Etiquetas Posts etiquetados con "Libano"

Etiqueta: Libano

por -
1 4.177 vistas

Después de años de contención, la industria de la marihuana está nuevamente en auge en el Líbano, como resultado directo de la guerra civil en la vecina Siria.

Durante años Ali Nasri Shamas,  y otros agricultores libaneses vieron como sus cultivos ilegales fueron quemados por el gobierno.
Sin embargo, durante los últimos dos veranos, mientras el ejército se centraba en detener a los grupos militantes formados en Siria que ganan fuerza en el Líbano, sus plantas han ido floreciendo sin ser molestadas.

Las fuerzas de seguridad se han abstenido de destruir los medios de vida de los cultivadores de marihuana que, ya armados hasta los dientes, podrían resultar ser socios útiles para mantener el control de esta parte tribal del país.

descargaLos agricultores también han crecido en confianza: han almacenado AK47, municiones, ametralladoras y granadas propulsadas por cohetes y, se han unido en torno al señor Shamas, que se ha convertido en el representante oficial y defensor de su comercio.
“Estamos vendiendo hachís, y si alguien desde el gobierno trata de acercarse a el, le mataremos” dijo el señor Shamas, sus guardaespaldas fuertemente armados de pie junto a las puertas de dos SUV negros, con los cristales oscuros y sin matrículas.

A lo largo de la historia del país, el comercio de drogas ha florecido en cada período de agitación política y económica.
Tras el estallido de la guerra civil libanesa en 1975, tanto las milicias como los grupos políticos utilizaron por igual esta industria para financiar la guerra: el aumento de la demanda mundial subió los precios por las nubes y lo hizo simplemente demasiado lucrativo para poderlo abolir.

Ali-Nasri-Shamas-Lebanese-Drug-Kingpin-400x249Durante la ocupación siria, Damasco, presionada por EEUU, suprimió el comercio durante varios años, para finalmente ceder ante los señores de la guerra, a cambio de parte de los beneficios.
Incluso durante los esfuerzos para poner freno al negocio, Damasco y Beirut fueron acusados de desviar el dinero de los préstamos dados por gobiernos extranjeros, para desarrollar cultivos alternativos en la empobrecida región de la Bekaa.
Sin un final a la vista para el conflicto de Siria, y una creciente presión en el Líbano para que no sucumba a su violencia sectaria, el futuro para los productores de cannabis de la Bekaa se presenta brillante.

El señor Shamas (foto) dijo: “Las familias y los clanes de la Bekaa se han reunido después de que sufrieran hambre. No podían permitirse diesel para la calefacción o educación para sus hijos. Es por esto que empezamos esta confrontación con el Gobierno. Mientras la situación no mejore, no nos iremos.”   Traducido por Fedcac

por -
0 190 vistas

El Ministro de Agricultura del Líbano, Akram Chehayeb (foto), propuso el viernes la legalización del cultivo de cannabis con el fin de permitir que el país y sus agricultores se beneficien de los ingresos que podría obtener de las exportaciones.

“Estamos llevando a cabo estudios sobre cómo organizar este tipo de agricultura, de forma que esté supervisada por el estado, y por lo tanto el Estado pueda comprar la cosecha y exportarla a los países que la necesitan”, dijo Chehayeb. “Este producto agrícola está siendo demandado en todo el mundo ppr la producción farmacéutica.”

Continúa en Ministro; “En vez de perseguir a los agricultores, busquemos otras soluciones para ellos … La plantación de cannabis debe organizarse en beneficio del Estado y del sector industrial, y es una manera de ayudar a los agricultores.”

No se sabe todavía si los legisladores en el Libano están preparando leyes para legalizar el cannabis.

por -
2 4.066 vistas

El cultivo de hachís es habitual en aquellas zonas, como la región de Bekaa, que combinan una altitud elevada y una abundante exposición solar. Este rasgo característico del Líbano, que podría revitalizar sus zonas rurales, se ha visto debilitado por las políticas agrícolas impuestas desde el exterior. Los riesgos sanitarios asociados al consumo del cannabis son mínimos comparados con los producidos por el consumo de tabaco y alcohol y con los resultados de la guerra contra el cultivo de cannabis, que solo afecta a los segmentos más pobres de la sociedad.

Hace algunos años, diversas organizaciones libanesas, entre las que se encontraban algunos movimientos de izquierdas, lanzaron una campaña mediática para advertir de los peligros del cannabis y del aumento del consumo en los jóvenes. Aunque sus intenciones eran nobles, la campaña difundía diversos errores. El primero estaba relacionado con las afirmaciones médicas que la acompañaban, similares a la propaganda difundida en Estados Unidos en la década de los cuarenta para desanimar a los consumidores de marihuana: se decía que esta droga podía volver locos a quienes la consumían, que la gente se tiraba por las ventanas bajo sus efectos, y que llevaba a la delincuencia y al crimen. El principal problema se relacionaba con la mentalidad “beirutí”, que llevó a movimientos izquierdistas que afirman hacer suyas las quejas de los pobres y los marginados a combatir y criminalizar al hachís en lugar de demandar su legalización y acabar con la prohibición de su cultivo.

