Curso de Cata Cannábica

Curso de Cata Cannábica

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Por: Club de Catadores de Cannabis de Méjico

Mexico.- El cannabis narcótico en su presentación para uso lúdico es quizá, junto con el vino, uno de los productos agrícolas mas complejos a la hora de expresar sabores y aromas, así como el resto de matices sensoriales referentes a la vista, el tacto e incluso el oído. Sabemos que otros productos agrícolas y ganaderos, como el queso o el aceite de oliva, se encuentran regulados por distintos organismos que deciden sobre denominaciones de origen o sobre la calidad de una determinada cosecha.

Estos organismos o comités reguladores se encargan de tipificar el origen y certificar la calidad de los productos que les competen, garantizando que son y contienen lo que dicen, así como su procedencia. Para ello, uno de los medios que se utilizan es la cata sensorial u organoléptica, esto es, la prueba del producto mediante los sentidos y la consiguiente identificación de matices en cada uno de ellos.

Sin embargo, y a pesar de que el número de consumidores lúdicos de cannabis adultos y responsables crece cada día, resulta imposible crear ningún tipo de organismo oficial al respecto, dada su ilegalidad. Aunque el consumo privado no se encuentra penado y es perfectamente legal, existen una serie de matices legales que impiden la creación de Clubs de Catadores de Cannabis abiertamente ya que aunque hay algunos en funcionamiento, lo hacen en semiclandestinidad y siempre con la espada de Damócles de la persecución policial y judicial sobre ellos.

Por lo tanto, a día de hoy no existe ninguna asociación, organismo o comité que se encargue de categorizar las diferentes variedades de marihuana, autóctonas o comerciales. Como consecuencia, tampoco se ha publicado ninguna metodología escrita que se encargue de establecer al menos unas normas básicas sobre cómo y en que condiciones se debería realizar una cata de cannabis narcótico.

En la actualidad proliferan las Copas Cannábicas en nuestro país, donde se celebran a lo largo de todo el año por iniciativa de las diferentes Asociaciones de estudios sobre el cannabis que se reparten por el territorio nacional. También diferentes entidades privadas celebran sus eventos de competición y cata, pero en cualquier caso, ni los jurados populares ni los especializados poseen unos criterios unificados ni un procedimiento estándar para realizar las distintas pruebas a las muestras presentadas antes de ser consumidas. Tampoco en lugares con amplia tradición cannábica, como Holanda o Canadá existe una metodología común que permita evaluar en condiciones de igualdad las diferentes variedades cultivadas por distintos productores.

Ni siquiera en los coffee shops o en las grandes Copas se encuentran catadores especializados que puedan, por ejemplo, desenmascarar una variedad copiada o detectar si una determinada muestra es de una u otra procedencia.

Es por todo esto que tras años de exhaustivo trabajo, el autor de esta obra es de la opinión de que el actual es un momento adecuado para la publicación de esta obra, en la que se compendian diferentes metodologías para la cata de cannabis narcótico en diferentes vertientes y para distintos fines. En ningún caso se pretende “sentar cátedra” y algunas de las técnicas y conclusiones que se expondrán serán sin duda susceptibles de revisión y mejora, para lo que se proporcionará una dirección de correo electrónico a modo de buzón de sugerencias, en la que los Lectores podrán dejar sus opiniones, todo ello en un intento de establecer al menos unos criterios básicos para poder realizar unas sesiones de cata con un mínimo de entidad.

Es nuestro deseo que esta obra pueda ser de utilidad y que, en última instancia, suponga una aportación a la importante tarea de ampliar el conocimiento de nuestra YERBA siempre con la premisa de que nuestro objetivo no es otro que el de intentar acercar el placer de degustar un buen cannabis narcótico a todos aquellos que deseen apreciarlo mejor.

Generalidades sobre la Cata

Una cata es la práctica de prueba de un determinado líquido, sólido o gaseoso. Dependiendo del producto a catar, la determinación de matices es mas o menos compleja, pero podemos establecer diferentes sinónimos como degustación, análisis organoléptico o análisis sensorial. Conviene matizar que aunque estos sustantivos engloban el mismo concepto deberíamos desde ya realizar una primera distinción dependiendo del objetivo de la acción y su trascendencia, de manera que cata y degustación se refieren mas bien a la evaluación de cannabis en concursos o evaluación de catadores, mientras que análisis sensorial y organoléptico están mas relacionados con la floreciente ciencia cannábica.

