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EEUU.- California es uno de los estados con más urbes especiales para liberales, vegetarianos, pacifistas y nudistas

El movimiento hippie nació en los años 60 en San Francisco, California para oponerse a la Guerra de Vietnam, promover el ambientalismo, la vida comunitaria en armonía, el arte y el uso recreacional de drogas como la marihuana y el LSD.

A pesar de que ya pasaron más de 40 años del inicio de ese movimiento, aún hay ciudades en Estados Unidos y otras partes del mundo, donde se siguen abrazando esos mismos estilos de vida y principios.

El Universal Go 2 USA presenta las ciudades ideales para los viajeros hippies o interesados en aprender más acerca de su forma de vida.

Eugene, Oregon: El Oregon County Fair se lleva a cabo todos los años durante julio y los sábados se pone un mercado callejero con productos orgánicos, artesanías y productos hechos a mano. Además tiene restaurantes vegetarianos como Laughing Planet y Café Yumm.

Oakland, California tiene 30 tiendas que venden marihuana para uso medicinal, así como otros productos hechos de cáñamo. Además es la sede de Oaskterdam University, una institución especializada en el cultivo, leyes y negocios alrededor de la marihuana medicinal.

Bisbee, Arizona: Antes era un pueblo minero y cuando cerraron las minas llegaron los hippies.Hasta la fecha en varias de sus cuevas viven personas y algunas de ellas se pasean desnudas. Además hay bastantes artesanos, poetas y marihuana.

Austin, Texas es una de las ciudades más liberales del sur de EU. Es sede de Hippie Hollow un parque donde la ropa es opcional. Además en varios locales se venden productos de cáñamo y tiene una gran cantidad de festivales y eventos culturales.

Berkeley, California: Muchos hippies de los años 60 o 70 viven ahí, pero ahora son profesores universitarios o dueños de negocios locales. Es una de las ciudades con más marihuana de la Unión Americana.

Ithaca, Nueva York: En muchos de sus negocios además de dólares aceptan Ithaca Hours, la moneda local. Un Ithaca Hour equivale a una hora de trabajo o a 10 dólares. Además es sede del restaurante Moosewood Restaurant y el Namgyam Monastery del Dalai Lama.

Portland, Oregon: En la urbe hay una gran cantidad de recorridos nudistas en bicicleta y la mayoría de sus habitantes son ambientalistas, por lo que no tienen auto y compran sobre todo productos orgánicos.

Boulder, Colorado es una de las urbes con los políticos más liberales y marihuana. De hechocada 20 de abril se reúnen a fumar esa hierba cerca de 15 mil personas en el campus de la Universidad de Colorado. Además tiene varios sitios especiales para nudistas.

Olympia, Washington: Una gran parte de sus habitantes son hippies de los años 60, músicos descalzos o vegetarianos. The Evergreen State College es la escuela de artes preferida de los jóvenes neohippies.

San Francisco, California: Ahí comenzó el movimiento hippie en los años 60, en particular en una zona llamada Haight-Ashbury. Algunos de sus habitantes aún son hippies y activistas sociales, además tiene varias tiendas y negocios con productos orgánicos.

Fuente ElUniversalSanAntonio

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En Nepal y el Tibet esta planta era utilizada desde tiempos inmemoriales por los yogis como ayuda en sus meditaciones, y los devotos varones la empleaban como símbolo de fraternidad consumiéndola en grupo. Un detalle revelador es que inicialmente no la fumaban sino que preparaban decocciones de la planta que bebían en un contexto ritual y con una periodicidad bastante espaciada.

Quienes comenzaron con la costumbre de fumarla fueron los ancianos que recurrían a ella para matar el tiempo cuando su avanzada edad les impedía trabajar en el campo (Ver más al respecto en Entrevista con Helen Flix).

 

En África el consumo del cannabis se conocía como una fuente de placer y con fines religiosos mucho antes de la llegada de los Europeos. Conocida comunmente como dagga, los pigmeos, zulúes y hotentotes la utilizaban en sus rituales religiosos y como remedio curativo. se sabe que su uso en las ceremonias religiosas de Etiopía se pierde en la noche de los tiempos y que los primeros cristianos coptos la adoptaron en sus cermonias religiosas.

 

En la India, los primeros sadhus (ascetas errantes), eran nómadas por propia voluntad, vivían en los bosques y cuevas o caminaban sin parar, alimentándose de las limosnas que la gente les dispensaba. Se suponía que a su paso por las distintas poblaciones irradiaban energía espiritual aumentando la conciencia de cada región y del planeta. Practicaban la austeridad física, incluido el celibato y largos periodos de ayunos.