El asunto está muy claro. Los activistas urbanos sienten indiferencia –e incluso menosprecio- por la suerte de cientos de miles de campesinos de su país. Dan su apoyo a políticas y leyes que han servido para empobrecer a buena parte del Líbano rural, bien porque están centrados en temas “más importantes” (como el rechazo a la ampliación parlamentaria y la “rebelión contra el sistema sectario”), o bien por ser portadores de un punto de vista burgués que pretende preservar la normalidad y la moralidad. La adopción o defensa de ese punto de vista sería inocua si no se produjera a expensas de los segmentos más vulnerables y desfavorecidos de la sociedad.

Hasta la fecha no se han realizado estudios adecuados sobre las repercusiones sociales o el deterioro económico que ha causado en Hermel y el Valle de la Bekaa la prohibición del cultivo de cannabis en los noventa. Tampoco hay estudios sobre la prosperidad de la región y el desarrollo local que se produjeron mientras se permitió su cultivo, cuando el resto del país experimentaba, paradójicamente, las peores etapas de la guerra civil. Por todo ello, el gobierno abandonó a los agricultores siguiendo las presiones internacionales.

De la historia del cannabis

En su libro sobre la historia del cannabis, Martin Booth (que también publicó otro conocido volumen sobre el opio) afirma que esta planta es uno de los cultivos más antiguos que desarrollaron las poblaciones humanas. Hace referencia a una de las tres principales especies de cannabis de la actualidad, el “cannabis sativa”, cuyo nombre latino significa “cáñamo cultivado”, porque ha llegado hasta nosotros en su versión híbrida. Eso significa que los neandertales lo cultivaron y lo hibridaron durante miles de años, hasta que la semilla “silvestre” original se dio por perdida. La especie actual es una variedad mejorada por la agricultura.

El cultivo del cannabis se extendió no solo por sus efectos narcóticos. Las excavaciones arqueológicas nos han mostrado que su consumo formaba también parte de rituales religiosos, y que la planta estaba considerada como un recurso económico utilizado para la confección de ropa, paños de uso doméstico, cuerdas y aceites. Una teoría de la conspiración popularizada por los defensores de la marihuana en Estados Unidos sostiene que la prohibición de su cultivo está relacionada con los círculos influyentes de la industria maderera, que querían eliminar al cannabis como competidor en la industria de fabricación del papel.

También encontramos múltiples referencias al hachís y al cannabis en la historia árabe y musulmana, lo que demuestra su difusión y su uso recreativo en nuestros países a lo largo del tiempo. El cronista Abdel Rahman al-Jabarti narró su encuentro con un predicador en El Cairo que afirmaba “estar bajo los efectos del hachís” para justificar su falta de concentración durante el sermón. Ibn Taymiyyah, “Sheik al-Islam” (máxima autoridad en asuntos religiosos), debate el tema del hachís en sus fatuas para terminar prohibiendo la mayor parte de sus usos. En base a sus argumentos de jurisprudencia, podemos deducir que en aquel tiempo las personas solían consumir el hachís disolviéndolo en el té, comiéndolo directamente o cocinándolo con los alimentos (ya que aún no existía Estados Unidos y el tabaco no había llegado al viejo mundo). No obstante, la prolija explicación que aporta Ibn Taymiyyah y su detallada argumentación sobre la prohibición nos permiten deducir que los estudiosos de su tiempo no tenían una postura clara o concluyente sobre el tema.

El Líbano y su rasgo diferencial

Para comprender la relación especial entre el Líbano y el hachís, y el rasgo diferencial que caracteriza al Valle de Bekaa y sus montes circundantes en este tema, debemos explicar algunas nociones básicas sobre el cultivo de esta planta. Según Martin Booth, la “calidad” del hachís (es decir, la concentración del principal componente psicoactivo de las plantas hembras, el tetrahidrocannabinol o THC) está directamente relacionada con dos factores: la altitud y la insolación. El cannabis necesita grandes cantidades de radiación solar durante su periodo de madurez, para que la planta pueda crecer rápidamente, y el crecimiento de su parte genital (la que contiene el THC) necesita radiación infrarroja, que aumenta con la altitud.

Para conseguir una buena calidad, el cannabis necesita crecer en áreas montañosas que sean, además, calurosas y estén expuestas al sol ardiente del verano, algo que no es muy habitual en el mundo. Por este motivo, el cultivo de cannabis abunda en las regiones específicas que combinan ambas características, sol y altura, como el Atlas en Marruecos, las montañas de Afganistán… y la Bekaa libanesa.

Este es un “don geográfico” que no puede reproducirse o comprarse con dinero y que está limitado a unas cuantas regiones del mundo. Booth afirma que los mejores y más caros tipos de hachís crecen en la India, en las faldas del Himalaya y en las alturas superiores a 3.000 metros y que, debido a su rareza, se preservan en bolsas de piel especiales. Estas características han hecho que Hermel y Bekaa en el Líbano sean un centro del cultivo del cannabis desde tiempos remotos.

La encantadora ciudad de Yamuna, situada en un valle interior de las sierras occidentales del Líbano, adquirió su buena reputación en la producción de cannabis no porque posea su suelo sea especial o esté bendecido por un hombre santo, sino porque la altitud de sus tierras yermas y sus abundantes fuentes, crean las condiciones perfectas para el cultivo del cannabis. Si las cumbres de Hermel se hubieran beneficiado de los proyectos de irrigación planeados hace décadas, toda el área sería ahora como Yamuna.

El oro libanés

En las últimas dos décadas, en Occidente han surgido nuevas variedades de marihuana y se han desarrollado técnicas de cultivo en lugares cerrados, bajo condiciones de iluminación y temperatura controladas, que producen cosechas con una concentración del componente psicoactivo superior a las de cualquier variedad cultivada en la naturaleza.

