Proyecto autofloración

Proyecto autofloración

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Por Miguel Gimeno.- Plantas A utoflorecientes  (1).

Desde no hace mucho  tiempo las semillas de variedades autoflorecientes han irrumpido en el mercado nacional con bastante fuerza. Son ya diversos los bancos de semillas que han añadido a sus ya amplios y variados catálogos este tipo de variedades. Debido al interés general que han suscitado estas variedades de cannabis autoflorecientes se ha decidido realizar un cultivo experimental con la intención de hallar el patrón idóneo de cultivo de estas variedades para que el cannabicultor sepa a que atenerse cuando realice este tipo de cultivo.

En primer lugar cabe explicar que son en sí las semillas autoflorecientes, que como su propio nombre indica son plantas que florecen por sí solas, es decir, independientemente del fotoperíodo al que estén sometidas, por lo que en unas pocas semanas, teóricamente, las plantas deben estar listas para ser cosechadas y puestas para secar. Esta peculiaridad de autoflorecer viene dada por un gen recesivo, por lo que desaparece cuando se cruzan este tipo de plantas con otra plantas de floración normal, ya que el gen de floración normal es dominante y se antepone al gen causante de la autofloración.

Antes de comenzar el estudio, se ha de replantear el cultivo basándose en la característica general de esta variedad: plantas con corto ciclo de crecimiento. Al tener un ciclo corte de crecimiento se le ha de procurar la mayor exposición solar y mejor temperatura posibles para así favorecer la breve fase de crecimiento. Una conclusión ya se puede extraer y es la de descartar el cultivo de invierno con estas variedades, ya que se necesita calor y sol, cosa que en invierno no se da.

Lo que si puede utilizar el cannabicultor a modo de ejemplo son las vivencias experimentadas en cultivos de invierno, ya que digamos que es el mismo tipo de cultivo: “fase corta de crecimiento y floración automática”, la única diferencia existente es que se precisa más calor e intensidad de luz.

Otro factor a tener en cuenta es la horizontalidad del cultivo debido al pequeño porte que presentan las plantas de estas variedades autoflorecientes, no más de entre 30 y 90 centímetros, esta última en muy contados casos, según hemos podido constatar. No hemos de realizar un cultivo vertical, si no todo lo contrario, un cultivo horizontal, con lo que nos encontramos con un pequeño incoveniente: el de disponer de mayor superficie de cultivo que si se tratara de variedades de cannabis de floración normal, pero la gran ventaja de disminuir de forma más que discreta el volumen de nuestro cultivo, volviéndolo mucho menos visible a ojos ajenos.

Debido a que son plantas de muy corto período de crecimiento no podemos guiarnos por el calendario lunar, ya que en el momento que se desarrolle el inicio de la floración las plantas dejarán de crecer y como estén de tamaño es como se quedarán. Para comprobarlo dejadomos varias plantas en los mismos semilleros donde fueron sembradas. Al mes y medio, no más, se pusieron a florecer, y apenas dieron un solo mini-cogollito, dando un aspecto a la planta de chupa-chup, al no tener un crecimiento adecuado la producción fue de apenas un gramo por planta, algo irrisorio. Así que otra conclusión que podemos extraer es la de ser rápido en todas las actuaciones, no podemos retrasarnos ni dormirnos lo más mínimo o perderemos gran parte de la producción.

También podemos deducir que al ser plantas de crecimiento corto, van a consumir de forma mucho menos voraz los abonos nitrogenados, con lo que se reduce el coste en nutrientes y también de labores. Para hacer este “cultivo control” hemos utilizado como única fuente de nutrientes el estiércol de oveja debidamente compostado, sin abonos específicos ni de crecimiento ni de floración, el estiércol de oveja una vez compostado es un abono bastante equilibrado en su composición.

Debido a la diversidad de bancos que presentan este tipo de variedades en sus catálogos de ventas, decidimos escoger un solo banco, ya que o se sembraban todos o uno solo, y decidimos por escoger uno solo, siendo el banco de semillas elegido el de “Buddha Seeds”.

