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Bogotá, Colombia.- Por Rodrigo Uprimny.

Resultan alucinantes las tres razones invocadas por el llamado zar de las drogas de Estados Unidos, Gil Kerlikowske, para oponerse a cualquier forma de legalización, según la entrevista que concedió el domingo en El Tiempo.

El primer argumento es que “nadie ha producido un sistema de legalización que pueda ser exitoso a cualquier nivel”. Esta objeción es inexacta.

Nadie defiende un mercado libre de drogas, que permita a un adolescente comprar heroína en el supermercado. La idea es que haya una regulación estricta del acceso a esas sustancias, pero sin llegar a prohibirlas, por los efectos negativos que tiene la prohibición total. Y aunque subsisten algunas dudas sobre cómo operaría una legalización regulada, lo cierto es que ya hay planteamientos serios al respecto. Por citar un solo ejemplo, ya en 1992 Ethan Nadelmann presentó reflexiones detalladas sobre formas de regulación de las sustancias hoy ilegales, en su artículo Pensando seriamente en alternativas a la prohibición.

Además, el supuesto del argumento del Zar es inaceptable. Su tesis es que mientras no se demuestre que la legalización soluciona todos los problemas, entonces no es posible abandonar la prohibición. Y eso tendría sentido si la prohibición funcionara. Pero no es así, pues las estrategias represivas no logran controlar la oferta ni la demanda de drogas ilegales y tienen costos sociales terribles en violencia, corrupción o sobrecarga judicial y carcelaria.

La tesis del Zar equivale a que un médico rechace el cambio de un tratamiento que no funciona y tiene efectos secundarios muy dañinos, simplemente porque subsisten algunas dudas sobre cómo aplicar el procedimiento alternativo, a pesar de que exista evidencia de que ese otro tratamiento funciona mejor y tiene menos efectos colaterales negativos.

La segunda razón del Zar se basa en una interpretación del referendo que pretendió legalizar la marihuana en California hace algunos meses. Según Kerlikowske, “un estudio muy riguroso de la Rand Corporation rápidamente tumbó la idea de que eso reduciría la violencia en México”. Pero esa objeción es irrelevante para una discusión general sobre la legalización.

El estudio de la Rand (Reducing drug trafficking revenues and violence in Mexico) tiene razón en que el impacto sobre la violencia en México de una eventual legalización de la marihuana en California es poco, porque el tráfico de marihuana a California representa una porción menor de los ingresos de los narcos mexicanos. Pero eso no significa que la eliminación global de la prohibición no tenga efectos sobre la violencia, pues existen evidencias sólidas de que el mercado ilícito de drogas es un factor dinamizador de la violencia y la corrupción.

La última razón contra la legalización que aduce Kerlikowske es que ya existen demasiados problemas con el alcohol y el tabaco, como para “tener otra sustancia alteradora de la realidad, disponible y en el estante”. Pero el Zar confunde legalización y mercado libre de drogas. Además supone que la prohibición reduce los problemas sanitarios de las sustancias hoy prohibidas y la legalización los acentúa. Pero es todo lo contrario.

La represión no impide que los consumidores accedan a las sustancias prohibidas, pero implica que el consumo se hace en condiciones de ilegalidad, que agravan los daños sanitarios, por ejemplo, por la falta de control de la calidad de las sustancias. Por eso, las experiencias de despenalización del consumo, como en Holanda o Portugal, han tenido buenos resultados sanitarios, sin aumentar el consumo.

Estas declaraciones del Zar muestran que una de las pocas cosas más alucinantes que ciertas drogas son los argumentos que se usan para seguir defendiendo la prohibición y la represión.

* Director del Centro de Estudio DeJuSticia (www.dejusticia.org) y profesor de la Universidad Nacional

Fuente Elespectador

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Tras una audiencia donde se discutía sobre la regulación del cannabis en los estados miembros, la Unión Europea decidió no realizar bloqueos a las iniciativas presentadas por los estados miembros de la UE para cuando se trata de comenzar con una regulación legal del Cannabis entre otras drogas que actualmente son ilegales. La noticia fue comunicada  por Dana Spinant que es la nueva coordinadora de la Unidad Antidrogas de la Comisión Europea.

En la audiencia se consideraron las implicaciones financieras de la decriminalización de las drogas y como impacta la regulación del cannabis en el gasto publico.

En el año 2009 la UE publicó un informe que trataba sobre los mercados de drogas ilícitas entre los años 1998 – 2007 teniendo como conclusión que las actuales políticas están fracasando en la reducción de la demanda y oferta de drogas ilícitas y que puedan llegar a generar daños en los consumidores individuales, en su entorno y en la sociedad.

El hecho de que las drogas estén prohibidas en Europa favorece ampliamente al crimen organizado según palabras de un eurodiputado holandés. En el caso de Holanda se están aplicando mayores presiones en los cofeeshops entre las cuales está la exclusión de los turistas extranjeros introduciendo pases de membresía, lo que sin dudas incrementará el mercado ilegal.

La regulación legal de cannabis está cada vez más asentada en distintos lugares del mundo y produciendo resultados satisfactorios. Las medidas aplicadas en Holanda y Portugal no han tenido aparejado mayor consumo pero sin embargo se establecieron mejores condiciones de seguridad para los consumidores de drogas. En el país vasco los clubes sociales de cannabis son una manera de cultiva colectivamente la planta de marihuana para el uso persona siendo reconocido como un modelo exitoso.

La comisión europea lleva a cabo una evaluaron de los costos ante la prohibición de drogas como también cuales son los beneficios que puedan tener. A su vez se dejó en claro que la comisión no tiene competencia para la toma de iniciativas que abran el debate sobre la reforma de drogas, la responsabilidad corre por cuenta de los estados miembros de la UE.

Fuente Cultiva

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México.- Artículo por  Rubén Cortés.

El cerco de la marihuana legal en Estados Unidos se cierra sobre México. El mes pasado fue aprobado su uso bajo prescripción facultativa en Arizona. Así que, de cuatro estados de la Unión Americana fronterizos con nuestro país (México), en tres ya es lícito el narcótico por indicación médica.

De los vecinos sólo falta Texas. Es permitido en California, Nuevo México y ahora Arizona. Pero en total son ya 15 estados donde se puede emplear la cannabis en programas médicos para tratar cáncer, sida, hepatitis C y otras enfermedades crónicas y hasta sembrar la planta en casa.

Los otros estados son Alaska, Colorado, Hawai, Maine, Michigan, Montana, Nevada, Nueva Jersey, Oregon, Rhode Island, Vermont y Washington.

Sin embargo, para qué jugar con las palabras: el consentimiento para uso medicinal es la mejor manera encontrada en Estados Unidos para abrir la puerta que, en un futuro cercano, le permita al gobierno controlar un negocio supermillonario del que sólo hoy se beneficia la delincuencia.

Según la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas de la Casa Blanca, el 60 por ciento del ingreso de los cárteles mexicanos proviene de la marihuana. No es secreto, pues, que su legalización (del modo que sea) desbrozará el camino para que al final esos ingresos sean para el gobierno.

En números, el contrabando de marihuana desde México hacia Estados Unidos genera alrededor de 1,500 millones de dólares anuales para los traficantes del lado de acá. Es mucho dinero como para que Estados Unidos lo siga dejando en manos ajenas.

De eso se dieron cuenta Alemania, Holanda y Portugal, que no desean que Estados Unidos se coma solo el pastel, y están solicitando a la ONU una convención sobre la marihuana, similar a las que en 1961, 1971 y 1988 sentaron las bases legales para las políticas prohibitorias actuales.

El gobierno mexicano debería sumarse a este trío, con lo cual encontraría una salida excelente (y hasta elegante) al atolladero en el que se convirtió su guerra contra el narcotráfico, sin tener que pagar demasiados costos políticos en una contienda que ha dejado casi 30 mil muertos en cuatro años.

Arropar aquí la legalización (o cuando menos un debate oficial) de la marihuana como parte de un acuerdo internacional amparado por Naciones Unidas sería no sólo ideal, sino todo lo políticamente correcto a que podría aspirar un gobierno de cualquier corte en este tema.

En todo caso, sería una forma de prepararse contra el impacto que generará en México la legalización en, por lo pronto, 15 entidades de Estados Unidos.

En todo caso, será cada vez más difícil para nuestro país mantener sin variaciones su actual política antidroga.

Porque en breve será imposible seguir metiendo la cabeza debajo del ala.

Fuente ElArsenal

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Legalizar el uso de la marihuana es la estrategia correcta que deben seguir los gobiernos para controlar violencia, violaciones a derechos humanos y la corrupción derivados del narcotráfico, explicó hoy un experto de la ONU.

‘No será fácil convencer a la opinión pública de los beneficios de la legalización de la marihuana en el mundo, pero es un tema que debemos promover. El costo de no hacerlo es altísimo en términos de vidas humanas’, declaró Anand Grover, relator especial de la ONU para el derecho a la salud.

En entrevista con Notimex, el experto indicó que la posibilidad de que el próximo dos de noviembre, los ciudadanos de California escojan despenalizar el uso de la marihuana representa ‘un paso en el camino correcto’.

‘Las únicas personas que se benefician con la prohibición, son los criminales’, expresó el relator especial.

