tipos de riegos en el cultivo de cannabis

JohnBud

Gran cogollo
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8 Octubre 2018
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Una de las claves para obtener una buena y productiva cosecha pasa, es la forma en que reguemos nuestras plantas. Depende del tiempo que dediquemos a esta tarea o del presupuesto del que dispongamos, podremos elegir un tipo u otro de sistema de riego. A esto hay que sumar, como saben los más experimentados cultivadores, que cada variedad tiene sus propias peculiaridades, por lo que tendremos que saber la cantidad de agua que requiere cada una de ella, así como la forma más idónea de hacerle llegar los nutrientes.
Si existe una máxima en el mundo del cultivo de cannabis es que no todo vale cuando de cuidar nuestras plantas se trata. Si nuestro propósito es que estas crezcan sanas y fuertes, debemos tener en cuenta cada detalle. Uno de los más importantes es el riego. Las plantas de cannabis, como todo organismo vivo, necesitan de alimento para desarrollarse, y nosotros somos los encargados, no solo de cuidar que este sea el adecuado, sino también del modo en que se le suministra. A la hora de valorar qué tipo de cultivo es el más adecuado para nuestra cosecha debemos tener en cuenta varios factores: si cultivamos en interior o en exterior, el tipo de sustrato que utilizamos, el presupuesto del que disponemos…, entre otros. Por ello, existen diferentes tipos de riegos que se adaptan a todas y cada una de las situaciones en que puede crecer la marihuana. Vamos a repasarlos para que no tengas dudas a la hora de elegir cuál se adecua más a tus necesidades.
Riego manual (es el más usual y el más usado)
Si los recursos de los que disponemos son limitados, pero, por el contrario, podemos dedicar mucho tiempo al cuidado de nuestras plantas, quizá la mejor opción sea apostar por un riego manual. Esto quiere decir que, cuando corresponda, cogeremos un recipiente y regaremos la cosecha.
¿Cada cuánto tiempo tengo que regar?
Este tipo de riego entraña muchas ventajas, pero algún que otro peligro. Los recién llegados al mundo del autocultivo suelen cometer ciertos errores como, por ejemplo, regar demasiado. Esto puede provocar que las raíces acaben por estropearse, que se detenga el crecimiento y que la planta adquiera un color claro, alejado de sus tonos verdes habituales. No existe una técnica precisa para evitar que esto ocurra. De hecho, los más experimentados cultivadores apuntan que la mejor forma de saber cuándo se necesita agua es a partir del peso de la maceta. Los más duchos en este terreno recomiendan tomar como referencia si necesitamos emplear más o menos fuerza para levantar el tiesto. Si el sustrato está muy húmedo, la maceta pesará más, por lo que la planta tendrá agua suficiente para soportar algo más de tiempo. Si por el contrario está seca, comprobaremos que será mucho más liviana, por lo que necesitará que la reguemos. Debemos aprender a sentir la necesidad de agua de la planta con sólo levantar la maceta. Intuitivamente no tardaremos en notar las diferencias de peso del sustrato, esté más o menos húmedo.
Riego por rotación (por mi parte no lo he usado nunca)
Si aún es demasiado pronto para saber si se requiere agua o no por el peso del tiesto, existen otras alternativas. Para resolver una de las principales dudas que surgen, que no es otra que cada cuánto tiempo se deben regar, existe un sistema que permite que las plantas reciban los nutrientes de forma correcta y evitemos, además, que se formen los temidos charcos. Se trata del riego por rotación. Consiste en establecer un periodo aproximado de tres días, en función de las condiciones de luz y humedad que existan y a lo largo de los cuales se llevan a cabo distintos tratamientos.
El primer día debemos mezclar en el agua una solución de nutrientes y regar, según sus necesidades, durante unos minutos. Al día siguiente tendremos que variar el depósito y rellenarlo con agua fresca y totalmente limpia de impurezas, es decir, destilada. Durante la última jornada no habrá que hacer nada, simplemente dejar que descansen.
Riego por inundación (este es el sistema que suelo usar y recomendar, tanto por su facilidad, como por su comodidad en el uso, se puede usar de distintas maneras, bien echar el agua directamente a la bandeja de riego o usar autopot que son increíbles para esta función de riego)