La siembra se realizó el día 15 de marzo de forma directa en las bandejas alveoladas, sin germinado previo (en algunos alveolos incluso más de una semilla para el caso de posibles fallos). En total fueron 250 semillas regulares de la variedad White Dwarf. Para la siembra, como ya se ha dicho, se utilizaron semilleros alveolados de 4×4×4, y el substrato estaba compuesto por el 65 % de una mezcla comercial de turbas sin aditivos (musgo de turba + turba de esfagno), el 30 % de mantillo orgánico de oveja, y el 5 % restante de arcillas expandidas (vermiculita + perlita).

El día 23 de Marzo, transcurridos 8 días y a pesar de la incesante lluvia y el poco sol, comenzaron a brotar las primeras plántulas. Para el día 30 de marzo ya habían brotado las nuevas plántulas, en concreto, 226, lo que viene a representar un porcentaje de germinación del 90,4 %, en 2 semanas y teniendo en cuenta las adversas condiciones climáticas acaecidas durante esos días, ya que se dieron días de mucha lluvia y poco sol, lo que resulta bastante positivo.

Para realizar el cultivo se escogió un invernadero de unos colaboradores que suelen ayudar en diversas investigaciones agrocannábicas. El invernadero tiene unas dimensiones de 2 metros de ancho por 12 metros de largo, lo que hace una superficie cultivable de 24 metros cuadrados. Se ha realizado en el centro del invernadero un único bancal profundo en el que desarrollar el cultivo, ajardinándolo con maderas recicables a modo de gran parterre. El invernadero está recubierto de una malla de sombreo del 5 %, lo que limita la exposición solar pero asegura la máxima discreción, que para este tipo de cultivos de investigación es indispensable, la seguridad ante todo. El suelo de cultivo fue abonado con 5 kilos de excelente compost de estiércol de oveja tamizado por metro cuadrado de superficie de cultivo. Luego una vez se realizó el trasplante definitivo de las plantas al invernadero se las dotó de un sistema de riego localizado autocompensado, con la intención que les fuera suministrada el agua de la forma más equitativa posible.

El trasplante definitivo al área de cultivo se realizó el día 4 de Abril, y se distribuyeron tres líneas de cultivo, cada una con 23 plantas, lo que hizo un total de 69 plantas autoflorecientes, que fueron previamente seleccionadas por su precocidad y vigorosidad entre todas las germinadas, queríamos extraer el mayor número de conclusiones que sirvieran de precedente de cultivo de autoflorecientes para todo aquel cannabicultor que desee iniciarse en el cultivo de estas variedades. Aunque las plantas de dispusieron a 40 centímetros unas de otras, tanto lateralmente como en línea, la distancia podría haber sido menor y haber aumentado el número de plantas o bien haber reducido la superficie de cultivo, pero se decidió que así era lo ideal, para favorecer una mayor penetración de los rallos solares en las zonas bajas de cada planta.

Al colocar más de una semilla por alveolo en la siembra, y además de hallarse el substrato de las bandejas empapado por el clima lluvioso se tuvieron que realizar casi todos los trasplantes a raíz desnuda con el consiguiente estrés para las pequeñas plántulas que ello supone. Como las plántulas eran tan jóvenes, para amortiguar el estrés sufrido en el propio trasplante se cubrieron las plántulas con vasos de plástico transparente, a forma de mini-invernadero, y para favorecer el intercambio de gases entre el interior del vaso y el exterior se les hicieron pequeños agujeros en la cúspide. Las plantas al ser tan pequeñas corrían, además, el riesgo de sufrir una intrusión de caracoles y babosas, lo que hubiera resultado nefasto dado el poco tamaño de las plantas, pero al cubrirlas con los vasos se evitó este riesgo, no sin antes haber sufrido un par de bajas.

El día 10 de Abril se retiraron los vasos-invernadero porque las plantas ya habían movido, y a pesar de haberse realizado el trasplante a raíz desnuda y de haberlo hecho el día 4 de Abril, día en el que había nodo lunar descendente, tan solo falló una de las plántulas, que fue repuesta al momento. El resto de plantas sobrantes fueron donadas a otros colaboradores para que cultivaran a su estilo y forma, y así poder hacer una comparativa, y extraer nuevas conclusiones: hay que realizar un abonado, menor que si fueran plantas de floración normal, pero hay que abonar, una perfecta fase de crecimiento es indispensable para que se den plantas de un tamaño digno, si no, vuelvo a repetir, las cosechas serán irrisorias.