Grover, abogado de la Suprema Corte de la India, debe presentar periódicamente un reporte sobre sus actividades ante la Asamblea General de la ONU como experto independiente que hace recomendaciones a los Estados miembros para que delineen políticas públicas.

La opinión del relator es una de las diversas visiones dentro del sistema de la ONU respecto de la mejor manera que existe para controlar las drogas y sus efectos negativos en el mundo.

La Oficina de la ONU contra las Drogas y el Crimen (Onudc), ha manifestado que el tráfico de drogas debe ser perseguido y debe reforzarse el cumplimiento de las leyes contra este ilícito.

Grover, en cambio, se ubica entre las agencias de la ONU que abogan por un enfoque que sea prioritario en las estrategias de control de estupefacientes al respeto a los derechos humanos y al acceso a servicios de salud.

El experto indicó que en Portugal se ha despenalizado exitosamente el uso de la marihuana, lo que no ha implicado un aumento en las tasas de criminalidad ni tampoco en el consumo de esta sustancia.

‘La criminalización no deja ningún beneficio para la sociedad. Y cuesta mucho en términos de vidas humanas, derechos humanos y corrupción en el gobierno’, afirmó Grover.

El abogado, mencionó además que la prohibición de la marihuana se basa en criterios muy discutibles, que no tienen base en ninguna evidencia sólida sobre sus perjuicios.

Fuente Eldiario

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El próximo 2 de noviembre los californianos votarán la Proposición 19, una iniciativa que busca legalizar la marihuana. Ya que ningún estado jamás ha tomado una medida similar, los votantes están siendo sometidos a una avalancha de aseveraciones que busca infundir temor –y que no se encuentra respaldada por la evidencia– sobre lo que sucedería si se aboliera la prohibición de las drogas. No debería ser así.

Hace diez años, Portugal se convirtió en la primera nación occidental en aprobar una despenalización completa a nivel nacional. La ley, aprobada el 1 de octubre del 2000, abolió las sanciones criminales para todas los estupefacientes, no solo la marihuana, sino también “drogas duras”, como la heroína y la cocaína. Esto aplica solamente a las drogas para consumo personal; el narcotráfico continúa siendo una ofensa criminal. Hoy contamos con una década de evidencia empírica sobre lo que en realidad sucede –y lo que no ocurre– cuando se eliminan las sanciones criminales contra la posesión de drogas.

Los individuos que son detectados con drogas en Portugal ya no son arrestados o tratados como criminales. Se les envía en cambio a un tribunal de profesionales de salud donde se les ofrece la oportunidad, pero no se les obliga, a recibir un tratamiento brindado por el gobierno. Para aquellos que son adictos, los tribunales tienen el poder de imponer sanciones civiles. Pero en la práctica, el objetivo general es dirigir a las personas hacia un tratamiento.

De acuerdo a cualquier indicador, la experiencia de Portugal con la despenalización de las drogas ha sido un éxito rotundo. El consumo de drogas en muchas categorías ha disminuido en términos absolutos, incluyendo para grupos demográficos importantes, como el de personas entre los 15 y 19 años. Donde las tasas de consumo han subido, los aumentos han sido modestos, mucho menor a los registrados en otras naciones de la Unión Europea, las cuales insisten en una política de penalización.

Portugal, que tenía uno de los problemas de drogas más graves en Europa, ahora tiene la tasa de consumo de marihuana más baja del continente, y una de las más bajas para cocaína. Todas las otras patologías relacionadas con las drogas, incluyendo el contagio de HIV, hepatitis y las muertes por sobredosis, han disminuido considerablemente.

Más allá de la evidencia, el éxito de Portugal con la despenalización queda patente por la ausencia de iniciativas políticas tendientes a reinstaurar la penalización. Tal y como uno esperaría de un país conservador y mayoritariamente católico, la propuesta de despenalización desató una intensa controversia hace una década. Muchos políticos vaticinaron consecuencias terribles, incluyendo aumentos masivos en el consumo de drogas entre los jóvenes y la transformación de Lisboa en un “paraíso de drogas para los turistas”.

Sin embargo, ninguno de esos temibles escenarios tuvo lugar. Los portugueses, capaces de comparar los serios problemas de drogas que tenían en los noventa con la muy mejorada situación de ahora, no tienen deseos de volver a los tiempos de la penalización. Tampoco hay políticos influyentes que lo estén proponiendo. La despenalización se volvió políticamente viable cuando el parlamento portugués conformó una comisión de expertos apolíticos con la tarea de determinar cómo el país podía lidiar de manera más efectiva con sus cada vez más graves problemas de drogas. La comisión determinó que la despenalización era la mejor política para reducir los daños relacionados con los estupefacientes. Lo ocurrido hasta ahora ha demostrado la sabiduría de dicha recomendación.

Podría parecer contra-intuitivo que la despenalización pudiera mejorar los problemas de drogas. Pero los funcionarios de narcóticos portugueses, con una década de experiencia con esta política, entienden las razones por las que se da esta relación causal.

Primero, cuando un gobierno amenaza con convertir a los consumidores de drogas en criminales, una barrera de miedo se erige entre los funcionarios y la ciudadanía, lo cual da al traste con un tratamiento efectivo y socava las campañas de educación. El principal funcionario de narcóticos de Portugal ha dicho que el estigma creado por la penalización del consumo de drogas y el temor al Estado eran los factores que más obstaculizaban la educación efectiva y los programas de tratamiento durante la década de los noventa.

Segundo, tratar una adicción a las drogas como un problema de salud y no como un crimen significa que se puedeneiewujiuewinswoi encontrar las soluciones adecuadas. Si el objetivo es que los adictos dejen de consumir drogas, la terapia es una estrategia mucho más efectiva que el encarcelamiento. Tercero, cuando el Estado ya no gasta exorbitantes cantidades de dinero en arrestar, enjuiciar y encarcelar a los consumidores de drogas, ese dinero puede utilizarse en programas de tratamiento altamente efectivos o en servicios como clínicas de metadona para limitar los daños relacionados con las drogas.

Cualquiera que sean las opiniones sobre liberalizar las leyes de drogas, el debate debe basarse en la evidencia empírica, no en la especulación y en aseveraciones que pretenden infundir miedo. Ahora que los votantes de California toman una decisión de gran repercusión sobre la política de drogas, la experiencia de Portugal con la despenalización ofrece exactamente el tipo de análisis racional que ha brillado por su ausencia en este debate.

Por Glenn Greenwald

Fuente DigitalAbc

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EEUU.- En noviembre próximo los californianos acudirán a las urnas para decidir si la cannabis sigue siendo ilegal o si será regulada. Una encuesta de Field Research reveló que el 48% de los votantes potenciales rechazarían la Proposición 19 contra el 44% que la apoyarán. Mientras que un estudio de SurveyUSA colocó a los partidarios con una victoria del 50% contra 40% de quienes se oponen.

Entre las disposiciones de la Proposición 19, mejor conocida como el Acta para Regular, Controlar y Gravar la Cannabis de 2010, la legislación facultaría a las personas mayores de 21 años poseer hasta una onza de la droga para su estricto consumo personal o cultivar hasta 25 pies cuadrados con el mismo propósito; prohíbe el consumo en lugares públicos, limitándolo a domicilios particulares y establecimientos designados; faculta a los gobiernos locales a gravar la venta de hasta una onza por transacción, así como la regulación y ubicación de los expendios, penalizando la venta a menores de edad.

El día de hoy el partido demócrata de California decidirá si apoya o no a la iniciativa. Y aunque hay voces que indican que los líderes no se sumarán a ella por miedo a alienar a los votantes de distritos conservadores del estado, probablemente se mantendrán neutrales ya que la mayoría de la base demócrata apoya la medida.

El lunes pasado la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color (NAACP, por sus siglas en inglés), una de las organizaciones sociales más importantes de Estados Unidos, expresó su respaldo a la proposición 19, en rechazo a la criminalización de los ciudadanos negros, quienes son encarcelados por posesión en mayor proporción que los blancos, a pesar de que estos consumen marihuana en mayores cantidades.

En el mismo sentido se manifestaron Stephen Downing, exasistente del jefe de la policía de Los Ángeles; Joseph McNamara, exjefe de la policía de San Diego; y James Gray, exfiscal de la Corte Suprema de California, pertenecientes a la organización civil LEAP (Law Enforcement Against Prohibition). En una declaración conjunta, los veteranos encargados de la seguridad pública consideraron que: “Prohibir la marihuana no ha detenido a 100 millones de estadounidenses de probarla… Necesitamos una visión de sentido común para controlar la marihuana”.

Quienes están a favor de la legalización (los demócratas, los grandes sindicatos y los votantes jóvenes e independientes) justifican que la medida podría generar anualmente hasta 1.4 miles de millones de dólares  por concepto de impuestos, la creación de miles de empleos que saldrían de la clandestinidad, menores costos financieros para los departamentos de policía, la desarticulación de bandas criminales y prisiones que dejarán de estar sobresaturadas por delincuentes no violentos. Los argumentos han sido bien recibidos por los californianos, cuyo gobierno se encuentra severamente golpeado por la crisis económica, y se ha visto obligado a recortar programas sociales y servicios básicos.

