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La acción comienza en el salón de un piso compartido. Tres estudiantes, que aspiran a convertirse en directores de cine, preparan el guión sobre el cual rodar un cortometraje que les han encargado como trabajo de fin de carrera. Entre vapores de marihuana y cerveza, Carl Emerson, Keith Lake y Greg Palmer discuten sobre cómo llevar a buen puerto ese guión.

Maquetación 1 (Page 1)En otra zona de la ciudad Albert Armeta y Henry Conti torturan a una persona por encargo de su jefe, Adrian Price, importante capo que tiene para ellos un nuevo encargo: hacerse con la grabación íntima que un desaprensivo ha realizado a su única hija, Barbara Steel.

Mientras tanto, tres pequeños traficantes de droga (Raymond, Arthur y Christina), planifican la recolecta de un cultivo de marihuana que ya tiene comprador. ¿Cómo pueden todos esos personajes llegar a coincidir sin conocerse? Ese es el leit motiv de una novela a capricho del autor, que comienza directamente con un diálogo en una aventura donde no se especifica la ciudad donde transcurre la acción, ni los días o las horas, solo el objetivo de crear una loca historia para pasar un buen rato con innumerables referencias al cine, y donde cada uno de los nombres de los personajes es un homenaje a grupos de música, actores de cine o personajes de novela.

Un guión de cine que tropezó y se convirtió en una novela. Eso es The Holy Cannabis.

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Precio: 10 euros   arcadiotocino@yahoo.es  la novela se puede enviar firmada y con dedicatoria

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Un nuevo libro promete enseñar a usar el cannabis para mejorar la salud. El libro escrito por la Dra. Michelle Ross, una ex científica de la Autoridad Antidrogas estadounidense que decidió dejar y tomar medidas para legalizar el cannabis después de que un estudio encontrase la marihuana inofensiva. Todo lo contrario “A todos nos falta esta vitamina, vitamina Weed. ¿Por qué no nos la tomamos? “ dice ella.

Para millones de estadounidenses hoy en día ha es bastante sencillo el acceso al cannabis medicinal, pero la gran mayoría elige no utilizarla debido al estigma o la falta de conocimiento. El cannabis no es sólo para la gente enferma: puede ayudarte a dormir, mejorar la vida sexual, deshacerse de los dolores de cabeza y espalda y mejorar tu creatividad, dice la Dra. Michelle Ross, autora del nuevo libro “La vitamina Weed: conseguir estar uno bien no es colocarse, estar saludable no es colocarse”

Vitamina Weed MarihuanaLa Dra. Ross es una investigadora de neurología del cerebro y primera científica que participó en el programa “Gran Hermano” en los EE.UU., ha recibido apoyo financiero durante años para financiar sus actividades de investigación en los EE.UU. Drug Enforcement – a fin de encontrar el daño que causa el cannabis cerebro humano. Pero después de descubrir que el cannabis no sólo no causa daño cerebral, sino que incluso le ayuda, decidió dedicar su vida a su investigación ¿Cómo funciona el sistema endocannabinoide en el cuerpo. “El cannabis protege el ADN y ralentiza el proceso de envejecimiento”, dijo en una entrevista. “Cuando empecé a fumar me encontré con que mi piel se sentía mejor, la vida no es fácil, y si hay una cosa que ayuda a que la gente supere los malos momentos de la vida cómodamente, entonces es cuando alivia la tensión que es responsable de muchas enfermedades y suicidios. Usted no tiene porque tener epilepsia y no poder disfrutar del tratamiento con cannabis. Esta vitamina es deficiente para todos nosotros, la vitamina Weed. ¿Por qué no tomarla? “

Debido a que en las escuelas de medicina no se enseña todo el sistema endocannabinoide, el sistema más esencial para el buen funcionamiento del cuerpo, el conocimiento adquirido por la Dra.Ross se ha convertido en un tema muy valioso y ahora ella ha decidido difundirlo lo más lejos posible “en un intento de enseñar al público lo que el gobierno estaba tratando de ocultar durante tantos años”, dice

En su nuevo libro, “La vitamina Weed“, muestra un plan de cuatro pasos para corregir la falta de los cannabinoides y la estabilidad y el equilibrio del cuerpo. Abrió una escuela con una campaña de marketing den un sitio de crowdfunding sitio, Publishizer‘, y básicamente el 10% de las ventas de los libros promete utilizarlo en beneficio de la investigación de cannabinoides que se llevará a cabo en nuestros laboratorios de Green Stone Lab.

Estoy muy emocionada de compartir mis conocimientos de años de” investigación en la prevención y tratamiento de enfermedades utilizando el cannabis”, dice el comunicado de prensa. “La mayoría de las personas no saben que pueden sufrir de una falta de endocannabinoides del mismo modo que tener una falta de serotonina o dopamina.” “Puede reemplazar las drogas más caras, peligrosas y adictivas y añadir el cannabis a su vida diaria sin estar demasiado “colocados” todo el tiempo”, añade.

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La literatura cannábica tiene un importante antecedente en The Hasheesh Eater: being passages from the life of a Pythagorean, del novelista y periodista estadunidense Fitz Hugh Ludlow, publicado en 1857. Más cercano en el tiempo y en el ímpetu a las Confesiones de un inglés comedor de opio de Thomas de Quincey, el libro de Ludlow también conversa con el fantástico Sobre el hachís de Walter Benjamin, combinando impresiones en primera persona sobre los efectos del extracto de cannabis y reflexiones filosóficas acerca de los estados alterados de conciencia.

Terence McKenna aseguraba que Ludlow había comenzado:

                  una tradición de literatura farmaco-picaresca que encontraría exponentes posteriores en William Burroughs y Hunter S. Thompson… Parte genio y parte loco, Ludlow está a medio camino entre el Capitán Ahab y P.fT. Barnum [un famoso cirquero del siglo XIX, famoso por su frase “Nace un tonto cada minuto”], una especie de Mark Twain en hachís. Hay un enorme encanto en esta apertura pseudocientífica, de espíritu libre, a medida que avanza en las oscilantes dunas del mundo del hachís.