Pero estos sistemas de cultivo (que abastecen el mercado médico y comercial de la marihuana en Occidente) exigen una gran cantidad de energía por planta. Además resulta menos competitivo –en sentido comercial- que aquellas tierras que son, por naturaleza, ideales para el cultivo del cannabis y han sido cuidadas durante siglos por generaciones de agricultores. Decenas de miles de estas hectáreas pueden ser aprovechadas a bajo coste, aprovechando exclusivamente la generosidad del sol y del cielo.

De todo esto podemos concluir que las áreas marginales del Líbano son ideales –de forma natural- para su cultivo y que algunas de ellas cuentan con rasgos diferenciales a escala global. Una rápida ojeada a la mano de obra, el precio de la tierra y las políticas estatales del Líbano es suficiente para entender que, probablemente, el producto más competitivo del país –que eliminaría la pobreza rural y llevaría el desarrollo al campo- no son las patatas o el trigo. Además, una de las principales características del este del Líbano es que las propiedades agrícolas son relativamente pequeñas y están fragmentadas y que la mayor parte de los campesinos son dueños de sus tierras, lo que previene el advenimiento de cárteles feudales o semifeudales (lo que sucede en Afganistán o en Sudamérica), o el asentamiento de enormes compañías agrícolas que exploten el trabajo de los campesinos y monopolicen las ganancias en beneficio de los grandes terratenientes. Tradicionalmente, una parte importante de las ganancias procedentes del cultivo de plantas de “contrabando” en la región de Bekaa iba directamente a los agricultores.

La cuestión debería ser replanteada, una vez que el país que presionó y obligó al Líbano a prohibir el cultivo de cannabis, Estados Unidos, ha legalizado el consumo de hachís en varios estados. Los gobiernos occidentales ya no cuentan con una excusa moral o legal para imponer estas políticas en nuestro país. La tendencia general en Occidente es la de legalizar los derivados del cannabis o, al menos, no criminalizar ni perseguir a sus consumidores. Pero exigen que Líbano detenga a sus campesinos, que intentan evitar el hambre y la emigración.

Guerra contra los pobres

Una de las razones que han motivado la ola de legalización de marihuana en Occidente, incluso su consumo con fines recreativos, es la ausencia de argumentos médicos (como la amenaza a la “seguridad pública”) que justifiquen la prohibición del hachís mientras se permite el uso de otras drogas como el tabaco o el alcohol, mucho más peligrosas y dañinas que la marihuana. Tal y como escribió en una ocasión el profesor Assad AbuKhalil, si el güisqui fuera producido por los países del Sur y el hachís estuviera monopolizado por Occidente, el vino estaría prohibido y mal visto en el Líbano y las calles estarían llenas de anuncios de las empresas productoras de hachís.

La ciencia es tajante a este respecto. Diversos estudios rigurosos han demostrado que el consumo de hachís puede tener efectos secundarios y ser peligroso para personas que sufran determinadas dolencias neurológicas. Su consumo excesivo puede causar adicción y dependencia en uno de cada diez casos. Sin embargo, estos riesgos son insignificantes comparados con los asociados al tabaco, al alcohol o, incluso, al estrés. Puede que lo más peligroso de un “cigarrillo de marihuana” sea la combustión del tabaco con el que se mezcla. Mientras redactaba este artículo hice una consulta al profesor e investigador de origen libanés que trabaja en la Escuela Médica de Harvard, quien gentilmente me proporcionó estudios y resúmenes científicos. Él expresó su oposición a la criminalización del cultivo de cannabis, añadiendo que los beneficios de su uso médico son “muy reales” y que los mayores daños son los derivados de la guerra contra su cultivo, como lo demuestra la experiencia de Estados Unidos, ya que esta guerra afecta fundamentalmente a las clases más pobres (en el Líbano como en Estados Unidos) que no tienen voz en la sociedad.

La legalización del cultivo de cannabis no forma parte de las preocupaciones de las organizaciones de la sociedad civil y no recibirá financiación de las instituciones o los gobiernos europeos. Sin embargo, a diferencia de muchas de las campañas creadas por estas organizaciones para justificar su existencia, es un objetivo que puede conseguirse y puede servir para cambiar de forma directa la vida de muchas personas.

Es posible imaginar un futuro distinto para grandes áreas del Líbano que se encuentran marginadas y desfavorecidas en la actualidad. Un futuro en el que los campesinos puedan vivir con dignidad y prosperidad sin tener que abandonar su tierra, y en el que esta y su producto tengan un valor real. Si ello llega a suceder, las personas que viven en la costa podrían trasladarse a las zonas del interior en busca de trabajo y oportunidades. Traducido del inglés para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

por -
1 336 vistas

Es improbable que sean los primeros en responder a los militantes islámicos, pero los agricultores de cannabis fuertemente armados y que una vez lucharon contra el ejército libanés están recurriendo a sus armas en otros lugares.

Es el final de una cosecha abundante dijo el agricultor Abo Hamoudi, de 65 años de edad
“No hay nada más que esta tierra nos puede dar a los productores”, dice.

“No tenemos nada más. No tenemos puestos de trabajo y nuestro país es pobre. Cultivamos esto para nuestro sustento”.

El señor Hamoudi está cultivando un cultivo ilícito.