La fase de crecimiento fue rápida. Cada día que transcurría se podía comprobar a simple vista el crecimiento por planta. Algunas de las plantas comenzaron tempranamente a ir sobrepasando en tamaño al resto. Las plantas respondían bien al abono usado y al elevado pH del agua de riego, cerca de 8. Los días del mes de Abril comenzaron a ser soleados y ello permitió que la fase de crecimiento fuese avanzado con total satisfacción. Al final del mes de Abril, y en apenas tres semanas, se notó un fuerte crecimiento final en determinados ejemplares, lo que predijo el comienzo de la floración. Los primeros machos comenzaron a mostrar sus preflores, que tan pronto como se vieron las preflores masculinas se comenzaron a ver los racimos de flores macho, por lo que el presexado es algo que tampoco podemos hacer. El presexado no se puede dar en esta variedad de cannabis autofloreciente debido a que al tiempo que mostra su sexo comienza a florecer, es como en los animales, cuando una hembra entre por primera vez en celo ya puede ser copulada por un macho, pues las variedades autoflorecientes es algo similar: una vez alcanza su madurez sexual, o sea al mes y medio de edad comienza a florecer.

Durante la primera semana del mes de Mayo ya habían comenzado a florecer todos los ejemplares machos. En un principio se pensó en polinizar y ver que tal eran produciendo semillas, pero había que sacrificar parte de las plantas y reducir el margen de investigación, así que continuamos con nuestro estudio inicial pues lo que pretende quien compra este tipo de semillas es cosechar sus cogollos sin semilla y consumirlos. El resultado final fue de 26 ejemplares machos frente a 43 hembras, lo que arrojó un porcentaje de masculinidad del 37,7 %, todo ello, teniendo en cuenta que ante mejores condiciones de cultivo mayor porcentaje de hembras. Los machos alcanzaron entre 25 y 60 centímetros de altura, hay que decir que no los dejamos crecer más, evidentemente, para evitar que abrieran flor y liberaran el polen, por lo que no podemos saber que tamaño final hubieran alcanzado.

En 6 de los huecos centrales dejados por los machos arrancados, replantamos 6 plantas de floración normal compartiendo cultivo. El fin era el de poder tener plantas debidamente arraigas y en plena fase de crecimiento para cuando llegase la hora de cosechar los ejemplares hembra de la variedad autofloreciente. El inconveniente es el veloz crecimiento que presentan las variedades de floración normal en tales condiciones de cultivo. Antes que las plantas autoflorecientes que circundaban las normales llegaran a su mitad de floración quedaban completamente sombreadas, con la consecuente disminución de producción que ello conlleva. De ello es bueno sacar otra conclusión: si cultivamos en suelo y en la misma zona, tenemos que ir creciendo las normales en macetas hasta que les quede menos de una semana a las autoflorecientes para ser cosechadas. Y luego de ser cosechadas podemos volver a realizar nuevas enmiendas orgánicas y minerales en el suelo si fuera conveniente, y nunca hacerlo si las plantas autoflorecientes están terminando su floración, ya que podrían alterar las funciones metabólicas de la misma y producir diversos problemas.

Una vez sacrificados los ejemplares masculinos aparecidos, las hembras comenzaron su última fase de crecimiento. Las plantas fueron creciendo de forma sorprendente, la verdad es que en un principio y viendo como se estaban comportando las plantas que dejamos de muestra en los semilleros, pensábamos que las plantas crecerían sobre 30 centímetros más o menos. En algunos ejemplares se llegó a doblar el tamaño que presentaba antes de iniciar la floración, y en apenas una semana de quitar los machos todas las hembras habían comenzado ya a florecer. Se dieron dos formas de crecimiento: plantas con una mayor tendencia índica, y otras con una mayor tendencia sativa, es decir, las plantas que alcanzaron menor tamaño midieron entre 30-40 centímetros, y las de mayor altura midieron de media entre 70-80, llegando incluso en más de un ejemplar hasta alcanzar casi el nada despreciable metro de altura, que para este tipo de plantas pienso que es todo un logro. Tras hacer los cálculos pertinentes salió de promedio que esta variedad alcanzó una talla media de 57 centímetros, eso sí, siempre hablando bajo las condiciones de cultivo de este estudio, ya expuestas al inicio.