Más que un tratado sobre la droga, el interés de Ludlow reside en pensar las formas en las que la percepción se organiza en la mente y la manera en que esta organización se ve modificada (incluso a nivel político y filosófico) a través de los estados alterados de conciencia: “Existen razones para temer que los hombres prefieren investigar cómo se hace la muselina, los rastrillos y, sobre todo y alrededor de todo, el dinero, en lugar de cómo están construidas sus mentes”.

Aquí puede leerse en inglés, vía The Internet Archive:

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«Quizás seas muy joven para saber de lo que estoy hablando, pero te diré que sucede mucha mentira y engaño en el mundo…, sucede mucha tontería en el mundo…, y cuando un hombre se coloca, es capaz de distinguir esos engaños y mentiras y toda esa tontería. ¡Vislumbra la verdad!», contesta C.K. cuando el pequeño Hal le pregunta por qué la marihuana es ilegal si es tan buena en el cuento Marihuana de tierra roja, del libro A la rica marihuana y otros sabores (1967) de Terry Southern.

«¿La verdad de qué?», insiste Hal.

«La verdad de todo».

Pese a la afinidad entre los literatos y el cannabis, comprensible por sus cualidades psiconáuticas; pese a que la historia está llena de escritores fumetas, existe muy poca literatura de ficción que le conceda un papel importante a la planta. Hay un montón de ensayos filosóficos, políticos, económicos, espirituales y espirituosos, además de manuales de cultivo y otro sinfín de textos dedicados a la marihuana, pero por algún motivo muy pocas novelas. En España solo he encontrado una, Kit, una novela antiprohibicionista, de Carlos Fresnedas, literariamente bastante sencilla, pero que retrata con precisión y conocimiento el mundillo.

Si miramos al otro lado del charco, en Estados Unidos hay algunas más. De hecho, hay un género literario de configuración reciente, llamado stoner novel,que aglutina diversas obras que aunque traten sobre cosas muy dispares, comparten una característica sinestésica inequívoca: la lectura de sus páginas huele a marihuana. Este denominador común es realmente poético, pero ¿qué realidades del mundo de la maría se plasman en estas novelas?

El stoner o fumeta

lebowskyAl contrario de lo que estáis pensando, no están protagonizadas por una cannabis sativa personificada al estilo de los Fruittis. Las novelas de fumeta están protagonizadas por el stoner o fumeta, un personaje díscolo y entrañable, mitad Don Quijote mitad Gran Lebowski, que ejerce cierta resistencia, normalmente pasiva e inconsciente, sobre la realidad que le rodea. En el caso de Wonder Boys (Chicos prodigiosos, 1995), de Michael Chabon, el protagonista, Grady Tripp, es un profesor de literatura que lleva siete años escribiendo su obra maestra, que evita tomar decisiones y se evade de la realidad fumando marihuana. Tripp, además, es el narrador, algo bastante común en las stoner novels que permite al autor compartir con naturalidad el tren de pensamiento disperso y original del fumeta, fruto de su estado alterado de conciencia.

Otro ejemplo es Chase Insteadman, el ‘prota’ de Chronic City (Ciudad Crónica, 2009), de Jonatham Lethem. En este caso, Chase es un narrador bastante poco fiable, además de pasivo, que delega la inercia narrativa en Perkus Tooth, ese secundario estelar que en Wonder Boys sería indudablemente, aunque con mucho menos peso, el editor bisexual Terry Crabtree.

«Siempre estábamos Perkus Tooth, Richard Abneg y yo al borde de una tremenda expedición, como vikingos extendiendo una carta náutica sobre una mesa con cicatrices de cuchillo, proponiendo planes de saqueo. ¡Oh, cómo anhelaba Manhattan nuestra intervención experta! Jamás nos movíamos de aquella cocina a no ser que fuese para toser el frío, doblar la esquina y meternos en un bar a tomar cheeseburgers y cocacolas», relata Chase en Chronic City.

Los estados alterados de conciencia son sin duda muy atractivos en esta clase de literatura. Sin embargo, una epifanía puede tornarse fácilmente en paranoia, especialmente si el protagonista ha desarrollado una dependencia. Así le ocurre a Perkus Tooth, que interpreta la fantástica Manhattan de Lethem en clave conspiratoria ante las dudas y el escepticismo del fumeta principiante Chase Insteadman. Marlon Brando no ha muerto, la ciudad es una realidad virtual controlada por otros seres superiores, necesito un holograma, somos teleñecos del sistema, etc. En esa última quizás no ande tan descaminado.

Grady Tripp también describe con su habitual parsimonia diversos episodios paranoicos, aunque mucho más mundanos. «El clásico propósito de un fumeta es parecer perfectamente sobrio —y, si es posible, operar maquinaria complicada—, mientras que una inmensa y sorda nebulosa se apodera de su mente. Fracasar en este propósito —ser descubierto— implica una misteriosa carga de ansiedad y vergüenza. ‘¿Cómo están mis ojos?’. ‘Parece que te han gaseado’».

El camello moderno es otro de los personajes más representativos de esta clase de ficciones. Este esconde bajo una apariencia de colgado grandes conocimientos sobre su producto y negocio además de excelentes dotes comerciales. El mejor ejemplo de este rol probablemente se halle en el cine y sea el Saul Silver de James Franco en Superfumados (2008). Magistral es la secuencia que comparte con Seth Rogen en su salón y donde le explica toda la parafernalia genética y nominal de su producto estrella. El camello en este caso desarrolla funciones no solo mercantiles, sino también educativas, ilustrando al consumidor y al espectador/lector, y aportando un valor añadido a su transacción comercial.

