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Siembra

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El método más sencillo consiste en sembrar en semilleros de recipientes y luego trasplantar las plántulas a macetas o al jardín

La siembra con semillas es la forma más económica de cultivar plantas, pero también la que más cuidados y atenciones exige. Para el aficionado, lo más recomendable es sembrar en semilleros de recipientes, que permiten controlar mejor las condiciones ambientales. En este artículo se describen los tipos de siembra con semillas y se detalla el procedimiento para realizar semilleros de recipientes, cómo hacer de los semilleros pequeños invernaderos y consejos para esta clase de siembra.

Tipos de siembra con semillas

Sembrar con semillas tiene una gran ventaja en relación a las otras maneras de cultivar plantas: es mucho más económica. El coste de las semillas por unidad es mucho más bajo que el precio de las plantas ya desarrolladas, por lo que se pueden obtener muchas más plantas por el mismo dinero, o por menos. Como contrapartida,requiere un cuidado bastante más exigente para lograr que las plantas germinen y crezcan con éxito.

Hay varias maneras de plantar con semillas. En general, se resumen en tres tipos, según el lugar donde se realiza la siembra: en semilleros en recipientes, en semilleros en el suelo o en la propia tierra del jardín.

Los semilleros son sitios destinados de forma específica al desarrollo de las semillas, con los cuidados especiales que estas necesitan para poder germinar. Cuando esto se logra, se realiza el trasplante a otro sitio.

De estos tres tipos de siembra, el más fácil -y por lo tanto el más aconsejable para los aficionados- es el de semilleros en recipientes, que se explica a continuación.

Siembra en semilleros de recipientes

Utilizar recipientes es el método más sencillo para la siembra, porque permite trasladar el semillero y acondicionarlo del modo más beneficioso, sin tener que bregar con las condiciones del suelo y el clima del jardín.

Estos recipientes deben ser pequeños. Valen desde macetas o tiestos de reducido tamaño, hasta botes de yogur. Pero los más idóneos son las bandejas de alvéolos, piezas cuya forma recuerda a cubiteras para hacer hielo pero que son más grandes y pueden estar fabricadas en materiales como plástico, corcho o poliestireno expandido.

El sustrato más conveniente para este tipo de semilleros es el conformado por una mezcla de partes iguales de arena y turba, aunque también es posible añadir una parte igual de perlita. En el semillero no hace falta usar abonos o fertilizantes.

Tras rellenar el recipiente con el sustrato, hay que hacer un hueco e introducir allí las semillas. Si son semillas pequeñas, conviene colocar 3 o 4, pero si las semillas son grandes, solo una por cada compartimento.

Por encima de las semillas se debe echar una fina capa de sustrato, que cubra las semillas pero las deje cerca de la superficie. De ese modo, podrán airearse de manera suficiente.

Para regar el semillero, se recomienda el uso de un pulverizador, para que el agua caiga en pequeñas partículas, y no como un chorro que arrastre la tierra y deje las semillas en posiciones que las perjudiquen.

Hacer de los semilleros pequeños invernaderos

Una de las grandes ventajas de la siembra en semilleros de recipientes es la posibilidad de efectuarla en cualquier momento del año, ya que se puede realizar en interiores. Pese a que allí no estén expuestas a temperaturas extremas, la incidencia directa de los rayos del sol o corrientes de aire, es aconsejable cubrir el semillero con un cristal o un plástico transparente, para crear una especie de invernadero en miniatura. De esta manera, se propicia una temperatura constante y, además, una mucho menor pérdida de humedad. Eso sí, se debe destaparlo durante al menos una hora por día, para garantizar una buena ventilación.

Cuando las plántulas comienzan a brotar, hay que estar atentos para descubrir si en un mismo alveolo o recipiente ha germinado más de una semilla. En los casos en que esto ocurra, se deben quitar para que quede solo una por compartimento.

Y por fin, después de unas cuantas semanas (el plazo varía según el ritmo de crecimiento de las especies y de las condiciones a que se haya sometido el semillero), las plántulas estarán preparadas para ser trasplantadas a tiestos más grandes o bien al suelo del jardín.

Consejos para la siembra en semilleros

Además de seguir el procedimiento descrito, conviene tener en cuenta algunas recomendaciones para la siembra en semilleros.

