La marihuana, hacer el amor y no te líes

La marihuana, hacer el amor y no te líes

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El cannabis es la droga más usada para el “sexy time” en el planeta (sin contar el alcohol) . Sin embargo, más que la marihuana, el hashish (también el charras y mejor en chillum), por su linaje entre las paradisíacas orgías de Oriente, es la sustancia que tiene una mayor relevancia como potenciador sexual. Generalmente las personas se acercan al cannabis por su cualidad sensorial, por cómo hace sentir las cosas, oír la música; el cannabis es una sustancia maleable que para mejor usarse en el sexo debe de saber llevarse.

El hachish, también llamado “chocolate”, puede ser usado como aceite para meta estimular. Los sabios fumadores de Marruecos hacen que lindas vírgenes corran desnudas por los campos de plantas de cannabis y fuman el polen que se les pega a su cuerpo. Especialmente si se llega a conseguir un poco del mítico hash Alamut Black, la pareja estará abordando un gran trip sensorámico.

El gran mago de occidente, Aleister Crowley, prefería entre la mezcalina, el opio y otras drogas, al hachish como su íntimo agente de la gran obra sexual (también gustaba hacerla “per vas nefandum”). Crowley veía en el sexo un concurso de las fuerzas cósmicas y en el orgasmo una especie de relámpago divino, u oración, que podía entablar una comunicación con el mundo astral o manifestar una intención. Así describe el efecto del hashish, Aleister Crowley:

“Well, then, let me see whether by first exalting myself mystically and continuing my invocations while the drug dissolved the matrix of my diamond Soul, that diamond might not manifest limpid and sparkling, a radiance “not of the Sun, nor the Moon, nor the Stars;” and then, of course, I remembered that this ceremonial intoxication constitutes the supreme ritual of all religions”.

Crowley incluso desarrolló una técnica llamada “Eroto-comatose-lucidity” (un estado de coma lúcido-erótico). Este ritual estaba basado en la estimulación sexual repetida sin llegar al orgasmo que lleva al individuo a un estado intermedio entre el sueño y la vigilia, así como la extenuación, permitiéndole al practicante comulgar con la divinidad. Para propiciar este estado eran usadas sustancias como el hachish y a veces el opio.

Cuando el hombre hace el ritual, todo el semen (o elixir) producido por un orgasmo debe de ser consumido posiblemente a través del famoso Pastel de Luz, el secreto del horno de la Gran Bestia.

Al parecer el uso del hachsih en un contexto sagrado, sexual, llegó a Occidente a través de los Templarios, que más tarde darían lugar a los Iluminati y quizás hasta a los plantíos de marihuana de George Washington. Los templarios entraron en contacto con el club de los hashashins. El escritor creador del terrorismo poético, Hakim Bey, nos dice:

“La leyenda del jardín paradisíaco de Alamut donde las huríes (las doncellas del cielo), el cáliz, vino y hashish eran disfrutados por los Asesinos en carne viva, podría generarse de la memoria popular del Qiyamat. O tal vez sea literalmente verdad. Ya que para la conciencia realizada este mundo no es otro que el paraíso y sus goces y placeres son todos permitidos. El Corán describe el paraíso como un jardín. Es muy lógico para los ricos Alamut volverse el reflejo externo del estado espiritual del Qiyamat”.

Esta parece ser la clave del éxtasis sexual, el reflejo del cielo, en el placer de la creación. Los lentos y voluptuosos trances del hachish nos acercan al sueño de la divinidad en su harén.

Fuente Hagalepues

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