Tan complejo o más que el mundo del vino

pAZ-4bnXEl camello moderno sabe que el cliente muchas veces no sabe lo que quiere, aparte de que le complazcan su necesidad de ser satisfecho. Este no solo asocia la marihuana que fuma a lo que percibe, sino también a lo que evoca el nombre de esta, pongamos Critical Ladrillo, en su nublada mente. Primo, vamos a echarnos un Critical Ladrillo. Por eso, los nombres juegan un papel tan importante, aunque en ocasiones describan el mismo producto. «La Chronic y la Ice es la misma hierba», explica Foster Watt, el camello de Chronic City. «Igual que la AK-47, normalmente. La Ice se llamó bubónica durante una temporada hasta que alguien me dijo lo que significaba […]. Unas son más dulces, otras más punzantes, pero todas te colocan o te devuelvo el dinero».

Sin embargo, Foster Watt no podría dar gato por liebre a un verdadero connoisseur o experto. Las distintas variedades de marihuana proporcionan experiencias muy diferentes. No es lo mismo una variedad de predominancia índica con un sabor a pino y gasolina y con un devastador efecto couchlocking(que te pega al sofá) que una sativa euforizante con matices cítricos y afrutados. Los bancos de semillas se esfuerzan por resaltar todas estas complejidades además de bautizar a sus variedades con los nombres más llamativos con la intención de conquistar parte de un emergente y jugoso mercado. En muchos catálogos de semillas estas descripciones alcanzan grados pornográficos, además de estar escritas como el culo, fruto probablemente de una traducción deficiente del inglés y de una tostada de campeonato:

La Critical Ladrillo, 60% índica, 40% sativa, produce cogollos compactos y llenos de resina fragante, de olor sobrenatural, agridulce y penetrante. Su sabor tiene matices de lavanda, gasolina sin plomo y pepinillo. Produce un subidón tropical eléctrico, estratosférico, no apto para principiantes. Se aconseja tratarla con respeto.

En la novela Kit, de Carlos Fresnedas, se ilustra muy bien la complejidad de la marihuana cuando el narrador describe las tareas de Eduardo como catador: «Primero examinaba ‘el aspecto’ del material: el color, el mayor o menor brillo de las hojas y la forma y tamaño de los cogollos. Liaba un canuto y, antes de encenderlo, rellenaba el apartado de tacto, según fuese hierba crujiente o húmeda, pegajosa —debido a la alta concentración de THC— o acartonada. Lo encendía y reflejaba ‘el aroma’ que desprendía. Podía ser dulce, afrutado, penetrante, etcétera. A continuación, le pegaba unas cuantas caladas para determinar si ‘el sabor’ era amargo, refrescante, exquisito… o repugnante. Luego, haciendo gala de una profesionalidad admirable, se fumaba hasta la chicharra del porro para poder apreciar ‘la potencia’ del colocón, desde insignificante, suave y moderado… hasta muy fuerte o… ¡devastador!».

La cosecha vista en dólares

MG_7063_1Igual que los tomates no crecen en los supermercados, los cogollos de marihuana no crecen en las rastas de los camellos. La marihuana es una planta con un ciclo vital concreto que dura unos ocho meses. En nuestras latitudes, cuando amaina el frío, se planta la semilla que germina y se desarrolla vegetativamente hasta que se reducen las horas de luz solar a final del verano, entonces flora, cogolla. En otoño se cosecha.

La novela Budding Prospects (1984), de T.C. Boyle, cuya estructura cronológica emula las cuatro partes del ciclo vital de la planta, describe las dificultades que entraña el cultivo de marihuana y la propensión sumamente inocente a tratar de predecir el beneficio económico de una cosecha. El título ya nos proporciona una pista evidente desde el principio: Prospects significa perspectivas u oportunidades, mientras que budding es el gerundio del verbo cogollar.

«Vamos a cultivar 2000 plantas», dice el empresario Vogelsang al principio de la novela. «[…] Imagina algo menos de medio kilo por planta. Casi 1000 kilos a 1600 dólares el kilo (precios de 1980 en EE UU). […] Yo pongo la tierra y el capital, Boyd se pasa de cuando en cuando para supervisar la operación y tú pones el trabajo. Nos lo repartimos a tres bandas».

El iluso de Felix Nasmyth se deja seducir por la promesa de El Dorado y se olvida de que la naturaleza es extremadamente complicada de controlar. El cultivo en el exterior no es como el de interior, donde recreas artificialmente las condiciones ideales que necesitan las plantas. Fuera ocurren sequías, plagas, ratones, conejos, machos mamones que polinizan hembras, lluvia al final de octubre que enmohece los cogollos y un sinfín de imponderables que hacen del cultivo de marihuana al por mayor una odisea. Y todo esto sin contar con la paranoia de tratar de evitar de que se enteren los vecinos, las autoridades locales o cualquiera que pueda irse de la lengua. Además, sin contar que una vez terminada la floración hay que cortar, manicurar (deshojar), secar, transportar y vender esos hipotéticos 1000 kilos.

La esperada legalización

De las novelas mencionadas, la única que cuestiona y de hecho critica el statu quo de la planta es Kit (y el cuento de Terry Southern citado al comienzo del texto). Las demás aceptan la condición ilegal y clandestina de la marihuana y de hecho la explotan como en el caso de Budding Prospects. Sin embargo, el cannabis lleva saliendo del armario varios años y actualmente se encuentra en un punto de no retorno hacia la legalización. Las futuras ficciones ya no tratarán tanto de camellos como Foster Watt o Saul Silver, sino de las dinámicas en las asociaciones o en los dispensarios legales, de las nuevas realidades.

En España la proliferación de los clubes sociales de consumo (CSC) está sentando una base sólida para la legalización. De hecho, el Ayuntamiento de San Sebastián ya ha aprobado una ordenanza para regularlos, siendo pionero a nivel municipal, mientras que Navarra ha hecho lo propio a nivel autonómico, tras aprobar una ley procedente de una Iniciativa de Legislación Popular (ILP). Mientras tanto, el Gobierno nacional se empeña en sacar adelante una Ley de Seguridad Ciudadana retrógrada que aumenta las sanciones y la represión de un colectivo grande que ya es una realidad, de esas de las que tratarán las novelas próximamente.

