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Cada vez son mas las ciudades que están tomando las riendas sobre la reglamentación y regulación de los clubes de cannabis. La semana pasada fue la ciudad vasca de San Sebastián la que de alguna forma reconoció estas asociaciones de consumo de marihuana estableciendo los parámetros por los cuales se deben regir estos clubes.

El portavoz de la Federación Vasca de Cannabis EUSFAC, Iker Vall, valora positivamente la medida

“Desde EUSFAC creemos que la ordenanza que se ha aprobado y que ha salido en el BOE la semana pasada de alguna manera reconoce los clubes sociales de cannabis y los integra dentro de vida asociativa de la ciudad pero también establece unos parámetros y unos criterios donde deben operar estas organizaciones”.

“Creemos que ha habido muy buena sintonía entre el ayuntamiento, la sociedad civil y las asociaciones y creo que realmente la apuesta de futuro es si somos capaces de implementar esta ordenanza que a buen seguro forma parte de un proceso de regulación más amplio que se esta dando a nivel regional en el País Vasco y que esta llevando a un reconocimiento no solo de los derechos de este tipo de colectivos y de los usuarios sino también de sus deberes y obligaciones para con la sociedad”

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Defensores del consumo de marihuana quieren llevar finalmente su iniciativa de legalización más allá de la jurisdicción de estados del oeste del país, hacia el noreste, y dicen que el primer estado que podría hacerlo en esta región es Maine.

Maine tiene una larga historia con el cannabis: los votantes del estado aprobaron la legalización de la marihuana medicinal hace 15 años, convirtiéndose en la primera entidad en hacerlo en la región de Nueva Inglaterra. Ahora, defensores nacionales de la yerba dicen que el estado representa una oportunidad de que las fuerzas que promueven su legalización ingresen a los estados del noreste que han anhelado desde hace mucho tiempo.

Partidarios de la legalización de la marihuana dicen que parte de su enfoque en Maine es diagramático: la facilidad de contar con un proceso de iniciativa de votación pública encabezada por los ciudadanos de Maine hace que sea un objetico más viable que en los estados donde las leyes sólo pueden ser cambiadas a través de complicadas batallas legislativas. Intercesores a favor de la legalización citaron además un par de victorias recientes en iniciativas de legalización municipal: Portland, la ciudad más grande del estado, en 2013, y South Portland, la cuarta ciudad más grande, este mes.

Maine además descriminalizó la posesión de cantidades pequeñas de marihuana hace casi cuatro décadas, y el estado ya cuenta con una red considerable de ocho dispensarios y más de 1.500 cultivadores legales. El clima favorable para la legalización tiene a varios grupos nacionales y locales preparándose para una potencial iniciativa de votación en todo el estado en 2016.

“Es bastante posible que Maine pudiera ser el primer estado en el noreste que legalice la marihuana y que otros estados le sigan”, dijo Bill Piper, director de asuntos nacionales de la Drug Policy Alliance, con sede en Washington, D.C.

Los reformistas a favor de la legalización de la marihuana en todo el país obtuvieron una serie de victorias en las recientes elecciones, cuando Oregon, Alaska y Washington, D.C. la aprobaron. Partidarios en Maine ya están redactando la iniciativa para ser integrada en la boleta electoral de 2016, según David Boyer, un residente de Falmouth y director político del Marijuana Policy Project, con sede en Washington.

Los promotores necesitan recolectar unas 61.000 firmas para colocar el asunto en la boleta, según la Constitución estatal. Boyer señaló que la iniciativa probablemente iniciará en los próximos seis meses.

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Viven en Chile, donde el cultivo de cannabis el ilegal. Mirá por qué y para qué la usan a pesar del riesgo de terminar en prisión.

Un día Paulina Bobadilla recorría con su hija Javiera un camino de montaña y por un momento pensó en poner fin a la vida de ambas. No soportaba ver sufrir a su niña, quien padece de epilepsia refractaria, un mal que no responde a los anticonvulsivos tradicionales.

Los anticonvulsivos, de hecho, le causaron a Javiera vista tubular (como caballo con anteojeras), daños en la tiroides e insensibilidad al dolor.

“No sentía dolor, vivía en un mundo paralelo. Se sacaba sus uñitas y dejaba sangrando sus dedos”, contó Bobadilla. “Después de años de desesperación, lo único que quería era morir con ella”.