El vocablo “cata” proviene del castellano antiguo y significa mirar y buscar. Ya en el Cantar del Mio Cid se referencia:

V 121 ” – que non las catedes entoda aqueste año”.

V 164 ” – que si antes las catassen quefossen perjurado”.

V 3126 ” – No ¡pueden catar de vergüenza, fantes de Carrión!”.

Sin embargo, el cannabis narcótico posee una característica especial y única que lo diferencia de cualquier otro producto susceptible de ser cata: su efecto psicoactivo. A partir de su interactuación con el sistema endocannabinoide humano y sus receptores CB1 y CB2 se producen ciertas alteraciones de los procesos mentales al tiempo que afectan a determinados procesos fisiológicos como el apetito o el dolor. Esto provoca que su tratamiento sea absolutamente diferente en este aspecto, por lo que en esta obra se hará una clara diferenciación entre “Cata organoléptica” y “Cata psicoactiva”, abordando cada una de ellas por separado pero resaltando sus puntos comunes.

En cada entrega de la serie se aportará la ficha de cata de una variedad dada realizada por un equipo de cata integrado por cinco personas que han colaborado en esta serie, en la que se especificarán las notas de cata organoléptica, psicoactiva y medicinal.

¿Para qué es la Marihuana?

De la misma manera que el vino es para ser bebido, el cannabis narcótico fundamentalmente existe para ser fumado, pero por otra parte, en ambientes mas técnicos o incluso médicos lo usual es establecer una prioridad que antepone la actividad analítica de laboratorio a la práctica del consumo y así se da el caso de que el técnico o analista suele dar más importancia a los datos que a las sensaciones. La marihuana es un producto de una larga tradición que encuentra su sentido al ser consumido en compañía, socialmente, o bien en la intimidad en la búsqueda de nuevas sensaciones y autoconocimiento. Bajo esta perspectiva, podríamos posicionar la cata en un escalón inferior y el análisis aún por debajo. De esta forma concluímos que el análisis del cannabis narcótico debe complementar el campo técnico donde no llega la cata. A lo largo de la serie nos ocuparemos también de esta cuestión, acuñando un nuevo término: la “cannalogía”, con un significado análogo al de la enología o estudio del vino.

Como es obvio, un nivel alto de cultura cannalógica supone amplios conocimientos del cannabis narcótico a través de la cata. Pero aunque llegar a esta conclusión es sencillo, no lo es tanto conocer si la actividad cannalógica supone cultura cannalógica. Bajo nuestro punto de vista, es claro que no, al menos a nivel de cannalógía tradicional o artesana. Por ejemplo, al estar hablando de necesidades de consumo dentro del área de influencia del cannabis narcótico como producto en nuestra civilización, el hecho implica saber elegir, y para ello es necesario un nivel cultural cannalógico amplio. Sin embargo, también podemos poner el ejemplo de una pequeña localidad del Sur de India, que lleva siglos conviviendo con la planta y tiene su autoconsumo satisfecho. Ahí se encuentra el “quid” de la cuestión, pues en su caso, la abundancia de producto hace que parezca no ser necesario saber más sobre él.

Esto produce un curioso efecto y es que las zonas con un mejor clima para la producción de cannabis narcótico y cuyos gobiernos son mas o menos permisivos con su cultivo poseen menos cultura cannalógica, siendo ésta mucho mas amplia en países de climas perjudiciales para la cannabicultura o en los que su cultivo se encuentra perseguido por la ley. Por ejemplo, conseguir cannabis en Dinamarca o Finlandia es ciertamente complicado y la valoración que se hace del producto es altísima por su escasez y la peligrosidad de su comercio, al ser un país no productor. Dados pues estos dos factores, consumo y cultura, y por pura necesidad selectiva, los países no productores tienen una mayor cultura cannalógica y un síntoma es una mayor tendencia a la evaluación por cata. Como índice actual de esta separación entre tradición y cultura cannalógica, puede verse cómo en diferentes reportajes y películas se muestran escenas en las que los consumidores de cannabis ven malograda su imagen y situación social, lo que es incomprensible para un “saddhu”, o un monje tibetano, por ejemplo. En base a todo lo anterior podemos definir distintos tipos de cata atendiendo al fin buscado:

Evaluación – Valoración simple a nivel sensorial y/o psicoactivo

Pureza – Para detectar la presencia de insecticidas, agentes patógenos y/o excesos de nutrientes en la cosecha

Origen – Para determinar:

a) Zona de origen

b) Tipo de cultivo y nutrición

c) Líneas integrantes del híbrido

d) Secado y Curado

Seguimiento – Para conocer la estabilidad o degradación del producto ya curado a lo largo del tiempo

Predicción – Para poder anticipar la evolución de una variedad en el secado y curado.