En Estados Unidos, antaño faro de las políticas prohibicionistas, ya son 23 los estados que permiten el consumo de marihuana medicinal, cuatro de ellos, Washington, Colorado, Alaska y D.C. también el recreativo (Oregón está en proceso). También su Senado aprobó una enmienda recientemente con la que se prohíbe a las autoridades federales perseguir a los que compran o venden marihuana para uso medicinal en los estados donde el cannabis está regulado. Uruguay, por su parte, se convirtió el año pasado en el primer país en legalizar la producción, venta y consumo de marihuana completamente.

«Ningún político se resiste a controlar a sus ciudadanos. Es una postura que comparten la mayoría de los 160 países que participan en las cumbres antidroga celebradas, generalmente, a instancias de la ONU. Según las conclusiones de Naciones Unidas, la lucha contra la droga pasa por campañas de prevención y represión, sustitución progresiva de los cultivos, y persecución del blanqueo de dinero del narcotráfico, incluyendo los paraísos fiscales. Pero, a la luz de la experiencia, la efectividad de este paquete de medidas resulta muy discutible para quienes abogan por la despenalización», reza el narrador de Kit, escrita en el año 2001. «La mayoría de estos sabe que defiende una utopía, pero confían en que el futuro esté de su parte y que, algún día, dentro de 20, 30 o 40 años, cuando la despenalización de las drogas sea una realidad, los historiadores mirarán hacia atrás y sentirán el mismo escalofrío que ahora produce la Inquisición».

Por Alejandro Panés

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Sobre  «A TUMBA ABIERTA»
A tumba abierta surge a partir de una de las autobiografías orales que formó parte de una tesis universitaria sobre Antropología Cultural, y que el autor, Oriol Romaní, presentó en la Universidad de Barcelona en 1982.
La historia arranca en algún momento de 1937, y en ella el Botas, un grifota de Barcelona, nos va relatando, en primera persona y en su personalísima jerga, las peripecias de su accidentada vida, desde su temprana incursión en el mundo de la droga y de los grifotas del Barrio Chino hasta la Barcelona de los 70 y sus jipis, convertido ya el Botas en todo un camello.
El Botas, pícaro, legionario tatuado, desertor, atracador ocasional, presidiario, prófugo vocacional, rebelde a toda autoridad, «pirata» al loro de cualquier posible bisnes, tatuador, cocinero, jipi «siempre cargao de droga, por dentro y por fuera», macarra cuando lo exige el guión… superviviente, en definitiva.
A tumba abierta transita por Barcelona, Marruecos, el desierto del Sáhara, Suecia, Ámsterdam y su ambiente contracultural, y de nuevo Barcelona; por ese particular mundo del Botas, formado por correccionales, cuarteles de legionarios embrutecidos, policías, comisarías, prisiones, trabajos forzados, motines, pensiones baratas, putas, trapicheos, bares de drogatas…, y aderezado con todo tipo de sustancias (kiffi, alcohol, chocolate, ácidos, caballo, opio…) y humor, mucho humor, como única vía de escape a la tragedia que es la vida.
El libro fue editado ya en 1983 y también en 1986. Esta tercera edición incluye un nuevo prólogo, donde se da cuenta de los avatares de la obra, y un epílogo, en que se ofrecen más detalles sobre la vida del Botas más allá del periodo descrito en la novela y unas reflexiones finales sobre la relación entre investigador e investigado.

SOBRE EL AUTOR, ORIOL ROMANÍ
Oriol Romaní (Barcelona, 1951) es catedrático de antropología social de la Universidad Rovira i Virgili (Tarragona), donde coordina el Master Interuniversitario en Antropología Médica y Salud Global, y forma parte, también, del consejo directivo del Master Interuniversitario en Juventud y Sociedad.
Fue pionero en España de la antropología de las drogas, y de la antropología de la juventud, así como del uso de las historias de vida como metodología de investigación. Formó parte del grupo inicial del Institut Català d’Antropologia, de la ARSEC (Asociación Ramón Santos de Estudios del Cannabis), la primera asociación de usuarios de cannabis de este país, hoy ya desaparecida, y de Grup Igia, grupo de profesionales que, de 1984 a 2014, ha trabajado para el cambio de las políticas de drogas. Con varios de ellos escribió, en 1989, Repensar las drogas, donde se abogaba por la legalización de todas las drogas para unas mejores políticas públicas sobre las mismas. También destacan entre sus numerosas publicaciones Las drogas, sueños y razones (Ariel, 1999/2004) y, como coordinador, Jóvenes y riesgos, ¿unas relaciones ineludibles? (Bellaterra, 2010).

DATOS TÉCNICOS DEL LIBRO
Título: A tumba abierta
Autor: Oriol Romaní
Tamaño: 21 x 14
Encuadernación: Rústica con solapas
Páginas: 182
Precio: 15 euros (IVA incluido)
ISBN: 978-84-942513-5-1
Distribuidora: Latorre Literaria

www.librosdeitaca.com

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La “criminalización” del cannabis, el movimiento que surgió en los últimos años para su legalización y sus modos actuales de consumo son analizados por el antropólogo uruguayo Daniel Vidart en el libro “Marihuana, la flor del cáñamo“, que se presentó ayer en Montevideo.

Publicada por Ediciones B, la obra se presentó en la 37 edición de la Feria del Libro de Montevideo y trata de disipar la “ignorancia” existente entre la población sobre una planta que se ha usado durante miles de años, explicó a Efe Vidart.

El autor comparó la prohibición de la marihuana, “por incomprensible”, con la de la yerba mate cuando los jesuitas llegaron a Uruguay o con la del café en Rusia hace unos siglos, donde “se cortaba la nariz y las orejas a quienes lo consumían”.