Cerca de una pendiente “le dije hasta aquí llegamos”, recuerda. (Pero) La Javi me dice `mamá, te amo’ y la miro y (pienso) `tengo que seguir”’.

La vida de Javiera, quien hoy tiene siete años, dio un vuelco cuando comenzaron a experimentar con marihuana, desafiando las leyes chilenas. Desde que ingiere un par de gotas de resina de marihuana diarias, se acabaron las convulsiones y todos los efectos negativos de los anticonvulsivos tradicionales.

Bobadilla dijo que una amiga le sugirió usar marihuana y se decidió después de ver el video de Charlotte Figi, de ocho años, que vive en Colorado, quien padece epilepsia refractaria desde los tres meses. Hace pocos años la trataron con cannabis y poco después empezó a caminar y hablar.

La madre de Javiera y más de un centenar de padres más cansados de esperar que el Congreso apruebe el uso medicinal de la marihuana formaron “Mamá Cultiva”, un grupo de apoyo mutuo cuyos integrantes se exponen a ir a la cárcel al cultivar clandestinamente la marihuana para extraer el aceite que calma e incluso hace desaparecer las convulsiones de sus hijos.

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Javiera Canales mientras riega plantas de marihuana medicinal en su casa familiar, en Santiago de Chile

En Chile se puede consumir la droga, pero es ilegal cultivarla, venderla y transportarla. Quienes lo hagan, pueden sufrir penas de 541 días a 15 años de prisión. La estricta ley antidroga chilena permite el uso medicinal con autorización de varios ministerios, un trámite burocrático que pocos encaran.

Personalidades mundiales han solicitado la despenalización y regulación de la marihuana y el ex presidente socialista Ricardo Lagos reactivó el debate en Chile.

“Partamos por legalizar la marihuana, con lo cual una gran cantidad de delitos desaparece”, dijo a comienzos de mes a la revista Qué Pasa, pero el tema no está en la agenda del gobierno de Michelle Bachelet, que sólo analiza suavizar un poco las penas relacionadas con la marihuana sacándola de la lista de drogas “duras”.

El Congreso está estudiando una propuesta de despenalizar el cultivo de cannabis con fines terapéuticos y recreacionales, la cual fue aprobada sin oposición por la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados. La iniciativa debe ser analizada ahora por el pleno de ese cuerpo y luego por el Senado antes de convertirse en ley y, ante la oposición de la derecha, no hay perspectivas de que eso suceda a corto plazo.

“Mamá Cultiva” crece a diario pues hay unos 15.000 niños con epilepsia refractaria en Chile, según dijo a The Associated Press Ana María Gazmurri, líder de la Fundación Daya, que promueve desde hace un año terapias alternativas y que impulsó el nacimiento de “Mamá Cultiva”.

Si bien en Chile no hay estudios clínicos sobre el efecto medicinal de la marihuana, la doctora Lidia Amarales, directora del estatal Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol, dijo en noviembre que “existe evidencia científica internacional que avala el uso de esta droga en algunas patologías muy específicas como epilepsia refractaria, cuidado paliativo del dolor”.

Destacó, no obstante, que el uso de cualquier droga legal o ilegal, en niños o jóvenes siempre puede generar reacciones negativas.

Gazmurri precisó que en Fundación Daya y la municipalidad de La Florida adelantan un programa piloto que permitirá “la generación de un estudio clínico que nos permita tener toda la evidencia que en otras partes del mundo ya existe”.

Tras muchos meses de gestiones, ambas entidades consiguieron los permisos correspondientes y sembraron 850 plantas en un recinto ultra vigilado. Con la cosecha de marzo de 2015 producirán aceite y la resina será entregada a 200 pacientes oncológicos.

La Sociedad de Neurología, Pediatría, Anestesiología, facultades de medicina y el Colegio Médico emitieron un comunicado público para decir que la evidencia disponible sobre el uso terapéutico “esinsuficiente, lo que contrasta con la vasta evidencia científica sobre sus efectos perjudiciales”.

En la mayor parte del mundo está prohibida la marihuana, pero hay una fuerte corriente a favor de su legalización. En diciembre pasado Uruguay legalizó y reguló su uso, y Colombia y Argentina despenalizaron el consumo personal. En los estados de Colorado y Washington, en Estados Unidos, también se pueda consumir y Canadá regularizó el uso medicinal. En Europa se puede consumir legalmente en Portugal, Bélgica y Suiza, aunque en Holanda se adquiere en algunos cafés.

