Prevención general patologías cannabis I. Fitopatologías de la marihuana

Prevención general patologías cannabis I. Fitopatologías de la marihuana

por -
1 2.839 vistas

Por Miguel Gimeno.-

Todos los cannabicultores experimentados han tenido a lo largo de su experiencia con el cultivo de cannabis algún que otro encuentro con diversos tipos de patologías, bien fueran éstas de origen abiótico: sean patologías de origen nutricional por condiciones propias del suelo, causadas por regímenes hídricos desfavorables, por temperaturas extremas, por toxicidad de agroquímicos, por contaminación ambiental,…, o lo que es lo mismo por todo agente carente de vida; o por el contrario si fueran de origen biótico: producidas por la interacción de los cultivos con otros seres vivos sean animales, vegetales o del reino funghi. En estas líneas vamos a intentar sentar unas actuaciones mínimas que se requieren por parte del cannabicultor para prevenir de antemano y en el mayor grado posible cualquier patología que pudiera surgir a lo largo del desarrollo del cultivo en sus distintas fases. En artículos posteriores intentaré ir citando las patologías más comunes que surgen en las diversas fases del cultivo y cómo actuar sobre ellas para evitar males mayores.

A día de hoy son muchos los artículos publicados que versan sobre el manejo y control de diversas plagas y patologías de nuestra querida planta amiga, la Cannabis Sativa, pero poco se ha escrito de cómo prevenir de forma generalizada nuestro cultivo de marihuana para evitar problemas futuribles, consiguiendo así cómodas cosechas que no supongan grandes esfuerzos para el cannabicultor. Bien sabemos lo importante que son los métodos de prevención, ya lo dice el refrán: “Más vale prevenir que curar”, y esta va a ser la principal premisa del cannabicultor para desarrollar cultivos libres de patologías.

Evidentemente la forma primordial de prevenir es potenciar a niveles altos el funcionamiento del sistema inmunológico de cualquier ser vivo, en nuestro caso, claro está, la marihuana. Las enfermedades no atacan a todos los seres vivos por igual, de ahí la cita del Doctor Don Gregorio Marañón de: “No hay enfermedades, sino enfermos”, y por ello se hace necesario dispensar cuidados especiales a cada una de nuestras plantas. Aunque la mayoría de cuidados son casi los mismos dentro de la especie del cannabis, siempre hay algunas u otras variedades de marías, o una u otras plantas concretas dentro de la misma variedad que presentan ciertas debilidades, que las hace pasto y presa de determinadas enfermedades y plagas.

A continuación voy a citar aquellos errores más comunes que se cometen con mayor asiduidad por parte de los cannabicultores simplemente por iniciar sus cultivos desde un replanteamiento y perspectiva incorrectos e inadecuados. Son muchos los factores que influyen en el desarrollo de la marihuana, pero para que se desarrolle un proceso patológico en nuestro cultivo deben coexistir tres factores:

•  En primer lugar, y evidentemente, nuestras Plantas de Marihuana (planta susceptible u hospedante).

•  En segundo lugar el agente causal o patógeno (sea de origen abiótico o biótico).

•  Y en tercer lugar se han de dar unas condiciones propicias de cultivo que favorezcan el desarrollo de la patología.

Si alguno de estos tres factores no se diera, no se podría desarrollar la patología. A la interacción de estos tres factores se le conoce con el nombre de triángulo epidemiológico o triángulo de la enfermedad.

En cuanto a la planta de marihuana poco hay que decir, ya sabemos que hay ciertas variedades que presentan níveles de tolerancia más altos ante determinados patógenos que otras, en manos del cannabicultor está la de hallar aquellas variedades que le causen menos problemas en sus cultivos. El cannabicultor debe seleccionar especies que no sufran ante un problema que puede resultar crónico, como es el caso de cultivar en zonas con determinadas circunstancias climatológicas, como puede ser el exceso de humedad ambiental, propicia para el desarrollo de hongos.