Aseguró que, en la historia, personajes como el empresario estadounidense Randolph Hearst -el “Ciudadano Kane” de la película- influyeron en su ilegalización, dado que hicieron presión al considerar que perjudicaba a sus negocios.

El trabajo que completó Vidart se extendió durante nueve meses, en los que viajó por diversos territorios de Argentina, Chile y Uruguay, participó de reuniones de fumadores e incluso la consumió para cerciorarse de sus efectos.

“Yo nunca la fumé antes, pero como antropólogo tuve que hacer todas las pruebas posibles, entre ellas, consumirla, aunque sólo me provocó un leve mareo al caminar. Ni carcajada, ni locuacidad, ni sueño, como ocurre en otros casos”, manifestó el autor del libro, de 94 años.

También asistió a las reuniones de fumadores, que se hacen en la clandestinidad y en la que sus asistentes conversan sobre el cannabis y sus diferentes tipos, mientras lo consumen en forma de cigarrillo o en “ese utensilio al que denominan bong”, con un tubo alargado a través del que aspiran el humo.

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Daniel Vidart

El autor remarcó que el cannabis es un tabú, entre otras cosas, porque desde determinadas plataformas se le considera como la sustancia en la que los jóvenes se inician al consumo de otras drogas, como el “crack” o la cocaína.

“Pero en mi investigación pude ver que no es una droga asociada a las clases bajas, pues, en la clandestinidad, la fuman abogados, médicos o colegas antropólogos”, añadió.

El papel de la marihuana en el ámbito de la creación cultural también fue destacado por el escritor, que citó como ejemplo a los artistas surgidos del movimiento rastafari o del contracultural de la década de 1960 en Estados Unidos.

Destacó el activismo en defensa de su despenalización surgido en los últimos años, que es capaz de juntar en movilizaciones a varios miles de personas.

En este sentido, valoró la ley uruguaya que regulariza su compraventa y su plantación doméstica, aprobada en diciembre de 2013 y que “abre las puertas y las ventanas” para que los fumadores abandonen el secretismo con el que hasta ahora consumen el cannabis.

Publicado en Radio Caracol

Una de cine

La campaña contra los negros y mexicanos que consumían marihuana en Estados Unidos en la década del 30 contó con un ejército mediático. Uno de los ejemplos más claros fue la feroz campaña de los medios “amarillistas” -el término proviene de la tira cómica The Yellow Kid, publicada en unos de sus diarios- que pertenecían al magnate William Randolph Hearst.

Este multimillonario, que inspiró al director Orson Welles para hacer la película El ciudadano, había comprado todas las empresas papeleras estadounidenses, y cuando se enteró de que existían planes para desarrollar el cáñamo industrial en esta rama de actividad, sintió que su imperio celulósico-papelero estaba amenazado. ¿La solución? Según relata Vidart en el libro, Hearst redobló su campaña descalificadora contra el consumo recreativo del cannabis, utilizando para eso 28 periódicos de gran difusión, 18 revistas y una decena de estaciones radiofónicas. En los diarios de Hearst se leían cosas de este tipo: “La marihuana es un atajo hacia el manicomio. Hay un total de 100.000 fumadores de marihuana en Estados Unidos y la mayoría son negros, hispanos, filipinos y artistas. Su música satánica, el jazz y el swing, es el producto del uso de la marihuana. La marihuana arrastra a las mujeres blancas a tener relaciones con negros, artistas y cualquier otra alma perdida”.

Entrevista  a Daniel Vidart publicada en La Diaria

La marihuana no le pega, pero estudia las sustancias y sus prohibiciones desde mediados de la década del 60. Tampoco fuma tabaco; prefiere una copa de vino y una dieta basada en vegetales y pescado, con las ventajas de vivir en El Fortín de Santa Rosa, a pocos metros del mar. El antropólogo Daniel Vidart se casó hace un año y medio con Alicia Castilla, una activista argentina que estuvo presa por cultivar plantas de marihuana, y siguió con mucho interés el debate que provocó la ley que regula el mercado de la marihuana en Uruguay.

Después vinieron nueve meses de trabajo de campo con cultivadores de cáñamo en la cordillera chilena, el delta del río Paraná y la franja costera uruguaya. El resultado es el libro Marihuana, la flor del cáñamo. Un alegato contra el poder, que se presenta hoy a las 20.00 en la sala Azul de la Intendencia de Montevideo, en el marco de la Feria del Libro.

-En el libro contás que tu interés por las sustancias surgió en el desierto de Gobi, en 1965. ¿Cómo fue eso?

-Cuando fui a China me preguntaron si quería conocer el Tíbet o el desierto de Gobi. Como había leído mucho sobre los pastores nomádicos que están en la pradera que lo circunda, elegí el Gobi. Y me asignaron como acompañante al vicepresidente de la sociedad de cantores tradicionales de Mongolia, alguien con quien rápidamente generé una gran empatía, nos hicimos muy camaradas, aunque teníamos el obstáculo del idioma. Nos comunicábamos sólo por lenguaje gestual. Recorrimos bastante, andábamos a caballo, fuimos a la Yurta. El día que volvíamos a Pekín, él me hizo una seña, cuando estábamos en la mesa, para que me quedara. Teníamos un traductor chino y otro que traducía del chino al mongol, así que la traducción era doble, pero ese día ya no estaban.

Él tenía una botellita de moutai, un licor de arroz muy fuerte, y la terminamos de tomar. Cuando ya estábamos medio alegrones, se levantó y de una alacenita trajo otra bebida, hecha a base de leche fermentada y destilada. Ése fue el segundo paso, pero después empezó a tocar un tambor y me convidó con otra bebida. Después me enteré de que era el orín de alguien que había comido Amanita muscaria, un hongo alucinógeno que es tremendo.

