Luz verde para la marihuana en Uruguay

Luz verde para la marihuana en Uruguay

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Victoria se ríe, abre una cajita de metal, saca un pequeño papel y comienza a armarse un cigarrillo de marihuana. Está sentada en las escalinatas de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República, en la avenida 18 de Julio, pleno centro de Montevideo. Por las veredas, le gente transita apurada. Muchos van a sus trabajos y nadie se asombra de ver a esta chica de 24 años fumando junto con sus amigos. En Uruguay, la tenencia de cannabis para consumo personal está despenalizada desde 1974, aunque tenía una estricta prohibición a todo tipo de producción y comercialización.

Hoy, a más de un año de la sanción de la ley 19.172, más conocida como Ley de Acceso a la Marihuana, la vida cotidiana uruguaya respira aires de cambios. “Yo doy clases de matemáticas y como profesora ya no tengo que esconderme. El estigma de a poco va desapareciendo. Hay mucha gente fumando en la calle y ya no te miran raro. Además, se está plantando más. Te das cuenta porque se siente el olor cuando vas caminando”, explica Victoria.

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La nueva ley, aprobada en diciembre de 2013 tras un gran debate nacional que repercutió en todo el mundo, permite al Estado regular la importación, producción, distribución y venta de cannabis. La norma, que marca un hito en los países de Latinoamérica, discrimina entre el uso de la marihuana para investigación científica, para fines medicinales, procesos industriales y consumo recreativo, aunque por ahora el gobierno solo reglamentó el uso de este último. Además, prevé la creación de un Instituto de Regulación y Control de Cannabis (IRCCA), que depende del Ministerio de Salud Pública y es el encargado de controlar las plantaciones, cultivo, cosecha, acopio y expendio.

Victoria fuma y se ríe con soltura. Por primera vez no tiene miedo a que la policía le allane su casa por alguna denuncia de un vecino que vio sus plantas, práctica muy habitual años atrás. “Antes el usuario estaba muy expuesto a una ley que era muy ambigua. Por 10 gramos podías terminar en cana. Ahora, es diferente”, se alegra.

Autocultivo

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Uno de los principales puntos de la norma es la habilitación para el autocultivo personal. Así, aquellos uruguayos que quieran plantar en su hogar pueden hacerlo, aunque con la limitación de 6 plantas hembra por casa y 480 gramos anuales de producto de recolección. Para esto, los interesados deben registrarse en el IRCCA y presentarse en las oficinas habilitadas del Correo Uruguayo, con su cédula de identidad, constancia de domicilio o la factura de un servicio. Según fuentes oficiales, en noviembre de este año se contabilizaron más de 1.200 inscriptos.

“Estoy muy contenta con la ley. A mí me mejoró la vida”, asegura Bibiana Cao, de 52 años. Ella vive en Cuidad de la Costa y en el patio de su hogar tiene su pequeño cultivo. Cuando tenía 20 años, a Bibiana le encontraron una malformación venosa que tiempo después derivó en un accidente cerebrovascular y la dejó sin poder caminar. Lo superó, pero 20 años después los dolores se volvieron tan intensos que no se podía levantar de la cama. Llegó a tomar 23 medicamentos diferentes y empezó varias terapias contra el dolor. Los médicos le dijeron que la única solución era la morfina, pero Bibiana se negaba. “Mi hijo empezó a decirme que probemos con cannabis, pero a mí me costaba porque lo veía como una droga peligrosa. Empecé a leer y después de estudiar mucho me convencí. Les dije a mis médicos y el cardiólogo me recomendó que a la marihuana la comiera o la tragara, pero que no la fumara porque tengo problemas del corazón. Hoy, 6 meses después, no volví más a la terapia contra dolor”, describe. Con lo que cultiva y con la ayuda de su hijo, Bibiana se produce sus propias gotitas medicinales de cannabis y asegura que pudo recuperar un poco de calidad de vida. “Hay días que no tengo dolor y hasta me olvido de tomarlas. Esto es un cambio para el que sufre. Te da esperanzas para seguir viviendo”, reflexiona.

