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Ponferrada, España.- Los especialistas apuestan por el apoyo familiar para los 150 enfermos bercianos

Dolor generalizado, cansancio crónico, con otras sintomatologías parejas como la falta de concentración son los principales aspectos que reflejan el día a día de una persona que padece fibromialgia, que en la comarca asciende a unas 150 diagnosticadas. Ayer se celebraba en Ponferrada una jornada de debate sobre esta enfermedad y en ella, uno de los doctores especializados en esta materia, el médico internista del hospital asturiano de Cabueñes, Óscar López, dijo que las útimas investigaciones sobre esta -”por lo general desconocida enfermedad-” apuntan a un medicamento nuevo basado en los componentes del hachís y la marihuana.

El compuesto de ápices florales y otras partes del cáñamo índico, mezcladas con diversas sustancias azucaradas o aromáticas, que produce una embriaguez especial, es lo que está dando mejores resultados a estas personas, para las que no existe en estos momentos ni una prueba clara para efectuar el diagnóstico, que es clínico. A los afectados de fibromialgia no les corta el dolor ni tan siquiera la morfina. «El hachís les alivia, les quita la depresión y calma los dolores», expresó este médico internista, acostumbrado a tratar a este tipo de pacientes.

El doctor López asegura que no es una enfermedad sicológica, ni siquiátrica, que no se trata de personas histéricas y que la lesión no es reumatológica, sino que se encuentra en el sistema nervioso central.

Isabel Fernández, la presidenta de la asociación de afectados de fibromialgia (300 reconocidos en toda la provincia, la mitad del Bierzo), destacó que la mayoría de los médicos desconocen esta enfermedad, pero admite que cada vez hay «más concienciación» y que incluso las universidades están preocupandose por estas materias.

La sicóloga de la asociación, María Salud Martín resaltó la dificultad del tratamiento, pero recalcó la necesidad de ofrecer el máximo apoyo a estas personas y «mucha distracción». La trabajadora social Raquel González aludía también a la necesidad del apoyo familiar como fundamental. En el acto estuvo también el concejal de Acción Social. Reiner Cortés remarcó el apoyo a esta asociación y a otras muchas, a pesar de los malos momentos económicos. «El Ayuntamiento crre necesaria esta solidaridad y esfuerzo conjunto con estas asociaciones», remarcó el edil.

Fuente DiarioDeLeon

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Por Mark Binelli

Una revolución verde atraviesa los Estados Unidos. ¿Puede el negocio de la marihuana ayudar a revertir la crisis del país más poderoso del mundo?

Hay un pescador que vende cangrejos frescos directamente de su barco, con un porrito encendido que le cuelga de la boca.”

Si uno pasa tiempo suficiente en el Triángulo Esmeralda -una zona del norte de California que comprende los vecinos condados de Mendocino, Humboldt y Trinity-, probablemente note algunas cosas. Hay un pescador que vende cangrejos frescos directamente de su barco, con un porrito encendido que le cuelga de la boca. Hay un jingle de la radio local cuyo estribillo dice: “¡Caer preso es una mierda!” (es el aviso de un estudio jurídico que se especializa en sacar gente de la cárcel y lo pasan justo después del de un negocio que vende artículos para hacer cultivos hidropónicos). Si uno está en el Triángulo en octubre, cuando empieza la temporada de cosecha en el hemisferio norte, quizá vea gente al lado de la banquina con letreros pintados en cartón que dicen busco trabajo, o con apenas un dibujo hecho a mano de unas tijeras. Uno quizás escuche que la gente de la zona les dice a los billetes de cien “veinte Humboldts” y que se queja de lo caro que está todo, o que usan el verbo “volar” para indicar que un helicóptero de la DEA sobrevoló su propiedad (“nos volaron varias veces este verano, así que sabíamos que se nos venía una redada”). En algún momento tal vez el celular deje de funcionar, y uno verá cómo la ruta de dos carriles se cubre de oscuridad al ingresar en un bosque de secuoyas, y cómo el auto pareciera hacerse más pequeño al pasar junto a los enormes árboles de ese bosque antiquísimo, y cómo ese negocio que vende souvenirs del Abominable Hombre de las Nieves empieza a parecer el último bastión de la civilización. Si uno sigue avanzando, internándose en el corazón de las montañas, en algún momento llegará a la casa de Vic Tobias.

Tobias se dedica al cultivo de marihuana, y hoy está teniendo un día muy difícil. No sabe a ciencia cierta si el agua se le congeló en las cañerías o si éstas se rompieron, pero la cosa es que hace un par de días que no tiene agua en la casa. La suerte quiso que esto coincidiera con la presencia de visitantes, compradores de otra parte que querían conocer a productores locales que estuvieran buscando vender parte de su producción. Tobias se ha estado esforzando mucho para concretar las reuniones, un proceso muy delicado en una parte del país donde las caras nuevas no suelen ser recibidas con la proverbial hospitalidad pueblerina, y donde se considera una torpeza (como me dijo uno de los productores) darle tu verdadero nombre al repartidor de pizza. Sin embargo, lo que es más urgente, Tobias tiene 45 plantas de marihuana florecidas que debe cosechar antes de mañana a la mañana, si es que quiere cumplir con los pedidos que le hicieron. Son casi las doce de la noche, y está levantado desde el amanecer.

Hace unos años, trabajar en esta parte del país significaba dedicarse a la actividad forestal o a la pesca, aunque con el agotamiento de los recursos naturales, ninguna de esas dos industrias ha tenido últimamente un gran impacto en la vida de la zona. Gente con aspiraciones contraculturales empezó a llegar desde el Area de la Bahía a fines de los años 60, atraída no sólo por el espectacular paisaje, sino también por su lejanía. Dicho desplazamiento, como era de esperarse, se prestó a la creación de una nueva fuente de trabajo: la producción de marihuana. En el breve pero preciso relato histórico que hace Tobias, “los hippies se fueron a la India, trajeron semillas de contrabando metidas en el culo y vinieron para acá”. En realidad, por lo general, las traían de Afganistán, pero la idea es la misma. Con un origen tan humilde como el de Hollywood (Cecil B. DeMille filmó su primera película en una caballeriza) o el de Silicon Valley (Steve Jobs inventó la computadora personal en su garaje), nació una industria enorme y típicamente californiana.

Gracias a la ambigua redacción de la Propuesta 215, el plebiscito de 1996 que permitió la posesión y el cultivo (pero no la distribución ni la venta) de marihuana con fines médicos en California, el negocio de la marihuana ha crecido exponencialmente a lo largo de la última década. La mayor parte de la marihuana con fines médicos de California se vende a través de dispensarios: algunos, en ciudades como Oakland, son lugares enormes que reciben a cientos e incluso miles de pacientes por día, mientras que en Los Angeles los negocios dedicados a la venta de productos asociados a la marihuana -hay más de mil, según estimaciones- se han colado en pequeños shopping centers y en las áreas comerciales de toda la ciudad. Esto ha avergonzado tanto a la municipalidad de Los Angeles que, en enero, aprobó una ordenanza que podría reducir el número de estos establecimientos a 70.

Dicho esto, según algunos cálculos, el cultivo anual de marihuana en todo el estado produce beneficios por aproximadamente 14.000 millones de dólares, “dejando chiquito”, según una nota que sacó hace poco la Associated Press, “a cualquier otro sector agrícola del país”.

En su momento, el hecho de que el electorado de California aprobara la Propuesta 215 pareció algo coherente, sobre todo viniendo de la misma gente que había creado la Cientología. Pero ahora que la economía se encuentra inmersa en una grave crisis, y que millones de estadounidenses se han visto forzados a repensar su forma de vida, está cobrando cada vez más fuerza la idea de que el país ya no puede permitirse sostener la prohibición de larga data que pesa sobre la marihuana, la idea -por primera vez desde los años 70- de que la marihuana podría despenalizarse en varios estados, e incluso legalizarse por completo. Catorce estados ya han aprobado la marihuana con fines médicos y otros catorce tienen alguna ley relativa a la marihuana esperando ser aprobada. Y eso no incluye a Massachusetts, que el año pasado despenalizó efectivamente el consumo de marihuana con fines recreativos, penando la tenencia de hasta 30 gramos con una multa de 100 dólares. En el ámbito nacional, un economista de Harvard calculó que legalizar la marihuana le ahorraría al gobierno 13.000 millones de dólares anuales en gastos derivados de la prohibición (incluyendo salarios policiales y cárceles), y podría generar 7.000 millones anuales si se la gravara, un argumento de peso en un momento en que las municipalidades se están viendo obligadas a recortar gastos y puestos de trabajo. “En los últimos años, la gente había interpretado la legalización de la marihuana como una forma de libertinaje: para ellos, significaba darle un espaldarazo, y permitir que se saliera de control”, señala Ethan Nadelmann, el fundador de la Drug Policy Alliance Network, un grupo sin fines de lucro dedicado a terminar con la “guerra contra las drogas”. “Ahora, cada vez más gente la interpreta en términos de impuestos y regulaciones.”

A esto vine al Triángulo Esmeralda: a vivir, de primera mano, este momento único y transformador en la historia de lo que ha sido hasta ahora una cultura subterránea, refugio y a la vez lugar de pertenencia para una extraña mezcla de delincuentes principistas y dealers de los de siempre, marginales voluntarios y tipos muy pesados que andan de caño, cada uno de los cuales está teniendo que adaptar sus propias habilidades a un panorama jurídico y económico cambiante. El grueso del cultivo de marihuana en California lo realizan productores como Vic Tobias y sus vecinos; un estudio reciente, encargado por el condado de Mendocino, afirma que el porro equivale a dos tercios de la economía local. De hecho, el año pasado, la llamada “fiebre verde” dio lugar a tal incremento del número de productores en California que hubo consecuencias negativas: una sobreabundancia del producto. Un artículo aparecido recientemente en el Anderson Valley Advertiser, un diario de la zona, señala: “La oferta creció enormemente, los precios -en el caso de que uno sea capaz de conseguir un comprador- bajaron muchísimo, y una suerte de desesperación está asolando las colinas del norte del condado de Mendocino a medida que los dueños de la tierra y los productores se vuelven los unos contra los otros, mientras bandas despiadadas de usurpadores atraviesan las lodosas rutas de ripio, de Branscomb a Spy Rock, y de allí a Alderpoint, pasando por todos los lugares intermedios”.

Me encuentro con Tobias en el pueblo más cercano al lugar donde vive -que, sin embargo, queda a 45 minutos de su casa- luego de atravesar un camino muy escarpado. (Para proteger su identidad, Vic Tobias no es su nombre verdadero.) “Lo que tenés que entender acá es que todo el mundo está metido en esto de alguna manera. todo el mundo, ¿eh?”, me cuenta Tobias mientras caminamos por la calle principal de ese pueblito. “¿Ves ese pibe?”, dice, y saluda con la cabeza a un tipo de veintipico con gorrita de béisbol. “Te puedo asegurar que ese pibe planta. ¿Y ves a esa abuelita?” Señala con los ojos a una mujer canosa de aspecto amable y suéter navideño rojo, que tiene un bebé en brazos. “Para mí, ella se dedica a limpiar cogollos, o si no, tiene gente que le trabaja la tierra. Acá todo el mundo se rige por la ley de los promedios: el 90 por ciento cultiva; al uno por ciento lo agarran.” Tobias cultiva marihuana desde mediados de los 90. Tiene treinta y largos, y hoy lleva puestas unas botas completamente embarradas y un overol. Al principio, cuando vivía en otra parte de la costa oeste, el porro que cultivaba era casi todo para él. Un hobby, como fabricar cerveza casera. Trabajaba en una oficina y vendía lo que le quedaba. Pero descubrió que tenía talento para eso, y un día se mudó al Triángulo Esmeralda para dedicarse profesionalmente a su hobby.

Gana bien, aunque tampoco tan bien, con lo que se ubica en la parte media de la pirámide de ingresos del Triángulo: gana más que la madre soltera que tiene diez o veinte plantas en el patio para hacerse unos manguitos extra, pero no está ni cerca de los peces gordos, que por lo general tienen vínculos con alguna forma de crimen organizado, y producen en escala masiva. (La plantación más grande de la que se tenga memoria en los últimos tiempos fue descubierta en 2007, cuando las autoridades del condado de Humboldt descubrieron la friolera de 135 mil plantas en un área recóndita de un bosque que era propiedad de una empresa forestal. No hubo detenciones, pero las autoridades declararon que la evidencia hallada en la escena del crimen apuntaba a los carteles mexicanos.)