Científica – Para el apoyo de investigaciones y ensayos cannalógicos a nivel médico o con otros fines.

La Cata Cannábica y el Comercio

Como todos sabemos, en principio, cualquier fin que se le dé al cannabis narcótico obtenido de una cosecha que no sea el autoconsumo privado, es ilegal. Sin embargo, es precisamente en éste ámbito en el que se podría establecer un marco en el que desarrollar un programa de cata.

A causa de esta ilegalidad, nos encontramos con que no existe un comercio normalizado del producto, que sí es habitual en otros. Por ejemplo, en los productos alimenticios, la cata suele ser uno de los argumentos principales a la hora de su funcionamiento y permanencia en el mercado de su sector, como puede ser el vino, el queso, el aceita de oliva o el jamón serrano. En el mundo de la cannabicultura, dependiendo de la experiencia y el entorno, el usuario suele anteponer las propiedades psicoactivas a las organolépticas sin percibir que es un conjunto global integrado de todo el proceso de consumo, desde el acto de deshacer una sumidad florar entre los dedos hasta la exhalación el humo y su posterior análisis olfativo y visual, lo que produce un efecto psicoactivo redondo y pleno en su concepto.

En los últimos años, tras la aparición de las tiendas de cultivo especializadas, la prensa del sector y el funcionamiento e iniciativa de al algunas asociaciones de estudios sobre el cannabis, han promovido un notable aumento en la cultura cannalógica en nuestro país, motivado también en parte por la facilidad de desplazamiento hasta Holanda, único país del mundo en el que el comercio y consumo público de cannabis es legal dentro de los coffeeshops. En estos locales podemos encontrar una carta o menú con distintas variedades comerciales de cannabis narcótico y usualmente suelen mantener su denominación, como AK-47 o Bubble Gum. Esta situación ha permitido a multitud de personas comprobar como la misma variedad (de nombre) puede tener diferentes características dependiendo de cómo ha sido cultivada, secada o curada.

Se trata pues de establecer unos cánones por los que poder reconocer realmente una variedad si hablamos de líneas puras, o al menos sus componentes en el caso de híbridos, pues al fin y al cabo, el usuario demanda básicamente una variedad por su cata anterior. Esta forma de trabajo sería la normal y permitiría ajustes de calidad por precio y comercio, si éste fuera legal. Sin embargo, hasta el día de hoy, el comercio de semillas de cannabis si que continúa siendo legal, de manera que el cannabicultor, ya sea novel o experto, tiene la posibilidad de crecer una variedad que haya catado anteriormente.

La forma que tienen los productores de semillas de dar a conocer sus variedades de forma general suele ser a través de los eventos denominados “copas cannábicas” o “cannabis cup” en los que los participantes aportan sus variedades y reciben muestras de los de los demás, de manera que pueden experimentar lo cultivado por otros cannabicultores y realizar una valoración simple que suele ser una nota numérica en aspectos como la presencia, aroma, sabor y potencia. En algunos casos también interviene un jurado mas o menos “especializado”, aunque realmente no se sigue ningún tipo de metodolgía unificada para la evaluación de las muestras.

Sin embargo, este método de información al consumidor es susceptible de ser prostituido al utilizar la cata como instrumento para establecer categorías de calidad con posteriores e importantes campañas publicitarias, rompiendo el sistema de calificación ramificado e induciendo al consumidor en determinado sentido. Este sistema de las Copas Cannábicas podría ser eficaz si fuera honesta en todos los casos, pero tales sistemas de información y de concesión de copas, placas y medallas suele estar vinculado al comercio de semillas de cannabis, dando como resultado que en muchos casos la cata haya sido argumentada por alguien que es “juez y parte”.

Por todo lo anterior y para concluir este capítulo, creemos que aquellos cannabicultores que producen material de alta calidad han de intentar ser expertos valoradores de su esfuerzo y no permitir en ningún caso que solamente sea evaluado por sistemas de azar o suerte subjetiva. Al mismo tiempo aquel que analiza el cannabis, si paralelamente realiza su cata, podrá constituirse en el más cualificado catador al contar con la ventaja de poder relacionar datos con sensaciones.

Fuente ClubVerde

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