El hachís se produce de la planta de cannabis en su finca, de una hectárea, en el valle de Bekaa en el este del Líbano.

Es ilegal cultivar o vender cannabis en el Líbano, pero es la única forma de vida que el señor Hamoudi ha conocido siempre.

“Al crecer, vi a mis padres plantarla por lo que continuó cultivandola yo. No sólo nosotros, toda la Bekaa cultiva mucho,” dice.

El Sr. Hamoudi es del fértil valle de la Bekaa de Líbano, cerca de la frontera con Siria.
Los clanes locales en esta zona empobrecida han tomado la ley ellos mismos.

En el pasado, el ejército libanés descendería anualmente en esta área para destruir los cultivos ilícitos, lo que llevaba a fuertes enfrentamientos con los agricultores de marihuana.

El Sr. Hamoudi dice que en los dos últimos años, el ejército mira hacia otro lado.

“Están distraídos con el Estado islámico y están luchando en la frontera. También combatimos con el ejército. En dos días será mi turno para luchar en la frontera entre Siria y Libano. Nosotros los combatimos en la frontera por lo que no vienen aquí dentro”.

Los cultivadores de marihuana dicen que son la primera línea de defensa contra las militantes del Estado islámico o el grupo Jabhat al Nusra que cruzan la frontera de Siria y que se encuentra a unos 40 kilómetros del Valle de Bekaa en el país.

Abo Hamoudi dice que está bien preparado para combatir a la insurgencia.

“Voy a quemar un tanque si me golpean con el. Si me golpea una pick-up con gente del Estado islámico en el, se quemará. Si golpea cualquier vehículo del Estado Islámico, voy a quemarlo.”

El Jefe de Control de Drogas del Líbano, el coronel Chassan Chamseddine admite que se han estirado al límite, y que los agricultores de cannabis puede ser útiles, a pesar de sus actividades ilegales de explotación.

“Creo que están usando a los militantes del Estado islámico como excusa para justificar que tienen armas, pero la verdadera razón es la protección de su hachís,” dice.

“Pero por supuesto, si hay asalto desde fuera del Líbano al Líbano pueden usar sus armas para ayudar al ejército. Aunque el ejército libanés tiene el deber oficial de defender al pueblo.”

Más información

por -
1 139 vistas

El cultivo de marihuana se ha convertido en los últimos años en una lucrativa fuente de ingresos para los agricultores libaneses, especialmente en las regiones deprimidas de Akkar o del valle de la Bekaa, en gran medida gracias al fin de las campañas militares anuales contra las plantaciones.

El Ejército empleaba excavadoras para arrasar las plantaciones y quemaba los cultivos ante la frustración de los agricultores, pero desde 2012 las campañas de erradicación se han ido limitando hasta su eliminación ‘de facto’. Ahora el Ejército tiene otras preocupaciones ante el estallido de violencia que supuso la sublevación en la vecina Siria contra el régimen del presidente Bashar al Assad.

Este cambio de objetivo se ha notado especialmente en el valle de la Bekaa, una de las zonas más fértiles del país y fronteriza con Siria. Allí los agricultores y los poderosos clanes familiares han expresado su intención de defender las plantaciones, cada vez más en auge, incluso con las armas.

Hace dos años los granjeros cortaron las carreteras en respuesta a las primeras quemas de cultivos y las autoridades tuvieron que dar marcha atrás. Prometieron compensaciones para los granjeros afectados por la campaña de erradicación y ayudas para la plantación de cultivos alternativos. Sin embargo, los agricultores aseguran que estas promesas no se han cumplido.

La marihuana es una planta particularmente adecuada para el clima seco de la región, que no necesita el riego tan costoso imprescindible para otros cultivos. Se calcula que el cultivo de un dunum (una décima parte de hectárea) cuesta a los agricultores entre 100 y 150 dólares, mucho menos que el trigo, y genera tras la cosecha, a finales del verano, hasta 3.000 dólares por dunum.

UN CULTIVO TRADICIONAL

El cultivo de marihuana era habitual ya durante la guerra civil libanesa (1975-1990), cuando se producían unas mil toneladas de resina de cannabis al año. Con la paz se pusieron en marcha las campañas de erradicación, especialmente efectivas desde 2005, cuando se retiraron las tropas sirias. Desde entonces se redujo de 65.000 a unos 15.000 dunums plantados.

“Desde los 90 y hasta 2012 las erradicaciones de cannabis se hacían anualmente”, ha explicado el responsable de la unidad antidroga del Ejército libanés, el coronel Ghassan Shamseddine. “Pero en 2012 (…) se interrumpió debido a la situación en las fronteras libanesas y a la inestabilidad en Siria”, ha explicado Shamseddine en una entrevista realizada en Beirut.

Desde el año pasado las campañas de erradicación están suspendidas oficialmente después de un incremento de la violencia relacionada con la guerra civil en Siria y se estima que hay unos 35.000 dunums plantados.

Los últimos datos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, de 2011, sitúan a Líbano entre los cinco mayores productores de resina de canabis.

PETICIONES DE LEGALIZACIÓN

Los primeros que defienden la legalización son los propios agricultores, pero a ellos también se han unido voces de la política tradicional como el líder druso Walid Jumblatt. Jumblatt asegura que él nunca ha fumado esta droga, pero el mes pasado apoyó el cultivo legal de marihuana para fines médicos y defendió que ello contribuiría a mejorar el nivel de vida en las zonas más pobres del valle de la Bekaa.