La floración de las plantas se inició de forma lenta, como sucede con toda variedad de cannabis. Los cogollos comenzaron a engordar al compás de las horas. La primera semana de Junio el cultivo estaba pletórico, todas las hembras estaban floreciendo con total normalidad y a buen ritmo. En apenas 2 semanas más las plantas estaban listas para ser cosechadas, y a eso del día 16 de Junio llegó el momento de cosechar las plantas. Algunas plantas dieron cogollos de 8 centímetros de diámetro, y sólo unas pocas de apenas 4 centímetros, que fueron las de aspecto más espigado. Estando en su punto y cosechadas ya las plantas, sólo quedaba secarlas y ver que nos volvían a decir a través de la báscula.

Antes de dar datos finales, no podemos dejar pasar por alto un hecho que nos sorprendió gratamente y que queremos resaltar, que fue el de la tremenda resinosidad que presentaban los cálices florales e incluso hojas y tallos cercanos. La densidad en número de los tricomas y su visibilidad a simple vista era algo que tampoco esperábamos encontrarnos, en un principio nos hicimos la idea que eran variedades poco resinosas, bastante cañamizadas, y nuestra sorpresa fue mayor cuando observamos la cantidad de resina que presentaban los cogollos con un microscopio de campo de 30x, fue sorprendente, no nada anormal si la comparamos con otras variedades resinosas de cannabis, sino simplemente sorprendente para lo que inicialmente esperábamos encontrar.

Al hecho de la elevada resinosidad hay que añadirle el del intenso aroma que desprendían las sumidades floridas hembras, o sease, los cogollos. El aroma, para disgusto de nuestro receloso sentido de la discreción, podía apreciarse conforme nos acercábamos al invernadero. Un dato significativo y anecdótico es el que mientras se cosechaban las plantas el aroma podía apreciarse desde toda la manzana.

Durante todos los ciclos del proyecto, y al igual que hicimos con el abonado pensamos que lo ideal era testar la resistencia de esta variedad ante los posibles agentes patógenos que pudieran ir surgiendo, pero sin ser tratada con sustancia fitosanitaria alguna. Queríamos ver el estado sanitario de esta variedad autofloreciente y la respuesta de su sistema inmunológico de forma natural, sin ser reforzado más que con su única dieta, consistente en el único abonado de fondo con compost de estiércol de oveja que se hizo durante todo el proyecto. Decidimos no practicar tratamientos ni preventivos ni combativos, teníamos que dejar actuar a la propia naturaleza de la planta, teniendo en cuenta que el cultivo se estaba desarrollando durante una época del año en la que las condiciones que se dan de humedad, luminosidad y calor es ideal para la aparición de diversas plagas ocasionales, como los pulgones.

La interacción de las plantas ante el medio en el que se estaban desarrollando, fue completamente positiva durante toda la fase de crecimiento. Excepto un par de ejemplares que desde un inicio mostraron sendos problemas alimentarios, propios de alguna debilidad congénita y que finalmente fueron las de menor talla y menor producción dieron (30 cm de altura y con una producción de apenas 11 gramos de cogollos secos/planta). Fue tan solo al final de la floración, sobre las últimas dos semanas, cuando comenzaron a hacer acto de presencia dos de las plagas más ocasionales del momento, que son los pulgones y el oídio.

El oídio por desgracia para los cannabicultores del Levante y zonas similiares en cuanto a clima, se está instalando en nuestros cultivos, haciendo inevitable practicar tratamientos durante todos los ciclos de desarrollo. No se le puede dejar respirar, hay que hacer tratamientos periódicos una vez se ha instalado en nuestro cannajardín, de no hacerlo así tarde o temprano vuelve a aparecer. El ataque de oídio llegó al final de la floración por lo que apenas creó mayor molestia que la visual, no llegó a tocar ningún cogollo, lo cierto es que no sabemos que hubiera pasado si el oídio hubiera ataco desde la fase de crecimiento, lástima que no podemos saber el alcance final y si la planta se hubiera hecho fuerte ante el ataque y hubiera evitado que llegasen a infectarse los cogollos con el hongo. Sería conveniente que aquellos cannabicultores que deseen experimentar con este tipo de variedades tengan en cuenta que hay que hacer tratamientos preventivos contra enfermedades criptogámicas, especialmente contra el oídio.

