La importancia de la dureza del agua en cultivos de cannabis

La calidad del agua es uno de los factores más decisivos a la hora de cultivar cannabis. Muchos de los problemas que se puedan presentar a lo largo del cultivo, están directamente relacionados con el agua. Y es algo a los que muchos cultivadores no dan la importancia que merece.

Comenzamos comentando que cualquiera puede obtenerla del grifo de su vivienda, de un pozo o incluso de algún río o riachuelo cercano, es muy diferente dependiendo de la zona. Estas variaciones se deben principalmente a la composición del suelo y de los minerales que éstos contengan.

La dureza del agua por lo tanto, también indica el tipo de suelo que tenemos. Zona de aguas duras son suelos que asimilan peor los nutrientes al tener gran contenido de sales de calcio. Zonas de aguas blandas tienden a carecer de estos dos nutrientes fundamentales.

AGUA DURA Y BLANDA

Su dureza se refiere exclusivamente a la cantidad de sales de calcio y magnesio que contiene. Como hemos dicho, ésto se debe a la composición del suelo. Se dice que un agua es blanda o muy blanda cuando el contenido de sales de calcio y magnesio es inferior a una EC o electrocondutividad de 0,4 milisiémens x cm2. Por el contrario, un agua dura o muy dura tiene una gran cantidad de sales de calcio y magnesio, por encima de 0,4 mS/cm2. Por ejemplo a un agua blanda le podemos añadir abonos y subiría su EC, pero no su dureza.

Tanto el calcio como el magnesio son dos nutrientes esenciales para el desarrollo vegetal. Después del nitrógeno, fósforo y potasio, conocidos como macronutrientes, son los dos elementos que las plantas demandan en mayores cantidades. Pero siendo como hemos visto algo tan variable dependiendo de la zona, los fabricantes de abonos no suelen incluirlos en las cantidades necesarias en sus formulaciones. Si lo hiciesen, estarían obligando al cultivador a usar un agua base con determinada dureza. Es fácil suplir una carencia de Ca y Mg, pero es más complicado corregir un exceso.

QUÉ HACER SI SE CUENTA CON UN AGUA BLANDA

Éste es el mejor escenario posible para un cultivador. La opción es usar mononutrientes que incluyan cada uno de ellos, o algún suplemento que incluya los dos. Lo ideal sería añadir el triple de calcio que de magnesio hasta alcanzar una EC de 0,4 en cada riego. Cuando se usen abonos disueltos, de igual manera una vez alcanzada una EC de 0,4 añadiremos las dosis de abonos correspondientes.

QUÉ HACER SI SE CUENTA CON UN AGUA DURA

Este tipo de agua suele traer quebraderos de cabeza a los cultivadores. Las cantidades de calcio especialmente son muy elevadas traen consigo principalmente bloqueos de las raíces por acumulación de sales. La solución pasa por rebajar esta dureza añadiendo al agua dura de la blanda. Se podría usar cualquier de osmosis, destilada o de mineralización débil. Igualmente, cuando consigamos reducir su dureza hasta una EC de 0,4, tendremos un liquido perfecto para el cultivo.

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