Marihuana en Uzbekistán

Marihuana en Uzbekistán

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La República de Uzbekistán limita con Afganistán, Tayikistán, Kirguistán, Kazajistán y Turkmenistán. Al igual que sus vecinos, Uzbekistán tiene una larga historia de uso del cannabis, y pertenece a la primera región en la que el cannabis evolucionó, desarrollándose en sus diferentes subespecies. A día de hoy, el cannabis sigue teniendo una gran importancia socioeconómica para muchos uzbekos.

Historia del cannabis en Uzbekistán

Al igual que ocurre con los otros países de la zona, el cannabis es autóctono de Uzbekistán, y es probable que el hombre lo lleve utilizando miles de años. En concreto, se cree que C. indica sp afghanica es el tipo que predomina en Uzbekistán. Se piensa que esta subespecie ha evolucionado en la región que está a caballo entre el sur de Uzbekistán, Tayikistán y el norte de Afganistán (en particular en la provincia de Balj, muy conocida por su producción de cannabis y por ser la cuna de varios cultivares muy conocidos, entre los que se incluye Mazar-I-Sharif). Sin embargo, la región es un centro de diversidad, y en las zonas situadas más al norte de Uzbekistán, pueden crecer otros tipos de cannabis, como por ejemplo ruderalis.

Aunque no se ha encontrado evidencias arqueológicas de un uso del cannabis en el antiguo Uzbekistán, se han producido hallazgos en zonas cercanas a China, además de encontrar pruebas en otros lugares de Asia Central que indican que el cannabis se utilizaba, por lo menos, desde el 2700 AEC. La Civilización Oxus de la Edad de Bronce habitó la región en torno a los años 2300-1700 AEC. Los testimonios arqueológicos indican el uso ritual del cannabis, aunque esto se ha cuestionado. Más tarde (alrededor del 800 AEC), las tribus ecuestres escitas de las estepas del norte comenzaron a establecerse en la región, dejando sus propias pruebas arqueológicas del uso y consumo del cannabis.

La histórica ciudad de Uzbekistán, Samarcanda, es famosa por ser un punto central en la Ruta de la Seda que conectaba China y Occidente desde alrededor del 200 AEC (aunque el comercio ha existido entre estas regiones dispares durante muchos siglos, posiblemente miles de años, antes de que la dinastía Han de China construyese caminos y calzadas importantes). Posteriormente, Samarcanda se hizo muy conocida como centro de aprendizaje islámico. Debido a esto, es casi inevitable que, durante esta época, existiera un comercio activo de cannabis dentro de lo que hoy es Uzbekistán.

Uso cultural del cannabis en Uzbekistán

Uzbekistán tiene una cultura activa alrededor del uso del cannabis. Se considera como algo tradicional, y está muy aceptado socialmente. La palabra local uzbeka para referirse al cannabis es “anasha“. El consumo de cannabis va en aumento en algunas ciudades, pero, en su mayor parte, se ha mantenido constante durante los últimos años. Es la sustancia ilegal más consumida en Uzbekistán, y se estima que el 4,2% de la población adulta la consume regularmente.

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El cannabis del tipo encontrado en Mazar-I-Sharif, en el norte de Afganistán, también se encuentra en Uzbekistán y Tayikistán.

En comparación, alrededor del 1% de la población consume, regularmente, opiáceos, como el opio y la heroína, y constituye la gran mayoría de los consumidores con problemas, que necesitan tratamiento. Las tasas de consumo de heroína aumentan a un nivel alarmante, y preocupan mucho más a las autoridades y a los profesionales de la salud que el consumo de cannabis, o incluso que el consumo más tradicional de opio.

El auge del tráfico de drogas organizado y a gran escala, durante la década de 1990, provocó que las drogas tradicionales, como el opio y el cannabis, fueran sustituidas en algunas áreas por heroína, barata y fácilmente disponible, que normalmente se inyecta. Debido al aumento del número de consumidores de heroína, que suelen emplear prácticas poco seguras, también se han incrementado las tasas de VIH/SIDA.

Aunque en general, se acepta el consumo de cannabis, hay que destacar algunas excepciones. En 2012, el subcampeón olímpico de judo uzbeko, Abdullo Tangriev, fue descalificado en la XXX edición de los Juegos Olímpicos de Londres, y suspendido de la competición durante dos años, después de que se encontraran rastros de marihuana en su sangre durante la prueba antidoping rutinaria, lo que provocó un rechazo del público generalizado.

