Praga: ¿el “Amsterdam del Este”?

Praga: ¿el “Amsterdam del Este”?

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Las drogas no son legales en la República Checa, pero sí ampliamente toleradas: quien posea hasta 15 gramos de marihuana comete sólo una infracción reglamentaria. El ambiente florece.

Cuando las luces de Praga comienzan a apagarse, el Cross-Club despierta. Bandas en vivo y Djs animan al público, en sus tres pisos, cada noche. El local se ha convertido en una institución de la escena nocturna de la ciudad: sinónimo de bandas alternativas, de nuevos músicos en busca de su propio estilo y, ocasionalmente, de nuevos “estados de conciencia”.

“La cultura musical está estrechamente ligada a las drogas, siempre fue así”, dice el fundador de Cross-Club, Tomas Zdenek. “Muchos músicos llegaron a donde están, en parte, gracias a las drogas”, asegura Zdenek, a quien todos conocen en el club como “Lorenzo”. “Algunos de los que tocan aquí y, por supuesto, su público fuman marihuana”, comenta.

Cross-Club: un estado de ánimo

Más que un punto de encuentro, el Cross-Club, en el barrio Holesovice, es considerado un “estado de ánimo”. Todo un gran ambiente se ha desarrollado a su alrededor en Praga, con sus propios restaurantes, clubs, tiendas. La ciudad es un imán para un público fundamentalmente joven y alternativo. La música, el ambiente de libertad, los “porros” y otras drogas atraen a visitantes de todo el mundo.

Un tercio de los que llegan al Cross-Club son turistas extranjeros: “muchos se alegran de poder fumar sus porros abiertamente, en la calle, en muchos bares y clubs”, estima Lorenzo. “No tienen eso en sus países; allí tienen que esconderse, temen pasar la noche en la estación de policía por un par de gramos de marihuana. Por suerte aquí es distinto”, respira aliviado.

Margen de tolerancia

Y no es que los estupefacientes estén permitidos en la República Checa, pero la legislación ha establecido límites bien generosos: nadie que se halle en posesión de hasta 15 gramos de marihuana, 1,5 gramos de heroína o un gramo de cocaína se arriesga a ser penado por la ley, sino que se anota, como máximo, una infracción reglamentaria.

El ambiente florece. Y, mientras tanto, Praga le hace la competencia hasta a Ámsterdam, el más privilegiado de los destinos turísticos de los fumadores de “porros”, se alegran en Cross-Club. La policía sigue el tema con preocupación, mientras las más recientes estadísticas muestran algunos logros de la labor antidrogas durante el pasado año: 145 plantaciones comerciales de cannabis (la planta de marihuana) fueron desmontados, dos tercios más que el año anterior.

De “los románticos” al crimen organizado

El ambiente ha cambiado enormemente, asegura Jakub Frydrych, que dirige una unidad policial especializada en la lucha contra el narcotráfico. “En los inicios, en los años 90, se trataba de una casi romántica subcultura, con pequeños cultivadores que intercambiaban sus plantas, todo se movía más bien en un nivel filosófico, espiritual”, recuerda Frydrych.

Ahora, sin embargo, domina el crimen organizado. El comando antidrogas que dirige Jakub Frydrych cuenta con 180 miembros que, distribuidos por todo el país, deben estar también alertas a los narcotraficantes de países vecinos como Alemania o Polonia. Éstos llegan a la República Checa a proveerse de mercancía.

El consumo de marihuana se ha convertido en un fenómeno masivo. Pero a Frydrych le preocupan sobre todo la heroína y el “cristal” –clorhidrato de metanfetamina o metilendioximetanfetamina, producido en laboratorios checos. Para producirlos no se necesita un equipamiento caro: “cualquiera puede hacerlo, así que ahora hay productores hasta en pueblos pequeños y se nos hace muy difícil de comprobar”, lamenta Frydrych.

Por la completa legalización de la marihuana

Políticos y policías se niegan a aceptar la etiqueta de “Ámsterdam del Este” con que se ha comenzado a asociar a Praga. Pero la ciudad, sin dudas, ejerce cada vez más fascinación entre quienes integran o frecuentan ese ambiente de “experimentación con los estados de conciencia”.

El problema mayor está en su propio país, cree Frydrych, en la tolerancia de la sociedad checa frente a las drogas. Ya casi nadie se molesta, por ejemplo, si otros fuman marihuana en público, a su alredor. Quienes defienden su completa legalización celebran desde hace años una demostración de primavera en Praga. Este año quieren movilizar a unas 8.000 personas.

 

Autor: Kilian Kirchgeßner / Rosa Muñoz Lima

Editor: Enrique López Magallón

 

Fuente DW-World

 

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