Sin embargo, un productor muy trabajador con ambiciones modestas puede ocuparse él solito de una plantación que funcione todo el año: al aire libre en verano, y a puertas cerradas durante las otras estaciones, gracias al cultivo hidropónico. La plantación que tiene Tobias en este momento en interiores, unas doscientas plantas, está en un largo cobertizo sin ventanas que dividió en dos sectores, uno con y uno sin luz, que va alternando cada doce horas. Las 45 plantas que va a cosechar esta noche deberían rendir unos dos kilos y cuarto de porro, lo cual equivaldría a unos 20 mil dólares.

Cuando entramos en el cobertizo donde tiene las plantas, al principio la luz nos ciega. El lugar está atestado de plantas de distintas alturas. Las más altas nos llegan hasta el pecho. Cada una tiene su propio baldecito negro, en el que desembocan unos tubos serpenteantes que vienen de cuatro toneles de plástico que contienen una solución de nutrientes. Del techo bajo penden hileras de tubos de luz, cubiertos por pantallas plateadas, como las lámparas que cuelgan sobre las mesas de pool; cuatro ventiladores en la pared oscilan lentamente, para mantener fresco el lugar. Las paredes son blancas y reflectantes, lo cual le confiere al lugar un brillo que encandila, y con todos esos tubos y esos cables, parece el set de una película de ciencia ficción. Las instalaciones más modestas hacen pensar en una nave espacial salida de una película de Ed Wood. La de Tobias, en cambio, es ciento por ciento Kubrick: la versión de los 60 de un futuro brillante y estéril.

Las plantas son frondosas y fragantes, y llenan el ambiente con un tufo a almizcle de invernadero. Los cogollos más grandes, del tamaño de un puño, están dispuestos en una fila más cercana a las luces, recargando los tallos. Una especie de mosquitero evita que se doblen. Tobias, después de ponerse unos anteojos oscuros, se mete debajo del mosquitero y comienza a podar las plantas que están listas para la cosecha: usa una tijera en la base y manipula delicadamente la parte superior entre los hilos. Quiere evitar, en lo posible, tocar los cogollos, en especial los tricomas (o “cristales”), que parecen pelitos y que contienen la mayor parte del THC (tetrahidrocannabinol, el principio activo del cannabis). “Es una estrategia de venta”, cuenta. “Nunca tocada por manos humanas.” Ahora, uno por uno, me va pasando los tallos. Meto todos los que puedo en un tubo de plástico, mientras las manos y la ropa rápidamente se me llenan de una resina pegajosa.

Luego de llenar tubos con dos docenas de plantas, los llevamos al camión de Tobias. El cielo nocturno está despejado y tachonado de estrellas. “Ahí está el Cinturón de Orión, ¿lo ves?”, me dice señalando con el dedo la constelación. Luego vamos en el camión a otra casa de su propiedad, que parece abandonada desde hace tiempo. En vez de cortinas, viejos edredones cubren las ventanas. Adentro, hay una tenue luz en la cocina, y en un iPod conectado a un equipo de música suena la banda Oysterhead. El socio de Tobias está trabajando en una prensa de mesa, que usa para armar ladrillos. De tanto en tanto, hace una pausa para fumarse un par de secas de un fasito (de la variedad Mendocino Beauty, cruzada con Willie Nelson).

Llevamos la marihuana a otra habitación, donde hay varios alambres que cuelgan de pared a pared, como un tendedero. Con una tijera, cortamos las plantas en ramitas y las colgamos boca abajo de los alambres, donde se secarán por unos días, momento en el cual Tobias contratará un equipo de limpiadores (que cobran unos 225 dólares el medio kilo limpio) para cultivar los valiosos cogollos. Limpiar cogollos es una tarea tediosa y complicada, pero potencialmente lucrativa: un buen limpiador puede sacar más o menos un kilo por día; de todos modos, muchos de ellos toman marihuana en parte de pago por sus servicios. Esta noche, para facilitarles el trabajo, cortamos todas las hojas que podemos. A esta actividad se le llama “deshojado”. Luego de veinte minutos, el piso de baldosas rojas se cubre de una alfombra verde y amarilla. Cuando terminamos, Tobias agarra una escoba y barre metódicamente las hojas, como un peluquero barre el piso después de cortar el pelo.

Una vez que la marihuana está lista para su comercialización, Tobias se la vende a un intermediario, que a su vez la transporta a una ciudad más grande, donde encuentra otro comprador: o bien un dispensario de marihuana con fines médicos, o un dealer callejero. Como muchos pequeños empresarios ambiciosos, Tobias trabaja casi todo el tiempo. La profesión que eligió es muy ardua y estresante, y obviamente muy peligrosa. Están las típicas preocupaciones de todo agricultor por el éxito de su cosecha, la amenaza constante de que caiga una redada y además el peligro de que te roben, que se te metan en tu propiedad o que te ataque una pandilla de motoqueros. Considerando que hace tiempo que Tobias se dedica a esto, hubo años malísimos en que perdió casi todo, y casi queda en la calle: algunas plantas se murieron y otras hubo que cortarlas para evitar engorros con la ley.

Y ahora, como los trabajadores de todos los demás sectores de la economía, desde las plantas automotrices hasta las grandes cadenas de supermercados, Tobias se ve forzado a repensar su lugar en el mercado. En el caso de la marihuana, el problema no es la nueva tecnología, ni la globalización, ni la recesión, sino el cambio en la opinión pública. Como tantas otras cuestiones que en el pasado dividieron a la población -como los homosexuales en el Ejército, para tomar el ejemplo más reciente-, el halo de sordidez que tenía la marihuana parece estar perdiendo eficacia como elemento de presión política. Robert Mikos, un profesor de Derecho de la Vanderbilt University que ha escrito mucho sobre el derecho de cada estado a ignorar la prohibición federal que pesa sobre la marihuana, dice que los experimentos que están teniendo lugar en California y otras partes con la marihuana con fines médicos han allanado el camino para continuar con la despenalización. Han permitido que la gente comprobara que “todas las cosas terribles que habían predicho los gobiernos de Clinton y Bush finalmente no sucedieron”, dice Mikos. “No fue el fin del mundo.”

La cruzada por la legalización ha cobrado un carácter más urgente en los últimos meses, gracias a la debacle económica. Antes, por supuesto, había muchísimos argumentos morales en favor de una reforma política en la materia: desde el dinero que se gasta en la prohibición, pasando por las vidas que se arruinan de la gente que es condenada absurdamente a la cárcel, hasta la hipocresía de prohibir una sustancia que no es más dañina que el alcohol, el tabaco o muchos medicamentos que se venden bajo receta. Pero en comparación con cuestiones como los derechos civiles o las guerras injustas libradas en el extranjero, protestar por el derecho de estar fumado siempre había parecido algo más bien frívolo; incluso para una persona con ideas progresistas que fuma porro, escuchar a un chabón hablar de cómo la bandera original de los Estados Unidos y la Biblia de Gutenberg y la pipa de Abe Lincoln estaban hechas de cáñamo puede ser tan embolante como un sermón contra las drogas. Mikos no creyó que la opinión pública estuviera a favor de la “legalización recreativa generalizada” hasta el año pasado. “Lo que inclinó la balanza -especifica- fue que la gente se dio cuenta de que se puede ganar mucha plata con eso.”

La debacle económica, con sus oscuras implicancias, ha enfatizado el hecho de que sacar la marihuana del mercado negro y ponerla en el de los productos orgánicos podría ser de gran ayuda para las deprimidas economías estatales. Es cierto que el presidente Obama, a la hora de promocionar su nueva economía verde, ha evitado hasta el momento hacer mención a esta otra -y no tan nueva- economía verde. Pero algunos políticos están empezando a hacerlo. El gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, anunció el año pasado que “es hora de debatir” la legalización de la marihuana, antes de que apareciera el informe que revelaba que la despenalización podría otorgarle a California beneficios anuales por 1.400 millones de dólares. (Schwarzenegger se diferencia de los otros gobernadores en que no sólo fumó porro con Tommy Chong, sino que también, cuando un paparazzo que lo acechaba con una cámara de video le preguntó al respecto, le sonrió y exclamó: “¡Siempre la pasamos bien!”.)

En los próximos meses, los activistas de California van a dar un nuevo e importante paso en su lucha, tras haber recolectado 700 mil firmas para que en noviembre se realice un plebiscito para legalizar completamente la marihuana. Tom Ammiano, un asambleísta estatal de San Francisco que comenzó su carrera política militando por los derechos de los homosexuales -hace de sí mismo en la película de Gus Van Sant de 2008, Milk-, ha presentado su propio proyecto de legalización en la legislatura estatal. “El clima político cambió mucho en Sacramento en el transcurso del año pasado”, explica Ammiano. “Si hubiéramos votado en los pasillos, se habría aprobado de una. Uno escuchaba a los republicanos decir: «¡Sí! ¡Metámosle un impuesto! ¡Si yo fumo!». Bueh, ¿por qué no te fumás uno ahora y votás a favor de mi proyecto?”

Ammiano se ríe y luego prosigue. “Obviamente, el tema ha cobrado un atractivo que quizás anteriormente no tenía. La gente ve que cierran escuelas, que dan licencias obligatorias, que reducen la cobertura del seguro de salud, y después se percata de que hay una industria que reporta 14 mil millones de dólares y que no paga impuestos ni está regulada. Así que ahora que el viejo y querido capitalismo tomó cartas en el asunto, todo está saliendo a pedir de boca. En los 70, teníamos un término llamado «convergencia armónica». Se lo conté a alguien de veintipico, y me dijo: «Loco, ¿de qué estás hablando?». Significa que todos los astros se alinean. La cosa empieza a parecer inevitable.”

Lo que complica las cosas es el panorama jurídico, que se ha vuelto cada vez más surrealista. La marihuana sigue siendo ilegal en el ámbito federal, aunque en ciertos estados es legal comprarla con receta para consumo medicinal, si bien es ilegal cultivarla. En California, esto significa que los productores y los dueños de los dispensarios, que supuestamente no tendrían que estar obteniendo ganancias, ni siquiera vendiendo marihuana, siguen trabajando en una especie de laguna jurídica. Mientras tanto, los verdaderos pacientes pueden tener marihuana, pero a menudo no tienen manera de obtenerla legalmente.

Si California legaliza la marihuana y esto produce los réditos económicos esperados, ¿se apresurarán los otros estados a buscar su parte del botín impositivo derivado de la actividad pecaminosa, como ha ocurrido con los casinos? ¿Cuánto podría derrumbarse el precio de la marihuana si se la legaliza? ¿Cuántos impuestos debería pagar? Si se establecen gravámenes muy elevados, ¿seguiría funcionando un mercado negro paralelo? ¿Por qué ese mercado negro -en particular las pandillas y clubes de motoqueros que tradicionalmente han obtenido grandes beneficios del negocio del porro- habría de cederle tan fácilmente este mercado a algún yuppie dueño de un dispensario? Olvídense de los Hells Angels y de la mafia: ¿qué pasa si se mete Philip Morris y se queda con todo?

¿Y qué va a pasar con los productores como Tobias? Como están las cosas, él piensa que va a ser capaz de adaptarse a la nueva legislación, pero cree que el aumento de la competencia lo va a perjudicar. Uno de los amigos de Tobias, otro productor de larga data, me dice, enojado: “Nosotros somos los que tuvimos que afrontar todos los riesgos, y ahora nos van a sacar de circulación”.

De todas maneras, el éxito económico de los productores de marihuana del Triángulo Esmeralda, por más que se trate de un pequeño nicho, constituye un relato típicamente estadounidense en el que el clásico pragmatismo de frontera se encarna en el más puro espíritu capitalista. Y en un momento de profunda incertidumbre económica, quizás habría que prestarle atención a este tipo de éxito. Mientras que en el pasado la marihuana barata y producida en gran escala que venía de México y de Sudamérica dominaba el mercado estadounidense, actualmente la mitad de la marihuana que se vende es de alta calidad y producida en el país. En parte, esto tiene que ver con el endurecimiento de la política de fronteras luego del 11 de septiembre, lo cual dificulta el contrabando de marihuana en grandes cantidades. Por el contrario, como señaló el Washington Post el año pasado, los cogollos caseros en general son producidos por “pequeños emprendedores que laboriosamente instalan invernaderos y jardines cerrados para producir la mercancía más potente y costosa que los consumidores demandan en la actualidad”.