En el campo de los opositores a la proposición 19 (los republicanos, los sindicatos de policía, la cámara de comercio y los votantes de mayor edad), también se encuentran destacadas personalidades demócratas como Jerry Brown, candidato a gobernador; Kamala Harris, candidata a procuradora estatal de justicia; y la actual senadora Dianne Feinstein. Los opositores denuncian que, de aprobarse la regulación, los empleadores ya no podrán aplicar pruebas antidoping a sus empleados, ya no podrá perseguirse a quienes conducen bajo la influencia de la droga (falso, ya que bajo esta legislación seguiría siendo castigado) y que no se reducirá el déficit estatal gracias a los nuevos impuestos.Pero los demócratas, que gustan tanto de correrse hacia el centro, no son los únicos que han sorprendido por su oposición; ahora resulta que los dueños de dispensarios de marihuana medicinal también han mostrado su descontento con la idea de legalizarla, pues sospechan que una vez que sea aprobada sus millonarios negocios caerán en desgracia por la competencia.

La corporación RAND, un think tank californiano, publicó un estudio donde informa que la legalización podría reducir el precio de la droga hasta en un 80% de los actuales 300 dólares que cuesta una onza (algo así como 28 gramos) y haría que un carrujo de mota pudiera costar solamente 1.50 dólares. El informe advierte que los bajos precios y la amplia disponibilidad podrían aumentar el consumo hasta en 150%. Sin embargo, esto podría no ser cierto debido a que bajo el régimen prohibicionista un 85% de los estudiantes de los últimos años de preparatoria y un 69% de losjóvenes de 15 años han dicho que es muy fácil conseguir marihuana. De hecho, desde la aprobación de la proposición 215 en 1996 (que permite la venta de marihuana medicinal) el consumo de cannabis se ha reducido. Lo que echaría por tierra la idea de habría mayor disponibilidad en un esquema regulado que en uno de prohibición y no regulación. La experiencia de Portugal con la descriminalización también es indicativa de que no se incrementa el consumo con el rechazo de la prohibición.

Fuente SPDNoticias

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Brasil. – El gobierno de Brasil analiza depenalizar el consumo de marihuana y en lugar de abrir un proceso judicial a los usuarios, sancionarlos con una infracción, anunció el viceministro de Justicia Pedro Vieira Abramovay.
El funcionario declaró que Brasil puede tomar como referencia la legislación de Portugal donde “el porte de pequeñas dosis dejó de ser crimen, pero es multado como cuando alguien pasa un semáforo en rojo”.
Vieira Abramovay, un abogado de 30 años que acaba de asumir la Secretaría Nacional de Justicia, dijo que la iniciativa no representa la liberalización de las drogas y el tema aún está en estudio.
El ex presidente brasileño, Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) abrió el debate sobre la despenalización de las drogas, al decir que la actual legislación merece ser revisada y criticar las políticas centradas en la represión al consumidor.
En tanto Vieira Abramovay aclaró que su gobierno descarta legalizar el consumo de esas sustancias: “no hay ningún país en el mundo donde la marihuana haya sido liberada” planteó.

Fuente Ansa

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Por Jeffrey A. Miron

En noviembre de 2010, los votantes de California tomarán en consideración un proyecto de ley que pretende legalizar la marihuana en ese estado. Las encuestas sugieren que el proyecto saldrá adelante, si bien por el momento no ha habido un debate en profundidad.

¿Debería California, o EEUU, legalizar la marihuana? Sí. Por multitud de razones.

La legalización sacaría del mercado negro a la industria de la marihuana, de la misma manera que la derogación de la prohibición del alcohol restauró la industria legal relacionada con la comercialización de este producto. Puede que una pequeña parte del mercado de la marihuana permanezca en los predios de la ilegalidad, pero si la regulación y la tributación son moderadas, gran parte de los productores y consumidores elegirán estar en el sector legal, como ocurrió con los productores y consumidores de alcohol.

La legalización, por lo tanto, eliminaría gran parte de la violencia y la corrupción presentes en el negocio de la marihuana. La violencia y la corrupción se dan porque quienes toman parte en los mercados negros no pueden resolver sus disputas recurriendo a medios no violentos tales como la interposición de demandas en los tribunales, la publicidad o el cabildeo. La violencia y la corrupción, supuestamente inherentes a los sectores relacionados con el vicio, prácticamente desaparecen cuando los vicios son legales, como puede comprobarse en los países en que el alcohol, la prostitución y el juego, por poner tres ejemplos, son legales.

Hay más. Beneficios, se entiende. Los enfermos de cáncer ya no se verían en un limbo legal, o estigmatizados socialmente, por emplear marihuana para lidiar con las náuseas que les produce la quimioterapia. Los atropellos a las libertades civiles y el uso de estereotipos raciales negativos disminuirían. La calidad del producto experimentaría una mejora sustancial, y los consumidores por fin tendrían capacidad de elección.

La legalización posibilitaría, además, un notable saneamiento de las cuentas públicas, pues éstas se verían beneficiadas por un aumento de la recaudación y una disminución del gasto dedicado a seguridad y justicia. Recientemente calculé que podríamos reducir el déficit en unos 20.000 millones de dólares al año.

El único impacto negativo sería, quizá, un aumento del consumo, pero probablemente sería de poca entidad. La derogación de la prohibición del alcohol produjo un aumento en el consumo de cerca del 20%, pero la legalización de facto de la maría en Portugal (2001) no provocó subida detectable alguna; de hecho, al cabo de un tiempo el consumo incluso bajó. Según los datos de que se dispone, no parece haber demasiada relación entre consumo y condición legal: así, el porcentaje de consumidores es similar en EEUU y en los Países Bajos, donde la marihuana está virtualmente legalizada.

Le legalización, por supuesto, no acabará con todos los problemas relacionados con el uso de la marihuana. Ahora bien –y de nuevo volvamos la vista al caso del alcohol–, los efectos negativos de la prohibición son más perniciosos que los efectos negativos derivados de la legalidad de su consumo.

Lo mejor sería que el gobierno federal levantara la prohibición y permitiera a cada estado regular el uso como le parezca apropiado, y que le imponga los tributos que estime oportunos. Así nos ahorraríamos los conflictos que se pueden generar si, finalmente, California decide dejar de proscribir la maría, pues entonces entrará en conflicto con la legislación federal.

Sea como fuere, el paso dado por el Golden State es muy valioso: puede que otros sigan su ejemplo y que, finalmente, el gobierno federal haga lo propio.

La prohibición de la marihuana ha estado tan mal concebida como lo estuvo la prohibición del alcohol. Aprendimos la lección una vez; ya ha llegado la hora de que nos refresquemos la memoria.

Por JEFFREY A. MIRON, director de estudios de pregrado de la Universidad de Harvard y es académico titular del Cato Institute.

Fuente LibertadDigital

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Apenas cerca de un cuarto de los adultos en Europa cree que la marihuana debería ser legal para el consumo personal, de acuerdo con una encuesta Eurobarómetro conducida por la Comisión Europea.

En la encuesta de unos 29.000 residentes de la Unión Europea, los encuestadores descubrieron que 26% de los adultos en toda la UE estaban listos para legalizar la hierba. El dato fue más alto en los Países Bajos, donde la venta de marihuana en los cafés es ignorada por las autoridades, pero, aun allí, el apoyo a la legalización no era la posición de la mayoría, llegando a 49%.

En una segunda sección de países, el apoyo a la legalización varió entre los 30% y los 40%, con la aprobación atingiendo los 40% en España, 32% en Gran Bretaña y la República Checa y 30% en Irlanda. Del otro lado de la balanza, en Rumania, Suecia y Finlandia, menos de 10% de los encuestados estaban de acuerdo que la marihuana debería ser legalizada. Entre los demás países europeos, el apoyo a la legalización fue de 28% en Austria, Francia e Italia, 27% en Portugal, 26% en Bélgica y de 19% en Alemania.

Sorpresivamente, el apoyo a la legalización de la marihuana es más bajo en Europa que en los Estados Unidos. De acuerdo con una encuesta Gallup de un año atrás, 36% de los adultos estadounidenses favorecían la legalización, con ese dato llegando a los 47% en la Costa Oeste.

De acuerdo con los autores del Eurobarómetro, que incluye a más de 40 preguntas sobre el apoyo a la Unión Europea y las conductas respecto de varias cuestiones sociales, “El alto nivel de oposición a la idea de que el consumo personal de cannabis deba ser legalizado por toda Europa proporciona más pruebas de que los europeos creen que hay demasiada tolerancia actualmente”.

Fuente Stopthedrugwar

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Por Jeffrey Miron

Jeffrey Miron es director de estudios de pregrado en el departamento de economía de la Universidad de Harvard y académico titular del Cato Institute

El experimento estadounidense con la prohibición de la marihuana está tan mal concebido como el experimento anterior con la prohibición del alcohol. Aprendimos la lección una vez; es tiempo de aprenderla de nuevo.

En noviembre de 2010, los votantes de California decidirán en un referendo la suerte de una ley que legalizaría la marihuana en dicho estado. La propuesta incluye restricciones a la venta y el uso de la droga, tales como una edad mínima para comprar de 21 años. Aún así, esta ley le daría a la marihuana un estatus legal similar al del alcohol. Las primeras encuestas sugieren que la medida será aprobada, aunque aún no se ha dado un debate profundo sobre la misma.

