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Aportar su granito de arena en la lucha contra la criminalización de los consumidores de Cannabis, y a favor de su legalización. Ese es el mensaje que quiere lanzar FeelWeed, según sus promotores.

FeelWeed, literalmente “siente la marihuana”, es una recién nacida marca de ropa urbana con compromiso social que ha realizado una fuerte apuesta pro legalización. Sus diseños incluyen referencias a la cultura cannábica, integrando su simbología y sus códigos en la estética de sus productos textiles.

Siempre hemos sido firmes defensores de las libertades individuales y de la legalización de la marihuana, y toda esa reflexión nos sirvió de base cuando decidimos montar una marca de ropa alternativa y con mensaje”, nos dicen desde FeelWeed. “Estábamos hartos de ver cómo los gigantes de la moda visten a los jóvenes (y a los que no lo somos tanto) con diseños sin contenido, que solo contribuyen a propagar el consumismo y seguir alimentando el establishment”, continúan.

En FeelWeed aborrecen la ropa con letras o símbolos sinsentido, o con ese tipo de iconografía yankee de barras y estrellas que no dice nada de la idiosincrasia ni los valores del que la lleva. “Nosotros también nos fijamos en EE.UU. Pero para inspirar, por ejemplo, el diseño de FeelWeed California”. Con estas palabras, los fundadores de esta marca de moda pro cannábica se refieren al lanzamiento de una línea de ropa en honor a un estado que fue pionero en la legalización de la marihuana con uso terapéutico, y que sirvió de ejemplo a un número creciente de estados que siguieron sus pasos. Allí se encuentra el famoso Triángulo Esmeralda, un vasta extensión de territorio dedicado desde los años 60 al cultivo legal de marihuana en el norte de California; es tan grande que ocupa las comarcas de Mendocino, Humboldt Country y Trinidad.

También de California procede otro símbolo que ostenta un gran protagonismo en los diseños de FeelWeed. Nos referimos al número 420, símbolo universal de la marihuana. En el año 1971 un grupo de alumnos de secundaria de San Rafael que se hacían llamar “los Waldos”, quedaron a las 4:20 p.m. para buscar una supuesta plantación de marihuana abandonada que figuraba en un mapa de procedencia dudosa. Para desgracia de los chicos, nunca dieron con tan preciado tesoro, pero empezaron a referirse a sus menesteres de fumetas como 4/20 (“cuatro veinte”), a modo de jerga en clave. El término se popularizó y llegó a emplearse por los círculos intelectualmente más selectos de la contracultura estadounidense, hasta nuestros días. Hoy, el Día Mundial de la Marihuana es el 20 de abril, en homenaje a esta anécdota juvenil.

feelweed

Además de estos elementos, en los diseños de las prendas de ropa de FeelWeed puede leerse claramente “Legalize it”, y siempre aparece la inconfundible silueta de una hoja de marihuana. Elementos presentes en el escudo de su logotipo.

Queríamos crear un logo y algunos diseños con una simbología muy potente y en clara referencia a la cultura cannábica. Pero también deseábamos que nuestras prendas las llevara gente que se identifica con el movimiento, pero le gusta vestir de forma más discreta. Parecían dos propósitos imposibles de unir en un mismo estilo de diseño. Y sin embargo, ¡lo conseguimos!”, explican.

En FeelWeed dicen huir de las típicas camisetas o sudaderas donde las referencias a la marihuana se hacen con muchas hojas de hierba a todo color, con la omnipresente bandera de Jamaica o con diseños en clave humorística o caricaturesca. Les parece un enfoque respetable que tiene su público y que les despierta una gran simpatía. “Pero queríamos que los elementos visuales que aluden a la marihuana, aunque fueran muy explícitos, formaran parte de un tipo de ropa que normaliza esas referencias al cannabis y las integra en un tipo de ropa con un diseño atractivo y diferente, pero que podría llevar cualquiera. Para expresar tu sentimiento por la marihuana no necesitas rodearlo de un circo de colores y dibujos cómicos. Todo esto debería estar más normalizado”, afirman desde FeelWeed. “Obviamente también tenemos prendas y complementos muy vistosos y que llaman más la atención, porque ante todo nos oponemos a que nos señalen con el dedo solo por reivindicar el consumo libre de marihuana”.

Además del mensaje pro legalización que esta tienda de ropa swag on-line lanza con sus diseños, en FeelWeed apoyan a los jóvenes diseñadores anónimos y les ofrecen la posibilidad de colaborar con la marca, obtener beneficios con ello y salir del anonimato dando visibilidad a sus trabajos. ¿La única condición? Que sientan la marihuana. La única condición es FeelWeed.

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Carlos-Martínez-540x212Bogotá, Colombia.- Es miércoles, las calles que rodean a San Victorino, un lugar que agrupa a miles de comerciantes en Bogotá, están invadidas por compradores que cargan lonas llenas de mercancía sobre la espalda y vendedores ambulantes que se mueven hábilmente para evadir a la policía. Aquel lugar donde se pueden encontrar camisas para mujer a 5 mil pesos, cobijas a 25 mil y jeans a 20 mil está abierto desde las 3.00 a.m. Hoy es día de madrugón, una jornada especial que atrae a negociantes provenientes de todos los rincones del país.