  • Hay que estar muy atentos a un posible ataque de plagas, en particular de caracoles y babosas. Un gran conjunto de plántulas puede ser arrasado por estos moluscos en poco tiempo.
  • Se pueden consultar catálogos especializados de semillas para conocer las novedades y consultar con especialistas en las propias tiendas acerca de las especies más convenientes para cada región y época del año.
  • También es posible realizar semilleros en bandejas que no tengan alveolos ni estén divididas por compartimentos, sino con una extensión de sustrato más o menos amplia. En este caso es necesaria una tarea extra: si han germinado muchas semillas y las plántulas brotan muy cerca unas de otras, se deben trasplantar  a una bandejar similar o a otros recipientes con al menos cinco centímetros de distancia entre unas y otras.
  • Cuando sea momento de trasplantar las plántulas, hay que tener en cuenta las mismas recomendaciones que para mover un ejemplar a un recipiente de mayor tamaño, pero es importante extremar los cuidados, ya que estos brotes recientes son muy delicados.

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Con la llegada del inicio de la temporada los cannabicultores  ponen en marcha la maquinaria cannabícola: es la hora de la siembra de exterior. Una nueva campaña se abre a nuestras puertas si hemos realizado correctamente las labores de presiembra no queda más que seguir los ciclos de las plantas, estando pendientes de que nada extraño pueda suceder y cubriendo con cariño todas las necesidades que pueden presentar.

La siembra la podemos realizar de dos formas distintas: germinación o siembra directa en semilleros o macetas. La germinación consiste en proporcionar el agua necesaria a la semilla para que comience el proceso germinativo poniéndolas en algodones o trapos húmedos, una vez germinadas se siembran en substrato o en tierra. Por otra parte la siembra directa en semilleros es la que más me agrada de ambas, y la forma natural de proceder, las semillas germinan solas en el medio sin tener que tocar el delicado germen.

Para hacer un “plantel” es preferible utilizar semilleros alveolados que se rellenan de un substrato y se siembran directamente en él, a razón de una semilla por alveolo. Las semillas se han de enterrar de 5 milímetros a 1 centímetro de profundidad, con menos profundidad la semilla se quedaría en la superficie y el sol la deshidrataría impidiendo su germinación, y por el contrario si las sembramos más de 1 centímetro de profundidad la vitalidad de la semilla para brotar se puede agotar antes de que llegue a la superficie del suelo. Después de sembrar y hasta que las transplantemos es imprescindible controlar que se mantenga alto el nivel de humedad de substrato, sin llegar a encharcamientos, pues de lo contrario se pudrirían las semillas con un exceso de humedad o se secarían y no germinarían en caso de una humedad deficiente. Debido al poco volumen de los alveolos y al fuerte efecto de evaporación que el sol provoca hace que se reseque el substrato y se frene por tanto la germinación, a veces hasta el punto de provocar que algunas semillas que queden por germinar no lo hagan nunca, e incluso la muerte de otras que ya hayan germinado, no te confíes sobre todo los días de fuerte aire. El substrato que vayamos a utilizar debe ser lo más equilibrado posible y sin enriquecimiento químico a ser posible, si lo queremos hacer lo más natural posible. Podemos elaborarnos nuestro propio substrato para semillero compuesto de Compost maduro o mantillo 35 %, Turba 35 %, Vermiculita 25 % y Perlita 5 %. La turba la podemos sustituir por Fibra de Coco. El inconveniente de la fibra de coco es que puede retener una alta salinidad, lo que la convierte en perjudicial para suelos ya salinos de por sí.

Las plantas que germinan y brotan en un semillero a pleno sol nacen más robustas y sanas que las germinadas en algodón, hay pues pocas razones para no sembrarlas directamente en un substrato. Dependiendo del tiempo y de la genética que tenga cada semilla, la duración de la germinación será mayor o menor. Algunas semillas tardan un escaso par de días en germinar, sin embargo otras pueden llegar a tardar incluso más de quince días. El momento de la siembra será en luna descendente y en creciente, y en un día de flor, además se realizará al atardecer favoreciendo así el recogimiento de las energías en el interior de la tierra para mejorar y acelerar los procesos de enraizamiento.

Es muy importante etiquetar las semillas plantadas en cada semillero con el fin de facilitar el trabajo selectivo posterior. Muchos cannabicultores pierden genética que era de su agrado por no haber realizado un correcto etiquetado de sus plantas. Las variedades que sembremos deben estar acordes a nuestras necesidades de cultivo, de consumo, de groumets,….

De nada sirve plantar sativas puras de larga e infinita floración en zonas frías porque el frío temprano evitará que las podamos cosechar con éxito. Lo mismo ocurre si plantamos en suelos calcáreos variedades con cierta intolerancia al cálcio a los suelos básicos, ya que pueden sufrir bloqueos y padecer clorosis férricas. Si plantamos en zonas de clima templado y húmedo es más que probable que terminemos padeciendo en el momento de la floración el odiado oídio, por lo tanto la elección de variedades resistentes al oídio puede jugar en nuestro favor a la hora de obtener una exitosa e inmaculada cosecha.

