La hora de la marihuana en la ONU

La hora de la marihuana en la ONU

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Comenzó la reunión de la Comisión de Estupefacientes en Viena. Es inevitable el debate sobre un nuevo enfoque en la política global de drogas.

Ayer comenzó en Viena la reunión de la Comisión de Estupefacientes (CND) de Naciones Unidas, el cuerpo central de la ONU para la producción de políticas de drogas. Allí será inevitable la discusión sobre la necesidad de reinterpretar las políticas globales sobre la droga y buscar un cambio de enfoque de los tratados vigentes.

El cannabis está en el centro de la tensión en el sistema internacional de control de drogas, por ser la sustancia más consumida en el planeta y por las iniciativas que han surgido, a pesar del prohibicionismo global, para despenalizar su consumo y regular su mercado. A la mesa de la CND llegará un informe realizado por el Transnational Institute (TNI), llamado “Auge y declive de la prohibición del Cannabis”. El Espectador conoció el reporte y muestra algunos puntos claves:

Dudas sobre los tratados

Uno de los primeros estudios exhaustivos sobre el cannabis, cuya base científica no ha sido probada como falsa, es el Hemp Commission Report de 1894. Con base en estudios sobre las prohibiciones del cannabis en India en 1798, 1872 y 1892, el reporte decía que esos intentos han sido rechazados, sobre la base de que la planta crecía de manera silvestre casi en todas partes y que el intento por detener el hábito común de consumirla podría ser tomado como una provocación por la población local y podría llevarla a consumir intoxicantes más fuertes. El reporte concluía que el uso moderado de la hierba no produce efectos dañinos para la mente y que la sustancia no está vinculada al crimen ni la violencia.

Ese reporte fue ignorado por la Liga de las Naciones y luego la ONU durante al menos cinco décadas. Mientras tanto, por razones más políticas que científicas, creció la preocupación sobre el cannabis: en 1912 fue mencionado en la Convención Internacional del Opio, desde entonces entró poco a poco al control internacional hasta que en 1961 se firmó la Convención Única sobre Estupefacientes.

Hay muchas dudas sobre la base científica de la Convención Única, que es hoy el instrumento principal del sistema de control de drogas de la ONU. El informe del TNI explica que en la Convención el cannabis fue condenado como una droga con propiedades particularmente peligrosas y un valor terapéutico casi nulo, sin que pasara por “una revisión científica por expertos de la OMS sobre los requerimientos para la inclusión de cualquier sustancia psicoactiva en los parámetros de control de drogas”.

La Convención estableció que la abolición de su uso, la resina, los extractos y las tinturas del cannabis para propósitos no médicos debía darse en 25 años. A este instrumento luego se sumaron la Convención de Sustancias Psicotrópicas de 1971 y la Convención contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Psicotrópicas, en las que se incluyeron restricciones a los componentes activos del cannabis y se estableció como un crimen el cultivo, comercio y posesión del mismo. Esos tres tratados, según la Oficina de la ONU para la Droga y el Delito, deben ser reinterpretados.

Coffee shops y otros dilemas

El prohibicionismo resultó en un incremento del consumo y la popularidad del cannabis. Además, dice el informe, produjo impactos negativos en la salud pública y la aparición de mercados criminales que soportan al crimen organizado y la corrupción. Mientras se afianzaba el control de drogas, surgían varias iniciativas distantes de la legislación internacional.

Desde 1970 en EE.UU. empezó la “revolución silenciosa” de la descriminalización. Aunque el gobierno actuaba como principal impulsor del prohibicionismo internacional, y aunque Nixon introdujo el Acta de Control de Sustancias —que ponía al cannabis al nivel de la heroína y prohibía su uso recreacional en el país—, varios estados descriminalizaron la posesión para uso personal.

En años más recientes se dio una expansión de la marihuana para fines médicos y recreativos en EE.UU., actualmente en 21 estados hay leyes para el uso medicinal y 14 la han descriminalizado. Washington y Colorado aprobaron en 2012 la regulación del cultivo, distribución y consumo de cannabis para propósitos no médicos, yendo mucho más allá de lo que permite la flexibilidad de los tratados de la ONU. Esto deja a EE.UU. en una posición contradictoria entre su apoyo a las políticas globales y sus políticas domésticas.

Desde los 70, Holanda se planteó legalizar el cannabis y retirarlo del dominio de la justicia criminal. Esa postura, que en todo caso se cuida de no violar expresamente los tratados, desembocaría 40 años después en los coffee shops, así como en la creación de clubes de cannabis en España y luego en otros países de Europa, y en la descriminalización en estados de Australia y países de Latinoamérica.

Uruguay es el ejemplo más revolucionario. El modelo estatal de regulación del mercado de cannabis, que allí fue aprobado, es, según el TNI, el más grande desafío al régimen de control de drogas de la ONU en toda su historia.

El informe dice que, “mientras las fracturas alrededor del consenso sobre el cannabis han estado creciendo en los años recientes, giros políticos hacia los mercados regulados… han resultado en un incumplimiento de los tratados y crearon un ambiente político en el que la discusión sería sobre revisar el régimen, o la relación de los estados miembros con este, no puede seguir siendo ignorada”.

¿Reformar los tratados?

Para reformar los tratados se necesitaría cumplir varios requisitos procedimentales y sortear muchos obstáculos políticos para alcanzar un consenso. Sin embargo, el informe contempla algunas opciones para un cambio de enfoque.

Martin Jelsma es el coordinador del programa Drogas y Democracia del TNI y está en Viena para el encuentro de la CND, y explicó a El Espectador que es difícil encontrar un consenso sobre estos temas, el camino de aprobar enmiendas en los tratados o renegociarlos es complicado y muchos países ni siquiera quieren intentarlo. “El desafío a mediano plazo es explorar opciones para modificar las obligaciones de los tratados para países individuales o para grupos. Existe la posibilidad de modificaciones inter se, por ejemplo, que países puedan acordar entre sí, sin afectar sus obligaciones en relación con otras partes de la Convención. En el caso del cannabis, un grupo de países afines podría discutir esa posibilidad”.

Lo mejor sería, para Jelsma, que del encuentro “salga una señal clara de que el “consenso de Viena” ya no existe mas y de que la Asamblea General de 2016 debe debatir abiertamente opciones de políticas alternativas, incluso opciones de revisar el sistema mismo de control de drogas de la ONU con sus tratados y agencias”.

Fuente ElEspectador

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