El creciente número de cultivadores fomentó también la aparición de nuevas actividades. Un ejemplo de ello es el aumento de tiendas especializadas, llamadas Grow Shops. El año pasado, Montevideo contaba con unos pocos de estos locales. Hoy se cree que hay casi 20. Allí, se pueden comprar objetos para el cultivo indoor o outdoor, como lámparas, extractores, filtros, abono, fertilizantes, macetas, sistemas de riego e iluminación y accesorios de todas las formas y colores. “Lo que más se vende es la tierra y los fertilizantes. La gente lo que quiere es comprar buena tierra para las raíces y el agua. Vienen muchos principiantes que están incursionando y quieren especializarse”, asegura Joaquín, encargado de Mundo Ganja Grow Shop. Su tienda está abierta desde julio y según él, un buen día puede llegar a atender a 60 clientes, aunque el promedio ronda los 30. “Vienen muchos extranjeros y turistas que quieren comprar marihuana, pero como no se les puede vender se van con las manos vacías”, detalla.

Clubes

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Otro de los aspectos de la nueva ley es la habilitación de clubes de membresía. Según consta en la norma, el objetivo específico de estos lugares es “la plantación, cultivo, cosecha, producción, procesamiento y distribución” de plantas de cannabis para el consumo de sus miembros, que deben ser entre 15 y 45. Sólo pueden formar parte de ellos los ciudadanos uruguayos mayores de edad o los detentores de una residencia permanente.

La plantación en estos lugares no puede exceder las 99 plantas hembra y la producción y acopio no debe superar los 480 gramos anuales por socio. La organización interna de cada club queda en manos de sus miembros, aunque en general el mecanismo es el mismo: se paga una cuota mensual que puede ir desde los 500 a los 2.000 pesos uruguayos (unos 100 dólares) y se distribuyen las tareas de cultivo. Hoy, en Uruguay hay 10 clubes de membresía, de las cuales 5 están en pleno funcionamiento.

Martín es el presidente del Club Canábico El Piso. Junto a varios compañeros fueron los primeros en conformarse bajo esta figura un año antes de que se sancionara la ley. Su idea era funcionar como un experimento para cuando la norma fuera implementada. “Alquilamos un galpón y plantamos dentro. Tenemos 100 plantas, que es lo que permite la regulación. En agosto volvimos a plantar y ahora estamos sacando la cosecha”, afirma.

Entre los uruguayos hay una anécdota que todos mencionan. Hace meses, la policía allanó la casa de un cultivador registrado en la localidad de Bella Vista y le decomisaron sus plantas. Semanas después y tras la intervención de sus abogados, le fueron restituidas. Muchos vieron este episodio como el reflejo de los cambios a los que debe adaptarse el sistema judicial. “Hay más tranquilidad pero estamos en una zona gris porque el Poder Judicial no está al mismo nivel. Por un lado se está avanzando, pero todavía no hay peritos y los jueces no tienen herramientas. Además, muchos tienen miedo a anotarse, más las personas mayores que vivieron en dictadura”, asegura Martín.

Milagros Galliero es integrante de La Red de Usuarios de Drogas, una agrupación que también cuenta con su propio club de cannabis en Montevideo. Ella pudo vivir una experiencia de alto voltaje en carne propia cuando en noviembre de 2012 la policía entró por las ventanas de su casa mientras dormía. Arrancaron sus plantas y se llevaron todo. Años antes, su novio había presenciado cómo se producía marihuana en campos de la selva amazónica y advirtió la cantidad de tóxicos que le agregaban. A su regreso decidieron que ya no iban a consumir nada prensado y proveniente del exterior. Querían sus plantas. “Yo tomaba mucha pasta base y cocaína. Cuando quise dejarlas, la marihuana me ayudó con la ansiedad. Fuimos descubriendo que era más profundo de lo que pensábamos y nos organizamos como grupo”, relata. Hoy, su club cuenta con 15 miembros. “Nos conocemos todos y la idea es dar lugar a más gente. Es todo muy nuevo y queremos ir despacio. Tenemos una cuota de 600 pesos, pero después se va poniendo a medida que salen gastos”, explica, mientras riega las plantas que tiene en el patio de su casa.