Si uno se pone a pensar, esto es bastante impresionante: el triunfo de la calidad sobre la chatarra producida en masa; y todavía más: ¡esta vez la chatarra no la producimos nosotros! El cultivo de marihuana es exactamente el tipo de trabajo laborioso que exige cierta calificación y que cualquier otra industria (legal) habría tercerizado radicándose en México hace mucho. Pero su propia ilegalidad ha blindado a esta actividad contra el nafta. En un momento en que el desempleo se ubica cerca de los dos dígitos, y que tanto la industria pesada como la granja familiar han desaparecido hace tanto tiempo que el solo hecho de recordarlas constituye un flagrante anacronismo; en un momento en que Estados Unidos ya no fabrica nada, bueno, al menos producimos faso de altísima calidad. Y somos muy, pero muy buenos en eso.

Una noche helada de enero, en un anodino centro de oficinas suburbano en Southfield, Michigan, apenas saliendo de Detroit, unos veinticinco alumnos se preparan para comenzar una clase para adultos. Tres de ellos -los hermanos Eric y Jerry Boyajian y su amigo Jon Goodwin- manejaron tres horas desde Benton Harbor, un pueblo rural en la otra punta del estado. “Es la primera vez que me dan ganas de pisar un aula”, bromea Goodwin, al tiempo que se sienta en una silla frente a una de las largas mesas del aula. Este flaquito de 37 años, que tiene puesta una remera gris sobre una camiseta térmica de mangas largas, es plomero de oficio. Los Boyajian tienen una relojería. Los tres han visto caer en picada sus respectivos negocios, así como los del resto de Benton Harbor: en un mes han cerrado sus puertas dos negocios del pueblo, un local que hacía carteles y un viejo restaurante italiano. Jerry Boyajian, un grandote de 39 años que tiene puesta una gorrita con el logo de Ford, me lleva a un costado y, bajando el tono, me dice: “Nunca habíamos hecho algo como esto. Pero la economía está tan mal que estoy ganando la mitad de lo que ganaba. Así que nos pusimos a pensar: «¿Cómo hacemos para meternos en esto?»”.

Con “esto” se refiere a la producción y a la distribución de marihuana, que ahora son actividades legales en Michigan, luego de que el 63 por ciento del electorado aprobara en 2008 una ley que autoriza a un paciente con una recomendación válida de un médico a cultivar su propia marihuana, con un límite de doce plantas. Además, los pacientes pueden obtener su remedio de manos de un proveedor autorizado, con licencia otorgada por el estado, que puede cultivar para sí mismo y para otros cinco pacientes. El estado de Michigan se ha visto inundado con pedidos de licencias para cultivar marihuana con fines médicos: desde abril de 2009 ha habido cerca de 14 mil pedidos, lo que equivale a unos 75 por día. Dado que la tasa de desempleo de Michigan, casi del 15 por ciento, sigue siendo la más alta del país -en Detroit, algunas estimaciones incluso han ubicado la cifra en un asombroso 50 por ciento-, muchos residentes ven en el cultivo de marihuana una de las pocas actividades en crecimiento de una calamitosa economía estatal.

Acá es donde entra en juego el Med Grow Cannabis College. Según su sitio web, “es la primera universidad de Michigan dedicada a la marihuana con fines médicos”. Med Grow sigue el modelo de la exitosísima Oaksterdam University de Oakland, California: el plan de esta carrera de seis semanas, que tiene un costo de 475 dólares, incluye materias como Cocción y Concentrados e Historia del Cannabis, y entre sus profesores se cuentan médicos, abogados y un profesor de horticultura de apellido Nature. La única lectura obligatoria es Cervantes – no el autor del Quijote sino Jorge Cervantes, que escribió Marijuana Horticulture: The Indoor/ Outdoor Medical Grower’s Bible [horticultura de la marihuana: la biblia del cultivador médico de interior y exterior]. Desde su apertura en septiembre pasado, su matrícula ha sido de unos cien alumnos por mes.

Med Grow fue fundada por Nick Tennant, un flaquito de 24 años con cara de nene que tiene puesta una camisa de vestir debajo de un suéter a rombos y está sentado detrás de un escritorio semivacío; da la sensación de que su propia silla de ejecutivo está a punto de tragárselo, y parece un chico jugando a ser el capitán Kirk en la oficina de su padre, un empleado de General Motors. “Quise meterme en una industria emergente -dice-, algo que fuera más viable que el service automotor.” Si bien dice que nunca fue un gran fumador de marihuana, Tennant vio en el modelo de Oaksterdam una oportunidad. “Es mejor que la sociedad estimule microeconomías de escala”, dice.

Han surgido emprendimientos similares en todos los estados del país que autorizan el cultivo de marihuana con fines médicos. En diciembre, Ganja Gourmet, el autoproclamado “primer restaurante gourmet especializado en marihuana” de Estados Unidos, donde se pueden pedir cosas como una pizza de cannabis que cuesta 89 dólares, abrió sus puertas en la ciudad de Denver; Breckenridge, un pueblo de esquiadores en Colorado, fue un paso más allá, con la esperanza de atraer turistas, y en noviembre pasado legalizó la posesión de hasta 30 gramos de marihuana.

Las distintas leyes estatales que regulan la marihuana con fines médicos pueden resultar muy confusas para el común de la gente. Según un principio jurídico llamado “prohibición de coerción”, el gobierno federal no puede obligar a un estado a implementar leyes federales. Pero hasta a los partidarios de la legalización debería irritarles la deshonestidad intelectual que a veces tiene lugar en el marco del debate en torno al uso de marihuana con fines médicos. Pocos objetarían dicho uso por parte de pacientes con cáncer o SIDA. Pero todo el mundo sabe que la abrumadora mayoría de la gente de California que recibe recomendaciones para utilizar marihuana con fines médicos la fuma con un ánimo tan medicinal como el de los personajes de los cuentos de Cheever al tomarse tres martinis extrasecos en el vagón comedor de las 6.15. Ha surgido una pequeña industria de médicos que se especializan en escribir recomendaciones para el consumo de marihuana con fines medicinales; luego de pagar una tarifa fija -usualmente, alrededor de los 200 dólares-, hasta el más vago malestar (estrés, insomnio, dolores articulares) lo hace a uno acreedor de una tarjeta para comprar marihuana con fines medicinales, válida por un año. (Para un estado tan obsesionado con el cuidado de la salud como California, nunca vi tanta gente en perfecto estado físico de veintipico y treintipico quejándose de algún dolor de espalda crónico o de náuseas.)

En términos estratégicos, la legalización de la marihuana con fines medicinales ha demostrado ser una jugada brillante para quienes pretenden reformar la legislación del país en materia de drogas. “La marihuana con fines medicinales ha transformado la imagen del consumidor de marihuana, de un pibe de 17 años con rastas rubias a una persona de mediana edad con una enfermedad real”, afirma Nadelmann, de la Drug Policy Alliance. “Permitió que la gente empezara a hablar seriamente sobre el tema, en vez de reírse de la marihuana y decir que es un puente hacia otras drogas. Ayudó de verdad a cambiar el debate.”

Una tarde en Detroit, visito a John Sinclair, el poeta y ex manager de los MC5, además de un activista histórico pro porro. A Sinclair lo detuvieron con bombos y platillos en 1969 por posesión de dos porros y lo condenaron a diez años de prisión. En 1971, Sinclair todavía estaba preso, así que sus partidarios organizaron una protesta masiva en Ann Arbor llamada Ten for Two, de la que participaron John Lennon y Yoko Ono, Stevie Wonder y Allen Ginsberg. “En los tribunales, habíamos argumentado que la marihuana no era un narcótico, y que mi sentencia había sido exagerada y cruel”, me cuenta Sinclair, que ahora tiene 68 años. “Sin embargo, después del concierto, las autoridades dijeron: «¿Qué mierda estamos haciendo? ¿Los Beatles vienen a protestar por este tipo?». A los tres días estaba afuera.”

Sinclair y Holice P. Wood, su extrovertido socio, piensan abrir la primera cooperativa del porro de Detroit. Se va a llamar Trans-Love Energies, en honor a la comuna que Sinclair fundó en Detroit con otras personas en los años 60. “Legalizar el porro sería una forma viable de salvar la ciudad”, dice Wood. “Detroit es un lugar donde hasta la gente que tiene un trabajo de verdad tiene algún tipo de curro. Y ahora la mayor parte de la gente perdió su trabajo.”

Mientras que estados como Michigan siguen ajustando los parámetros de su cambiante legislación, tanto los residentes como los políticos seguramente dirigirán sus miradas al oeste, al experimento californiano con la marihuana con fines medicinales -que ya lleva catorce años-, buscando encontrar alguna clase de precedente; o, en el caso de Los Angeles, una historia que sirva de advertencia. Extrañamente, no hay registros oficiales sobre el número de dispensarios de Los Angeles. Pero su cifra se ha incrementado drásticamente, de 186 en 2007 (cuando la Municipalidad -que había pasado años evitando por completo el tema- les puso una moratoria ineficaz en la práctica a los nuevos dispensarios) a un número que hoy oscila entre los 800 y los 1000. La mayoría de ellos abrió en los últimos doce meses.

A pesar de los excesos, conocer de cerca algunos aspectos del boom de los dispensarios de marihuana angelinos deja una sensación, en términos generales, de civilidad. Uno de los mejores argumentos de quienes proponen una política progresista en materia de drogas ha sido el éxito de Farmacy, una pequeña cadena de dispensarios de Los Angeles fundada por Joanna LaForce. Los locales de LaForce, una farmacéutica con licencia que cuenta con amplia experiencia en hospicios y geriátricos, se parecen más a esos exclusivos almacenes de comida naturista que a esos negocios medio sórdidos que venden artículos relacionados con la marihuana. Los locales, ubicados en Venice Beach, son luminosos y abiertos, y pasan música de Ella Fitzgerald; la mayor parte del espacio la ocupan productos como tés chinos en hierbas, dentífricos orgánicos y morrales tejidos del Himalaya. Si uno les presenta su tarjeta de autorización para consumir cannabis a los empleados que están detrás del mostrador, éstos le ofrecerán un menú plastificado, con variedades como Sour Goat y Skywalker OG, y responderán cualquier posible inquietud acerca de sus efectos. Los precios van de los 25 a los 85 dólares por tres gramos y medio. Además, hay una gran variedad de alimentos que contienen cannabis, entre los cuales se cuentan seis gustos de helado, un tubito de pesto (65 dólares), unas mentitas con chocolate tuneadas (15), y para el porrero ABC1 que lo tiene todo, una botella muy elegante de aceite de oliva (199 dólares).

A unas pocas cuadras de Farmacy, por el coqueto boulevard Abbot Kinney, se encuentra 99 High Art Collective, un nuevo dispensario que parece más bien un centro cultural y comunitario hippie. El lugar es supuestamente una galería que se especializa en “artistas con estados elevados de conciencia”: el día que voy, hay una muestra de un artista peruano que pinta escenas selváticas psicodélicas y loros. (A decir verdad, esta muestra es un argumento poderoso a favor de que la marihuana continúe siendo ilegal.)

En el norte de California, un productor y activista llamado Tim Blake está sentando las bases para un futuro más legal. Uno de los emprendimientos que encabeza es un grupo que se llama Cooperativa Agrícola de Mendocino, una asociación de productores locales cuyo objetivo sería crear una comunidad dedicada al cultivo orgánico, sustentable y certificado de marihuana, comprometida con las implicancias ambientales de su actividad agrícola; básicamente: los macrobióticos de la industria del porro. La escasez de agua, por ejemplo, es un gran problema en toda California, y a veces los que cultivan ilegalmente son atrapados robando agua de ríos públicos como el Eel; de manera análoga, los cultivos de interiores en gran escala producen grandes emisiones de carbono. Blake cree que los pequeños productores de marihuana van a sobrevivir y medrar en un mundo en que las pequeñas cervecerías han encontrado un nicho en un mercado dominado por Budweiser, ofreciéndoles su producto a una elite de conocedores.

Con la actual moda del movimiento slow food y la fetichización de todo lo que va de las carnicerías artesanales a los “agricultores estrellas de rock”, no resulta sorprendente que Blake y sus amigos quieran que se tome en serio lo que hacen. “¿Los que cultivamos acá?”, introduce. “Somos la oveja negra de nuestras familias. Los tipos que nunca han podido obtener el reconocimiento que tiene la gente que se dedica a hacer vinos. Y estamos cansados de eso.”

