Propaganda contra el Cannabis: Caso de Estudio – la Iglesia Católica

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De entre las muchas confesiones cristianas que existen, podría decirse que es la Iglesia Católica Romana a la que más profundamente disgusta el cannabis. El fallecido Papa Juan Pablo II habló públicamente en contra de la legalización en repetidas ocasiones, reiterándose en la postura oficial de la Iglesia que no hace distinción alguna entre drogas duras y blandas, y equiparando el consumo de drogas al asesinato. Su actitud se debe en parte a la poderosa presencia de la Iglesia en el sur de América, donde se produce gran cantidad de la marihuana mundial.

A lo largo de los siglos, los indígenas americanos incorporaron el cannabis (así como muchas otras plantas psicoactivas nativas) en sus prácticas religiosas y culturales. Se cree que prisioneros esclavos de África Occidental, que habían utilizado la planta como sacramento durante generaciones, fueron capaces de pasarla de contrabando atravesando duras pruebas a bordo de cargueros europeos durante los siglos XVI al XIX. Sin embargo, algunos creen también que el cannabis había existido en las Américas mucho antes de que comenzara el comercio de esclavos.

Las víctimas de la trata de esclavos llevaron consigo sus creencias

Las religiones tradicionales del África Occidental, incluyendo la tradición Yoruba, la Odinani y la Akan, se mezclaron y remezclaron con las del Nuevo Mundo, como por ejemplo con la azteca, maya, inca, y la guaraní. Con el tiempo, surgieron nuevas religiones, como el vudú, la santería, y las religiones africanas Obeah y Macumba, que contenían elementos de todos sus predecesoras. Estas religiones son consideradas religiones africanas diaspóricas, debido a su énfasis en la tradición del África Occidental, pero también son consideradas como sincréticas, debido al alto nivel de mestizaje con influencias indígenas americanas, cristianas y musulmanas.

Con independencia de su pedigrí, comparten características comunes como la adoración de múltiples dioses, el culto a los antepasados ​​y la creencia en una “fuerza de vida” suprema que impregna a todos los seres vivos a los que considera iguales. Durante los años de la esclavitud, la igualdad era una idea peligrosa para una clase dirigente que se había enriquecido con las ganancias obtenidas gracias al comercio de esclavos y el hecho de que se permitiera que la población oprimida formase grupos sociales cohesionados con un solo enemigo común -la elite europea- significó un debilitamiento de su control.

El telón de fondo ideológico tras un siglo de prohibición

Al ser la Iglesia el arma psicológica más poderosa en el arsenal de la nueva élite, fue fundamental en su esfuerzo por sofocar la disidencia entre la población que era tratada con brutalidad. Cuantas más personas pudieran convencerse de la verdad de la Biblia, con su promesa de felicidad eterna a cambio de una larga vida de sufrimiento, más aceptarían su suerte y esperarían en silencio la promesa vacía de una vida futura mejor.

Las muchas sectas cristianas que se desarrollaron posteriormente en toda América y en el Caribe incluían, con frecuencia, elementos de la tradición africana; la Iglesia Bautista Espiritual es un ejemplo. A esto hay que añadir que miembros representativos de la Iglesia Católica Romana conservaron creencias del espiritualismo y, en consecuencia, el actual panteón de santos católicos representa a antiguos dioses africanos en opinión de muchos, no solo de los profesionales de la tristemente célebre Santería (“culto de los santos”).

La persecución de “herejes” en Europa

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Santa Hildegarda, una figura compleja que experimentó visiones animistas y escribió sobre cannabis medicinal

Sin embargo, la aversión de la Iglesia hacia las plantas psicoactivas se remonta en la historia incluso a mucho antes de esta época bárbara. Algunos creen que las “sectas heréticas” perseguidas por el Imperio Romano Cristiano (desde el año 350 de nuestra era) utilizaron cannabis y alucinógenos como parte de sus rituales religiosos. Es difícil demostrar fehacientemente muchas de estas teorías, ya que quedan pocos textos de ese período, aunque las pruebas circunstanciales son relativamente abundantes.

Se ha sugerido ocasionalmente que la fe Gnóstica Maniquea fue perseguida hasta su casi extinción en Europa cuando ésta se hizo lo bastante poderosa como para desafiar a la supremacía papal. Originarios de Egipto, los Maniqueos eran una secta sincrética del cristianismo que evitaba comer carne, seguía las enseñanzas pacifistas de Jesús de Nazaret y que, supuestamente, incorporó las matamoscas (amanitas muscarias) en los rituales religiosos.