El economista Marwan Iskander estima que la legalización del cultivo de marihuana aportaría 400 millones de dólares a las arcas públicas y supondría 2.000 millones de dólares al PIB libanés, un impulso que sería clave para una economía muy afectada por la crisis siria.

“Con el hachís nadie pierde”, ha relatado un agricultor de esta región, Alí Nasri Shamas, armado con revólver y fusil para defender su plantación de marihuana. “Cuando el Estado lo legalice y conceda licencias, igual que hacen con el tabaco, lo cumpliremos y el Estado recibirá” beneficios, ha argumentado.

Sin embargo, si la legalización no se produce, Shamas ha explicado que continuaría plantando marihuana. “Cada año que las destruían les decíamos que plantaríamos cinco veces más (…). Si quieren legalizarlo, lo agradeceremos (…), pero si alguien de las bandas del Estado nos ataca, responderemos”, ha amenazado.

Fuente LaRegión

por -
0 218 vistas

El Líbano, oficialmente la República Libanesa, tiene fama de producir un hachís de gran calidad, que se exporta por todo el mundo. Desde la década de 1990, el estado ha intentado, de manera activa, acabar por completo con la industria del cannabis, con mayor o menor éxito. Este año, la policía de fronteras, que hasta ahora parecía estar bastante distraída, está centrando sus esfuerzos en el conflicto de Siria, por lo que los cultivadores libaneses no suelen encontrarse con ningún tipo de obstáculo.

Legislación y Política Internacional

Según la legislación libanesa, el cultivo y la posesión de cannabis son ilegales, y desde 1991—poco tiempo después de que terminase la guerra civil que duró desde 1975 a 1990—el gobierno participa activamente en los intentos por acabar con las actividades en el valle de la Becá, centro tradicional del cultivo y de la elaboración de hachís.

A-farmer-harvests-mature-cannabis-plants-in-Bekaa-Lebanon
Un agricultor cosecha las plantas de cannabis maduras en el valle de la Becá, Líbano

Como respuesta a la presión de la comunidad internacional, se empezaron a aplicar medidas represivas en serio, aunque se han producido de forma esporádica a lo largo de estos años. Entre 2005 y 2007, no se produjeron erradicaciones, ya que, debido a la inestabilidad política en la zona, los recursos y la capacidad de la división antidrogas del Líbano—la Oficina de Control de Drogas (DEB) de la Fuerzas de Seguridad Interna—se habían estirado hasta el límite de sus posibilidades.

Los programas de erradicación provocan disturbios

En 2009, después de una serie de redadas especialmente intensas, las autoridades libanesas afirmaron haber erradicado la producción de cannabis y opio en su totalidad. Sin embargo, parece que el cannabis que se cultivaba en el valle de la Becá es una hierba mucho más persistente de lo que las autoridades esperaban. En cuanto los militares se fueron del valle, volvieron a intensificarse los intentos de seguir produciendo. A día de hoy, la producción de hachís ha aumentado considerablemente, aunque su nivel actual equivale a la mitad de lo que se producía en el momento álgido de la época previa a las erradicaciones.

La violencia en la zona ha aumentado, debido a la desesperación e indignación que sienten los agricultores al enfrentarse a la destrucción de la totalidad de su cosecha por parte de unos funcionarios indiferentes. A raíz de los enfrentamientos armados registrados en 2012—que sólo cesaron bajo la promesa del gobierno (luego incumplida) de conceder una indemnización a los agricultores afectados—las autoridades han declarado que las erradicaciones serán aplazadas indefinidamente.

Arrestos y Sentencias relacionadas con el Cannabis

Los arrestos por posesión de cannabis no son demasiado frecuentes en el Líbano, aunque cuando se producen, suelen ser por cantidades menores. En julio de 2013, una mujer natural de Baalbek, de veintiséis años de edad, fue arrestada y acusada de tenencia de seis gramos de cannabis en Dahr al-Baydar. En abril de 2013, dos hombres libaneses y un jordano fueron detenidos por intento de tráfico de 60 kg de hachís que se dirigían a Israel.

The-Lebanese-army-conducting-eradication-operations-in-the-Bekaa-Valley
Los operativos del ejército libanés que realizan las erradicaciones en el valle de la Becá

En el valle de la Becá, hay más de 40.000 órdenes de detención pendientes contra miles de agricultores y traficantes. En muchos casos, los individuos buscados tienen varias órdenes de arresto pendientes, a menudo por delitos como atacar a las fuerzas armadas, así como por cultivo o tráfico. Se ha solicitado una amnistía para estas órdenes de arresto pendientes, como parte de un movimiento cuyo propósito es aumentar la cooperación entre los agricultores y las autoridades.

La historia del cannabis en el Líbano

Tradicionalmente, se lleva cultivando cannabis y elaborando hachís durante siglos en el Valle de la Becá en el Líbano. Durante la época otomana, los pachás o bajás que gobernaban en el valle favorecían la producción. El hachís estaba presente en todos los ámbitos, e incluso se utilizaba como moneda de cambio.

Cuando el Imperio Otomano se dividió después de la Primera Guerra Mundial, la Liga de las Naciones le asignó a Francia la autoridad sobre Siria y el Líbano. En 1926, se redactó una nueva constitución nacional y se prohibió la producción de hachís. Pronto se desarrolló una industria ilegal, y ya en la década de 1950, el negocio iba viento en popa.

