Un padre cultivador enfrenta cargos de prisión en Argentina

Macfoto

Algunos días atrás La Marihuana contaba la historia de Francisco Giovanolí, un joven de Argentina que cultivaba cannabis en la clandestinidad para calmar su epilepsia y que ahora enfrenta un juicio que puede depositarlo 15 años en la cárcel.

Argentina sigue regalando injusticias. Ahora, con el caso de Cristian Ferrara, un fletero de Berisso (a una hora de Buenos Aires) que está acusado de comercializar drogas, aunque cultivaba para elaborar aceite de marihuana para sus tres hijos que padecen distintas patologías neurológicas.

La historia comienza cuando Cristian y Consuelo Navarro, padres de cuatro hijos, descubrieron los efectos del cannabis en tres de los niños. Daniel de 17 años que sufre esquizofrenia, Lucas de 13 años con autismo y a Ángel de 4 años, a quien le diagnosticaron retraso madurativo sensorial y cognitivo. Entonces, comenzaron a cultivar en su casa para poder elaborar su propio aceite. Sin embargo, una denuncia anónima terminó en un violento allanamiento a su casa en octubre de 2017 y una causa judicial que podría llevar al hombre a la cárcel por los próximos 15 años.

“Empecé hace muchos años a luchar por la salud de mis hijos, los medicamentos tradicionales no les daban ninguna salida y estaban cada vez más alejados de la realidad, perdidos, casi no comían. En el cannabis encontré luz, encontré a mis hijos. Volvieron a la vida, volvieron a sentir, volvieron a reírse, una risa que hacía 10 años no escuchaba”, contó Consuelo al canal de noticias  C5N.

“Llegamos al cannabis medicinal por Lucas. Cada vez le aumentaban más la medicación pero no mejoraba, su autismo era cada vez más severo. En un momento lo veíamos, como se dice crudamente, babeando y no queríamos eso para nuestro hijo”, dijo también a portal Info Blanco sobre Negro.

“En 2016 empecé a recibir charlas y me extrañaba que se hacían como a escondidas. Empecé a hacer talleres de sembrado, extracción y elaboración de aceite. Probamos y los resultados fueron maravillosos. Siempre les conté a los médicos y ellos no se oponen pero tampoco lo avalan porque no pueden poner el sello”, explicó.

“Lucas tenía muchos brotes de furia, rompía vidrios, televisores y se pegaba. Además sólo se comunicaba con señas, en 10 años nunca habló. A los 4 días de tomas aceite de cannabis bajó un montón. A los 15 días yo estaba en la cocina. El vino de atrás, me tocó la espalda y me dijo ‘bú, te asustaste, te quiero’”, recordó con emoción.

Aceite de cannabis: ¿Milagro?

El aceite de cannabis hizo por ellos lo que nunca pudo la medicina tradicional: “A los tres días de darle aceite de cannabis, Lucas estaba más tranquilo, a los 15 días recibí el primer abrazo de mi hijo, apenas 15 días, después de 9 años sin sentimientos me dijo ‘mamá te quiero’ y me abrazó muy fuerte y ahora dialoga, opina, está vivo”, relató la mujer, sin poder evitar quebrarse al aire por la emoción y la impotencia que siente ahora por el accionar de la justicia.

Y detalló: “No lo podía creer ni entender, nosotros no conocíamos ni que sabía hablar. Paulatinamente fue mejorando. Ahora tiene un autismo súper leve, charla, se comunica constantemente, no está más enojado y tiene mucha tolerancia. Se conectó”.

Sentimiento de traición

“Me siento traicionada por el Estado, abandonada por la justicia”. Advirtió ante la inminencia de un fallo judicial que podría condenar a su marido a 15 años en prisión.

Y siguió: “No se llevaron sólo a mi marido, pusieron presa a toda la familia. Mi marido era el sostén del hogar, trabajaba de fletero con su camioneta, nos quitaron el plato de comida. El Estado me quitó la salud de mis hijos, preparaba el aceite para ellos y ahora estoy completamente a deriva”.

Consuelo aseguró que en su casa tenían dos plantas pero para la justicia tenían 17 porque, según explicó. “Cada brote, cada semilla para la justicia es una planta y me acusan de comercializar distintas clases de sustancias. Es una burla todo”.

Por Rama

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