México: Legalización Ideal

México: Legalización Ideal

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Por Roberto Gómez Junco González.

México.- Hemos visto cómo lo ilegal es negocio y lo que causa el prohibir algún producto o servicio; también sabemos de formas en las cuales los grupos que se manejan fuera de la ley se benefician de las propias leyes que prohiben su comportamiento.

Siendo un tema extenso y complicado, queda la duda de cómo sería un país ideal, un mundo ideal, en el que se pudiera vivir sin los problemas que trae lo ilegal y la organización del crimen que esto produce.

Obviamente lo ideal sería que no existiera la gente que consume los productos del narcotráfico y que éste, sin demanda y sin ingreso, terminara con la oferta. Desgraciadamente esto es algo que queda sólo como “idea” tanto en México como en el resto del planeta, porque la realidad es otra.

La historia, guerras y campañas, miles de intentos fallidos de gobiernos e instituciones de salud para suprimir y detener el flujo de narcóticos, demuestran que mientras exista el ser humano existirá el consumo, y por lo tanto la distribución de drogas ilegales. Le debemos tirar a que sea la menor cantidad de personas posibles las que ofrezcan y demanden estos estupefacientes.

Lo único que no se ha intentado para disminuir el consumo o distribución de las drogas ilícitas, donde son ilegales, es la legalización.

En México tenemos un problema, entre muchos, con el narcotráfico. No hay ninguna otra parte del mundo en donde ese problema sea tan grave como el que hay ahora en el país. Ni siquiera lo fue en Colombia durante las épocas de Pablo Escobar.

Esto suena más o menos comprensible, porque la población actual es la mayor que ha existido en la historia, más que cuando vivía Escobar, y México es la única frontera al sur del país que más narcóticos consume en el mundo, y además es la frontera con el sur de América, donde se producen muchos de estos narcóticos, por lo que nuestro país sirve de “conexión” con el vecino del norte; y la declaración de “guerra” hacia estos grupos hace no mucho tiempo causó que se defendieran, organizándose y creciendo más que antes.

Una guerra que no ha servido más que para demostrarnos cómo no sirve atacar militarmente al crimen organizado, ya que éste siempre encuentra la manera de escabullirse, especialmente en un país hundido en la corrupción como lo es México. Lo que se hace es disminuir el poder de estos grupos lo más posible, tanto económico como moral, al quitarles la fuente de su ingreso.

Podría empezarse por despenalizar, como ya se hizo de cierta forma en el país, la posesión de cualquier droga sin intento de distribuirla. Esto significa que el adicto, a menos que haya cometido un crimen, es tratado como un enfermo y no un criminal. No obstante, aunque la injusticia de encarcelar y maltratar a alguien por ser víctima de una adicción desaparece, queda el problema de la distribución.

Al despenalizar solamente la posesión, la producción de los narcóticos sigue estando a cargo del crimen organizado. De igual manera, una legalización “a medias”, como las leyes que permiten que la marihuana se distribuya como medicina en ciertos estados de Estados Unidos, dejaría la distribución de la parte ilegal al crimen, y en Mexico vendría siendo lo mismo.

Lo siguiente sería hacer una separación entre las drogas que circulan. La cafeína en el café, el alcohol en las bebidas y la nicotina en el cigarro son drogas, en todo el sentido de la palabra, que se distribuyen y producen de manera regulada. De la misma forma, entre las drogas ilegales hay una variación entre la potencia y efectos de las mismas.

En Holanda, el único país en donde la comercialización de algún narcótico es legal, distinguen entre drogas “suaves” como la marihuana, que son legales, y las “duras” como la cocaína o heroína, que son ilegales como en cualquier otra parte.

En ese caso se encargaría al Estado o a la industria privada, de manera regulada, la producción y distribución de ciertos narcóticos.

El mayor ingreso de los cárteles en México proviene del tráfico de marihuana tanto hacia Estados Unidos, como (cada vez más) en México. No es raro, ya que es la droga que más fácil se da en el país y la que más se consume en el mundo. Es la droga que Estados Unidos “importa” en mayor cantidad y la que genera más dinero.

Los granjeros que ya siembran marihuana en el país, y los que no, podrían sembrar esta planta como si fuera cualquier otra cosecha, y distribuirla a la organización correspondiente, regulada por el Estado y la Ley. El poder militar se utilizaría para proteger esas cosechas.

Al quitarle la ilegalidad a esta planta en el país, se restaría un alto porcentaje del ingreso económico de estos cárteles, desde México hasta Centroamérica. El salario de todo miembro de algún grupo criminal dedicado al narcotráfico se vería reducido de manera inmediata. Esto causaría, sin más que hacer, que se desmoronaran por sí mismos los cárteles menos fuertes.

Los ingresos generados al aplicarle un impuesto a la marihuana rondarían los miles de millones al año y servirían para combatir a los cárteles más fuertes mientras van perdiendo su poder.

Se distribuiría de forma regulada como el alcohol y los cigarros, sobre todo al principio. No habría marihuana en el supermercado a un lado de la lechuga. Tampoco habría venta (como en el caso de las compañías tabacaleras) o anuncios en la tele que instiguen a los jóvenes a consumir. Habría centros de distribución regulados y protegidos por el gobierno y un chequeo completo de todo “cliente” para tener el debido control. Obviamente seguirían las campañas y la labor de los padres al educar a sus hijos, para aspirar a que el porcentaje de la población que consuma sea mínimo.

Sería excatamente lo mismo para las personas que nunca han visto una droga, sin el inevitable problema indirecto que trae la ilegalidad de éstas.

En México se han visto muchas incautaciones de marihuana últimamente, cada vez con más frecuencia. Esto puede aparentar que la “guerra” que se está librando ha dado algún tipo de resultado, pero no es así. Estados Unidos lleva varios años “desilegalizando” la marihuana en ciertos estados, declarándola como medicina, a la vez que a nivel federal y ante el mundo mantiene que su política contra las drogas y la legalización de la marihuana es la misma.

La marihuana mexicana, que vemos acomodada en montoncitos enfrente de un helicóptero de la policía federal en las noticias cada vez que la “incautan”, se queda en el país ya que no la quieren en el norte porque están produciendo una mejor allá, y de manera legal.

Es cuestión de tiempo para que los 16 estados que han aprobado estas leyes se conviertan en los 50 que conforman el país y a nivel federal se declare la marihuana como “medicina”, un eufemismo que en Estados Unidos pueden utilizar porque sus “problemas” de narcotráfico son otros.

El gobierno y la población en México se comportan como Estados Unidos dice que hay que comportarse, pero no como lo hace.

Actualmente al Tío Sam le conviene que la marihuana sea ilegal en México y el resto del planeta, por eso tanto apoyo y dinero. Mientras tanto, las instituciones en Estados Unidos que están desarrollándose en la industria legal del cannabis están en pláticas y proyectos constantes con los laboratorios en Holanda para producir más y mejor producto, rebasando ya a los propios holandeses. Se han dado cuenta que la marihuana legal y con impuesto genera más dinero que la ilegal y resuelve uno que otro problema de pasada.

Para cuando den a conocer esto al resto del mundo, los estadounidenses serán de los primeros lugares en producción de cannabis del planeta, dejando como siempre a los mexicanos atrasados y en la pobreza, jugando con las reglas que dictan los gringos mientras intentamos no quedarnos tan atrás.

Porque en México, a diferencia de Estados Unidos, no existe la imaginación necesaria para distinguir entre hacer cosas malas que parecen buenas y cosas buenas que parecen malas.

 

Fuente EpicentrdeMexico

 

2 COMENTARIOS

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