Cannabis cultivado y cannabis silvestre en Uzbekistán

En Uzbekistán, el cannabis crece de forma silvestre y también se cultiva, aunque la industria es muy pequeña comparada con la de Afganistán o Kazajistán, los dos productores más importantes de la zona. Como cultivo silvestre, el cannabis normalmente crece junto a las carreteras y caminos, o en los campos de todo el país. Se desconoce la superficie total ocupada tanto por el cannabis cultivado, como por el silvestre, en Uzbekistán, y parece que existe una cierta fluctuación año tras año, tal vez como resultado de los esfuerzos de erradicación dirigidos al opio.

En 2006, Uzbekistán informó de que el cultivo silvestre ocupaba 0,4 hectáreas, mientras que el cannabis ilegal cultivado ocupaba 1,44 hectáreas. Sin embargo, es probable que esta cifra sea demasiado baja, dado que las operaciones antinarcóticos del país no resultan nada eficaces. También en 2006, se comunicó que se había condenado a 621 individuos por plantar plantas narcóticas (aunque no está claro qué proporción era de amapola o efedra, y cuál de cannabis). En general, aunque parece que el cultivo de cannabis está aumentando, la cosecha se queda en Uzbekistán, ya que no se producen cantidades suficientemente grandes para exportar. El cultivo sigue siendo ilegal, pero parece ser que se hace una excepción en el caso de los hombres mayores de 60 años y de las mujeres mayores de 55 años.

Ha surgido una gran afición a la genética autóctona de Uzbekistán y de los países vecinos, y es posible conseguir semillas que, supuestamente, son de origen uzbeko en diferentes puntos de venta en Internet. Debido a su proximidad a Afganistán, algunas genéticas más apreciadas, son bien conocidas por proceder de Uzbekistán y sus alrededores, y algunas de las “planta del hachís” más famosas son originarias de la zona.

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En Taskent, la moderna y animada capital, se mueve una gran cantidad de contrabando afgano cada año (© Woweezowee)

C. indica sp afghanica es el tipo clásico de “indica” más conocido por los criadores. Presenta hojas anchas, baja estatura, aspecto achaparrado, y produce abundante resina. Es diferente al tipo que se encuentra en el norte de la India, Pakistán y Nepal, (C. indica sp indica) que en realidad, tiene hojas estrechas, y es mucho más resistente a la humedad que su homóloga afghanica, que está acostumbrada al frío y a las condiciones áridas. Según algunas fuentes, C. indica sp afghanica es el tipo de cannabis más propenso a presentar color morado, y la mayoría de las variedades comerciales que presentan color morado actualmente tienen ascendencia afghanica.

EE.UU. y R.U. producen unos hongos que atacan al cannabis en Uzbekistán

En 1999, se informó de que los científicos del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA) estaban trabajando, conjuntamente, con científicos uzbekos en un centro ex soviético de armas biológicas situado en Taskent, la capital de Uzbekistán, para producir un hongo con propiedades herbicidas selectivas, conocido como Fusarium oxysporum. También se informó de que el proyecto recibía financiación británica, que lo dirigía bajo el mandato del Programa de Control de Drogas de la ONU.

Hay muchas cepas diferentes de hongos, y aunque muchas son benignas, o posiblemente incluso beneficiosas para las plantas, varias son patógenas, y en estas cepas se centró la investigación. F. oxysporum f. sp. cannabis es una cepa específica del cannabis. F. oxysporum f. sp. erythroxyli ataca a la familia coca Erythroxylaceae. Un patógeno separado, Pleospora papaveracea, ataca específicamente a la adormidera. Sin embargo, el impacto ecológico (así como en la salud humana) de estos organismos no ha sido probado totalmente, y los ecologistas han expresado su gran preocupación por el hecho de que las especies no objetivo pueden verse afectadas, y porque los patógenos pueden permanecer en el suelo durante décadas.