Al ratito de tomar eso, emprendimos un vuelo que desembocó en un puente mental y terminamos hablando; él me contó su vida y yo le conté la mía. Infancia, adolescencia, juventud y madurez, nos contamos recíprocamente nuestras vidas; para mí fue una experiencia estremecedora. Desde entonces, como antropólogo, siempre tuve un gran interés por las sustancias. Y en mi vida me he interesado por conocer más todas las sustancias. Como dicen los muchachos de las calles montevideanas, algunas pegan para arriba, otras pegan para abajo y otras te cambian la cabeza.

-¿Cómo continuó con esos estudios?

-Después estuve 12 años en los Andes y trabajé mucho con la coca. No con la merca, sino con las hojas de coca. Hice un libro sobre eso, que se llama Coca, cocales y coqueros en América andina. Es, como éste, puro trabajo de campo, recorriendo pueblos con los indios. Para subir a la cordillera, ellos mambean la hoja de coca, le agregan cal, y con eso logran el efecto deseado: les permite hacer mayor fuerza, perder el hambre, no sentir frío y sobre todo trabajar de sol a sol. La coca tiene esa virtud.

-¿Era muy difícil hablar de estos temas?

-Claro, era un tema totalmente tabú en Uruguay. Me acuerdo que un día le comenté a Eduardo Galeano, con quien somos viejos amigos, que quería publicar esto y él me dijo: “Si hacés eso, te hundís. Te van a condenar por mentiroso o por adicto”. Y estuve un tiempo sin publicar nada sobre lo que me pasó en Gobi. Después, dando clase en la Facultad de Humanidades, hablé de esta experiencia y algún estudiante persuasivo me convenció de publicarlo, y resultó un éxito.

Luego fui a México ocho veces y empecé a probar otras cosas; en algún otro momento de mi vida, un estudiante pobre de Colombia se me acercó, cuando terminó un curso, con un regalo. Había subido al páramo de Sumapaz, que está a 4.000 metros de altura, antes de llegar a Bogotá, en la cordillera, a buscar unos hongos que sólo crecen ahí. Me explicó que tenía que hacerme una sopita con esos hongos, tomarla con la familia y que iba a sentir una gran beatitud. Me dijo que me preparara para un estado de éxtasis delicado, no violento, que me iba a sentir dueño de la vida. Cuando llegué, lo preparé y efectivamente sentí por un momento que el mundo estaba bien hecho. En ese momento entendí por qué el páramo se llama Sumapaz: por eso mismo, porque los hongos que crecen ahí provocan una suma paz. Estas experiencias de vida te enseñan mucho, son las que te permiten tomar conciencia real de las cosas. Es difícil leer en un libro cuál es el efecto que te provoca la marihuana.

-Has dicho que la marihuana no te produce ningún efecto en particular.

-Es curioso, no me hace ningún efecto. No sé cuál es el motivo. En una rueda grande de seis o siete directamente no lo siento, en una rueda más chica, o fumando entre dos, lo único que me hace, por más que sea un TCH bien potente, es que cuando me levanto para caminar siento un leve mareo. Pero no tengo ningún tipo de visión, no me deprime, no me pone charlatán o risueño, sigo como si nada. Es una especie de resistencia especial que tiene mi cuerpo; a mí me picaron dos arañas domiciliarias que matan y tres víboras parejeras, que tienen un veneno muy fuerte, y también sobreviví.

Y me han pasado otras cosas, así que soy bastante reacio. Tengo 94 años y los médicos que me han visto me dan 70 años, pero no es mérito mío, es mérito de mis genes vascos. Los vascos tienen una dureza impresionante; un abuelo mío tenía 40 años y hacía saltos mortales.

-En una parte del libro decís que la droga no es, como se dice, una plaga social de nuestro tiempo. Y que, en definitiva, la necesidad de drogarse existió siempre. ¿Ignorar esa perspectiva histórica no es un punto central en este tema?

-Claro, es un tema de siempre. Justamente, en la primera parte del libro hablo de los orígenes. En la cueva de Shanidar, en Irak, se encontraron Neanderthales de 60.000 años, y alrededor de uno de los cuerpos había restos de plantas alucinógenas. O sea que hace 60.000 años ya se la estaban dando. El hombre convivió siempre con las sustancias, y, en paralelo, convivió con otras dos cosas: la ignorancia y el poder. El poder decide qué es bueno y malo, de acuerdo a sus intereses; en algún momento decía que era mala la yerba mate, el café o el tabaco. Pasó con el vino en Roma, las mujeres no se podían acercar a una bodega y los menores de 30 años no podían tomar vino. En Rusia te cortaban las orejas y las narices si tomabas café. Y marihuana se fumó siempre. En Estados Unidos, George Washington y Thomas Jefferson eran unos fumetas, tenían grandes plantíos de cáñamo, y eso estaba absolutamente aceptado. El tema es que si lo decís allá te matan, pero la Constitución estadounidense se hizo en papel de cáñamo. Las velas para los viajes oceánicos se hacían con cáñamo, los pantalones que hacía Levi-Strauss también, y así un montón de cosas que detallo en el libro.

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Poder, querer y rehabilitar

-En cuanto a la prohibición de la marihuana, la década del 30 en Estados Unidos fue un momento clave.

-La Marihuana Text Act, que penaba severamente la posesión, comercio y uso de la marihuana, es de 1937. Los que defendían esta legislación condenaban directamente a los consumidores como asesinos. “El que fuma hoy un porro no es difícil que mate a alguien mañana”, decían. Era también un ataque contra negros y mexicanos, había mucho racismo en el fondo. Pero le caían al porro recreativo para pegarle al cáñamo industrial (ver recuadro). Era una conspiración por poder.

-Una constante en los momentos que analiza el libro es que aquello que produce placer siempre termina siendo reprimido.

