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Sudamerica

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Las actitudes en América Latina pasan por las políticas prohibicionistas, pero están lejos de consenso y las implicaciones políticas no están claras.

Los sentimientos en América Latina a favor de prohibir la marihuana parecen estar sometidos a cambios en varios países, de acuerdo con investigadores de Chile y del Reino Unido.

Un estudio publicado el Diario Internacional de Políticas de Drogas encontró que, en algunas partes de la región, más del 40% de los encuestados apoya la legalización de la marihuana, mientras que en otras áreas, más conservadoras, el apoyo sigue siendo mínimo.

“En los últimos años, los países latinoamericanos han rechazado cada vez más el paradigma prohibicionista tradicional de la política de drogas y que refleja su incapacidad ya sea para reducir el consumo o su tráfico” escribieron en el resumen del articulo los autores del estudio y dirigidos por Andrés Mendiburo-Seguel.

“Nuestro trabajo señala que existen diferencias de opinión que podrían influir en las futuras políticas públicas adoptadas en la región”, Mendiburo Seguel dijo a la revista Scientific American .

Entrevistas a cerca de 9.000 adultos en nueve países de la región – Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, México, Perú, Uruguay – encontraron que en Chile, Colombia, México y Uruguay, más del 40% de los encuestados apoya la legalización de la marihuana.

Pero la aceptación para el uso recreativo de la marihuana también fue divergente entre los países de la región.

En Uruguay, que ha creado un mercado legal-marihuana y luchado para conseguir su creación y funcionamiento , el 68% estaba a favor, seguido de México, donde el 57% también lo apoya, y Costa Rica, donde el número fue de 55%.

Los esfuerzos para reducir las restricciones de marihuana de México han entrado y posicionado en el último año. Más recientemente el Senado del país aprobó el uso de la marihuana medicinal – ese proyecto de ley también debe ser aprobado por la cámara baja de la legislatura.

Mientras que la legalización todavía cuenta con el amplio apoyo en México, muchos en el país han expresado su frustración de que el país mantenga la prohibición de la marihuana, mientras que en los EE.UU. se aflojan sus leyes sobre el cannabis.

En Costa Rica, la posesión y el uso de la marihuana no esta considerado un delito, de acuerdo con la revista Scientific American, aunque aún no está claro si su cultivo para uso personal es aceptado.

Otros países expresaron menos apoyo para el uso recreativo de la marihuana. En Perú, fue del 44% de los encuestados que respondió afirmativamente, seguido de un 31% en El Salvador y 30% en Bolivia (Bolivia tiene un mercado regulado para la producción de coca, que tiene un profundo significado cultural, y que también es el ingrediente base de la cocaína).

“Los países se clasifican en tres grupos: Perú, Bolivia y El Salvador son los países más conservadores de la política de drogas y en la percepción de los riesgos del consumo de cannabis; También tiene la puntuación más baja en el Índice de Desarrollo Humano “escriben los autores .

“Por otro lado, el público en Chile y Uruguay son más propensos a apoyar la reforma de la política de drogas. Los restantes cuatro países (Argentina, Colombia, México y Perú) tienden a ocupar el término medio entre estos dos extremos “.

Si bien los autores del estudio dijeron que había una correlación entre las actitudes hacia la legalización de la marihuana y el nivel de desarrollo humano en un país específico, otro investigador dijo que esos sentimientos también podrían estar influenciados por las políticas públicas hacia la marihuana que se encuentran actualmente en cada país.

Si bien todos los países estudiados tienen leyes contra la producción y distribución de drogas, sus regulaciones sobre el consumo individual son variadas, de acuerdo a la revista Scientific American.

Esas regulaciones varían desde las de Uruguay, donde el consumo personal nunca fue un delito, a las de Bolivia o El Salvador, donde el uso está todavía fuera de la ley.

El estudio también encontró que en promedio – con la excepción de Bolivia, El Salvador y Perú – la mayoría de la gente en cada país piensa que el alcohol y el tabaco tienen mayores riesgos que la marihuana.

En general, los autores concluyen , la variación en los sentimientos hacia políticas de drogas en los países estudiados “sugiere que las personas están cuestionando las políticas que establecen la norma en América Latina”, pero, atención, ese cuestionamiento no parece haber llegado a ” “ningún consenso con respecto a las medidas de cada país”. “.

