Marihuana, una droga blanda que podría ser legalizada

Marihuana, una droga blanda que podría ser legalizada

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Cada vez que tiene lugar algún debate público o una polémica entre amigos, donde el tema sea si la marihuana debe prohibirse o despenalizarse, existe también, por regla, una enorme carga de subjetividad.

Las discrepancias acerca de esta sustancia están directamente relacionadas con otras discusiones humanas definitivas donde, aparentemente, sólo existen dos polos opuestos entre sí.

Esa polarización ha ocasionado toda clase de conflictos entre personas y naciones, de consecuencias incalculables y a veces devastadoras. ¿Bueno o Malo? ¿Derecha o izquierda? ¿Libertad o igualdad? ¿Prohibir o permitir?

De alucinógeno sagrado a hierba maligna

El cannabis, como sustancia psicoactiva, está ligado a la vida del hombre desde hace milenios. Los antiguos hindúes lo consideraban un alucinógeno sagrado. Con esos mismos fines fue usado por los antiguos chinos, asirios, griegos, turcos, rumanos, árabes e incluso los primeros cristianos llegaron a utilizarlo en sus ceremonias rituales tempranas.

William Shakespeare fue un asiduo consumidor de esta sustancia y hasta se detuvo a describir sus efectos como “el viaje de mi cabeza” en su Soneto 27. Bob Dylan la acostumbraba -tal vez, aún la acostumbra- y no dudó en compartírsela a los Beatles, quienes la emplearon desmesuradamente para producir “Revolver”, al que llamaban, en corto, “el álbum de la cannabis“.

También resulta inolvidable que durante la primera mitad de los años setenta, el excepcional y popular divulgador de la ciencia, Carl Sagan creó el alter ego de “Mister X” para clamar por la entera despenalización del polémico cannabis en los Estados Unidos y todo porque fue precisamente en ese país donde la prohibición de esta sustancia estuvo a punto de convertirse en tema de seguridad nacional durante la incierta década de los 30’s.

Sucedió que en aquella tercera década del siglo XX estaba en pleno auge la industria del papel de cáñamo (que se obtiene exactamente de la misma planta que el cannabis). Por esos mismos días, la poderosa empresa Dupont patentó un proceso químico para crear papel con pulpa de madera. Cierto que el papel de Dupont era más barato, pero en unas cuantas semanas adquiría un color amarillento muy desagradable.

Para que el negocio resultara un éxito, Dupont se asoció con William R. Hearst, el gran magnate de los diarios (retratado magistralmente por Orson Welles en “El Ciudadano Kane”). Hearst era muy famoso por explotar el morbo y el sensacionalismo, así que sus periódicos -ahora impresos en el papel amarillento de Dupont- le dieron nombre a lo que hoy se conoce como “prensa amarillista”.

Pero no fue suficiente y el negocio de Dupont no lograba despegar, la producción de cáñamo estaba a punto de convertirse en la más importante del país. Así que la empresa Dupont y su influyente socio Hearst buscaron un apoyo adicional y definitivo, aliándose con Andrew Mellon, quien además de banquero era secretario del Tesoro de los Estados Unidos.

Andrew Mellon tomó rápidamente las medidas necesarias para apoyar a sus nuevos asociados y nombró a su sobrino Harry Anslinger, director del Buró Federal de Narcóticos y Drogas Peligrosas. Anslinger, a su vez, puso en marcha de inmediato una ruda campaña contra el cáñamo, pero atacándolo indirectamente. Centró todas sus embestidas en el otro producto que se obtenía de esta planta y que era empleado con fines estimulantes, o sea, el cannabis.

El propio Harry Anslinger se dio tiempo de narrar a detalle este pasaje de su vida, cuando escribió sus memorias: “Por radio y en foros importantes relaté la historia de esta hierba maligna. Escribí artículos, nuestros agentes dieron cientos de conferencias a padres, educadores y dirigentes cívicos y sociales. En transmisiones de televisión seguí denunciando el número cada vez mayor de crímenes cometidos, incluyendo el estupro y el homicidio” a causa del terrible cannabis. Años más tarde, las propias autoridades federales de los Estados Unidos reconocerían que esta campaña fue una exageración.

Hoy se sabe, incluso, que Anslinger dejó de lado el nombre de cannabis y optó por el de “marihuana”, porque ese era el nombre que empleaban los mexicanos para referirse a la hierba. La vinculación del cannabis con los inmigrantes ilegales provenientes de México, implicaba tocar una de las fibras más relevantes de la sociedad norteamericana, es decir el racismo, lo que ayudó a crear un repudio absoluto hacia el psicoactivo.

Y no era para menos, la “marihuana” se había vuelto el sustituto perfecto del alcohol durante el periodo de prohibición de los licores conocido como la “Ley Seca”. Al final, la campaña de Anslinger fue un éxito rotundo y en 1937 se hizo ley la prohibición absoluta para usar cáñamo en los Estados Unidos.

Fuente e-consulta

1 COMENTARIO

  1. A veces produce brotes psicóticos y/o esquizofrenia.
    Seamos prudentes. A no todo el mundo le sienta bien. De todas maneras, tocar una alhaja tan sutil como el cerebro jamás puede ser sano.

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