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Ketama

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Ketama es el centro del turismo del cannabis en Marruecos, la calidad de su producción y la simpatía de sus gentes, hace de esta región la más visitada por este turismo especializado

El país del norte de África, recibe cada año a miles de turistas del cannabis que disfrutan de la calidad de sus productos extraídos del canabis y de la amabilidad de sus gentes.

Aunque estos viajes no aparecen en los folletos turísticos ni en las guías de viaje, muchos consumidores europeos y cada vez más, de otras partes del mundo, llegan todos los años para disfrutar del cannabis en la región del Reino de Marruecos.

Con un clima muy especial para el cultivo de cannabis, con una larga tradición en la producción de hachís, la gran amabilidad y afabilidad de sus gentes y su  cercanía al continente europeo, la región de Ketama es un destino turístico muy especializado que cada vez crece más.

“Aquí tenemos un clima muy especial. ¡No crece nada salvo el ‘kifi!”, cuenta sonriendo Hassan, un lugareño de unos cuarenta años, en un hotel de la región de Ketama, al norte de Marruecos, una región que se considera como “la meca de la producción de marihuana”. 

“Es nuestra principal riqueza”, cuenta Hassan, un lugareño que porta en su brazo un lujoso reloj de oro y que cuenta sus frecuentes viajes a la ciudad de Casablanca.

Es bastante común ver a turistas liándose porros y comentando la gran calidad de hachís que se encuentra en esta zona. En Marruecos, aunque vender y consumir cannabis es ilegal existen cerca de 100.000 familias que viven de la planta. Su consumo es ampliamente tolerado y forma parte del patrimonio turístico de la esta región.

En Ketama se realiza un Festival que se llama “Bombola Ganja”

En el mes de Septiembre pasado se realizó un pequeño festival llamado “Bombola Ganja”, realizado en frente de la piscina de un hotel de la zona y en el cual, aparte de la actuación de varios disjockeis, el consumo y cata de los diferentes tipos de hachís era el gran objetivo.

En el cartel del evento las plantas de marihuana dejaban en un segundo plano a los DJ que prometían mezclas para un “trance psicodélico”. También se pedía la legalización del cannabis para fines médicos.

Maravillosa región de Ketama

Ketama es una región montañosa donde los turistas tienen grandes rutas para hacer senderismo e integrase en la naturaleza, un maravillosos clima, cuenta con una buena gastronomía, una gran calidad y amabilidad de sus habitantes y como hemos dicho antes, la llamada “meca de cannabis”. Todos estos ingredientes hacen de esta zona privilegiada un destino turístico que no para de crecer.

“Aunque el negocio del turismo esta en auge en esta zona, la región no está bien explotada y hay disfuncionamientos (…) los caminos son desastrosos, falta agua”, comenta un hotelero de la zona. Durante décadas y a partir de los años sesenta, la comarca fue muy visitada por los hippies de la época que fueron los que dieron comienzo al germen del turismo en Ketama y posteriormente a otras regiones rifeñas y del norte de Marruecos.

Excursiones a las granjas

A unos 100 kilómetros, la ciudad de Chauen, con su medina blanca situada en la ladera de una montaña, ha ganado terreno como principal destino de la ruta de la marihuana

Con sus casas pintorescas y sus callejuelas empedradas, esta localidad conocida como “Chaouen”, es el centro de otra región reputada por su producción.

Aquí, los pequeños traficantes y los falsos guías acosan sin tregua a los turistas para ofrecerles marihuana o paseos por las granjas para conocer a los “kificultores”.

En la terraza de un café muy bien situado, un hombre se acerca a los potenciales compradores.

“¡Hermano, esta es la mejor!”, afirma Mohamed, mostrando a un recién llegado una bola de hachís.

“Aquí uno puede fumar donde quiera. ¡Pero no delante de la comisaría!”, dice bromeando, antes de proponer una visita de “terreno”.

Las variedades cultivadas en la zona

En la actualidad, en Ketama se cultivan varias variedades de cannabis que con el tiempo han ido recalando en la zona. Se pueden encontrar variedades de latinoamerica, asiaticas y locales como la “beldia” aunque en los últimos años la importanciaón de variedades creadas en Europa parecen ser las que dominan la actualidad y gracias a cu producción y potencia.

Las visitas guiadas por las granjas de cannabis donde se muestran los cultivos y los trabajos de extracción del hachís, siguen siendo el mayor señuelo para los turistas que pueden admirar de primera mano este tipo de trabajos especializados y realizados por personas que , generación tras generación, han aprendido este saber hacer con las plantas de cannabis.