Venta polémica

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Uno de los puntos más polémicos de la ley está relacionado a la venta. La norma establece que quienes quieran comprar cannabis deben ser autorizados por el IRCCA e inscribirse en el Registro del Cannabis en la Sección Adquirentes. La cantidad de marihuana que cada persona puede tener es de 40 gramos mensuales y 10 gramos semanales. Así, todos los consumidores forman parte de un registro único, que está amparado bajo la ley de protección de datos personales. El cannabis se podrá comprar en farmacias que todavía no han sido habilitadas y el usuario deberá presentar su número de registro.

Para la producción de marihuana a gran escala, el estado otorgará cinco licencias a privados que se encargarán de la plantación. El plazo para los interesados se abrió en agosto y según datos oficiales, se presentaron 18 empresas, la mayoría internacionales, de las que fueron seleccionadas 11. Sólo unas pocas de ellas serás las habilitadas para plantar marihuana, pero muchos cultivadores ven con recelo la llegada de magnates internacionales atraídos por el oro verde.

Este temor fue alimentado por un supuesto ofrecimiento al gobierno de Uruguay del empresario húngaro y accionista de la empresa Monsanto, George Soros, para financiar una evaluación de la ley a través de la Open Society Foundation.

Ante estos hechos, en septiembre de 2013 la firma Monsanto emitió un comunicado desvinculándose de toda participación en el proyecto. Según dice el texto, la compañía no tuvo “vinculación con el desarrollo o comercialización de marihuana en la República Oriental del Uruguay u otros países” y en tal sentido “no se encuentra trabajando para patentar una semilla de marihuana transgénica en Uruguay ni en ningún otro lugar del mundo”.

“Muchos de nosotros no estamos en contra de la venta al público, pero la marihuana debe ser producida y vendida por los propios cultivadores, que son quienes más conocen, y no por empresas internacionales”, asegura Juan Vaz, vocero de la Asociación de Estudios del Cannabis del Uruguay (AECU).

PRECIOS BAJOS

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Otro de los temas que causan debate está relacionado al precio. Aunque todavía no hay confirmaciones, según el secretario de la Junta Nacional de Drogas, Julio Calzada, un dólar bastaría para comprar un gramo de marihuana. Este valor sería establecido para luchar contra el mercado existente en el narcotráfico, aunque para muchos cultivadores expertos esto es “poco realista”. “Sólo producir la marihuana te sale un dólar. No cubre los gastos de la distribución ni el acopio. Es más que nada una medida electoralista”, asegura un experto en producción de cannabis que prefiere no dar su nombre.

Para Julio Rey, presidente de la Federación Nacional de Cannabicultores de Uruguay “ese precio es posible”. “Nosotros realizamos estudios y según nuestro conocimiento es viable. Para el inversor puede resultar poco ventajoso, pero hay otras formas de solucionarlo. Hay que tener en cuenta que Uruguay no implementó esta ley con una visión comercial. La base es luchar contra el narcotráfico”, analiza.

Aunque en estados norteamericanos como Colorado o Washington, donde el consumo de marihuana es legal, el precio ronda entre US$ 10 y 25 el gramo, según uno de los licenciatarios uruguayos que se presentó al concurso para producir, “se puede producir por menos de un dólar”. “La producción de un gramo de cannabis puede llegar a costar desde 0,5 dólares a 4 dólares. Se puede hacer con lámparas led de un consumo tan bajo que necesitás menos corriente. Puede llegar a salir hasta cinco veces más barata”, asegura el empresario, que prefiere no dar su apellido por confidencialidad.

Según él, el negocio de la marihuana puede dejar entre un 30% y 35% de ganancias sobre la inversión anual. Si se tiene en cuenta que hay más de 20 mil consumidores diarios, con el precio un dólar un gramo, este negocio puede llegar a mover más de US$ 10 millones al año.

Mientras tanto, Victoria se ríe. Sigue sentada en las escalinatas de la Facultad de Derecho en pleno centro de Montevideo. Nadie advierte que está fumando marihuana, aunque el olor de su pequeño porro inunda la calle. Sus amigos conversan y de a poco el sol comienza a caer. Victoria está relajada. “Ahora, hay otra libertad”, suspira.   

Por: Ayelén Bonino

Fotos: Thomas Sánchez

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