Vino y cannabis parecen congeniar

Fumarla en cigarrillos electrónicos, comer galletitas, chupar caramelos, mascar chicles, untarse crema… o beberla en una copa de vino. Son diversas las formas de consumir cannabis y a los especialistas de la industria les sorprende como cada vez más países que le abren paso al legalizar el consumo con fines medicinales y/o recreativos.

Se trata de un fenómeno de gran dimensión que estaría arrojando unos números llamativos, con impacto en la industria de las bebidas y los alimentos, y también en el sector gastronómico, turístico y hotelero.

Incluso, se estima que el mercado del cannabis en Estados Unidos alcanzará los 80.000 millones de dólares para 2030 y las farmacéuticas, que ya tienen patentes de medicamentos con cannabis, prevén que el negocio superará al de la cerveza.

Es por ello que Constellation Brands Brands (uno de los gigantes de bebidas en Estados Unidos) invirtió 4.000 millones de dólares en acciones de la canadiense Canopy Group, y que Coca-Cola y Pepsi hayan declarado públicamente el interés en producir bebidas con cannabis.

Y es en este contexto que Silicon Valley Bank (California), el banco de las empresas más innovadoras del mundo, describe en su informe de enero pasado que los millennials aún no están abrazando el consumo de vino como muchos habían estimado debido a su inestabilidad en los ingresos y, sobre todo, por la combinación de dos factores: la legalización del cannabis y un mensaje negativo en torno al consumo de alcohol.

La cerveza y el te ya ingresaron al mercado, pero el vino lo hace muy de a poco. Hay varios lanzamientos en el mundo pero, de momento, ninguno en Sudamérica. Ernesto Catena, de la Bodega argentina Ernesto Catena Vineyards, considera en diálogo con El Cronista que “en un principio, este blend lo veo más afín a las cervezas, que están acostumbradas a mezclar botánicos en sus productos. En el vino, en cambio, no se admite ningún aditivo. El vino es pura uva, nada más. Esta pureza es lo que lo hace tan especial”.

La industria vitivinícola de Estados Unidos, el cuarto productor de vinos del mundo y el primer consumidor global, lleva la delantera. Rebel Coast Winery sorprendió con su reciente lanzamiento: un sauvignon blanc infusionado con cannabis. El vino no contiene alcohol, es elaborado con uvas de Sonoma (California) e infusionado con THC (hasta 20 mg. de THC por botella). Su venta es limitada a tiendas especializadas y está disponible sólo para mayores de 21 años (o de 18 con seguro médico).

Dicen que huele a hierba, a lavanda, tomillo y cítricos, aromas propios del cannabis; pero que sabe a sauvignon blanc. También, que tiene bajas calorías -por no tener alcohol- y encima no deja resaca. ¿El precio? Nada barato: casi 60 dólares.

Vino y cannabis ¿una gran asociación?

En España, la joven empresa catalana Cannawine ofrece dos productos: un blend de cariñena y garnacha; y un blanco de macabeo y garnacha blanca, ambos fermentados con CBD, o sea con los cannabinoides no psicoactivos, lo cual permite degustar las cualidades organolépticas del vino y, a la vez las propiedades aromáticas y terapéuticas del CBD.

Otra propuesta es Winabis, un vino de la bodega Santa Margarita de Albacete, que a su portfolio revolucionario de vinos de colores incorporó un vino verde con CBD. La coloración es con pigmentos naturales: por ejemplo, el verde del vino cannábico es con clorofila de menta; mientras que el azul -que es un suceso en Europa- es con antocianos de remolacha y frutos rojos; y el vino naranja, a pedido del mercado holandés, se colorea con carotenos. Los vinos tienen un bajo grado alcohólico, son frescos y frutados, muy agradables, y están fuertemente dirigidos a consumidores jóvenes.

¡Salud!

Por Rama

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