Marihuana en Libano

Marihuana en Libano

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El Líbano, oficialmente la República Libanesa, tiene fama de producir un hachís de gran calidad, que se exporta por todo el mundo. Desde la década de 1990, el estado ha intentado, de manera activa, acabar por completo con la industria del cannabis, con mayor o menor éxito. Este año, la policía de fronteras, que hasta ahora parecía estar bastante distraída, está centrando sus esfuerzos en el conflicto de Siria, por lo que los cultivadores libaneses no suelen encontrarse con ningún tipo de obstáculo.

Legislación y Política Internacional

Según la legislación libanesa, el cultivo y la posesión de cannabis son ilegales, y desde 1991—poco tiempo después de que terminase la guerra civil que duró desde 1975 a 1990—el gobierno participa activamente en los intentos por acabar con las actividades en el valle de la Becá, centro tradicional del cultivo y de la elaboración de hachís.

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Un agricultor cosecha las plantas de cannabis maduras en el valle de la Becá, Líbano

Como respuesta a la presión de la comunidad internacional, se empezaron a aplicar medidas represivas en serio, aunque se han producido de forma esporádica a lo largo de estos años. Entre 2005 y 2007, no se produjeron erradicaciones, ya que, debido a la inestabilidad política en la zona, los recursos y la capacidad de la división antidrogas del Líbano—la Oficina de Control de Drogas (DEB) de la Fuerzas de Seguridad Interna—se habían estirado hasta el límite de sus posibilidades.

Los programas de erradicación provocan disturbios

En 2009, después de una serie de redadas especialmente intensas, las autoridades libanesas afirmaron haber erradicado la producción de cannabis y opio en su totalidad. Sin embargo, parece que el cannabis que se cultivaba en el valle de la Becá es una hierba mucho más persistente de lo que las autoridades esperaban. En cuanto los militares se fueron del valle, volvieron a intensificarse los intentos de seguir produciendo. A día de hoy, la producción de hachís ha aumentado considerablemente, aunque su nivel actual equivale a la mitad de lo que se producía en el momento álgido de la época previa a las erradicaciones.

La violencia en la zona ha aumentado, debido a la desesperación e indignación que sienten los agricultores al enfrentarse a la destrucción de la totalidad de su cosecha por parte de unos funcionarios indiferentes. A raíz de los enfrentamientos armados registrados en 2012—que sólo cesaron bajo la promesa del gobierno (luego incumplida) de conceder una indemnización a los agricultores afectados—las autoridades han declarado que las erradicaciones serán aplazadas indefinidamente.

Arrestos y Sentencias relacionadas con el Cannabis

Los arrestos por posesión de cannabis no son demasiado frecuentes en el Líbano, aunque cuando se producen, suelen ser por cantidades menores. En julio de 2013, una mujer natural de Baalbek, de veintiséis años de edad, fue arrestada y acusada de tenencia de seis gramos de cannabis en Dahr al-Baydar. En abril de 2013, dos hombres libaneses y un jordano fueron detenidos por intento de tráfico de 60 kg de hachís que se dirigían a Israel.

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Los operativos del ejército libanés que realizan las erradicaciones en el valle de la Becá

En el valle de la Becá, hay más de 40.000 órdenes de detención pendientes contra miles de agricultores y traficantes. En muchos casos, los individuos buscados tienen varias órdenes de arresto pendientes, a menudo por delitos como atacar a las fuerzas armadas, así como por cultivo o tráfico. Se ha solicitado una amnistía para estas órdenes de arresto pendientes, como parte de un movimiento cuyo propósito es aumentar la cooperación entre los agricultores y las autoridades.

La historia del cannabis en el Líbano

Tradicionalmente, se lleva cultivando cannabis y elaborando hachís durante siglos en el Valle de la Becá en el Líbano. Durante la época otomana, los pachás o bajás que gobernaban en el valle favorecían la producción. El hachís estaba presente en todos los ámbitos, e incluso se utilizaba como moneda de cambio.

Cuando el Imperio Otomano se dividió después de la Primera Guerra Mundial, la Liga de las Naciones le asignó a Francia la autoridad sobre Siria y el Líbano. En 1926, se redactó una nueva constitución nacional y se prohibió la producción de hachís. Pronto se desarrolló una industria ilegal, y ya en la década de 1950, el negocio iba viento en popa.

La guerra civil (1975-1990) permitió que prosperase el comercio de hachís libanés, ahora ilegal, ya que los agricultores colaboraban con varias milicias para llevar a cabo actividades muy efectivas y a gran escala que hicieron posible la producción, el transporte y la venta de grandes cantidades. Inevitablemente, parte de las ganancias obtenidas del comercio fueron destinadas a financiar las operaciones de estas milicias.