Aunque han aparecido referencias esporádicas a los patógenos en los años transcurridos desde entonces, sobre todo en relación con las operaciones antinarcóticos llevadas a cabo por los Estados Unidos en Colombia, no parece que hayan sido probados “en el campo”, y la propia Colombia ha rechazado las propuestas para llevar a cabo las pruebas. En 2011, los miembros de la junta asesora del National Research Council de los EE.UU. afirmó que nuestro conocimiento de la eficacia y la seguridad de los agentes patógenos era demasiado limitado para permitir su aplicación.

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Se cree que todas las variedades comerciales moradas de cannabis descienden de las variedades indica locales que se encuentran en Afganistán, Uzbekistán y Tayikistán

Incautaciones y erradicaciones

Durante las dos últimas décadas, las campañas agresivas de erradicación de la amapola casi han acabado con la producción de opio doméstica, pero también pueden haber afectado al cultivo de cannabis, aunque es difícil afirmarlo con certeza debido a la información, escasa y poco fiable, proporcionada por Uzbekistán. En 2006, se informó de la erradicación de 1,84 hectáreas de cannabis en Uzbekistán. Teniendo en cuenta que esto equivale al 100% del total de los datos sobre las cosechas silvestres y cultivadas, publicados ese año (0,4 y 1,44 Ha, respectivamente), es posible que exista un área, mucho mayor, dedicada al cultivo que simplemente no se notifica.

Las incautaciones de marihuana y hachís son generalmente bajas. En 1996, se incautaron 5,5 toneladas métricas (TM), en 1998, la cantidad fue 1 MT, y durante los años siguientes de los que se dispone de datos, las incautaciones han oscilado alrededor de los 500 kg, y han disminuido gradualmente. Estas cifras representan la segunda tasa más baja de incautaciones de marihuana y de hachís en Asia Central, después de Turkmenistán, aunque se cree que una cantidad importante de contrabando se trafica a través de Uzbekistán, esto también podría depender de la ineficacia de los controles antinarcóticos.

El cannabis se produce para el consumo local, y no hay pruebas disponibles que demuestren la exportación de cannabis uzbeko fuera del país. Dada su proximidad a Afganistán, parte del hachís uzbeko puede ser etiquetado como afgano y luego transportado, pero en el caso de que esto ocurra, es probable que suceda sólo en cantidades insignificantes. Las incautaciones de cannabis son más frecuentes en Taskent y Samarcanda. En general, las incautaciones de marihuana y hachís constituyen alrededor del 25% del contrabando total incautado.

El tráfico de cannabis en Uzbekistán

Aunque la producción nacional de sustancias estupefacientes en Uzbekistán es limitada, el país es muy importante a nivel estratégico para las bandas de traficantes que operan en toda la zona. El opio, la heroína y el hachís procedentes de Afganistán siguen una de las varias rutas de Uzbekistán, o bien cruzando la pequeña frontera de 137 km entre Uzbekistán y Afganistán, o a través de los fronteras orientales compartidas con Tayikistán y Kirguistán. Desde Uzbekistán, viajan hacia el norte y el oeste a través de Kazajistán y del Mar Caspio, hasta Europa, o el norte de Rusia. Con regularidad, se acusa a la “mafia” que controla el tráfico uzbeko de aprovecharse de las fronteras permeables de Kazajistán, y en un momento dado incluso de llegar a dirigir un servicio de autobús dedicado exclusivamente al transporte del contrabando a través de la frontera.

La frontera con Afganistán ha sufrido una gran fluctuación en los niveles de seguridad durante los últimos años. La frontera, enormemente vigilada, se cerró en 1998 en respuesta a los conflictos producidos en Afganistán (en gran parte relacionados con el ascenso de los talibanes), y se empezó a construir la barrera fronteriza más fuertemente custodiada del mundo. El acceso a través de las fronteras se reanudó en 2005, con la apertura del Puente de la Amistad, pero la frontera se cierra con frecuencia en el lado uzbeko, debido a las amenazas contra la seguridad de Afganistán.

Antes de los cierres de la frontera, la mayoría del contrabando que llegaba a Uzbekistán lo hacía directamente a través de Afganistán. Como resultado, la provincia uzbeka sureña de Surjandarín se convirtió en un importante centro de actividades ilegales que financiaban el tráfico. Ahora que se permite cierta actividad transfronteriza, es probable que el tráfico de contrabando se haya reanudado, pero es poco probable que alcance los niveles anteriores. Actualmente, se cree que la mayoría del contrabando que entra en Uzbekistán llega desde Tayikistán. Aunque allí hay pocos pasos fronterizos, no están tan vigilados y, por lo general, se tienen menos sospechas de que se produzca algún tipo de tráfico a través de ellos.