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Tras finalizar la cosecha toca el comento de comenzar a reponer en el suelo todo aquello que extrajimos de él para poder una buena cosecha. Ahora bien, primero debemos tener en cuenta todo el proceso que ha ido sufriendo nuestro cultivo hasta el momento de la cosecha. Todas las actuaciones que hicimos en el cultivo desde las laboras de presiembra han de ser tenidas en cuenta y analizadas con suma minuciosidad para extraer el mayor número de conclusiones que nos permitan realizar un satisfactorio reacondicionamiento del suelo.

Debemos tener en cuenta si realizamos abonados en verde y que especies usamos, que materia prima usamos como abonado orgánico y en que estado se hallaba, si realizamos abonados por sistema de fertirrigación y/o por vía foliar, aportes de abonos de floración de qué tipo y en que cantidad…..

Evidentemente, si padecimos a última hora falta de nitrógeno en los cultivos, deberemos tener en cuenta aportar mayor nitrógeno durante la floración o usar abonos en floración combinados con abonos de crecimiento, y así paliar este déficit. Lo mismo pasa con el tamaño de las cogollos, si nos engordaron ni se desarrollaron como era de esperar hemos de realizar una enmienda de abonos ricos en fósforo y potasio, cuya asimilación es muy lenta y dependiendo de la fuente de origen, hay que hacerla incluso antes de comenzar la temporada.

En cannabicultura ecológica se tratan los cultivos de forma distinta. Un cannabicultor ecológico no abona a las plantas, su misión es la de nutrir el suelo, pues es éste el encargado de digerir la comida de las plantas, reduciéndola a sustancias que pueden ser asimiladas directamente por ellas, es decir, a fracciones coloidales.

Las labores de enmendado son imprescindibles y transcendentales para un mejor desarrollo y una mayor producción. Hay que reponer aquello que tomamos del suelo al tiempo que se pretende corregir determinadas deficiencias o problemas que hayan podido surgir durante el cultivo predecesor. Se pueden realizar diversas labores de enmendado del suelo, dependiendo de la zona en las que nos encontremos.

Dejar el suelo desnudo y desprotegido es una manera de acentuar un problema que haya podido suceder en el cultivo anterior. Si hemos tenido problemas o déficits, hay que comenzar a actuar una vez se ha finalizado el cultivo predecesor. Lo primero, si hay posibilidad, es realizar un compost completo en el que tendremos en cuenta el aumento o disminución de determinados nutrientes con los que podamos haber tenido problemas, por ejemplo, si padecimos falta de potasio en nuestros cultivos debemos regar de forma periódica la pila de compost con purín de consuelda o incluso añadir materiales orgánicos para compostar que sean ricos en Potasio en su composición, como es el caso de la piel de plátano; si padecemos falta de nitrógeno deberemos aumentar su presencia, bien haciendo aportes de estiércol de oveja/cabra, o gallizana (para suelos ácidos) o estiércol de conejo (para suelos básicos).

En algunas zonas cálidas algunos cannabicultores realizan abonados en verde. Los abonos verdes o siderales son cultivos de vegetación rápida que posteriormente se incorporan al suelo para mejorar la composición y rendimiento del mismo. Los abonos verdes son segados, triturados, dejados en superficie durante unos diez o quince días, y posteriormente incorporados al perfil fértil del suelo (+/- 15 cm de profundidad).

Existen diferentes tipos de materiales acondicionadores en el mercado para paliar cualquier déficit que hayamos tenido si no podemos hacer nuestro propio composta. Los tipos de materiales que podemos utilizar y según su origen los podemos clasificar en: 1.- Origen Mineral. 2.- Origen Vegetal. 3.- Origen Animal. Desde minerales procedentes de la molienda de rocas y piedras, extractos de algas, infusiones de plantas, purines de plantas, y hasta estiércoles, subproductos de origen animal como harina de sangre, caldos de estiércoles.

También puede, que además de haber tenido problemas de carácter nutricional hayamos tenido determinados problemas con alguna que otra plaga. Algunos agricultores ecológicos añaden tortas de neem al montón de compost una vez está éste maduro, con el fin de producir determinada esterilización que evite la presencia de huevos e insectos no deseados. Otros en caso de haber padecido ataques de nematodos añaden plantas de tajetes al montón de composta e incluso hacen tés con dicha planta y luego riegan la pila de compost y el suelo de cultivo, el mismo efecto tiene el que enterremos coles en el suelo de cultivo donde padecimos ataques de nematodos, al parecer las coles al fermentar presentan determinadas substancias nematicidas.

