y necesidades de los cultivadores. Fuere cual fuere la causa, la única manera de producir cierto equilibrio en la estructura de las plantas es mediante las podas formativas, de ahí la importancia de saber actuar y realizar las podas necesarias que nos ayuden a aumentar la parte aérea de las plantas.

La discreción es para muchos cannabicultores una de las principales razones que obliga a crear determinadas formas que ayuden al camuflaje o cuanto menos disminuyan su visibilidad. Los motivos de la descripción son varios, por un lado el vacío legal en el que se halla en cultivo doméstico de cannabis deja indefensos a los cultivadores de autoconsumo ante una intervención policial que pueda derivar en un proceso penal, en el que tendrá que demostrar el claro destino para uso propio de su marihuana cultivada. En otro lado, la propia semiclandestinidad y la prohibición de la libre comercialización de esta planta la convierten en punto de mira de cacos indeseables, que ven en ella una seductora forma de “malganarse” la vida con el robo y posterior venta de la misma.

En este caso se han de practicar podas que nos permitan formar una planta con una estructura lo más horizontal y lo menos vertical posible. Hay variedades que alcanzan un gran volumen de masa vegetal, hablamos de plantas que pueden perfectamente llegar a sobrepasar los 3 metros de altura, lo que las convierte en muy visibles y vulnerables. Es a partir de aquí cuando las podas se convierten en el gran aliado de los breeders, ya que les permitirá mantener controlado el crecimiento aumentando así la discreción. Podemos optar por la poda más básica que consiste en podar el ápice del tallo central cuando ya hay 3 o 4 pisos de ramas laterales. El tallo es un inhibidor del crecimiento lateral, por lo que la poda del mismo activa el desarrollo de las ramas laterales, logrando así una estructura más redondeada y menos alargada. Hay cannabicultores que continúan haciendo esta poda en los ápices de las ramas laterales que han quedado, consiguiendo así duplicar el número de ramas y aumentando también el crecimiento horizontal. Se podrían seguir haciendo tantas podas de ápices como queramos pero teniendo en cuenta que un exceso de ramificación puede provocar una insuficiente aireación interna entre las ramas y el follaje de las plantas, lo que puede dar lugar a la aparición de enfermedades de origen fúngico.

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Una mala ubicación de la zona de cultivo también puede causar que algunas plantas presenten un crecimiento desequilibrado, donde las ramas de un lado pueden ser desproporcionadas al del otro lado, lo que da lugar a zonas en la planta con una densidad de foliar perfecta y otras demasiado vacías y huecas. Este crecimiento desigual se ve agudizado a medida que avanzan los días y las plantas continúan su desajustado crecimiento, ya que las ramas más grandes cada vez crecen más y ensombrecen en mayor grado a las ramas más pequeñas. Está claro que lo que debemos hacer es controlar más aquellas ramas de mayor crecimiento mediante podas que iremos repitiendo hasta que el tamaño de las ramas se haya equilibrado. Si persistiera el desequilibrio reanudaríamos las podas, que quedarían interrumpidas sobre un mes antes de iniciar la floración.

Las plantas que han sufrido un proceso de revegetación padecen un exceso de ramificación. Este suceso ocurre cuando las plantas inician la floración bien de forma natural como sucede con plantas que han sido sembradas demasiado pronto, o bien de forma forzada al extraer esquejes que provengan de un interior al exterior antes que las horas de nocturnidad sean las adecuadas para evitar que induzcan a las plantas a florecer. En estos casos las plantas que han iniciado la floración de forma inesperada, a medida que las horas de luz diaria aumentan y disminuyen las de nocturnidad, van cesando de forma paulatina la floración reiniciándose así una fase de revegetación que produce un pequeño shock. Este shock revegetativo las lleva a ramificar de forma exagerada, y en algunas ocasiones hay ejemplares que llegan a producir decenas de ramas en un espacio muy reducido del tallo. Esta sobremasificación vegetativa, como ya hemos comentado, puede conllevar patologías fúngicas que pongan en peligro el cultivo. En este caso, la poda formativa que hemos de realizar es una limpia del número de ramas, de tal forma que dejemos unas pocas ramas dispuestas de tal forma que permitan un equilibrado crecimiento de la planta. El número de ramas que dejaremos va a depender del tamaño que tuviera la planta antes de iniciar la floración y posterior revegetación, evidentemente no actuáremos igual con esquejes de unos pocos centímetros que ante plantas de varios decímetros. Una condición que debemos tener presente es la de no dejar ramas que se puedan cruzar, puesto que el cruce de las ramas podría causar su propia rotura.