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El Frente Guasu (FG), a través de su representante en el Parlasur, Ricardo Canese, propone abrir el debate sobre la legalización de la marihuana entre los países que integran el Mercosur. La propuesta tendría entrada el próximo lunes.

El parlasuriano refirió que el objetivo es obtener información y revisar las experiencias de otros países como Holanda, Uruguay y algunas regiones de Estados Unidos.

Refirió que se haría un cuadro comparativo con los países que luchan contra el narcotráfico de manera más frontal, citando a Colombia y México.

Sugiere buscar un consenso a nivel regional de tal modo que la propuesta final sea remitida a los diferentes congresos de los países miembros.

“Es muy valorable lo que hace Uruguay, porque intentan hacer algo por su cuenta”, indicó con relación al narcotráfico. “En realidad tiene que ser una política a nivel regional, porque las fronteras son muy permeables”, consideró.

Canese hace referencia al adicto como un enfermo y no como un delincuente, por lo que, a su criterio, se debe dar énfasis al tratamiento médico.

Este tema sale al tapete justamente tras el asesinato del periodista Pablo Medina y su acompañante, Antonia Almada, en medio de denuncias sobre narcotráfico.

“Se ha debatido informalmente en el Parlasur, pero ahora estoy presentando una iniciativa concreta en relación a la imperiosa necesidad de abrir un debate sobre la legalización o no de la marihuana y de otras drogas”, indicó Canese.

Considera que Parlasur es el instrumento más adecuado para debatir a nivel regional, ya que están todas las fuerzas políticas, el gobierno y la oposición de cada país.

“Una política en materia de marihuana y drogas debería tomarse a nivel regional. Si un país por su cuenta toma alguna medida como ha tomado Uruguay, su impacto es muy reducido, porque los principales carteles de la droga de Brasil actúan en nuestro país”, dijo, citando al Primer Comando Capital y al Comando Vermelho.

El senador luguista Hugo Richer considera que la legalización de la marihuana es una estrategia de lucha contra el narcotráfico, y que se debe instalar el análisis. Fuente

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El gobierno de Michelle Bachelet estudia retirar el cannabis del listado de drogas duras y proponer la despenalización para uso medicinal. En la región, hay distintas iniciativas. La legislación de Uruguay sigue siendo blanco de críticas

Mientras que la región mira con especial atención el experimento uruguayo de regular la producción, distribución y venta de la marihuana, Chile avanza en su propia legislación. Esta semana, el flamante gobierno de Michelle Bachelet anunció su intención de tomar una política más flexible con respecto al consumo de cannabis. “No es una droga dura”, justificó la nueva ministra de Salud, Helia Molina. El decreto con la exclusión del listado de drogas consideradas peligrosas espera la firma de la presidente y su posterior publicación en el diario oficial, pero el asunto ya está prácticamente cerrado.

Resulta paradójico que haya sido la gestión anterior de Bachelet la que definió que la marihuana fuera añadida, en 2008, a la lista de sustancias calificadas de alta toxicidad y de generar un alto nivel de dependencia. Ahora, hasta se ha dejado la puerta abierta para el debate sobre la despenalización, en principio, para el uso terapéutico, según se desprende del programa para los primeros 100 días de gobierno que presentó la mandataria durante la campaña electoral. En el país, ya está permitido el consumo personal, pero el cultivo y la venta están penados por la ley y no faltan las voces que claman por su legalización.

Uruguay, ¿el ejemplo a seguir en América Latina?                                                          

En diciembre del año pasado, el Congreso uruguayo aprobó la iniciativa -impulsada por el gobierno de José Mujica- para legalizar la cadena de producción y distribución de la marihuana. El mandatario había explicado que el resto de las políticas de lucha contra el narcotráfico no habían funcionado y que era momento de pensar una nueva estrategia. La reglamentación de la ley está prevista para el 10 de abril, pero ya se sabe que la planta se cultivará en un predio de las Fuerzas Armadas, que se darán 10 gramos por persona y que la producción la hará el Estado, aunque estará abierta a privados y al autocultivo limitado.