La mayoría de los miembros de “Mamá Cultiva” tiene plantaciones en sus patios o en habitáculos acondicionados, pero como las plantas crecen lento, a veces acuden a traficantes, que en ocasiones los engañan, como a Susana, a quien le vendieron una marihuana macho, que no sirve para sacar aceite.

“Le expliqué (al traficante) que era para mi hijo enfermo, que necesitaba marihuana hembra, pero me vendió una planta macho”, cuenta Susana, quien no quiso dar su nombre completo por temor a tener problemas con la justicia.

Antes de usar cannabis, hace 18 meses, Bobadilla gastaba sólo en medicamentos 500.000 pesos (unos 840 dólares) mensuales, más del doble de un sueldo mínimo, que es de 215.000 pesos, y una cifra inalcanzable para ella. La madre de Javiera, de 34 años, tenía una peluquería, pero empezó a vender todo para pagar los medicamentos de su hija hasta que perdió su negocio. Su esposo es ingeniero en informática.

Ahora cultivar y producir aceite no supera los 100 dólares.

Bobadilla enfatizó que “Mamá Cultiva” “nace por la desesperación” de padres que se sentían solos.

“Los doctores a nosotros nos dejan solos”, dijo Bobadilla al justificar el cultivo de marihuana.

El hijo de Gabriela Reyes, Lucas, de siete meses, fue desahuciado por los médicos cuando llegó a tener 300 convulsiones diarias producidas por la epilepsia refractaria. Hoy tiene de 10 a 15 diarias gracias al aceite.

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Paulina Bobadilla mientras riega plantas de marihuana medicinal en su casa en Santiago de Chile.

“Era un bebé que lo único que hacía era llorar todo el día. Paraba solo cuando dormía un rato y seguía llorando”, declaró Reyes. “Llegó a estar con ocho anticonvulsionantes juntos y hacía dos crisis diarias”.

Para evitar ser timados al comprar marihuana a traficantes, como le sucedió a Susana, el grupo organizó un taller clandestino de cultivo de marihuana para algunos padres. Cultivadores del cannabis les enseñaron a multiplicar las plantas para que no les falte la materia prima, pero en la reunión se dieron cuenta de un nuevo engaño: una droguería les vendió un alcohol que no es apto para extraer la resina que luego beberán sus hijos.

Mientras algunos padres extraían aceite, Susana separaba hojas secas y semillas del tallo, con la esperanza de poder obtener algo de aceite. A pocos metros su esposo atendía a su hijo, que emitía gritos mientras sufría convulsiones.

Horas después todos tuvieron la oportunidad de sacar un tallo con hojas y prepararlo para dar vida a otra planta, en un proceso conocido como “esqueje”. Sus caras se veían felices a medida que dominaban la técnica. Si hubieran sido descubiertos por la policía, con la cantidad de marihuana que había en el lugar, arriesgaban una pena de las más altas.

Por ahora se sabe de un solo detenido en relación con estas actividades, ya que son extremadamente cuidadosos para que no los ubiquen ni les decomisen sus plantas. El arrestado es un hermano de Bobadilla.

En septiembre Bobadilla se quedó sin plantas para extraer y tuvo que acudir a un traficante, fue acompañada por su hermano y unos amigos. Compraron 23 gramos y al llegar a su casa se bajó del vehículo y el hermano y sus amigos se quedaron en el auto, pues pensaban ir a comprar unos panchos. Apareció la policía y les encontró la marihuana. El joven estuvo detenido unas horas y hoy está procesado por microtraficante, arriesgando una condena de hasta cinco años.

“La cárcel no me asusta”, dijo Bobadilla. “Que me quiten la medicina, eso sí”.

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En el principio fue el parque. Y posteriormente, el poblado, algunos bares de ciudades como Móstoles o Alcorcón, el servicio a domicilio y de nuevo la quedada en el parque o la plaza. Pillar costo o marihuana ha sido casi siempre un trámite engorroso y casi nunca un paseo por el lado salvaje o la marginalidad. Hoy día hay un nuevo modo de cumplir con el requisito mínimo para sostener el hábito. Los clubes de consumidores de cannabis han proliferado y han avanzado un paso más en la normalización del uso de esta sustancia, la cuarta en consumo a nivel español, tras el alcohol, el tabaco y los hipnosedantes.

