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Secado

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Curado.- Quién más y quién menos a estas alturas de la temporada de cultivo ya estará cosechando sus plantas, las ha cosechado ya, o estará muy próximo a cosechar, salvo las variedades más sativas que aún les quedará 1 o 2 meses de floración.

Tras un buen secado, viene un mejor curado, algo que puede marcar la diferencia entre una hierba buena y una hierba sobresaliente. ¿Pero qué en qué consiste el curado? ¿Es realmente necesario? En este post despejaremos las principales dudas que se puedan tener.

Durante el secado, los cogollos de cannabis van perdiendo su humedad y comienzan una serie de reacciones químicas y físicas, como la pérdida lentamente de la clorofila de la materia vegetal que hará que la hierba sea suave y no rasque.

El secado puede durar pocos días o varias semanas, siempre dependerá de las condiciones de humedad y temperatura del lugar donde realicemos el secado. La fase de secado siempre debe ser controlada diariamente, nadie quiere que una hierba se seque demasiado deprisa y los cogollos literalmente se deshagan, ni demasiado lento lo que supone un riesgo por el ataque de hongos.

Por contra, un secado lento de 3-4 semanas hará que los cogollos hayan degradado buena parte de la clorofila y se puedan fumar, mientras un secado rápido de 3-4 días hará que aún tengan un gusto a hierba verde nada agradable.

Como un buen vino o un buen queso, el curado se encargará de mejorar siempre tanto el sabor como la potencia. Es importante saber que el mayor enemigo del THC es la luz, así que durante el secado y el curado debemos evitar la exposición de los cogollos a la luz salvo lo imprescindible.

Otro enemigo es el aire o más bien la oxidación que produce. Una vez los cogollos estén secos, cuando los notemos crujientes en su exterior pero todavía conserven algo de humedad en su interior, procederemos a hacer el curado. El mejor recipiente es un bote de vidrio o acero inoxidable con cierre hermético.

Se puede reciclar botes, asegurándonos previamente de limpiarlos a fondo e incluso esterilizarlos si fuese necesario, lo que menos deseamos es tener una hierba con sabor u olor a aceitunas o a pimientos del piquillo. Simplemente hirviéndolos unos 5-10 minutos junto con las tapas es suficiente.

Con los botes bien limpios es hora de introducir la hierba seca. Es importante no apretar la hierba dentro de los botes para que pueda circular el aire fácilmente, así que con calma, lo mejor es deshacer los grandes cogollos en cogollos más pequeños y del tamaño de una moneda de euro.

Usaremos todos los botes que precisemos, sin presionar en exceso, los cerramos y los dejamos en un lugar oscuro. Y durante las siguientes 3-4 semanas, abrimos los botes durante un par de minutos para renovar el aire y ventilarlos ligeramente.

Es posible que al día siguiente de meterlos por primera vez la humedad interior de los cogollos haya pasado al exterior y ya no tengan ese tacto crujiente que buscamos. De pasar ésto, conviene sacarlos de los botes y darles uno o dos días más se secado. Si se cuenta con un deshumidificador, unas horas junto a él con las tapas abiertas es suficiente.

Y también es posible que nos hayamos pasado en el secado y los cogollos están muy secos. Lo podemos solucionar mezclando en el bote con cogollos que aún no estén secos del todo o igeniárnoslas para bajo la tapa pegar un trozo de algodón al que añadir unas pocas gotas de agua.

En este aspecto, Boveda 62 es un excelente autoregulador de humedad en formato sobre, inocuo y que no afecta ni al sabor ni al olor de los cogollos y que mantiene la humedad en el interior del bote al 62%, tanto si se encuentra por arriba como por abajo.

Pasadas 3-4 semanas, la hierba habrá ganado en sabor, aromas y potencia, y ya no será necesario abrir los botes salvo para echar mano de un cogollo para disfrutar. Cuanto más tiempo pase, más irá mejorando la hierba y a partir de los 6 meses estará en su mejor momento.

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La Deshidratadora Digital Dry – Weed, nos permite deshidratar cualquier tipo de hierba fresca sin que se vea perjudicado ninguna propiedad organoléptica como los alcaloides o terpenos. Con la Dry-Weed podemos secar de forma perfecta en cuestión de horas sin perder nada de calidad.

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Después de meses de pacientes y dedicados cuidados, por fin se acerca el ansiado momento de la cata. Sin embargo, amigos, la prisa mata. No seáis agonías y dejad que los cogollos se tomen su tiempo, sin duda vuestras gargantas y psicoactivos cerebros lo agradecerán.
Lo primero y más importante que se debe tener en cuenta es que, aunque tengáis la casa llena de cogollos recién cortados, aún quedan dos de las fases más importantes de la producción de marihuana: el secado y el curado. Si estos procesos no se realizan correctamente, la calidad del colocón final se vera tristemente afectada.

