¿Cómo hacer tus propias semillas de cannabis?

Las semillas son el método de reproducción vegetal más común, no sólo en plantas de cannabis. Obtener miles de semillas es muy económico y apenas se necesitan conocimientos. Ya otro tema es el trabajo de selección que pueda haber detrás de una semilla, algo que puede llevar años. Las grandes variedades de la historia en muy pocas ocasiones son fruto de la casualidad.

Las semillas pueden ser feminizadas, es decir que aseguran en un 99% plantas hembra, o regulares o también las de toda la vida, de las que pueden salir plantas hembra y plantas macho. Pese a los que pueda parecer, las semillas regulares son más difíciles de hacer por todo el trabajo de selección que hay tras ellas. Las feminizadas en cambio, aunque requieren aplicaciones con productos químicos con cantidades muy específicas, parten normalmente de clones elite previamente seleccionados.

En este post os vamos a enseñar los pasos a seguir para que puedas hacer tus propias semillas partiendo de semillas regulares. Lógicamente puesto que las semillas no serán para comerciar, tampoco será necesario realizar un gran trabajo de selección, ni testeos para comprobar la homogeneidad, ni tasas de germinación. Se suele decir que cuando dos buenas plantas se unen, el resultado será una buena planta. Así que nos guiaremos un poco por nuestra intuición.

SELECCIONAR LA MADRE

Seleccionar una madre es lo más fácil. No pretendemos tampoco hacer una selección que pase a la historia como la UK Exodus Cheese, Critical Mass Bilbo, Amnesia… Cuantas más semillas germinemos, más posibilidades tendremos que encontrar una excelente madre. Pero germinando un paquete de 3, 5 o 10 semillas puede ser suficiente para encontrar una buena planta. Guíate por tus gustos, y quédate con la que mejor huela, la que tenga mejor sabor, más potencia o más producción. Si tienes la posibilidad de conseguir algún clon élite de los muchos que circulan por España u otros países, sería también una gran opción para ahorrarse buscar una buena madre.

SELECCIONAR EL PADRE

Seleccionar el padre nos llevará a germinar semillas regulares y confiar en que al menos una de ellas sea macho. Los breeders suelen seleccionarlos por su resistencia al hermafrodismo, vigor, estatura y periodo de maduración, que es el tiempo que requieren las flores para su desarrollo y madurez total. Si contamos con varios machos, tendremos más sencillo seleccionar el mejor de ellos por alguno de estos rasgos. Si sólo contamos con uno, pues tampoco hay mucho más que decir. Puede que no sea el mejor, pero lo usaremos igualmente.

EL MEJOR MOMENTO PARA HACER EL CRUCE

Normalmente los machos son más rápidos que las hembras en entrar en floración. Con ello se garantizan que las plantas hembra reciban su polen desde las primeras fases de la formación de los cogollos. Las semillas que quedarán más en el interior del cogollo, serán también las más protegidas. Ésto sucede con el cannabis en estado salvaje. Nosotros mediante el control del fotoperíodo podremos programar la polinización para cuando deseemos.

Así que con macho y hembra seleccionados, es hora de pasar las plantas a floración si cultivamos en interior. Si se cultiva en exterior, de debe esperar a que la plantas florezcan de manera natural. Lo más complicado en este punto, es mantener en floración una planta macho en medio de plantas hembra. La mejor opción es alejarlo lo máximo posible, si puede ser en una habitación a la que no accedamos a menudo. Con una buena iluminación natural y un control de las horas de oscuridad, no tardará en comenzar a mostrar sus racimos de flores.

Como decimos, el macho florecerá antes, algo que no nos interesa demasiado. Conviene hacer una única polinización controlada y sobre la 4ª semana de floración, cuando los cogollos ya tengan un buen tamaño y la cantidad de semillas que consigamos sea elevada. Así que puede que tengas que esperar una o dos semanas desde que el macho comience a abrir alguna flor y soltar el polen. Siempre puedes ir quitando las más maduras para evitarse posibles problemas de polinizaciones incontroladas. Cuando la hembra ronde la 4ª semana, deja que las flores del macho maduren bien.

El polen del macho es un peligro como decimos. Puede viajar varios kilómetros con condiciones favorables, polinizando toda planta que se encuentre a su paso. Cuando las flores estén maduras, se abrirán y dejarán caer su polen, de color amarillento. Éste es el momento de recogerlo. Usa una bolsita zip, metiendo el cogollo en su interior y golpeando con la mano o un palito. Se necesita muy poquito polen, así que una vez que lo consigas, corta la planta macho, métela en una bolsa de basura, y tírala al contenedor.

Y es la hora de polinizar algún cogollo de nuestra madre. De un cogollo del tamaño de una moneda pequeña, podremos obtener fácilmente 10-20 semillas. Tenlo en cuenta para que no se te vaya la mano. Existen varias maneras para hacerlo de manera controlada. La primera es tapar toda la planta con una bolsa salvo una rama, que será la que polinizemos.  También puedes usar una jeringa o pequeño spray, mezclando agua mineral con el polen y empapando bien el cogollo.

En cuestión de días se podrán observar los primeros cambios en ese cogollos. Los pistilos que secarán, los cálices se comenzarán a hinchar y las semillas empezarán a formarse. Son necesarias unas 4-5 semanas para la completa formación de las semillas. Algunas reventarán los cálices y se mostrarán, por lo que es fácil observar el color que van adquiriendo. Si se diese el caso que la planta está lista para cosechar y las semillas aún no, puedes cosechar toda la planta y dejar ése cogollo y algún otro algunos días más.

Las semillas recién cosechadas son perfectamente germinables, pero conviene darles un periodo de curado. No es demasiado el trabajo que invertirás, y serán muchas las satisfacciones de cosechar y cultivar tus propias semillas. Es un primer paso para en un futuro volver a repetir.

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