Holanda si que “is different”

Holanda si que “is different”

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“Con Antauro en Amsterdam”   Por Marco Sifuentes.

La primavera ha llegado a Amsterdam y, con ella, los tulipanes, los paseos por sus canales y, por supuesto, hordas de turistas. Pero estos no son cualquier tipo de turistas. Los que visitan Amsterdam en estos días volverán a casa con la satisfacción de haber cerrado un ciclo histórico: haber sido los últimos extranjeros en consumir marihuana libremente en los coffee shops de la ciudad.

Los coffee shops de Holanda no se parecen a Starbucks. El principal producto a consumir no es precisamente el café, sino distintos tipos de cannabis. Adentro no se vende alcohol y en muchos de los 650 coffee shops del país tampoco se puede fumar (tabaco). Funcionan bajo el amparo de una legislación contradictoria, que prohibe el tráfico y el cultivo pero no la compra hasta de5 gramosni la posesión hasta de 500. Entonces, ¿de dónde sale la hierba que millones de turistas consumen a diario en Amsterdam y otras ciudades holandesas? Ésa es la raíz del mal.

Un informe del Ministerio de Sanidad, Bienestar y Deportes holandés explica que su política “está basada en la suposición de que una transición eventual del consumo de drogas blandas al de drogas duras se debe más bien a causas sociales que fisiológicas. Si los adultos jóvenes quieren consumir drogas blandas  —y la experiencia ha demostrado que existe realmente esta necesidad entre grandes grupos— es mejor que lo hagan en un marco dentro del cual no entren a la vez en contacto con la subcultura criminal que existe en torno a las drogas duras.”

El problema es que Holanda, debido a una serie de acuerdos internacionales, no puede legalizar unilateralmente el tráfico de ningún tipo de drogas, ni las “blandas”. Esta prohibición generó, como no podía ser de otra forma, mafias locales para abastecer a los coffee shops. Para liberarse de las mafias extranjeras, muchos holandeses recurrieron a cultivarla ellos mismos o entre amigos.

Así nació la nederweit, la hierba holandesa, mucho más fuerte que la extranjera. Según El País, “las tres cuartas partes de la droga cultivada en Holanda —donde hay 40.000 cultivos de marihuana que generan, al año, unos beneficios de 2.000 millones de euros— tiene una concentración de THC entre el 15% y el 18%”, mientras que la hierba importada no supera el 6.6%.

El actual gobierno holandés, una tensa alianza de liberales y ultraderechistas, ha decidido que una droga como la nederweit ya se puede considerar “dura” y por eso se le va a prohibir y, además, los coffee shops se convertirán en clubs que solo podrán venderle hierba a sus socios.

¿Esto es un fracaso de la política liberal holandesa? No (ya son por demás conocidas las comparaciones de consumo y adicción entre los Países Bajos y Estados Unidos, en los que los EE.UU. salen siempre peor parados).

Es, en realidad, el fracaso del resto del mundo en ponerse al día con una sociedad que intenta ser realmente liberal; que considera que un adicto es más un fracaso de la sociedad que la consecuencia de un vicio personal que debe ser prohibido por el Estado, y que tiene unos índices de criminalidad tan bajos que algunas cárceles están cerrando por falta de residentes.

Eso sí: en sus cárceles no se puede consumir ningún tipo de droga y todos, sin importar hermano de quién sean, tienen exactamente el mismo régimen carcelario. Otra cosa que podríamos aprender de ellos.

Fuente LaRepublica

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