Según las estimaciones, basadas en el registro de estas asociaciones en el Ministerio de Interior, en el territorio hay 500 de estos clubes. La mayoría, unos 200, en Catalunya, también en el País Vasco, y, en menor medida, en Valencia, Madrid o Sevilla, pero ¿cómo son estos clubes?

Entramos al primero de ellos, en un barrio céntrico de Madrid. No. Retrocedamos. Esperamos en una esquina de ese barrio céntrico hasta que llegue Daniel, nuestro guía, a quien antes de nada le colocamos un nombre ficticio para este texto. Esperamos, porque para entrar hay que seguir unas normas de seguridad que, aunque cambian de unos clubes a otros, funcionan para minimizar riesgos. Daniel nos acompaña hasta la puerta. Primer control: huella digital. Pone la suya y pasamos a un descansillo. Es donde explica las reglas básicas de este club. La primera: no se compra a un proveedor sino que se organiza una compra mancomunada del material. La actividad que se lleva a cabo aquí es el consumo compartido. Una parte del sistema judicial reconoce que no hay delito asociado a esta práctica. En noviembre de 2013, el presidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco declaró en el Parlamento vasco que “hay una jurisprudencia ya consolidada de que el consumo colectivo con cantidades propias de autoconsumo no está penalizado, pero eso no quiere decir que exista derecho a hacerlo, sino que eso no es delito”. ¿Lo entienden? Pues la diferencia en la interpretación de ese margen entre el límite del derecho y el delito puede suponer cárcel.

Daniel explica que el club funciona estrictamente mediante la compra de una cantidad adecuada a lo que cada socio consuma. Hay un registro en el que se apuntarán los gramos que se retiran cada vez. Daniel nos explica que el límite legal mensual establecido está en cien gramos, pero que su club, como otros en el País Vasco, marca un límite más bajo, de 60 gramos mensuales, para fomentar un consumo responsable. Junto a los papeles, en el club de Daniel se exige ser mayor de 21 años, venir avalado por otro socio y haber pedido cita previa. Además, incluyen un cuarto papel en el que los socios se comprometen a un proyecto de cultivo autocompartido. Es el modo de autoabastecerse sin recurrir al mercado negro ni a terceros. Daniel nos explica que se hace para reivindicar el derecho a cultivar plantas, una pelea que se está librando en muchas localidades de Catalunya y la Comunidad Autónoma Vasca.

Aunque las instrucciones sean generales, el criterio de cada fiscalía provincial es la última barrera antes de hacer posible un club sin el mal karma del hostigamiento policial a sus asociados. Entre las fiscalías más agresivas contra estas asociaciones y clubes está la de la Comunitat Valenciana, cuyo fiscal antidroga, José Ramón Noreña, anunció en octubre una ofensiva contra los cerca de 20 clubes que funcionan en la región. La realidad jurídica cambia en cada comunidad, confirma Daniel, quien comenta que las asociaciones que han pedido estatutos a nivel estatal –porque tienen entre sus planes funcionar en varias comunidades– están teniendo más seguimiento por parte de las autoridades que aquellas que se ciñen al registro de su comunidad autónoma. Si eres estricto, comenta, es muy difícil que la actividad de los clubes tenga repercusión judicial. No obstante, nos dice, hay clubes que se acercan al límite y grandes empresas que ven una oportunidad de negocio tras este relajamiento de las costumbres.

Más allá de lo represivo
Hemos firmado los papeles, nos han hecho una fotocopia del DNI y ya estamos dentro. Hay un grupo de seis o siete chicos y chicas en torno a los 25 años y cuatro o cinco varones de los que ya no cumplen los treinta acodados en la barra. Una nevera –esto no es un bar–, seis o siete mesas, cada una distinta a la anterior, y unos grafitis en lienzos. Pregunta­mos a nuestro guía por las condiciones laborales de la asociación: qué pasa con quien pone las cervezas. Nos dice que es difícil hacerlo todo legal, ya que es fundamental demostrar que no hay ánimo de lucro en ninguno de sus movimientos.