La decisión de Mujica fue duramente cuestionada al interior y fuera de Uruguay. El senador del Partido Nacional Jorge Larrañaga fue una de las voces disonantes. Precandidato a las elecciones presidenciales, prometió que, si es elegido en octubre, derogará la ley de la marihuana. “No planten nada”, advirtió. Desde la ONU también hubo críticas. El presidente de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), Raymond Yans, aclaró que la nueva legislación uruguaya viola tratados internacionales firmados por el país, además de alertar que no es una droga “inocua”.

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  • Ecuador y Colombia prestan atención al modelo uruguayo

Aunque la legalización de la marihuana en Ecuador y Colombia todavía parece improbable, sus respectivos gobiernos han manifestado su interés en la iniciativa de Uruguay. “Vamos a monitorear cómo se van desarrollando las diferentes fases de aplicación del proyecto”, afirmó el secretario ejecutivo del Consejo Nacional de Control de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas (Consep) ecuatoriano, Rodrigo Vélez. “Creemos que puede aplicarse en Ecuador, si bien tenemos una realidad diferente por nuestra ubicación geográfica cercana a los países productores de coca y cocaína”, añadió el funcionario.

En Colombia, uno de los mayores productores de droga de la región, el porte mínimo -un gramo de cocaína y 20 gramos de marihuana- está despenalizado desde 2012. El presidente Juan Manuel Santos coincidió con Mujica en que la actual lucha antidrogas fracasó a nivel global. “Infortunadamente para nosotros, éste es un problema de seguridad nacional. Y si nosotros bajamos la guardia, inmediatamente nuestros enemigos se van a fortalecer”, aclaró. Por lo tanto, dejó en claro que, antes de arriesgarse a una legalización, esperará ver los resultados concretos en Uruguay.

  • Bolivia, Brasil y México, cautelosos respecto de la discusión

En ninguno de los tres países hay iniciativas avanzadas, pero sí está instalado el debate. En Bolivia, el viceministro de Defensa Social y Sustancias Controladas, Felipe Cáceres, sostuvo en una reciente entrevista que el país “está obligado” a discutir una normativa sobre el consumo de marihuana. “Ni despenalización ni legalización de fondo, sino sobre el uso de ciertos estupefacientes, estamos hablando por ejemplo del tema de la marihuana”, explicó el funcionario. Pero, por el momento, no es una cuestión prioritaria. El gobierno de Evo Morales reclama desde hace años que la hoja de coca deje de ser considerada una droga.

En Brasil, la presidente Dilma Rousseff se ha mostrado contraria a una legalización de la marihuana y probablemente no plantee siquiera una opinión, dado que 2014 es un año electoral. Pero en febrero, la Cámara alta entró en el debate de la regularización del uso recreativo, medicinal e industrial del cannabis después de que más de 20.000 personas impulsaran una iniciativa popular a través de internet. El senador Cristovam Buarque, del Partido Democrático Laborista (PDT), presentó finalmente el texto del proyecto, que prevé el registro de clubes de cultivadores y la emisión de licencias para la venta.

México enfrenta un escenario delicado. En un país donde la guerra contra las drogas dejó 70.000 muertos en menos de 10 años, hablar de legalización es controversial. En cambio, sí hay iniciativas para la despenalización impulsadas desde el oficialista PRI hasta el opositor PRD. “No es lo mismo despenalizar que legalizar. Despenalizar implica un beneficio para quien consume, no para el que trafica”, explicaba el año pasado el subsecretario de Gobernación, Roberto Campa. “Las prohibiciones al extremo lo único que producen es más violencia”, agregó el presidente de la Cámara de Diputados, Francisco Arroyo Vieyra.

  • La posición indefinida de la Argentina, Paraguay y Venezuela

En la Argentina, la penalización de la posesión de drogas para uso personal con la privación de la libertad fue declarada inconstitucional por la Corte Suprema de Justicia. La legislación uruguaya también tuvo su impacto y el titular de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), el padre Juan Carlos Molina, aseguró que se debe debatir al respecto. Y hace poco, el secretario de Seguridad, Sergio Berni, se manifestó a favor de despenalizar la producción y comercialización de marihuana, aunque la presidente Cristina Kirchner no hizo ningún gesto en ese sentido.