La legalización de la marihuana representa un paso mucho más significativo que la despenalización o el consumo permitido por motivos médicos, los cuales ya se han dado en California y en otros estados. La despenalización legaliza la posesión de pequeñas cantidades de marihuana, pero no elimina el mercado negro ni permite que se le pongan impuestos de manera sencilla. El consumo permitido por motivos médicos está más cerca de la legalización, pero todavía deja a los productores y consumidores en una zona gris legal y recolecta menos impuestos que la legalización.

¿Debería California, o incluso Estados Unidos, legalizar la marihuana? Sí, por una variedad de razones. La legalización sacará del mercado negro a la industria de la marihuana, así como la derogación de la prohibición en los años treinta restauró la industria legal del alcohol. Puede que un pequeño componente del mercado de la marihuana permanezca ilícito, pero si la regulación y los impuestos son moderados, gran parte de los productores y consumidores elegirán el sector legal, como lo hicieron con el alcohol.

La legalización, por lo tanto, eliminaría gran parte de la violencia y la corrupción que actualmente caracteriza a los mercados de marihuana. Estas se dan porque, en los mercados negros, los participantes no pueden resolver sus disputas mediante mecanismos no violentos tales como una demanda judicial, la publicidad, el cabildeo, o contribuciones a campañas políticas. Por el contrario, los productores y consumidores en estos mercados recurren a la violencia para zanjar sus diferencias, o al soborno para resolver sus problemas con las fuerzas del orden. Estas características de los mercados de los “vicios” desaparecen cuando el vicio es legal, así como lo demuestra una experiencia abundante con el alcohol, la prostitución y las apuestas.

La legalización tendría otros beneficios. Los pacientes que consumen marihuana ya no sufrirían de un limbo legal o de un estigma social por utilizarla para lidiar con la náusea ocasionada por la quimioterapia, el glaucoma u otras condiciones. Las violaciones a las libertades civiles y el uso de estereotipos raciales disminuirían, ya que los crímenes sin víctimas causan tal comportamiento por parte de los policías. El control de calidad mejoraría ya que los vendedores podrían pautar publicidad y establecer reputaciones por tener un producto consistente, permitiéndole así a los consumidores elegir entre la marihuana de baja o alta potencia.

La legalización también generaría ahorros presupuestarios para el estado y el gobierno federal, al eliminar gastos relacionados al cumplimiento de la ley y al permitir que se graven las ventas legalizadas. Recientemente estimé que el impacto neto sería una reducción en el déficit de alrededor de $20.000 millones al año, sumando el ahorro de cada nivel del gobierno.

El único impacto de la legalización que podría ser indeseable es un aumento en el uso de la marihuana, pero es probable que este incremento sea modesto. La derogación de la prohibición del alcohol en EE.UU. produjo un aumento en el consumo de alrededor de un 20%, mientras que la legalización de facto de la marihuana en Portugal en 2001 no causó ningún incremento detectable en el consumo; de hecho, el consumo bajó. En varios países, la tasa de consumo de marihuana muestra poca relación con la severidad del régimen de prohibición. Por ejemplo, en los Países Bajos existe, virtualmente, una legalización, sin embargo la tasa de uso no difiere mucho de aquella en EE.UU.

No obstante, un aumento en el uso de marihuana, no es necesariamente malo. Si el referéndum aprueba la ley, las personas a quienes les gustaría consumir marihuana pero se abstienen debido a la prohibición podrían hacerlo de manera responsable; la legalización les permitiría disfrutar de la marihuana sin miedo de ser arrestados o encarcelados y sin preocupaciones acerca de la calidad. Algunos consumidores nuevos podrían generar consecuencias adversas para ellos mismos o para otros, tales como manejar bajo la influencia, pero gran parte de los usuarios responsables están faltando el respeto a la ley y consumiendo hoy en día.

Le legalización, por supuesto, no eliminará todos los impactos negativos del uso de la marihuana. Pero así como ocurrió con el alcohol, donde lo malo de su prohibición era peor que el alcohol en sí, los efectos adversos de la prohibición de la marihuana son peores que las consecuencias no previstas de su uso. Es por eso que la legalización es una mejor política pública.

Fuente Tiempo

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Según experimentos celulares realizados en la Universidad de Porto, Portugal, el THC influye en la biología de las células grasas. Sus observaciones sobre los efectos de los cannabinoides apuntan a que favorecen el depósito de grasa tisular en las células y la sensibilidad celular a la insulina. (Fuente: Teixeira D, et al. Obesity (Silver Spring). 2010 May 13

Fuente cannabisMed

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Hemos encontrado esta información en la web de AMEC y nos ha parecido interesante reproducirla, espero que a vosotros también os parezca interesante.

Un mundo cannábico

El propósito del siguiente texto es informar a los consumidores sobre el tipo de legislación que existe en otros países. No se pretende animar a nadie a que vulnere las leyes del estado que visita, sino informar sobre las consecuencias que puede tener fumarse un canuto y que cada cual obre según crea más conveniente. Por supuesto, en el caso aquellos países con legislaciones duras, recomendamos a quien lea este texto que extreme las medidas de prudencia. Como norma general, vale el dicho castellano de “donde fueres haz lo que vieres”.

Es decir, antes de liarte un peta mira a ver lo que hacen los que están alrededor, y fíjate si hay más gente que fume. Ante la duda, es mejor quedarse sin fumarse un porro que tener un serio problema legal que dé con nuestros huesos en una celda. En la legislación, no nos hemos fijado en las penas por tráfico, sino que se examinan las leyes para los supuestos de posesión (entendida como tenencia para uso personal) y consumo.

Alemania

A falta de una legislación más permisiva, la costumbre de detener a los consumidores está en desuso entre policías y jueces. En algunas ciudades (Colonia, Hamburgo, Berlín…) hay barrios o centros ocupas en los que el hachís se vende descaradamente, al igual que sucede en el famoso barrio de Cristiania, en Copenhague (Dinamarca).

Argentina

No sólo está prohibidísimo fumar, sino que tampoco se puede hablar del cannabis de modo imparcial, porque podemos tener problemas. El consumo y las posesión, siguiendo el modelo estadounidense, llevan penas de arresto.

Bélgica

El Reino de Bélgica despenalizó el consumo y la posesión de pequeñas cantidades de cannabis en el año 2001. Tampoco existen sanciones administrativas, como en España. El consumo en la calle y espacios públicos sí que está multado.

Brasil

Al igual que en todo el Cono Sur, la ley sanciona con penas de arresto la posesión de pequeñas cantidades, así como el consumo en lugares públicos. Como ocurre en Argentina, su policía es corrupta (la coca mueve millones en esos países), tiende a emplearse con violencia y tiene muy mala leche con los mariguanos (fumetas en brasileño).

Chile

Cárcel por consumo y posesión. Dentro de las legislaciones restrictivas del Cono Sur, Chile se lleva la palma, algo que tampoco extraña, dado que es el país más religioso y tradicionalista de toda esa región (para que os hagáis una idea, el divorcio no está contemplado por las leyes).

China

Al igual que en todo el Extremo Oriente, en China los castigos por tenencia de drogas para uso personal son durísimos. Según un reciente informe, el 90% de las condenas se dan por cantidades no superiores a los 10 gramos de la sustancia prohibida. La posesión de más de 50 gramos puede llevar a la condena a muerte en un país que ejecuta a más de 3000 presos al año.

Estados Unidos

El país occidental más duro con los fumetas el también el país con mayor número de consumidores y el primer productor mundial de marihuana para abastecer su gigantesca demanda interna. Como te pillen con un miserable porro te vas a la cárcel unos días.

Si te cogen con más, mucho cuidado. Las penas por tener cantidades más o menos importantes (50-100 gramos) pueden subir a algunos años de cárcel sin posibilidad de reducción de condena. Esta feroz política contra los consumidores de cannabis, además de desproporcionada no cuenta con ninguna oposición en la sociedad (salvo de las asociaciones de consumidores, claro).

Las drogas son un tema tabú si no se va a hablar para condenar su uso y demonizar a los consumidores. Los principales medios de comunicación respaldan sin críticas estas políticas y el debate brilla por su ausencia (por ejemplo, las cadenas de televisión insertan tramas antidroga en las series en virtud de acuerdos firmados con el gobierno).

Egipto

En el Valle del Nilo el cannabis está socialmente aceptado desde hace milenios. Es relativamente fácil de encontrar en los cafés de las grandes ciudades (especialmente en El Cairo y Alejandría) y en zonas rurales, principalmente del Delta del Nilo. Es un hachís distinto al marroquí, para fumar en cachimba mezclado con tabaco, pero que también tiene su gracia. Si la policía te coge con algo y no es una cantidad muy cantosa, la cosa se arreglará con una propina (o siendo turista, igual ni eso). Eso sí, como te pillen con una buena cantidad encima, conocerás las cárceles egipcias. De todas formas, como en la mayoría de países en vías de desarrollo (Turquía, Marruecos, México…) es muy difícil que la policía registre así como así las maletas de turistas occidentales (al menos en las zonas más turísticas).

Francia

Teóricamente la posesión de pequeñas cantidades y el consumo se pena con meses de prisión y se producen unos 800 arrestos de consumidores al año. Sin embargo, cada vez más frecuentemente, los jueces y los fiscales se niegan a seguir adelante con procesos abiertos en consumidores. Cuidado porque, en virtud de la Ley 630, que prohibe la apología de las drogas (además de difundir información), llevar una simple camiseta con una hoja de marihuana puede suponernos algún que otro contratiempo con la justicia.