Por lo general, las cepas de marihuana son bautizadas por sus creadores, quienes les venden su “genética” a productores como Tobias a cambio de un precio que va de los 5 a los 100 dólares por bolsa de semillas; una cepa que se pone de moda, por ejemplo por haber ganado la Copa Cannabis en Amsterdam, en consecuencia aumenta considerablemente de precio. En la Copa Esmeralda de este año se presentaron cien cepas, que un distinguido jurado de ocho miembros se dedicó a catar en un período de apenas unas pocas semanas. (Para ser jurado de la Copa Esmeralda es necesario contar con “al menos una década de experiencia como fumador”; los miembros de este año calcularon que entre todos sumaban 330 años.) Cada participante recibe una calificación del 1 al 10 en varias categorías, como aroma, sabor y efectos. Como era de esperar, la calificación obtenida en este último rubro vale doble. “Es más trabajo de lo que uno podría pensar”, dice uno de los jueces, que se hace llamar Pelusa. Pelusa tiene puesto un chaleco encima de una remera violeta, y usa unas botas de pescador hasta las rodillas; no me explica a qué se debe su apodo, pero seguramente debe tener que ver con esa barba de contrabandista de caricaturas. “Discutimos sutilezas”, describe. “Para referirnos al aroma, hablamos de «nariz». O tal vez decimos que «en boca», tiene «un persistente dejo frutal».”

Blake, el dueño del predio 101 (donde se celebra la Copa Esmeralda), supervisa todo con un aire a la vez relajado y muy intenso. Algo en él hace pensar en una versión saludable de Keith Richards. Sus ojos, oscuros y sinceros, tienden a quedarse mirándote demasiado tiempo, y eso, sumado a la ligera desconexión de la mirada respecto de su sonrisa, le da el aspecto rayano en lo mesiánico propio de un líder sectario. Antes de establecerse en el condado de Mendocino, en el currículum de Blake figuraban una serie infantil de televisión, un sello discográfico independiente de rap y haber trabajado en los efectos especiales de “realidad virtual” de la película El hombre del jardín. También estuvo preso seis meses en los 90 por cultivar marihuana.

Blake me conduce a través de la multitud; en el camino, vemos gente pasarse porros y alargadas pipas de vidrio. En su oficina, un grupito de amigos está cómodamente apoltronado en un sillón. Alguien encendió un vaporizador, que produce un zumbido flatulento. El ganador de este año de la Copa Esmeralda, un tipo de mediana edad y voz suave con una gorrita de Carhartt al que llaman Hawaii Dave, está sentado en una silla al lado de la puerta, disfrutando tímidamente de su momento de gloria. Su cepa ganadora, la Cotton Candy Kush -una variedad extremadamente intensa (te pega en todo el cuerpo) de cannabis índica, con aroma y sabor dulzones-, seguramente se encarecerá una vez que se sepa de su triunfo; en años pasados, los precios de las cepas ganadoras han llegado a aumentar hasta 500 dólares por libra [454 gramos] respecto del precio original.

Otro jurado, que se presenta como Swami, es un tipo menudo con una larga barba blanca, vestido con una túnica blanca, un gorrito tejido, medias futboleras blancas y sandalias Birkenstock. Tiene una sonrisa amable que parece no abandonarlo nunca, a la manera de un gurú que se viera obligado a rebajarse a los planos de conciencia inferiores de la gente común. Swami acepta enseñarme cómo funciona el proceso de calificación. Primero me hace examinar, con un microscopio de joyero, los tricomas cristalinos que hay en un cogollo. Luego me enseña ejercicios de memoria sensorial, haciéndome olfatear un montoncito de marihuana picada en un plato de cartón. Me pregunta si me hace acordar al olor de la cocina de mi mamá o a las axilas roñosas de alguien. Después de armar un fasito, pero antes de encenderlo, Swami me dice que le dé una “seca en seco”, para probar el gusto. “Es como una meditación consciente -dice-, como comer una manzana y sentirle de verdad el gusto a cada bocado.”

Pelusa reconoce que calificar a muchos concursantes en un solo día puede perjudicar a las cepas de efecto más retardado, aunque, agrega, “descubrí que, luego de probar dieciocho cepas diferentes en un día, uno llega a rasgar el velo. Al final, uno es capaz de determinar los efectos con una dosis mínima. «A ver… ésta relaja los músculos.» «Esta es brillante y eléctrica, más bien energizante.»”. Yo corregiría algo, porque luego de probar, una tras otra, las tres cepas que compartieron el podio, “rasgar el velo” no me parece la frase más apropiada. Ahora empiezan a probar los fasitos sin encenderlos. Una mujer del jurado alaba su “delicioso aroma”. “Tiene notas de vainilla”, dice. “Y un dejo de Pinolux.”

Por más facil que Blake y sus amigos lo hagan parecer, hay una dificultad intrínseca en sacar a la luz (natural, no la artificial del invernadero) una cultura clandestina. En Detroit, un productor con un frondoso prontuario delictivo me cuenta: “¿Qué pasa si un pibe decide robarme?”. Tiene unas trescientas plantas en un depósito anónimo en una zona industrial marginal, casi fantasma. “¿Estoy dispuesto a matar a alguien por 200 lucas?”, prosigue, y comienza a acalorarse. “Alguna gente con la que me crié mataría a alguien por 20 lucas. ¿Te das cuenta del dilema al que me enfrento? No quiero tener que matar a un pibe por faso. Pero ¿qué puedo hacer? Si me robás, yo tengo que volver a las andadas.”

En Los Angeles, muchos de los nuevos dispensarios son lugares sórdidos y nocturnos que están a años luz de los negocios boutique de Venice Beach. El valle de San Fernando, en particular, se ha convertido en un hervidero de dispensarios marginales. Sus dueños son rusos, israelíes o pibes de la zona, de veintipico, a quienes sus padres les prestan plata para abrir el negocio. Estos lugares suelen estar en pequeños paseos de compras, y por lo general parecen sex shops con las persianas bajas. Adentro, generalmente no hay más que una pequeña habitación en la que alguien atiende detrás de un mostrador, a veces con un vidrio a prueba de balas. Los “pacientes” son conducidos a través de una serie de puertas de seguridad.

El sheriff del condado de Mendocino, Tom Allman, se ve obligado a lidiar con la consecuencia natural de un mercado negro tan activo: la violencia. La postal del norte de California sigue siendo la de los hippies de Haight-Ashbury que se radicaron allí a fines de los 60 para cultivar marihuana pacíficamente. Pero de hecho, como me dice un ex limpiador, “son hippies que andan de caño”. Allman me cuenta que tiene cinco homicidios sin resolver que tuvieron lugar en los últimos años. El día antes de juntarnos a hablar, sus perros descubrieron el cadáver de Steven Schmidt, de 49 años, en un recóndito jardín de marihuana. Lo habían golpeado repetidamente en la cabeza con un martillo; el residente de la zona Phillip Frase, de 62 años, fue detenido, acusado de ser el autor material del crimen. Frase se declaró inocente. “Fue una transa que salió mal, no hay duda de eso”, dice Allman.

Para aumentar la tensión, es cada vez más fuerte la presencia de los carteles mexicanos, que no quieren renunciar al extremadamente lucrativo negocio de la marihuana, a los que les está resultando más fácil hacer pasar cultivadores a través de la frontera que marihuana en grandes cantidades. En los últimos tiempos, los carteles se han hecho tristemente célebres por instalar plantaciones en tierras públicas, en zonas alejadas dentro de los numerosos parques nacionales que hay en el norte de California. “En la primavera, llegan ilegales con semillas”, cuenta Allman. “En el verano, les mandan comida -no bajan a los pueblos a hacer compras-, y a fin de año, después de la cosecha, les pagan cuarenta o cincuenta mil dólares.” La mayoría de los productores con los que hablé se pusieron nerviosos (y, a decir verdad, un poco más nacionalistas de la cuenta) cuando les pregunté por los carteles, que suelen estar fuertemente armados, y que a menudo protegen con minas sus plantaciones. “Los bosques de esa zona son muy peligrosos. Son leones montaraces, esos mexicanos”, me advirtió un productor, y agregó: “Esos mexicanos te matan sin problemas”.

Incluso si todo le sale bien a un productor del Triángulo Esmeralda -si la cosecha sale buena, si los limpiadores no maltratan sus cogollos, si no lo detienen en una redada ni le roba alguna pandilla armada-, llega un momento en que tienen que lidiar con una última pero crucial cuestión: hacer efectiva la venta. En California, las principales víctimas de la ambigüedad en torno al cultivo y la distribución de marihuana son los productores, quienes deberían ser los mayores beneficiados por el boom del porro; pero, de hecho, pasar marihuana a través de las fronteras estatales, o incluso hacerla llegar a San Francisco o Los Angeles, puede ser una tarea extremadamente peligrosa. La sobreabundancia de marihuana no ha hecho sino agudizar el problema. “Antes, uno podía vender menos cantidad por más plata”, me cuenta Vic Tobias. Pero ahora, los pequeños productores a menudo se ven forzados a asociarse con distribuidores más grandes -intermediarios que cuentan con los medios para transportar la marihuana a las mayores ciudades, donde tienen contactos y clientes- con poder de compra como para bajar los precios. “Es algo típico de Estados Unidos. igual que Walmart”, dice Tobias, sacudiendo la cabeza, irritado. “Siempre las grandes corporaciones compran barato en cantidades enormes. Y siempre los perjudicados son los pequeños productores.”

En 1999, cuando Gary Johnson aún era el gobernador de Nuevo México, le dedicó algún tiempo a estudiar informes en materia de políticas de drogas, concluyó que la evidencia a favor de la despenalización era convincente y anunció públicamente que apoyaba le legalización; inmediatamente, su imagen positiva bajó del 58 al 28 por ciento, casi de la noche a la mañana.

“No es que estuviera ciego. Sabía lo que iba a pasar”, cuenta ahora Johnson. “Pero una cosa es saber qué va a pasar y otra cosa es que pase.” En vez de retractarse o dar explicaciones vacuas, Johnson redobló la apuesta: siguió hablando abiertamente sobre el tema. “Prometí que iba a recorrer cada rincón de Nuevo México para explicarle a la gente de lo que estaba hablando”, dice. “Y al final, dejé mi cargo con un índice de aprobación del 58 por ciento. Creo que éste es un problema de educación.” Luego agrega: “Hay un segmento de la población que está ciento por ciento en contra de legalizar el porro: son los funcionarios votados. Lo que yo le vengo diciendo a la gente es que la legalización es algo bueno. Cuando digo que es algo bueno, quiero decir que es razonable. De verdad creo que, literalmente, un día todos los políticos se van a ir a acostar y cuando se levanten a la mañana van a decir: «Sí, ¿por qué no?». Siempre digo que es un test para constatar el buen funcionamiento del cerebro”.

Ethan Nadelmann es optimista respecto de los cambios que están flotando en el aire. “Lo primero que vamos a ver es una proliferación de gravámenes y regulaciones y de propuestas de despenalización en todo el país”, predice. “Y el tema de la marihuana con fines médicos va a continuar. Nos estamos acercando cada vez más en Illinois, Connecticut, Nueva York. En cualquier estado en que las encuestas den un 50 por cierto a favor de la legalización, van a empezar a aparecer propuestas. Y, finalmente, algunas se van a aprobar.”

Surgen algunos interrogantes legítimos acerca de las ramificaciones sociales de un cambio tan profundo en la política sobre drogas: por ejemplo, la disminución de la estigmatización social que pesa sobre la marihuana, junto con la reducción del precio, podrían producir un aumento significativo en el consumo. Otros expresan sus reservas con algunos argumentos económicos esgrimidos por los partidarios de la legalización, por considerar que tal vez sean exagerados. “Se manejan muchas cifras que están basadas en estimaciones muy dudosas”, advierte Beau Kilmer, el investigador de la corporación RAND. “La verdad es que no sabemos qué va a pasar con los precios luego de la legalización, y no queda claro cuál es la tasa que debería pagar la marihuana.”

Por supuesto, viéndole el lado positivo a la cuestión, podría haber muchas otras fuentes de ingresos, más allá de la venta de marihuana en sí misma. El Triángulo Esmeralda podría explotar el turismo relacionado con el porro, como hacen en el valle de Napa con las bodegas. Y, naturalmente, habría una serie de nuevos y sofisticados vaporizadores y pipas y sedas para cubrir las demandas de un mercado en crecimiento. La empresa británica GW Pharmaceuticals, por ejemplo, ha estado desarrollando un inhalador tipo Ventolín, que regula la dosis exacta de marihuana con fines médicos que uno debiera inhalar. (Uno de los problemas para recetar, incluso si se termina quitando la marihuana de la lista de sustancias controladas, es la dificultad para recetar una dosis específica.) Otro productor con el que hablé me dijo que a un amigo suyo lo fueron a ver de una empresa líder en el mercado de agroquímicos, que está desarrollando una semilla de cannabis que crece en cuarenta días con sólo ocho vasos de agua.