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 Por su parte, el mandatario paraguayo, Horacio Cartes, no ha dado señales de querer despenalizar ni legalizar la marihuana, pero sí dijo que sería “implacable” en la lucha antidrogas. En lo que respecta a Venezuela, país que desde hace un mes y medio se encuentra sumergido en una ola de protestas opositoras y donde el poder político tambalea ante la crisis económica, el gobierno de Nicolás Maduro optó por el silencio y dejó en claro que el debate no está dentro de sus prioridades.

  • El Caribe, en fase de exploración

Jamaica, país simbólico del consumo de cannabis, se plantea despenalizar este año la marihuana, según anunció en febrero el ministro de ciencia, Tecnología, Energía y Minería y representante del Gobierno en la Cámara baja, Phillip Paulwell. “Jamaica no puede permitirse quedarse atrás respecto a otros países”, justificó el funcionario. De acuerdo con Paulwell, una medida de estas características supondrá un beneficio económico, social y cultural para todo el país.La prensa especula con que la cuna del músico Bob Marley se convierta en un circuito turístico con marihuana legal.

Por otro lado, la Secretaría General de la Comunidad del Caribe (Caricom), tras realizar investigaciones exploratorias desde septiembre, sugirió a sus 15 miembros explotar las propiedades medicinales del cannabis y beneficiarse así de su gran potencial económico. “La región podría explorar cualquier beneficio comercial de un potencial industrial de miles de millones de dólares, que incluye la investigación y el desarrollo, así como la fabricación de productos de la marihuana médica”, señalaron desde la secretaría. Estas recomendaciones no son vinculantes, pero son claves para las decisiones del bloque.

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  • Estados Unidos: los casos de Colorado y Washigton

El 1° de enero de este añolos estados de Washington y Colorado fueron los primeros en instalar los llamados “coffee shops”, al estilo de los holandeses, donde los consumidores de marihuana pueden adquirir hasta 28 gramos de cannabis de forma legal. California y Oregon están estudiando medidas de legalización similares. A nivel nacional, el gobierno de los Estados Unidos se ha mostrado receptivo a los estudios preliminares sobre el uso medicinalde la marihuana, aunque la legalización es algo a lo que Barack Obama se ha opuesto, ya que considera que eso no solucionará el problema de fondo.

Fuente Infobae

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Aunque ningún otro país latinoamericano tiene entre sus objetivos inmediatos la legalización de la marihuana, en varios se plantea la despenalización de la tenencia de drogas para uso personal, entre otras medidas.

En Brasil, una comisión de juristas que estudia la reforma del Código Penal propuso permitir la tenencia de cualquier sustancia, mientras no sobrepase las dosis para cinco días. En Chile, el activismo cannábico debatió el autocultivo como alternativa para combatir el narcotráfico en el Congreso, mientras que ya tiene media sanción en Colombia el proyecto que busca despenalizar los cultivos ilícitos de marihuana, coca y opio, cuya represión generó que el 16 por ciento de los presos colombianos sean campesinos sin recursos.

El anteproyecto de ley brasileño entró al Congreso el 27 de junio pasado y mantiene las penas de entre5 a15 años en los casos de tráfico, pero excluye de pena al autocultivo de marihuana y la tenencia de otras drogas si son para uso personal. El activismo local critica especialmente que se considere tenencia ilegal más cantidad de sustancias que la necesaria para cinco días, ya que en el caso de la cosecha de cannabis, que es anual, quedarían desprotegidos los cultivadores.

“Chile está obligado a debatir sobre la ineficacia de la política antidroga, primero, porque ha aumentado el consumo. Segundo, porque, dada la liberalidad de la legislación en materia financiera, es uno de los países que pueden ser atractivos para los señores que tienen interés en el lavado de dinero”, reconoció el ex presidente Ricardo Lagos.La Comisiónde Juventud del Congreso chileno recibió a principios de mayo a los activistas cannábicos, que cosecharon apoyos de varios legisladores de izquierda para avanzar con la despenalización del autocultivo y la tenencia de marihuana.

En el caso de Colombia, el principal impulsor de la no criminalización de los cultivos ilícitos, como ocurre en Perú con la hoja de coca, es el diputado Hugo Velázquez Jaramillo.