Otra técnica de esterilización consiste en realizar profundas cavas en la zona de cultivo, en ellas enterramos estiércol en estado fresco, este al fermentar aumenta la temperatura del suelo favoreciendo así una desparasitación del suelo, esta técnica puede resultar contraproducente, ya que roba Nitrógeno al suelo por consumo de éste por organismos anaerobios, y además las altas temperaturas no solo afectan a microorganismos fitopatógenos también a microorganismos beneficiosos como los actinomicetes.

 

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gardener2Por Miguel Gimeno.- En el número anterior abordamos de forma generalizada cual eran los principales errores dados en las actuaciones acometidas por los cannabicultores durante la fase de pre-siembra. Ahora en este número vamos a centrarnos en los errores y problemas más comunes que se dan entorno a la siembra y durante las primeras semanas de crecimiento.

Después de las labores de pre-siembra el cannabicultor debe centrarse en el acto de la siembra y todas las actuaciones agrícolas que lo rodean. Desde las semillas escogidas hasta el agua de riego utilizada, todo, absolutamente todo es imprescindible controlarlo con el mayor conocimiento y precisión posible para poder llevar adelante y con total éxito el proceso de la germinación y desarrollo de los primeros estadíos de las plántulas.

Lo primero que hay que tener claro antes de sembrar, evidentemente, son las semillas que vamos a plantar. Tenemos dos opciones claras, una el autoabastecimiento de semillas de calidad, lo cual resulta difícil si no se hace un correcto trabajo selectivo en los cultivos previos, y otra es la de adquirir semillas comerciales de cannabis de cualquier Banco. El mercado de semillas de marihuana, hoy por hoy, es amplio y muy variado, cada dos por tres saltan nuevos bancos a la palestra. Existen decenas de bancos de semillas que presentan amplios y surtidos catálogos con variedades de todos los precios, por lo que cualquier persona de a pie puede adquirir unas semillas a razón de su gusto y poder adquisitivo, ahora bien, en mi opinión, la gran mayoría de semillas del mercado son viables en su cultivo si las condiciones que se le dan son las óptimas, los cannabicultores más noveles se deberían limitar a adquirir aquellas variedades de cultivo adaptable a casi todas las condiciones de cultivo, solo la experiencia es la que dota al cannabicultor de los conocimientos necesarios para cuidar de forma individual y única a cada una de las plantas de su vergel cannábico, con el fin de extraer toda su esencia, toda esa magia que alberga, llena de matices y gratas sensaciones.

En cuanto al tema de las semillas feminizadas o regulares, yo optaría por las semillas regulares. Las semillas regulares son el resultado del cruce de un macho y una hembra, sin hermafroditismo ni masculinización de hembras, el inconveniente es que da lugar a ejemplares machos, no deseados para el cultivo sinsemilla. En caso de cannabicultores noveles quizás resulte difícil identificar el sexo de las plantas a través de la pre-flor, pero con ayuda de su Grow de confianza o algún que otro amigo cannabicultor podrá sortear este pequeño “bache”. Una vez pre-sexamos las plantas sólo se trasplantan las hembras manifiestas que deseemos y ya está, sin más complicaciones, otra cosa bien distinta y que yo no haría es realizar el trasplante definitivo sin saber el sexo, en cuyo caso se corre el riesgo que la planta sea macho y haya que arrancarla.

Las semillas feminizadas provienen de cultivos a los que se les practican agresivos tratamientos con sulfato de plata, en la gran mayoría de los casos, provocando así la feminización de las semillas obtenidas. Toda mutación, sea del origen que sea, viene a dar ejemplares, en mi opinión, con mayor tendencia a la inmunodepresión, o lo que es lo mismo, ejemplares más débiles y menos resistentes a plagas y adversidades, pero eso es meterme en temas muy complicados de entender, así que lo dejaremos estar. También podemos escoger entre semillas de variedades de floración normal para cosechar en temporada, o las variedades autoflorecientes, cada día más de moda, ya que asegura una cosecha prematura, proporcionándonos yerba para antes de verano, lo que se agradece, pero esto ya es cuestión de gustos.

Las semillas que escojamos o compremos hemos de asegurarnos que estén en su plenitud germinativa, y si no cercano a ella. Tanto las semillas muy frescas como las viejas, entendiéndose por frescas aquellas de menos de 3 meses y por viejas aquellas de más de 2 años, pierden su capacidad germinativa y por tanto disminuye la probabilidad de que germinen al sobrepasar estos umbrales.

Una vez tenemos claro el tema de las semillas, el cannabicultor debe escoger entre germinar en algodones o similares, o la de sembrar directamente en tierra. Germinar en algodones es más preciso, ya que una vez germinadas las semillas sólo se siembran aquellas que han germinado, asegurándose así el desarrollo de la plántula sin errores. Los inconvenientes de la germinación son dejar demasiado tiempo las semillas en el algodón humedecido, ya que o bien se pueden enmohecer, perdiéndose el dinero gastado, o dejarlas desarrollar en exceso de tal manera que nazcan las propias plántulas dentro del algodón con lo que pueden romperse si no somos rápidos y cautelosos.

