“La causa cannabis es una causa liberal”

“Es un principio liberal y todos somos un poco liberales”, entiende el excandidato presidencial Marco Enríquez-Ominami

“Es un principio liberal y todos somos un poco liberales”, entiende el excandidato presidencial Marco Enríquez-Ominami

Exdiputado y tres veces candidato a Presidente de Chile, Marco Enríquez-Ominami es uno de los principales impulsores de la legalización del cannabis.

En su participación en la edición 2020 de ExpoWeed online, MEO -como es conocido en Chile- también se refirió al momento de algidez política que vive su país.

Todavía recuerda cuándo a los 17 años tuvo su primer debate televisivo en Chilevisión, para defender la legalización de la marihuana.

Eran tiempos en los que no era tan común oler flores por las calles de Santiago y no existían reuniones como ExpoWeed o prensa especializada.

Más tarde, cuando fue candidato a presidente en 2017, y también en televisión, el director de cine redobló la apuesta:

“Yo digo sí a la despenalización de la marihuana para el uso recreativo y medicinal”.

Para MEO, “no hay libertad sin dignidad y la dignidad va con la libertad y hay un conjunto de decisiones que pertenecen a la emancipación del ser humano”.

“Hay derechos y deberes y esa carga está la dignidad y la dignidad es el derecho a vivir la vida como me parezca sin afectar la vida de los demás”.

“Es un principio liberal y todos somos un poco liberales”, entiende el excandidato presidencial.

Y explica que  “el liberalismo nace contra la monarquía y contra el poder de la iglesia católica, el neoliberalismo es además estar en contra de los derechos sociales”.

“En alguna parte la causa cannábica es una causa liberal porque los mismos que marchan por la legalización están a favor de la privatización de los derechos sociales. Las fronteras se cruzan”, opina.

CHILE

MEO se describe un amante del debate.

“El debate tiene la misma raíz etimológica que combate”.

“Es la contradicción entre las ideas que hacen avanzar al mundo, el diálogo es intercambio de ideas y la entrevista es la búsqueda de la respuesta”.

Tras perder nuevamente las elecciones en 2017 con su Partido Progresista salió de viaje y recorrió siete países de Latinoamérica para hacer una película.

También para explorar si su derrota política había sido personal o colectiva.

Se reunió con los líderes Pepe Mujica, Nicolás Maduro, Evo Morales, Rafael Correa, Dilma Rousseff y fue a Cuba.

Y descubrió que su derrota había sido personal y también colectiva, y se retiró.

En estos años se dedicó a hacer cortos, películas, libros, brindar asesorías y consultorías.

También fundó el Grupo de Puebla, que reúne a 150 líderes mundiales y creó junto al presidente argentino Alberto Fernández.

No considera a Chile, su país, como un país serio. “A veces pienso que vivimos en tontilandia”.

Entonces, aún sin aceptarlos, acude a los ‘matinales’, esos magazines de las mañanas a los que define como “un espacio importante de la identidad nacional”.

Incluso, asistió al de Quique Morandé, un hombre que supo animar los cumpleaños del exdictador Augusto Pinochet.

Nunca estuve de acuerdo con la élite

“Nunca estuve de acuerdo con la elite chilena y siempre consideré que Chile es un país clasista, fascista y racista y que el barrio alto estaba plagado de una, en general, endógena”, opina.

Por eso, cuando el 18 de octubre de 2019, en medio de las protestas que agitaron Chile, vio la bandera mapuche en la plaza de la Dignidad, pensó: “Tan loco no estuve”.

“Me sentí reconciliado”, reconoce.

Sin embargo, al respecto de las protestas que recorrieron el mundo, las critica por ser anti partidos políticos.

“Simon Bolivar decía que la única transformación posible es cuándo se encuentran los liderazgos sociales con los liderazgos políticos. Y en la idea de que el país avanza sin políticos, no estoy”.

Y advierte: “el mérito de octubre es que un grupo de jóvenes lograron lo que muchos quisimos durante años y que por nuestras imperfecciones no pudimos”.

“Ahora todavía está por verse si esta mayoría social es transformadora porque luego de mayo del 68 vinieron dos Gobiernos de derecha y lo mismo tras los indignados de 2012”.

“Aquí lo que conocimos fue una revuelta exitosísima, que frenó la agenda dinamizadora de la economía como la entienden los Chicago Boys: la cascada y el chorreo”.

“Nuestro pueblo entendió que la crisis es un estado normal, el tema es que esa crisis tenga solución”.

“Si esta revuelta se queda ahí mismo no suma, si además suma una mayoría electoral, esa revuelta es imparable y se vuelve un proceso de revolución en libertad, una fuerza tranquila de cambio”.

Su mirada, y la de todo un país, está puesta ahora en el domingo 25 de octubre. Será cuando un plebiscito decidirá si se aprueba o no la confección de una nueva Constitución.

Una que modifique la que se reformó en 1980 bajo el Gobierno del dictador Pinochet.

“Con el apruebo, inmediatamente transformaste el país, la consecuencia es inmediata”, cierra Ominami. Liberal.

Por Ramiro Barreiro

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