Historia y ejemplos de los efectos del Cannabis

Historia y ejemplos de los efectos del Cannabis

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Suele asociarse el efecto de la marihuana con una especie de adormecimiento mental y reducción de reflejos, lo cual es muy acertado, pero no lo suficiente. El Hombre usa la marihuana desde hace unos 5.000 años, pero el origen de la explicación se remonta a unas criaturas que vivieron hace 500 millones de años. Por lo tanto, Cibermitanios se convertirá momentáneamente en The History Channel (o THC).

Advertencia. El presente artículo contiene información científica verificable y conclusiones heterodoxas que bajo determinadas circunstancias pueden activar un mecanismo de apertura de la boca de ciertos primates acompañada de la emisión de sonidos incomprensibles, coloquialmente transcriptos como “jaja”. La incapacidad de distinguir entre ambos ingredientes conceptuales puede ocasionar que el lector escriba uno o más comentarios demostrando su propia incompetencia, incluso en temas no relacionados, en los cuales los incompetentes son realmente experimentados. Ante esta duda, no consuma marihuana.

La historia de una casualidad

Había una vez un animalito marino con unos apéndices llamados sifones por donde filtraba el agua en busca de alimento. Los sifones del ascidiáceo se cerraban inmediatamente ante el más mínimo contacto. Este reflejo fue posible gracias al desarrollo de nuevos neuroreceptores y sus correspondientes neurotransmisores, que son como cerraduras y llaves que abren puertas muy particulares del sistema nervioso. Uno de estos nuevos conjuntos de llaves y cerraduras del ascidiáceo le permitió disparar respuestas muy rápidas, pero otro tuvo la función de atenuar esas respuestas. Sin este último, todo el sistema sería absurdo; el atenuador permite que el sistema nervioso vuelva a su normalidad. De otro modo, pasarían cosas como parpadear si acerca una mosca y no poder volver a abrir los ojos. Pero, incluyendo el atenuador, el mecanismo de defensa de esta criatura fue un éxito total para su supervivencia y derivó en todo un linaje mayor de animales que lo heredó, utilizó y refinó de especie en especie durante cientos de millones de años hasta terminar en nuestros cerebros.

En otra historia temporalmente paralela pero completamente distinta y sin conexiones causales, una planta lentamente desarrollaba un compuesto químico que le permitía ser extremadamente resistente a la radiación ultravioleta del Sol y conquistar ámbitos donde otras especies no podían prosperar, además de darle un sabor desagradable a sus hojas que alejaba a los depredadores herbívoros y hippies que habían caído en un agujero de gusano y viajado en el tiempo. [cita requerida]

Por caminos completamente distintos, resulta que tenemos un animal ancestral con un sistema de defensa que le servía para cerrar sus sifones y por el otro lado tenemos una planta con una molécula que la impermeabilizaba a la radiación. Cabe destacar que hay otros lados con otras cosas, pero no están relacionados con el tema. Por ejemplo, por otro lado, la luz de las estrellas más cercanas fue generada en la época de los dinosaurios y el agua necesita 275 moléculas para poder congelarse. Lo importante es que al sistema de defensa del animal lo llamamos “cannabinoide”, y a la molécula de la planta, “THC”.

Como el sistema cannabinoide es básicamente una especie de freno de mano para los reflejos, si expusiéramos a una ascidia al THC, la respuesta de sus sifones sería mucho más lenta; su sistema nervioso quedaría parcialmente bloqueado justo en los lugares donde debe recibir el estímulo necesario para disparar el mecanismo de defensa. Por supuesto se da que los ascidiáceos no tenían contacto con las plantas de cannabis (y, de haberlo tenido, sus sifones se hubieran cerrado al intentar meterles un porro), así que no hubo ningún problema en aquel entonces. Pero nosotros y cada una de las especies que evolucionamos a partir de ese organismo heredamos ese neurotransmisor, que tiene muchas funciones importantes aunque no tengamos sifones que cerrar (aunque tengamos algún agujero tímido al tacto).

Esta es una verdadera historia de casualidad (aunque la coincidencia es exagerada por nuestra ignorancia: hay millones de plantas con millones de compuestos químicos que no encajan en ninguna parte de ningún cerebro), pero también de amor a primera vista, es decir, de atracción irrefrenable, porque por simple casualidad el THC se ajusta perfectamente al neuroreceptor cannabinoide y el día en que un animal ingirió marihuana y estas dos maravillas de la naturaleza se encontraron por primera vez, pasó algo inesperado… especialmente porque no había nadie esperando nada, pero a los maestros del arte del suspenso nos gusta usar esa palabra.

Efecto del THC en el Ser Humano

En cierto modo, podríamos decir que el estado “normal” de los animales es la quietud y la paz, la contemplación y la despreocupación, como al dormir, especialmente teniendo en cuenta a nuestros ancestros con sifones que no hacían gran cosa. Pero acosando toda esa calma hay un mundo externo que constantemente requiere estar alerta, percibir, pensar y reaccionar rápido, porque en eso se juega no sólo nuestra vida sino también que el futuro esté poblado por nuestros descendientes, lo cual es un argumento excelente para conquistar a una mujer, especialmente si está drogada.