Otra medida de control genético de nuestro vergel cannábico sería el cultivar diferentes genotipos, para tener una mayor diversidad biológica dentro del propio monocultivo de marihuana, que previene como medida de freno, pues siempre les es de más agrado determinadas plantas, en las que se hospedan las plagas o enfermedades sin que resulte dañado el resto del cultivo.

Sobre los agentes patógenos, tanto de origen biótico como abióticos, iremos desarrollándolos a lo largo de otros artículos conforme vaya transcurriendo la temporada de cultivo. Ahora nos vamos a centrar, como ya he dicho, en las condiciones de cultivo, como replantear un cultivo para que sea efectivo casi al cien por ciento. Por ello va a ser clave el como elegir la zona de cultivo, como acondicionarla y como mantenerla.

En otros artículos ya hablamos de las influencias de las radicaciones telúricas (energías que manan de la tierra) en los cultivos. Tan sólo voy a remarcar que la elección de la zona de cultivo ha de ser una zona libre de perturbación telúrica, aunque si bien es cierto que las plantas medicinales que se desarrollan en zonas de perturbación telúrica presentan niveles más altos de sustancias curativas, también las plantas que se desarrollan en la vertical de estas zonas son plantas con una mayor tendencia a padecer patologías, son plantas mucho más débiles, por lo que podemos aumentar la potencia de la hierba pero disminuir de forma muy considerable su productividad.

La falta de suficiente iluminación produce en las plantas el fenómeno que se conoce con el nombre de fototropismo, que consiste en la reacción de las plantas de estirarse hacia arriba buscando luz, produciendo poca biomasa (masa vegetal), y aumentando la distancia intermodal al tiempo de acortar el tamaño de las ramas, pues el tallo principal con su crecimiento vertical ascendente inhibe el crecimiento y subramificación de las ramas laterales. A este efecto que produce la luz se lo conoce vulgarmente como “espigamiento”. La orientación de la zona de cultivo por tanto va a ser también otro importante factor a tener en cuenta para evitar el espigamiento y obtener plantas equilibradas en su porte. La orientación sur es la adecuada, es la que más horas de luz solar directa recibe, evitando por supuesto la orientación Norte. También nos abstendremos de plantar en galerías y balconadas sin sol directo, aparte del espigamiento nunca llegan a cogollar.

El cannabicultor ha de hallar aquellas zonas que además de ser las más iluminadas sean también las menos azotadas por el viento. El viento en días en los que sopla con fuerza produce roturas que pueden llegar a suponer pérdidas de plantas enteras, o cuanto menos un alto porcentaje de la cosecha si es una de las ramas laterales grandes. El entutorado central de las plantas al tiempo que van creciendo refuerza al tallo principal, y si además fijamos el tutor con cuerdas a los cuatro vientos, evitamos su rotura casi al cien por cien. Pero las ramas laterales aunque entutoremos el tallo principal siguen estando sometidas al riesgo de rotura, por lo que es conveniente añadir más tutores que unidos al extremo del primero se colocan en forma de cono, luego rodeamos toda la estructura con cuerda para sujetar a las ramas y evitar que pendulen con el fuerte viento y puedan romperse.

Los cannabicultores, que llevan varios años cultivando sobre el mismo suelo, saben que si no ha habido una rotación con cultivos de otro tipo de plantas, en cualquier momento puede comenzar a tener problemas con nematodos. Para ello muchos cannabicultores entierran durante el invierno cualquier tipo de col, la col tiene efectos nematicidas, y otros prefieren plantar entre las plantas de marihuana plantas de tagetes (clavel chino) cuyas raíces excretan una sustancia que ahuyenta a los nemátodos. Otra forma de desinfección del suelo es la térmica, que consiste en la insolación del suelo, exponiéndolo a los rayos solares y cubriéndolo con una capa de plástico para que alcance altas temperaturas. Con ello se desinfecta el suelo de microorganismos, pero ojo, tanto buenos como malos, por lo que el efecto obtenido es más negativo que positivo, de hecho los nematodos cuando las condiciones les son adversas migran a perfiles del suelo más profundos y se enquistan, de manera que cuando las condiciones vuelven a ser óptimas para su desarrollo despiertan de su estado latente y colonizan de nuevo el suelo, con lo que arradicamos otro tipo de patógenos pero no los nemátodos. Por eso es mejor prevenir, bien enterrando coles por el huerto en invierno, o, como ahora ya es tarde, plantar plantas de tagetes entre nuestras marías dotando de mayor colorido nuestro vergel cannábico.