Según testimonios recientes, la actitud de la policía ha cambiado y los propios agentes hacen la vista gorda ante la posesión de cantidades pequeñas, haciendo más seguros los viajes de los fumetas. Pero ojo, esto no se aplica en los trenes que vienen de Ámsterdam ni en las autopistas que conectan Francia con Bélgica y los Países Bajos, rutas en las que habrá que tener especial precaución.

Finlandia

La posesión y el consumo se condenan penalmente, aunque se puede evitar ir a la cárcel acudiendo a terapia de desintoxicación.

Gran Bretaña

En julio de 2002 se ha aprobado la descatalogación del cannabis como droga tipo B a tipo C (más inofensiva). A partir de mediados de 2003 no se penalizará a los consumidores, ni administrativa ni penalmente (hasta ahora eran detenidos y enjuiciados). En el caso de que se esté consumiendo en algún lugar “sensible” (cerca de colegios, etc.), la policía podría confiscar la china sin mayores consecuencias. Aunque los políticos tienen un año para preparar la ley, de momento no se plantean permitir cofee-shops, aunque los grupos por-legalización presionan por ese lado. Como curiosidad, añadir que por 15 euros, no conseguirás comprar más de un par de gramos, cosas de los países ricos.

Grecia

La situación no está clara y la represión de las autoridades contra los consumidores ha sido muy dura en el pasado. Ahora mismo, con la ley en la mano, te podrían llevar ante el juez por un porro o llevar una piedra encima. Sin embargo, esto no es, ni mucho menos, la práctica habitual. Salvo que sean cantidades escandalosas, la policía tiende a ser comprensiva, aunque la precaución nunca está de más.

Holanda

Desde hace 25 años en los Países Bajos se permite el consumo y la compra de pequeñas cantidades en los famosos coffee-shops. Gracias al sistema de coffee-shops, las autoridades holandesas han logrado separar totalmente los mercados de las drogas duras y las blandas. Las cifras hablan por sí mismas: en el país de los tulipanes hay un tercio menos de heroinómanos que en España y la mitad de consumidores de cannabis (en ratio por 1.000 habitantes).

También es el país europeo con menor tasa de contagio de VIH y otras enfermedades venéreas entre heroinómanos. Sin embargo la legislación holandesa tiene aún un par de puntos negros, uno es que el cultivo no está legalizado y el otro son las fuertes multas que se pueden imponer a quien consuma cannabis en la vía pública. Otro efecto positivo de la legislación holandesa son los millones de turistas que se acercan a conocer los coffee-shops cada año.

India

En las regiones en las que el cannabis (en el norte del país, hacia el Himalaya) está socialmente normalizado, ningún problema. Si te pilla un madero en estas zonas, la cosa se arregla con una propina en dólares. Sin embargo, allí donde el cannabis no está aceptado, te pueden enmarronar, y la pena por fumarte un simple porro o llevar una china puede costar de 5 a 10 años de cárcel.

Italia

Tras décadas de dura represión el consumo, así como la tenencia de pequeñas cantidades, se sancionan administrativamente, según un modelo bastante reciente que se ha inspirado en el español.

Jamaica

En la isla de Bob Marley el cannabis está socialmente aceptado desde hace siglos, lo que equivale a una legalización de facto (aunque las autoridades del país tienen que hacer la parodia de que luchan contra los cultivos para que el emperador de Washington no les ponga en la lista negra de los que no colaboran). Lo más difícil es que, siendo un turista europeo, se pueda conseguir a precios competitivos maría de primera calidad. Los isleños se reservan lo mejor de la cosecha para sus propios pulmones.

Kenia

Aparte de sus famosos safaris y parques naturales, el aeropuerto de su capital, Nairobi, es una escala frecuente en los vuelos que unen Europa con la India y el sudeste asiático. Fumarse un porrito en la parada para hacer más llevadera la espera es muy mala idea. Penas de 10 años de cárcel por consumo y tenencia.

Luxemburgo

Al igual que Bélgica, esta pequeña nación ha despenalizado el consumo y la posesión de pequeñas cantidades para uso personal. Hasta donde sabemos, no se ponen multas, si bien es mucho mejor no fumar en la calle.

Mali

Hace milenios que la yerba es conocida y querida por los habitantes de este país. En general las autoridades hacen la vista gorda y si hay algún problema se puede resolver mediante un soborno.

Marruecos

Técnicamente la posesión de pequeñas cantidades no está castigada. Sin embargo, si un policía te encuentra algo, es más que probable que tengas que soltarle una buena propina. Tranquilo, es la norma del país. Si te cogen con cantidades importantes cuidado. El tráfico a pequeña escala se castiga con penas de entre dos y diez años de cárcel. A gran escala, de 10 a 20 años. Como curiosidad, añadiremos que el hachís es tan abundante en el Rif como escaso y valorado en el sur del país. De todos modos, cuidado cuando os mováis en coche.

México

Una bolsita de marihuana de unos 5 gramos puede valer alrededor de 2,50€. Técnicamente, la ley no pena a quien se le coja con alguna droga ilegal para uso propio, siempre y cuando sea la primera vez. Pero si te coge la policía el tema se solucionará con la habitual mordida (como llaman los mexicanos al soborno o propina), en cualquier caso es mejor que enfangarse en un kafkiano proceso donde todos van a querer sacarte algo (es exactamente el mismo caso que el de Marruecos).

Noruega

Como el resto de los países nórdicos, Noruega no es especialmente tolerante con los consumidores de cannabis. Penas de arresto que se pueden evitar acudiendo a un centro de desintoxicación.

Pakistán

A pesar de que esté prohibido, la tenencia de pequeñas cantidades no acarrea mayores problemas (si no se va por ahí fumando en cualquier sitio). Al igual que en la vecina India, en las regiones en las que se cultiva el cannabis no hay mayor problemas para el visitante que el de elegir el material de mejor calidad y regatear con el vendedor. La heroína causa estragos en algunas partes del país, como es el caso de su principal puerto, Karachi, por lo que las autoridades tienen que preocuparse de problemas más importantes que el del cannabis.

Portugal

Nuestro vecino inició una reforma de sus leyes sobre el cannabis basada en el modelo español que ha despenalizado, además del cannabis, la posesión de pequeñas cantidades de sustancias como el éxtasis o la cocaína. En el caso concreto de los canutos, la piedra que se permite llevar encima debe ser de 10 gramos como máximo, aunque la gardinha (equivalente luso de nuestra pintoresca Guardia Civil) tampoco se mosqueará mucho si hay algo más (ellos son los primeros que dan por hecho que lo de los 10 gramos no se cumple al pie de la letra).

Sed cuidadosos a la hora de fumar en espacios públicos en pueblos de las zonas del interior, donde no son tan permisivos como en zonas de costa como el Algarbe, o en ciudades como Oporto o Lisboa, donde no es raro ver a alguien fumando. Los inmigrantes procedentes de África (angoleños y mozambiqueños, principalmente) manejan buen hachís a precios competitivos en algunas zonas de las grandes ciudades como en el Bairro Alto lisboeta.

Rusia (y repúblicas ex soviéticas)

En ciudades como Moscú o San Petersburgo no es difícil encontrar cannabis (una de las palabras que usan los rusos para nombrarlo se pronuncia plan). Al país llega hachís de Afganistán y sobre todo, marihuana autóctona, que crece silvestre en muchas regiones de las estepas deshabitadas de Siberia y que se cultiva en la Rusia europea desde el Neolítico. Eso sí, mejor que no te pille la policía: además de ir a una celda, corres el riesgo de sufrir los malos tratos que han hecho tristemente célebres a las fuerzas de seguridad rusas. A pesar de todo, esta planta no es una de las prioridades de los responsables de la lucha antidroga, dado que el éxtasis y las drogas de síntesis arrasan entre los jóvenes y que la heroína ha alcanzado a mucha gente en las antiguas ciudades industriales soviéticas, con el consiguiente problema de la extensión del VIH.

El tema de las drogas es casi tabú en la sociedad rusa y en sus medios de comunicación. En el Asia Central (Tadjikistán, Uzbekistán, Kazajstán, etc.) y en países como Ucrania o Georgia la situación es parecida, aunque el paquete que te puede caer es mayor. También las policías de estos países son fácilmente corrompibles si hay algún problema (no como la policía rusa, que es de lo poco que siguió funcionando bien tras el fin de la URSS en 1991).

Senegal

En Senegal hay también marihuana (igual que en casi todos países del África Subsahariana). Su consumo está socialmente aceptado y relativamente tolerado por las autoridades. Para cualquier problema, las propinas a la policía ayudan como en otros muchos países.

Suecia

Tiene el dudoso honor de ser el país de la UE con la legislación más dura en materia de drogas. Allí se puede dar la situación de que la policía obligue a un ciudadano a que se haga un análisis de sangre en una comisaría para comprobar si ha consumido o no cannabis. Para que os hagáis una idea, ni siquiera el alcohol es bien tolerado: incluso los borrachos son detenidos en las calles por la policía y obligados a pasar la borrachera en comisaría.

