75 años de prohibición del cannabis: punto de quiebre

75 años de prohibición del cannabis: punto de quiebre

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Por Jorge Colombo.- Ni siquiera se conocía bajo el nombre de “marihuana”, que fue como el recién nombrado primer Zar Antidrogas, Harry Anslinger, empezó a referirse a la planta. Para que fuese asociada a hispanos y afrodescendientes. Desde su inicio, y hasta el día de hoy, el prohibicionismo ha sido la versión políticamente correcta del racismo, de la superioridad blanca, del prejuicio contra el otro. Claro, hace 75 años ese tipo de prejuicios no había que matizarlos, hoy lo que se usa son los principios liberales que aborrecen la supuesta bajá productividad y pobre desempeño del consumidor.

Pero no sólo de prejuicios y de argumentos pseudo-científicos se agarran para avanzar políticas obscenas. Les sobra mala intención: el médico que fue llamado a testificar en 1937 en el congreso gringo por el problema del consumo de marihuana decía que de tal problema no existía registro. Testimonio que luego fue reportado como estando a favor de la prohibición. Así empezó: con mentiras.

El daño que se han auto-infligido los gringos con la prohibición del cannabis no es despreciable: la efectividad de la justicia se ha minado, millones encarcelados cuyo único delito ha sido cargar unas hojas secas, las funciones policiales se han sobredimensionado…. En resumen: con la prohibición se ha invertido en socavar la confianza en las instituciones. Porque nada más se ha logrado.

Y es que nada más se puede obtener de una política cuya única utilidad ha sido la de tener una excusa para cuestionar a alguien indeseado. Cualquiera que cumpla cierto perfil puede ser requisado “para ver sí tiene algo”. Le sirve al brazo ejecutivo de la ley: si alguien ha cometido algún delito que efectivamente afecte a terceros y al mismo tiempo consume o trafica, puede ser arrestado por esto último, fácil de verificar, sin que se haya probado lo otro. Pero le sirve en detrimento de la sociedad: las cárceles se llenan de gente que no han sido culpadas de algo grave. De aquí la importancia de equiparar consumidor o expendedor con anti-social: para hacer que la sociedad entera se redima de toda esta farsa.

La ilusión de justicia que genera tal política es aún más palpable en nuestros acuerdos de extradición con los EEUU: los implicados llegan tras las órdenes de captura emitidas por “crímenes de drogas”, para luego sí, entre confesiones, aparecer delitos reales. Castigados con penas reducidas.

Ahora bien, una sociedad que aspira a empatar el éxito con el mérito necesita que las instituciones inspiren confianza. Por eso los gringos están hastiados de esa falsa justicia que promete la prohibición. Y si bien hace dos años los californianos dijeron no a la legalización del cannabis en un referendo, los resultados fueron estrechos. Este Noviembre, ya no es uno, sino tres estados donde se intentará nuevamente: Colorado, Oregon, Washington. En dos de los tres el sí le lleva amplia ventaja al no. La mayoría quiere la droga en un mercado distinto al ilegal; no porque la droga sea buena, sino porque su prohibición es insostenible financiera y moralmente.

No es sólo Estados Unidos, es el continente el que se está sacudiendo la prohibición. El gobierno de Uruguay planea legalizar la marihuana bajo un monopolio estatal, el presidente de Colombia convoca a cuestionar el régimen global de prohibición, el presidente de Guatemala habla de la posibilidad de legalizar las drogas, no únicamente el cannabis, y regularlas estrictamente.

En un histórico discurso frente ala Asamblea Generalde las Naciones Unidas, el presidente de México se envalentono para decir lo que ya todos sabemos: es por la prohibición que Centroamérica se ha convertido en la región más violenta del mundo, arrebatándole el futuro a su juventud. Y como en el caso del médico que testificó en el congreso gringo, las palabras de Calderón fueron censuradas en el resumen oficial en la página dela ONU.

Estamos en el punto de quiebre: después de cincuenta años de aprobación unánime, presidentes de gobiernos democráticos que han luchado la guerra contra las drogas le quitan a esta su apoyo incuestionable. Dentro de no mucho, los políticos que no le piden cuentas al prohibicionismo pasarán a ser minoría.

 

Fuente ElEspectador

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