La preparación de la zona de cultivo es una labor fundamental para un desarrollo saludable de los cultivos, las plantas que crecen en entornos equilibrados y tienen una alimentación correcta y saludable presentan menos incidencias de patologías que las que padecen algún tipo de estrés, bien por problemas del tipo de dieta, bien por falta o bien por exceso de algún o algunos nutrientes, y es que “a perro flaco todo son pulgas”. El cannabicultor que es sabedor de ello juega sus bazas con conocimiento de causa, tiene que aportar al suelo todo aquello que extrajo el cultivo predecesor y además corregir aquellas deficiencias que observó durante su desarrollo.

El acondicionamiento del suelo, el “nutrir el suelo”, es la principal y más importante labor que debe abordar el cannabicultor. Con la llegada del buen tiempo el cannabicultor comienza a realizar sus primeras labores de acondicionar el suelo de labranza donde va a realizar su cultivo de cannabis, y es ahí, principalmente, donde el buen hacer debe residir en enmendar y corregir aquellas observaciones que fue realizando durante el desarrollo de los cultivos de todos los años anteriores, donde su experiencia e intuición deben desempeñar su papel fundamental: “guiar al cannabicultor en el porqué, cómo, cuando y donde actuar en su cultivo”.

El cannabicultor ha de conocer aquellos bioindicadores del estado de su cannajardín. Los bioindicadores son determinadas pistas que la naturaleza nos da para saber el tipo de entorno en el que estamos trabajando, es decir, desde la contaminación polutiva, hasta la carencia de nutrientes del suelo. Si se llega a acumular los suficientes datos el diagnóstico de cómo actuar para prevenir futuros problemas es casi exacto y certero. Por ejemplo suelos con muchas “ortigas” nos indican que hay altos contenidos de nitrógeno, sobre todo en su estado amoniacal, por lo que no se deben utilizar abonados nitrogenados en este tipo de suelo, ese tono verde azulado intenso de las hojas y su forma de garra delató el desatino en el tipo y frecuencia del abono realizado. Lo mismo ocurre con las zonas cubiertas por “oxalis” que nos indican el bloqueo que hubo con el Calcio, y por tanto las clorosis férricas que padecimos en nuestras marías fue por su causa, por lo que en este tipo de suelos no es conveniente abonar con Gallinaza o con Palomina, donde quizá radicó nuestro error. Cuanto más sepamos sobre la biología de las hierbas adventicias (malas hierbas) más sabremos sobre el estado de nuestro suelo. Lo mismo ocurre con las propias plantas de marihuana, ellas nos dijeron durante cada año como estaban yendo las cosas. Las formas, colores o necrosidades en las hojas, o la fibrosidad o quebradez de sus tallos, nos dijeron que no era correcto el aporte en alguno o diversos nutrientes, sean Macronutrientes o micronutriente, que aunque éstos últimos sean usados en ínfimas cantidades por las plantas, sus carencias y defectos son muy importantes en múltiples y diversas funciones metabólicas. También es bueno conocer la movilidad y estado de los nutrientes para que sean absorbidos por las plantas con toda normalidad: podemos tener un suelo lleno de Calcio pero hallarse este bloqueado, es decir, en forma no disponible para las plantas por un antagonismo con el Sodio.