Los táper de marihuana –hay menos variedad de hachís– llaman la atención detrás de la barra. Jack Herer, AK47, son los nombres de algunas de las variedades más populares. Hablamos con Daniel, no ya de los aspectos legales, sino de la sociología del consumo. Nos dice que los hábitos han cambiado, en parte gracias al autocultivo. El Diario de León decía en enero de este año que hay mil grow shops –tiendas que facilitan materiales para el cultivo– en España. Hace cuatro años se estimaba que las pymes asociadas a este sector generan cerca de 50 millones de euros anuales. Entre calada y calada, comentamos el hecho de que este año comience a contabilizarse el peso de las drogas en el PIB.

Salimos de allí con la sensación de haber estado en algo parecido a un coffee shop. No llevamos ninguna china o cogollo; bajo ningún concepto los invitados pueden retirar material, nos explica Daniel. Al día siguiente, con la mente aún un poco nublada, nos dirigimos a otro club. Hay pequeños cambios. En lugar de tres papeles, firmamos uno que explica que lo nuestro es consumo terapéutico. Nos dicen que la legalización vendrá por esa vía. En esta ocasión nos hacemos socios. La conversación es menos distendida. Son las 17h y sólo algunas personas pasan a esta hora a retirar seis o siete gramos de marihuana. Al salir, comentamos la jugada con otro consumidor habitual. Nos dice que, aunque estar en un club sale un poco más caro, la calidad del material y la tranquilidad del acceso a su dosis le compensa el sobrecoste. Salimos de allí y nos vamos a trabajar. Hay que escribir un artículo sobre los tiempos en los que el uso del cannabis está tan normalizado que su uso comienza a dejar de estar criminalizado.

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De cuatro a seis veces por semana, el triatleta elite Clifford Drusinsky se despierta a las 3 de la madrugada para entrenar. Pero antes de que se ponga en faena, no se decanta por una bebida deportiva, pero si sus 20 miligramos de THC en una barra de energía marihuana. En el momento en que entra en acción, 30 minutos más tarde, comienza con una hora en la piscina, un paseo en bicicleta de tres horas, o una carrera de 13 millas.”La marihuana me relaja y me permite entrar en un estado de meditación controlada”, dice Drusinsky. “Cuando me sube, me entreno más inteligente y me centro en la forma.”

El regimen de cannabis como combustible de Drusinsky parece que le esta funcionando. Con 39-años de edad, el atleta subió al podio de su grupo de edad en nueve grandes triatlones en el 2013, incluyendo un primer lugar en el South Beach Triathlon en Miami (aunque es muy cuidadoso con este tema durante las carreras, llevando marihuana de un estado a otro, después de todo, sigue siendo ilegal en muchos). Y con la marihuana ahora siendo legal en su estado natal de Colorado, Drusinsky difunde el evangelio de la marihuana con infusión en el gimnasio de Denver que posee, acondicionado para FITS, e invita a sus dos docenas de clientes a disfrutar a través de comestibles de cannabis antes de guiarlos con estiramientos dinámicos y ejercicios de TRX. “Yo trabajo ya entonado”, dice un cliente, John Hunt, un empresario. Añade el desarrollador de productos Chad White: “Si lo tomo un poco antes del entrenamiento pesado, estoy totalmente enmarcado“.

Deportistas como Drusinsky que proclaman públicamente su consumo de cannabis son raros. (El Snowboarder canadiense Ross Rebagliati y artista marcial mixto Nick Díaz se encuentran entre los pocos que han cantado las alabanzas de la marihuana como herramienta de formación.) Pero con un lento pero constante crecimiento hacia la legalización hay que sacudirse el estigma de la marihuana – han aprobado iniciativas de despenalización o están en marcha en unos 20 estados – se puede esperar que más atletas salgan del armario del cannabis.

Los beneficios de la marihuana médica son aliviar el dolor, disminuir las náuseas y mejorar el estado de ánimo que son bien conocidos. Así que no es difícil apelar a esas mismas cualidades para los atletas de resistencia, que deben hacer frente a los altos niveles de dolor, estrés y aburrimiento durante los eventos de largas horas agotadoras. “Puede ayudar a algunos atletas que se meten en zonas duras y exponen sus cuerpos a actividades físicas muy duras”, dice Mark Ware, profesor de la Universidad McGill y director ejecutivo del Consorcio Canadiense para la Investigación de Cannabinoides. “Puede que les permita concentrarse en aquellas tareas repetitivas.”

Apenas como endorfinas pueden ayudar en el entrenamiento intenso, estos endocannabinoides podrían aumentar su umbral de dolor .