Suiza

Mientras en el Parlamento se debate una ley federal que autorice la posesión de pequeñas cantidades de cannabis para su consumo, en unos estados de manera oficial, y en el resto de hecho, unos 200 locales dispensan marihuana, técnicamente sólo a ciudadanos suizos, aunque no son muy exigentes con la documentación (basta un abono de tren para que certifiquen que eres residente).

Allí, el cultivo y consumo de cannabis está normalizado socialmente desde hace siglos, pero ahora se salvaguardarán por escrito los derechos de los cultivadores. Legalizar la tenencia es un primer paso, tal y como ha reconocido el gobierno suizo, y posteriormente la legislación se completará con normas relativas al consumo y a la compra-venta de cannabis.

Desde que se ha promovido la normalización, el turismo a aumentado en los verdes valles suizos y en las estaciones de esquí, antes reservadas a las élites europeas, en las que cada vez se dejan ver más aficionados al snowboard procedentes de todas las partes del mundo.

Turquía

Es relativamente fácil encontrar cannabis en los cafés de las grandes ciudades (Estambul, Ankara) y en ciudades costeras como Izmir o Antalya (que son centros vacacionales para los propios turcos). Más que producción nacional, es hachís procedente de Líbano o Afganistán. Si te coge la policía, ya sabes, soborno al canto (y mejor que no te cojan con una cantidad importante). Se suele fumar en pipas de agua con buen tabaco turco.

Fuente Amec

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Por Erich Moncada

prohibicion No es un argumento válido oponerse a la legalización sólo porque una persona cercana murió por la culpa de otra que cometió la irresponsabilidad de manejar intoxicada con cocaína y alcohol. En consecuencia, también deberíamos prohibir por completo el alcohol y eso ni es realista ni es posible y sólo provocaríamos que los cárteles se metieran de lleno al negocio de la venta del alcohol.

Lo que se busca con la legalización es educar a las personas para que no pongan en peligro su salud y la integridad de terceros cuando están bajo el efecto de estas sustancias. En la prohibición es impensable este tipo de programas educativos en el aula de clases. Debemos enseñarles a los niños y a los adultos a ser responsables en su consumo, no sólo a promover un infantil “sólo dí no”. Es como la hija de Sarah Palin que se embarazó siendo menor de edad y está promoviendo una campaña de abstinencia sexual, como la única forma segura de no embarazarse. La abstinencia sí es efectiva, pero no es lógico esperar que los adolescentes llegarán vírgenes al altar, resistiéndose a las calenturas de su edad, sólo porque los asustamos con advertencias exageradas. Por eso es preferible enseñarles a protegerse responsablemente con métodos anticonceptivos. En lugar de prohibirles, lo mejor es informarlos.metodos-anticonceptivos

Despenalizar sí ayudará a reducir la violencia porque las drogas, al ser ilícitas, provocan que los cárteles no tengan formas pacíficas para resolver sus conflictos, como sucede entre las disputas entre compañías rivales que acuden a los tribunales. El caso de Enron  es atípico. Como publiqué en SDP la semana pasada, un estudio canadiense reveló que entre más intensas son las medidas policíacas se estimulaba una mayor violencia relacionada con las drogas. Otro estudio sugiere que la despenalización “disminuiría la violencia asociada con los intentos de controlar los mercados ilícitos y la resolución de disputas entre vendedores y compradores”.

Claro que sí se le puede dar a las drogas el mismo trato que al alcohol, en el sentido de regularlas, aplicarles impuestos y controlar su calidad. Y debería restringirse el acceso a estas sustancias en base a su peligrosidad. En el caso de la mariguana, la restricción debería ser similar o menor a la del alcohol o el tabaco, ya que es muchísimo menos riesgosa que estas. Resulta increíble que se rechace la legalización bajo la idea de que “nadie tiene por qué garantizarle a nadie crack seguro o cocaína 100% natural ” ¡Claro que hay que garantizar que las sustancias sean seguras! ¿O qué? ¿Es preferible que los usuarios se mueran por sobredosis en lugar de preservar su salud?

Las actividades de alto riesgo como el paracaidismo son adictivas al igual que la comida, el sexo y el juego. La prohibición no sólo es autoritaria, sino que crea un mercado negro para estas actividades. Lo más adecuado es tratar a las personas como adultos y no como niños. Si alguien quiere poner su vida en riesgo saltando de un avión o consumiendo una droga, adelante, pero que lo hagan protegidos e informados para tomar la mejor decisión y asumir las consecuencias.

Legalizar las drogas no aumenta el consumo. La reciente experiencia de la República Checa con la descriminalización de las drogas nos demuestra que la prohibición, en los años previos a esta liberalización, disparó los niveles de consumo, pero de acuerdo con la opinión de especialistas “el número de casos no está aumentando y los jóvenes experimentan con drogas ilegales pero mucho menos peligrosas… la mayoría de los usuarios de drogas no son adictos… estos usuarios no suelen contactar a los servicios de salud ya que las drogas no les ocasionan problemas”.

En Holanda, los índices de consumo de la mariguana en adolescentes, son mucho menores comparados con los Estados Unidos, país prohibicionista. La Organización Mundial de la Salud, considera que “Holanda, con un enfoque mucho menos punitivo respecto al uso de cannabis que los Estados Unidos, experimentó niveles menores de uso, particularmente entre adultos jóvenes”.

Portugal es el ejemplo más dramático de que la despenalización no incrementa el uso de drogas. Un estudio del Cato Institute, en abril pasado, reveló que en comparación con los Estados Unidos y la Unión Europea, Portugal reportó el índice más bajo de consumo de mariguana en individuos mayores de 15 años, equivalente al 10%, mientras que en Estados Unidos la cifra es de 39.8%. Entre 2001 y 2006, el uso de drogas al menos una vez en la vida para estudiantes de secundaria del séptimo al noveno grado cayó del 14.1% al 10.6%. El consumo de heroína entre adolescentes entre los 16 y 18 años cayó del 2.5% al 1.8%, mientras que las muertes por sobredosis disminuyeron a la mitad. Y las infecciones por VIH-SIDA disminuyeron un 17% entre 1999 y 2003.

Rechazar la legalización drogas, como dice acertadamente Federico, es apoyar las estrategias fracasadas del gobierno. Uno de los propósitos de la regulación sería destinar los enormes gastos destinados al combate del narco para atender otros fenómenos como los crímenes violentos y fortalecer los programas de tratamiento y rehabilitación para los usuarios con problemas adictivos.

Se equivocan quienes dicen que bajo un esquema regulado las drogas podrían provocar el mismo número de muertes que ocasionan las drogas legales como el alcohol. Y la muestra es que esto no ha sucedido actualmente, cuando las drogas están disponibles prácticamente a la vuelta de la esquina para cualquier persona. No olvidemos que la mayoría de los decesos por alcohol están relacionados con los accidentes automovilísticos y con el consumo excesivo. La gran diferencia es que el alcoholismo es un problema de salud pública -controlable- y no de seguridad nacional -incontrolable-, como actualmente sucede con las drogas ilegales.

dia-de-los-muertos-2Resulta que, al menos en Estados Unidos, hay muchos más casos de muertes por sobredosis ocasionadas por drogas controladas que por drogas ilegales. Qué ironía, ¿verdad? Y el 80% de los decesos relacionados con drogas ilegales se debe a la ausencia de dosis estandarizadas sin control de calidad. Oponerse a la legalización es estar a favor de los traficantes que ponen en riesgo la salud de los consumidores para maximizar sus ganancias.

Y no olvidemos el hecho de que la droga de mayor consumo en México, la mariguana, no registra estadísticas de muertes o enfermedades graves, ni sobre accidentes automovilísticos o laborales relacionadas con su consumo, comparada con los daños producidos por el abuso de alcohol y el tabaco. Los mayores riesgos que enfrentan actualmente los usuarios de drogas no son a su salud, sino a su involucramiento dentro de un mercado clandestino donde tienen más posibilidad de morir ejecutados por el crimen organizado o de ser extorsionados o encarcelados por la policía.

Finalmente eso de combatir cambiar el modelo económico para solucionar el problema del narco tiene todo el sentido del mundo, pero resultará inútil sin políticas públicas que difieran de las actuales. La República Checa tiene uno de los niveles de consumo de drogas más altos de la Unión Europea, pero tiene el índice de pobreza más bajo. ¿Entonces?

Fuente SDPnoticias

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cannabis

New Jersey. El uso del marihuana bajo receta médica para fines terapéuticos supondrá un alivio para enfermos hispanos de Nueva Jersey que esperan la entrada en vigor esta semana de la nueva ley.

El gobernador del estado, Jon Corzine, puede firmar la Ley para el Uso Compasivo de Marihuana Medicinal aprobada en el Congreso estatal a partir de mañana, con lo que Nueva Jersey será el décimo cuarto estado del país que permite el uso terapéutico de la marihuana.

El uso del ‘cannabis medicinal’ es también legal en Argentina, México, Canadá, Alemania, Austria, España, Israel, Finlandia y Portugal.

La nueva ley determina que podrán beneficiarse los residentes de Nueva Jersey elegibles para solicitar una Tarjeta de Identificación especial del Departamento de Salud, que les permitirá obtener hasta dos onzas de marihuana por mes.