Chainsaw-GardenerLa siembra directa se debe hacer en semilleros (bandejas alveoladas) o en pequeñas macetas (no más grande que un embase de yogur), nunca en suelo directamente. Si sembrados directamente en el suelo o en macetas más hondas se corre el riesgo que el cañamón con el agua de riego vaya sumergiéndose en la tierra hasta niveles tan profundos que le resulte imposible brotar hasta la superficie, con lo que moriría en el intento al agotar toda su fuente de energía. Si utilizamos tierra del campo con textura arcillosa, esta se compactará en exceso y puede que al germen también le resulte imposible llegar a la superficie, y otro factor es el de intentar sembrar sólo una semilla por alveolo o maceta, ya que si nacen más de una plántula por alveolo hay que sacrificar a alguna o bien a la hora de trasplantarlas hacerlo a raíz desnuda, de la que luego hablaremos y que sólo deben hacer los cannabicultores experimentados.

Por tanto, tres cosas debemos tener claras si escogemos la siembra directa, la primera utilizar macetas pequeñas, la segunda es que no hay que sembrar las semillas a más de 2 cm de profundidad, y la tercera sembrar en un substrato específico para semilleros de cannabis, bien fabricándonoslo o bien adquiriéndolo en grows o en establecimientos de jardinería, los substratos que se adquieren en tiendas de todo a 1 euro suelen dar problemas continuos en el crecimiento de las plantas, y en algunos casos no llegan apenas ni a crecer, presentando las plantas un cuadro carencial múltiple. Si decidimos hacer nuestro propio substrato, podemos confeccionarlo mezclando un 65 por ciento de turba sin aditivos, 30 por ciento de mantillo orgánico, y un 5 por ciento de arcillas expandidas (vermiculita y/o perlita). La turba es un buen medio de soporte de las plantas que es bastante ligero por lo que es mejor para realizar planteles, al tiempo que retiene agua y nutrientes y da esponjosidad a la mezcla, eso si, cada vez que se reseca disminuye de forma progresiva su capacidad de retención hídrica. En cuanto al mantillo orgánico es compost muy maduro de más de un año en la pila de compostaje, con lo que no hay peligro de quemar, al tiempo de ser oscuro, lo que facilita la absorción del calor proporcionado por los rayos solares y por consiguiente acelera la germinación. El mantillo también contiene nutrientes diversos en proporciones equilibradas, eso sí, dependiendo del tipo de material con el que se ha elaborado variará su composición final. Y la vermiculita y la perlita acondicionan el suelo y lo airean, evitando o el apelmazamiento o el encharcado del substrato, facilitando así el enraizamiento.

El tipo de substrato que vayamos a usar es, evidentemente, un factor decisivo a la hora de desarrollar un cultivo de éxito rotundo, si nos decantamos por adquirirlo en un establecimiento hemos de cerciorarnos que el substrato elegido no desprende olores desagradables, ha de oler a tierra mojada, de no ser así puede que contenga material orgánico que todavía esté en pleno proceso de descomposición lo que podría aumentar la temperatura del mismo hasta tales extremos que esterilizara a las semillas sembradas con lo que nunca germinarán, o incluso que se haya mojado y esté enmohecido con el consiguiente riesgo de padecer enfermedades criptogámicas (con hongos), como es el caso del mal de cuello (provocada por el hongo Sclerotinia). Otro gran inconveniente de los malos substratos es el que puedan contener nematodos, y entonces no llegarán a brotar las plántulas pues se comerían los embriones germinados.

También nos aseguraremos que el substrato contenga todos los nutrientes que les hacen falta a las futuras plántulas que nazcan, si no fuera así el plantel presentaría síntomas de carencias nutricionales a las primeras de cambio, lo mismo que si mantenemos las plántulas en los semilleros durante más tiempo de la cuenta, en ambos casos comenzarán a amarillear indicándonos así la necesidad de trasplantar o de abonar. Si fuera el substrato quien presentara un exceso de nutrientes las plantas también morirían en breve debido a un fuerte colapso nutricional, bien por no poderlos absorber al hallarse en forma no disponible o bien por absorberlos en exceso.