En cuanto al pulgón, eso ya es otro cantar. Los áfidos (pulgones) son insectos que se reproducen de forma veloz, al hacerlo tanto de forma ovípara (a través de huevo) y de forma vivípara (las hembras paren pequeños pulgones vivos). Por lo que ante un potencial biótico tan elevado como presentan los áfidos, y teniendo en cuenta que en menos de 4 días se había expandido la plaga por casi todo el invernadero llegando en algunos ejemplares a niveles muy altos, no cabe más que tratar también contra posibles ataques de pulgones, y con métodos combativos siempre ecológicos. Para actuar contra ambas plagas de forma preventiva podemos realizar tratamientos con decocción de cola de caballo mezclada con purín de ortiga.

Con las condiciones de aire y sol que se dieren la fase de secado fue rápida, en una semana las plantas estaban listas para ser manicuradas. El secado había sido quizás demasiado rápido para nuestro gusto, preferimos los secados lentos que dejan una yerba final con mejor textura y con mejor paladar y aroma, llegando a resaltar todos sus matices. A pesar de estar los cogollos excesivamente secos, las plantas que menos dieron, a las que ya he hecho antes referencia, dieron apenas 12 gramos de cogollos secos y manicurados, cada uno de los ejemplares. Las plantas que más produjeron no fueron las más altas sino las de talla mediana, las producciones de las mismas alcanzaron los 38 gramos. Tras el exhaustivo pesaje de todos y cada uno de los cuarenta y tres ejemplares hembras cosechados la balanza arrojó una suma total de 933,10 gramos de producción, que daba una media de 21,7 gramos por planta, a lo que cabría añadirle en caso de se hubiese utilizado abonos específicos para la fase de floración, entre 2 y 3 gramos la producción media por planta, lo que haría una media de 24,7 gramos por planta, más o menos la producción media en cultivos rápidos de interior.

Por otro lado y para finalizar con este estudio, hay que señalar que el resto de plantas sobrantes que fueron donadas y cultivas por otros cannabicultores colaboradores nos enseñaron muchas conclusiones, algunas de de las cuales ya las hemos ido exponiendo a lo largo de este artículo. El mayor porte alcanzado por las plantas donadas cultivas tanto en maceta como cultivas en suelo directamente no fue mayor de 30 centímetros, que era lo que en un principio estimábamos que alcanzarían de media, y hay que recordar que fue el menor tamaño alcanzado por una planta en nuestro invernadero de pruebas. Todos los colaboradores que cultivaron en suelos pesados definieron el aspecto de las plantas de igual manera: parece una escarola. Y ahora podemos afirmar que todos cometieron los mismos errores. Ninguno de ellos trasplantó rápidamente las plantas, todos las retuvieron unos días, perdiendo horas, minutos y segundos de oro, por lo que volvemos a insistir: hay que ser rápidos con estas variedades. Los pocos que cultivando en suelo sí que trasplantaron velozmente como no labraron adecuadamente la tierra de cultivo, dejándola poco mullida y nada suelta, vieron como se ralentizaba el crecimiento, con lo que se concluyó la fase de crecimiento sin apenas tener un porte mínimo. Y aquellos otros que si que fueron rápidos y usaron suelos mullidos, la falta de suficiente iluminación por situarlas donde no se vieran, cuando con este tamaño no se ven, provocó todo lo contrario, un espigamiento ralentizado y ninguna rama lateral, con lo el número de machos llegó a alcanzar proporciones altísimas, de más de 85 %, y las pocas hembras que cosecharon obtuvieron resultados tan pobres como los obtenidos en las plantas que fueron retenidas en los semilleros apenas unos 3 ó 4 gramos.

Con lo expuesto en este artículo no pretendemos ni el fomento y ni la difusión del cultivo de esta variedad de cannabis autofloreciente y del Banco que las produce, simplemente nos hemos limitado a experimentar una variedad de un determinado Banco con la intención de guiar a aquellos cannabicultores que quieran probar con este tipo de variedades autoflorecientes, para evitarles experiencias negativas y procurarles el mejor éxito posible si al final deciden cultivarlas.

Por Miguel Gimeno

 

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