Un viaje por la ruta marroquí del hachis. En el cogollo del...

Un viaje por la ruta marroquí del hachis. En el cogollo del Rif

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Por Beatriz Mesa.

“Atención con el coche, aquí es muy fácil sufrir accidentes”, advierte un policía en la región del Rif. El Periódico se ha adentrado en esta comunidad marroquí en la que se produce hachís por valor de 10.000 millones de euros.

El Rif, la región norteña de Marruecos, tierra de bereberes, parece otro país, con sus propias normas y leyes. Peor aún, dominado por una especie de camorra napolitana pero sin muertos como saldo. Bajo los campos de esta alta y verde cordillera se esconden miles de millones de euros que policías, militares, gendarmes y campesinos cuidan como oro en paño. “Aquí se puede venir, pasar la noche, comprar hachís y partir, pero rechazamos a la gente que nos visita solo para oler”, dice con voz imponente un policía de uniforme, tras cortar el paso al vehículo en el que circula el equipo de EL PERIODICO.

Su cara resulta familiar. Solo unos segundos son necesarios para buscar en el disco duro cerebral y ¡clac! Esa misma mañana y en el restaurante de un hotel de la región –cuyo director está en prisión acusado de traficar con drogas–, este hombre compartía una taza de té junto al nuevo gerente del hotel y un miembro de la DST (los servicios de espionaje marroquís). En la conversación, audible desde las mesas vecinas, surgían comentarios poco desperdiciables. “La crisis en España pesa”, “ya no salen tantos barcos como antes”, “la mercancía ha descendido-“.

“Los periodistas no son bienvenidos. Vuestra seguridad no está garantizada en un lugar donde se producen muchos accidentes de tráfico. Atención con el coche, es fácil sufrir uno. ¡Buena suerte!”, espeta el gendarme, entre ironías y amenazas. Cumple con su papel. No deja de ser un eslabón más de la mafia mediterránea rendida al poder del dinero de la droga. A partir de este punto, el contacto con intermediarios y mafiosos debe esquivar el férreo control de los servicios de inteligencia implicados en el narcotráfico. Solo un cambio fugaz de la matrícula del coche allanará el terreno para recorrer la ruta del hachís.

Ráfagas de olor a marihuana y millones de tallos de esta planta a pie de carretera anuncian la llegada al corazón de las cloacas del hachís y del quif. Los lugareños de la ciudad de Bed Berrad señalan algunas casas salteadas entre las faldas del valle en las que se produce y se almacena el cannabis, con el que la población rifeña siempre ha mantenido una especial relación, ya que supuso –igual que hoy– el único sostén de vida de muchas familias.

La sublevación berebere en favor del reconocimiento de su lengua, cultura y tradición –e incluso en algunas fases de la historia la exigencia independentista– provocó que esta parte del país sufriera el vapuleo y la discriminación del hombre que reinó con puño de acero, Hassan II. Entonces el hachís era solo un antojo europeo que las tierras del Islam no vieron nacer hasta los años 70, cuando un grupo de extranjeros desembarcó y enseñó a los agricultores a transformar la planta en hachís.

Fue la supuración de las heridas de una sociedad mordida por la necesidad. “Por cada kilo de esta planta, el agricultor gana unos 18 euros, y por el kilo de hachís, alrededor de mil. Aunque siempre dependerá de la calidad de la recolecta anual”, explica Jamal Stito, presidente de la comuna de Bed Berrada y defensor del derecho de los rifeños de cultivar cannabis. En su hogar, por miedo, no somos “bienvenidos”, dice. Sí en el de su amigo Malouf. Como la mayoría de los productores de marihuana, sus casas son fábricas para cultivar esta planta no autorizada pero tolerada. Y no es para menos: el 80% de lo que se consume en Europa procede de Marruecos, la segunda factoría de hachís tras Afganistán.

A ello contribuye la doble moral del Estado marroquí. Por una parte, responde a los tirones de oreja de la UE para erradicar el virus del Rif del que se benefician sobre todo las mafias y, por otra, practica la política de mirar hacia otro lado. “El Estado destruye hectáreas cuando se siente presionado por Europa. Sin embargo, de los 10.000 millones de euros que genera la producción de cannabis, 2.000 millones se quedan en las cloacas marroquís”, continúa Jamal. Abatir ese tesoro supondría la fulminación de las mafias, pero también la ruina de familias enteras.

“¿Si me arrancan esto –señala con el dedo hacia sus plantaciones– cómo voy a dar de comer a mis 18 hijos?”. Malouf es de esos agricultores que no llegaron a conocer el nuevo código de la familia aprobado en el 2004 y que prohíbe la poligamia. Con dos mujeres y todos esos hijos, “cultivar es una necesidad”, comenta mientras saca una pipa de quif. En El Dorado del Rif, el que no

Fuente ElPeriodicodeExtremadura

3 COMENTARIOS

  1. Mentiraa !! En MARRUECOS COMO SEAS PERIODISTA,AUTOR,NEGRO,CABRON ,Como sea tu tipo eres Bienvenidoo Y vasta de razismo ya !!! VER LA PAJA EN EL OJO AJENO Y NO LA VIGA EN EL PROPIO !!!

  2. soy Ayoub E. T. nacido en marruecos y criado en españa durante toda mi vida y no comparto la opiñon del periodista encuanto a lo mencionado sobre la discriminacion de los periodistas,  pero la respeto ya k puede averse sentido asi.
     Porsdata no se k ariamos aki en españa sin el reino del hachis, gran parte de españoles simplemente disfrutamos cada dia  de su sabor, olor y de la sensacion de desinivirte o aislarte de esta realidad k vivimos.

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