No todo el mundo está tan entusiasmado con la creciente comercialización de la industria de la marihuana, uno de los últimos bastiones que se mantenían al margen de la invasión corporativa. Hace décadas que entre los porreros circula el mito urbano de que las tabacaleras están esperando a que se legalice la marihuana para hacerse inmediatamente con el control del negocio, y de que por este motivo hay espías de Philip Morris rondando ciudades como Garberville, Ukiah y Eureka. Ahora que la legalización parece posible, se acerca el momento en que la paranoia porrera se encontrará finalmente con una realidad viable.

Robert Mikos, el profesor de Vanderbilt, dice que es posible trazar un interesante paralelo histórico con los Estados Unidos luego de la Ley Seca, cuando decenas de miles -quizá cientos de miles- de destilerías ilegales se concentraron para dar origen a la industria licorera que tenemos hoy en día: un puñado de empresas que dominan el mercado de las cervezas y las bebidas espirituosas. Alguna gente afirma que, con la legalización, en California podría tener lugar una consolidación similar, luego de la cual quedaría sólo un puñado de grandes distribuidores de marihuana. “Walgreens no va a vender porro, y Philip Morris no lo va a cultivar”, dice Mikos. “Pero podría aparecer una gran empresa en California que se encargara de eso. Y California, como estado, podría hacer todo lo necesario para fomentar que eso ocurra. Es mucho más fácil regular un producto que venden cuatro empresas que uno que venden miles.”

En el transcurso del año pasado, se sabe que el presidente Obama, a la hora de lidiar con sus problemas con el paquete de estímulo y la creación de puestos de trabajo, estuvo estudiando las políticas implementadas por Franklin Roosevelt durante la Gran Depresión para inspirarse. La revocación de la Ley Seca no suele considerarse una de las medidas de reactivación laboral del New Deal. Sin embargo, ésta tuvo lugar en 1933, cuando el desempleo había trepado casi al 25 por ciento, el punto más alto durante la Depresión. Ciertamente, la revocación tuvo algunas consecuencias económicas positivas. Alfred Vernon Dalrymple, el director de la Nacional Prohibition, que era el zar de las drogas de su época, predijo en la revista Time que la revocación “les devolvería sus trabajos a miles de personas y produciría cientos de miles de dólares en nuevos emprendimientos”. Y el mismo Roosevelt, que en 1937 fue el primer presidente en declarar ilegal la marihuana, argumentó en un discurso de campaña de 1932 en Sea Girt, Nueva Jersey, que “nuestra carga impositiva no sería tan gravosa, ni las formas que ésta asume tan objetables, si una porción razonable de los millones que se destinan a esta equivocación de dimensiones colosales estuviera a disposición del Estado”.

La gente como Tim Blake, que ha estado en las trincheras -o, para ser más precisos, en los viejos jardines de cultivo camuflados en la mitad del bosque-, no duda de que un cambio sustancial, como ningún otro que haya tenido lugar en su vida, es inevitable, y que se encuentra a la vanguardia de una revolución que se está gestando. Imagínense comprar un porro con la misma facilidad con que uno compra un pack de cervezas. Imagínense los chivos encubiertos en canciones de rap. Imagínense las publicidades durante el Super Bowl. “La gente no se va a llenar de plata si se legaliza el porro y entran a terciar los peces gordos”, acepta Blake. “Pero van a poder ganarse la vida. Lo que va a pasar es que si de verdad te gusta cultivar cannabis, vas a poder ganarte la vida haciendo algo que amás. No vas a ganar millones de dólares. Pero hay que tener en cuenta el contexto: el país se está viniendo a pique.” Blake, un sobreviviente autoproclamado, empieza a acalorarse cuando habla al respecto. “La agricultura, la industria, todo aquello que nos caracteriza como país está desapareciendo”, sigue. “Pero nosotros somos afortunados. Tenemos que estar agradecidos.” Me mira fijo por un largo rato, como suele hacer, con una media sonrisa congelada en la cara, y habla como si pudiera ver el futuro. Y es un futuro que le gusta. O a lo mejor simplemente está fumado.

Fuente Rollingstone

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Autor: Rafael Borràs. Vocal del Col.legi

de Farmacèutics de Barcelona

En nuestro país no está permitido el uso terapéutico del cannabis. Pese

a esta importante premisa, desde el Colegio de Farmacéuticos sabemos que hay un número importante de pacientes que están consumiendo la sustancia con esa finalidad. Ello tiene sus riesgos, ya que la carencia de control médico y la variabilidad en principios activos de la planta –como no está permitida, tampoco está controlado y estandarizado el porcentaje de principios activos de la planta que se consume en el mercado- hacen muy difícil un control suficiente que permita una buena dosificación y un seguimiento de su uso.

Por eso, y con la intención de disminuir los riesgos asociados al consumo por parte de aquellos pacientes que libremente han decidido tomar cannabis con finalidades terapéuticas, nos disponemos a facilitar información que minimice los daños asociados al consumo de la sustancia.

Creemos firmemente que éste es un acto de responsabilidad que pretende ofrecer datos realistas y objetivos sobre la planta y los efectos que produce.

En ningún momento estamos efectuando apología del cannabis, ni pretendemos incitaros a su consumo, únicamente pretendemos ofreceros información para un uso responsable, sin entrar en valoraciones, en espera de que las autoridades sanitarias decidan dar un paso de normalización y asuman que la mejor manera de eliminar riesgos y controlar tanto la calidad de la planta como la actuación de los pacientes es ubicándola en los circuitos sanitarios legalmente establecidos y bajo control médico y farmacéutico.

Mientras llega ese momento, creemos que es interesante para los pacientes que puedan acceder al PROSPECTO DEL CANNABIS, y así poder consultar en él cualquier aspecto relacionado con la sustancia, su uso y sus riesgos asociados.

USO

Uso terapéutico y uso lúdico (una diferencia sustancial)

En el debate que existe actualmente sobre el cannabis, se ha hablado mucho de la legalización y de su uso lúdico y recreativo. Mucha gente ha aprovechado el debate sobre el uso terapéutico para defender el consumo de la sustancia fuera del ámbito paliativo. También han surgido algunas voces abogando por el consumo libre y defendiendo su inocuidad y atoxicidad, argumentando que “si se defiende el uso terapéutico, eso quiere decir que el cannabis es inofensivo y mira…, incluso puede curar o aliviar dolencias”.

Aprovechar el debate sobre el uso terapéutico para reforzar otros intereses ligados a la legalización y para extender el mensaje de que el

cannabis es inofensivo es una falta de responsabilidad importante.

Aquí hay dos debates totalmente distintos, y no es justo aprovechar la demanda y necesidades de muchos pacientes respecto de la sustancia para defender su uso recreativo, el cual requiere un abordaje y un debate totalmente diferente.

DESCRIPCIÓN QUIMICA

Inflorescencias secas de la planta femenina de Cannabis sativa L.

Principios activos: cannabinoides, fundamentalmente delta-9-

tetrahidrocanabinol (delta-9-THC: también denominado dronabinol), y en menor cantidad ácido delta-9-THC, delta-8-THC, cannabidiol y

cannabinol.

En Holanda conocemos las dos variedades que se dispensan en las farmacias: Bedrocan y SIMM18. En España la composición en principios activos es desconocida, ya que se consigue la sustancia a partir de diferentes fuentes ilegales y sin control del producto. Lo que sí podemos evidenciar es que se desaconseja totalmente el consumo de la resina (en el argot: hachís, chocolate), porque tiene una mayor concentración en principios activos -mayor posibilidad de intoxicación y también contiene productos que se mezclan con la sustancia y pueden ser muy tóxicos.

INDICACIONES

No registradas:

– Esclerosis múltiple y problemas de médula espinal: contra el dolor, espasmos y convulsiones musculares.

– Cáncer y VIH/SIDA: dolor; vómitos y náuseas como efectos secundarios de la quimioterapia, la radioterapia y la medicación

antirretroviral; como estimulante del apetito.

– Dolores crónicos de origen nervioso.

– Síndrome de Guilles de Tourette: ayuda a detener los tics.

Hay que recordar que el cannabis no juega ningún papel en la curación de estas dolencias. Sólo -en algunos casos y ante el fracaso de los fármacos existentes para abordarlas- puede ayudar a aliviar sus síntomas.

Lo más aconsejable es, pese a que no esté autorizado en nuestro entorno, comentar con el médico la posibilidad de consumir el

cannabis.

También se habla de otras indicaciones pero no hay suficientes estudios clínicos que las avalen.

CONTRAINDICACIONES

– Trastornos psicóticos.

– Pacientes con problemas psicológicos.

– Problemas de corazón: arritmias cardíacas, insuficiencia coronaria o pacientes que hayan tenido alguna angina de pecho o infarto.

– Contraindicado en personas que deban utilizar maquinaria o tengan que conducir. En este caso, se recomienda, si se ha consumido cannabis por vía inhalatoria, esperar como mínimo dos horas antes de conducir. Y si se ha tomado por vía oral – inhalación, cápsulas, con la comida…-, esperar al menos cuatro horas.

DOSIFICACIÓN

Es muy difícil establecer una buena pauta de dosificación, ya que estamos hablando de una sustancia con una gran variabilidad. Esta variedad en la dosis dependerá de la calidad y las características de la planta de la que se disponga. Lo mejor es aumentar la dosis poco a poco, esperando encontrar el efecto deseado. Es recomendable obtener siempre la sustancia de un mismo origen, ya que las posibilidades de que la cantidad de principios activos sean similares son más altas.

El cannabis medicinal se puede utilizar de diferentes maneras: infusión, inhalación o ingestión.

La inhalación es la vía más rápida, porque los principios activos del

cannabis van directamente a los pulmones y su absorción es más rápida. Se hace utilizando “vaporizadores”, que son unos aparatos que calientan el cannabis y hacen que los principios activos se volatilicen y vayan a los pulmones una vez se han inhalado. La diferencia con la combustión (fumar) es que esta segunda opción es más nociva porque están presentes algunos agentes cancerígenos e irritantes para las vías respiratorias.

El efecto máximo en la inhalación se produce al cabo de 15 minutos,

y la duración es de 2-3 horas.

En el caso de las infusiones, se debe añadir un poco de aceite, mantequilla o leche entera al agua, porque los cannabinoides son liposolubles (solubles en aceite) y no se solubilizan en agua. En este caso, los efectos se notarán a los 30-90 minutos, el efecto máximo se notará a las 2-3 horas y el efecto puede durar hasta 8 horas después de la administración.

ATENCION

­- La inhalación de cannabis tiene más posibilidades de producir efectos secundarios psicológicos. Sobre todo si el cannabis lleva mucho dronabinol -cosa que no podemos saber, porque no se trata de una sustancia controlada en la comercialización-

Por eso se recomienda empezar por una dosis baja o bien inhalando menos veces. Otra posibilidad es empezar por la infusión de cannabis en lugar de la inhalación. Pero también como infusión se tiene que empezar poco a poco.

-Es más difícil encontrar la dosis adecuada en la infusión que en la inhalación, ya que tarda más tiempo en hacer efecto. Se empieza siempre por una taza al día. Si no fuera suficiente, se puede subir la dosis hasta dos tazas al día.

– Hay que esperar una o dos semanas para poder juzgar los efectos. El efecto es menor después de un uso repetido.

– Como el cannabis que se consume en nuestro entorno no está controlado en cuanto a concentración de principios activos, hay que tener mucho cuidado con la dosificación.

INTERACCIONES

Antidepresivos inhibidores selectivos de la captación de

serotonina: El THC puede aumentar el efecto de la fluoxetina.

Antidepresivos tricíclicos: El THC puede aumentar los efectos secundarios de la amitriptilina, que serían taquicardia, hipertensión y sedación.

Antiinflamatorios no esteroideos: La indometacina y el ácido acetilsalicílico reducen los efectos del THC.

Barbitúricos: Aumentan los efectos depresivos del THC y también aumentan la taquicardia que provoca el consumo de THC.

Benzodiazepinas: Pueden aumentar la depresión del sistema nervioso y a la vez también del sistema respiratorio.