La guerra civil (1975-1990) permitió que prosperase el comercio de hachís libanés, ahora ilegal, ya que los agricultores colaboraban con varias milicias para llevar a cabo actividades muy efectivas y a gran escala que hicieron posible la producción, el transporte y la venta de grandes cantidades. Inevitablemente, parte de las ganancias obtenidas del comercio fueron destinadas a financiar las operaciones de estas milicias.

La ocupación siria del Líbano (1976-2005)

Durante los años de ocupación siria del Líbano, supuestamente, las fuerzas invasoras recaudaban impuestos de los agricultores y de los contrabandistas del valle de la Becá, y los miembros de la familia gobernante de Siria Al-Assad se beneficiaban directamente de este sistema. Además, la inteligencia militar siria desempeñó un papel fundamental en la gestión de los conflictos territoriales, en ocasiones violentos, entre las diferentes milicias y clanes que actuaban en el valle.

Siria ocupó el valle de la Becá, entre 1976 y 2005, y en el momento cumbre de sus operaciones, más de la mitad de la tierra agrícola disponible (tradicionalmente cultivada con una gran variedad de cultivos como el trigo, la uva y el cannabis) se dedicaba exclusivamente al cultivo de cannabis y de la planta del opio.

La participación de Siria en los programas de erradicación

Cuando la guerra civil terminó en 1990, las tropas sirias seguían ocupando el valle de la Becá; tras las negociaciones entre el gobierno libanés, Siria y la amplia comunidad internacional, los mismos intereses que, previamente, se habían beneficiado del comercio, empezaron a intentar destruir por completo la industria del cannabis en el valle de la Becá.

Entre 1991 y 1994, se destruyeron alrededor de 30.000 hectáreas de cannabis, privando a 250.000 personas y 23.000 explotaciones familiares de su fuente principal de ingresos. Supuestamente, mientras se arruinaban miles de pequeños agricultores, las organizaciones dedicadas al contrabando más importantes se vieron compensadas con escaños en el gobierno.

Hezbolá, Siria y el dinero de la droga

Después que las tropas de Siria se retirasen de la Becá, Hezbolá, la organización islamita chiíta perfectamente armada y organizada, tomó el control de la zona, junto con el control de la industria del hachís. Existen denuncias de que Hezbolá, cuyo poder sigue creciendo sin parar desde su creación en 1985, continúa protegiendo los intereses de Siria en la Becá, a cambio de financiación y apoyo.

The-militant-group-Hezbollah-is-linked-with-trafficking-of-weapons-and-drugs-in-Syria-and-the-Bekaa-Valley-250x163
El grupo militante Hezbolá está vinculado con el tráfico de armas y drogas en Siria y en el valle de la Becá

Hezbolá tiene tanto poder en el Líbano que se le ha denominado un “Estado dentro del Estado”, y actualmente lucha, junto al régimen chiíta de Siria, para intentar sofocar la sublevación que ya dura tres años y que ahora se está extendiendo al Líbano—además de proteger sus campos de cannabis en el norte de Siria. Según se dice, las tropas rebeldes de Siria reciben formación militar de los operativos de Hezbolá en el valle de la Becá.

La Gobernación de Becá es una zona principalmente chiíta, y muchos de los soldados de Hezbolá que combaten en Siria nacieron en el valle. Hezbolá está financiado principalmente por el régimen sirio, y como el poder y la riqueza de este último se ha ido erosionado debido a la guerra civil, en consecuencia, ha aumentado la importancia del capital procedente de las drogas. El ingreso anual actual de la red de distribución de drogas de Hezbolá se estima en 4,4 mil millones €.

La participación de Hezbolá en la producción de hachís

En 2001, Hezbolá aconsejó a las autoridades libanesas que renunciasen a los programas de erradicación planificados en el valle—aparentemente, en un intento de proteger los medios de subsistencia de los agricultores—y, poco a poco, el comercio de cannabis comenzó a aumentar una vez más.

Se cree que Hezbolá también tiene sitios de cultivo de cannabis más pequeños en los territorios alauitas de Siria; se ha informado de que protegen sus campos con celo, y no se permite el acceso ni a las tropas sirias ni a las libanesas. Sin embargo, Hezbolá niega estar implicado en el tráfico de cannabis y apoya la postura oficial que está en contra de la producción de drogas.

The-Bekaa-Valley-is-the-heartland-of-cannabis-cultivation-in-Lebanon-250x166
El valle de la Becá es el centro del cultivo de cannabis en el Líbano

Es un reto continuo controlar una zona tan inestable. Los enfrentamientos violentos entre bandas rivales y con las fuerzas armadas han aumentado desde 2005; en general, Hezbolá ha dejado que el ejército haga frente a los disturbios, y ha tardado en poner en marcha políticas decisivas con respecto al futuro de la zona.

El Comercio de Cannabis Actualmente

El Líbano sigue siendo un importante proveedor de hachís para Europa, África y los Estados del Golfo, aunque su producción anual es, en general, bastante inferior a la de la década de 1980. Cada año, una gran cantidad del contrabando atraviesa la frontera con Siria, porosa y mal custodiada, y también se introducen de contrabando cantidades importantes—aunque más pequeñas—en la frontera entre Líbano e Israel.

