Adictos Legales

Adictos Legales

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Por Ari Volovich

“La adictología es una rama de la psiquiatría (o de las ciencias de la conducta) creada debido a una necesidad creciente. Se puede definir como la ciencia que se encarga de observar el fenómeno del consumo de sustancias y sus consecuencias”, explica el médico psiquiatra y adictólogo Gady Zabicky, quien formó y dirigió la Clínica de Trastorno Dual dentro del Programa de Investigaciones Relacionadas con Sustancias del Instituto Nacional de Psiquiatría (INP). Su trayectoria académica comenzó en el INP y continuó en la Universidad Rockefeller en Nueva York, donde se enfocó en la genética de las adicciones y las clínicas de metadona.

“Si te pones a pensar en las sustancias psicoadictivas, los problemas que tenemos ahora se pueden resolver con una sola decisión. Lo que prevalece ahora es esta ideología prohibicionista del establishment: la guerra contra las drogas como la conocemos. Necesitamos variar tan sólo un poco nuestra manera de pensar para poder dar entrada a un nuevo paradigma; todo esto tiene que ver con nuevas respuestas a preguntas como ¿qué es el éxtasis? ¿qué importancia tiene el placer y el sufrimiento?”, comenta.

Zabicky forma parte del Colectivo por Una Política Integral hacia las Drogas (CUPID) —recientemente configurados como organismo civil— que ideó la propuesta para la despenalización de la marihuana en México.

“Esta ley surgió como una respuesta a las iniciativas mal elaboradas durante la administración de Fox. Si los gobernantes no saben qué hacer, pues entonces la sociedad civil tiene que intervenir. Nosotros redactamos una iniciativa formal; una ley muy bien diseñada que no viola ningún acuerdo internacional ni mexicano. El año pasado nos presentamos frente al Congreso para entregar esta iniciativa (en unas hojas de hemp, que es cáñamo, una variante del cannabis); se metió a Comisión y fue rechazada; desde entonces quedó volando en el limbo legal. No obstante, de la iniciativa quedaron las ideas, la gente, y un patrocinio importante a escala internacional de personas libertarias que nos apoyan económicamente”, confiesa Gady.

“La propuesta está dividida en tres partes: los usos lúdicos y los derechos de los consumidores; la marihuana medicinal, y los usos agroindustriales. Normalmente la gente confunde la despenalización de la marihuana con la legalización de las drogas, y ése es uno de los anzuelos que mordemos cuando entramos en este debate. El cannabis es la punta de lanza del movimiento por la naturaleza propia de esta sustancia, por el tipo de consumidores y la incidencia que tiene el consumo de esta hierba. Además, la marihuana tiene usos industriales y medicinales muy claros; por eso el cannabis parece ser lo más emblemático del movimiento a favor de la despenalización”, señala Zabicky.

“Si sumáramos todas las drogas ilícitas no llegaríamos ni siquiera a la mitad de muertes causadas por el alcohol y el tabaco. Dividirlas en ’legales’ e ’ilegales’ no tiene mucho sentido; esto sólo tiene una utilidad en términos de fiscalización y penalización. Para un psiquiatra, un farmacólogo, o para el consumidor esto es completamente irrelevante. El diazepam, el clonozepam, todos estos medicamentos que se llaman benzodiazepinas y que se venden en las farmacias, son sumamente adictivos. Aquí chocamos otra vez con la doble moral, con el lenguaje. Nadie le va adecir a una señora del Pedregal que es una drogadicta porque toma Tafiles; está completamente aceptado y, sobre todo, existe una enorme presión por parte de la industria farmacéutica: un gigante que genera billones de dólares anuales y que no tiene escrúpulo alguno. También hay mucha presión por parte de la industria tabacalera y alcoholera para que siga existiendo esta frontera conceptual entre las drogas ’legales’ e ’ilegales’. En México hay entre ocho y 10 millones de personas (casi 10 de cada 100) que beben de manera patológica”.

“A finales de los ochenta tuvimos una epidemia terrible de adicción a la cocaína. Yo lo viví como residente de psiquiatría, trabajando en la calle; fue realmente dramático. En cuestión de cinco años tuvimos un incremento de consumo de entre 300 y 500 por ciento, aunque el consumo se ha estabilizado, como sucede con todas las epidemias”, añade Zabicky.

“Sí, también hay quienes llegan a tener problemas con la marihuana; gente que sufre del síndrome amotivacional, pero no existe una adicción neuroadaptativa como la de quien consume heroína o del alcohol-dependiente. La relación que existe entre la sicopatología, la enfermedad mental y las toxicomanías es muy compleja. El vínculo entre el alcohol y la depresión es un ejemplo típico de esto, sobre todo en nuestro país. Yo me especializo en el trastorno dual, indicativo de un diagnóstico psiquiátrico mayor: léase depresión, crisis de angustia, esquizofrenia, anorexia, trastorno bipolar, combinados con un problema asociado a las sustancias. Es una ecuación parecida a la del huevo y la gallina. Mucha gente no está segura si empezó a beber debido a una depresión o viceversa”.

Fuente AriVolovich

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