Beta-bloqueantes: Reducen la taquicardia asociada al THC.

Etanol (alcohol): Puede aumentar el deterioro del sistema nervioso.

Opiáceos: Aumentan la sedación y la analgesia.

Teofilina: Los cannabinoides aumentan el catabolismo de la

teofilina. Por tanto será necesario aumentar la dosis.

Anticolinérgicos: La atropina y la escopolamina pueden aumentar la taquicardia producida por el THC.

Disulfiramo: El THC interacciona con el disulfiramo, produciendo una reacción muy desagradable para el paciente. Evitar la asociación

de las dos sustancias.

EFECTOS SECUNDARIOS

Los efectos secundarios psicológicos que se pueden experimentar pueden ser muy diferentes. Depende de la calidad del cannabis, de la manera en la que se usa, de la experiencia que tiene el usuario con la sustancia y también del estado de ánimo a la hora de tomarlo.

Después de consumirlo, la persona puede tener una sensación de euforia que poco a poco cambia a una sensación de satisfacción, calma y tranquilidad. Otros efectos son: relajamiento, ataques de risa, apetito, gran sensibilidad para la música y los colores, cambio de sentido en el espacio y el tiempo y pereza. También puede tener lugar una falta de reacción, sobre todo durante las primeras horas después de la utilización. Después de la inhalación, las dos primeras horas son las más importantes; si la ingestión es oral, hay que tener en cuenta las primeras cuatro horas.

La percepción cambiada puede comportar sensaciones de miedo, pánico y confusión. Y en pacientes que no se encuentran bien, utilizarlo puede comportar una reacción negativa peor.

El consumo diario puede afectar a la memoria y a la capacidad de concentración.

Se han constatado casos con manifestaciones de intranquilidad e insomnio.

También puede llevar a una reacción psicótica, que se puede reconocer por las alucinaciones. Otros efectos secundarios son: taquicardia, hipotensión ortostática (cuando se está de pie), dolor de cabeza, mareo, tener frío y calor al mismo tiempo en los pies y en las manos, ojos enrojecidos, músculos adormecidos, boca reseca…

Si se fuma, se irritan las vías respiratorias y a la larga pueden aparecer enfermedades como bronquitis, faringitis, enfermedad pulmonar obstructiva crónica o cáncer de pulmón.

EMBARAZO Y LACTANCIA

Se desaconseja su uso durante el embarazo y la lactancia, porque el

cannabinol puede llegar al feto y también excretarse por la leche materna.

Hay estudios que evidencian una cierta relación entre el consumo de la sustancia durante el embarazo y ciertos aspectos del comportamiento del niño que entrarían dentro de la denominada función ejecutiva -atención/impulsividad y aquellas situaciones de resolución de problemas en las que se exige capacidad de integración y manipulación de habilidades perceptivas visuales elementales-.

RIESGO DE DEPENDENCIA

El riesgo de dependencia es relativamente bajo cuando se administra

cannabis durante un período corto de tiempo (por ejemplo, como tratamiento para reducir las náuseas y vómitos producidos por la quimioterapia). En el caso de un tratamiento más largo (dolor, esclerosis múltiple…), el riesgo de dependencia es más elevado, y

en dichos casos será muy importante valorar el efecto beneficio/riesgo y tomar una decisión.

Algunos usuarios manifiestan padecer síndrome de abstinencia si dejan bruscamente el consumo. Este síndrome, que es moderado, se caracteriza por irritabilidad, nerviosismo, trastornos del sueño, hiperhidrosis (secreción de sudor exagerada) y anorexia.

Hay que aclarar que la dependencia viene determinada por factores más psicológicos que físicos.

ADVERTENCIAS ESPECIALES

-El cannabis puede empeorar alteraciones psicológicas, especialmente en personas psicóticas. Por tanto es importante tener en cuenta esta premisa antes de decidir tomarlo.

– El uso del cannabis puede influir en la capacidad de concentración y reacción. Por eso se recomienda no conducir ningún vehículo ni utilizar maquinaria peligrosa si se ha consumido cannabis. Si, a pesar de todo, es imprescindible coger el coche, se deberá esperar como mínimo 2,30 h si se ha tomado por inhalación y 4-5 h si se ha tomado por ingestión.

– Los efectos secundarios psíquicos pueden dar lugar a un ataque de pánico. Es aconsejable estar acompañado si se utiliza cannabis por primera vez.

– El cannabis contiene productos de combustión nocivos, como por ejemplo materiales cancerígenos y monóxido de carbono.

– No se puede utilizar cannabis durante el embarazo ni la lactancia.

-Antes de utilizar cannabis, es muy importante conocer y contrastar la medicación que se está tomando.

Fuente Col·legi de Farmacèutics de la Província de Barcelona

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México.-El Secretario técnico de la Comisión Nacional para la Prevención de Adicciones (Conadic), Carlos Rodríguez Ajenjo, rechazó la aprobación del uso terapéutico de la cannabis, en virtud de que ésta produce efectos psicotrópicos, dependencia y puede provocar trastornos neurológicos.

Al participar en una mesa redonda sobre ese tema en las instalaciones del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) señaló que la utilización de la marihuana debe ser analizado en diferentes foros.

En este sentido, indicó que para aprobar su uso terapéutico es necesario realizar estudios minuciosos y comparativos para conocer los posibles beneficios.

“Estamos tratando de reducir la demanda de marihuana, ya que tiene efectos dañinos para la salud, ya que es una sustancia difícil de manejar, por lo que deben conocerse a fondo las dosis que pudieran utilizarse”, apuntó.

Rodríguez Ajenjo reconoció que la cannabis tiene propiedades analgésicas, pero éstas varían en los pacientes e incluso su uso puede provocar trastornos neurológicos, además de que es peligrosa pues produce dependencia y alteración en el sistema nervioso.

Por su parte, el doctor Gady Zabicky, del Instituto Nacional de Psiquiatría señaló que la prohibición de la cannabis en México para uso terapéutico debe terminar, ya que su uso medicinal trae consigo grandes beneficios.

Refirió que a diferencia de la morfina y la cocaína, está comprobado que bien suministrada ayuda a la recuperación de los enfermos, por lo que es urgente analizar la posibilidad de dar luz verde para su utilización.

“Debe acabarse la prohibición, ya que ésta es insostenible y tiene que autorizarse su uso terapéutico en beneficio de las personas que realmente la necesitan”, afirmó.

En su oportunidad, Fernando Silvia, asesor del diputado Victor Hugo Círigo, señaló que la iniciativa de reforma a la Ley general de salud es un paso importante para lograr derechos que demanda un sector de la sociedad.

Explicó que está plenamente comprobado que el uso de la cannabis ayuda en el tratamiento de las reumas y es coadyuvante en la reducción de dolores crónicos.

En este sentido, aseveró que el uso terapéutico de la mariguana, el cual ya opera en 82 países, entre otras cosas genera apetito a personas sujetas a quimioterapias, por lo que su uso terapéutico debe ser aprobado en nuestro país.

Fuente RevistaFusion

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Hay recogidos una serie de casos de buenos resultados obtenidos en situaciones médicas de difícil clasificación, como los pruritos, el hipo, el síndrome de déficit de atención, la hipertensión arterial, el tinnitus, el síndrome de fatiga crónica, el síndrome de las piernas inquietas, entre otras. Han sido descritas por diferentes autores cientos de posibles indicaciones para el cannabis y el THC. Por ejemplo, en tres pacientes con prurito secundario a enfermedad hepática fueron eficaces de 2’5 a 5 mg de THC. Otro ejemplo es el de los satisfactorios resultados en el tratamiento de un caso de hipo crónico secundario a una intervención quirúrgica. Ninguna medicina le era eficaz, pero tras fumar un cigarro de cannabis le desaparecían completamente los síntomas.

Los productos del cannabis muchas veces muestran muy buenos resultados en enfermedades con síntomas múltiples que entran dentro del espectro terapéutico del THC, como por ejemplo, en situaciones dolorosas de origen inflamatorio (como en la artritis), o que acompañan a espasmos musculares (como en los espasmos menstruales o en lesiones de la medula espinal) o en enfermedades en las que coinciden nauseas y anorexia con dolor, ansiedad y depresión (por ejemplo en SIDA, cáncer, hepatitis C).

Fuente CannabisMed

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Corte Suprema estatal anula ley que modificaba Proposición 215

san franciscoEstados Unidos.— De manera unánime, la Corte Suprema de California anuló ayer una ley estatal que limitaba la cantidad de marihuana medicinal que podía poseer cada paciente. El tribunal dictaminó que los legisladores erraron al modificar las provisiones de la Proposición 215, aprobada por los votantes en 1996, y que hizo legal que pacientes con el consentimiento escrito de un médico pudiese poseer una cantidad no especificada de marihuana.

El propósito de la Legislatura en establecer en 2003 que cada paciente podía portar un máximo de 8 onzas de marihuana seca fue clarificar las regulaciones a las agencias de la ley.

Sin embargo, la Corte dijo que sólo los votantes pueden modificar enmiendas que se agregaron a la Constitución mediante el proceso de iniciativas.

La decisión, escrita por el presidente Ron George, deja sin cambios la parte de la ley que protege a aquellos pacientes que posean un carnet de identificación explícito proporcionado por la autoridad estatal de arresto. Sin embargo, la policía puede arrestar a un paciente si tiene una razonable sospecha que la tarjeta es una falsificación o que un crimen esté siendo cometido.

CaliforniaSin embargo, la corte no especificó hasta qué cantidad de marihuana considera para uso medicinal legítimo y cuál debe ser considerada tráfico ilegal de drogas, lo que podría ser decidido en cada instancia por la policía.

“La Corte Suprema de California hizo lo correcto en abolir los límites de cultivo y posesión de marihuana medicinal”, dijo Joe Elford, principal abogado del grupo Americans for Safe Access, que apoya el uso de la marihuana medicinal. “Al mismo tiempo, la corte dejó demasiada discreción en manos de la policía para decidir la cantidad que constituye tráfico de drogas”.

La decisión confirma una anterior de una corte inferior, que anuló la condena de Patrick Kelly, un hombre del sur de California arrestado por poseer 12 onzas de marijuana secta y doce plantas. Un “informante confidencial” llamó a la policía de Lakewood para denunciar a Kelly en octubre de 2005.

Los expertos testificaron que la cantidad de marijuana que Kelly tenía le hubiese durado pocas semanas en su tratamiento para la hepatitis C, dolor de espalda crónico y cirrosis.

justiciaLa decisión judicial no sorprendió , ya que el procurador general de California estaba de acuerdo con el abogado defensor de Kelly, Gerald Uelman, un profesor de derecho en la Universidad Santa Clara.

Al mismo tiempo, la Suprema Corte de Justicia del vecino estado de Washington decidió ayer que el permiso de un médico de usar marijuana medicinal no impide a la policía arrestar a un paciente o hacer una pesquisa en su residencia. El tribunal dejó en su lugar la condena y encarcelamiento de Jason Fry, un hombre del condado Stevens a quien se le hallaron dos libras de marijuana en 2004.

Los jueces establecieron que los agentes del sheriff que percibieron humo de marijuana en la casa tenían suficientes motivos para creer que se cometía allí un crimen.

Fuente laopinion

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seicAyer día 26 se inauguró el X Congreso de la Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides (SEIC)

El consejero de Sanidad, Luis María Truan, ha destacado la apuesta de su departamento por potenciar e incentivar la investigación en ciencias de la salud en Cantabria, considerándola un área prioritaria tal y como se refleja en los incrementos presupuestarios de los últimos años y en los cambios estructurales y organizativos establecidos.

Truan, que ha inaugurado el X Congreso de la Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides (SEIC) que reúne en Santander a más de un centenar de especialistas, ha señalado que Cantabria cuenta con una investigación biomédica líder y consolidada. Esta situación, ha añadido, se ha visto reforzada con el convenio de colaboración suscrito con la Universidad de Cantabria para aunar esfuerzos y compartir recursos materiales y humanos.

En el acto de inauguración ha estado acompañado por la vicerrectora de Ordenación Académica de la Universidad de Cantabria, Concepción López, el presidente de la Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides, Javier Fernández, y el presidente del comité organizador del X Congreso, Ángel Pazos.

En relación con la investigación en el campo de las sustancias de naturaleza cannabinoide, el consejero de Sanidad ha indicado que, este área representa un reto y un objetivo para mejorar el conocimiento de los riegos y los efectos adversos, que pueden presentar las conductas de consumo crónico de derivados de cannabis.