Los pueblos del Valle de la Becá están subdesarrollados y la ley tribal sigue teniendo un gran poder, protegida por las diversas familias armadas de la zona. El área se mueve impulsado por la economía de las drogas ilegales, y cuando no se puede cultivar cannabis, la pobreza aumenta rápidamente. Baalbek y Yammouneh son particularmente conocidos como centros del comercio de hachís; durante la temporada alta, prosperan los mercados con muestras evidentes de actividades comerciales ilícitas.

La producción de cannabis está muy por debajo de su punto álgido en la década de los 80, cuando se cultivaban hasta 60.000 hectáreas cada año. Sin embargo, parece que el área de cultivo se está expandiendo rápidamente, una vez más; la carretera que va desde la ciudad de Baalbek a Yammouneh está de nuevo flanqueada por campos de cannabis.

El Cultivo de Cannabis en la Becá

Se estima que, en 2002, sólo se cultivaban 2.500 hectáreas de cannabis en el extremo norte del valle. Parece que el cultivo se redujo durante varios años—en 2009, cuando las autoridades afirmaron haber erradicado el cultivo del todo, sólo se destruyeron 1.300 hectáreas. No se sabe cuál es la extensión total del cultivo en la Becá en la actualidad, pero se estima que está en al menos 5.000 hectáreas, y sigue aumentando.

A-field-of-cannabis-in-Lebanons-Bekaa-Valley-250x165
Un campo dedicado al cultivo de cannabis en el Valle de la Becá en el Líbano

La cosecha de 2013 no fue objeto de los esfuerzos de erradicación, y la abundante cosecha resultante ha producido una fuerte caída en el precio al por mayor del hachís. El precio de un kilogramo ha bajado de unos 750 € en 2012 a menos de 400 € en la actualidad.

El cannabis crece en el agreste y árido Valle de la Becá, sin necesidad de riego ni fertilizantes, a diferencia de muchas otras plantas, y es mucho más rentable. Una hectárea de cannabis puede producir desde 40-100 kg de hachís, por valor de 16.000 €- 40.000.€

Las erradicaciones han generalizado la pobreza

Aunque las políticas severas de las autoridades libanesas no han acabado con el comercio, lo han alterado de forma irremediable. Tradicionalmente, un gran número de agricultores dependían de la cosecha anual de cannabis para aumentar los escasos ingresos obtenidos de los otros cultivos.

Se ha intimidado y obligado a muchos de estos agricultores a pequeña escala a abandonar el comercio, dejándolos expuestos a la pobreza, ya que el gobierno y la comunidad internacional han fracasado repetidamente a la hora de proporcionar medios alternativos de ingresos. Mientras que muchos agricultores han reanudado recientemente sus actividades, todavía se sufren los efectos de los veinte años de pobreza en la zona—y el futuro de su medio de vida no está ni mucho menos garantizado.

El movimiento tuffar

Durante décadas, los agricultores se han ido organizando poco a poco en colectivos informales, para intentar unificarse contra un estado que se entromete. Por ejemplo, el movimiento tuffar está formado por un grupo de individuos que rechazan tanto a Hezbolá como el control del Estado, y están muy involucrados en la producción de hachís en las regiones sin ley del norte de la provincia de Baalbek-Hermel.

Los miembros del grupo han manifestado su disposición para la guerra sin cuartel con las autoridades libanesas si se intenta realizar erradicaciones antes de la próxima cosecha. Los miembros de Tuffar han estado relacionados con varios enfrentamientos violentos entre los agricultores y las autoridades, y muchos de ellos tienen órdenes de arresto pendientes. Las autoridades libanesas que intentan realizar erradicaciones en la Becá se han visto obstaculizadas no sólo por las acciones de los campesinos hostiles y armados hasta los dientes, sino también por la falta de voluntad generalizada de los proveedores de servicios locales para ayudar en los operaciones.

Farmers-in-the-Bekaa-Valley-have-been-encouraged-to-grow-other-crops-such-as-potatoes-250x166
Se ha animado a los agricultores del Valle de la Becá a cultivar otros productos como las patatas

En 2012, se comunicó que los esfuerzos por erradicar los cultivos se habían pospuesto, ante la negativa de los operarios de las excavadoras locales de alquilar sus equipos para usarlos en la destrucción de los campos de cannabis. Varios tractores han sido atacados por los campesinos armados y los ancianos de la tribu han advertido a los operativos que no participen en los programas. En agosto de 2012, después de una sentada organizada por cientos de campesinos armados en Yammouneh, las autoridades decidieron posponer las erradicaciones por completo.

La elaboración de hachís en el Líbano

Una vez que se recoge la cosecha a finales de septiembre (las plantas generalmente se dejan en el campo hasta que estén casi secas), se suele poner las plantas en una azotea para que se sequén completamente al sol, y luego se almacenan en un lugar fresco y seco durante dos o tres semanas para curarse. Una vez que el material de la planta se seca y se cura, puede comenzar el proceso de separación de la resina cristalina de las flores, tallos y hojas.

En primer lugar, se le quitan a las plantas los tallos y las hojas exteriores, y las flores se agitan y se restregan sobre una serie de finas mallas de seda con diferentes tamaños. La primera sacudida se realiza en la malla más pequeña, y produce un polvo fino de un tono rojizo y dorado. Se llevan a cabo dos o tres sacudidas más, con resultados de una calidad cada vez menor.