“La ley tiene muchas restricciones y esperábamos que beneficiase a cerca de 50.000 pacientes, pero en la práctica sólo se verán afectados seis mil enfermos, aunque seguiremos cabildeando para mejorarla”, dijo a Efe Ken Wolski, director ejecutivo de la Coalition for Medical Marijuana of New Jersey. .

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richard newtonEl presidente de México, Felipe Calderón podría terminar con el problema de la violencia generada por el combate armado en contra del narcotráfico, con sólo pedirle a su similar Barack Obama de EU, legalizar las drogas, afirmó el agente federal retirado Richard Newton.

“Si Calderón quiere acabar con lo que está pasando, tendría que hablarle a Obama y pedirle que legalice las drogas”, mencionó ayer después de impartir una conferencia en la Universidad de Texas en El Paso sobre la necesidad de retirar la política de prohibición de los estupefacientes.

Newton, quien se retirara de CBP (Aduanas y Protección Fronteriza) durante el 2008, luego de 22 años de servicio en la agencia federal de Estados Unidos, aseguró que la prohibición de las drogas ha incrementado el número de adictos en este país.

Dijo que posiblemente, un 10 por ciento de los agentes de Aduanas y Protección Fronteriza en El Paso tienen una visión similar a la de él con respecto al tema de la prohibición de los estupefacientes, pero que todo es a título personal.

El agente retirado, quien pertenece al organismo internacional LEAP (Law Enforcement Against Prohibition) o Fuerzas del Orden Contra la Prohibición, calificó de “estúpida” la aplicación de una política represiva en el tema de las drogas, cuando ya se fracasó con el de la venta de alcohol.

Con presencia en siete países, LEAP cuenta con cerca de 17 mil miembros, incluyendo agentes en activo y retirados, así como jueces, abogados y otros profesionales relacionados.

Newton mencionó que de legalizarse todas las drogas consideradas por el Gobierno como ilegales, se acabarían las ganancias billonarias de la empresa del narcotráfico internacional, y el Gobierno podría producir y regular su propio mercado. Aunado, dijo, habría un mayor control sobre el producto y el consumo y por añadidura se evitarían muchos casos de sobredosis.
Al legalizar las drogas en este país, explicó, todo el ingreso producto de las ventas podría ser destinado a programas sociales relacionados a educación sobre el consumo de cada una de los enervantes.

“Tendríamos 1.9 millones de arrestados menos y un ahorro de 70 billones de dólares usados en el combate”, dijo durante la conferencia.

En países como Holanda o Portugal, donde existe una política libre al consumo de las drogas, mencionó, no sólo es menor el porcentaje de usuarios de heroína y mariguana que en Estados Unidos, sino que también los homicidios son menores.

“Son 39 millones las personas arrestadas, un trillón de dólares invertidos y tenemos más gente consumiendo drogas hoy que en 1970”, afirmó el agente de CBP retirado.

Dijo que el gobierno no legaliza las drogas, a pesar de los datos científicos y las propias estadísticas oficiales, así como sucedió durante la época de la esclavitud, que fue vista con naturalidad por algunas generaciones.

“Yo aprendí hoy que no sólo es necesario despenalizar las drogas en este país, sino que se debe retirar la prohibición para que sea el gobierno el que controle ese mercado”, dijo Nubia Legarda, del grupo de Estudiantes por una Política Pública Sensible sobre las Drogas en el plante educativo.

La estudiante de UTEP agregó que esta vía es la única que podría desmantelar las redes del narcotráfico y proponer un mayor control sobre el consumo y las adicciones.

Miguel Sarabia de 36 años, estudiante de la carrera de Ciencias Políticas, dijo que fuma marihuana desde hace 16 años y que nunca le ha causado problemas de tipo social.

“Juego tres veces por semana fútbol y fumar me ha ayudado a controlar el asma”, mencionó. “Mi esposa y mi familia saben”.

Sarabia, quien dijo manejar un negocio propio, explicó que si el gobierno legalizara la marihuana sería más sencillo extender el programa federal con el resto de las drogas.

El Departamento de Justicia de EU ha sostenido que la marihuana es una droga de transición con la que muchas personas se inician en el mundo de otros estupefacientes  de mayor intensidad.

De acuerdo a los datos históricos, existen varias teorías en relación a la ilegalidad del cannabis. Una de ellas es la posibilidad de que, por intereses de tipo racista, el gobierno estadounidense inició una campaña de criminalización hacia los consumidores de marihuana, en su mayoría afroamericanos e hispanos. Otra de ellas es la presumible presión de la industria farmacéutica por los beneficios de la planta en materia de salud.

Fuente DiariodeElPaso

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Estados Unidos legaliza el uso terapéutico de cannabis; no puede imponer internamente la política prohibicionista que exporta al mundo

Bolpress

El Departamento de Justicia de Estados Unidos autorizó el uso medicinal de marihuana y anunció que flexibilizará las sanciones contra consumidores y proveedores, siguiendo los pasos de México y Argentina que despenalizaron el uso personal cannabis, sustancia ilegal consumida por alrededor de 170 millones de personas en todo el mundo, según el último Informe Mundial sobre las Drogas.

El cannabis fue clasificado como una sustancia peligrosa por la Convención Internacional del Opio en Ginebra en 1925 y fue incluido en la lista de drogas ilícitas de la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961. Las políticas de criminalización del consumo de marihuana se endurecieron en la década de los 60, en un contexto de agitación cultural de movimientos de jóvenes en Europa.

En la década de 1970, varias investigaciones públicas concluyeron que muchos de los daños vinculados al cannabis eran exagerados y que la penalización era contraproducente. Por ello recomendaron la reducción o eliminación de las sanciones penales por consumo.

En 1971, la Comisión Hulsman aconsejó a la administración de los Países Bajos descriminalizar el uso y la tenencia de pequeñas cantidades de cannabis. La revisión de la Ley del Opio de 1976 introdujo la descriminalización, el consumo dejó de ser un delito y la tenencia de hasta 30 gramos se convirtió en un delito menor.

Sin embargo, en la década del 70 se intensificaron las políticas punitivas de “tolerancia cero” en el mundo hasta que el “cultivo de adormidera, el arbusto de coca o la planta de cannabis con objeto de producir estupefacientes” fue penalizado por la Convención contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Psicotrópicas de 1988.

La Convención de 1988 obligó a los países signatarios a “adoptar las medidas que sean necesarias para tipificar como delitos penales en su derecho interno” toda la actividad relativa a la producción, venta, transporte, distribución de sustancias enumeradas en las listas de las convenciones de 1961 y 1971.

La consecuencia de la represión fue el aumento de la población carcelaria en el mundo. La crisis penal y la mínima repercusión positiva de la guerra contra la marihuana propiciaron luego varias reformas de despenalización y descriminalización, que implican una distensión de la sanción penal por el consumo personal y por el tráfico en pequeña escala.

Descriminalización en marcha

La tenencia de marihuana en pequeñas cantidades para consumo personal se ha descriminalizado en algunos países y en otros las penas se redujeron considerablemente.

El informe Cannabis Policy: Moving Beyond Stalemate de 2008, de la Global Cannabis Commission de la Beckley Foundation, identifica tres tipos de regímenes alternativos. El primero -prohibición con advertencia o programa de rehabilitación (despenalización)- se aplica con variantes en Francia, Australia, Canadá, Gran Bretaña, Brasil y algunas ciudades y estados de Estados Unidos.

El segundo -prohibición con penas civiles (descriminalización)- está vigente en Bélgica, Italia, la República Checa, Portugal, Dinamarca y Australia. El tercero -prohibición parcial (incluida la legalización de facto)- se evidencia en los Países Bajos, Alemania, Austria, España, varios estados de Estados Unidos, Colombia, Suiza y la India.

El uso de marihuana bajo control médico se considera una cuarta categoría especial presente sobre todo en América del Norte y algunos países de Europa.

El cannabis fue prohibido porque supuestamente no tenía ningún uso médico, aunque investigaciones recientes indican que su uso tiene beneficios en ciertos casos, como la reducción de náuseas causadas por la quimioterapia, la inducción del apetito en pacientes con sida y la reducción de la presión intraocular originada por el glaucoma.

En 2006, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) admitió que “reconocidos profesionales abogan por el uso médico de los componentes activos o de la planta misma”.

Según el informe de la Global Cannabis Commission, “no hubo un aumento importante de consumo de cannabis” en países donde se mantiene la ilegalidad, y concluyó que la ilegalidad del cannabis tendrá un “impacto relativamente modesto sobre los índices de consumo”.

En la actualidad, Holanda admite el cultivo de hasta cinco plantas por persona para consumo personal y permite el expendio de cannabis en cafés autorizados, pero la tenencia de la hierba está tipificada como delito. A pesar de la venta libre, sus niveles de consumo son similares a los de Alemania y Bélgica, y mucho más bajos que en Reino Unido, Francia y España.

El consumo en América

En 1994, la Corte Constitucional de Colombia despenalizó el porte y consumo de una dosis mínima de marihuana. Luego Brasil flexibilizó las penas por la tenencia de la hierba, siempre que el acusado reconozca su dependencia química y se someta a un tratamiento de desintoxicación.

Este año, Corte Suprema de Justicia de Argentina despenalizó la tenencia de marihuana para consumo personal, aunque aclaró que la medida no significa la legalización del “consumo indiscriminado”. Por otro lado, el Congreso de México aprobó una ley que permite portar cinco gramos de marihuana para consumo personal.