También se ha referido a la necesidad de identificar de forma científica las posibilidades de utilizar estas sustancias en la terapéutica de diversas enfermedades, siempre bajo la correcta prescripción médica.

Por su parte, la vicerrectora de Ordenación Académica de la UC ha resaltado el alto nivel científico de la reunión y ha expresado su deseo de que las conclusiones de esta reunión favorezcan la transferencia de conocimiento y marquen los objetivos y proyectos a seguir de cara al futuro.

Tanto el presidente de la SEIC como el presidente del comité organizador del X Congreso han resaltado la importancia de esta reunión que permitirá abordar aspectos relacionados con las sustancias de naturaleza cannabinoide, como su potencial terapéutico o su posible toxicidad. Entre los objetivos de este congreso han citado la posibilidad de analizar y exponer los principales avances que se están dando el conocimiento de estas sustancias.

Programa científico

Dentro del programa científico de esta reunión destaca la conferencia inaugural sobre “Endocannabinoides y alostasis”, a cargo de la doctora Cecilia Hillard, del Colegio Médico de Wiscosin (Estados Unidos). En su intervención ha hablado sobre el papel de las moléculas de tipo cannabinoide en la regulación del estrés, ansiedad y alteraciones en el estado de ánimo. La doctora Hillard es una de las científicas más relevantes en el campo del sistema cannabinoide, habiendo publicado más de un centenar de artículos en revistas internacionales de alto impacto. Actualmente preside la Sociedad Internacional de investigaciones sobre Cannabinoides.

En la jornada inaugural, se ha presentado también el libro “Actualización sobre el potencial terapéutico de los cannabinoides”, que recoge las contribuciones de numerosos expertos sobre temas como el sistema cannabinoide endógeno y el potencial de las sustancias cannabinoides para tratar el dolor y enfermedades como el parkinson, el alzheimer, el huntington, la esclerosis múltiple, la esquizofrenia o la depresión.

A continuación se ha celebrado una mesa redonda sobre “Cannabis y trastornos psiquiátricos: del laboratorio a la clínica”, que contará con la participación de investigadores del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla y de la Universidad de Cantabria.

Comunicaciones orales y presentaciones de posters sobre investigaciones básicas o clínicas relacionadas con el estudio de los cannabinoides completarán las sesiones hasta el próximo sábado. Durante esta jornada de clausura se presentará el Premio a la mejor publicación de 2009 y se entregarán los premios a las mejores comunicaciones.

Fuente Piquio

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Estaba leyendo un artículo que informaba que a partir del 30 de Noviembre de este año, una nueva política del Health Canada va a requerir que las personas que usan marihuana certificada paguen por adelantado.

Me dije qué??? El gobierno vende marihuana??? La respuesta es SI. Pero, espera cero pánico. Si hay algo que he aprendido en Canadá es la tolerancia. Es necesario tener una mente muy abierta.

La marihuana de la que hablamos tiene fines médicos. El tema es que en Canadá hay más de 4,600 personas que están autorizadas o certificadas a utilizar  marihuana medicinal como tratamiento para ciertas enfermedades entre ellas ciertos dolores crónicos, que no pueden ser tratados con  medicina convencional.

Estaba leyendo que en 2003 Health Canada (que es la oficina de salud canadiense), se vio prácticamente obligada, por razones jurídicas a entrar en “el negocio de la marihuana”. Esto con el fin de evitar que los pacientes con necesidad de usar esta marihuana medicinal tuvieran que buscarla ilegalmente.

El artículo dice que la gran mayoría de estos pacientes cultivan su propia marihuana o tienen a otras personas que lo hacen para ellos, pero todo está debidamente registrado. Alrededor de unos 800 pacientes se ven en la necesidad de comprar de Health Canada.

Precios? Health Canada vende la marihuana seca a 5 dólares el gramo, mientras que en el mercado negro estas personas deben pagar alrededor del doble. El cambo en la forma como se hacía antes, es decir que el paciente la ordenaba y pagaba luego, es debido al retraso en el pago!

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El Gobierno del País Vasco dispensará marihuana a enfermos para mejorar su calidad de vida. La consejera de Asuntos Sociales, Gemma Zabaleta, compareció ayer en el Parlamento para explicar las líneas maestras de su trabajo en la consejería para los próximos años, comentó que su departamento trabaja y con el departamento de Sanidad en el estudio de las “evidencias científicas” que ya demostraron la eficacia de estos tratamientos .

El uso de la marihuana  ha dado buenos resultados en enfermos de cáncer que reciben quimioterapia, pues el cannabis evita los vómitos derivados de estos tratamientos. En enfermos de esclerosis mitiga los dolores musculares, y en pacientes que han desarrollado el sida despierta el hambre y alivia los dolores crónicos. Cataluña fue también pionera con esta sustancia, que se administra mediante infusiones, comprimidos o preparados alimenticios.

En todo caso, la sociedad ha empezado a funcionar por su cuenta en este asunto, y son varias las asociaciones que proveen de marihuana a este tipo de enfermos.

Fuente Noticias de Alava

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El Gobierno Vasco dispensará heroína y marihuana a enfermos para mejorar su calidad de vida. La consejera de Empleo y Asuntos Sociales, Gemma Zabaleta,  explicó que su departamento trabaja ya con Sanidad en el estudio de las “evidencias científicas” que han demostrado la eficacia de estos tratamientos en diferentes tipos de enfermos.

En el caso de la marihuana, su uso ha dado buenos resultados en pacientes de cáncer que reciben quimioterapia, pues el cannabis evita los vómitos derivados de estos tratamientos. En enfermos de esclerosis mitiga los dolores musculares, y en pacientes que han desarrollado el sida despierta el hambre y alivia los dolores crónicos. Cataluña fue también pionera con esta sustancia, que se administra mediante infusiones, comprimidos o preparados alimenticios.

En todo caso, la sociedad ha empezado a funcionar por su cuenta en este asunto, y son varias las asociaciones que proveen de marihuana a este tipo de enfermos.

Fuente NoticiasdeAlava

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No se trata de ningún capítulo anecdótico. Lejos del carácter lúdico que se le supone, la demanda del cannabis con usos terapéuticos se abre paso en Gipuzkoa a marchas forzadas. Dentro de este colectivo nadie se plantea fumar un porro como antesala de la juerga. La mayor parte no está para bromas. Son enfermos que buscan en esta sustancia ilegal el bálsamo a unos dolores corporales que acaban por quebrantar el estado de ánimo, siquiera el más optimista. “Lo tuve que dejar porque me dio un mal viaje, pero volveré a recurrir a ella”, admite sin ambages A.A., integrante de la Asociación de Fibromialgia y Fatiga Crónica de Gipuzkoa, Bizi-Bide. Da sus iniciales porque revelar su identidad sería sinónimo de problemas.

Y “ella”, como dice, es la marihuana. Lo que le ocurrió a este guipuzcoano sucede con frecuencia entre quienes imploran por una planta que, de trapicheo, no ofrece ninguna garantía de calidad. Los enfermos se ven obligados a buscarse la vida para conseguir las dosis, pero la respuesta óptima de los cogollos con los que paliar los dolores va por barrios. Osakidetza no reconoce su consumo, y aunque cada vez hay más médicos que recomiendan al paciente echar mano de un porro, o consumir esta sustancia de forma inhalada, lo hacen con la boca pequeña para no despertar recelos. “Te tira para atrás precisamente eso, el halo de sospecha que se crea una vez que decides dar el paso”, lamenta este enfermo. Pese a ello, lo tiene meridianamente claro: todo intento es poco para poner freno a tanto dolor.

Mientras el Código Penal continúa implacable en este asunto, prohibiendo la venta de cannabis así como su posesión y consumo en lugares públicos, comienza a generarse en el territorio una situación que suscita un serio motivo de reflexión: crece como la espuma el boca a boca entre enfermos crónicos que hablan de las bondades del cannabis pero, espoleados por ese vacío legal, todos se ven obligados a ingeniárselas para adquirir la ansiada sustancia, llegando a dar tumbos para dar con ella, como si de traficantes se tratara.

Algunos deciden cultivar la planta, otros tiran de amigos, muchos tienen camello y una minoría está asociada. “Acabas implicando a terceras personas sin saber realmente la calidad del producto que te están dando, por no hablar del precio, que está desorbitado”, critica el miembro de Bizi-Bide.

la primera puerta Las tiendas de marihuana del territorio se están convirtiendo en una primera puerta a la que llamar. La venta de semillas está permitida desde hace años, pero no así la dispensación directa de maría , lo que hace andar con pies de plomo a los expendedores. “Cada vez vienen más enfermos pidiendo información, pero yo les remito a Barcelona, donde quizá les puedan ofrecer algún derivado del THC -tetrahidrocannabinol- rebajado”, indica Iñaki Nogueira, que lleva siete años al frente del establecimiento Ganjahgrowshop, en el barrio donostiarra de Herrera.

El joven toma un catálogo en sus manos para señalar el tipo de planta que mejor se acomoda a las necesidades de este tipo de clientes. “Es la que llamamos índica , la relajante, la que viene de Afganistán y tiene un efecto más narcótico”, detalla el dependiente.

Daniel Fernández también recibe la visita cada vez más frecuente de enfermos que buscan en la maría un modo de vida más llevadero. A juzgar por lo que observa en La Mota, el growshop de la Parte Vieja de Donostia en el que despacha, casi siempre son familiares o conocidos de los propios interesados quienes se acercan, aunque cada vez con más frecuencia también lo hacen los protagonistas de esta historia, quienes arrastran su propia patología. “Tienen entre 30 y 40 años, y siempre preguntan lo mismo, cómo pueden consumir lamaría “, explica. Nadie busca colocarse, sino desprenderse del dolor o las molestas náuseas que les provoca la enfermedad.

Él les explica que existen dos métodos de consumo, a través de vaporizadores o por ingestión. Su compañera, la francesa Coralie Guillaume, asiente. “Llevo un año y medio en este negocio, y es verdad que cada vez recibimos más solicitudes, muchas más de las que pensaba”, comenta.

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sativex.jpgAunque de momento sólo sea a través de una prescripción de uso compasivo, el cannabis ha abierto la puerta y dado el primer paso entre los medicamentos oficiales. Tras un intenso programa piloto realizado en Cataluña, este producto se administrará en forma pulverizada, bajo el nombre comercial de Sativex, un fármaco que tendrá los dos componentes de la planta.
Pero su uso no será libre en absoluto, estará dirigido exclusivamente a enfermos crónicos y graves que no responden a ningún tratamiento habitual. En concreto una de las primeras aplicaciones será la de aliviar sustancialmente los efectos secundarios que producen las terapias oncogénicas.
El medicamento basado en un extracto del cannabis se utilizará en Cataluña con respaldo científico para paliar los efectos de la esclerosis múltiple y del tratamiento del cáncer en pacientes que no responden a otras opciones terapéuticas.
El primer estudio sobre Sativex promovido desde la administración pública en el Estado ha demostrado la eficacia en pacientes de esta alternativa.
El trabajo, que se acaba de presentar, se realizó entre enero de 2006 y diciembre de 2007, con 207 pacientes en los hospitales públicos de Barcelona que sufrían dolor neuropático (por distintas causas) o náuseas y vómitos secundarios a la quimioterapia para el cáncer.
Un tercio de las 33 mujeres en tratamiento de quimioterapia que probaron el producto no sufrió náuseas en los ciclos sucesivos de tratamiento, mientras que en el 67% restante disminuyó la duración y la intensidad del efecto adverso. En el caso de los vómitos, el 21,7% de ellas no volvió a tenerlos y el 73,9% vio reducida su intensidad y duración.
El fármaco, un pulverizador oral, sólo está autorizado en Canadá (contra el dolor neuropático en enfermos de esclerosis múltiple), por lo que su prescripción sólo es posible por la vía del uso compasivo. Aún no está aprobado en el Estado, ni por la Agencia Europea del Medicamento. El permiso para la comercialización en la Unión Europea “se obtendrá en breve”, según los especialistas, ya que tres países han solicitado su aprobación: el Estado español, Reino Unido y Dinamarca.
El medicamento derivado el cannabis con componentes no psicoactivos se distribuye en envases para 50 pulverizaciones y se calcula que la dosis necesaria para un ciclo de quimioterapia podría costar 35 euros. En patologías crónicas, serían 300 euros anuales. En el Estado lo comercializará Almirall.
“La ventaja de disponer el cannabis como un producto farmacéutico es evidente. Los pacientes que necesiten tomarlo podrán inhalarlo y su eficacia será mucho mayor, ya que tomarlo en forma de calado es poco recomendable ya que sus efectos suelen ser muy variables. Con esta terapia los pacientes sabrán que una pulverización equivale a una calada y siguiendo las pautas de los especialistas podrá dosificarse bien”, explica Josep Piera, jefe de Servicio de Oncología del hospital Donostia, quien reconoce la oportunidad de que la Administración pública haya respondido a la demanda social a favor del uso terapéutico del cannabis.
En el caso de enfermos con anorexia-caquexia asociada a sida o a cáncer, se ha visto que el 53% de los tratados pasaron de no tener hambre a tener muchísimo apetito, y en enfermos con esclerosis múltiple la percepción de dolor muy intenso o intolerable pasó con este tratamiento del 66% al 35%, y se incrementó del 11,40% al 27,70% el número de pacientes que no referían dolor o sólo ligero. Piera asegura que cualquier oncólogo de Euskadi o de cualquier otro lugar del Estado podrá pedir el uso compasivo de este medicamento, al igual que se hace con otros que no están comercializados en el Estado. “Este tratamiento podrá ser también utilizado para otros cánceres, además del de mama. Espero que su uso no sea restrictivo, no tendría lógica. Con toda seguridad esta terapia tendrá muchos otros candidatos”.
Para miembros de las beligerantes asociaciones favorables al uso del cannabis en la medicina oficial, la posibilidad de utilizar el Sativex como uso compasivo, además de un momento de satisfacción supone un punto de inflexión de no retorno en la introducción de este medicamento a todos los niveles de tratamiento.