 

Paulatinamente la figura de los sadhus fue decayendo, coincidiendo con el abuso del bhang que inicialmente utilizaban para concentrar sus pensamientos en lo divino y soportar las dificultades. Sus cabellos colgaban en forma de mechones largos y enmarañados, su piel estaba cubierta de arena o cenizas, y sólo portaban unos cuantos harapos o andaban desnudos. Creían que el consumo de bhang les confería un poder espiritual, les acercaba a la verdad y les servía para rendirle pleitesía a Shiva, de quien decían que se hallaba permanentemente bajo los influjos del cannabis.

 

Investigadores como Gordon Wasson apoyan la idea de que tres mil años antes de nuestra época la India podía haberse encontrado al borde de una era psicodélica como la de Estados Unidos en los sesenta debido a la alta cantidad de sadhus fumadores de bhang en quienes era imposible determinar si predominaba la sattva (iluminación) o la tomas (indolencia), por lo que los brahamanes sabios habrían tenido que hacer todo lo que estaba al alcance de sus manos para evitar tal abuso. Esto explicaría también por qué el Gautama Sidartha el Buda estaba tan en contra de la intoxicación como para incluirla entre las cinco cosas prohibidas, junto con el asesinato, el robo, la mentira y el adulterio (Ver más al respecto en El hongo y la génesis de las culturas y las religiones).

 

Fuente LaInformacionGratis

 

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Argentina.-“No se puede fumar cigarrillos industriales, pero sí permiten el armado artesanal y la marihuana, “porque no es una droga, es una planta”,

El Soberbio. No drogas, no alcohol y no carnes. Bajo el lema “Paz, amor, felicidad y armonía con el universo, todo el que llega es bienvenido”. Rainbow (Arco iris en castellano), significa todas las razas, todos los colores y todas las religiones. Así es la filosofía en el encuentro internacional de hippies que se está gestando por estos días en El Soberbio. Pero no les gusta que la visita salga en los diarios porque quieren evitar que su vida se convierta en una especie de parque temático y su refugio se torne en un lugar turístico lleno de miradas de curiosos con cámaras de fotos.

No es fácil llegar hasta al campamento distribuido por los más diversos sectores en el medio de la selva paranaense. Saben que el que tiene que llegar, llega y comparte.

“No hace falta poner carteles porque no queremos que vengan los chismosos. Queremos que vengan los que tengan ganas de compartir un momento especial con nosotros”, explicaron a El Territorio, tras varias horas de compartir sus momentos más preciados y lograr tomar imágenes de tan inusual convocatoria.

En el encuentro internacional de hippies, la vida se puede guardar en una mochila para continuar el viaje. Llegaron hasta El Soberbio procedentes de muchísimos países como Canadá, Perú, Brasil, Polonia, Bosnia, Nueva Zelanda, Austria, Francia, Alemania, Japón, Polonia, Gran Bretaña, Croacia, Rusia, Colombia, Portugal, Armenia, España y “Gipsilandia” o “país de los gitanos” de donde dicen que proviene la gran mayoría.

Todos ellos, se transmitieron el encuentro boca en boca, por teléfono, internet y este año se reunieron en una chacra camino a los Saltos del Moconá que les prestó un propietario de esta localidad.

Marcados por la luna

El encuentro comenzó oficialmente los primeros días de la luna nueva y finalizará a los veintiocho días, con la luna llena. Al llegar a la chacra, hay un campamento de bienvenida donde se explican las condiciones del encuentro: “Nada de drogas, nada de alcohol y nada de carne”, dice el cartel. Tampoco se pueden bañar con jabón en el arroyo, salvo que sea a 30 metros del agua y con baldes. Tampoco se puede fumar cigarrillos industriales, pero sí permiten el armado artesanal y la marihuana, “porque no es una droga, es una planta”, explicaron.

Luego de caminar una media hora por un rosado preparado por ellos, se empiezan a reconocer los campamentos. A un costado está el de las familias con niños y una cocina especialmente preparada para atenderlos. Más adelante, hay carpas y hamacas paraguayas distribuidas por todos los sectores, algunas juntas y pegadas una a la otra, y otras un poco más alejadas pero todas escondidas entre los árboles y la naturaleza.

En otro sector se instaló una gran cocina comunitaria para adultos, donde deciden los menús que se preparan por turnos y con la colaboración de todos. Sin embargo, contaron a El Territorio que el campamento todavía está en la etapa “semilla”, preparando los espacios para recibir a más “hermanos”. Calculan que al final del encuentro van a pasar por el campamento más de dos mil personas.

El círculo

También existe un “círculo” para almorzar y cenar donde hay un fuego que se mantiene encendido durante los 28 días. Después de comer se pasa el “sombrero mágico” y los que tienen dinero colaboran para comprar lo que sea necesario en el pueblo. Consumen frutas, verduras, cereales, granos y mucha agua.

