Aprende a podar las raíces de tus plantas de cannabis

Aunque es algo poco común, las raíces de las plantas también se pueden podar y para algunas plantas puede ser necesario

Aunque es algo poco común, las raíces de las plantas también se pueden podar. Y en determinados casos además de deben podar para garantizar un buen desarrollo de la planta. Sus funciones principales son la de absorción de agua y sales minerales del suelo y transportarlos hacia el tallo y las hojas, donde se transforman en compuestos orgánicos durante la fotosíntesis. Además y no menos importante, fijan las plantas al suelo por medio de resistencia a la doblez.

Una planta en un principio, crecerá lo que le permitan sus raíces. Las plantas de cannabis más grandes siempre se consiguen en cultivos en suelo, donde el espacio disponible para su desarrollo es ilimitado. En una maceta el crecimiento puede verse limitado en cuanto las raíces hayan colonizado todo el espacio disponible. Cuando ésto sucede, lo más común es hacer un trasplante a una maceta de mayor tamaño. El nuevo sustrato añadido y el nuevo espacio disponible, permitirá que las plantas continúen su crecimiento.

Pero existen casos en los que un trasplante a una maceta de mayor tamaño no es posible. El principal es el de plantas madre que se mantienen que pequeños espacios de cultivo y físicamente no hay espacio disponible para una maceta de mayores dimensiones. O plantas que se hayan sufrido el ataque de algún hongo en un intento de salvarlas eliminando la zona afectada. O excesos de sales que se acumulan en el fondo de la maceta que requieran una solución rápida y drástica.

Una poda de raíces en una planta madre permite mantener una planta en una misma maceta con una buena cantidad de nuevo sustrato disponible. Es además la única solución posible cuando se quiere mantener la planta durante muchos años en lugar de renovarla cada cierto tiempo. Siempre será una mejor planta madre aquella que tenga tallos leñosos que permitan un buen transporte de agua y nutrientes.

APRENDE A HACER UNA PODA DE RAÍCES

Lo primero, es contar con un buen sustrato, un cuchillo muy bien afilado (los de sierra son buena opción), y una plástico o lugar adecuado donde hacerlo y no manchar todo. El mejor momento para hace una poda, es cuando sea momento de regar. Debemos extraer la planta de la maceta, y con un sustrato encharcado y por su propio peso, siempre será más complicado.

Con las raíces ya al aire, evitemos hacer todo ésto al sol, debemos reducir su tamaño en aproximadamente un 25-30%. Así que con el cuchillo, vete cortando “rebanadas” de cepellón. Por ejemplo en macetas de 20 cm de boca, deberíamos podar 2-3 cm de cada lado o de la circunferencia (dependiendo de si son cuadradas o redondas) para reducirlo hasta los 14-16 cm.

Reduciremos del mismo modo el fondo, eliminando primero el material del drenaje, y podando después aproximadamente 1/4 de su longitud. El material de drenaje podemos reutilizarlo tras darle un buen lavado que elimine las sales acumuladas y las raíces que habrá adheridas. Tras darle también un buen lavado a la maceta, volveremos a poner el drenaje y una capa de sustrato nuevo.

Situaremos la planta en la maceta, centrándola bien y comenzamos a rellenar todos los lados, poco a poco para que la presión del sustrato no empuje la planta hacia el otro lado que aún no cuente con relleno. Vamos también dando golpes con la mano en la maceta para que el sustrato se asiente y no queden bolsas de aire. Si es preciso nos podemos ayudar de un palo, pero nunca llegando a comprimir el sustrato.

Finalmente, nos queda regar la planta. Es interesante el uso de algún estimulador de raíces, aunque en pocos días nuevas raíces jóvenes comenzarán a colonizar el nuevo sustrato y podremos comprobar un gran desarrollo de nuevas ramas. La planta se sentirá cómoda durante otra larga temporada, hasta que de nuevo haya que realizar otra poda de raíces.

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