La ocupación siria del Líbano (1976-2005)

Durante los años de ocupación siria del Líbano, supuestamente, las fuerzas invasoras recaudaban impuestos de los agricultores y de los contrabandistas del valle de la Becá, y los miembros de la familia gobernante de Siria Al-Assad se beneficiaban directamente de este sistema. Además, la inteligencia militar siria desempeñó un papel fundamental en la gestión de los conflictos territoriales, en ocasiones violentos, entre las diferentes milicias y clanes que actuaban en el valle.

Siria ocupó el valle de la Becá, entre 1976 y 2005, y en el momento cumbre de sus operaciones, más de la mitad de la tierra agrícola disponible (tradicionalmente cultivada con una gran variedad de cultivos como el trigo, la uva y el cannabis) se dedicaba exclusivamente al cultivo de cannabis y de la planta del opio.

La participación de Siria en los programas de erradicación

Cuando la guerra civil terminó en 1990, las tropas sirias seguían ocupando el valle de la Becá; tras las negociaciones entre el gobierno libanés, Siria y la amplia comunidad internacional, los mismos intereses que, previamente, se habían beneficiado del comercio, empezaron a intentar destruir por completo la industria del cannabis en el valle de la Becá.

Entre 1991 y 1994, se destruyeron alrededor de 30.000 hectáreas de cannabis, privando a 250.000 personas y 23.000 explotaciones familiares de su fuente principal de ingresos. Supuestamente, mientras se arruinaban miles de pequeños agricultores, las organizaciones dedicadas al contrabando más importantes se vieron compensadas con escaños en el gobierno.

Hezbolá, Siria y el dinero de la droga

Después que las tropas de Siria se retirasen de la Becá, Hezbolá, la organización islamita chiíta perfectamente armada y organizada, tomó el control de la zona, junto con el control de la industria del hachís. Existen denuncias de que Hezbolá, cuyo poder sigue creciendo sin parar desde su creación en 1985, continúa protegiendo los intereses de Siria en la Becá, a cambio de financiación y apoyo.

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El grupo militante Hezbolá está vinculado con el tráfico de armas y drogas en Siria y en el valle de la Becá

Hezbolá tiene tanto poder en el Líbano que se le ha denominado un “Estado dentro del Estado”, y actualmente lucha, junto al régimen chiíta de Siria, para intentar sofocar la sublevación que ya dura tres años y que ahora se está extendiendo al Líbano—además de proteger sus campos de cannabis en el norte de Siria. Según se dice, las tropas rebeldes de Siria reciben formación militar de los operativos de Hezbolá en el valle de la Becá.

La Gobernación de Becá es una zona principalmente chiíta, y muchos de los soldados de Hezbolá que combaten en Siria nacieron en el valle. Hezbolá está financiado principalmente por el régimen sirio, y como el poder y la riqueza de este último se ha ido erosionado debido a la guerra civil, en consecuencia, ha aumentado la importancia del capital procedente de las drogas. El ingreso anual actual de la red de distribución de drogas de Hezbolá se estima en 4,4 mil millones €.

La participación de Hezbolá en la producción de hachís

En 2001, Hezbolá aconsejó a las autoridades libanesas que renunciasen a los programas de erradicación planificados en el valle—aparentemente, en un intento de proteger los medios de subsistencia de los agricultores—y, poco a poco, el comercio de cannabis comenzó a aumentar una vez más.

Se cree que Hezbolá también tiene sitios de cultivo de cannabis más pequeños en los territorios alauitas de Siria; se ha informado de que protegen sus campos con celo, y no se permite el acceso ni a las tropas sirias ni a las libanesas. Sin embargo, Hezbolá niega estar implicado en el tráfico de cannabis y apoya la postura oficial que está en contra de la producción de drogas.

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El valle de la Becá es el centro del cultivo de cannabis en el Líbano

Es un reto continuo controlar una zona tan inestable. Los enfrentamientos violentos entre bandas rivales y con las fuerzas armadas han aumentado desde 2005; en general, Hezbolá ha dejado que el ejército haga frente a los disturbios, y ha tardado en poner en marcha políticas decisivas con respecto al futuro de la zona.