Todos los días tanto en el almuerzo como en la cena, se celebra el “círculo de la palabra”, donde cada persona puede tener voz y expresar lo que siente. Para hablar sólo hay que esperar el “palo del poder” y cuando uno lo tiene, todo el mundo respeta su palabra y escucha. En el “círculo” también se decide, en forma democrática, cómo repartir el trabajo, la limpieza, la cocina, los menús, los talleres”, explican.

Pese a llegar de los lugares más recónditos del planeta, el idioma no parece ser su problema. Se habla de todo, fundamentalmente castellano o inglés. La gente es afectuosa, respetuosa y predomina la colaboración. Y por las noches, todo se transforma en fiesta alrededor del fuego. Malabares, cantos, música y bailes. Todo tiene una magia especial.

“Se está relajado y dispuesto a conocer gente con los más diversos pensamientos, ideas y objetivos que superan cualquier tipo de diferencias políticas, económicas, sociales o religiosas”, dijeron.

Quieren un mundo mejor donde reine la libertad, la dignidad personal, la Justicia social y la solidaridad.

El nacimiento, en los 60

La cultura hippie se formó en los años 60′ en el Estado de California, Estados Unidos. El distrito de Haight—Ashbury fue el lugar indentificado donde todo comenzó. Un grupo de jóvenes de esa localidad comenzaron a compartir ideas antibelicistas y de anarquía pacifista, promulgando un marcado rechazo hacia la cultura materialista occidental.

Rápidamente se los asoció con el rock psicodélico y sus vestimentas coloridas. Así mismo públicamente demostraban su afinidad a la marihuana y al LSD (ácido lisérgico), pues a través de ellas buscaban alcanzar estados de conciencia alterados y una nueva forma de rebelarse ante la sociedad.

Fundamentalmente los hippies estaban (están) contra la sociedad materialista y la homogeneidad del sistema. Gracias a la importante masificación que sufrió el grupo otros movimientos emparentados luego cobraron fuerza, como la lucha contra la discriminación étnica, la liberación femenina, la liberación homosexual y la tolerancia.

La poca plata y el rebusque

EL SOBERBIO. No es fácil ser nómade en un mundo separado por fronteras. Tampoco resulta posible instalarse una temporada entera entre la selva, las montañas, o la orilla de una playa para vivir en paz sin molestar, y sin ser molestados. Estas personas son y no son hippies. Son lo que son y lo que quieren y pueden ser, como cualquiera.

“Me dedico a viajar hace seis años, me voy de un Rainbow a otro, o me quedo en alguna comunidad donde me sienta como en casa. Conocí todos los continentes, menos África que creo que voy a conocer el próximo año”, dijo Marco, proveniente del “país de los gitanos”.

Para ganar algo de plata y poder viajar, Marco toca la “embira” —un instrumento de África— y después pasa la gorra, pero “sólo en ciudades donde hay turistas sino, trabajo en las chacras uno o dos meses y me voy a países donde se puede vivir un largo tiempo con poco dinero”.

La mayoría de los hippies practican economías autosuficientes y sostenibles con el medio. Algunos son artesanos, otros dan masajes, otros viven del teatro y las acrobacias callejeras y algunos venden productos en las ferias francas o “mercados ecológicos”. También reciclan las cosas que se tiran y sobre todo respetan la naturaleza. No ensucian y comen productos que se pueden encontrar o cultivar en la tierra.

Ser parte de los encuentros es para compartir conocimientos. Hay profes de yoga, biólogos, cocineros, actores, músicos, artistas plásticos y todo lo que uno se pueda imaginar. En el Rainbow no circula dinero. Todo se enseña de manera gratuita y cada uno aporta lo que puede.

“Es increíble como en tres o cuatro días, más de doscientas personas están absolutamente organizadas”, contó.

Marco ya participó de los encuentros mundiales en Nueva Zelanda, Turquía, Costa Rica y Brasil. Curiosamente, ninguno de los participantes del evento ha escuchado hablar de los maravillosos Saltos del Moconá. Cuando El Territorio pregunta si tienen pensado ir hasta los saltos, respondieron “no, porque nunca pagaríamos para conocer un lugar natural”.

Solos o en compañía, con hijos o sin ellos, con ropa, desnudos o semidesnudos. Sin prejuicios ni miradas de curiosos. Por éstas características los encuentros del Rainbow son como un laboratorio para experimentar una cultura absolutamente distinta a la de los países del “primer mundo”, donde la depresión, el estrés y la falta de sentido de la existencia parece se han vuelto crónicas entre los niños, jóvenes y adultos.

La visión del Arco Iris responde a esta crisis de la existencia con una alternativa real y al mismo tiempo transcendental basada en los valores de la paz, la cooperación, el respeto y el amor hacia todos los seres vivos de este planeta.

Es una invitación para conectarse con uno mismo, sin dogmas ni ideologías, como hermanos y hermanas, con la vida y la naturaleza en todas sus manifestaciones.

Fuente LaVozdeCataratas