La alcalinidad del suelo: acidez ó basicidad, así como la textura: limosa, arenosa, arcillosa o franca, son factores muy importantes de conocer a la hora de decidirse en el tipo y cantidad de materia orgánica o inorgánica que debemos aportar para potenciar la fertilidad del suelo de cultivo. Por ejemplo un estiércol de conejo puede ir fenomenal en suelos básicos pero puede resultar nefasto en suelos ácidos, ya que acidifica el medio. Lo mismo ocurre con la pluviometría de la zona, es mejor en zonas muy pluviométricas utilizar estiércol de caballo o vaca de forma periódica, que tiene menos nutrientes, que un solo abonado de fondo con estiércol de oveja, ya que con las lluvias se perderán casi todo el nitrógeno y luego el cultivo padecerá deficiencias de este nutriente. Lo mismo ocurre con los suelos arenosos, que precisan de un mayor aporte de materia orgánica rica en lignina. En el caso de los suelos arcillosos hay que utilizar materias orgánicas con menor contenido en agua, habría que obviar por ejemplo al estiércol vacuno.

El abonado de fondo, por tanto, es una práctica crucial, para ello yo recomiendo entre 5 y 15 kilos por metro cuadrado de materia orgánica debidamente humificada (compostada), sea estiércol de oveja, de cabra, de caballo, humus de lombriz, y un largo etcétera. Ahora bien el estado de la materia orgánica como ya he dicho ha de ser en forma de humus, o sea ESTIERCOL FRESCO NO. Aunque el estiércol fresco produce un mayor crecimiento inicial en las plantas, luego produce cierta depresión en el suelo, pues las bacterias anaeróbicas para poder degradar el resto de la materia orgánica consumen Nitrógeno y lo hacen del abono que hemos añadido, robando nutrientes necesarios para las plantas. Lo mejor para aquellos que tenéis que recurrir a Grows y tiendas de jardinería es el humus de lombriz, pues la materia orgánica como su propio nombre indica ha sido humificada por la propia lombriz al digerirla. Si lo que nos falló fue el Fósforo durante la floración, podemos añadir fosfatos naturales o fosfal, según se trate de suelos ácidos y básicos, respectivamente. También podemos añadir como enmienda de fósforo harina de huesos, o guano de islas o de murciélago.

Aquellos cannabicultores que cultivan en macetas lo tienen un poco más complicado. Han de realizar continuos abonados tanto líquidos como sólidos, con el consiguiente problema que supone al producir las contínuas fertirrigaciones fluctuaciones en los niveles del pH. También hay un problema añadido al cultivo en maceta, y es la rápida colonización del sustrato y por tanto de la maceta por parte de las raíces de la marihuana, ya que como ya he dicho está dotada de una potente raíz pivotante. Esto conlleva problemas de asfixia radicular y por tanto floraciones escasas y en algunos casos casi inexistentes. Para evitarlo es bueno hacer más trasplantes de contenedor pequeño a otro más grande, así le damos más volumen libre a las raíces para que puedan seguir creciendo, tanto ellas como la propia planta entera.

El resto de problemas posteriores al replanteamiento del cultivo, es decir, desde el momento de la siembra al de postcosecha lo iremos viendo a medida que se vayan desarrollando nuestros cultivos, con la intención de ir a la par los problemas que vayan surgiendo con los próximos números de la revista. Saludos y ya sabéis: “comenzar ya a prevenir que el tiempo se nos va”.

Por Miguel Gimeno

1 COMENTARIO

Dejar una Respuesta

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.

Últimas Noticias

0 24 vistas
La policía de Barcelona no tiene entre sus prioridades el patrullar para localizar el consumo de marihuana en las zonas públicas

0 54 vistas
Las búsquedas sobre marihuana y sus beneficios para la salud se han disparado en los buscadores como Google

1 53 vistas
Muchos intereses económicos de empresas farmacéuticas y sustancias recreativas legales están en contra de la legalización de la marihuana

0 192 vistas
El Presidente de la República de Perú comenta sobre el cannabis y un periodista da su opinión sobre el comentario del mandatario