El Comercio de Cannabis Actualmente

El Líbano sigue siendo un importante proveedor de hachís para Europa, África y los Estados del Golfo, aunque su producción anual es, en general, bastante inferior a la de la década de 1980. Cada año, una gran cantidad del contrabando atraviesa la frontera con Siria, porosa y mal custodiada, y también se introducen de contrabando cantidades importantes—aunque más pequeñas—en la frontera entre Líbano e Israel.

Los pueblos del Valle de la Becá están subdesarrollados y la ley tribal sigue teniendo un gran poder, protegida por las diversas familias armadas de la zona. El área se mueve impulsado por la economía de las drogas ilegales, y cuando no se puede cultivar cannabis, la pobreza aumenta rápidamente. Baalbek y Yammouneh son particularmente conocidos como centros del comercio de hachís; durante la temporada alta, prosperan los mercados con muestras evidentes de actividades comerciales ilícitas.

La producción de cannabis está muy por debajo de su punto álgido en la década de los 80, cuando se cultivaban hasta 60.000 hectáreas cada año. Sin embargo, parece que el área de cultivo se está expandiendo rápidamente, una vez más; la carretera que va desde la ciudad de Baalbek a Yammouneh está de nuevo flanqueada por campos de cannabis.

El Cultivo de Cannabis en la Becá

Se estima que, en 2002, sólo se cultivaban 2.500 hectáreas de cannabis en el extremo norte del valle. Parece que el cultivo se redujo durante varios años—en 2009, cuando las autoridades afirmaron haber erradicado el cultivo del todo, sólo se destruyeron 1.300 hectáreas. No se sabe cuál es la extensión total del cultivo en la Becá en la actualidad, pero se estima que está en al menos 5.000 hectáreas, y sigue aumentando.

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Un campo dedicado al cultivo de cannabis en el Valle de la Becá en el Líbano

La cosecha de 2013 no fue objeto de los esfuerzos de erradicación, y la abundante cosecha resultante ha producido una fuerte caída en el precio al por mayor del hachís. El precio de un kilogramo ha bajado de unos 750 € en 2012 a menos de 400 € en la actualidad.

El cannabis crece en el agreste y árido Valle de la Becá, sin necesidad de riego ni fertilizantes, a diferencia de muchas otras plantas, y es mucho más rentable. Una hectárea de cannabis puede producir desde 40-100 kg de hachís, por valor de 16.000 €- 40.000.€

Las erradicaciones han generalizado la pobreza

Aunque las políticas severas de las autoridades libanesas no han acabado con el comercio, lo han alterado de forma irremediable. Tradicionalmente, un gran número de agricultores dependían de la cosecha anual de cannabis para aumentar los escasos ingresos obtenidos de los otros cultivos.

Se ha intimidado y obligado a muchos de estos agricultores a pequeña escala a abandonar el comercio, dejándolos expuestos a la pobreza, ya que el gobierno y la comunidad internacional han fracasado repetidamente a la hora de proporcionar medios alternativos de ingresos. Mientras que muchos agricultores han reanudado recientemente sus actividades, todavía se sufren los efectos de los veinte años de pobreza en la zona—y el futuro de su medio de vida no está ni mucho menos garantizado.

El movimiento tuffar

Durante décadas, los agricultores se han ido organizando poco a poco en colectivos informales, para intentar unificarse contra un estado que se entromete. Por ejemplo, el movimiento tuffar está formado por un grupo de individuos que rechazan tanto a Hezbolá como el control del Estado, y están muy involucrados en la producción de hachís en las regiones sin ley del norte de la provincia de Baalbek-Hermel.

Los miembros del grupo han manifestado su disposición para la guerra sin cuartel con las autoridades libanesas si se intenta realizar erradicaciones antes de la próxima cosecha. Los miembros de Tuffar han estado relacionados con varios enfrentamientos violentos entre los agricultores y las autoridades, y muchos de ellos tienen órdenes de arresto pendientes. Las autoridades libanesas que intentan realizar erradicaciones en la Becá se han visto obstaculizadas no sólo por las acciones de los campesinos hostiles y armados hasta los dientes, sino también por la falta de voluntad generalizada de los proveedores de servicios locales para ayudar en los operaciones.

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Se ha animado a los agricultores del Valle de la Becá a cultivar otros productos como las patatas

En 2012, se comunicó que los esfuerzos por erradicar los cultivos se habían pospuesto, ante la negativa de los operarios de las excavadoras locales de alquilar sus equipos para usarlos en la destrucción de los campos de cannabis. Varios tractores han sido atacados por los campesinos armados y los ancianos de la tribu han advertido a los operativos que no participen en los programas. En agosto de 2012, después de una sentada organizada por cientos de campesinos armados en Yammouneh, las autoridades decidieron posponer las erradicaciones por completo.