Se cree que, en realidad, más que sentir aversión por las plantas en sí mismas, los católicos aborrecían la idea de la comunión espiritual con “Dios” llevada a cabo fuera de la Iglesia. Dicho de una manera más prosaica: para que las vías de ingresos continuasen y aumentaran, el número de miembros debía crecer continuamente y, por lo tanto, tenían que desalentar a los desertores a toda costa.

Un temor real a la Iglesia que perdía poder

En aquel entonces, sin duda, este miedo no carecía de fundamento, ya que, hasta alrededor del año 350 de nuestra era, los cristianos habían sido perseguidos sin piedad en Roma, y ​​la influencia de diversos cultos paganos se mantenía fuerte en muchas zonas rurales. La tendencia de estas poblaciones rurales a participar en las supersticiones en masa le fue útil a la Iglesia, ya que solían responder bien a la manipulación psicológica; sin embargo, su espiritualidad, profundamente arraigada, supuso que la Iglesia tuviera que luchar en muchas ocasiones para mantener su identidad mientras se filtraban creencias paganas ya existentes.

Esta mentalidad insegura fue, en gran parte, responsable de la “caza de brujas” en la época medieval, durante la cual decenas de miles de personas fueron perseguidas y condenadas a muerte por supuestos pecados contra la Iglesia. La Inquisición no solo acabó con los autores de estas “herejías”, sino que también provocó que, por temor, miles de personas se unieran a la Iglesia, y que un número incalculable de los que ya eran miembros abandonaran la idea de desertar.

De los muchos miles de personas que fueron ejecutados en toda Europa durante las diferentes Inquisiciones de la Edad Media, un gran número eran herboristas, y su “poder” sobre las plantas infundió una mezcla de miedo y asombro en las poblaciones de su zona. La propagación de absurdos, aunque aterradores, mitos para justificar su persecución guarda una llamativa semejanza con la histeria que se produjo en la era de “Reefer Madness”, durante la cual a los consumidores de cannabis de todo el mundo se les atribuyeron falsamente atrocidades escandalosas (diseñadas para infundir miedo a la población general, respetuosa de las leyes y temerosa de Dios). A pesar de que la Iglesia no fue el único agente que dirigió la era alarmista, su influencia moral es clara.

Las fronteras, a menudo confusas, entre las creencias paganas y las católicas

A pesar de este odio hacia los espiritistas y similares, de forma circunstancial, la Iglesia Católica estuvo preparada para aceptar en sus filas a algunas personalidades interesantes y controvertidas. Santa Hildegarda von Bingen (1098-1179) fue una herborista y mística alemana que experimentó visiones regulares, un fenómeno habitualmente castigado por la Iglesia en aquellos tiempos por su implicación con la brujería. En sus extensos escritos, la santa mencionó el cáñamo considerándolo una hierba medicinal y una sustancia comestible.

Aunque las variedades de cáñamo indígena del norte de Europa son bajas en cannabinoides, existen muestras ocasionales con una concentración lo bastante alta como para ser consideradas ligeramente psicoactivas, aunque, por otra parte, pueden causar dolores de cabeza. En sus escritos, Hildegarda menciona un efecto “en la cabeza”, y afirma que “el que carezca de inteligencia sufrirá dolor por permitirse el cáñamo”, mientras que “los que sí son inteligentes” no se verán perjudicados.

Su filosofía también se acercó peligrosamente a la herejía en ocasiones, como por ejemplo al hablar sobre las ideas animistas y panteístas que experimentó en sus visiones. A pesar de su personalidad desafiante, Hildegarda estaba profundamente comprometida con la Iglesia, después de haber sido ordenada monja a la edad de ocho años. Se convirtió en una prolífica compositora de canciones para oficios religiosos, fundó dos monasterios y, finalmente, fue formalmente canonizada en mayo de 2012.

papa-orcoA lo largo de la historia, la Iglesia Católica ha hecho ejercicio, en repetidas ocasiones, de su habilidad para provocar el pánico moral, dirigiéndolo hacia los diferentes grupos percibidos como una amenaza para la clase dirigente. Decenas de bulas papales y decretos han vilipendiado a mujeres impuras, musulmanes, judíos y, por supuesto, a los paganos y herejes, a menudo apoyando, de forma descarada, el sometimiento o incluso la destrucción del grupo en cuestión. Afortunadamente, su capacidad para influir en la sociedad se debilita a medida que aumenta el laicismo en todo el mundo y a medida que el número de miembros disminuye con rapidez.

Fuente SensiSeeds

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