Nuestro comportamiento habitual está acelerado por las condiciones de vida en que existimos, y esa abstracción se traduce en que nuestro sistema nervioso está sobre-estimulado y sobre-exigido de reacciones rápidas como Google, físicas, intelectuales y emocionales, por lo que vivimos en constante influencia de los neurotransmisores que ayudan a esas funciones y que sólo pueden ser frenados por los endocannabinoides o eventualmente por un hacha.

Los endocannabinoides protegen al cerebro del exceso de otros neurotransmisores y son tan importantes para el correcto equilibrio neurológico que representan la mayor cantidad de neurotransmisores del cerebro. Al influir sobre tantos neurotransmisores y sus muy diversas funciones, el efecto del THC es amplio y a veces contradictorio, desde la inhibición hasta la excitación, pero siempre es a nivel biológico una especie de alivio para el sistema nervioso.

La producción excesiva de los otros neurotransmisores tiene efectos realmente nocivos para el cerebro, y esta inundación de señales químicas, sea cual sea su causa, es la responsable de la mayoría de las enfermedades neurológicas que hoy no tienen cura, y es ahí donde entran las aplicaciones medicinales de la marihuana. Aunque este es otro asunto, quiero hacer un comentario que pondré entre paréntesis porque me recuerdan a las curvas de una mujer:

(Medicinalmente y particularmente en la neurología, se conoce la importancia idéntica de dos componentes de la planta: el THC y el CBD, cada uno con un amplio registro medicinal. Por ejemplo, mientras que el primero es útil para tratar problemas como la epilepsia, el segundo tiene enormes propiedades antisicóticas. Sin embargo, el CBD no es tan psicoactivo, y por ello no sólo no suele hablarse de él sino que hasta ha sido artificialmente reducido en las plantas de consumo recreativo en favor de incrementar los niveles de THC, lo cual no es nada bueno en términos generales.)

Sin llegar a tales extremos, por otras causas ya no estrictamente neurológicas, son mucho más comunes los excesos neuroquímicos que derivan en problemas psicológicos que llamamos estrés, depresión, ansiedad, insomnio, hiperactividad, déficit de atención, estrés, depresión y ansiedad y estrés.

De algún modo, lo que hace el THC no es ralentizar sino evitar que se acelere el sistema nervioso de un animal, bloqueando la señal de “no sé qué quiero pero lo quiero ya” que transportan otros neurotransmisores (dopamina, adrenalina, endorfinas y otros que también son considerados drogas cuando su origen es externo pero que son esenciales para la naturaleza humana). 

Cuando uno no piensa, lo mejor ante una amenaza es actuar rápido, aunque el posible daño no sea inmediato. Pero en nosotros el efecto es mucho más abstracto que fisiológico. Lo que nosotros hacemos más rápido que los otros animales es lo mental, y las situaciones a las que nos enfrentamos generalmente nos permiten sacar ventaja de la capacidad de predecir lo que ocurrirá y elegir una acción adecuada: reflexionar.

Para nosotros una reacción rápida no siempre equivale a una reacción buena. Nuestro sistema cannabinoide funcionando normalmente, es decir, en ausencia de THC, no nos hace pensar mejor ni más rápido; por el contrario, nos permite disparar respuestas prefijadas, programadas por la experiencia. Eso es lo opuesto a reflexionar.

De modo que hay una posibilidad de que el efecto de la marihuana no sea hacernos estúpidos sino ayudarnos a reflexionar “de más” no dejándonos acceder a prejuicios. Esta particularidad, por supuesto, dependería de los recursos intelectuales del consumidor y podría ser negativa (dicho de otro modo: fumar marihuana no te curará la estupidez, sólo la hará más lenta). Pero esto es sólo una idea secundaria y no pondría las manos en el fuego por ella. De hecho, no lo haría por ninguna idea, porque no soy tan estúpido como para poner las manos en el fuego: mis neurotransmisores me lo prohibirían haciéndome quitarlas rápidamente.

Advertencia. Esta advertencia tiene fines meramente dramáticos y carece de relevancia hermenéutica.

La plasticidad de nuestro cerebro es maravillosa pero tiene límites. Cada respuesta que el cerebro ejecuta se vuelve más fácil y rápida con la repetición, y por eso el secreto para dominar cualquier actividad es la pratcíca la páctrica la práctica; pero también se vuelve más difícil y lento el proceso de buscar una respuesta distinta. La mente parece sólo poder hacer una de estas dos cosas a la vez: repetir una secuencia hasta fijarla o ensayar secuencias alternativas. Dicho de otro modo: aunque se complementan, aprendizaje y creatividad compiten mutuamente.

El THC en realidad no nos hace pensar más lento, sino que previene el pensamiento automatizado, y esto se traduce en una mayor velocidad para hacer conexiones distantes (caminos neuronales no tan desarrollados por la práctica habitual). Por ejemplo, en un test de asociación libre donde se da la palabra “perro”, en lugar de inmediatamente responder “gato” o “mascota”, uno podría simplemente ladrar.