En Estados Unidos se da una curiosa dicotomía. El nivel federal es prohibicionista, pero 13 estados descriminalizaron el consumo o la tenencia de cannabis, mientras que 14 estados han reconocido el uso médico de la sustancia. En total, 20 estados aplican políticas diferentes de las federales.

El gobierno de George W. Bush rechazó el uso medicinal de marihuana en los 14 estados que legalizaban esta práctica: Alaska, California, Colorado, Hawai, Maine, Maryland, Michigan, Montana, Nevada, Nuevo México, Oregón, Rodhe Island, Vermont y Washington.

Sin embargo, las estrategias de control cambian permanentemente hacia esquemas más laxos y hoy más de 200 mil californianos cuentan con recetas médicas que les permiten adquirir cannabis legalmente. El secretario de Justicia de Estados Unidos Eric Holder confirmó que se podrá consumir cannabis con fines terapéuticos y en estricto cumplimiento de las leyes, pero recalcó que se combatirá a quienes se esconden detrás de este tipo de disposiciones para tapar actividades ilegales.

Esto demuestra que Estados Unidos no logra imponer internamente la política prohibicionista que exporta al resto del mundo.

Fuentes: La reforma de las políticas de drogas: Experiencias alternativas en Europa y Estados Unidos, Tom Blickman y Martin Jelsma, TNI. / Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia. / www.unodc.org y Prensa Latina.

Fuente Bolivia Action Solidarity Network

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http://ablogination.tn420.org/blog/index.php/hwr/2008/12/12/it_stime_barack_ethan_nadelmann_for_drug

Entrevista con Ethan Nadelmann, punto de referencia obligado en el tema de las drogas en el mundo.

Durante los últimos 20 años, Ethan Nadelmann ha liderado un movimiento que busca replantear las políticas antidrogas en el mundo.  Sus tesis están tan bien fundamentadas que fue invitado por los miembros de la Comisión Latinoamericana sobre Droga – liderada por los ex presidentes César Gaviria, Fernando Enrique Cardosa y Ernesto Zedillo – a participar en la elaboración del informe que se opone a la penalización del consumidor.  Este fin de semana estuvo en Bogotá un el festival Malpensante y habló con El Espectador.

¿Usted está de acuerdo con la legalización de la droga?

No.  No creo que todas las drogas deban ser legales y estar disponibles y no abogo por tratar todas las drogas como el alcohol y el tabaco.  Sin embargo, sí abogo por dos cosas: la primera es terminar con la prohibición de la marihuana, y moverse en la dirección de tratarla más como alcohol.  La segunda, es terminar con la prohibición del uso y posesión personal de drogas, siempre y cuando no estés dañando a otra persona.  Las personas no deben ser castigadas por lo que consumen. Tenemos que movernos hacía reducir el rol de la criminalización y el sistema de justicia criminal, tanto como sea posible.  Quizás eso significa permitir que adictos consigan sus drogas de fuentes legales en vez de del mercado negro, quizás significa hacer disponibles formas menos potentes de estas drogas; pero necesitamos dar prioridad a reducir el rol del sistema de la justicia criminal y aumentar el rol de la salud pública.

¿La prohibición puede causar más daño que la misma droga?

http://www.npr.org/templates/story/story.php?storyId=9434794

Sí.  Hace 30 años, el presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, dijo que el daño causado por las leyes antidrogas no debía exceder el daño causado por las drogas en sí mismas.  Eso fue un momento breve de lucidez que se acabó rápidamente. Pero tenemos que ser claros , cualquier droga puede ser peligrosa.  Entonces, la idea de las leyes del control es reducir el peligro.  Desafortunadamente, el enfoque prohibicionista que ha evolucionado a través del siglo resulta causando mucho más daño.  Y no sólo es la guerra y la violencia, sino también el efecto ecológico, de las campañas de fumigación, por ejemplo.  Eso no se trata de las drogas; se trata de una política de prohibición que, inútilmente, está tratando de hacerse valer. La prohibición está causando mucho daño, mientras sus beneficios son pocos.  Se ha reducido el uso en unas comunidades suburbanas, pero en comunidades más pobres, todavía se usa mucho la droga, y la prohibición se ha fallado totalmente en su objetivo de reducir la disponibilidad de las drogas.  Las consecuencias de la prohibición caen encima de la gente pobre y sin poder.

¿Qué opina usted de las palabras del reporte anual de la ONU sobre la droga, que argumenta que la legalización no es la solución?

La comisión de la ONU sobre la droga ha sido una institución muy retrógrada, pero debo reconocer que una parte de este reporte es muy alentador, porque mientras rechazaron la legalización, más o menos abogaron por la descriminalización.  Hablaron favorablemente de la experiencia reciente de Portugal, que descriminalizó la posesión de todas las drogas.  Reconocieron que políticas de reducción de daño son necesarias.  Entonces, en muchos sentidos, este reporte es un paso adelante.

El informe, sin embargo, insiste en la prohibición….

Sí pero con argumentos tan débiles.  Es absurdo descartar la legalización de la marihuana.  Argumentan a favor de la regulación, al igual qe yo, pero lo que no entiende el zar de la ONU es que la prohibición no es la forma suprema de la regulación: la prohibición es la abdicación de la regulación.  Cualquier cosa que no controla el gobierno está fuera de control, y en manos de criminales que se compiten.  Es por eso que tenemos un mercado negro mundial por la droga, es por eso que tenemos a las Farc y a los paramilitares. Legalización no significa gresca.  Significa cobrar impuestos y regular estas sustancias para lograr dos objetivos: reducir el daño del abuso de la droga, y para reducir el daño de la droga y las actuales políticas antidrogas.

¿Por qué aún no se ha roto el tabú de hacer público el debate sobre las políticas antidroga?

Es un tabú muy poderoso.  Incluso políticos que están de acuerdo con nosotros están preocupados por ser llamados blandos sobre las drogas y el crimen si hablan públicamente del tema.  Pero tengo que decir que las cosas están cambiando.  Una de las cosas maravillosas de el reciente reporte de la Comisión Latinoamericana sobre la Droga es que no sólo culparon a la prohibición como una parte del problema, no sólo dijeron que hay que descriminalizar la marihuana, no sólo hablaron favorablemente de las políticas de la reducción del daño en Europa, sino también enfatizaron la necesidad de romper este tabú.

Fuente Elespectador.com

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Aparte de la pregunta ética, el fondo del debate sobre la descriminalización de las drogas, tan de moda por estos días, es determinar si la cura es peor que la enfermedad.

Es decir, si al eliminar las penas por la posesión de esas sustancias, se dispara su consumo y la sociedad termina pagando un alto precio en salud pública, productividad y otras variables que no compensan los beneficios de la política.

Las respuestas, por supuesto, suelen ser abstractas, pues no existen muchos países que lo hayan intentado.

Hace un par de años el Instituto Cato, uno de los más prestigiosos en Estados Unidos, comisionó al investigador Glenn Greenwald para que realizara un profundo estudio sobre el programa de descriminalización de las drogas en Portugal, el primer país de la Unión Europea que abolió oficialmente en el 2001 todas las penas criminales por posesión personal de marihuana, cocaína, metanfetaminas, e inclusive heroína.

Y los resultados, que fueron dados a conocer hace poco en la capital de E.U., son impresionantes.

“Las estadísticas muestran, miradas desde casi todas las variables, que el marco de descriminalización portugués ha sido un éxito rotundo. Contiene lecciones que deberían volverse guía para el debate mundial sobre la política antidrogas”, dice el reporte en su introducción.

En el texto, que está basado en información recolectada por el Estado portugués, la ONU y el trabajo individual de Cato, se muestra, por ejemplo, cómo desde el 2001 -año en el que se inicia el programa- hasta el 2006, se registró un descenso promedio en el consumo de drogas en estudiantes entre los grados 7 y 12. Y en todas las variables: marihuana, cocaína, metanfetaminas, LSD, hongos.

Comparado con el resto de Europa, Portugal presenta también resultados asombrosos. En el caso de la marihuana, la droga más usada en el Viejo Continente, el país obtuvo entre 2001 y 2005 la tasa de consumo más baja entre los 14 países (el 10 por ciento dijo haber aprobado alguna vez en la vida la droga). Y de lejos pues, salvo Finlandia, todos los otros tienen tasas superiores, entre 15 y más del 30 por ciento.

En Estados Unidos, para ponerlo en contexto, los jóvenes de 12 años -donde el consumo de marihuana es el más bajo-, es del 39 por ciento.

En otras drogas, como la cocaína, a Portugal le va igual de bien si se mide con sus vecinos. Solo cinco países obtuvieron tasas de consumo inferior durante ese mismo período. En E.U., esa tasa es del 10 por ciento, la misma que tiene Portugal pero para la marihuana, una droga considerada mucho más ‘benigna’.

Lo más impresionante del ejemplo de Portugal es que cuando tomó la decisión de descriminalizar, el consumo de drogas del país era el más alto de Europa y se había convertido en todo un problema de salud pública.

En el modelo portugués, el tráfico sigue siendo un crimen mientras que la posesión -si bien no se castiga con cárcel o multa- obliga al usuario a presentarse ante una corte donde se le ofrece tratamiento médico y asesoría sicológica, que puede rechazar, pues es un programa voluntario.

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