“Hace veinte años, los turistas eran en su mayoría eran jóvenes que procedían de España y llegaban para fumar. Ahora, los no fumadores también llegan para ver los tonos azules de la ciudadela, muy apreciada por los turistas chinos”, dice el dueño de una agencia especializada de viajes

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Varios centenares de pequeños agricultores del norte de Marruecos que se dedican a la plantación del kif (como se llama en Marruecos al cannabis) defienden este fin de semana por primera vez a cara descubierta el final de su persecución y su derecho a cultivarlo.

Varios centenares de pequeños agricultores del norte de Marruecos que se dedican a la plantación del kif (como se llama en Marruecos al cannabis) defienden este fin de semana por primera vez a cara descubierta el final de su persecución y su derecho a cultivarlo.

En un acto inédito celebrado en la población montañosa y rifeña de Bab Berred, en el corazón de la cordillera del Rif, al norte del país, los campesinos se atrevieron a relatar en público sus vivencias y sufrimientos con la planta a la que prefieren llamar kif.

Los agricultores y naturales de esta región, que junto a Ketama es considerada una de las zonas históricas conocidas por el cultivo del cannabis (con la que después se fabrica el hachís), relatan con amargura las dificultades diarias que sufren cada día con esta planta que es su sustento, y que vive entre la tolerancia y la represión

.Las persecuciones policiales constituyen el problema mayor que acongoja a los cultivadores del cannabis: según las cifras presentadas por el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM, en la oposición), promotor de esta iniciativa y de una propuesta de ley que pide legalizar el cultivo de esta planta para fines farmacéuticos e industriales, cerca de sus 48.000 agricultores están “técnicamente” buscados por la policía.

Las persecuciones a menudo proceden de partes anónimas, que buscan un ajuste de cuentas por el mero hecho de que un agricultor se niegue a ofrecer en matrimonio a su hija e incluso por chantaje de la misma policía que pide sobornos a cambio de silencio.

Esto hace que la mayoría de estos “buscados” se refugien en los bosques, se separen de sus familias y además que no se atrevan, ni ellos ni sus hijos, a acercarse a una administración o a beneficiarse de un servicio publico (sanidad, educación o pedir algún documento administrativo) por temor a ser arrestados.

Solo el hecho de llevar un DNI con la indicación “LC” (que remite a la zona de Bab Berred) o un vehículo con la matrícula de esta región constituyen motivos suficientes para convertir a cualquier lugareño en un sospechoso, y blanco predilecto de registros e interrogatorios policiales, denuncian la mayoría de los agricultores en sus testimonios.

Una situación que crea un sentimiento de temor e inseguridad crónicos entre los campesinos que, aunque se atreven en esta ocasión a contar su sufrimiento en público, murmuran entre sí su temor a ser detenidos a su salida y miraban con escepticismo a cualquier “extraño” que se acercara a ellos.

La “hogra” (humillación) surca las caras de estos campesinos de aspecto cansado y humilde, que reivindican “un indulto general” para los perseguidos, además del final de los registros por sorpresa de sus casas, como prioridad absoluta antes de empezar a debatir otras soluciones como la legalización del cultivo del kif.

Denuncian el doble rasero que tiene el Estado con el kif y con el alcohol (producto cuyo venta está teóricamente prohibida para los musulmanes, según una ley que nunca se aplica), y se preguntan porqué la policía no persigue con el mismo ahínco a los propietarios de viñas y bodegas.

Claro que los campesinos evitan en todo momento aludir al proceso posterior al que se somete el kif hasta convertirlo en hachís, destinado esencialmente a la exportación hacia el mercado europeo, y todos insisten simplemente en su derecho a cultivar la planta o fumarse un sebsi, preparado tradicional del kif en polvo.

La legalización del cultivo del cannabis o sus usos posteriores con fines industrial o médico son asuntos que no interesan a los campesinos, preocupados solo por continuar con un cultivo que les garantiza como ninguna otra en estas tierras difíciles un ingreso mensual digno.

Marruecos se considera el principal productor de hachís del mundo y, según las últimas cifras disponibles, tiene 47.000 hectáreas destinadas a esta planta en el norte del país, una zona de orografía muy complicada y temperaturas extremas donde no prosperan otros cultivos.

“Aquí plantas patatas y te sale el kif. Dios quiso que esta tierra sea de esta planta”, grita Omar, uno de los agricultores de la zona quien en medio de los entusiastas aplausos de los asistentes”.

Para estos agricultores la plantación del cannabis es una “cuestión existencial” que les garantiza el pan de cada día y sobre todo un rasgo de identidad histórica y patrimonial: “Bab Berred sin cannabis es como Marraquech sin su plaza de Yemaa el Fna”, sentencia otro de los lugareños.

Fuente LaInformación