Cuando nos disponemos a manicurar la marihuana que hemos obtenido de nuestra cosecha, nos place hacerlo con los cogollos grandes de las ramas superiores, en cambio nos resulta un completo engorro el hacerlo en las ramas bajas poco productivas. Estas ramas en realidad dan más trabajo que producción y es por ello por lo que muchos cultivadores las retiran de las plantas para restar horas de trabajo y cuidados al tiempo de aumentar la producción de los cogollos de las ramas superiores. Esta técnica llamada aclareo consiste, como veis, en retirar las ramas y cogollos pequeños de las plantas para dejar sólo las sumidades más productivas. Así las plantas centran todo su esfuerzo en hacer llegar toda la savia a estos cogollos, que engordarán un poco más que si se hubieran dejado estas ramas bajas.

El tamaño de las plantas también puede ser un condicionante que limite la posibilidad de éxito final. Plantas de cultivo de interior con tallos débiles y grandes cogollos suponen un peligro inminente de rotura de alguna rama por el peso excesivo y la floja estabilidad estructural de la planta. Por otro lado las plantas muy grandes en exterior también pueden romper ramas durante la floración pero también antes de ella. Para evitar ambas situaciones de riesgo de rotura los sistemas de fijación deben estar presentes en nuestros cultivos en todo momento. Queda claro que el conjunto de medidas a tomar debe aumentar la resistencia estructural de nuestras plantas, lo que les procurará además de una mayor sujeción una perfecta estabilidad que evitará posibles roturas de ramas laterales e incluso del tallo principal.

En cultivos indoor donde está limitado el crecimiento por la altura sobre todo, hay que hacer cultivos horizontales, con lo que el S.O.G. (Sea of Green) es una técnica de esta forma de cultivo horizontal muy productiva. El inconviente del este sistema de cultivo es el número elevado de plantas que da origen a tallos muy juntos y algo débiles que al tener que soportar el peso de los grandes cogollos pueden sucumbir. En este caso podemos realizar un entutorado sencillo como sería el de fijar el tallo principal a un tutor o guía. Como tutor podemos utilizar una caña, una vara, palo, o similar que nos haga la misma función de proporcionar estabilidad vertical. Este tipo de entutorado de tallo central es más propio sólo de cultivos de indoor que en exterior, donde las plantas adquieren mucho más volumen y además están presentes los agentes climáticos como lluvia o viento, completamente ausentes en el cultivo de indoor.

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Pero cuando hablamos de exterior y mientras no resulte un impedimento el dejar a las plantas a su libre crecimiento el entutorado toma relevo de la poda en el grupo de aliado indispensable. Con un libre crecimiento las plantas aumentan de tamaño día a día y su estructura cada vez debe resistir un mayor peso. Con tal aumento de volumen y peso, la resistencia de la estructura para evitar el desplome debe ir también en aumento para poder soportar la dureza de futuros días que puedan presentarse de fuerte viento e intensa lluvia, y aquellos calurosos en que también arrecie el viento con virulencia. Ante estas posibles situaciones adversas el mero entutorado del tallo principal no resulta suficiente. Además de asegurarnos que el tallo central quede bien sujeto a todo el tutor por varios puntos podemos anclar el tutor a cuatro puntos de amarre situados a 4 vientos, así sople el viento en la dirección que sople evitamos que la planta se tumbe por su propio peso. Pero fijar sólo el tutor central tampoco nos asegura evitar el desastre en las ramas laterales que quedan sueltas y a merced del viento. Si atamos las ramas sólo con cuerdas, el estrangulamiento puede producir la rotura de la rama, con lo que el remedio habrá sido peor que la enfermedad. Lo mejor es colocar otras cañas a modo de cabaña india unidas todas al tutor central, después se puede rodear las ramas con cuerda a modo de espiral para favorecer que las ramas descansen sobre la cuerda. Hay cannabicultores que para fijar las ramas laterales construyen con cañas o similares una estructura tipo andamiaje que rodea a las plantas, de tal modo que las ramas descansan sobre la estructura de caña directamente.