Allí, en medio de una multitud que compra de manera desesperada, aparece Carlos Martínez, el zar de los jeans. Aunque en su closet tiene más de 25 pantalones de índigo, hoy lleva puesto un pantalón de dril verde militar y un saco verde biche. Martínez es el gerente y creador junto a Jaime Fernández de la marca Cannabis Jeans, una empresa que en 2011 vendió 200 mil pantalones. Desde hace más de una década, sus jeans llegan a los barrios de estratos 1, 2, y 3 de Bogotá y a varios pueblos del sur del país.

Cannabis produce 16 diseños diferentes a la semana, para que quien los compre sienta que sus jeans son especiales, acaso únicos. Las tendencias de sus pantalones nacen de los viajes de Carlos a ferias nacionales e internacionales de moda en países como Italia, Francia, España, Holanda, Brasil y Argentina. El imperio de Carlos Martínez es un pequeño local atiborrado de jeans y decorado con voluptuosos maniquís donde se venden 20 mil jeans al mes en temporada alta.

Son más de las 10.00 a.m., el madrugón está por terminar y Carlos se dispone a dar la entrevista en una sala de juntas rodeada por columnas de revistas Vanidades. Se acomoda en un sofá y comienza a recordar sus inicios como empresario.

A los 16 años, Martínez empezó a fabricar ropa inspirado en un jean Levi’s y una camisa leñadora de un compañero de su salón; ambas prendas inalcanzables para él debido a su precaria situación económica. Carlos estaba en décimo grado en el Colegio Antonio José Uribe, ubicado en el centro de Bogotá.

Reconoce que de aquel anhelo nació la idea de confeccionar un chaleco, de moda por esos días, de arabescos en tela de chalís. Su mamá, Ana Sarmiento –vendedora ambulante de profesión y madre cabeza de familia con seis hijos– lo acompañó a un famoso local de telas a comprar un metro de aquel chalís. Carlos se encargó del diseñó del chaleco y Ana de coser con precisión cada pieza.

Carlos-Martínez1Casi treinta años después de aquel episodio, Carlos recuerda que cuando llevó el chaleco al colegio varios de sus compañeros le pidieron uno igual. Fue así como decidió mandar hacer 2000 chalecos que comercializó en su salón de clases y varias ferias callejeras. El negocio le dejó una ganancia millonaria, suficiente para no rebuscarse dinero durante un año. Desde aquel momento, Martínez comenzó a comercializar camisas, zapatos y bolígrafos de imitación Parker, que vendía en la calle 72 para aprovechando el masivo tránsito de gente.

Antes de crear Cannabis, Carlos fabricó imitaciones de jeans Levi’s. Tenía 19 años. Comenta que plagiar una marca era la mejor manera de capitalizarse para crear su propia empresa. Pero con algunas telas que le llegaban decidió comenzar a hacer sus propios jeans de marca Cannabis. El nombre, de fácil recordación, le hace honor a la fibra de cáñamo usada por nuestros ancestros para fabricar ropa y a la planta de marihuana que su socio, Jaime, fumaba. Poco a poco la gente comenzó a recordar su marca y Carlos pasó de vender los jeans en cajas de cartón al baúl de un Renault 4 de su propiedad.

Cannabis comenzó con cinco empleados. Carlos recuerda que la mayoría eran amigos de su socio Jaime, algunos adictos a las drogas. Hoy recuerda que gracias al trabajo muchos dejaron los excesos y abrieron su propia marca de ropa.

Martínez y su empresa llegaron al madrugón de San Victorino luego de que algunos clientes mayoristas le hablaran de aquel lugar. Cannabis se asentó en un centro comercial llamado El Gran San de la Moda, donde hay cerca de 700 empresas colombianas. Sin embargo, como buen calculador. Antes de enfrentarse a ese nuevo mercado, Carlos decidió viajar a China para descubrir cómo lograban producir ropa de buena calidad y a bajo costo. De aquel viaje tiene algunas fotografías en su perfil de Facebook. Las imágenes muestran a Carlos en compañía de su esposa en varios locales y fábricas de jeans.

A causa de esa exploración, Carlos asiste con frecuencia a ferias locales como Colombia Moda, el Círculo de la Moda, Moda para el Mundo y Colombia Tex. Su intención es estar a la vanguardia del mercado. También visita anualmente ferias de moda y textiles en París, Sao Paulo y China. Además cada vez que Carlos viaja a Europa recorre grandes tiendas de diseñadores como Louis Vuitton, Armani y Versace.

Carlos-Martínez2Pero sin duda el modelo a seguir de Carlos es la marca española Zara. Esta tienda internacional se convirtió en su mayor referente, luego de que la Cámara de Comercio y Club del Círculo de la Moda de Bogotá lo llevaran a conocer sus instalaciones en La Coruña (España). Allí aprendió varios mecanismos útiles que pretende aplicar en Cannabis Jeans.

Carlos Martínez pasó de ser un vendedor ambulante a un zar de los jeans. Ha conocido el mundo a través de su compromiso con la moda. Creó su propio molde de jeans para las mujeres, se especializó en la horma, su efecto levanta cola y decoración. Ahora su proyecto inmediato es trabajar para acabar con una gran amenaza: los precios bajos que majean algunas cadenas de almacenes que importan ropa del extranjero. Su apuesta es devolverle valor a la industria colombiana.

Fuente Kienyke