La elaboración de hachís en el Líbano

Una vez que se recoge la cosecha a finales de septiembre (las plantas generalmente se dejan en el campo hasta que estén casi secas), se suele poner las plantas en una azotea para que se sequén completamente al sol, y luego se almacenan en un lugar fresco y seco durante dos o tres semanas para curarse. Una vez que el material de la planta se seca y se cura, puede comenzar el proceso de separación de la resina cristalina de las flores, tallos y hojas.

En primer lugar, se le quitan a las plantas los tallos y las hojas exteriores, y las flores se agitan y se restregan sobre una serie de finas mallas de seda con diferentes tamaños. La primera sacudida se realiza en la malla más pequeña, y produce un polvo fino de un tono rojizo y dorado. Se llevan a cabo dos o tres sacudidas más, con resultados de una calidad cada vez menor.

Almacenamiento y prensado del hachís

El polvo tamizado se guarda en bolsas de plástico hasta el invierno, momento en el que se traslada a unas bolsas de algodón o lino para prensarlo. Se utilizan prensas industriales para comprimir el polvo en bloques de un hachís maleable y suave, en los que se ve claramente las marcas dejadas por las fibras de las bolsas.

Además de elaborar un hachís rojizo y marrón a partir de plantas cosechadas más tarde (la variedad conocida como “Libanés rojo”), ocasionalmente, los agricultores también cosechan algunas plantas a principios de la temporada, cuando los tricomas no han madurado del todo. Esto se traduce en una forma de hachís más claro, de color amarillento conocido como “libanés rubio”, que suele ser más ligero y presenta un efecto más “cerebral”.

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Hachís libanés, sellado con el símbolo distintivo del cedro

Uso cultural del cannabis

En el valle de la Bekaa, el uso tradicional del cannabis (conocido allí como Al-Mabroukeh, la planta bendita) fue parte integral de la sociedad durante siglos, a pesar de que su amplia presencia ha disminuido en los últimos veinte años. Durante los años de apogeo, la mayoría de las familias de la localidad participaban en el comercio; los niños se familiarizaban con todas las etapas del proceso de elaboración del hachís a una edad temprana, los agricultores lo intercambiaban mediante el trueque, lo usaban en la dote, y se lo ofrecían abiertamente a los visitantes e invitados.

Fuera de la Becá, el uso del hachís y del cannabis está mal visto, hasta cierto punto, por la sociedad libanesa, que al parecer tiende también a asociar el hachís a otras drogas más peligrosas. Los agricultores de cannabis suelen ser demonizados por los medios de comunicación, y los colectivos agrícolas calificados como “mafias”. Los libaneses suelen utilizar el término hashishine para referirse a los consumidores de cualquier droga, no sólo para los de hachís.

Sin embargo, existe una subcultura de uso en gran parte del Líbano—el hachís se encuentra ampliamente disponible (y de vez en cuando marihuana), es barato y fácil de localizar. Además, hay indicios de que la actitud predominante está cambiando al tiempo que la generación del “baby boom” de la década de los 60, que generalmente es más liberal que la anterior, se ha convertido en una presencia dominante en la sociedad.

¿Cuál es el futuro del cannabis en El Líbano?

El Líbano sigue siendo uno de los cinco mayores productores mundiales de hachís, lo que representa alrededor del 5-6% de la oferta total mundial desde 2002. La demanda mundial de cannabis y hachís es cada vez mayor, y supone un gran incentivo para que los agricultores libaneses pobres vuelvan a su modo de vida tradicional.

Ahora que la oportunidad se ha presentado una vez más, los residentes del Valle de la Becá han respondido con rapidez, y están decididos a no dejar que nada se interponga en su camino. El ejército está desgastado por los conflictos de seguridad continuos, y los agricultores están desesperados—y dispuestos a defender sus cultivos con sus vidas si es necesario. Con el fín de evitar cualquier tipo de carnicería, las autoridades han optado sabiamente por abstenerse de actuar, por el momento al menos.

Es importante documentar tanto la historia como los acontecimientos recientes relacionados con la guerra contra las drogas que, a día de hoy, sigue afectando a las vidas de tantas personas en todo el mundo. Por esta razón, Sensi Seeds y Hash Marihuana & Hemp Museumen Ámsterdam, intentan proporcionar la información más precisa, actualizada y objetiva sobre la situación actual, país por país. Agradeceremos cualquier comentario, observación y corrección.

Por Seshata

Fuente SensiSeeds

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