Otro factor del substrato a controlar es la humedad constante que debemos ir manteniendo hasta que las plántulas tiren para arriba, si el substrato llegara a desecarse, aunque sólo fuera un día, nuestras pequeñas y frágiles bebes-marías sucumbirían deshidratadas. El exceso de riego y humedad puede frenar el desarrollo de las plantas e incluso llegar a padecer mal de cuello, al tiempo de diluir y lixiviar (lavar), por consiguiente, los nutrientes del substrato padeciendo carencias alimenticias no previstas. Las lluvias pueden resultar un inconveniente más a considerar, este año está siendo lluvioso y todo pinta que hasta Junio por lo menos va a estar la cosa así. Se puede sembrar en semilleros protegidos impermeables a la lluvia, los semilleros que tienen cubeta en su base corren el riesgo de quedar inundados si no están bien diseñados, con los consiguientes problemas que de ello derivan, ya que escurren el agua de lluvia hacia la cubeta en lugar de hacia el exterior, comprueba que no sea el caso, y si ya lo tuvieras siempre puedes abrir un agujero de drenaje en la base de la cubeta para evitar posibles encharcamientos futuros.

Para mantener la humedad constante del substrato debemos hacer riegos periódicos, yo para los planteles prefiero hacerlo a mano, aunque si no los tenemos cerca de casa o del trabajo y no podemos asistirlos a diario, entonces no cabe más que instalar un sistema de riego automático. Para planteles el mejor sistema de riego automático que podemos instalar es el de microaspersión, para simular una fina lluvia que no provoque daños, al que le instalaremos un programador de riego. El inconveniente del riego automático es el que se enciende de forma automática aunque el substrato esté todavía húmedo, por eso es mejor el riego a mano ya que si no hace falta no se riega, pero el automático no entiende de esto, a menos que instales un sistema de riego con sensores de humedad de suelo, algo impensable e inviable económicamente para un simple plantel.

La siembra de las semillas de marihuana, así como cualquier actuación que hagamos sobre ellas, se realizan en días de flor, órgano o parte de planta que vamos a producir y consumir. Si cultiváramos cáñamo con fines industriales sería otro cantar, por ejemplo, si se cultiva con el fin de obtener semillas alimentarías se harían las actuaciones en días de fruto, si fuera para obtener fibras vegetales sería en días de hoja, y si fuera para acondicionar el suelo a cultivos sucesores las haríamos en días de raíz. Los días que favorecen a la formación de flores son, por tanto, los días en que la luna pasa ante las regiones de Géminis, Libra y Acuario. La época de plantación así como la de trasplantes posteriores ha de ser en días flor durante la Luna Descendente (no confundir con Luna Menguante). La luna además del ritmo sinódico lunar que es la de su posición respecto a la del sol (luna creciente, luna llena, luna menguante y luna nueva), también varía su posición respecto de la tierra, lo que se conoce con el nombre de ritmo sidéreo (luna ascendente, apogéo, luna descendente y perigéo). Retomando el hilo, durante la fase lunar de Luna Descendente, la tierra lo que hace es inspirar las energías cósmicas, y las fuerzas derivadas de estas energías y la savia de las plantas se concentran en la parte del subsuelo, el crecimiento de las raíces será con mayor fuerza y vigorosidad, favoreciendo tanto el arraigamiento del embrión germinado como de la plántula trasplantada.

_originalUna vez que el plantel ha desarrollado el primer par de hojas reales, está listo para ser trasplantado a una maceta de mayor tamaño para esperar su pre-sexado (si son semillas regulares) y poderla trasplantar a su lugar definitivo. Para el trasplante seguiremos las indicaciones lunares, tal y como en la siembra. Si sembramos en el plantel más de una semilla por alveolo o por maceta y han brotado varias de ellas, siempre nos queda el poder separar cuidadosamente las raíces y practicar un trasplante a raíz desnuda. Tanto para trasplantar como para separar varias plantas unidas por sus raíces, hemos dejar que el substrato se reseque un poquito, ya que si está muy húmedo puede que no salga todo el cepellón o no se separen bien las raíces y halla rotura del pan de raíces, con el consiguiente estrés añadido al ya de por sí estresante momento del trasplante. Cuando ya hemos sacado todo el pan de raíces lo trasplantamos a una maceta de mayor cabida (la que se desee sin que sobrepase los 10 litros de volumen, ya que una vez se pre-sexen se deberán trasplantar a su lugar definitivo y cuando menor sea el pan de raíces menos probabilidades habrá de romperlo). Si son varias las plantas brotadas en el mismo contenedor, entonces una vez extraído el pan de raíces hemos de ir dándole sutiles golpecitos al pan con el fin de desprender la tierra y así poder separar de forma individualizada cada planta con sus raíces, luego se ponen en una maceta con sustrato de crecimiento y listo, a esperar al pre-sexado.