Y no son sólo los atletas de resistencia. “Frank“, una guía de escalada en Boulder, Colorado, que prefiere no utilizar su verdadero nombre, dice que dos tercios de los pro escaladores que se sabe usan la marihuana antes de subir y hacer ejercicio. “La gente tiene un estereotipo de un fumeta en la zona de salida, pero para mucha gente le ayuda y le motiva”, dice la guía. “Para los escaladores con los que trabajo, es como beber dos expressos. Están mentalizados, listo para ir.”

Que la marihuana realmente da a estos atletas una ventaja la ciencia es algo que no ha resuelto. “Lo que tenemos sobre investigación en este tema es anecdótico”, dice Iñigo San Millán, director del Laboratorio de Rendimiento Humano de la Universidad de Colorado. “Sabemos que podría ayudar con la inflamación, el sueño y el alivio del dolor, pero no sabemos si va a mejorar el rendimiento -. O si incluso podría ponerlo en peligro.”

Esto es lo que sabemos: Cuando se ingiere marihuana, sus compuestos químicos, conocidos como cannabinoides, se unen a los receptores del cerebro y el cuerpo que regulan el dolor, estado de ánimo, el apetito y la memoria. Los científicos sospechan que estos receptores pueden desempeñar un papel en beneficio neurológico de actividad aeróbica. “El sistema endocannabinoide funciona como endorfinas”, dice Andrea Giuffrida, profesora asociada en la Universidad de Texas Health Science Center y experta en los endocannabinoides. Giuffrida y sus colegas han realizado estudios que muestran que después de la alta intensidad de carrera en cinta ergométrica, las personas tienen niveles elevados de endocannabinoides naturales en su torrente sanguíneo.  ¿Que sugiere? Así como las endorfinas ayudan a empujar a través de una intensa sesión de ejercicios, estos endocannabinoides podrían aumentar su umbral de dolor a hacer lo mismo.

Podría haber otras ventajas atléticas más allá de aliviar el dolor. Los estudios han demostrado que las dosis bajas de THC aumentan la actividad motora en ratones – así que tal vez un poco de marihuana podrían igualar un poco de velocidad extra. Lo que es más, un interesante estudio de la Universidad de Burdeos en Francia encontró que cuando el cerebro está expuesto a la marihuana, que reacciona con el THC produciendo más pregnenolona. Esa sustancia es un precursor de los esteroides naturales producidos por el cuerpo, y se utiliza a menudo como un suplemento para aumentar la energía y reducir la fatiga.
“Algunas personas se “colocan” y cierran su memoria muscular se sienten como que no te puedes perder … algunas personas cuando tiene un subidón se desmoronan.”

Pero antes de empezar una rutina con comida con cannabis, saber que la marihuana puede llegar con desventajas. La investigación muestra que retarda los tiempos de reacción y que puede alentar las decisiones de mayor riesgo inhibiendo la solución de problemas básicos. La marihuana también se sabe que aumenta la frecuencia cardíaca en un 20 por ciento o más durante un máximo de tres horas después de fumar – un punto negativo para los atletas.

Hay un último problema en analizar ventajas y desventajas competitivas de la marihuana, dice el ex jugador de los Broncos de Denver Nate Jackson, quien usó marihuana durante sus seis temporadas en la NFL para lidiar con el dolor: El cannabis afecta a diferentes personas de diferentes maneras. “Algunas personas consumen y sus bloqueos musculares le hacen sentir como que no se puede perder”, dice Jackson. “Algunas otras personas consumen y se caen a pedazos.”

Tal vez las principales propiedades que mejoran el rendimiento de cannabis no se pueden medir por tiempos parciales o ritmo cardíaco. El atletismo, después de todo, no es el único ganar. Disfrutar de la formación del día a día es una gran parte de la experiencia. Y no necesitamos la ciencia para demostrar que, para muchos de nosotros, un poco de marihuana puede hacer casi cualquier cosa más divertida. Para Drusinsky, los beneficios del uso de la marihuana son muy superiores a los riesgos, y no sólo en el campo de regatas. Él está en conversaciones de patrocinio con una compañía de comestibles Colorado, y puede tener su propia línea que saldrá pronto. Describe el producto como “porcentajes perfectos de proteínas, carbohidratos y grasas para el atleta al aire libre.” Eso, y que te llevará agradable y calentito.
- Joel Warner