Sus argumentos principales refieren al abandono oficial de los campesinos y su necesidad de sembrar marihuana, opio y coca para su supervivencia; la saturación carcelaria y el desplazamiento de las áreas cultivadas, por su ilegalidad, lo que repercute en la tala de selvas y bosques.

 

Fuente Pagina12

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Las ideas de cómo combatir las drogas están cambiando de forma significativa en América latina. Hasta ahora era inaudito oír hablar a presidentes en ejercicio sobre la posibilidad de la despenalización de la producción, del tráfico y del consumo de la droga. En el último año, sin embargo, varios mandatarios en ejercicio se han unido a las posturas que sostienen expresidentes y académicos en favor de la despenalización.

Este movimiento en pro de la despenalización ha abierto de par en par una puerta que lleva a discutir un cambio de táctica en el combate a las drogas. Algo que ya en noviembre pasado proponía Juan Manuel Santoscuando afirmaba que era “hora de volver a pensar en la guerra contra las drogas…Un nuevo enfoque debe tratar de tomar distancia de la ganancia de violencia que viene con el tráfico de drogas … Si eso significa la legalización, y el mundo piensa que es la solución, voy a darle la bienvenida no estoy en contra de ella”.

El último en sumarse a esa posición ha sido el de Guatemala,Otto Pérez Molina quien propuso el sábado pasado despenalizar las drogas, tema que llevará a la próxima reunión de seguridad con líderes centroamericanos: ”es llevar el tema a la mesa de la discusión. Esto no significa que se va a tomar una decisión. Ya no sería un delito transportar o trasladar la droga. Todo esto tiene que estar regulado”.

Pérez Molina y Santos rompen un tabú

Pérez Molina explicó que la lucha contra el narcotráfico supone costos muy altos para los estados latinoamericanos y sólo neutraliza el problema sin lograr erradicarlo: ”con toda la tecnología y los recursos y millones de dólares que dio Estados Unidos el problema no ha disminuido. Se habló del éxito del Plan Colombia pero lo único que hicieron los grandes carteles fue neutralizarlo”.

Esto no hace sino volver los ojos hacia la responsabilidad que tiene el principal consumidor, Estados Unidos, en el tráfico de drogas: “estamos trayendo el tema al debate. Hoy (ayer) la reunión es para fortalecer los mecanismos para luchar en contra del crimen organizado, (pero) mientras el consumo no se logre reducir, el problema (del tráfico de drogas) va a seguir”.

Inmediatamentela Embajadade Estados Unidos en Guatemala emitió un comunicado asegurando que Washington “continúa oponiéndose a tales medidas, porque la evidencia muestra que nuestro problema compartido de la droga es una gran amenaza a la salud pública y a la seguridad”.

De todas formas, Estados Unidos ha reconocido la parte de culpa que le toca en todo este asunto.

La secretaria de Estado de EE UU, Hillary Clinton ha admitido la corresponsabilidad que le toca a Estados Unidos en el combate a las drogas: “aceptamos nuestra cuota de responsabilidad, como dije hace un año, en este mismo escenario, EU es su socio y los apoya. Sabemos que la demanda de drogas es el combustible de este comercio, que las armas facilitan la violencia en México y EU tiene que hacer y está haciendo su parte para encarar estor retos”.

Pero Pérez Molina ha recordado que el gran consumo de la droga está en Estados Unidos, por lo que “hay una corresponsabilidad que no está balanceada”: ”Yo sé que aquí tomamos el atrevimiento de sacar el tema, y lo que tenemos que hacer es sentarnos y discutirlo. Lo de la droga es un asunto que implica a todo el mundo y que afecta a gran escala. Va a llevar mucho tiempo discutirlo”.

Como señala Alfredo Kaltschmitt en el diario Prensa Libre “son los países que generan el 90 por ciento de la demanda de drogas los que deben legalizar la producción, distribución y uso de las mismas. Y destinar los 40 millardos que cuesta la guerra antidrogas en prevención y tratamiento. Un cambio que, como insisten tantos intelectuales, beneficiaría al mundo entero”.

Esta postura del guatemalteco ya fue puesta sobre la mesa por el prsidente colombiano Juan Manuel Santos para quien el tema debe dejar de ser considerado un tabú: “como presidente de Colombia y con la autoridad que me da como colombiano, este tema no puede seguir siendo un tabú. Discutamos alternativas”.

