El lavado de raíces pre-cosecha, ¿por qué, cuándo y cómo?

Cada vez los cultivadores de exterior ven más cerca la cosecha. Y pocas cosas hay que mejoren la calidad de la misma que un buen lavado de raíces. La diferencia entre unos cogollos con un excelente sabor y otros con un sabor más áspero y que como se suele decir “rasca”, tienen en gran parte mucho que ver con algo tan simple como un lavado de raíces. En nuestro post de hoy os hablaremos de por qué hacerlo, cuándo hacerlo y cómo hacerlo.

POR QUÉ HACER UN LAVADO DE RAÍCES

El motivo principal es el de eliminar todos los nutrientes disponibles en el sustrato. Así, la planta se verá obligada a consumir los nutrientes almacenados en las hojas. Después de un lavado de raíces, lo normal es que la planta comience a amarillear, señal de que hemos hecho las cosas bien. Y el resultado serán unos cogollos con un sabor más suave al contener apenas nutrientes almacenados.

Algunos de ellos se continuarán degradando durante el secado y el curado. El nitrógeno, por ejemplo muy presente en la clorofila, se degradará fácilmente y del típico verde de la hierba recién cortada, se pasará con el tiempo a un color más apagado. Pero otros como el potasio no se degradan con tanta facilidad. Un cogollo que tras el secado chisporrotea al consumirlo, es por un lavado de raíces mal realizado.

CUÁNDO SE DEBE HACER

Lógicamente debemos dar el suficiente tiempo a la planta para obligarla a consumir los nutrientes almacenados. Normalmente con hacer un lavado unos 10-15 días antes de la cosecha, será suficiente. También dependerá mucho del tamaño de la maceta o contenedor, además del tamaño de la planta. Realmente no existe ninguna regla que asegure la mejor limpieza de las raíces.

CÓMO HACER UN LAVADO DE RAÍCES

Es algo muy sencillo y para la que existe una norma, que es la de usar el triple de agua que capacidad tenga la maceta. Es decir que para una planta en una maceta de 10 litros, usaríamos 30 litros de agua para el lavado. Si fuese un gran contenedor de 100 litros, 300 litros de agua sería lo apropiado.

Como en la gran mayoría de casos es inevitable el tener que usar agua de grifo sin reposar, tendremos a mano reservada una cantidad de agua reposada para usar al final del lavado. Así evitaremos en gran medida que el cloro afecte mucho al sustrato.

Y comenzamos a echar agua al sustrato como si estuviésemos regando. Comenzamos poco a poco, dando tiempo a que el agua vaya encharcando todo el sustrato sin dejar zonas secas. El agua comenzará a salir por el drenaje de la maceta, primero de un color oscuro y más claro con el tiempo.

Llegará un momento que el agua del drenaje salga prácticamente cristalina. Pero nosotros seguiremos añadiendo la totalidad del triple de agua que capacidad de la maceta. Una vez hayamos terminado y desde ese momento hasta la cosecha, no usaremos ningún tipo de abono o aditivos con macronutrientes.

UNA OPCIÓN PARA EL AHORRO DE AGUA

De acuerdo con que el agua es barata, pero ello no significa que no podamos poner de nuestra parte para no desperdiciarla. Para los lavados de raíces, una excelente opción son los llamados “Flush”. Estos productos lo que hacen es disolver las sales acumuladas en el sustrato para después simplemente eliminarlas con un riego abundante.

Se emplean como si de un abono se tratase, añadiendo al agua de riego y regando la planta. Se deben dejar actuar unos minutos antes de añadir después más agua para eliminar por el drenaje todo ese exceso de nutrientes. En lugar del triple de agua del que hablamos, será sólo necesario usar la misma cantidad de agua que capacidad de la maceta.

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