Al igual que ocurre en otros países de la zona, históricamente en Uzbekistán, se ha dado más importancia al comercio de opio y heroína que al de cannabis. La mayor parte de las operaciones antinarcóticos se centran en ambas sustancias, y las erradicaciones y las incautaciones de cannabis suelen producirse de forma casual durante el transcurso de las operaciones dirigidas al opio.

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La frontera pequeña y montañosa entre Uzbekistán y Afganistán está muy vigilada, aunque se sigue produciendo algo de contrabando (© Pocketdora)

Legislación y política relativas al cannabis en Uzbekistán

Uzbekistán tiene una de las legislaciones de drogas más restrictivas de Asia Central. Aquellos acusados de posesión y consumo pueden ser castigados a trabajo penitenciario o prisión de hasta tres años, o de cinco años en caso de haber sido condenado previamente. Los consumidores de drogas son criminalizados institucionalmente, y se les puede someter de forma obligatoria, a un registro, además de a programas de tratamiento y a analíticas rutinarias.

El cultivo se castiga con una multa de 25 a 50 salarios mínimos mensuales, o a trabajo correccional o cárcel de hasta tres años (para los cultivadores a pequeña escala sin antecedentes penales). Por el cultivo a mediana escala, llevado a cabo por cultivadores previamente condenados, se puede imponer el pago de 50 a 100 salarios mensuales, o de 3 a 5 años de cárcel. Los casos de cultivo a gran escala, o el realizado por “reincidentes peligrosos” o grupos organizados, se castiga con 5 a 10 años de prisión.

Por la producción, venta, compra o almacenamiento de pequeñas cantidades de estupefacientes, la sentencia habitual va de 3 a 5 años de prisión. La condena estándar para las cantidades consideradas medianas es de 5 a 7 años, y para las grandes cantidades, de 7 a 10 años. La pena puede ser de hasta 20 años por el tráfico de cantidades especialmente grandes, o por la venta llevada a cabo por grupos organizados o reincidentes. Por traficar pequeñas cantidades (los límites no están definidos), se pueden aplicar penas privativas de libertad que van de 5 a 10 años. Por el tráfico de cantidades mayores, la pena prevista es de 10 a 20 años.

Comprar y consumir cannabis en Uzbekistán

Como el consumo de drogas está fuertemente penalizado en Uzbekistán, se recomienda a los visitantes que tengan mucho cuidado si lo que pretenden es adquirir marihuana o hachís. Tener un buen contacto local puede ser de gran ayuda, al igual que ocurre en la mayoría de los países. Sin embargo, si no se dispone de ese tipo de ayuda, frecuentar los bares y discotecas de las zonas urbanas de Taskent, y otras grandes ciudades, suele dar resultados con el tiempo.

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Debido a los cierres de la frontera entre Uzbekistán y Afganistán, la mayoría del contrabando que llega a Uzbekistán se transporta a través de la frontera oriental con Tayikistán (© Upyernoz)

Ten cuidado en todo momento en Uzbekistán, las patrullas de policía son habituales, y no son reacias a meter a la gente en la cárcel por el consumo personal de drogas. Sin embargo, se sabe que son algo desconfiados cuando se trata de los turistas, especialmente de los europeos y americanos, y los sobornos también puede ser eficaces en algunas circunstancias (y una vez que se ha efectuado el soborno, a cambio, los oficiales suelen estar dispuestos a “cuidar” de los turistas).

Una vez que se consigue una fuente, se puede esperar recibir la marihuana o el hachís bien empaquetados en una caja de cerillas, un estilo también habitual en Kazajistán y Afganistán (y probablemente en toda la zona). El precio de una caja de cerillas, llena de diferentes tipos de marihuana o hachís, va de 24.000 a 60.000 Soms uzbekos (10 $ -25 $), dependiendo de la calidad, y de la disponibilidad según la temporada y la ubicación.

Actualmente, estamos trabajando para recopilar información actualizada sobre la legislación y el consumo de cannabis en todos los países de todo el mundo. Para ello, te agradeceremos tu información, consejos, opiniones y correcciones. Por Seshata.  Fuente

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