Si queremos hacer nuestro trabajo de selección para poder obtener nuestras propias semillas de calidad para el año siguiente, es indispensable identificar a cada planta de tal forma que sepamos luego clasificar las semillas para con los apuntes anotados tomar la decisión de elegir la madre. Si queremos hacer una mejora genética, no solo desde el punto de vista de calidad de la yerba final, si no desde el punto de vista agroecológico, es decir, plantas con un fuerte y sano sistema inmunitario es indispensable hacer un seguimiento individualizado exhaustivo. Las madres elegidas han de ser, además de las de mejor calidad de yerba final, aquellas que con menos cuidados se hallan desarrollado más sanas, entendiéndose por cuidados a los riegos, abonados y tanto tratamientos preventivos como combativos de patologías diversas, o sea, la mejor calidad en las variedades más salvajes, más adaptadas a nuestro cannagroecosistema. Después de casi 10 años de trabajo con una variedad autóctona determinada, es curioso que esquejes de diversas variedades de mercado sean atacados por el gusano del cogollo (Spodoptera Exigua) y en esta variedad en concreto haya ido evolucionando de tal forma que en las últimas temporadas apenas se haya llegado a encontrar presentes no más de 5 individuos por año y planta, y sin tratamiento alguno. La conclusión es bien clara, ha ido desarrollando sus propias defensas contra esta plaga, volviéndola al parecer poco apetitosa a su gusto.

Si las plantas son semillas feminizadas, aunque hay un mínimo de riesgo que alguna sea hermafrodita, el trasplante se suele hacer de forma directa a su emplazamiento final. En este caso hemos de tomar las consideraciones oportunas para favorecer el desarrollo de las plantas, es indispensable hacer un buen replanteamiento de la zona de cultivo y de donde va a ir cada planta, atendiendo a sus condiciones particulares. La distancia entre las plantas ha de ser la correcta, cuanto más tarde sea y menor sean las plantas menor será la separación, ya que quedará menos tiempo de crecimiento y más cerca estará el momento de la floración. Hay que tener en cuenta que las plantas al llegar la floración dispara su crecimiento de forma final y ya se frena para comenzar la floración. Si trasplantamos al lugar definitivo antes de Junio debemos proporcionarles el mayor espacio posible, es decir, mínimo 2 metros de distancia entre planta y planta, tanto lateral como en línea, si es más mejor. Así que si las plantas miden apenas 20 cm y ya es mediados de Julio con medio metro hay más que suficiente, pues no crecerán mucho. Si mantenemos esta distancia mínima pueden haber roturas de ramas al estar entrelazadas las de unas plantas con las de otras, también se produce cierto fototropismo (espigamiento de las plantas) con lo que las plantas son más débiles estructuralmente hablando, y al tiempo de presentar cortas ramas laterales y una menor producción final. Otro inconveniente de los cultivos muy densos es el aumento de plantas macho (en semillas regulares), o de hermafroditas (en semillas feminizadas, también se puede dar algún ejemplar macho, pero caso muy muy raro), cuanto más competencia hay más disminuyen las probabilidades de supervivencia y por tanto menos hembras manifiestan, ya que cuantas más hembras más prole, y ante condiciones adversas la naturaleza es sabia y autoregula la población. Por lo que si sembramos muy espesos hay probabilidades: de roturas, de espigamiento, de competencia excesiva por los recursos del medio (alimento y agua) y de altos niveles de masculinidad o hermafroditismo.

No obstante, tanto durante la siembra y germinado del plantel como en el trasplante, hay riesgo de padecer algún encuentro indeseable con diversas patologías. Ya hemos citado que los substratos de calidad pésima pueden provocar que los planteles presenten carencias nutricionales, en cuyo caso o bien trasplantamos de forma urgente, o debemos hacer suaves fertirrigaciones (abonados con el agua de riego). En cuanto a los abonos a utilizar en planteles yo utilizaría purín de ortiga muy diluido (30 veces, 1 libro de purín por 29 de agua), también podemos hacerlo con purín de consuelda, en idéntica proporción. Si por el contrario el plantel sufre colapso de nutrientes, hay que hacer un trasplante, aquí no vale fertirrigar, y si el trasplante se hace a raíz desnuda mejor, hay retirar el substrato colapsado casi en su totalidad y aportar un substrato nuevo y de calidad contrastada, no podemos volver a arriesgar con tierras baratas. Si nos gastamos dinero en las semillas, tenemos que hacer lo propio con el sustrato si no luego pasa lo que nadie quiere que pase.

Si el problema consecuente de la mala calidad del sustrato es la presencia de nematodos es posible que solo nos demos cuenta cuando al pasar más de 2 semanas no haya brotado ni una sola plántula. Si las semillas que tenían una capacidad germinativa alta y que se sembraron correctamente no han brotado, solo cabe pensar que el substrato estaba infectado con algún parásito, en la gran mayoría de los casos nematodos. Los nematodos se comen el embrión germinado y cuando escarbas en la tierra compruebas que la semilla está abierta pero vacía, no hay ni rastro del embrión. Así que la mejor solución, vuelvo a reiterar es usar substratos de calidad contrastada.