-Es algo muy antiguo, es cierto. El placer siempre genera un rechazo; ya sea el placer sexual, los placeres de la mesa o los placeres del vino. Hasta la yerba mate que hoy tanto consumimos era la yerba del demonio hasta que se convirtió en el benéfico té del Paraguay o de los jesuitas, como le decían en Europa.

-¿Y cuándo se produce el cambio?

-Cuando el poder, y en la mayoría de los casos el Estado, asume que puede sacar ventajas económicas. Los jesuitas ganaron muchísima plata con la yerba. Luis XII prohibía fumar tabaco hasta que sus consejeros le plantearon hacer un estanco de tabaco y que el Estado lo vendiera. Cuando vio el beneficio se acabó la prohibición y abrió las puertas al consumo. En Inglaterra pasó lo mismo con los cigarrillos. Todo aquello que el poder decide que es malo, cuando pasa a ser bueno para su conveniencia la tortilla inmediatamente se da vuelta. Además, lo desconocido y lo censurado desde el poder se convierten en tabú. Y como investigué todo esto, soy partidario de que la gente tenga sus plantitas en vez de estar comprando las mierdas que vienen de Pedro Juan Caballero [en Paraguay], que tienen de todo tipo de porquerías.

-En un capítulo del libro se dice que cuando el porro paraguayo llega acá tiene menos de 3% de THC.

-Está lleno de mierda el porro paraguayo, es una droga sucia. Le ponen bosta de animales -generalmente de burro-, carbón, tierra, aserrín, yuyos, raíces, desechos de comida, y, peor todavía, hasta sustancias dañinas, como pesticidas, insecticidas. Cualquier inmundicia tiene el paraguayo. Para colmo, hay que comprarlo en una boca y sale carísimo.

-En otro pasaje decís que “sin la experiencia de la cosa no hay conciencia”, algo que tiene mucho que ver con el trabajo del antropólogo. ¿Cuál fue el trabajo de campo?

-Este trabajo no es un libro hecho sobre libros. La experiencia que hice en estos nueve meses fue increíble. Estuve conviviendo y conocí a cultivadores y consumidores en las islas del delta del río Paraná, en la cordillera de la costa chilena y en la costa este de Uruguay. Hablé con profesionales, libreros, artistas, periodistas y farmacéuticos que me contaron sus experiencias. En el Paraná nos instalamos con Alicia en algunas islas. Ahí le dicen sembrar “a la guerrillera”: en una isla chiquita, de no más de media cuadra, hacen un calvero, queman en el medio, dejan la vegetación de los bordes, siembran sin ninguna responsabilidad y después van en bote a buscarla. Como las islas están empapadas de agua, las plantas salen fenómeno. Después hice acá toda la Costa de Oro, hasta Manantiales. Está lleno de plantíos en todos lados. Lo que encontré en común es que funcionan como sociedades secretas de otra época, porque se esconden, son prácticas clandestinas.

-¿Qué les puede pasar a estos grupos con la regulación que se aprobó en Uruguay? ¿Qué pasa cuando la cultura oficial pasa a ser la del consumo permitido?

-El otro día me preguntaban cómo estaban estos campos frente a este fenómeno de la regulación en Uruguay. Yo les decía que veo tres grupos en nuestro país. Primero hay un sector importante de la sociedad que está totalmente en contra de la regulación -se habla de 60% o 65% de la población-; después hay otro grupo que está de acuerdo con la ley y se está inscribiendo; y después hay un tercer grupo que se resiste, sobre todo a tener tan pocas plantas. Los últimos dichos de Tabaré Vázquez [sobre la rehabilitación] tampoco han ayudado mucho.

-¿Qué opinás sobre esa necesidad de machacar con la rehabilitación?

-Eso también es una historia que lamentablemente se repite: o sos delincuente o sos enfermo. Decirle a la gente que va a poner el dedito que sus datos van a usarse para la rehabilitación es terrible. Es como tender una trampa, es obvio que la gente se alarme.

Otro riesgo que veo en Uruguay es que pase algo como aquella polémica entre Trotsky y Lenin. Trotsky decía que había que hacer propaganda y luchar en el mundo entero para imponer el comunismo, y Lenin hablaba de establecer el comunismo en un solo país y hacer la gran prueba, y después ver. Acá pasó lo mismo: si no hay una legislación sobre el tema en todos los países, va a ser difícil. Solamente en un país es difícil. Pasó con Holanda; antes era un gran paraíso pero ahora están cambiando las cosas, ahora tienen que ser holandeses los que consumen en los locales, y los extranjeros empezaron a tener restricciones.

-Al momento de evaluar los diferentes consumos, ¿pesan también las variables de clase social?

-Hay un viejo verso español que dice: “Tomó varias copas de vino, qué alegrito va el señor”. Y después, en otra parte, dice: “Tomó unas copas de vino, mirad a ese borrachón”. Ahí aparecen el señor y el borrachón; es decir, con el señor que se emborracha -o que hoy le da a la merca- está todo fenómeno, pero el borrachón, que hoy sería el pobre que fuma pasta base, es socialmente despreciado. La pasta base está siempre en el tapete, pero algunos sectores de la clase alta se caracterizan por el consumo de muy buena merca, y de eso se habla poco. Lo hacen para salir de una borrachera, para estar más claros, y la consumen legisladores o gente con cargos de gobierno. Muchísima gente la consume, lo sabe todo el mundo

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AREC presenta hoy el libro en el marco sociopolítico del país que estamos viviendo por eso los reclamos siguen vigentes y serán las banderas de la Marcha Mundial del próximo 3 de mayo:

  • “Por una nueva ley de drogas más justa, humana y eficaz”.
  • “Regulación del cultivo de cannabis, como medio para desfinanciar y combatir al narcotráfico”
  • “Por el cese de las detenciones a cultivadores y usuarios de drogas, y el reconocimiento de las libertades individuales y actos privados ”.     
  • “Reconocimiento de los usos terapéuticos del cannabis e industriales del cáñamo”.
  • “Formalización de las Asociaciones Cannábicas y Clubes de Cultivo”.