Aunque sea propio de cultivo de exterior, y más concretamente de los más experimentados cultivadores que apuestan por el cultivo de guerrilla (permitiendo que sean las condiciones meteorológicas las encargadas de nutrir a las plantas), hay quien apuesta por replicar este mismo sistema en sus cultivos en interiores. El propósito principal no es otro que conseguir distanciar lo máximo posible los días de riego. Así, ya sea en interior o en exterior, el riego por inundación consiste, como su nombre indica, en añadir mucha cantidad de agua en el suelo para que se vaya filtrando a través del sustrato y llegue poco a poco a las raíces de las plantas.
En caso de cultivar al aire libre, bastará con hacer unos surcos para guiar el agua y dejar que allí repose. Con ellos conseguiremos que la tierra se humedezca y no habrá problema en que pasen varios días hasta el siguiente riego. En interior es diferente. Bajo las macetas tendremos que montar una bandeja en la que depositemos una gran cantidad que luego se irá filtrando hasta las raíces. Esto nos permitirá que haya un margen de cinco o incluso seis días entre riego y riego. Serán necesarios varios riegos continuados hasta que las raíces de las cepas colonicen el sustrato y, por lo tanto, tengan acceso al agua. Por esto mismo, hay que evitar poner cualquier tipo de elemento que impida que el sustrato esté en contacto directo con la bandeja.
Riego automático (también es otro de los sistemas que, recomiendo, realmente es un avance hoy en día, hay distintos tipos de riegos automatizados, yo por ejemplo uso los sistemas floraflex, que realmente son muy, pero que muy bueno y eficientes)
En caso de que no dispongamos de tiempo o, simplemente, nuestros despistes nos hayan jugado ya alguna mala pasada, podemos instalar un riego automático. Poco importa que estemos en casa, que hayamos salido de compras o que estemos de viaje: el sistema se activará en función de cuando lo hayamos programado y se encargará de regar. Existen distintos tipos.
Riego por goteo
Se trata de un sistema que, conectado a través de pequeños tubos y goteros, se encarga de llevar el agua desde un recipiente o depósito hasta cada una de las plantas de nuestro cultivo. A esto hay que sumar un temporizador o algún otro dispositivo (como pueden ser pequeñas bombas) que nos permita programar en qué momento se deben regar. La principal ventaja que presenta este tipo de riego es que solo lleva a las cepas la cantidad necesaria que estas requieren. Ni una gota más, ni una gota menos, lo que nos permite ahorrar no solo líquido y tiempo sino también dinero. Existen multitud de sistemas de riego por goteo que cualquier cultivador, ya sea más o menos experimentado, puede montar en casa. Eso sí, los expertos recomiendan que, en caso de decantarnos por ello, dejemos a un lado la tierra como sustrato y apostemos por un cultivo hidropónico, donde las cepas crezcan sobre una base de coco, de lana de roca o de bolas de arcilla. En este sistema hay que presta especial siempre al mantenimiento de los tubos y goteros, hay que mantenerlos siempre en perfectas condiciones de limpieza, si no, lo mas posible que en algún momento durante el cultivo se atoren los goteros y nos den algún que otro susto.
Riego por aspersión
Al igual que el riego por goteo, este tipo de sistema automático se activa cuando lo dejemos programado. La diferencia es que, en lugar de depositar el agua de forma individualizada en cada maceta, la dispersa sobre las plantas. En cierta medida, esto puede ser positivo, ya que se distribuye de forma uniforme y, de esta forma, se puede evitar la formación de charcos. No obstante, existen los mismos riesgos que con la lluvia y el rocío de que se desarrollen ciertos microorganismos, como puede ser el mildiu. Nos decantemos por el riego manual o por el automático, por el goteo o por la aspersión, nunca debemos dejar de lado ciertos detalles que son claves para que nuestra cosecha crezca sana y fuerte. Uno de ellos es evitar que el agua que utilizamos esté demasiado fría. Los más experimentados cultivadores aconsejan que esté a una temperatura templada, para evitar posibles contratiempos con nuestras cepas. Coge el agua la víspera, así conseguirás que se evapore el cloro y que el agua alcance temperatura ambiente. Y por supuesto, tendremos que estar siempre atentos a la hora de medir tanto los niveles de pH del agua (entre 5,8 a 6,5 en el cultivo de marihuana) como los valores de electro conductividad (EC). Siguiendo todos estos consejos tus plantas no deberían tener ningún problema para lucir sanas y radiantes.
 
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