Cuando, libres de peligros físicos, debemos tomar una decisión, sea importante o no, la cantidad de ideas que repasa nuestra mente durante una fracción de segundo antes y después de llegar a una conclusión es asombrosa. El proceso es tan rápido que no lo notamos conscientemente y creemos que sólo tuvimos una idea. Subyace invisible una corriente de creatividad que nunca manará por los poros del sentido común.

Nuestro cerebro con sus neuroaceleradores es una boca hambrienta: como si, ante la urgencia de comer, naturalmente la boca segregara un lubricante que permitiera tragar con mayor rapidez. De hecho lo hace, pero en esta metáfora el proceso debe imaginarse más extremo y cómico, como lo es en verdad. Y si hubiera algo que pudiera impedir ese flujo torrencial de aceitosa baba, tardaríamos más en comer, pero podríamos saborear la comida antes de simplemente tragarla (y quizá darnos cuenta de que estábamos masticando una piedra).

Por algo la filosofía nace del tiempo de ocio, cuando nada interfiere pidiéndonos respuestas rápidas y sólo pensamos por placer [cf. Experimentos filosóficos para un día de ocio (1) (2)].

Dichas cantidades de ideas imperceptibles se manifiestan durante la vorágine de los sueños, cuando la mayor parte de los neurotransmisores se ha adormecido. Y es esta misma la función recreativa de los cannabinoides de origen externo. Bajo los efectos de desaceleración del THC, por ejemplo, esos pensamientos previos que preceden al que es estadísticamente más seguro pueden volverse un poco más accesibles, y quizá eso podría ser una ventaja o al menos conducir a una variante interesante, lo cual es absolutamente discutible y estoy absolutamente desinteresado en discutirlo.

Sea certera esta propuesta explicativa o no, lo indiscutible es que bajo los efectos de la marihuana a uno (se) le pueden ocurrir algunas cosas estúpidas y otras reveladoras, pero casi todas fuera de lo común, como estas:

Advertencia. Los siguientes ejemplos son testimonios anónimos reales que pueden ser ficticios; cualquier semejanza con la realidad es realidad, como todas las cosas.

La semejanza con la realidad es la única posibilidad, puesto que todas las semejanzas pertenecen a la realidad y que no puede haber parecidos entre la realidad y lo que no existe, a menos que nada exista, en cuyo caso es inútil comparar.

Efectos del cannabis

 

  • Tener ganas de comer pizza y mirar fotos de pizzas en Internet durante media hora.
  • Repentinamente, darse cuenta de que aplaudir es lo mismo que “chocar los cinco” con uno mismo.
  • Bajar el volumen de la TV para poder saborear mejor la comida.
  • Pensar que las serpientes son colas con cabeza.
  • Comenzar a ver una película y a los 20 minutos darse cuenta de que está en un idioma desconocido.
  • Buscar por todos lados un encendedor, en la oscuridad sólo iluminada por la llama del encendedor.
  • Mirarse al espejo un buen rato para intentar verse parpadear.
  • Seguir a una hormiga durante diez minutos y observar sus gestos al encontrar obstáculos o alimento.
  • Soplar un helado porque está muy frío.
  • Mirar el reloj cada 10 minutos sólo para descubrir que pasaron 30 segundos.
  • Ser detenido para un control de alcoholemia y fingir haber bebido para que no crean que estás fumado.
  • Mirar una película porno sin masturbarse.
  • Intentar quitar una mosca del monitor moviendo el cursor del mouse.
  • Cambiar el recorrido hacia tu casa porque te sigue un perro.
  • Esperar a que Google cargue y darse cuenta de que terminó antes de haber empezado a esperar.
  • Desear que las palabras de los libros brillen en la oscuridad.
  • Darse cuenta de que el aire se moja si uno saca la lengua.
  • Buscar el botón “deshacer” del microondas.
  • ¿Y si la luz al final del túnel que se ve al morir no es de un túnel, sino de la vagina de tu próxima madre?
  • Imaginar que los párpados son bolsas de dormir para ojos.
  • Sorprenderse de que el limpiaparabrisas no se mueva al ritmo de la música.
  • Pensar en la posibilidad de haber perdido un pelo en la escena de un crimen y que lo usen como evidencia.
  • Pensar que los Tiranosaurios eran tan malos porque no podían darse abrazos.
  • Notar que la palabra OK parece un hombrecito de costado.
  • Pensar que un boomerang es como un frisbee para gente sin amigos.
  • Poner el despertador para no olvidar irse a dormir.
  • Hacer algo asombroso para deleite del perro o del gato.
  • Desear ser un transformer para convertirse en cama.
  • Abrir la puerta de un patrullero pensando que es un taxi.
  • Sentarse a comer y buscar el cinturón de seguridad.
  • Hacer una competencia de maullidos con el gato.
  • Entender todo lo que dice R2D2.
  • Buscar el botón “me gusta” en el control remoto después de ver una buena película.
  • Tratar de hace que una vaca se ría muy fuerte para que le salga leche por la nariz.
  • Esta película: video pelicula

Fuente Cibermitaños

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