La Asociación Rosarina de Estudios Culturales (AREC) convoca e invita a la presentación del libro “HISTORIA DE LA MARIHUANA EN ARGENTINA”. Es la primera publicación en la materia en el país donde se desarrollan los aspectos referidos a la historia de las leyes sobre drogas, la dosificación y usos terapéuticos del cannabis, su potencial para su cultivo como fuente de fibrasaceites, biocombustible y su aplicación para la industria. También se describen datos relevantes y actualizados para la fiscalización del rendimiento de cultivos de cannabis psicoactivo.

En la presentación estarán los autores del libro: IGNACIO CANABAL, pte de AREC (capítulo sobre historia y política), PABLO ASCOLANI, sec de AREC (sobre cannabis medicinal), el ingeniero agrónomo DIEGO BERTONE (sobre el uso industrial del cáñamo) y la destaca presencia del californiano CHRIS CONRAD co-autor del libro y experto reconocido por diferentes organismos internacionales y la Corte norteamericana.

Deseando que este libro y su presentación, sea útil para analizar la problemática actual en materia de drogas, y como herramienta para formular una nueva regulación para la aplicación en leyes de regulación del cannabis y sus rendimientos.

Dicha presentación se realizará el día miércoles 23 del corriente en la sede de la Universidad Nacional de Rosario cita en calle Maipú 1065 a las 19:00 hs

Además, es importante recordar que el próximo sábado 3 de mayo se realizará la marcha por una nueva ley de drogas. La concentración será desde las 14 en la Plaza San Martín del centro rosarino (Córdoba y Moreno). Y a las 16hs se marchará por el Paseo del Siglo, peatonal Córdoba desembocando en el espacio verde frente al Monumento a la Bandera.

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La biblia del cultivador médico de interior y exterior. Si ha ese titulo le añadiésemos la autoría de un verdadero apóstol del cultivo del cannabis como Jorge Cervantes, podríamos decir que este perfecto manual es el “nuevo testamento de la marihuana”.

Jorge Cervantes, posiblemente el más conocido en todo el mundo gracias a sus best-seller del cultivo de cannabis, es el autor de esta joya literaria y que a buen seguro ayudó y seguirá ayudando a todos aquellos que quieran estar muy bien informados para los menesteres de llevar a “buen puerto” el cultivo de la marihuana.

Muchos libros y manuales de diferentes autores han escrito sobre el cultivo del cannabis, pero hoy en día, aún siguen siendo las obras de Jorge Cervantes los libros que gozan con el mayor respeto entre los usuarios.

El autor, defensor desde hace muchos años del cultivo y las bondades de esta planta, viaja por todo el mundo aglutinando experiencias propias y de amigos experimentados. Luego, en forma de consejos prácticos en sus libros, hace que sus lectores se impregnen de esa información que solo un autentico apóstol sabe expresar y experimentar.

Marihuana: horticultura del cannabis médico de interior y exterior, por Jorge Cervantes. ¿Quieres saber y aprender?

Ficha Técnica y más sobre el libro

Seguimos con la Biblia de Jorge Cervantes, el manual clásico sobre el cultivo de la cannabis… Y como marca la tradición, en esta nueva edición de la Biblia encontraremos con más y más cosas: un previsible aumento del número de páginas (en esta ocasión nos hallamos ante 1075 folios), más secciones, más comentarios y más observaciones, y sobretodo en esta ocasión lo que encontraremos son MÁS IMÁGENES !!! Cerca de 1120, y además a todo color.

Para afianzar esta extensísima ilustración, todo el libro se ha impreso en papel para edición de fotografías. Así pues, este denso volumen puede soportar si ningún tipo de problema la proliferación e intercalación de imágenes en todas sus páginas, rincones, apartados y secciones. ¿Quién da más? Como suele decirse, una imagen vale más que 1000 palabras, por lo que cabe tener en cuenta que el peso visual específico de este volumen ofrece una buna dosis de información complementaria a lo ofrecido por los textos -y así, además de clarificar lo expuesto en los capítulos de una forma muy clara adicional, nos encontraremos ante un libro muy agradable de leer y de tener entre manos.

Los temas abarcados en el libro son infinitos. Para tener una idea sólo se ha de dar una ojeada al índice. Además de tratar en un solo volumen el cultivo para interior, exterior e hidroponía (temas que Cervantes anteriormente había editado en libros por separado), los capítulos de este manual abarcan desde la selección de semillas hasta la crianza de las mismas, pasando por la fase de crecimiento de la planta, la floración, la cosecha, la luz, las lámparas y la tierra, los contenedores, el agua y los abonos, las plagas, el secado y el curado, o también la elaboración de hachís, entre otros.

En este sentido podemos estar seguros que nos encontramos ante el manual más completo sobre el cultivo de la cannabis. Es casi imposible pensar en algún tema que no quede convenientemente reflejado en este libro (es más, encontraremos también aspectos lo que no teníamos in mente). Y la forma de exponer la información es de agradecer: clara, lógica, directa y sin rodeos innecesarios. Además, el contenido está tan bien estructurado que bien podría decirse que este es un libro tanto para expertos como para personas con menos bagaje en el tema del cultivo: si bien no tiene un capítulo sencillo de introducción al cultivo, las secciones de libro son de lo más equilibrado y escritas con un lenguaje diáfano, haciéndolas adecuadas para todo cultivador con una curiosidad amplia sobre el tema, sea cual sea su nivel de partida. Además el lomo de las páginas de cada sección tiene un color distintivo, por lo que podremos orientarnos dentro del libro de una forma muy fácil. Con todo, un libro de lo más recomendable y muy bien editado.

  • Autor: Jorge Cervantes
  • ISBN: 9781878823243
  • Idioma: Castellano
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • Páginas: 544
  • Tamaño: 15 x 21 cm.

 

Comprar Marihuana: Horticultura del Cannabis por Jorge Cervantes