Almacenamiento y prensado del hachís

El polvo tamizado se guarda en bolsas de plástico hasta el invierno, momento en el que se traslada a unas bolsas de algodón o lino para prensarlo. Se utilizan prensas industriales para comprimir el polvo en bloques de un hachís maleable y suave, en los que se ve claramente las marcas dejadas por las fibras de las bolsas.

Además de elaborar un hachís rojizo y marrón a partir de plantas cosechadas más tarde (la variedad conocida como “Libanés rojo”), ocasionalmente, los agricultores también cosechan algunas plantas a principios de la temporada, cuando los tricomas no han madurado del todo. Esto se traduce en una forma de hachís más claro, de color amarillento conocido como “libanés rubio”, que suele ser más ligero y presenta un efecto más “cerebral”.

Lebanese-hashish-stamped-with-the-distinctive-cedar-tree-symbol
Hachís libanés, sellado con el símbolo distintivo del cedro

Uso cultural del cannabis

En el valle de la Bekaa, el uso tradicional del cannabis (conocido allí como Al-Mabroukeh, la planta bendita) fue parte integral de la sociedad durante siglos, a pesar de que su amplia presencia ha disminuido en los últimos veinte años. Durante los años de apogeo, la mayoría de las familias de la localidad participaban en el comercio; los niños se familiarizaban con todas las etapas del proceso de elaboración del hachís a una edad temprana, los agricultores lo intercambiaban mediante el trueque, lo usaban en la dote, y se lo ofrecían abiertamente a los visitantes e invitados.

Fuera de la Becá, el uso del hachís y del cannabis está mal visto, hasta cierto punto, por la sociedad libanesa, que al parecer tiende también a asociar el hachís a otras drogas más peligrosas. Los agricultores de cannabis suelen ser demonizados por los medios de comunicación, y los colectivos agrícolas calificados como “mafias”. Los libaneses suelen utilizar el término hashishine para referirse a los consumidores de cualquier droga, no sólo para los de hachís.

Sin embargo, existe una subcultura de uso en gran parte del Líbano—el hachís se encuentra ampliamente disponible (y de vez en cuando marihuana), es barato y fácil de localizar. Además, hay indicios de que la actitud predominante está cambiando al tiempo que la generación del “baby boom” de la década de los 60, que generalmente es más liberal que la anterior, se ha convertido en una presencia dominante en la sociedad.

¿Cuál es el futuro del cannabis en El Líbano?

El Líbano sigue siendo uno de los cinco mayores productores mundiales de hachís, lo que representa alrededor del 5-6% de la oferta total mundial desde 2002. La demanda mundial de cannabis y hachís es cada vez mayor, y supone un gran incentivo para que los agricultores libaneses pobres vuelvan a su modo de vida tradicional.

Ahora que la oportunidad se ha presentado una vez más, los residentes del Valle de la Becá han respondido con rapidez, y están decididos a no dejar que nada se interponga en su camino. El ejército está desgastado por los conflictos de seguridad continuos, y los agricultores están desesperados—y dispuestos a defender sus cultivos con sus vidas si es necesario. Con el fín de evitar cualquier tipo de carnicería, las autoridades han optado sabiamente por abstenerse de actuar, por el momento al menos.

Es importante documentar tanto la historia como los acontecimientos recientes relacionados con la guerra contra las drogas que, a día de hoy, sigue afectando a las vidas de tantas personas en todo el mundo. Por esta razón, Sensi Seeds y Hash Marihuana & Hemp Museumen Ámsterdam, intentan proporcionar la información más precisa, actualizada y objetiva sobre la situación actual, país por país. Agradeceremos cualquier comentario, observación y corrección.

Por Seshata

Fuente SensiSeeds

por -
1 383 vistas

Libano.- Agricultores libaneses armados con metralletas, lanzagranadas y morteros fuerzan a las tropas gubernamentales a abandonar una operación que perseguía destruir sus cultivos de cannabis.

Dos vehículos de las fuerzas de seguridad fueron alcanzados por las balas.

En Israel se cultiva marihuana medicinal en la ciudad de Safed

Agricultores libaneses armados con metralletas, lanzagranadas y morteros han forzado a las tropas gubernamentales a abandonar una operación que perseguía destruir sus cultivos de marihuana en el valle de la Becá. En el intercambio de fuego registrado este lunes no ha habido víctimas, pero dos vehículos de las fuerzas de seguridad fueron alcanzados por las balas, ha asegurado un testigo del enfrentamiento.

Durante la guerra civil del Líbano, entre 1975 y 1990, el fértil valle de la Becá produjo hasta 1.000 toneladas de resina de cannabis al año y de 30 a 50 toneladas de opio, utilizadas para fabricar heroína. Un programa de las Naciones Unidas, aplicado entre 1991 y 1993, erradicó el cultivo de estas drogas, pero dado que las fuerzas de seguridad invierten gran parte de sus esfuerzos en mantener el control del inestable país, este tipo de plantaciones han resurgido.

No existen estadísticas fiables sobre la cantidad de cannabis que se produce en el Líbano ahora mismo. Las fuerzas de seguridad realizan operaciones para destruir los cultivos de marihuana, pero los agricultores se resisten furiosos a perder esta forma de lucrativo cultivo, en el que ven una manera de hacer dinero para sus empobrecidas comunidades. Una fuente de la seguridad del país ha asegurado que las fuerzas del Gobierno libanés se están reagrupando y planifican ya una nueva operación para destruir la cosecha.

 

Fuente Abc