California ve caer las ventas a un año de legalizar el cannabis

El estado de California, en Estados Unidos, suele ser uno de los ejemplos más a mano para aquellos que apoyan la liberación del cannabis. Su modelo de dispensarios pero, sobre todo, su gran oferta de semillas, convierte a la costa oeste de la potencia mundial en la tierra prometida. Sin embargo, la realidad golpea a su sociedad cannábica en el lugar donde más le duele a un norteamericano: su bolsillo.

The New York Times consigna que a un año de legalizar la mariguana en California, las ventas disminuyen. Lejos han quedado las promesas de los impulsores de la planta en esa región, a saber, ingresos fiscales por 1.000 millones de dólares, contención del mercado negro, conveniencia de las tiendas de marihuana en el estado. Para el prestigioso periódico, “a un año de iniciadas las ventas recreativas, siguen siendo promesas”.

En el año que acaba de irse, en California se vendieron aproximadamente 2.500 millones dólares gracias al cannabis legal, 500 mil dólares menos que en el 2017, cuando sólo era legal la marihuana de usos medicinales, de acuerdo con la empresa de monitoreo de ventas GreenEdge.

Es opuesta la situación en los estados de Colorado y en la ciudad de Washington, donde las ventas se dispararon después de la legalización. Una diferencia crucial con California es el enorme excedente en la cantidad —se produce mucha más marihuana de la que puede consumirse en el estado. Las toneladas de cannabis extra, entonces, se envían a otras entidades del país donde es legal.

En una entrevista del 2016, el vicegobernador Gavin Newsom, quien la próxima semana asumirá como el nuevo gobernador, calculó que se exportó entre el 85 y el 90% del cannabis que se produjo en California. “Se trata de un problema muy serio”, dijo, “y va a crear una dinámica en la que probablemente persista de manera muy tenaz el mercado negro”.

Debates en los gobiernos locales

Muchos especialistas coinciden en que el gran obstáculo radica en que el experimento de la legalización en California se encuentra inmerso en debates fangosos y paralizado por los gobiernos locales, los cuales no desean negocios de cannabis en sus calles. La parte fácil de la legalización fue convencer a la gente de votar a favor de ella, consideran analistas de la industria. La parte difícil, ahora que es legal, es persuadir a la gente a dejar de comprar en el mercado negro.

“Lo fundamental es que en California siempre ha habido un sólido mercado ilícito —y que sigue existiendo”, dijo Tom Adams, de BDS Analytics, que monitorea el mercado de la marihuana. “Los reguladores ignoraron eso y pensaron que podrían entrar directamente a un ambiente increíblemente estricto y de gravámenes altos”, agrega.

Una buena parábola la ofrece Lynda Hopkins, integrante del consejo de supervisores del condado Sonoma, refiriéndose al símbolo de la industria del tabaco, con frecuencia comparada por los críticos con el negocio del cannabis: “El emblema del cannabis va a ser el hombre Marlboro. En California hemos hecho lo que siempre hacemos, regular, regular y regular, lo cual termina dando una considerable ventaja a las empresas grandes con economías de escala”.

Por Rama

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