Algunos consejos para secar y curar tu mejor marihuana.

Estos consejos están dirigidos a aquellos que quieren lograr una marihuana de primera calidad, con una buena potencia y un sabor agradable. La hierba recién cortada debe pasar por un largo proceso para desarrollar todo su potencial. La marihuana no muere en cuanto se corta. Mientras queden restos de humedad dentro de los tejidos se siguen sucediendo reacciones químicas que influyen de forma determinante en la calidad y sabor del producto final. Si te estás fumando la hierba menos de un mes después de cortarla, eres un impaciente. Espera un mes más y será mucho mejor. Al menos, deja que los mejores cogollos de cada planta se sequen y curen bien. Si no puedes aguantarte, fúmate los cogollos bajos y pequeños. Hay que tener muy presente que son necesarios dos procesos para que la marihuana esté bien buena. Por un lado, la hierba se tiene que secar, es decir perder el agua de sus tejidos, para que el THC sea psicoactivo (coloque). Este proceso se denomina secado y dura de una a cuatro semanas, dependiendo del clima. En segundo lugar, se debe curar la hierba. Durante el curado, se producen reacciones químicas en el cogollo que descomponen la clorofila (lo que da el color verde a las plantas). Gracias al curado, la marihuana tiene un sabor más suave que no irrita la garganta. Además pierde el sabor a “césped” y gana (mucho) en potencia. Para secar la hierba basta con colgarla en un lugar aireado, oscuro y seco. Cuando la parte exterior del cogollo tenga un tacto crujiente se
puede empezar a curar. Si la hierba se seca demasiado, el curado no se realiza correctamente. Normalmente, en dos semanas la hierba está lista para empezar a curarla aunque en zonas muy secas puede ser antes y en la costa algo después. El curado de la maría consiste en acabar de secarla muy despacio. Cuando  los cogollos están crujientes por fuera, aún tienen algo de humedad en el interior. Introduciremos la hierba en un bote de cristal o una caja de metal o madera tapados. Al día siguiente, la humedad interior del cogollo se habrá repartido y ya no estará crujiente. Durante las próximas semanas abriremos cada día una o dos veces la caja, durante un par de minutos para que se cambie el aire. La maría se va secando poco a poco mientras la clorofila se descompone. La hierba al curarse va perdiendo el color verde intenso conforme pierde la clorofila. El proceso de curado puede durar de dos a seis semanas, hasta que la
marihuana alcanza su punto de humedad óptimo. Normalmente, se dice que la hierba esta lista cuando los tallos se quiebran con un chasquido en lugar de doblarse. Llegado este momento hay que envasar el cannabis para que se conserve en buenas condiciones durante largo tiempo. Si se guarda bien puede durar un año sin perder demasiado. Incluso más. Tres son los principales enemigos del THC: el aire, la luz y el calor. Por tanto, envasaremos la hierba en botes herméticos y los mantendremos en un lugar oscuro y fresco, sin grandes variaciones en la temperatura. Después de muchos meses de cultivo y otros dos meses de secado y curado, la hierba está, por fin, lista para ser consumida. Para apreciar al máximo sus cualidades, los cogollos se deben cortar con tijeras. De este modo no se pierde la resina entre los dedos y el cannabis mantiene intacto todo su aroma y sabor. Cosas que NO se deben hacer
A pesar de los mitos que circulan, la hierba no coloca más, ni tiene más THC, ni sabe mejor cuando se entierra durante meses. Lo único que se consigue es llenarla de moho, algo muy perjudicial para tus pulmones. Da igual quien te lo cuente, NO LA ENTIERRES.
Uno de los bulos más increíbles que circulan asegura que se debe arrancar la planta con las raíces y sumergirlas en agua hirviendo para que el THC fluya hasta los cogollos. Sabiendo que el THC se fabrica en las flores y no en las raíces, no puedo sino reírme al imaginar a un astuto cultivador intentando meter las raíces de un monstruo de tres metros en agua hirviendo, sin separarlas del resto de la planta. Las raíces del cannabis no tienen nada que coloque. Si se secan las plantas colgadas boca abajo es por comodidad, no para que el THC escurra hacia los cogollos. No tengas prisa en el secado. Todos los métodos de secado rápido que usan
calor hacen que la maría pierda potencia. Tanto con el horno convencional como con el microondas, parte del THC de los cogollos se destruye. Si la impaciencia aprieta y no se puede aguantar, lo mejor es secar la hierba en
el horno convencional a la temperatura mínima (en torno a 50º C) y con la puerta entreabierta. Es conveniente controlar la hierba cada pocos minutos para que no se seque demasiado. Este sistema es uno de los menos malos pero, aún así, destruye una parte del THC y la hierba no sabe bien, pica demasiado.

Foto Soft Secrets