1260426Las babosas y los caracoles, así como los pájaros, los saltamontes, roedores o larvas de mariposas noctuidas (hermanas de la oruga del cogollo), son enemigos no deseados de los planteles y de las pequeñas plántulas trasplantadas. Cuando comienza el plantel a germinar da gusto ver las pequeñas marías brotar, pero de la belleza de un día se pasa sin más a la desolación del día siguiente. Como entren 2, sólo 2 caracoles adultos, o un roedor, o pájaro, o saltamontes o una larva de lepidóptero en el plantel el destrozo puede ser brutal, hasta tales extremos que si no tomamos cartas en el asunto de forma inmediata, en apenas dos o tres días nos hemos quedado sin plántulas y sin plantel, eso si no es en la misma noche. Así como a las plantas adultas no les hace prácticamente nada, excepto los roedores, una intrusión de cualquiera de ellos en plantones con ejemplares muy jóvenes es devastadora.

Para evitar el acceso de cualquiera de ellos debemos de proteger los semilleros. Se pueden colocar invernaderos bien sean de plástico de film, o de plástico duro, o incluso con tela mosquitera. Con los invernaderos de film y de plástico duro, del tipo metraquilato o similar, protegemos el plantel de todos ellos con el inconveniente de al ser estanca no permite el paso del aire, y por tanto no permeable al intercambio de gases. Los invernaderos estanca tiene pues el inconveniente de aumentar de forma peligrosa la humedad relativa, con lo que si se dan temperaturas altas, se corre un elevado riesgo de padecer hongos. Cualquier ranura que dejemos abierta para favorecer la evapotranspiración del invernadero, puede facilitar la entrada de cualquiera de ellos, luego han de ser menores que el tamaño de una rata y además sellarlos con tela mosquitera para evitar la entrada a insectos menores. El invernadero de film de plástico es vulnerable a los dientes de un roedor en cambio el de metraquilato es mucho más difícil de perforar. Los invernaderos con tela mosquitera permiten un perfecto intercambio de aire con el exterior al tiempo de dejar pasar el agua de lluvia, para que moje la zona de cultivo. La tela mosquitera puede ser de metal o de plástico, la de metal no es vulnerable a roedores y similares, y las de plástico sí.

Si no podemos disponer de invernadero, podemos tapar las plantas con vasos de plástico transparente, a los que les realizaremos unos pequeños orificios en la superficie para que pueda transpirar, y si no sólo nos cabe combatir con métodos preventivos, no hay tiempo para usar combativos, ya que uno se percata de tener un problema con la propia muerte de las plantas, luego ya no cabe combatir si ya no hay plantas. Para el caracol colocaremos cebo envenenado de metaldehído, o esparciremos por la superficie posos de café, también podemos regar con una disolución de agua y de café recolado, el cafeto ahuyenta a las babosas y caracoles. Contra los pájaros protégelos con vasos invernadero, al igual que contra los saltamontes. Y para los roedores coloca trampas y plantas de lengua de perro (Cynoglossum vulgare), ó de Meliloto común (Melilotus officinalis) que los ahuyenta.

Además de tener los problemas citados, también puede hacer acto de presencia tanto en el plantel de siembra como en el plantón de trasplante la mosca blanca. La mosca blanca no provoca la muerte instantánea de la planta como si lo pueden hacer los anteriores, pero si que puede resultar engorrosa. La mosca blanca gusta de las zonas sombrías y frescas con miguelhumedad ambiental media-alta, por eso es común en plantas de cannabis que se hallan en zonas muy sombreadas del jardín o balcones, galerías y similares, donde reciben muy poca luz solar a lo largo del día. Para evitar está claro que la orientación es clave: Sur, pero no todo el mundo dispone de esta orientación, así que la mejor manera de controlar la mosca es colocar cintas cromáticas (amarillo) adhesivas, ya que el color amarillo atrae a las moscas y luego quedan pegadas. Las cintas hay que colocarlas a la suficiente distancia de las plantas para que con el oscilar del viento ninguna hoja pueda tocarlas y quedarse también pegada, luego queda ir retirando las cintas y reponiéndolas por otras a medida que quedan llenas de moscas. También podemos colocar plantas de tagetes contra la mosca blanca, al tiempo que las raíces de los tagetes también tienen propiedades nematicidas.

En el siguiente número daremos cita a las errores y patologías que más se dan en cannabis durante la plena fase de crecimiento. Así que sin más saludos y hasta el siguiente número.

Por Miguel Gimeno