Fuente Deia.com

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Concejales de Los Angeles ( California) llamaron hoy aquí al gobierno de Estados Unidos a poner un alto a las redadas en dispensarios médicos en donde se vende en California la marihuana con fines medicinales.
Estamos impulsando una resolución que pide al gobierno federal que respete a California en el consumo de marihuana para fines médicos y que la agencia Antinarcóticos deje de hacer redadas en esos centros’, dijeron los concejales Dennis Zine, Janice Hahn y Bill Rosendahl.
Los concejales anunciaron además que con esta acción se suman a la encabezada por la senadora estatal demócrata Carole Migden de San Francisco.
La legisladora estatal ha estado recabando firmas en apoyo a la coalición ‘Estadunidenses por Acceso Seguro’ que demanda que se suspendan las redadas y los actos intimidatorios para quienes consumen marihuana medicinal.
‘Pedimos respeto y una aplicación compasiva de las leyes e incluimos en nuestra demanda que devuelvan los activos decomisados durante las redadas a centros de venta de este tipo de productos’, señalaron los regidores.
En 1996 votantes californianos aprobaron la proposición 215 que legalizó el consumo de marihuana para pacientes que con receta médica demuestren que necesitan consumir esa droga por males crónicos y enfermedades graves.
La propuesta será presentada este día durante la sesión del concilio de la ciudad y en donde se demandará se apruebe el punto resolutivo para pedir el fin de la interferencia federal en leyes de la marihuana medicinal de California.
Sólo en el condado de Los Angeles se estima que existen entre 200 a 400 dispensarios de marihuana medicinal que no son locales abiertos al publico sino a presuntos pacientes.
Americans for Safe Access argumenta a favor que los dispensarios pagaron unos 100 millones de dólares en contribuciones durante el último año y estima que unos 300 mil estadunidenses son los que usan la marihuana para aliviar el dolor.

Fuente Milenio.com

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La Cámara Federal sobreseyó a una mujer que había sido procesada por poseer cannabis. Consideró que la sustancia era utilizada como analgésico y contribuía a calmar los dolores crónicos que padecía.
Buenos Aires (Perfil). La Cámara Federal porteña sobreseyó a una mujer que había sido procesada por tenencia de cannabis, por considerar que la sustancia era utilizada con fines medicinales.

Si bien la sustancia no fue prescripta por ningún médico, la mujer la utilizaba como analgésico y se consideró que contribuía a calmar los dolores crónicos que padecía. La Cámara concluyó que la tenencia es “penalmente irrelevante?.

El fallo revocó el procesamiento por tenencia simple de 90 gramos, –un delito penado con prisión de uno a seis años– que había dictado contra la acusada la jueza federal María Servini de Cubría.

Los camaristas consideraron que el consumo vinculado con la salud, sin prescripción médica, y siempre que no se afecte a terceros, no constituye un delito, según publica hoy el diario Página 12. Introducen así la necesidad de que se respeten los conceptos de salud individual y salud pública.

Según informes médicos la mujer padece un problema crónico (dolores articulares y musculares, que le producen insomnio y anorexia), y presenta intolerancia a los analgésicos y antiinflamatorias.

La Cámara se había expedido sobre el mismo caso en marzo de 2006 y había dictado la falta de mérito de la imputada y ordenado a Servini de Cubría que investigara si las dolencias sufridas por la mujer justificaban la tenencia de marihuana.

Servini de Cubría había rechazado anteriormente los argumentos del uso medicinal porque no había logrado constatar que “estuviese llevando a cabo un tratamiento terapéutico en base al suministro de marihuana”.

El defensor oficial Gustavo Kollman apeló la medida con el argumento de que la droga secuestrada era para consumo personal, pero sobre todo se basó en el derecho a la salud de la persona y reclamó que se consideren los posibles efectos terapéuticos que la sustancia provocaba en la mujer.

Fuente Línea Capital

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Unas 60 farmacias de Cataluña empezarán durante este primer trimestre de 2005 a dispensar cannabis para uso terapéutico y en enfermos que sufran determinadas patologías, según informó hoy el director general de Recursos Sanitarios de la Generalitat, Rafael Manzanera. Este proyecto piloto, pionero en España, surge de una propuesta que lanzó el pasado mes de marzo el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Barcelona (COFB). La iniciativa fue bien acogida por la consellera de Salud, Marina Geli, quien advirtió entonces que buscaría el consenso necesario con el Gobierno.

La consellera aseguró hoy que el proyecto “empezará a aplicarse durante el primer trimestre de 2005”. “Ya tenemos cerrado un acuerdo con el Ministerio de Sanidad pero todavía estamos pendientes de firmar el convenio”, avanzó Geli.

Manzanera señaló que el proyecto piloto “ya está concretado” y que implicará a cuatro hospitales catalanes, cuyo nombre no quiso adelantar, y sus respectivas farmacias hospitalarias, que a la vez estarán vinculadas con 60 oficinas de farmacia.

PARA ALIVIAR CUATRO ENFERMEDADES.

El uso terapéutico del cannabis, que se recetará bajo estricto control médico, “se destinará para combatir los vómitos que provoca el tratamiento con quimioterapia y los efectos de la anorexia en enfermos de Sida”, aseguró Manzanera.

“También pretende aliviar los problemas musculares derivados de la esclerosis múltiple o amiotrófica, así como los dolores crónicos derivados de sintomatologías que no respondan a otro tipo de pautas terapéuticas”, añadió.

EXPERIENCIA DE HOLANDA.

La propuesta de los farmacéuticos de Barcelona se basaba en la experiencia de las farmacias de Holanda, que desde septiembre de 2003 venden esta planta, actualmente ilegal en España, mediante receta médica.

La mayoría de las farmacias que participarán en el plan piloto “están situadas en Barcelona y el área metropolitana”, aunque “también hay algunas oficinas” del resto de la provincia, según informó hoy a Europa Press el vocal de drogodependencias del COFB, Rafael Borràs.

Sin embargo, “ningún paciente de Lleida, Girona o Tarragona quedará excluído del plan piloto por vivir fuera de la provincia de Barcelona”. En este caso, “buscaremos una farmacia próxima al domicilio que esté entrenada con esta sustancia”, añadió.

Borràs aseguró que con este plan “pretendemos dar respuesta a las personas que ya consumían cannabis para aliviar ciertos síntomas sin ningún tipo de control médico” lo que “nada tiene que ver con el uso recreativo de esta sustancia”. “No podemos cerrar los ojos ante esta realidad”, precisó.

EXTRACTOS DE LA MARIHUANA.

Antes del verano, la consellera ya avanzó la voluntad del Gobierno catalán de llegar a un acuerdo con una multinacional farmacéutica que entonces estaba a punto de sacar un producto farmacológico con extractos de la planta de la marihuana.

Inicialmente, la Generalitat barajó la posibilidad de cultivar esta planta a través de una universidad, como ya hizo Canadá, aunque finalmente lo descartó.

El tripartito catalán va más allá de la iniciativa que impulsó el anterior Ejecutivo de CiU, que, a instancias del Parlament, empezó varios proyectos para iniciar ensayos clínicos sobre el supuesto beneficio de derivados sintéticos del cannabis, como el Nabilone.

Este último fármaco ya se utiliza en España para aliviar las náuseas que provoca la quimioterapia en enfermos de cáncer que hayan fracasado con otros tratamientos. Este medicamento, que se importa desde Gran Bretaña, lo debe solicitar el oncólogo a través del Ministerio de Sanidad.

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A continuación algunas comunicaciones más de las presentadas en el Congreso de la IACM celebrado los días 12-13 de Septiembre en la Facultad de Medicina de Colonia. Por equivocación los abstracts de los carteles del Dr. Rudolf Brenneisen et al., el Dr. Zlatko Mehmedic et al., y los Dr. Miriam Schneider y Dr. Michael Koch no han sido incluidos en el libro. Puede encontrar, on-line y actualizado, el libro de abstracts de las comunicaciones y carteles del Congreso de la IACM (en la página www.cannabis-med.org). El cannabis reduce el dolor postoperatorio La Dra. Anita Holdcroft, del Imperial College de Londres, ha estudiado los efectos de cápsulas de extracto de cannabis en el dolor post-operatorio en 57 pacientes, con dosis de THC de 5’10 y 15 mg. La analgesia y los efectos adversos fueron dosis-dependiente. La Dra. Holdcroft ha empezado recientemente un estudio multicéntrico con 400 pacientes con extracto de cannabis con 10 mg de THC.(Presentada por Anita Holdcroft)

El cannabis alivia los síntomas de los pacientes con cáncer. Se probó en 40 pacientes paliativos del cáncer en un estudio abierto en la Clínica Lukas de Arlesheim, Suiza, los efectos de un extracto de cannabis en cápsulas. Bajo lasupervisión del Dr. Silke Helwig, el estudio se diseñó para calcular la Dosis Máxima Tolerable(DMT para ser utilizada en un futuro estudio controlado. Basándose en los efectos secundarios, concluyen afirmando que la DMT es de 0’15 mg THC/kg de peso. 24 pacientes experimentaron aumento de apetito, 20 alivio del dolor y 9 mejora de las náuseas. (Presentada por Martin Schnelle)

Los endocannabinoides reducen el tamaño del infarto de miocardio En una investigación en animales de laboratorio realizada en la Universidad de Cardiff y Cambridge, en el Reino Unido, se constató que el endocannabinoide anandamida limita el infarto de miocardio. Un posible mecanismo de acción es la interacción con los receptores cannabinoide-1 y cannabinoide-2, pero también puede que estén implicados otros procesos.
(Presentada por Willam Ford)

El cannabis mejora la visión nocturna Basándose en informes de pescadores jamaicanos y marroquíes, el Dr. Ethan Russo de Missoula, Estados Unidos, junto a colaboradores de España y Marruecos, han investigado los efectos del THC (dronabinol) y el cannabis en la visión nocturna. En el estudio se empleó el sistema controlado doble ciego con placebo y THC a dosis de 2’5 y 20 mg en un individuo, y en otros tres antes y después de fumar cannabis. En ambas situaciones se comprobó mejora de la visión nocturna tas consumir THC o cannabis. Se cree que ste efecto es dosis-dependiente y mediado or los receptores cannabinoides de la etina. (Presentada por Ethan Russo)

Alivio del dolor neuropático con el CT-3. El Dr. Udo Schneider y sus colegas de la scuela Médica de Hanover probaron la ficacia del cannabinoide sintético CT-3 n 12 pacientes con dolor neuropático crónico. e redujo considerablemente sin que pareciesen efectos secundarios de importancia. (Presentada por Udo Schneider)

(Fuente: Comunicaciones Orales del Segundo Congreso de la IACM sobre “Uso médico de los Cannabinoides”, www.cannabis-med.org)

Cortesía de IACM
Asociación Internacional por el Cannabis como Medicamento. http://www.cannabis-med.org/