El cannabis también resucita pueblos en Canadá

Uno de los argumentos mas determinantes para permitir el desarrollo del cannabis en un país es su efecto de reinserción social

Uno de los argumentos mas determinantes para permitir el desarrollo del cannabis en un país es su efecto de reinserción social.

Sucede en Uruguay, donde un par de pueblos ven como el empleo se reactiva gracias a los cultivos para fines medicinales.

Sucede también en Canadá con un pequeño pueblo llamado Smith Falls, un sitio que llevaba años olvidado por los efectos de la desindustrialización y que ahora tiene una nueva vida.

Hasta allí llegó The Guardian para contar la experiencia de la firma canadiense Canopy Growth, la mayor empresa del mundo en cultivo de cannabis, valorada en el mercado en 12.900 millones de euros.

El hangar donde funciona el cultivo es una antigua fábrica de chocolate Hershey’s abandonada en Smiths Falls, en Canadá.

Las innumerables habitaciones rebosan de filas de frondosas plantas de marihuana en diferentes fases de maduración, bajo la luz intensa de las lámparas, meciéndose con la brisa que producen docenas de ventiladores.

Un empleado lleva en un carro cientos de cigarros. Otro carro lleva 25 bolsas grandes de capullos de cannabis secos de alta calidad, cada uno pesa un kilogramo y está valorado en el mercado en unos 167.000 euros.

Si existe un Willy Wonka de la marihuana, es el codirector ejecutivo de Canopy Growth, Bruce Linton.

Habla a toda velocidad y los ojos le brillan al pasear por este edificio, que costó 100.000 euros reformar.

“Cuando comencé con esto, era literalmente la peor idea del mundo, porque no existía un mercado”, afirma.

“No había leyes y no había pacientes a nivel oficial. No me animaba a contárselo a mi madre. Estaba iniciando un negocio de cannabis. Ahora, ella es una paciente que consume cannabis medicinal, y se ha convertido en una especie de camello porque les da consejos a todas sus amigas”.

Durante la entrevista con The Guardian, Linton recibe una llamada de la reina estadounidense de la economía, Martha Stewart.

Canopy tiene un acuerdo con Stewart para crear juguetes con cannabis para que muerdan mascotas con ansiedad.

“Martha, me vas a matar, pero tengo que llamarte más tarde”, se disculpa.

Canadá legalizó el cannabis medicinal en 2001, pero el reciente auge de la marihuana se debe a un cambio normativo de 2013 que en la práctica creó un mercado comercial.

Fue en 2018 cuando Canadá se convirtió en el segundo país del mundo, después de Uruguay, en legalizar el cannabis para uso recreativo. Docenas de países, incluida Alemania, avanzan en su legislación sobre la marihuana medicinal.

En menos de seis años Linton ha construido una empresa valorada en el mercado en 12.900 millones de euros.

La líder de este negocio a nivel global. Canopy todavía no ha dado beneficios, pero los ingresos del año pasado superaron los 150 millones de euros. Más de la mitad provienen de Tweed, su marca de cannabis para uso recreativo, y eso que la nueva legislación entró en vigor a mediados del año pasado.

El Silicon Valley de Ontario

El éxito de la empresa también está transformando Smiths Falls, un antiguo pueblo fabril ubicado unos 80 kilómetros al suroeste de Ottawa, en el este de Ontario.

“Smiths Falls es un pueblo muy conservador”, explica Tracy, dueño de una empresa de taxis. “Aquí podría presentarse como candidato conservador el mismo diablo y ganaría. Algunas personas pensaron ‘Dios mío, ¿van a cultivar marihuana aquí?’ Pero ahora que la empresa genera tanto empleo, ya nadie se opone”, afirma.

La vicealcaldesa, Wendy Alford, trabajó en la fábrica de Hershey’s, en la línea de producción de mantequilla de cacahuete, y asegura que cuando Canopy Growth ocupó la antigua fábrica “cambió la vida” del pueblo.

La empresa tiene 1.300 empleados, de los que 800 son habitantes de Smiths Falls, casi un 10% de la población. También hay beneficios económicos indirectos, explica Alford: “Sus camiones de transporte necesitaban neumáticos nuevos y fueron todos a la tienda de Hank, y con eso le han salvado el año. Ahora Hank está contratando empleados nuevos”.

Algunos de los empleados más veteranos recibieron participación accionaria cuando las acciones valían el 1% de su valor actual. Es como el auge tecnológico de Silicon Valley, aunque en menor escala.

Alford admite que el dinero del cannabis ha gentrificado el pueblo, porque la subida de los precios ha obligado a algunos residentes de bajos ingresos a dejar viviendas que antes podían alquilar.

Sin embargo, no parece haber mucha oposición a la presencia de Canopy en el pueblo. Los habitantes discuten más sobre si se debería aparcar en paralelo a la acera o a 45 grados.

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