Santos respondió así a planteamiento sobre la despenalización expuesto por el escritor y ex vicepresidente nicaragüense Sergio Ramírez(“sé que esta no puede ser una opinión de Estado y un presidente dela República no puede expresarla. Pero como yo soy un ciudadano común y corriente, yo sí puedo. La solución es despenalizar la droga. Hay que despenalizarla”).

A esto Santos respondió que no que no está en desacuerdo con ello: “y lo digo como presidente dela República: esa solución sería aceptable para Colombia, si el mundo entero la toma”.

Incluso el Gobierno brasileño de Dilma Rousseff analiza la posibilidad de despenalizar el consumo de algunas drogas, pero sólo anunciará su decisión luego de un análisis «profundo», al tiempo que prepara un programa de combate al crack, «la peor droga», dijo el ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo: «Estoy a favor de que se discuta el asunto. Tenemos que discutir ese tema de forma abierta, sin dogmas. Existen argumentos positivos de los dos lados».

Las duras críticas de Felipe Calderón

Estas posturas de algunos presidentes en ejercicio favorables a despenalizar la producción, tráfico y consumo de drogas, son algo novedoso en la región donde lo común era hasta ahora que los expresidentes tras dejar el cargo se mostraran favorables a la despenalización, algo que durante sus mandatos no habían expresado.

Los expresidentes César Gaviria, Ernesto Zedillo y Fernando Enrique Cardoso lanzaron esta propuestacomo líderes dela Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, un grupo integrado por 17 personalidades de la región que pretende impulsar una nueva estrategia  en la guerra contra los estupefacientes.

“Estoy a favor de la despenalización de todas las drogas”, declaró Cardoso en entrevista al diario Folha de Sao Paulo: ”cuando digo despenalizar, defiendo que el consumo no sea más considerado un delito, que el usuario no pase más por la policía, por el tribunal, por la cárcel. Pero la sociedad puede mantener penas que ayuden a la persona a salir de las drogas, como llevarla al hospital por un tiempo o trabajo comunitario”.

El colombiano César Gaviria incide en que ”el problema es que las actuales políticas están basadas en los prejuicios y temores y no en los resultados…En muchos estados de EU., como es el caso de California, han comenzado a cambiar la política federal en cuanto a la tolerancia de la marihuana para fines terapéuticos, y en Washington hay un cierto consenso de que la actual política (de represión) está fracasando”,

Los estadounidenses Bill Clinton y Jimmy Carter han mostrado igualmente su respaldo a estas tesis.

El Presidente de México, Felipe Calderón

Quien más crítico se ha mostrado con estas tesis de los expresidentes ha sido  Felipe Calderón al resaltar una paradoja: “hubiera sido deseable que todos ellos hubieran puesto en práctica lo que ahora dicen como expresidentes. Yo prefiero más bien actuar ahorita…La verdad es que hay una característica, y yo prefiero actuar como presidente y ellos prefieren actuar como expresidentes. Es una diferencia”.

Y luego recordó: “estoy haciendo como presidente lo que debo hacer y yo mis opiniones las vierto como presidente. Segundo, yo no creo en alternativas tan radicales, por ejemplo, hablan de despenalizar el consumo. Señores eso está hecho, ya lo hice y ¿cuál es el resultado?, no hay ningún resultado significativo”.

Más allá de la verdad que esconden estas palabras lo cierto es que el tema de la despenalización se ha colocado plenamente sobre la mesa, que lo están haciendo presidentes en ejercicio poco sospechosos (un derechista como Pérez Molina y quien más golpes ha asestado a la narcoguerrilla de las FARC como Santos) y que Estados Unidos está siendo señalado como la parte fundamental a la hora de solucionar el problema.

Toda esta corriente de cambio la reconocen hasta figuras que rechazan la despenalización, como la presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla: “esa es una discusión que no es nueva, se ha venido planteando en distintos foros, de manera que no veo yo por qué en Centroamérica no se pueda plantear también el debate, pero claro que es un debate que implica un abordaje serio, muy riguroso, a efectos de no verlo simplemente como una medida paliativa y simplista porque no lo es”.

Fuente Infolatan